Capítulo 43
El viaje con Shisui fue todo un éxito. Acompañarlo en su gira promocional por Latinoamérica, disfrutar de cenas, de increíbles conversaciones en su jet y conocer a personas interesantes fue maravilloso para Tema y, cuando finalizó, casi se sintió apenada. Había sido una de las mejores experiencias de su vida, e incluso le sirvió para dejar de pensar un poquito en Naruto.
El mexicano se comportó como un auténtico caballero y no hizo que ella se sintiera violenta en ningún momento. Sin duda, para él la amistad estaba por encima de muchas otras cosas, y supo que podía fiarse de él al cien por cien.
Cuando regresó a Los Ángeles, Dei y Sasori la acribillaron a preguntas, que ella respondió como pudo. Tenía que contar sus anécdotas del viaje y ellos la escucharon encantados.
Después de su periplo, Shisui y Tema continuaron viéndose. Les encantaba salir a cenar y a visitar locales de moda, donde bailaban y se divertían hasta el amanecer, mientras eran fotografiados por paparazzi y curiosos con sus móviles, aunque ésa era su última preocupación.
Sin embargo, la prensa del corazón se cebó con ellos. En un principio nadie conocía a la nueva acompañante del famoso director de cine, pero, tirando de hemeroteca, la localizaron y pronto supieron que era amiga de la actriz Sakura Haruno.
Durante su viaje, llamaron a Tema de Cadillac para darle la buena noticia de que el proyecto era suyo, lo que supuso un enorme subidón de adrenalina para ella. Conseguir aquel contrato gracias a Shisui era una de las mejores cosas que le habían ocurrido a nivel profesional y, como tal, lo celebró a su regreso. Se llevó a Dei, a Sasori y a Shisui a comer unas hamburguesas, que disfrutaron juntos, y, por supuesto, ¡ella invitó!
Una mañana en que la joven estaba tomando el sol en la glamurosa tumbona del jardín, Dei se le acercó y dijo, pasándole el teléfono:
—Es mi queen Hanabi.
Tema la saludó mientras él se tumbaba a su lado.
—Hola, petardaaaaaaaaaaaaaa.
Hanabi, que estaba sentada en el jardín de su padre viendo a su sobrina Sarada jugar con Konohamaru y el perro de éste, respondió:
—Madre, Tema, ¡qué ganas tengo de verte! Y de que me cuentes cómo te ha ido con Shisui en ese superviaje —y, bajando la voz para que Konohamaru no la oyera, confesó—: Aunque, si te soy sincera, creo que tengo más ganas de ver al tío bueno de las fotos que a ti.
Ambas rieron.
En ese tiempo, la prensa de todo el mundo se había hecho eco de la noticia. Como siempre, inventaban de todo, y Tema, ocultándole la verdad a su amiga, murmuró:
—Pues prepárate, porque en vivo y en directo, está mucho mejor.
—No me digasssssssss.
—Te lo digoooooooooo —confirmó ella riendo.
—¡Uooooo, madre míaaaaaaaaaaa! —se mofó Hanabi y, recordando algo que Dei le había comentado, preguntó—: ¿Y tú qué? Cada día estás más guapa.
Tema sonrió divertida y afirmó, tocándose su barriguita plana:
—Digamos que creo que hay ciertos cambios en mí que te van a gustar.
Durante un rato hablaron de mil cosas, hasta que Hanabi cuchicheó:
—Por cierto, no veas la movida que tuvo el tonto de Naruto con una tía en el Croll el fin de semana pasado.
—¿Y eso? ¿Qué ha pasado? —preguntó interesada.
—Al parecer, una chica que se había acostado con él apareció por allí y, como Naruto no le hizo caso, se enfadó y ¡volaron vasos!
—¿En serio?
Hanabi sonrió y, divertida, afirmó:
—Tan en serio como que Naruto lleva cinco puntos en la frente porque uno de los vasos se estrelló en su cabezota.
Sin dar crédito y preocupada, Tema se levantó y rápidamente preguntó, atrayendo la mirada de Dei:
—Pero ¿él está bien?
—Sí, mujer, tranquila —afirmó Hanabi—. Ya sabes que bicho malo nunca muere.
Conteniendo las mil preguntas que deseaba hacerle en referencia a Naruto, Tema cerró los ojos y no volvió a preguntar por él. Si lo hacía, Hanabi sospecharía, y bastante tenía ya con las suposiciones de Dei.
—Por cierto, ya sólo quedan tres días para vernos. ¿Dei lo tiene ya todo preparado para su cumpleaños?
Ella sonrió. Su amigo había organizado una fiesta por todo lo alto, y respondió:
—Prepárate, porque será un gran fiestón.
Ambas rieron y, tras despedirse y quedar en verse al cabo de tres días, cuando Tema dejó el teléfono sobre la mesita, Dei preguntó:
—¿Qué ha ocurrido?
—Nada.
Él, posando sus pies en el mullido césped, insistió:
—Mira, lady, ¡te conozco!, y he visto preocupación en tu mirada. ¿Qué ha ocurrido?
Tema resopló, dándose por vencida.
—Al parecer, el fin de semana pasado Naruto tuvo un percance con una chica y han tenido que darle puntos en la frente.
—Oh-my-God! —aulló él sobrecogido—. Pero ¿cómo está? ¿Cómo está mi Batman preferido?
Tema se apresuró a tranquilizarlo. Su amigo era un histérico.
—Bien. Está bien, tranquilo.
Dei se llenó un vaso con agua. Nada lo asustaba más en el mundo que el hecho de que pudieran pasarles cosas malas a las personas que quería.
—¿Qué crees que dirá cuando te vea? —cuchicheó, tras beberse el agua.
—Nada.
—¿Y cuando te vea con Shisui?
Tema se encogió de hombros.
—Pues nada —aseguró—, porque él ya tendrá sus ojitos plantados en cualquier mujer que se le cruce por delante.
Dei asintió. Su amiga tenía razón y, contento de que ella se divirtiera con el maravilloso Shisui, afirmó:
—¡Que le den! Tú ya tienes con quién divertirte.
Tema sonrió. Los días con Naruto allí serían una tortura, pero, pensando en Shisui, declaró:
—Tú lo has dicho. Tengo con quién divertirme.
Y, sin más, continuaron tomando el sol mientras pensaban en los últimos detalles para la fiesta que iba a celebrarse allí mismo días después.
