Capítulo 47

Un par de horas después, cuando los chicos regresaron junto a Suigetsu y Karin, se encontraron a Sakura, a Dei y a Hanabi tomando el sol en la piscina.

Sasuke y Konohamaru saludaron a sus chicas, luego se reunieron de nuevo con Suigetsu, Idate y Naruto, y rápidamente comenzaron a hablar de sus cosas, mientras Naruto les contaba su encuentro con Vin Diesel, con el que tan bien se llevaba.

Tras un par de tragos, Naruto observó que Tema no estaba con los demás y quiso preguntar, pero, consciente de que no era buena idea, continuó bebiendo e intentó olvidarse del tema. Ya volvería.

Segundos después, la puerta se abrió y frente a ellos apareció una espectacular Tema, ataviada con una pamela y un pareo amarillo. Todos la miraron y ella, dirigiéndose hacia las chicas con paso seguro, sonrió.

Sasuke, que como el resto había visto aquella aparición, comentó, al ver cómo todos la miraban para romper aquel extraño instante:

—Todavía no me creo que estemos de vacaciones.

Los hombres asintieron, justo en el momento en el que Tema se quitaba el pareo y se quedaba vestida con aquel minúsculo bikini negro.

Desde lejos, los hombres oyeron las alabanzas de las mujeres, mientras ella sonreía encantada. Sin duda aquel bikini de tanga brasileño era todo un escándalo.

—¡Joder! —murmuró Idate, mirándola—. Pero qué buenorra que está Tema. Vamos, que estoy por hacerle uno o todos los favores que quiera.

Naruto la miró boquiabierto.

¿Desde cuándo era tan descocada vistiendo?

Y, al observar cómo Idate paseaba los ojos por su cuerpo con descaro, siseó:

—¿Qué tal si te guardas ciertos comentarios y dejas de mirarla de ese modo?

Su amigo sonrió y, con su humor habitual, cuchicheó:

—Joder, macho, lo evidente es evidente. No veas la Temarita lo potentorra que está con ese bikini... ¡Madre mía, qué traserito más lindo!

Naruto resopló. Por mucho que lo jorobara, él no era quién para prohibirle a Idate que la contemplase, pero su rabia iba en aumento. ¿Por qué no miraba hacia otro lado?

En ese instante, Sasori se reunió con ellos y, divertido, Konohamaru le tocó la cabeza y se mofó:

—Joder, Sasori..., tu síndrome de Hortaleza es más evidente cada día.

—Éste, en nada, es miembro del club —bromeó Suigetsu, tocándose la cabeza.

Los cinco geos rieron. Las chorradas de machitos eran muy típicas entre ellos.

—No entiendo. ¿Qué es el síndrome de Hortaleza? —preguntó Sasori.

Naruto y Sasuke sonrieron, y Idate, tras chocar la mano con Konohamaru, contestó:

—Pues es cuando se tienen más pelos en los huevos que en la cabeza.

La carcajada de los españoles fue monumental, pero Dei, que había aparecido en ese instante, exclamó al oírlo:

Oh-my-God! ¡Qué ordinariez! —y, dirigiéndose a Idate, protestó—: Diciendo esas cosas, no sé cómo te miran las women.

El policía rio y, dando un trago a su cerveza, indicó con su habitual chulería:

—Mi método es infalible, querido Dei. Las miro. Me miran. Y cuando les doy uno de mis sabrosos besos y les hago sentir lo bien que lo podemos pasar, simplemente murmuro: «Idate, follador a domicilio, abierto las veinticuatro horas», y, ¡zas!, ya son mías.

—¡Qué horror! —se mofó Suigetsu mientras Naruto, con disimulo, observaba a Tema, que se metía en el agua.

—Dudo que ese método tuyo les guste a las churris —se burló Sasuke.

—Las enloquece —afirmó divertido Idate—. Y cuando muevo las caderas al más puro estilo Tom Jones, ¡uooooo, amigooooooooo!

