Capítulo 44
La tarde en que Naruto, Hanabi, Konohamaru, Sakura, Sasuke, Suigetsu, Karin y Idate llegaron a Los Ángeles procedentes de España, una limusina acudió al aeropuerto a recogerlos.
Aquéllos eran los dominios de Sakura Haruno, por lo que la reputada actriz salió a la calle rodeada de flashes. Luego, el grupo al completo subió a la limusina, donde todos disfrutaron de sentirse especiales.
Cuando el vehículo se detuvo en el precioso jardín de la casa de Sakura, que era donde vivía Dei con su chico, Naruto murmuró, mientras se apeaba:
—No sé cómo vives en Sigüenza, teniendo esta maravilla de casa.
Sakura sonrió.
Ella mejor que nadie sabía lo bonita y fantástica que era aquella casa, pero, agarrándose a la mano de Sasuke, lo besó e indicó:
—Porque mi hogar está donde esté mi corazón, y prefiero a Sasuke y a mi hija antes que vivir aquí.
Enamorado como el primer día de aquella mujer que le había descabalado la vida, Sasuke la abrazó. Sin duda ella también era su vida y, mirando a Naruto, que los observaba sonriendo, indicó:
—Eso se llama amor. Algo que creo que tú nunca conocerás.
—¡Capullo! —Él rio buscando a su alrededor con la mirada.
—Churri —dijo Karin, dirigiéndose a su marido—. ¿Has visto qué bonita es la balaustrada?
Suigetsu miró lo que ella señalaba y, sonriendo, cuchicheó, al entender qué quería decirle:
—De acuerdo..., hazle una foto e intentaremos buscarla y ponerla en nuestra casa.
Karin saltó de felicidad, y Sakura intervino:
—Recuérdame que llame al constructor de la casa para que me diga dónde la compró.
—¡Estupendo! —afirmó Karin feliz.
En ese instante, la puerta de entrada de la bonita casa se abrió, y Dei gritó:
—¡Por el amor de Diorrrrrrrrrrrrrrrrrrr! ¡Cuánta barbaridad junta!
Segundos después, Sasori, Tema y las perritas siguieron a Dei, y Hanabi, al ver a su amiga, exclamó:
—¡No me lo puedo creer!
Todos miraron enseguida hacia la puerta, y Sakura, al ver a Tema tan bonita y tan cambiada, afirmó:
—Pero ¿quién es esa actriz tan guapa?
—Por Dios, Tema, pero ¡qué bella! —aplaudió Karin.
Ella sonrió colorada como un tomate, mientras se dejaba abrazar por sus amigas y observaba con el rabillo del ojo cómo Naruto la miraba sin acercarse a ella.
¿Qué pensaría de su cambio físico?
Uno a uno, todos se saludaron, se besuquearon, le dijeron lo estupenda que estaba, hasta que Naruto quedó ante Tema.
En los meses que llevaba sin verla, la notaba cambiada, y mientras sentía cómo el corazón se le aceleraba como a un colegial, sólo pudo decir:
—Te veo muy guapa, Tema.
La joven sonrió.
Ella sí que lo veía guapo.
Pero, evitando responder y hablar de su último encuentro, le dio dos castos besos en las mejillas y contestó simplemente:
—Gracias.
Dicho esto, se separó de él y, acercándose a sus amigas, se pusieron a charlar; en ese momento Idate se acercó a Naruto y comentó:
—Joder, con Tema. Menudo polvaz...
—¡Cállate! —lo cortó él, mirándolo con gesto seco.
Sin volver a mirarlo, Tema se centró en sus recién llegadas amigas, y Sakura le preguntó:
—Cuéntame, ¿qué hay de cierto en lo que he leído?
—Eso..., eso..., ¡qué calladito te lo tenías! —se mofó Karin.
Tema sonrió, sabía que le preguntaban por Shisui, y respondió:
—Somos amigos, nada más, pero ya sabes cómo es la prensa.
—Lo sé —afirmó Sakura—. ¡Claro que lo sé!
Hanabi, como buena periodista, las oyó y por último dijo:
—Podrías hablar con Shisui y decirle que me encantaría hacerle una entrevista. Madre mía, sería una exclusiva estupenda. Poca gente tiene acceso a Shisui Uchiha.
—Hanabi... —protestó Tema.
Pero aquélla insistió.
—Soy tu mejor amiga y tu cuñada —señaló, dirigiéndose a Sakura—. ¿Acaso ninguna me va a ayudar?
Tema y Sakura se miraron, sonrieron, y la primera accedió:
—De acuerdo. Se lo comentaré.
Con una sonrisa, las chicas se abrazaron, mientras Tema, con el rabillo del ojo, observaba cómo Naruto bromeaba con Dei y éste se ruborizaba encantado.
