Capítulo 52
A la mañana siguiente, cuando Tema se levantó más pronto de lo normal, al salir al jardín, se encontró con Naruto. Estaba solo, echado en una de las tumbonas con las gafas de sol puestas, todavía vestido como la noche anterior. Sin duda, acababa de llegar.
Al verlo, dio media vuelta sin hacer ruido y entró de nuevo en la cocina, donde se sirvió un café, se preparó un par de tostadas y se puso a desayunar.
Estaba en ello cuando él, que la había visto, entró en la casa y saludó, quitándose las gafas:
—Buenos días.
—Buenos días —respondió ella.
Naruto la observó. Por su cara supo que la noche había sido larga también para ella y, molesto, preguntó con sorna:
—¿Quién eres: Tema o Temari?
La joven resopló al oírlo, la noche anterior había bebido más de la cuenta, y cuchicheó:
—Tengamos la fiesta en paz, por favor.
En silencio, él se preparó un café y, mirando la tostadora de pan, que estaba frente a ella, preguntó:
—¿Te importa si la uso?
—Toda tuya —afirmó la joven.
Naruto se sentó entonces delante de ella, sacó dos rebanadas de la bolsa y, tras meterlas en la tostadora, bajó la palanca y esperó en silencio.
Un minuto después, cuando su pan estuvo listo, lo sacó y, cogiendo la mantequilla, terminó de prepararse el desayuno.
Tema, que tenía la cabeza como un bombo, sacó una pastilla del bolsillo de su bata y se la tomó, y en ese momento Naruto preguntó, con cierto retintín:
—¿Una noche loca?
Ella sonrió y respondió suspirando:
—Divertida.
El malestar que Naruto sentía comenzaba a resultarle insoportable, pero, incapaz de callar, añadió:
—¿Con los amiguitos adinerados de Shisui?
Oír ese nombre y sentir su mirada hizo que Tema se envarara y, tras parpadear e imaginar lo que él había hecho con la morena, replicó:
—Paso de contestar.
A Naruto le quemó las entrañas su respuesta. No reconocía a Tema, no reconocía a la chica sensible que siempre lo había atraído, y, sin poder evitarlo, soltó:
—Ten cuidado o acabarás...
—¿Como tú? —lo cortó ella.
Ambos se miraron. Se retaron, y finalmente Naruto, cogiendo el azúcar, se echó un poco en el café y comenzó a removerlo.
Durante un rato permanecieron sentados uno frente al otro en silencio mientras desayunaban, hasta que por último ella, que no podía seguir callada por más tiempo, dijo:
—Oye, mira. Ayer hablamos. Somos amigos y podemos seguir siéndolo, pero no hagamos esto más difícil. Tú a lo tuyo y yo a lo mío, ¿te parece?
—¡Perfecto! —afirmó él, mordiéndose la lengua.
El silencio volvió a envolverlos, hasta que sonó el teléfono de Tema, y ella, al ver que se trataba de Shisui, enseguida lo cogió.
Cambiando su tono de voz por otro más vivo y amable, habló con él sin moverse de donde estaba. Le contó lo bien que lo había pasado la noche anterior con sus amigos, y quedaron en que a las siete de la tarde pasaría a recogerla. Tenían la cena de gala.
Naruto escuchó en silencio la conversación, y cuando ella acabó y dejó el teléfono sobre la mesa, quiso saber:
—¿A qué estás jugando, Tema?
Sorprendida por su pregunta, ella lo miró y, dando un mordisco a su tostada, repuso:
—Al juego de pasármelo bien.
—Sigo pensando que ese tío no te conviene —insistió él, incapaz de callar.
—Ése no es tu problema, cielo.
Aquellas contestaciones frías y tajantes, tan típicas de él, le tocaban el corazón y, consciente de los planes de ella, dio un giro a la conversación y preguntó:
—¿Esta noche te desmarcas del grupo?
Tema asintió.
—Sí. Voy a asistir a una gala con Shisui.
—Vaya, nunca imaginé que a una chica como tú le gustaran tanto el artisteo y la vida superficial.
Al oírlo, ella lo miró, pero se mordió la lengua para no soltarle una maldad e indicó:
—Pues mira, como suele decirse: nunca te acostarás sin saber una cosa más.
—¿Se puede saber qué bicho te ha picado? —preguntó Naruto, al observar su indiferencia.
Sin abandonar la sonrisa, Tema contestó con toda su mala leche:
—Como Temari te diré que me ha picado el bicho del artisteo y la lujuria sexual.
Naruto maldijo y, mirándola, siseó:
—Me gustabas más cuando eras Tema.
Ella levantó las cejas y replicó sin inmutarse:
—Eso no era lo que decías en la cama.
—No sé qué narices te pasa —añadió él sorprendido—, pero, sea lo que sea, no me gusta. Soy tu amigo, o creía serlo, y más cuando nos guardábamos ciertos secretos.
Al ver la rabia con que le expresaba aquello, Tema musitó con frialdad:
—Si quieres contarles a los machotes de tus amiguitos que nos lo hemos montado a sus espaldas utilizando ciertos nombrecitos de guerra, puedes hacerlo. Si te soy sincera, lo que piensen en estos momentos de mí ¡me importa bien poco!
—No sabes lo que dices...
—Oh, sí, cielo, sí sé lo que digo —afirmó con gesto agrio, metida totalmente en su papel—. Lo que no entiendo es por qué tú ahora vas de angelito, cuando siempre has sido más bien un demonio en temas de sábanas y de mujeres.
—Tema... —musitó furioso.
—¿Sabes? No hace mucho me sugeriste que me buscara a tipos que no fueran como tú, porque los que son como tú no me convenían, ¿verdad? —Naruto no respondió, y ella, sonriendo, indicó—: Pues el caso es que encontré a uno. Encontré a un hombre que merece la pena y me estoy divirtiendo bastante con él.
Ambos se miraron. Naruto no sabía qué decir y, al sentir que ella había ganado aquella pequeña batalla dialéctica, continuó desayunando mientras la rabia apenas si lo dejaba tragar.
Pero ¿qué le ocurría a Tema?
Poco después, el geo se levantó, recogió su plato, su vaso y, tras meterlos en el lavavajillas, la miró, le guiñó un ojo y con desafecto señaló:
—Pásalo bien esta noche.
Dicho esto, desapareció de la cocina, dejando a la joven con el corazón a mil por hora.
