Capítulo 51
Esa tarde, cuando todos se arreglaron para irse a cenar, al llegar a la planta baja, Naruto y Tema coincidieron, y él, al verla con un bonito vestido azul cielo y el cabello cuidadosamente peinado, murmuró:
—Estás muy guapa.
Ella sonrió. Un piropo por parte de Naruto siempre era bien recibido, pero se limitó a responder:
—Gracias.
Permanecieron unos segundos en silencio, hasta que él, incapaz de callar, preguntó:
—¿En serio estás pensando hacer lo que he oído?
Aunque lo sabía muy bien, se hizo la tonta y dijo:
—¿A qué te refieres?
Molesto, él echó un vistazo a su alrededor y, acercándose a ella, cuchicheó, mirando el anillo que llevaba en el dedo:
—Sabes perfectamente a qué me refiero.
Tema sonrió y, bajando la voz, se tocó el maravilloso diamante e indicó:
—Sólo diré que estoy feliz.
Imaginar a Tema casada con aquél lo enfurecía y, sin tocarla, preguntó:
—¿Encontraste la magia con él?
A ella se le erizó el vello de todo el cuerpo. Que él recordara aquella palabra y su significado era importante, y no contestó.
Pero Naruto insistió:
—¿En serio estás...?
No pudo terminar la frase, y Tema, al ver su expresión, lo apremió:
—Vamos..., acaba la pregunta.
A cada segundo más descolocado por la situación, él dijo mirándola:
—¿Te vas a casar con él?
La joven parpadeó.
Aquello era una locura, una gran locura. Y, evitando interrogarlo acerca de por qué la había besado la noche anterior en la cocina con semejante pasión, repuso:
—No voy a contestar algo que a ti no te interesa. Lo que haga con mi vida es sólo cosa mía. ¿O acaso yo te he preguntado alguna vez por tus conquistas?
—Pero, Tema...
Sin borrar la sonrisa de su boca, la joven añadió:
—Vivir en Los Ángeles y conocer a Shisui me ha abierto los ojos y me está haciendo ver la vida de otra manera.
—Ese tipo no te conviene —masculló Naruto.
A ella le hizo gracia oír eso, y con chulería respondió:
—Sin duda, el que no me conviene eres tú.
Boquiabierto, él iba a decir algo cuando el resto del grupo se acercó a ellos y calló.
Segundos después, un Naruto desorientado por completo dividió al grupo en dos para repartirse en dos coches y, sin dudarlo, puso a Tema en el mismo que él. Sin embargo, al salir a la calle, ella pidió a Idate:
—Anda, ve con tu compañero de correrías. Yo iré en el otro coche.
Naruto miró el vehículo al que subía Tema y, sin decir más, montó en su coche mientras rumiaba en su interior.
Al llegar a Benjamins, Sasori ya los esperaba allí y, con una seña, los hizo pasar al local.
Tema decidió esperar en la puerta a Jens y, apoyada en la pared, de pronto notó una presencia a su lado. Levantó la vista y vio que se trataba de Naruto; se incorporó y le soltó:
—¿Qué narices quieres?
Naruto la miró. Seguía desconcertado por su última conversación.
—Creo que te estás equivocando —dijo.
—¿En qué?
El policía, sintiéndose como un idiota, aclaró:
—En lo que hemos hablado antes.
Al entender a qué se refería, ella resopló e indicó para zanjar el tema:
—Mira, Naruto..., olvídalo. No tengo por qué hablar de eso contigo.
Enfadado, enojado y mil cosas más, él maldijo. Aquello se le estaba yendo de las manos, pero necesitaba hablar y llegar hasta ella, así que añadió:
—Oye, en cuanto a lo que pasó anoche en la cocina, te...
—Ah, sí —replicó Tema con frialdad—. ¿Se puede saber por qué me besaste?
Naruto la miró. La había besado porque la deseaba, igual que la deseaba en ese instante, pero, sin querer desnudar sus sentimientos, simplemente dijo, evitando preguntar por la nata:
—Siento lo que ocurrió.
Ella asintió e indicó con total indiferencia:
—Muy bien. Ya puedes irte.
Él resopló.
Pero ¿qué le ocurría a Tema?
Y, sin darse por vencido, no se movió e insistió:
—Joder, Tema... ¡¿Quieres mirarme?!
La joven maldijo para sí.
No quería mirarlo porque eso le suponía un gran esfuerzo a la hora de controlarse, pero, haciendo lo que él le pedía, murmuró con gesto de hastío:
—Muy bien, Gordunflas, ¿qué quieres?
Que lo llamara así le hizo gracia, pero preguntó sin sonreír:
—Pero ¿qué te pasa?
Sorprendida, la joven parpadeó.
—¿A mí?
—Pues claro que a ti —afirmó Naruto—. ¡No te reconozco!
Ella cambió el peso de pie, puso cara de sorpresa e indicó:
—La verdad, Naruto, no sé a qué te refieres.
