Capítulo 40
El tiempo pasaba en Los Ángeles. Tema ya llevaba allí más de dos meses y cada día se encontraba mejor.
Pensar en Naruto siempre la hacía sufrir, por lo que cada vez que su mente lo recordaba, se regañaba a sí misma e intentaba infundirse positividad. La necesitaba.
Haber presentado el proyecto a Cadillac le alegró el humor y decidió permitirse algunos caprichitos. ¿Por qué no?
Aquella mañana, ella y Dei caminaban por Rodeo Drive cuando le sonó el teléfono. La joven lo sacó del bolsillo de su pantalón vaquero y, tras enseñarle a su amigo quién llamaba y ver cómo él gesticulaba, saludó:
—Buenasssss.
Shisui, que estaba en su despacho, dijo al oír su voz:
—Hola, Temari de los ojos verdes azulados.
Ambos rieron, y luego él preguntó:
—¿Qué tal la presentación de tu proyecto?
—Creo que bien —respondió Tema—. Ahora sólo tengo que esperar la contestación por parte de ellos.
Shisui, que sabía lo que ella había presentado, comentó:
—Muy acertado tu trabajo. ¡Eres buena!
—¿Lo has visto? —preguntó ella sorprendida.
El mexicano, que era un tipo influyente, y no sólo en el mundo del cine, miró una foto que tenía sobre la mesa y afirmó:
—Sí, y creo que te voy a contratar para que me hagas una nueva página web.
—¡Estupendo! A ti te haré buen precio —cuchicheó ella divertida.
Shisui rio y luego indicó:
—En serio. Me consta que tu trabajo ha gustado mucho, y creo que pronto recibirás buenas noticias.
A Tema se le aceleró el corazón. Contar con el contrato de Cadillac sería algo muy importante para ella y, cuando iba a decir algo, él preguntó:
—¿Sigue en pie lo de ir al concierto de Eric Benét juntos?
—¡Claro! Es mañana, ¿verdad?
—Sí —afirmó Shisui—. Pasaré a buscarte sobre las ocho, cenaremos y luego iremos al concierto.
—¡Perfecto!
Contento de oír su positividad, él asintió y, al ver a su secretaria entrar en su despacho, se despidió de Tema:
—Pues no se hable más. Mañana nos vemos.
Cuando ella colgó, Dei le preguntó:
—¿Tienes una cita con él?
—Sí.
—«El gato quiere gataaaaaaaaaaaaaaa...» —canturreó aquél.
Ambos rieron, y luego Tema comentó:
—Me ha dicho que mi trabajo ha impresionado a los de Cadillac.
—Oh-my-God! —chilló Dei—. Eso sí que es bueno.
—¡Buenísimo! —aplaudió ella feliz.
Durante un rato, los dos amigos hablaron del tema, y al final ella dijo:
—Mañana he quedado con él. Cenaremos y luego iremos a ver a Eric Benét cantar.
—I love Eric Benét! ¡Es tannnnnnnn romántico y divineeeeeeeeeeee!
Ambos rieron, y entonces ella lo miró y dijo, subiéndose los vaqueros:
—Tengo que comprarme un cinturón. Se me caen los pantalones.
Dei la miró y, al ver las bolsas que le hacían en los muslos, indicó:
—Te van grandes. Debes cambiarlos.
Ajustándoselos a la cintura, Tema respondió:
—Me los compré hace tan sólo unos meses. Están nuevos aún.
Él la miró e insistió:
—Pues, lady, te quedan enormes.
Tema sonrió.
La verdad era que el pantalón se le caía y, cuando más tarde entraron en una tienda y se probó uno negro de la talla 42, murmuró con incredulidad:
—¿Este tallaje está bien?
—Yes! —replicó Dei—. Creo que la dieta, mis cuidados y el ejercicio te están favoreciendo, ¿no te parece?
