Capítulo 48

Durante los días siguientes, Naruto intentaba conectar con Tema, pero le resultaba imposible.

Ella ya no lo miraba, ni le daba la oportunidad de hablar o reír con ella como lo había hecho en los últimos años, y eso lo hacía sentirse como un idiota.

Cada noche que ella se marchaba de la casa con Shisui, Naruto notaba que de forma inevitable algo se rompía en su interior, y lo pasaba mal, terriblemente mal.

En esos días, todos fueron testigos de cómo Tema se divertía con aquel hombre adinerado y encantador, y éste, gustoso, apenas si se separaba de ella.

Mientras tanto, Naruto, en silencio, se sentía relegado a un segundo plano, cosa que cada día lo encabritaba más, consiguiendo el efecto contrario del que los otros perseguían con su plan. Tema siempre había estado pendiente de él, y que ahora sólo tuviera ojos para aquel director de cine adinerado lo estaba jorobando, y mucho. Sin embargo, no dispuesto a que nadie lo notara, intentaba disimular, pero Sasuke, que era muy observador, comenzó a sospechar, y más al ver que él no acababa las noches con ninguna conquista.

¿Qué le ocurría?

Cuando salían a tomar copas todos juntos a los bares de moda por las noches, Tema y Naruto se evitaban. Estaba claro que las cosas entre ellos habían cambiado y así debían aceptarlo.

A la joven, tener a Shisui a su lado mientras se metía en el papel de Temari le daba una seguridad enorme, y un día, acercándose a él, murmuró:

—No sé cómo te voy a poder pagar todo lo que estás haciendo por mí.

Él sonrió.

—¿Sabes?, quizá te contrate para mi próxima película.

Ambos rieron, y luego él señaló:

—Pero yo sí sé cómo me lo vas a pagar.

—¡¿Cómo?! —preguntó ella divertida.

Shisui dio un trago a su copa y, acercándose más, la besó en los labios con complicidad y cuchicheó:

—Viniéndote conmigo a una gala benéfica a la que he sido invitado.

Tema sonrió.

—Por supuesto que iré encantada.

Sin percatarse de que Naruto los observaba mientras él hablaba con una chica morena, Shisui le colocó un mechón de pelo a Tema tras la oreja y le preguntó:

—¿Qué tal estás llevando que él esté aquí?

La joven resopló y, sin querer mirar al objeto de su deseo, respondió:

—Según el momento. Te juro que no me entiendo ni yo, pues tan pronto quiero lanzarme a sus brazos como quiero matarlo. Pero he aprendido a no acercarme a él. Ya no. Eso se acabó.

Divertido, Shisui sonrió. Sin duda era una locura la clase de ayuda que le estaba ofreciendo.

—Lo bueno es que todos se han creído lo nuestro —señaló ella— y, ¡por fin!, él está viendo que un hombre como tú puede fijarse en mí.

—Temari..., pero ¿qué tonterías dices? Pues claro que un hombre como yo...

—Gracias. —Ella sonrió—. Gracias por ayudarme en esta locura. Sólo espero que Naruto me deje en paz y se dé cuenta de que él no entra ya en mi vida.

Shisui la miró. Los sentimientos eran algo imposible de controlar. No obstante, sin querer llevarle la contraria, tras haber hablado en varias ocasiones con ella, le preguntó:

—¿Estás segura de lo que dices?

—Sí.

—¿Y si él...?

—Él no va a cambiar de idea —lo cortó la joven.

—Torres más altas han caído, Temari.

Ella negó con la cabeza. Sabía que Naruto no se permitiría eso en la vida y, divertida, cuchicheó:

—Lo creas o no, eres el primer amigo, amigo, con el que me beso en la boca y me restriego como una tigresa loca.

Shisui soltó una risotada que hizo que Naruto los mirara con gesto serio.