Desesperado por ser incapaz de llegar hasta la Tema razonable, Naruto añadió:
—Mira, yo no soy nadie para meterme en tu vida privada, pero no pareces tú, y me da la sensación de que estás llevando una vida algo...
—¡¿Algo qué?!
Naruto maldijo. Pero ¿qué hacía diciéndole aquello?
No obstante, al ver que ella lo miraba a la espera, al final musitó:
—Algo equivocada.
Boquiabierta, Tema parpadeó y, recordando lo que sus amigos habían hablado delante de él, replicó:
—¿Y eso me lo dices tú?
Naruto se revolvió. Aquella conversación le resultaba incómoda y, cuando iba a continuar, ella añadió:
—Mira, Naruto, la realidad es que hay alguien en mi vida y, aunque nunca lo creí posible, reconozco que es mucho más interesante que tú.
—No te pases —masculló él molesto.
Oír eso le hizo gracia y, sin bajarse del pedestal de chulería en el que se había subido, la joven cuchicheó:
—No te pases... tú.
En ese instante, un guapo hombre pasó frente a ellos y, tras intercambiar una mirada con Tema, que agradeció su espontáneo gesto, señaló, dirigiéndose a un descolocado Naruto:
—Aunque no lo creas, Shisui es tremendamente interesante, y me gusta.
—Ya, pero...
—No hay «peros». Es más, casarme con él me ofrece mil ventajas.
—¿Qué dices? —preguntó él desconcertado—. ¿Cómo vas a hacer eso?
Sorprendida porque aquello llamara tanto su atención, Tema murmuró:
—La verdad es que no sé qué hago hablando contigo de esto.
Permanecieron unos segundos en silencio, hasta que Naruto añadió mirándola:
—Tú y yo siempre hemos tenido una excelente relación, y no me refiero sólo al sexo. Hemos sido amigos y ahora, no sé, te noto fría y distante, y la verdad es que no me hace mucha ilusión.
—¿Fría y distante?
—Sí —afirmó él—. Pero ¿qué te pasa?
Tema lo miró. Sin duda estaba siendo una excelente actriz, porque él se estaba tragando su papel.
—Naruto, la diferencia que notas con respecto a la chica de antes es que sólo pienso en mí misma, como sueles hacer tú. ¿Dónde está el mal?
Sin saber qué decirle, porque llevaba razón, él se limitó a mirarla. Tema estaba preciosa ahora, pero él prefería a la chica cándida, encantadora y sonriente.
—He decidido ser egoísta —prosiguió ella—, quererme única y exclusivamente a mí y disfrutar de lo que me dé la gana sin pensar en nada más. Quizá tu filosofía de vida sea la acertada y no la que yo tenía.
Naruto negó con la cabeza. Por su culpa no quería que ella tuviera una vida vacía, y, resoplando, dijo:
—Te equivocarás.
—Será mi equivocación.
Sentirla tan apartada de él le hacía daño, y murmuró:
—Sé que lo que ocurrió la última noche que nos vimos en el Croll tras regresar de Cádiz no estuvo bien. No tuve tacto y me comporté como un auténtico cabronazo. Debería haber hecho las cosas de otra manera, y te pido disculpas.
Ella asintió. Que reconociera que se había equivocado era un paso muy grande para él, pero, sin cambiar su actitud, indicó:
—Mira, en eso te doy la razón. Sin duda, ¡te retrataste! Y yo abrí los ojos por completo. Pero eso ya no importa. Y ya no me importa porque, gracias a lo que hiciste, he conseguido desengancharme de ti.
Oír eso fue como un revulsivo para Naruto.
Él no quería que ella se desenganchara de él.
Tema era importante para su vida, aunque él se hubiera empeñado en hacerle creer lo contrario. Desesperado, no sabía qué decir. Él era el tipo más inexperto en ese tipo de relaciones, y un gran bocazas, por lo que, consciente de su error, musitó:
—Lo siento.
Sorprendida al oírlo decir eso, y sin entender la expresión con que la miraba, ella pestañeó y preguntó:
—¿Qué has dicho?
—He dicho que lo siento..., Gafitas —repitió él, mirándola.
Oír eso y sentir su mirada le erizó el vello del cuerpo. Cuando salía el Naruto sensible que sólo ella conocía, el Naruto razonable o el Naruto encantador, todas sus barreras se derrumbaban. No obstante, ciñéndose a su papel de Temari, susurró:
—De acuerdo, Naruto, disculpado quedas. Y ahora, si no te importa, me gustaría estar sola para recibir a Jens.
Él lo pensó.
Deseaba hablar largo y tendido con ella, pero, consciente de que no debía ser pesado o jorobaría la situación, dio media vuelta con gran esfuerzo y regresó adentro con el grupo, mientras Tema respiraba con dificultad en la puerta y recuperaba fuerzas para continuar la noche.
Diez minutos después llegó el guapísimo Jens y, tras saludarse, ella le pidió mirándolo:
—Tienes que hacerme dos favores.
—Dime.
—El primero, llamarme Temari.
