Capítulo 49

Esa noche, todos regresaron a la bonita casa de Sakura y cuando esperaban que Shisui se marchara, se sorprendieron al ver que el cineasta aparcaba su Ferrari, bajaba de él con Tema y, cogidos de la mano, ambos caminaban hacia la casa.

Sasuke, que había disfrutado de la velada junto a su mujer y los demás, sin decir nada, se percató de cómo Naruto observaba a la joven. Eso le llamó poderosamente la atención, y, mientras aquellos dos, tras despedirse del resto, se metían en la habitación que ocupaba ella, Sasuke se dirigió con Naruto a la cocina. Después de coger un par de cervezas, los dos amigos se miraron y Sasuke comentó:

—Qué diferente es la vida en Los Ángeles, ¿verdad?

Naruto asintió de mal humor y, tras dar un trago a su bebida, contestó:

—Sí. Sobre todo porque estamos de vacaciones.

En silencio, se bebieron la cerveza, hasta que, de repente, Sasuke preguntó:

—¿No lo has pasado bien con la morena de esta noche?

Naruto afirmó con la cabeza.

—¿Y por qué no estás con ella ahora? —insistió su amigo.

Procurando mantener el tipo, Naruto respondió:

—Porque, al final, ella tenía que madrugar mañana y, bueno...

Sasuke asintió.

En los días que llevaban en Los Ángeles, su amigo no se comportaba de la forma habitual. Por norma, siempre se perdía al salir de fiesta, pero esa vez no se separaba del grupo, y hasta incluso Idate, el otro soltero, comenzaba a reprochárselo.

¿Qué le pasaba?

En ese instante, Suigetsu entró en la cocina y, al ver a sus amigos, dijo, acercándose a ellos:

—Estoy alucinando con Tema y el cineasta... ¡Vaya dos!

Sasuke y Naruto lo miraron sin entender, y aquél susurró:

—Al pasar por delante de su habitación, tenían la puerta entreabierta y he visto cómo se quitaban la ropa a toda prisa y...

—¡No quiero saberlo! —lo cortó Naruto.

Divertido, y sin hacerle caso, Suigetsu prosiguió:

—Por Dios..., el conjuntito rojo sangre que llevaba Tema es ¡impresionante!

—¡Que cierres el pico, joder! —exclamó Naruto.

Al ver su agobio, Sasuke dejó la cerveza sobre la mesa y, mirando a Suigetsu, cuchicheó:

—Churri..., que no queremos saber lo que hacen esos dos, ¿no te has dado cuenta todavía?

Él asintió y, cuando iba a decir algo, Karin apareció por la puerta y lo llamó:

—Churri, ¿te vienes a la cama?

Éste, sonriéndole como un bobalicón a su mujer, dijo, dirigiéndose a sus amigos:

—¡Hasta mañana!

Cuando se marchó, Naruto se levantó. Abrió el frigorífico y sacó otra cerveza, y en ese momento Sasuke preguntó:

—¿Qué te ocurre?

—Nada.

Sasuke, que siempre había sido un hombre muy discreto en lo referente a los temas del corazón, insistió:

—¿Quieres que hablemos?

Naruto se detuvo, lo miró y, sin querer entender lo que leía en sus ojos, respondió:

—No.

El inspector observó a su buen amigo. Sin duda lo que llevaba días pensando se estaba haciendo realidad y, cuando iba a decir algo, Sakura apareció por la puerta.

—Cucaracho..., vamos a la cama.

Él asintió divertido, dio un último trago a su cerveza e indicó, dejando la charla para otro momento:

—Hasta mañana, Naruto.

Él los miró y contestó, intentando sonreír:

—Hasta mañana.

Una vez que se quedó solo en la cocina, se sentó en una silla contemplando el jardín.

Así permaneció durante un par de horas. Su mente no lo dejaba descansar. De pronto se encontraba en una situación que lo estaba descolocando totalmente y no sabía cómo reaccionar.

