Capítulo 50
Al día siguiente, tras una noche en la que Naruto no pegó ojo, pues al regresar a su cuarto oyó risas en la habitación de Tema, al mediodía, cuando los demás se hallaban en el jardín alrededor de la barbacoa, él estaba tumbado a la sombra. Estaba agotado. En silencio, observó cómo sus amigos reían y bromeaban, cuando oyó un ruido a su derecha y, al mirar, vio a Tema salir de la casa con Shisui.
Con cierto disimulo, y oculto tras sus gafas de sol, la siguió con la mirada y los vio caminar hacia el Ferrari rojo de él. Iban cogidos de la mano y sonreían.
—Aisss, my love, qué buena pareja hacen mi queen y el divine de Shisui, ¿verdad?
Naruto levantó la vista en dirección a Dei y respondió, intentando sonreír:
—Buenísima.
Su amigo se sentó en la misma hamaca que él y cuchicheó:
—El cineasta es un partidazo que se rifan todas las mujeres sobre la faz del world, ¿lo sabías?
—Si tú lo dices —murmuró él con desgana.
Permanecieron unos segundos en silencio, hasta que Dei, tumbándose junto a él, murmuró:
—¿Sabes? Creo que cualquier día se escapan a ¡Las Vegas!
Eso llamó la atención de Naruto, y entonces su amigo susurró:
—El otro día vi a Tema mirando un vestido muy... nupcial.
Sin querer entender, el geo lo miró y preguntó:
—¿A qué te refieres?
Dei se rascó el cuello con coquetería.
—Aisss, darling... —repuso—. Pues a que cualquier día se casan.
En ese instante, Tema y Shisui se pararon frente al Ferrari, y Dei, al ver que el mexicano se sacaba algo del bolsillo y se lo entregaba a la chica, agarró con fuerza a Naruto del brazo y musitó, retorciéndoselo:
—Oh, my God!
—Joder..., Dei, ¡suelta! —se quejó él dolorido.
Pero el otro repitió hiperventilando:
—Oh-my-God!
A Naruto le molestó su dramatismo.
—Pero ¿qué te pasa? —le soltó, mirándolo.
Dándose aire con la mano, Dei abrió los ojos como platos y alcahueteó:
—¡Lo ha hecho!
—¿Qué ha hecho? —preguntó Naruto, tocándose el brazo.
—¡Le acaba de regalar el anillo!
Naruto miró en la dirección de la pareja. Sin duda Tema contemplaba algo encantada en su mano, y entonces Dei matizó:
—Shisui me contó que mi queen lo tenía loco y que, si accedía, ellos...
Mediante gestos, Dei representó el ritual de ponerse los anillos en una boda.
Naruto parpadeó.
Pero ¿se habían vuelto locos?
Sin dar crédito, volvió a observarlos y, al ver a Tema arrojarse a los brazos de aquél, se puso en alerta.
Incómodo, apartó la mirada; en ese momento, Sakura y Hanabi llegaron junto a ellos con complicidad y la segunda cuchicheó:
—¡Ya se lo ha dado!
Las chicas sonrieron al ver el gesto serio de Dei, y Sakura protestó:
—Cambia ese gesto y no seas antigua. Las Vegas es una opción.
—¡Uis!, mira la moderna —gruñó él.
Hanabi, al oír a su amigo, enredó, ignorando a Naruto:
—Hace bien. Que se case con él y disfrute de lo que es vivir con holgura y de todos los caprichos de la mano de un tío cañón.
—Shisui es un amor de hombre y, por lo que sé por alguna amiga, un excelente amante —matizó Sakura, haciendo reír a su amiga.
—No seáis perras —se quejó Dei.
Naruto los observaba boquiabierto.
¿En serio aquellas dos pensaban que lo que iba a hacer Tema era algo bueno? Sin dar crédito, lo estaba digiriendo cuando Hanabi, sentándose al otro lado de su hamaca, susurró:
—¡Diamantes!