Ella se miró en el espejo y asintió. La imagen que éste le devolvía poco o nada tenía que ver con la Tema de hacía escasos meses. Sin duda le gustaba lo que veía reflejado, y afirmó:
—Sí. Creo que sí.
Durante un buen rato se probó distintas cosas: pantalones, faldas y algún que otro vestido de noche. Como siempre, Dei le hacía probarse cosas que ella nunca habría elegido, y tenía que aceptarlo: las prendas que él escogía le sentaban muy pero que muy bien. En un momento dado se puso un escotadísimo y ajustado vestido negro, y su amigo, al verla, gritó:
—Oh-my-God! Eres un cisne en todo su esplendor.
Sin dar crédito, Tema se miró al espejo. Aquélla era ella, la chica de siempre, pero con unas curvas y un estilo diferentes.
—¿No crees que este vestido es demasiado... para mí? —murmuró.
—¡Este vestido está hecho para ti! —replicó él—. Pero ¿no ves lo divine que estás?
Tema asintió. Sin duda, la hacía bonita.
—La verdad es que me gusta mucho —afirmó con una sonrisa—. No lo voy negar.
—Cuando regresemos a casa, te pesas —cuchicheó Dei, admirando lo guapa que estaba su amiga—. ¿Cuánto habrás adelgazado?
Tema continuó mirándose en el espejo encantada. Ella siempre había llevado la talla 44, incluso la 46, y afirmó:
—No lo sé, pero, sea lo que sea, ¡es bienvenido!
Dei la observó complacido. Ver a su amiga tan guapa lo hizo suspirar, y cuchicheó:
—Quiero que te pongas este vestido para mi party de cumpleaños. —Y, cogiendo un collar de bisutería con unos pedruscos rosa y resplandecientes, añadió—: Con este collar cayendo hacia tu espalda..., ¡marvellous!
Tema se dejó poner el bonito collar y, mirándose en el espejo, se dio la vuelta para verse por detrás y afirmó satisfecha:
—De acuerdo.
—Cuando te vea Khal Drogo, ¡se va a morir!
Al oír eso, Tema se detuvo, miró a su amigo y murmuró suspirando:
—Deja de hablar de él y de llamarlo así.
—¿Por qué, Khaleesi?
Ella resopló.
—Deja de llamarme así también a mí. Pero ¿no te das cuenta de que...?
—Vale..., vale..., sorry! ¡Soy lo peor!
—Dei...
—Soy un romántico que aún cree en el amorrrrrrrrrrrrr. Aunque, cuando se dan situaciones como la tuya, sigo pensando que el amor es como una paloma: viene, se caga y se va.
—Ya te digo... —afirmó Tema, que ya le había oído aquello alguna vez.
Guardaron silencio unos segundos, hasta que Tema volvió a mirarse al espejo y, sin poder evitarlo, murmuró:
—Dudo que él se fije en mí.
Dei, que había sacado sus propias conclusiones con respecto a aquellos dos, exclamó:
—¡¿Por qué lo dudas?!
Ella sonrió con tristeza. Conocía a Naruto y, consciente de las chicas que irían a aquella fiesta, afirmó:
—Porque yo misma lo he echado de mi lado y, con lo orgulloso que es, dudo que me mire siquiera. Además, habrá demasiadas mujeres guapas en tu fiesta como para que ese idiota se fije en mí.
Dei parpadeó, pero no dijo más. Probablemente Tema tenía razón.
Esa noche, cuando llegaron a la casa cargados de bolsas con la ropa que ambos habían comprado, la joven le pidió a Dei una báscula y, cuando se subió a ella, se quedó boquiabierta al comprobar que había perdido...
—¡Seis kilos! ¿He perdido seis kilos?
Sin dar tiempo a que su amigo respondiera, se bajó de la báscula y se volvió a subir. Seguro que estaba mal.