Tras mirar el reloj y terminarse su quinta cerveza, se levantó y se encaminó hacia su habitación, pero, al pasar por delante de la de Tema, los oyó reír y se detuvo. No podía continuar y, haciendo algo que nunca pensó que haría, se acercó a la puerta y escuchó. Otra risotada de la joven lo hizo dar un paso atrás y, continuando su camino, gruñó:

—¡Serás gilipollas!

Cuando cerró su puerta, Dei, que había estado observando la situación desde su cuarto, se acercó a la boca el walkie talkie y dijo entre murmullos, para no despertar a Sasori, que dormía:

—Diva llamando a Pichones: ¡El X-Man os ha oído y ha entrado en su guarida!

Al oír eso, Tema suspiró y Shisui cuchicheó divertido:

—Pichones a Diva: si hay algún cambio, avisa.

En ese instante se abrió la puerta de la habitación de Hanabi, que corrió hacia la de Dei, entró y preguntó:

—¿Qué ha pasado?

Él, emocionado, murmuró gesticulando:

—Cuando mi X-Man caminaba por el pasillo, les he dicho a los Pichones que rieran alto. Entonces se ha parado, oh-my-God!, y ha escuchado. Tema ha vuelto a reír y él se ha ido muy... muy crazy para su habitación.

Hanabi sonrió, y Dei prosiguió:

—Llámame crazy, pero parecía celoso.

Ella, divertida, replicó con seguridad:

—Olvídalo, Dei. Para estar celoso primero hay que sentir, y Naruto no siente nada por nadie, excepto por sí mismo.

Él no respondió, y Hanabi mirando a su amigo, indicó:

—Si quieres, duerme. Yo vigilaré por si pasa algo.

Pero, en vez de dormir, se quedaron los dos sentados junto a la puerta entreabierta, cotilleando sobre sus cosas.

.

.

.

Durante un par de horas, Naruto dio vueltas y más vueltas en la cama.

Saber que a pocos metros de él Tema se lo estaba pasando de vicio con otro que la llamaba Temari lo ponía furioso. ¡Lo cabreaba! Cuando miró el reloj y vio que eran las cuatro de la madrugada, se levantó de la cama y decidió bajar a la cocina a beber agua. Estaba sediento.

Al pasar de nuevo por delante de la habitación de aquélla, de nuevo se detuvo.

Maldijo, se acordó de todos sus antepasados, pero repitió la acción de horas antes y, al acercar la oreja a la puerta, no oyó nada. Sin duda estaban durmiendo y, molesto, prosiguió su camino.

Hanabi y Dei, al verlo, se callaron. No esperaban verlo de nuevo esa noche y, cuando él desapareció, Dei lo siguió con cautela y, después de comprobar adónde iba, regresó y dijo:

—¡Cocina!

Hanabi cogió su walkie-talkie.

—Lady Gaga llamando a Pichones, ¿me oís?

Shisui y Tema, que estaban medio adormilados en la cama, dieron un salto, y él cogió el aparato y contestó divertido:

—Pichones en escucha, Lady Gaga.

Tomi le indicó a Hanabi que bajara el tono. Sasori podía despertarse, y ella susurró:

—X-Man fuera de su guarida y en cocina. Que la Pichona se prepare, tiene que salir.

Al oír eso, Tema resopló. Quería dormir. Pero Shisui indicó, mirándola:

—Tienes que ir a la cocina y hacerle creer a ese chulito que estás sedienta a causa de la noche de sexo estupendo que llevamos.

Tema, remolona y adormilada, murmuró:

—Ahora no. Quiero dormir.

Shisui sonrió. Verla acurrucada a su lado en la cama, con su pijama, era en cierto modo tierno, pero pulsó el botón del walkie-talkie y dijo divertido:

—Pichón a Lady Gaga y Diva. La Pichona está perezosa. No quiere levantarse.