Cada día que pasaba, la situación para él se estaba volviendo más complicada. Ver que Tema estaba totalmente entregada a aquel tipo y ni lo miraba ni le sonreía no estaba siendo fácil, y por primera vez en su vida, la palabra celos comenzó a tener un significado para él.

¿Por qué tenía que ocurrirle eso?

—Por cierto, mañana por la noche no puedo quedar. Tengo una cena de negocios inamovible —indicó Shisui.

—No te preocupes. Llamaré a Jens —respondió ella riendo.

—Pero qué chica más mala —se mofó el mexicano.

—Mala, no: realista.

Divertido, Shisui miró entonces a Naruto, que reía con una mujer, e indicó:

—Ese Naruto, si fuera actor, sería un buen galán. Tiene planta, el tío.

Tema asintió y susurró, acercándose a él:

—Sin duda, el cine perdió a un buen galán, pero los geos ganaron a un buen policía.

En ese instante comenzó a sonar una romántica canción de Luis Miguel, y él preguntó mirándola:

—¿Bailamos?

Ella asintió. Era No me platiques más, y afirmó:

—Me encanta esta canción.

—Mi compatriota interpreta los boleros como nadie —afirmó Shisui con una sonrisa.

Cogidos de la mano, llegaron hasta la pista, y allí, el mexicano la abrazó; en ese momento éste intercambió una mirada con Naruto y, al ver que los observaba, acercándose al oído de Tema murmuró:

—No sé, pero hay algo en ese tipo que me confunde.

—¿De qué tipo hablas?

—De Naruto.

Al oír eso, la joven sonrió. Para despistada, ¡ya estaba ella!

—Algo me dice que ese tío te observa más de lo que tú te crees —añadió Shisui.

Sorprendida, ella suspiró. Miró al guapo hombre con el que bailaba y, enredando los dedos en su moreno pelo, afirmó:

—Tengo que llevarte al oculista. Creo que ves cosas que no existen.

Shisui dirigió la vista otra vez con disimulo a Naruto, que comenzaba a bailar con la morena, y, al ver cómo volvía a mirar en su dirección, dijo:

—Créeme. Soy un hombre y sé lo que digo. Ese tipo está pendiente de ti.

Oír eso hizo que a Tema se le desbocara el corazón, y Shisui musitó:

—Te besaré y, si miras a la izquierda, podrás comprobar si ese tipo nos mira o no.

Entonces él la besó, y en ese momento Tema, con los ojos entornados, echó un vistazo hacia el lugar donde le había indicado el mexicano y comprobó que Naruto no la miraba, sino que sólo tenía ojos para la mujer que estaba entre sus brazos.

¡Maldita sea!

Estaba pensando en ello cuando el beso de Shisui acabó, y él preguntó:

—¿Y bien?

La joven lo miró confundida. Ella no había visto nada especial.

—Quizá estés dando por perdido algo que se puede recuperar —añadió él.

—No se puede recuperar algo que nunca se ha tenido.

Shisui sonrió y prosiguió:

—Escucha, cariño, soy director de cine y especialista en buscar el mejor gesto de un actor para que te haga sentir, vibrar y entender a través de la pantalla, y te digo yo que...

—Que no, Shisui..., que no...

—Mi consejo como amigo es que, si en algún momento quieres parar este teatrillo e intentar comprender por qué él te mira con interés, ¡para! ¿De acuerdo?

Ocultando los nervios, Tema suspiró y preguntó:

—¿Te quedas a dormir esta noche conmigo?

Él soltó una carcajada y, rozando su nariz con la de ella, cuchicheó:

—¿Noche de sexo?

—¡Shisuiiiiiiii!

Él rio divertido. A sus treinta y ocho años, era la primera vez que le ocurría algo así con una mujer.

—Claro, mi reina —asintió—. Claro que me quedo contigo.

Encantada, Tema sonrió, sin saber que Naruto bullía por dentro dispuesto a hablar con ella en cuanto regresaran a la casa.