¡Qué guapo estaba Naruto con aquella camisa azul y el vaquero! ¡Impresionante!
Durante un rato charlaron en la puerta de la casa, hasta que Naruto, sin querer volver a mirar a Tema, que lo había dejado flasheado, dijo, dirigiéndose a su amigo Dei:
—Gracias por no contarle a nadie que estuve aquí.
—De nada, my love. Tu secreto es mi secreto.
Ambos rieron, y Naruto añadió:
—Y gracias por cuidar de ella.
Al oír eso, Dei sonrió y respondió con cierta maldad:
—Esas gracias mejor dáselas a Shisui. Sin duda, él la cuida más que yo.
Naruto asintió con amargura. Sabía perfectamente cuál había sido la vida de Tema durante los últimos meses. Hanabi y Sakura no habían parado de restregársela por las narices, y si a eso le sumaba lo que sabía por la prensa, su existencia en los últimos tiempos era un sinvivir; por eso, sonrió y señaló para disimular:
—Espero que hayas invitado a preciosidades a tu fiesta como todos los años.
Dei, al ser consciente de su cambio de tema, le tocó el mentón y afirmó:
—Of course, my love! La primera preciosidad te está tocando la barbita en este instante.
Intentando mostrarse indiferente, Naruto soltó una risotada, y a continuación el grupo entró en la casa, donde Dei distribuyó las habitaciones.
Sakura y su marido Sasuke dormirían en la suya de siempre. Suigetsu y Karin, al fondo; Hanabi y Konohamaru, en la siguiente, y Naruto y Idate, cada uno en una. En el casoplón había diez habitaciones con baño incluido en cada una, a cuál más maravillosa.
Sin duda, Sakura podía permitirse tener esa casa o la que quisiera.
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Una vez que dejaron sus equipajes en las habitaciones, todos bajaron al salón y, cuando Tema estaba sacando hielo de la nevera para servir unas bebidas, notó que alguien se le acercaba por detrás. De pronto sintió una mano en la cintura, se volvió y, al ver que se trataba de Naruto, le soltó:
—¿Qué haces?
Esa simple pregunta hizo que el policía comprendiera que Tema seguía de uñas, pero como la necesitaba, aun a riesgo de que lo rechazara, decidió jugársela y dijo, bajando la voz:
—Hola, Temari... Te he echado de menos.
Aquello le pareció increíble a la joven. Siempre había soñado oír algo así por parte de él, pero reunió fuerzas y siseó:
—Quítame las zarpas de encima.
Naruto se apresuró a soltarla.
—¿Se puede saber qué te ocurre?
Tema lo miró. Le habría gustado decirle muchas cosas y ninguna agradable en aquel momento, pero, no dispuesta a dejarle ver lo molesta que seguía con él, simplemente dijo:
—A partir de ahora sólo soy Tema para ti.
—Tema...
—Eso es: ¡Tema! —afirmó.
El cuerpo de Naruto tembló. La necesitaba. Deseaba que ella lo mirara como siempre lo había mirado, y preguntó:
—¿Es por ese tal Shisui?
Boquiabierta, pero no porque él supiera cómo se llamaba el hombre que en los últimos meses le había facilitado la vida, replicó sin dudarlo:
—Sí. Tengo algo con él y no quiero estropearlo.
Naruto levantó las cejas sorprendido. ¿Lo rechazaba?
¿Tema lo rechazaba a él por otro?
Lleno de incredulidad, iba a decir algo cuando ella, indicando la marca que él tenía en la frente, preguntó con indiferencia:
—¿Qué te ha ocurrido?
Tocándosela, él tan sólo respondió:
—Un malentendido.
Ella asintió, y a continuación preguntó con fingida desgana:
—¿Cómo está tu madre?
—Bien. Hablé con ella ayer y me dijo que, si te veía, te saludara.
—¡Qué rica es! —Sonrió emocionada.
Su sonrisa y su comentario le llegaron al corazón y, sin poder evitarlo, se acercó a ella de nuevo y dijo en un tono íntimo:
—Oye..., me gustaría hablar contigo.
Pero ella sonrió y murmuró con despreocupación:
—Vale. Ya hablaremos.
No obstante, Naruto, necesitando decirle que la había añorado, insistió:
—¿Cuándo?
A Tema le llamó la atención su insistencia y, sonriendo con la cubitera llena de hielo en las manos, respondió:
—Cuando tenga un hueco en mi apretadísima agenda.
—Lo dirás de coña, ¿verdad?
—No —respondió ella con rapidez.
Naruto se tomó su sonrisa de otra manera y, mirándola como sólo él sabía, sugirió mientras bajaba el tono:
—¿Qué tal si Temari se encuentra con Khal Drogo en...?