—Y me consta que de Tiffany. Shisui siempre compra allí —aseguró Sakura con una sonrisa.
—¿A qué mujer no le gustan los diamantes? —afirmó Hanabi.
—Hey, pretty, a los hombres también nos gustan. Espero que algún día mi Sasoriman me regale alguno para que yo me caiga muerta..., muertísima —musitó Dei.
Los tres rieron, y luego Hanabi bajó la voz y añadió:
—Vale..., los diamantes serán divinos y Shisui está muy bueno, pero sin duda lo mejor de todo es que Tema disfrutará de un nivel económico que otros no podrían darle.
—Oh, sí, eso sí. Tendrá una casa en Bel-Air, otra en Tokio, otra en Spain..., ¡será riquísima!
Las chicas rieron, y entonces Sakura, guiñándole un ojo a Naruto, cuchicheó con complicidad:
—¿Qué te parece a ti que nuestra Tema se nos case con un tipo como Shisui?
Los tres lo miraron, y él, sorprendido por lo que estaba oyendo, replicó:
—A mí no me metáis en esto.
De nuevo, los tres comenzaron a cuchichear, y Dei matizó:
—Será una diva..., la señora Uchiha... ¡Qué marvellous!
Naruto parpadeó. La mala leche se estaba apoderando de él por completo.
—Y podrá comprarse yates —murmuró Hanabi—, diamantes, vivir a lo grande y...
—Y todo lo que quiera —finalizó Sakura.
Las chicas y Dei rieron mientras él no daba crédito.
¿Qué era eso de que Tema podía casarse?
Segundos después, Dei, Hanabi y Sakura se alejaron del mismo modo que se habían acercado, y cuando Naruto se quedó solo de nuevo en la hamaca, volvió a mirar hacia el lugar donde estaban aquéllos junto al Ferrari. En ese instante, se besaban.
El policía estaba a punto de gritar, pero no podía evitar mirar.
¿Qué le ocurría?
Minutos después, Shisui montó en el coche y se marchó mientras Tema le decía adiós con la mano.
Acalorado, Naruto se levantó y se acercó al grupo para coger una cerveza; entonces Idate, que desde donde estaba había visto lo mismo que los demás, comentó:
—Vaya con Tema..., ¡y parecía tonta!
Naruto no contestó, pero Hanabi, que lo había oído, replicó:
—Para tonto ya te tenemos a ti, Idate.
Todos rieron; Tema se reunió con ellos y Dei preguntó con sorna:
—My love, ¿tienes algo que enseñarnos?
Ella sonrió y levantó la mano.
—¿Te refieres a esto? —dijo, mostrando el anillo en su dedo.
Un grito descomunal salió de la boca de Dei, que rápidamente se acercó a admirar aquel maravilloso solitario con un gran diamante. Sakura, Hanabi y Karin chillaban sorprendidas, y esta última preguntó:
—¿Shisui te ha regalado esto?
Tema asintió.
—¡Muy bonito, y carísimo! —señaló Sakura.
—El dinero no da la felicidad —masculló Naruto.
—Pero ayuda —apostilló Hanabi.
Idate, divertido al oír eso, se apresuró a añadir:
—Escuchad, el que piense que el dinero no da la felicidad que lo desvíe a mi cuenta.
Todos soltaron una carcajada, excepto Naruto, y Karin miró a su marido Suigetsu y dijo:
—Mira, churri, ¡un diamante de verdad!
Idate, Konohamaru y Suigetsu se acercaron para verlo. Nunca habían visto un diamante de aquellas dimensiones en vivo y en directo, y Sasuke, que estaba junto a Naruto, murmuró:
—Miradlo, porque será algo que ninguno de nosotros podrá comprar nunca, a pesar de que mi mujercita tenga varios de ésos.
Sakura sonrió al oírlo y afirmó, guiñándole el ojo:
—Cariño, ya sabes que mi mejor diamante ¡eres tú! Pero, sí, admiradlo, porque con un sueldo normal de policía nunca podréis conseguirlo.