Durante un rato, los policías rieron por las machadas que aquél decía, hasta que Dei agarró a su chico del brazo y dijo:

My love, alejémonos de estos orangutanes.

Los otros cinco comenzaron a imitar a los monos mientras aquéllos se alejaban, pero entonces Idate, contemplando de nuevo a Tema, que salía del agua, silbó y comentó:

—Joder..., los pezoncitos tan lindos que tiene Tema.

Todos miraron hacia la piscina, de donde ella salía con aquel minúsculo bikini, y Naruto, sin poder evitarlo, cogió una chancla que había en el suelo, se la tiró a Idate a la cabeza y, cuando éste volvió la vista hacia él, siseó:

—¿Quieres hacer el favor de mirar para otro lado?

—¿Por qué?

—Porque sí.

Sasuke observó a su amigo. Lo sorprendía verlo defender a Tema con tanto ahínco y con aquel gesto serio, pero no dijo nada.

—Mira, Naruto —murmuró entonces Idate—, no me lo tomes a mal, pero tú tuviste algo con ella, ¿no? ¿Acaso está vetada para los demás?

En cuanto oyó eso, el aludido se levantó de la tumbona como un toro, de tal manera que Konohamaru tuvo que interponerse entre él y Idate.

—Acércate a ella más de la cuenta —siseó Naruto— y te juro que dejarás de tener el síndrome de Hortaleza, porque no tendrás pelos ni en los huevos ni en la cabeza.

Sasuke soltó una carcajada al oírlo, pero Suigetsu, al verlo tan serio, murmuró:

—Naruto..., oye..., tranquilo.

Sorprendidos por su repentina agresividad, sus amigos lo observaron, y él, consciente de su comportamiento, trató de disimular el malestar que sentía y suavizó el tono para añadir:

—Joder, macho..., ¡es que es Tema! Es de la familia.

—En eso te doy la razón. Guárdate tus comentarios, Idate —dijo Sasuke, sorprendido por la rabia que había visto en la mirada de su amigo.

El aludido sonrió. Sus compañeros eran unos cachondos e incapaz de callar, insistió:

—¡Joder! Pero si la tía está buena..., ¿acaso no puedo decirlo? También pienso que Sakura, Karin y Hanabi están buenas, y eso no significa que me las quiera tirar.

Konohamaru, Suigetsu y Sasuke lo miraron, y este último dijo:

—Ignoraré lo que has dicho sobre mi mujer o tendré que partirte la cara.

—Y yo —aseguró Konohamaru.

—Cuidadito, follador a domicilio —se mofó Suigetsu.

Naruto volvió a tumbarse y, con las gafas de sol puestas, espió a Tema. Sin duda, aquel escandaloso bikini le sentaba muy bien. Demasiado.

Una hora después, Sasuke cogió a su mujer y a Tema en brazos y se tiró con ellas a la piscina, y Naruto sonrió. Le encantaba ver reír a la joven.

Con sentimientos encontrados, pensó en lo ocurrido la noche anterior en el baño de su habitación. Cuando estaba con Tema, y no sólo en la cama, las cosas eran diferentes. Eso sólo le ocurría con ella, con ninguna otra mujer, pero, consciente de que debía respetar su decisión, dio un trago y resolvió zanjar el tema. Era lo mejor para los dos, y más habiendo una tercera persona.

Dei, que los observaba a todos tras sus enormes gafas de Prada, cuchicheó, cuando Tema se sirvió otro cóctel:

—Mariliendre te mira, y mucho. Está visto que le ha gustado el bikini.

—¡Qué ilusión! —musitó ella nerviosa.

Sin duda, la joven también se había percatado de cómo aquél la observaba, aunque intentaba no encontrarse con los ojos de él. Estaba pensando en ello cuando Hanabi dijo a su lado:

—Recuerda que cuando aparezca Shisui tienes que mirarlo como una enamorada.