—No —lo cortó Tema—. Eso se acabó.
—¿Por qué?
Ella lo miró y, sintiendo que el estómago le daba un vuelco, respondió:
—Te lo acabo de decir. Su nombre es Shisui.
Naruto maldijo molesto.
Esperaba que el tiempo hubiera suavizado las heridas y que pudiera encontrarse con la dulce Tema y, en la intimidad, con la salvaje Temari.
—¿Estás diciendo en serio que nuestro juego se acabó? —preguntó sorprendido.
Tema asintió manteniendo su falsa seguridad. La cercanía de él era locamente arrebatadora.
—Vamos..., cielo —insistió Naruto.
Sin poder apartarse, permitió que él se aproximara más y más, hasta que sus tentadores labios se posaron en su cuello y ella cerró los ojos.
Dios... ¿Por qué le costaba tanto decirle que no?
Las manos de Naruto agarraron sus caderas y la acercó hacia sí. Aquello enloqueció a Tema, que fue consciente de que seguía con la cubitera en las manos, y suspiró. Sí, eso podía ser una solución y, soltando una mano del recipiente, llevó la otra hasta el cinturón de él y lo aferró.
Ese movimiento por parte de la joven hizo saber a Naruto que ella aflojaba la tensión y, besándole el cuello, murmuró:
—Te he añorado...
El corazón de Tema le golpeaba con fuerza en el pecho, pero, como necesitaba escarmentarlo, prosiguió con su juego. Le desabrochó el cinturón y después el vaquero y, una vez que le bajó la cremallera, sin dudarlo, introdujo la mano libre en la cubitera, agarró un puñado de hielo picado y se lo metió dentro del calzoncillo.
Al notar el frío, Naruto dio un salto atrás y, enseguida, como pudo, comenzó a sacarse el hielo a toda prisa entre maldiciones e improperios.
—¡Joder! Pero ¿qué has hecho?
Intentando no perder su aparente frialdad, Tema respondió:
—Enfriarte.
Él la miró sin dar crédito y siseó, mientras seguía deshaciéndose del hielo:
—Pero ¿te has vuelto loca?
Con una malévola sonrisa que la hizo sentirse como Cruella de Vil, Tema suspiró.
—Loca estaría si permitiera que me tocaras otra vez.
A cada instante más enfadado, Naruto maldijo. Pero ¿qué había hecho aquella insensata?
Sin hablar, terminó de retirarse el frío hielo de cierta parte, ahora congelada, y, cuando fue a decir algo, Tema espetó, evitando mostrarle su inseguridad:
—Te he dicho que Temari ya no existe para ti, ¡entérate de una vez!
Naruto la miró boquiabierto, dio un paso atrás y repuso, abrochándose los pantalones con chulería:
—De acuerdo, Tema. Pues no hay más que hablar.
A continuación, dio media vuelta y salió de la cocina. Ella metió entonces la mano en la cubitera y, cogiendo un poco de hielo, se lo pasó por la nuca para refrescarse mientras era consciente de lo que acababa de hacer.
Estaba acalorada pensando en ello cuando Dei entró en la cocina y, al ver el gesto de su amiga, canturreó no muy alto, para que no lo oyeran los de fuera:
—«La gata quiere gatoooooooooooooooooooooo...»
Tema maldijo y él, acercándose, preguntó, consciente de que había visto a Naruto salir de allí segundos antes:
—¡Oh, darling, ¿qué ha ocurrido?!
Confundida aún por el momento, ella suspiró.
—Nada, para lo que podría haber ocurrido.
Su amigo aplaudió.
—Cuenta... Cuenta...
Sin ganas de contar, Tema lo miró y protestó:
—Haz el favor de no ser tan cotilla.
—Impossible! Muero por mi Mariliendre, y lo sabes.
La joven suspiró. Ella también se moría por él y, gesticulando, susurró:
—Le he metido hielo en el interior del calzoncillo.
—What?!
Tema asintió y, escapándosele una sonrisita, repitió:
—Que le he metido hie...
—Pero ¿tú te has vuelto crazy?
Según dijo eso, ambos comenzaron a reír, y ella, consciente de que aquello iba a ser complicado, murmuró mirándolo:
—Por favor, ayúdame un poquito. Ya es suficientemente doloroso estar cerca de él como para que encima tú...
Dei la abrazó. Era un egoísta, un mal amigo.
—Tienes razón, queen —dijo cuando la soltó—. ¡Sorry, qué perra soy! Prometo ayudarte y pensar más en ti que en ese... ese... adonis lleno de músculos sexys y tentadores.
Tema resopló. Sin duda, Naruto no sólo volvía locas a las mujeres.