Sasuke se sintió molesto, y replicó, mirando a su mujer:
—¿No crees que tu comentario es un poco despectivo?
Sakura pestañeó, y Hanabi, para meter más aún el dedo en la llaga, asintió.
—Hermano, Sakura lleva razón. ¿Acaso un poli o un panadero puede permitirse comprar un diamante como el que Tema luce en el dedo?
Ninguno respondió, y entonces Konohamaru repuso:
—¿Acaso cualquiera de vosotras necesita eso para vivir?
Las mujeres se miraron divertidas y, antes de que Karin, ajena a todo, respondiera, Tema indicó:
—Para vivir, no, pero no voy a negar que este diamante me ha alegrado el día, la vista y el corazón.
Hanabi y Sakura la contemplaron encantadas. Su respuesta había sido perfecta.
—Un diamante es un diamante —añadió Dei—. ¡Qué tonterías decís!
Naruto no daba crédito a lo que estaba oyendo.
¿Desde cuándo era Tema tan materialista?
Durante un rato hablaron del tema, hasta que Hanabi preguntó:
—¿Eso significa que hay...?
Tema le guiñó el ojo y, con complicidad, indicó ante todos:
—Esto es un regalo muy... muy especial para mí. No digo más.
Sorprendido por su respuesta, Naruto continuó en silencio, y luego Sakura, quitándose las gafas de sol, afirmó:
—Ésta es mi chica. Que te regale diamantes, y cuantos más, mejor.
A cada segundo más boquiabierto por las cosas que decía su mujer, Sasuke iba a señalar algo cuando las chicas comenzaron a hablar mientras los hombres las miraban extrañados. Hablaban y hablaban, y Konohamaru, al oír varias veces un nombre, preguntó:
—¡¿Jens?! ¿Quién es Jens?
—Un tipo espectacular —afirmó Hanabi.
Él parpadeó y, calentito por los comentarios de antes, preguntó:
—¿Es de los que regalan diamantes?
Sakura, al ver cómo aquéllos se miraban, dijo intentando proteger a Hanabi:
—Sin duda, podría hacerlo si quisiera.
—Es un tipo divertidísimo —apostilló Dei.
—Y muy guapo —corroboró Tema sin mirar a Naruto, que observaba en silencio.
Sasuke asintió. No recordaba conocer a nadie con ese nombre, y estaba a punto de hablar cuando Hanabi, al ver el gesto celoso de Konohamaru, matizó:
—Cariño..., cambia esa cara. Jens es un amigo riquísimo que, como Shisui, puede comprar lo que le venga en gana. ¿Acaso eso te molesta?
Él asintió. Lo ocurrido en el pasado con Hanabi siempre lo tenía alerta. Sin embargo, ellos habían llegado a un acuerdo, y, suavizando el gesto, indicó:
—Tienes razón. Perdona por saltar como lo he hecho.
Hanabi suspiró aliviada. Sabía que ciertos comentarios para ayudar a Tema podían perjudicarla.
—¿Conozco yo a Jens? —insistió entonces Sasuke, dirigiéndose a su mujer.
Sakura sonrió. ¿Ahora el preguntón era su marido? Y, mirándolo, cuchicheó:
—No, amor, no lo conoces. Pero esta noche lo vas a conocer.
Sasuke asintió; entonces Idate, que siempre estaba en el limbo, quiso saber:
—Pero ¿de quién habláis?
Dei lo miró.
—Del amigo con el que ha quedado esta noche Tema.
—¡¿Otro amigo?! —exclamaron con sorpresa Suigetsu y Idate al unísono.
Al oír eso, Tema los miró y preguntó de mala leche:
—¿Acaso los tíos podéis tener todas las amigas que os apetezca y las mujeres no? —Y, clavando los ojos en Idate, siseó—: ¿Qué pasa? ¿Que tú, por ser hombre, puedes acostarte con todas las mujeres que quieras, y yo, por ser mujer, no puedo hacerlo con todo aquel que me plazca? Pero ¿tú en qué mundo vives?