—Me estás poniendo histérica —protestó Tema.

Segundos después, Sasori salió al jardín acompañado de Shisui, y Dei gritó:

Oh, my God! Ya estamos todos.

Rápidamente Naruto miró a Tema, que sonreía, y enseguida reconoció al tipo que había visto por internet. Aquél era Shisui Uchiha, el famosísimo y riquísimo director de cine.

Resopló.

¿Qué narices estaba haciendo allí?

Sakura, al ver a Shisui, lo saludó encantada.

Sasuke sabía que aquella mañana habían tenido una reunión de trabajo, pero poco más, y ella, omitiendo que se habían visto más tarde, incluyó a su marido en la conversación y se saludaron de inmediato.

Desde la distancia, Naruto se fijó en cómo cambiaba la sonrisa de Tema al ver a aquél. De pronto su mirada se había vuelto más intensa, más tentadora, y eso no le gustó, y menos cuando vio que él le sonreía y ella le guiñaba con complicidad un ojo.

Segundos después, Dei, como buen anfitrión, fue presentándolo a los demás.

Sacando fuerzas de donde no imaginaba que las tenía, Tema se metió por completo en el papel de Temari. Cogió otro cóctel, se acercó al recién llegado, que la miró encantado, y, tras darle un beso en la boca delante de todos, él cogió la copa y, agarrándola por la cintura, susurró, centrándose en ella:

—Qué ganas tenía de verte, preciosa. Ese bikini te sienta estupendamente.

Sorprendidos, los hombres se miraron, y entonces Dei dijo, señalando al único que seguía en la tumbona:

—Y este adonis de cuerpo apolíneo y tentador es Naruto, mi Batman.

Al oírlo, Shisui clavó la mirada en aquel hombre. Aquél era el famoso Naruto y, cuando vio que se levantaba de la tumbona, sin soltar a Tema de la cintura para hacerle saber que él era ahora el dueño de su intimidad, le tendió la mano y lo saludó:

—Encantado, Naruto.

—Lo mismo digo —respondió él, consciente de cómo el tipo la sujetaba por la cintura.

¿Por qué no la soltaba ya?

Durante un rato estuvieron charlando de Los Ángeles y de las películas que aquél había dirigido, hasta que Tema le tendió otro cóctel y Shisui, tras besarla con ardor, dijo:

—Gracias..., Temari.

A Naruto lo descolocó oír ese nombre.

¿Cómo que Temari?

Y, al entender que la mirada de ella era la misma de cuando estaban a solas en la cama, se enfureció. Se sintió enfermo de pensar que Tema pudiera jugar con aquél a lo mismo que jugaba con él, y cuando Shisui comenzó a hablar con Konohamaru, se acercó con disimulo a ella y le preguntó con sorna:

—¡¿Temari?!

—Paso de ti.

—¿Ese tipo te ha llamado Temari? —insistió Naruto molesto.

Ella lo miró entonces con la mayor indiferencia que pudo y contestó:

—Sí.

A cada segundo más descolocado, Naruto insistió:

—Pero ¿Temari de... Temari?

Entendiendo por dónde iba, la joven afirmó con cierta maldad en la mirada.

—A ver si te crees que eres tú el único con el que disfrutar del sexo.

Él parpadeó con incredulidad y, antes de que pudiera decir algo, ella añadió:

—Shisui me satisface como nadie.

—Pero ¿qué estás diciendo? —murmuró Naruto molesto.

Durante unos segundos ambos se quedaron callados. El corazón de Tema bombeaba a mil por hora, mientras era consciente de cómo Temari la engullía.

—¿Te gusta mi bikini? —le preguntó entonces al ver cómo la miraba—. Me lo ha regalado Shisui.

—Demasiado justito de tela, ¿no? —gruñó él.

La joven, divertida, se dio una vueltecita de lo más cautivadora y morbosa ante él y cuchicheó, al mirar al mexicano y ver que él la observaba:

—A Shisui le apasiona.

