Capítulo 41

En Sigüenza, a las siete de la mañana, Hanabi desayunaba en el jardín de su padre cuando Sakura comentó, mientras leía una revista digital en el ordenador:

—Shisui Uchiha es un tipo muy atractivo.

Ella asintió. Sin duda aquel tipo moreno, descendiente de mexicano y estadounidense, era un hombre de muy buen ver.

—Sí, cuñada... —afirmó—, te doy toda la razón. ¡Pedazo de tío!

Con curiosidad, leían varios artículos en donde se hablaba de él, cuando Sakura dijo:

—Las veces que he trabajado con él siempre ha sido un placer. Es un director que sabe sacar lo mejor de cada actor y para cada escena. Y, después de la llamada que recibí el otro día de él, sin duda creo que voy a repetir.

—¡No me digas!

—Sí —afirmó encantada Sakura.

Durante un rato hablaron sobre el tema, hasta que Sasuke, Konohamaru y Naruto entraron por la puerta.

—¡Buenos días!

Hanabi abrió los brazos encantada y Konohamaru se apresuró a abrazarla, mientras Sasuke se agachaba para dar un beso a su mujer y Naruto miraba hacia otro lado.

De pronto, aquellas demostraciones de afecto le hacían ver lo solo que estaba él, y suspiró. Había sido un capullo.

—¿Qué tal la noche en la base? —preguntó Sakura.

—Aburrida —dijo Naruto.

—Tranquila —repuso Sasuke, sonriéndole a su mujer.

Los tres hombres acababan de salir de trabajar y, aunque Naruto quería marcharse a dormir, los otros dos lo convencieron para que fuera a desayunar antes con ellos.

Una vez que acabaron las muestras de afecto, Hanabi comentó, dirigiéndose a su chico en un tono lo suficientemente alto como para que Naruto lo oyera:

—Mira, cariño, éste es el hombre con el que está saliendo Tema en Los Ángeles.

Con curiosidad, los tres miraron el ordenador, y Sasuke dijo:

—A ése lo conozco, ¿verdad?

Sakura asintió y, levantándose para que se sentara su marido en la silla para luego colocarse ella encima, afirmó:

—Sí, cielo. Es el director de...

—Ah, sí..., ya sé quién es —indicó él con gesto de mofa.

Sakura soltó una carcajada al oírlo y, cogiendo una galleta Oreo, recordó:

—¿Te acuerdas de cuando fuimos a su fiesta cubana?

Sasuke soltó una risotada.

—No me lo recuerdes.

Al ver a su hermano y a Sakura reír, Hanabi pidió con curiosidad:

—Contad..., contad qué ocurrió en esa fiesta.

Divertida, Sakura besó a su marido y luego explicó:

—Shisui dio una fiesta cubana en honor a uno de los productores de la película que estábamos rodando, y no te puedes ni imaginar la que se lio cuando se arrancó a bailar con la actriz y bailarina Karina Goodman.

—¿Por...? —preguntó Hanabi.

Sasuke, riendo, agarró a su mujer de la cintura.

—Porque ese tío baila salsa de una manera ¡que hasta a mí me puso cardíaco!

Todos rieron, excepto Naruto, y entonces Hanabi cuchicheó recordando algo:

—Uis..., ¡con lo que le gusta a Tema bailar!

—Mira qué bien —se mofó Naruto, conocedor de aquel detalle.

Continuaban hablando del tema cuando Hanabi, dirigiéndose a este último, que parecía mirar su móvil, preguntó:

—¿Has escrito a Tema?

Naruto la miró para comprobar si Tema o Dei podían haberle hablado de su viaje exprés, pero al ver que ella no decía nada más, respondió:

—No.

—Eres un capullo insensible, ¿lo sabías? —insistió Hanabi.

Sin cambiar el gesto, y sin ganas de discutir ni preguntar por qué le decía aquello, él replicó:

—¿Qué tal si te metes en tus cosas y te olvidas de mí?

Hanabi, encantada, iba a responder cuando de pronto su teléfono se iluminó. Había recibido un mensaje de Dei y, al abrirlo, murmuró:

—¡Madre mía, qué guapa está!

Dando media vuelta, corrió hacia Sakura y, al enseñarle la foto, su amiga afirmó:

—¡Está estupenda!

Konohamaru se asomó para mirar la pantalla del móvil y, sonriendo, comentó:

—Sin duda, a Tema le está sentando muy bien estar en Los Ángeles.

Todos querían ver la foto, y Hanabi, al ver que Naruto no se movía, dijo mostrándosela:

—Mira. ¿A que está estupenda?

Él miró la fotografía y, disimulando el malestar que le ocasionaba, sonrió. En ella, una guapa Tema le lanzaba un beso.

—Sí —afirmó—. Está muy guapa. Aunque ella siempre lo ha sido.

Hanabi asintió encantada. Al menos, no negaba la evidencia.

—Pues, según Dei —añadió—, ha ido al concierto de un cantante llamado Eric Benét, que, al parecer, es amigo de Shisui.

Al oír eso, a Naruto se le borró la sonrisa de un plumazo.

¡¿Eric Benét?!

¿Había ido a ver a Eric Benét sin él?

Pero, al ver cómo Hanabi lo miraba, preguntó, fingiendo que no entendía nada:

—¿Y qué canta ese tío?

—Música romántica, sensual y tremendamente especial —afirmó Sakura, que conocía al cantante—. Aunque, conociéndote, dudo que a ti te gustara.

Naruto asintió y, con cierta acidez, replicó:

—Si son polladitas románticas, desde luego que no me gustan.

—Lo intuía —repuso Sakura, dejándose abrazar por su marido.

Hanabi, que continuaba admirando la foto que Dei le había enviado, señaló, dirigiéndose a Naruto:

—Me encanta saber que por fin mi amiga se ha desenganchado de ti. Ha sido irse a Los Ángeles y ya la siento como una nueva Tema. Feliz y motivada.

Dolor.

A Naruto le dolía oír esas cosas, aunque se las merecía, y, sin ganas de contestar, y menos de hablar de aquélla, al ver aparecer a Fugaku, el padre de Sasuke y Hanabi, fue a su encuentro. Seguro que con él hablaría de otros temas.

Hanabi sonrió al verlo. Le encantaba enseñarle a aquel idiota lo bien que estaba su amiga sin él; entonces Konohamaru, acercándose a su chica, la abrazó por detrás y murmuró:

—Pero ¿qué te ocurre con Naruto?

Disimulando y sin querer contarle lo que sabía, respondió sonriendo:

—Nada.

Su sonrisa le dio que pensar a Konohamaru, que, besándole el cuello, cuchicheó:

—Esa sonrisita tuya es para echarse a temblar.

Encantada por aquella demostración de cariño, Hanabi se recostó contra el fornido pecho de su chico y murmuró:

—¿Te quieres casar conmigo?

Sin dejar de abrazarla, Konohamaru sonrió y, acercando su boca a la oreja de ella, respondió:

—¡Ni loco!