Pero el peso volvía a ser el mismo y, feliz por la proeza conseguida sin proponérselo, iba a decir algo cuando Dei exclamó, encantado de la vida:
—¡Si es que no hay nada mejor que olvidarse de las patatas fritas, los dónuts y las tostadas francesas y coserse la boca!
Ambos soltaron una carcajada, y luego él, al ver a su amiga mirarse en el espejo de nuevo, afirmó:
—¡Seis kilos, my love! Con razón se te caían los pantalones.
Ella asintió feliz y, tras ofrecerle la báscula a Dei para que se pesara, él la rechazó divertido y repuso:
—Mejor tengamos la fiesta en paz, darling.
Al día siguiente, Tema se puso un vestido minifaldero de color plata que se había comprado junto con unas sandalias monísimas y pensó en Naruto.
¿Qué opinaría si la viera vestida así?
Estaba pensando en ello mientras se miraba al espejo cuando Dei entró en la habitación y chilló:
—You are divineeeeeeeeeeeeee!
Tema lo miró.
—¿Crees que voy bien así? ¿Este vestido no es demasiado llamativo?
Él suspiró. Aquella que lo miraba vestida con gracia no tenía nada que ver con la Tena que él conocía y, contemplándola en el espejo, le pidió:
—Mírate y dime qué ves.
Ella obedeció.
Aún le costaba creer que aquella chica de pelo perfecto, y vestida con glamur fuera ella, y sonriendo respondió:
—Realmente, un borrón sin las gafas.
Él cogió las gafas de su amiga con una sonrisa y, mirándolas, dijo:
—Esto hay que solucionarlo. O te operas la vista o te saco los ojos. ¡Tú decides!
Tema se puso las gafas de pasta muy deprisa y, mirándose de nuevo en el espejo, contestó:
—Veo a una chica... moderna.
—¡Sí!
—Actual...
—Yes!
—Con estilo...
Ambos sonrieron, y Dei afirmó:
—Ésa eres tú. Una lady moderna, actual y estilosa. ¿Acaso no ves tu potencial? Vestida así, no tienes nada que envidiarle a nadie. Por cierto —añadió, cogiendo su móvil—, posa y le enviaremos una foto a Hanabi; ¡le encantará!
Tema lo hizo. Aun sin preguntar, sabía dónde iba a terminar aquella foto, por lo que se quitó las gafas y posó, tirando un beso. Cuando Dei le hubo sacado unas cuantas, exclamó:
—Perfect! Luego se la envío a nuestra loca, que ahora estará durmiendo.
Sin quitarse ojo de encima, Tema sonrió y, consciente de su transformación, murmuró:
—¡Gracias, Dei!
—¿Por...?
Y, señalándose a sí misma, indicó:
—Por hacerme ver que puedo ser bonita.
Feliz y dichoso, él la abrazó.
—Tú ya eras bonita —señaló—, sólo que ahora, con mi ayudita, luces más. Pero, oye, ¡ponte las lentillas ya!
Divertida, ella lo hizo, y una vez que hubo guardado sus gafas en el bolso, se oyó el timbre de la puerta y ambos salieron corriendo de la habitación.
Sasori, que salía del comedor, al verlos aparecer, miró a Tema y comentó:
—Princesa..., estás impresionante.
—Gracias.
Cuando Sasori abrió la puerta, frente a ellos apareció un guapo Shisui, que, con una preciosa sonrisa, los saludó y silbó sorprendido mirando a Tema.
Todos sonrieron, y él declaró admirándola:
—Estás preciosa.
—Una diosa del Olimpo, of course! —añadió Dei entusiasmado.
Shisui asintió. Sin duda, con aquel vestido minifaldero plateado, Tema estaba sexy, muy sexy.
—¿Preparada para ver a Eric Benét? —preguntó a continuación.
Ella afirmó con la cabeza y, tras guiñarles un ojo a sus amigos, le dio al recién llegado dos besos en las mejillas, lo cogió del brazo y exclamó, mirando su coche:
—¡Madre mía, voy a montar en un Ferrari rojo!
