Capítulo 45

La primera noche que durmieron todos juntos bajo el mismo techo fue una tortura para Tema. Saber que Naruto estaba cerca, muy cerca, apenas la dejó dormir.

Lo que no sabía era que él, esa noche, se había acercado en varias ocasiones hasta la puerta de su habitación, pero, cada vez que iba a entrar, siempre se detenía.

¿Y si ella volvía a rechazarlo?

Al día siguiente, tras una jornada en la que se ignoraron mutuamente, después de cenar, mientras estaban tomándose algo, Dei y Tema salieron de la cocina con más bebidas y Naruto miró a la joven.

Estaba preciosa, pero, cuando iba a acercarse a ella, Dei dio unas palmaditas para atraer la atención de todos.

—Quiero decir que estoy terriblemente ¡happy! de que estéis aquí, y espero que los días que vamos a pasar juntos ¡sean amazing!

Todos rieron, pero entonces a Tema le sonó el móvil y, al mirarlo, leyó:

Tú y yo, esta noche, en mi habitación.

Parpadeó con incredulidad. ¿Acaso no había tenido bastante con lo del hielo del día anterior?

Y, sin levantar la vista para no encontrarse con la mirada de Naruto, tecleó:

No.

En cuanto le dio a «Enviar», lo miró.

Su mirada salvaje la volvió loca, y a continuación él escribió algo y la joven leyó:

Lo deseas..., Temari.

Esta vez pensó no contestar. Aquél, como poco, era imbécil. Pero finalmente la maldad le pudo y respondió:

¡Vete a la mierda!

Dicho esto, se guardó el móvil y, a pesar de notar cómo vibraba, no lo sacó. No quería liarla más.

Durante un par de horas, la charla del grupo estuvo animada. Como siempre que estaban juntos, las risas estaban aseguradas y todo fluía con normalidad.

Tema, más tranquila, e ignorando a Naruto, hablaba con sus amigas, hasta que Sakura dijo:

—Estoy muerta. Creo que me voy a dormir.

—¡Y yo! —añadió Hanabi, mirando con picardía a Konohamaru.

Veinte minutos después, todas se retiraron a sus respectivas habitaciones a descansar. Era la una de la madrugada y tenían aún varios magníficos días por delante. Cuando Tema se marchó dejando a los hombres hablando en el salón, al entrar en su habitación la intranquilidad se apoderó de ella de nuevo.

Naruto estaba allí...

Naruto la tentaba y no sabía cuánto tiempo podría resistirse a la tentación.

Una vez que se quitó la ropa y se puso su camiseta de dormir, decidió mirar el móvil. Sabía que Naruto le había escrito y, sacándolo, leyó:

Me gustaría despedirme de Temari.

Furiosa, tiró el teléfono sobre la cama.

Aquel sinvergüenza sin sentimientos no perdía oportunidad.

Molesta, entró en el baño y se lavó los dientes. No pensaba sucumbir a la tentación.

Pero, cinco minutos después, su parte irracional le gritaba que lo hiciera. Que disfrutara de aquella última vez con él sin pensar en nada más.

Estaba dándole vueltas cuando su móvil vibró. Un nuevo mensaje de Naruto:

Voy a ducharme, ¿me acompañas?

La joven cerró los ojos.

Naruto era su tentación. Una tentación a la que le era difícil resistirse y, dispuesta a disfrutar de aquella última vez, se levantó, abrió la puerta de su cuarto y al no ver a nadie en el pasillo, salió y corrió hacia la habitación de Naruto.

Al entrar, vio la ropa de Naruto tirada sobre la cama y oyó correr el agua de la ducha.

¿Acaso estaba loca? ¿Qué hacía allí?

Pero, sin querer hacer caso de su lado racional, que le gritaba que saliera de allí antes de hacer una tontería, se quitó la camiseta y las bragas y, desnuda, se encaminó hacia el baño.

Al abrir la puerta, Naruto la miró. Recorrió su cuerpo con placer y, sorprendido porque ella hubiera claudicado, mintió:

—Te esperaba...

Sin hablar, ella entró en la ducha y el agua la empapó rápidamente, momento en que, tomando las riendas del asunto, lo besó.

Aquel beso deseado, despiadado, descarnado, a Tema le supo a gloria. Nunca había estado tanto tiempo separada de él y, cuando sus bocas se despegaron, declaró, mirándolo a los ojos:

—Será la última vez.

Sin decir nada, Naruto asintió y, consciente de los cambios que veía en su cuerpo, la tocó entre las piernas y susurró extasiado:

—Me gusta.

Acalorada al ver que se había dado cuenta de su depilación brasileña, ella cerró los ojos y disfrutó dejándose hacer, hasta que él, arrinconándola contra la pared, murmuró:

—De acuerdo..., disfrutemos.

Con mimo, Naruto recorrió sus nalgas, su cintura, sus hombros, mientras la besaba con una entrega que a Tema la volvió loca.

El tiempo que había estado sin verla lo tenía hambriento, necesitado, ansioso. La había añorado tanto que incluso la noche que le abrieron la cabeza fue porque se había negado a irse con una antigua amiga. Estaba pensando en Tema, y lo último que le apetecía era acostarse con otra, y aquélla, furiosa, reaccionó mal y le tiró un vaso a la cabeza que lo hizo acabar en urgencias.

Y allí estaba ahora, disfrutando de la salvaje Temari en el cuerpo de Tema y, excitado como un loco, la devoró, la saboreó.