—¡En el mundo troglodita! —apostilló Hanabi.
Suigetsu y Idate se miraron, y Karin protestó, dirigiéndose a su marido:
—Por Dios, churri, ¡no me seas primitivo!
Hanabi, que siempre había sido una defensora de esos temas, se apresuró a soltar:
—Es increíble que estemos en el siglo XXI y todavía no os hayáis dado cuenta de que las mujeres, como los hombres, podemos decidir cuándo, cómo y con quién nos acostamos. ¡Basta ya de crucificarnos! Joder..., que nos gusta disfrutar de nuestra sexualidad; ¿o acaso está mal que lo hagamos?
—Yo no he dicho eso —murmuró Idate.
Suigetsu, al ver cómo lo miraba su mujer, indicó:
—Cielo, nadie está diciendo eso.
—¿Ah, no? —protestó Karin—. Y entonces ¿a qué ha venido eso de «¡¿Otro amigo?!»?
Sasuke, que, como Naruto, observaba todo aquello en silencio, sonrió. Sin duda las chicas sabían defenderse muy bien.
—La sociedad no va a cambiar hasta que dejéis de preguntar cosas absurdas como ésa —añadió Tema—. Y, sí, es otro amigo. ¡Como si son mil! Y, como él, tengo muchos más con los que salir a cenar, a tomar una copa o a practicar sexo si me sale del potorro. Soy libre y dueña de mi vida; ¿algo más que objetar?
Konohamaru, Idate y Suigetsu se miraron sorprendidos, mientras que Sasuke y Naruto observaban en silencio. Sin duda lo más razonable era no abrir la boca.
—No has de dar explicaciones, Tema —señaló Sakura con tranquilidad—, como no las dan Naruto o Idate cuando se acuestan con otras mujeres. Eres libre y puedes hacer lo que te dé la gana, sin importarte lo que piensen ciertos retrógrados.
—¡Y tanto! —afirmó Hanabi.
A continuación, se hizo un silencio extraño, hasta que, de pronto, sonó el móvil de Dei. Después de atender la llamada, colgó y explicó:
—Era my love. He quedado con él a las ocho en Benjamins para cenar y, después, iremos a tomar unas copas. ¿Qué os parece?
—¡De lujo! —afirmó Hanabi sonriendo a su chico.
A todos les gustó el plan, y Tema comentó, cogiendo su móvil:
—Estupendo. Quedaré con Jens allí.
Dicho esto, tecleó en el teléfono y, cuando acabó, lo dejó sobre una hamaca libre, se quitó la camiseta que llevaba y, algo nerviosa, pues se sentía observada por un callado Naruto, se zambulló en la piscina con su sensual bikini, que esta vez era rojo.
Segundos después, todos la siguieron, excepto Sasuke y Naruto, que se tumbaron en sendas hamacas con las gafas de sol puestas. En silencio, permanecían observando a sus amigos, que jugaban en el agua, cuando Sasuke comentó de pronto:
—Sin duda, las chicas son guerreras.
—No hay quien las entienda —repuso Naruto malhumorado.
Sasuke asintió y, mirándolo, musitó:
—A ti sí que no hay quien te entienda.
Al oír eso, su amigo lo miró.
—Está visto que la vida es imprevisible y te da una buena hostia en toda la cara cuando menos te lo esperas, ¿verdad? —añadió Sasuke.
Él no respondió. Se negaba a entrar en el tema.
—No olvides nunca que estoy aquí —dijo su amigo.
Sin necesidad de decir nada más, Naruto fue consciente de que Sasuke se había dado cuenta de lo que le ocurría y, sin contestar, continuó tomando el sol mientras intentaba aplacar el gran cabreo que bullía en su interior.