—¡¿Temari?! ¿Por qué? —preguntó él descolocado. Desde que la conocía, siempre había sido Tema.
—Porque es primordial que me llames así delante de la gente con la que vamos a cenar.
Jens asintió y, extrañado, repuso:
—De acuerdo, Tema. ¿Y el segundo favor?
Ella tragó saliva y, sin dejar de mirarlo, dijo:
—Cuando entremos en el local tienes que actuar como si supieras que estoy locamente enamorada de Shisui Uchiha y que me estoy planteando casarme con él en Las Vegas.
Jens parpadeó y, a cada instante más sorprendido, preguntó:
—¡¿Qué?!
Boquiabierto, iba a añadir algo cuando ella se le adelantó:
—Lo sé..., lo sé..., ¡estoy como para que me encierren! Pero necesito que la gente que está dentro crea que es cierto lo que te he dicho.
Jens miró a su amiga sin dar crédito y, sonriendo, afirmó:
—La verdad, estás como una cabra.
Tema sonrió.
—Lo sé.
Divertido, él la abrazó y murmuró:
—Entonces ¿quieres que te trate como a la futura señora Uchiha?
—Sí —afirmó ella.
Jens asintió y la cogió por la cintura.
—Muy bien, preciosa... —dijo—. Que comience la actuación.
Eso hizo reír a Tema, que, sujeta por aquél, entró en el local.
Tras presentárselo a todo el grupo, excepto a los que ya lo conocían, que ya lo conocían, se sentaron, y Jens comenzó a hablar de Shisui y de ella con total convicción.
Dei, que estaba junto a Tema, le susurró sorprendido:
—Mi queen, pero ¿qué se ha fumado éste?
Ella le guiñó un ojo y explicó:
—He hablado con él, nos está ayudando.
Él la miró atónito.
—Uis, ¡qué zorrónnnnn!
Sonriendo, la joven bebió de su copa, consciente de que Naruto, frente a ella, la observaba, y eso la inquietó.
¿Por qué la miraba así?
Después de la cena, en la que todos se divirtieron de lo lindo, al salir Jens, los llevó a un garito que había frente a la playa de Santa Mónica y, encantados, pidieron varios mojitos mientras escuchaban música y bailaban salsa.
Como era de esperar, Idate y Naruto rápidamente comenzaron a hablar con unas chicas, y Dei, que sabía del juego de Tema con Jens, se acercó a su amiga, que miraba con disimulo a Naruto, y canturreó en su oído:
—«La gata quiere gatooooooooooooooo y el gato quiere gataaaaaaaaaaaaaa...»
—¡No digas tonterías! —protestó ella.
Dei, que de loca podía tener mucho, pero de tonto ni un pelo, la apartó un poco del grupo y, mirándola, dijo:
—OK, my love. Pues cambia esa cara, porque ¡ojo de loca no se equivoca!
—¡Dei! —Tema rio divertida.
—Oye..., pero ¿qué pasa aquí? —dijo de pronto Hanabi, acercándose a ellos con una copa en la mano. Y, sonriendo, cuchicheó—: Muy buena tu interpretación con Jens. Por cierto, qué homenaje de tíos buenorros te estás dando, pero ¿es que todos viven en Los Ángeles? —Los tres rieron, y ella terminó—: Bueno, todos menos mi chico, que cuanto más lo miro más me gusta.
—«La gata quiere gatoooooooooo...» —volvió a canturrear Dei.
Hanabi asintió segura de sí misma.
—Pues lo cierto es que sí, Dei. Pero ¿tú has visto qué culito tiene mi niño?
Divertidos, los tres miraron el trasero de Konohamaru, y Dei, acalorado, afirmó:
—¡Qué peligro!
Después de aquel bar de playa, Sakura propuso ir a otro sitio más exclusivo, un bonito local situado cerca de los estudios de la Fox, y hacia allí se marcharon.
Durante horas, el grupo disfrutó de la buena sintonía, pero algo se revolvió en el interior de Naruto cuando empezó a sonar la canción de Maluma Felices los 4, y Tems se dispuso a bailarla con Jens. La morena que estaba con él, al oírla, comenzó a contonearse como casi todas las mujeres del local, y el policía casi gritó de indignación cuando, en un momento dado, Tema, mirándolo al más puro estilo descarado de Temari, cantó determinadas estrofas extremadamente calentitas de la canción.
Pero ¿qué le estaba pasando?
En el interior del cuerpo del geo, un volcán desconocido hasta el momento estaba a punto de entrar en erupción, mientras Tema, con su corto y sexy vestido, se contoneaba junto a Jens y él bailaba con ella acercándola a su cuerpo.
Rabia...
Furia...
Celos...
Todo aquello le llegó de golpe y, cuando intercambió una mirada con Sasuke y éste levantó las cejas, quiso gritar de indignación. Saber que su amigo se estaba percatando de lo que le ocurría lo indignó más aún y, sin aguantar un segundo más, acercó a la morena a él y, tras decirle algo al oído, ambos salieron del local. Tenían planes.