Naruto miró al cineasta y, al comprobar cómo la contemplaba con una sonrisita nada decente, susurró:

—No sé qué te pasa, pero sin duda no...

—¿Por qué ha de pasarme algo? —preguntó ella, dando un trago a su cóctel.

A cada segundo más descolocado, Naruto maldijo.

—Sé que he sido un idiota, pero tú y yo tenemos algo que...

—Eh..., eh... —lo cortó y, guiñándole el ojo, cuchicheó—: Te recuerdo aquello de «esto es lo que es». —Él no dijo nada, y Tema añadió—: No me seas antiguo, Naruto, y piensa que eso fue..., lo que fue.

Él cerró la boca sorprendido, y ella sentenció:

—Los Ángeles me ha ofrecido la oportunidad de conocer a un hombre de verdad, y estoy segura de que a ti también te las ofrecerá. ¡Disfrútalas! ¡No seas tonto! Aquí hay chicas preciosas, bueno..., qué te voy a decir yo a ti, si tú lo sabes mejor que nadie, ¿verdad? Por cierto, si no conoces a ninguna que te guste, dímelo: Shisui tiene unas amigas ¡monísimas!

Y, sin más, se alejó de él para abrazarse a Shisui, que la aceptó encantado.

En ese instante, Konohamaru se acercó a su amigo y, sin percatarse de lo que le ocurría, le ofreció una cerveza fresquita, que Naruto aceptó. Estaba sediento.

Minutos después, cuando vio a Tema alejarse, se acercó a Sasuke y a Shisui y se inmiscuyó en su conversación. Ya de por sí molesto, pronto se dio cuenta de que Shisui era un tío simpático y agradable, y eso lo fastidió aún más.

¿Por qué no era un gilipollas engreído?

Las chicas, al ver a los hombres charlar en grupo, se alejaron unos pasos y Hanabi cuchicheó, haciéndole creer a Karin que era la primera vez que veía a Shisui:

—¡Madrecita lindaaaaaaaaaaaaa..., qué razón tenías! Está más bueno aún en persona.

—¡Qué ojazos negros! —exclamó Karin.

—Lo sé —convino Tema con una sonrisa.

Aquella sonrisa y el gesto de su amiga llamaron la atención de Karin, que, divertida, musitó:

—Ais, Tema. Te noto diferente.

La aludida, al oír aquello, sonrió y afirmó, metida en el personaje:

—Sin duda, Shisui me hace serlo.

Sakura, que observaba con discreción los movimientos de su amiga, encantada por ver el desconcierto en el frío Naruto, se acercó a ella y susurró:

—Que sepas, querida Tema, que ahora mismo eres la envidia de muchas mujeres de renombre. Shisui es un hombre muy deseado entre las féminas.

Ella sonrió y no dijo nada.

En ese instante, Suigetsu llamó a su mujer, quería comentarle algo, y, cuando ésta se alejó, Sakura indicó:

—Madre mía, Tema, no sé qué le has dicho a Naruto, pero está descolocado por completo.

Hanabi, Tema y Sakura sonrieron, y la primera, sin querer mirar al policía, expuso:

—Shisui está mucho más bueno que Naruto.

—Hanabi, tampoco te pases —repuso Sakura divertida—. Naruto está muy bien y, desde luego, físicamente no tiene nada que envidiarle a Shisui.

Tema soltó una carcajada, y Hanabi matizó:

—Pero sin duda envidiará su dinero, sus casas, su colección de coches de lujo y su caballerosidad, una cualidad de la que Naruto carece por completo.

Sakura suspiró, y Tema, que conocía muy bien a Naruto, respondió:

—Hanabi, no te enfades, pero dudo que Naruto envidie nada de lo que has dicho. Bueno, sí —matizó—. Quizá el Ferrari rojo que conduce Shisui sí lo envidiaría.

Esta vez, las tres rieron.

¿Quién no envidiaría tener un Ferrari rojo?