Cuando ella echó la cabeza hacia atrás, el sensual policía sacó su caliente lengua y, poco a poco, la paseó por su cuello, haciendo que ella jadeara y, sin hablar, se entregara a él.

En cuanto disfrutó de saberse poseedor del cuerpo de ella, le cogió las dos manos por las muñecas y se las subió por encima de la cabeza. Entonces se miraron a los ojos y la pasión se desató.

Besos calientes...

Besos entregados...

Besos que en silencio decían mucho...

Sus respiraciones se aceleraron.

Sabían lo que querían, lo que deseaban, y Naruto, cogiendo a aquélla entre sus brazos, la apoyó en la pared y, sin hablar, abrió con los dedos los pliegues de su húmedo sexo, y mientras el agua caía sobre su espalda, se introdujo en ella lenta y pausadamente hasta que Tema, moviendo las caderas con brusquedad, se clavó por completo en él y exigió:

—Sin mimo...

Su petición volvió loco a Naruto. Allí estaba ella, la mujer dulce en el día a día y fogosa y exigente en la cama. La única que había conseguido que pensara en ella las veinticuatro horas del día gracias a que lo había rechazado.

Tema... Temari... Tema... Temari... Y, moviéndose con contundencia, se clavó una y otra y otra vez en ella, al tiempo que sus bocas se besaban para mitigar sus jadeos y disfrutaban de aquella loca posesión.

El placer, el goce, la delicia se apoderaron de ellos mientras Naruto, asiendo las nalgas de ella, se hundía una y otra vez en su interior y ella jadeaba cogida de su cuello.

—Sí... Sí...

Movimientos rítmicos...

Movimientos acompasados...

Movimientos enloquecedores...

Lo que ocurría entre ellos en ese instante era único y especial. Era deseado y pecaminoso. Era caliente y voluptuoso y, sin duda, también un juego peligroso.

Como los animales que eran siempre que estaban juntos, se hicieron el amor con pasión mientras se besaban, se mordían o se chupaban en busca de gozo, delirio y locura.

Aquel acto tan puramente carnal, tan deseado, tan necesitado, los hizo subir al cielo, y al alcanzar el clímax, ambos quedaron jadeantes contra la pared. Naruto apoyó su frente contra la de ella, e iba a decir algo cuando Tema, sin darle oportunidad de hablar, anunció:

—Esto se acabó.

—Dame un segundo —pidió él sin aliento.

Pero ella, negando con la cabeza, replicó:

—No. Y, como siempre me has dicho..., esto es lo que es. Lo sabes, ¿verdad?

Por primera vez, Naruto sintió que aquellas palabras que tanto había repetido cuando estaba con ella se volvían en su contra, y murmuró:

—Temari...

Molesta, clavó sus ojos verdes azulados en él, y siseó:

—Ya no soy tu Temari. No vuelvas a llamarme así.

Consternado por sus crueles palabras, él preguntó sin poder evitarlo:

—¿Acaso ahora eres la Temari de otro?

Con amargura, la joven sonrió y, necesitando dejarle claro que ahora era ella quien decidía, sentenció:

—Sí.

El nombre de Shisui Uchiha se quedó en la lengua de Naruto y, conteniendo la rabia que sentía en aquel instante en que estaba dispuesto a abrirle su corazón, se quedó en blanco.

En silencio, y con dureza, se miraron durante unos segundos, hasta que ella salió de la ducha.

Cabizbaja y avergonzada por haberse dejado llevar por la lujuria, cogió una toalla y se secó; en ese momento Naruto salió de la ducha y, abrazándola por detrás, murmuró en su oído:

—Escucha...

Pero ella, deshaciéndose nuevamente de sus brazos, salió del baño y cerró la puerta. Tenía que alejarse de él.

Una vez en la habitación de Naruto, dejando caer la toalla al suelo, cogió las bragas y la camiseta y se las puso. Cuando estuvo vestida, se dirigió hacia la puerta justo en el momento en que él salía del baño. Ambos se miraron. Luego ella abrió la puerta y, levantando el mentón, dijo antes de desaparecer:

—Adiós, Khal Drogo.

Cuando Tema cerró la puerta y Naruto se quedó solo en la habitación, no se movió del sitio.

Deseaba pedirle que no se fuera, que se quedara, pero no lo hizo. Aquélla era Tema, la chica encantadora y bonita, y él no era más que un cabrón.

Tras cerrar la puerta, Tema comenzó a caminar acalorada cuando oyó a su espalda:

—¡No me lo puedo creer!

Esa voz hizo que se parara en seco y, al mirar hacia atrás, vio a Sakura con un vaso de agua en una mano y galletas Oreo en la otra.

Por su parte, la actriz, sorprendida al ver a su amiga salir de la habitación de Naruto, se encaminó hacia ella, que la miraba con gesto horrorizado, y, cogiéndola del brazo, susurró:

—No me digas que...

Tema resopló. Era una tontería negarlo.

—Sí.

Asombrada porque creía que su historia se había acabado con la distancia, Sakura agarró a su amiga del brazo y preguntó:

—¿No crees que tienes algo que contarme?

Al sentirse descubierta, Tema cogió una galleta de las que su amiga llevaba y, tras darle un mordisco, asintió.

—Sí. Vamos a mi habitación.

Y así fue como Sakura se enteró por fin de lo que pasaba.