Ni dos segundos tardaron Dei y Hanabi en entrar en la habitación, y ella, al verlos, murmuró:

—Pero iros a dormir... ¿No veis que es tardísimo?

Sus amigos asintieron. Shisui, que estaba desnudo de cintura para arriba, era todo un portento; ambos intercambiaron una mirada, se aclararon la garganta y exigieron, dirigiéndose a Tema:

—¡Levántate!

—A ver si te crees que eres la única que tiene sueño, y no olvides que este numerito lo estamos montando por ti —protestó Hanabi, que evitaba mirar al mexicano.

Finalmente, Tema se levantó, y Dei cuchicheó contemplándola:

—¿Duermes con eso?

Ella miró la camiseta que llevaba puesta y el culote y, frotándose los ojos, respondió:

—¿Con qué quieres que duerma?

Dei suspiró y murmuró, abriendo el armario:

—Por el amor de Diorrrrrrr..., eres el antimorbo declarado.

Todos rieron, y entonces él, sacando una corta batita negra de seda, pidió:

—Desnúdate y ponte esto.

—¡¿Qué?! —dijo Tema.

Hanabi tiró de ella y la apremió:

—Vamos. Naruto está en la cocina y has de hacerle ver que Shisui es ¡lo más!

El mexicano, al ver cómo aquélla los miraba, se volvió y dijo:

—Cerraré los ojos. Lo prometo.

Tema miró a Dei, y éste, cerrando también los ojos, cuchicheó:

—Por favor..., ¡ni que tu body me fuera a poner!

Una vez que estuvo fuera de la vista de los dos hombres, Tema, adormilada, se quitó la ropa y, tras quedarse desnuda, se colocó la bata.

—Un momento —dijo Hanabi, terminando de anudarle el cinturón. Y, tras alborotarle un poco el pelo, afirmó—: ¡Perfecta! Ahora sí.

Shisui y Dei abrieron los ojos y este último apremió:

—Vamos..., ve a la cocina, my love, ¡hazte la encontradiza! Y hazle saber a ese body español lo bien que lo pasas con Shisui.

Ella asintió y, al verse empujada por todos, salió de la habitación y, una vez sola en el pasillo, murmuró:

—Joder... Joder...

Naruto, al llegar a la cocina, caminó hacia la nevera sin encender la luz. La abrió y sacó una botella de agua fresca. Luego se dirigió al armario de los vasos, cogió uno y se sentó en un taburete que había junto a la isla central, llenó el vaso y se lo bebió.

Después del primer vaso, llegó el segundo, y luego el tercero, y cuando iba a llenarse el cuarto, la luz de la cocina se encendió y, sorprendido, se encontró con Tema. Tenía el pelo revuelto, cara de recién despertada, e iba ataviada con una bata de seda negra muy corta anudada a la cintura.

Al verlo, ella se hizo la sorprendida y, metida en su papel de la dura Temari, preguntó:

—¿Qué haces aquí?

—Tenía sed —respondió él escuetamente.

—A eso vengo yo también.

Naruto no dijo nada, mientras observaba cómo ella se dirigía hacia el armario de los vasos y, tras coger uno, se acercó hasta donde él tenía la botella de agua.

—¿Te importa? —le preguntó.

Él negó con la cabeza, y ella se sirvió agua. Tras el primer vaso, llegó el segundo, y cuando se lo terminó, él preguntó con retintín:

—¿A qué se debe tanta sed?

—A ti te lo voy a contar —replicó Tema.

Naruto la miró. Estaba preciosa con el pelo revuelto y aquella bata y, al notar que los pezones se le marcaban bajo la tela, gruñó:

—¿No crees que vas un poco ligerita de ropa por la casa?

A ella le hizo gracia oír eso, y cuando se disponía a contestar, él se levantó y preguntó con sorna:

—¿Ahora quién eres: Tema o Temari?

La joven maldijo. No le apetecía seguir con aquello, pero, consciente de que así debía ser, se apartó el pelo del rostro y repuso:

—Depende.

