Capítulo 38
Durante días, Tema se encerró en la casa con su portátil y dos ordenadores más que Dei le prestó. ¡Tenía que trabajar!
Por la mañana, antes de empezar, se metía en el gimnasio que Sasori y Dei tenían en la casa y primero se hacía media hora en la bicicleta estática y después otra media caminando a buen ritmo en la cinta de correr.
El personal trainer de su amigo, Brandon McQueen, al ver a la joven implicada en el deporte, la animó y le incluyó algunos ejercicios con las pesas que ella realizaba encantada.
El deporte era algo que nunca le había gustado, pero se motivó tomándoselos como una rutina para no acartonarse frente al ordenador y los hacía de buen grado. Si Brandon decía que eran buenos, ¿quién era ella para dudarlo?
A la hora de la comida, con tal de no preocuparse por ella, dejaba que Dei decidiera qué comer y, por extraño que pareciera, juntos siguieron un plan de comida sana, ¡sanísima!
Se acercaba el cumpleaños de su amigo y él quería entrar en su increíble traje, por lo que ella se solidarizó y comió lo mismo que él, incluso menos. El trabajo la consumía.
En relativo silencio, Dei la molestaba cada dos por tres. Trabajar con él cerca era imposible, hasta que finalmente, cansada, Tema lo puso a seleccionar fotos y noticias relacionadas con Cadillac. Sin duda Dei tenía ojo para el glamur y el buen gusto y podía ayudarla en su elección de las fotografías.
Durante esos días, por las noches, antes de dormir, escuchaba con los auriculares puestos aquella canción de Eric Benét titulada The Last Time, que la acercaba a Naruto. En cuanto cerraba los ojos y la escuchaba, lo sentía a él cerca, muy cerca, y aunque disfrutaba haciéndolo, cada noche el corazón se le rompía en un cachito más al ser consciente de la cruda realidad.
La magia entre ellos nunca existiría.
Necesitaba olvidarse de él, pero no lo conseguía, y menos cuando abría su móvil y veía una foto de ambos juntos, sonriendo en la playa de Cádiz.
¿Cómo podía pasarlo bien si sólo era capaz de pensar en él?
Conociendo a Naruto, tras lo ocurrido entre ellos, él se lo estaría pasando de lujo con sus rubias, sus morenas o sus pelirrojas, mientras escondía esa parte sensible que tan especial lo hacía. Tema pensó en su último encuentro. Cuando le dijo que había viajado allí para verla.
¿Cómo podía creerlo? Él, que era el tipo más frío del universo en lo referente a las relaciones... ¿Cómo creerlo en algo así?
En esos días, Shisui no la llamó, no la molestó, para que pudiera concentrarse totalmente en su trabajo, y ella se lo agradeció. No obstante, sí le envió varios ramos de rosas que Dei recogía entre gritos y algarabía. Se volvía ¡crazy!, como él decía.
Cada ramo era de un color y siempre iban acompañados de notitas en las que le decía cosas como: «Lo harás genial», o «¡Será la mejor web de Cadillac!».
Leer la positividad que él le mandaba la hacía sonreír como una tonta, pero tenía que centrarse en su trabajo, y éste consistía en presentar la mejor web que hubiera hecho hasta el momento en apenas diez días.
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Y el día llegó.
Tema debía reunirse con los directivos de Cadillac y, acompañada por Dei, se plantó en sus oficinas y les presentó su proyecto: una web dinámica, con estilo y ágil para el consumidor.
Miranda Withman, una vez acabada su presentación junto al resto de los directivos, le dio las gracias por su trabajo y quedó en llamarla al cabo de unos días. Tenían que valorar los siete proyectos recibidos y, de ahí, escoger el mejor para ellos.
Una vez liberada de aquella tensión, Dei y ella lo celebraron yendo a un precioso balneario y centro de estética situado en un prestigioso y carísimo barrio de Los Ángeles. Cuando entraron, las esteticistas, amigas de Dei, miraron a Tema, y la más alta preguntó:
—¿Es ella?
—Sí, my love.
Tema miró a su amigo y éste añadió con una sonrisa:
—Hoy es el día. Dana dará forma a tus horribles cejas.
Ella resopló, y aquella mujer dijo mientras la observaba:
—Sin duda, para tu rostro, un ángulo pronunciado que te levante la mirada te sentará muy bien.
Dei volvió a sonreír satisfecho y, señalando a otra chica, indicó:
—Ella es Samantha. Te hará la mejor depilación de axilas, piernas y otra cosita que seguro que no te has hecho en la vida.
Tema se horrorizó, pero cuando iba a quejarse la mujer añadió:
—Tranquila, prometo que no dolerá y quedarás muy contenta.
Todos la miraban. Esperaban mucho de ella y, viéndose sin posibilidad de escape, al final afirmó:
—Muy bien. Comencemos.
Durante horas, aquellas profesionales se ocuparon de ella con mimo y con amor, y aunque en ciertos momentos la joven deseó salir corriendo de allí, no lo hizo. Sin duda aquello era parte del cambio que necesitaba, y tenía que aguantar.
Cuando, tiempo después, las chicas acabaron, Dei miró a su amiga y cuchicheó:
—Por el amor de Diorrrrr..., estás divine con esas cejas.
Tema se miró en el espejo y asintió.
Simplemente con aquello, su mirada parecía más viva, más actual, más profunda, e iba a decir algo cuando él le tocó las piernas y añadió:
—Ahora sí, my queen. Ahora sí puedes lucir piernazas.
Tema sonrió. Sin duda habían hecho un buen trabajo; entonces él la cogió del brazo y murmuró:
—Lo otro..., no te digo que me lo enseñes porque es muy íntimo.
—¡Dei! —Rio.
—Aisss, Khaleesi —se mofó su amigo.
Al oír que la llamaba de ese modo, iba a protestar cuando él dijo:
—Vamos, nos merecemos un té helado y un marvellous masaje de chocolat.
Veinte minutos después, cuando estaban tumbados sobre dos camillas a la espera de que llegaran las masajistas, Dei preguntó, mirándola:
—¿Quedarás con Shisui ahora que has acabado el proyecto de Cadillac, queen?
Ella lo pensó. Shisui le parecía un tipo estupendo y, consciente de su respuesta, aseguró:
—Sí.
Dei sonrió y, retirándose el flequillo con coquetería, volvió a preguntar:
—¿Y Naruto?
Naruto... Naruto... Naruto...
Oír su nombre hacía que el corazón le aleteara descontrolado, pero, dispuesta a salir del pozo donde estaba atrapada, respondió:
—¿Quieres dejar de hablarme de Naruto?
—Lo intento, darling..., pero ¡tengo una lengua viperina!
La joven resopló y, pensando en aquél, susurró:
—Naruto es pasado, y...
—¿... Shisui futuro?
Al oír eso, Tema miró a su amigo.
—Dei, sólo sé que es una buena persona y me apetece divertirme con él. No pienso en nada más.
Él asintió, sin duda, ella tenía razón, pero cuchicheó:
—My love, me apena ser consciente de que entre tú y Naruto ya no habrá nada.
Tema sonrió con tristeza.
¿Realmente Naruto y ella habían tenido algo?
Pero, cansada de hablar de él, estaba a punto de replicar cuando las chicas que iban a darles el masaje entraron en la sala y tan sólo murmuró:
—Disfrutemos del masaje y no pensemos en nada más, ¿vale?
—OK, darling —afirmó Dei.