—¡¿Depende?!

Sorprendida por lo que su tono molesto le daba a entender y por la forma en que la miraba, contestó:

—Para ti soy Tema, con eso te tiene que sobrar.

Bloqueado como nunca en su vida, Naruto asintió, y en ese momento ella abrió la nevera y, con coquetería, miró en su interior.

¿Qué buscaba?

Entonces ella vio un bote y lo cogió sonriendo. Cuando cerró la nevera, al ver lo que llevaba en las manos, él preguntó molesto:

—¡¿Nata?!

Tema meneó las cejas con picardía.

—¿Para qué narices quieres la nata? —insistió él.

La joven quitó entonces el tapón del bote de espray, apretó el pulsador y se echó un poco en la boca. Se la tragó y, relamiéndose, contestó al más puro estilo Mata Hari:

—¿Tú qué crees, cielo?

El pulso de Naruto se disparó. Imaginar para qué quería la nata lo hizo resoplar como un toro y, cuando vio que se volvía y se encaminaba hacia la puerta, fue tras ella y, asiéndola del brazo, le dio la vuelta y, sin mediar palabra, la besó.

¡Necesitaba besarla!

Devoró los labios de aquella mujer, que de pronto sólo quería para él, y, al apoyarla contra la pared, la luz de la cocina se apagó.

Sorprendida por aquel arrebato pasional, Tema no supo reaccionar.

¡Naruto la estaba besando!

Pero, abandonándose al impetuoso momento, se dejó besar.

Cuando él apartó los labios de ella, susurró confundida:

—Te dije que esto se había acabado.

Pero, sin hacerle caso, Naruto volvió a pegar su boca a la de ella y la disfrutó, mientras sus manos se metían bajo la bata de seda, aunque, al comprobar que no llevaba nada, la soltó y preguntó, separándose unos milímetros de ella:

—¿Duermes desnuda con ese tipo?

Acalorada y totalmente noqueada, Tema parpadeó. Acto seguido, le pegó un empujón y se alejó de él. Junto a la isla de la cocina, mientras lo miraba a oscuras, le espetó:

—Eso a ti no te importa.

—Por el amor de Dios —se quejó Naruto—. Nunca te ha gustado dormir desnuda.

A cada segundo más sorprendida por sus reacciones, Tema soltó:

—¿Y a ti qué te pasa?

Él no contestó. No podía.

Los celos eran algo nuevo para él que no sabía gestionar.

—Joder... —siseó ella—, ¡ni que fueras mi padre!

Durante unos segundos, ninguno dijo nada, sólo se miraron; de pronto, la luz de la cocina se encendió, y Shisui, tan sólo vestido con un bóxer negro y el pelo revuelto, preguntó, mirándolos a ambos:

—Mi cielo, ¿ocurre algo?

Tema enseguida alargó la mano, cogió su vaso de agua y, queriendo huir de allí, se acercó al mexicano, que la agarró posesivo de la cintura.

—Regresemos a la cama —respondió—. Llevo nata. Adiós, Naruto.

—Adiós —respondió éste sin moverse, mientras una extraña furia crecía más y más en su interior haciendo que temiera explotar.

Cuando llegaron a la habitación que ocupaban, Shisui cerró la puerta. Hanabi y Dei los estaban esperando, y la primera preguntó, al ver lo que ella llevaba en la mano:

—¿Nata? ¿Traes nata?

—¡Oh, qué perriiiiii! —se mofó Dei mientras Shisui reía.

Descolocada por el modo en que Naruto la había besado, Tema los miró. Se suponía que había ido a la cocina a jactarse de lo bien que se lo había pasado con el mexicano, no a que él la besara con semejante posesión. Pero, omitiendo lo ocurrido, sonrió y afirmó con chulería:

—Naru se ha encontrado con la horma de su zapato.

Divertidos, sus tres amigos sonrieron, mientras ella no entendía por qué el policía se comportaba de ese modo. ¿Qué le ocurría?