Capítulo 53
Ese mismo día, a la hora de la comida, el grupo al completo se reunió en torno a una mesa. Estaban todos excepto Naruto, y cuando Sakura preguntó por él, Konohamaru comentó entre risas:
—Al parecer, la morena de anoche lo dejó agotado.
Todos rieron.
Todos, incluida Tema, que sintió que su corazón se resentía, pero disimuló y continuó hablando con Hanabi, como si Naruto no le importara.
A las cinco de la tarde, cuando estaban en la piscina tomando el sol, éste apareció con sus gafas de sol puestas y todos bromearon con él.
Con una sonrisa, el policía saltó a la piscina, donde estaban Tema y Hanabi, y, acercándose a ellas, las agarró de las piernas y les hizo una ahogadilla. Las chicas rieron, y durante unos minutos volvieron a ser los mismos amigos que gozaban de la vida en Sigüenza.
Rápidamente, Konohamaru se tiró también al agua y se unió al juego. Vistos desde fuera, eran dos parejas las que jugaban entre risas en el interior de la piscina al tiempo que se hacían ahogadillas y disfrutaban del momento.
Sasuke sonreía mientras observaba la escena, y Sakura, acercándose a su guapo marido, preguntó:
—¿Por qué te ríes?
Sasuke señaló hacia la piscina, donde aquéllos jugaban y reían a carcajadas, e indicó:
—Porque me gusta verlos así.
Sakura miró en la dirección que él señalaba y sonrió. Sin duda, la estampa era, como poco, original, y hacían dos bonitas parejas, aunque esto último nunca pudiera llegar a ser, especialmente por una de ellas.
—Por suerte para Tema —dijo—, ha encontrado a alguien que la valora por lo gran persona que es y, encima, le soluciona la vida.
Sasuke la miró.
—¿Por qué me da la sensación de que en todo esto hay algo raro?
—¿Raro de qué?
—A ti nunca te ha importado el dinero —aclaró el policía—, y ahora no paras de referirte a él.
—Cariño, seamos sinceros —indicó Sakura—. Tema siempre ha estado colgada de Naruto, y ahora lo está de Shisui. ¿Acaso su vida sería la misma si se casara con tu amigo?
—Podría ser mejor —repuso Sasuke.
Sakura sonrió. Naruto era el típico soltero de manual.
—Cariño..., estás ciego. Él nunca podrá darle lo mismo que Shisui.
—Pero ¿qué tonterías estás diciendo? —replicó Sasuke levantando la voz.
Lo ofendía oírla decir eso, porque él tenía más similitudes con Naruto que con el mexicano, y preguntó:
—¿Acaso porque yo no te compre diamantes soy menos que Shisui?
Su enfado hizo que Sakura tuviera que pensar su respuesta, y Hanabi, que los había oído, salió del agua y se dirigió a ellos.
—¿Qué os pasa?
Enseguida Sakura la puso en antecedentes, y su amiga comentó:
—Sakura lleva razón. Shisui podrá darle mejor vida que Naruto.
Atraído por la conversación, Konohamaru salió del agua y preguntó, al oír a su chica:
—¿Y por qué crees eso?
Hanabi y Sakura se miraron; en ese momento Tema y Shisui salían también del agua, y Dei y el resto del grupo se acercaban.
Viendo que todos la miraban, Hanabi respondió:
—Porque estar con Shisui le permitirá vivir de manera holgada, infinitamente mejor que con un puñetero sueldo mensual.
Konohamaru y Sasuke se miraron ofendidos, y el primero gruñó:
—¿De verdad antepones el dinero al amor?
Tema, al ver que sus amigos discutían por ella, iba a meterse en la conversación cuando Konohamaru insistió:
—¿En serio me estás diciendo que serías más feliz conmigo si, en vez de ser policía, fuera banquero?
Hanabi maldijo. No quería discutir con él, pero, cuando iba a responder, Sakura dijo categórica:
—Sin lugar a dudas.
Todos la miraron sin dar crédito. Horrorizado, Sasuke se adelantó y, plantándose frente a su mujer, siseó:
—Entonces ¿puedes decirme qué narices haces casada conmigo?
Un silencio incómodo se hizo en el grupo, y entonces la actriz, mirando a su marido, sonrió y murmuró:
—Me casé contigo porque te quiero. Y te quiero por quien eres y por cómo eres, y no te cambiaría por nada del mundo, pero no estamos hablando de nosotros —y, señalando a Konohamaru, matizó—: y Hanabi no está hablando de ti. Sólo estamos dando nuestra opinión al respecto de un tema que...
—¡¿De qué narices estáis hablando?! —exclamó Naruto al intuirlo.
Nadie había mencionado su nombre, pero Tema, que era consciente de lo que hablaban, zanjó el asunto:
—¡Se acabó!
La incomodidad podía palparse en el ambiente, hasta que al final tanto Sakura como Hanabi se abrazaron a sus respectivas parejas. Tema respiró aliviada al ver eso, y también que Naruto no seguía preguntando. Lo último que quería era que sus amigos discutieran.
Sin querer saber nada más de la conversación, Naruto prefirió no abrir de nuevo la boca y, cuando ella cogió dos toallas secas y le entregó una, se limitó a decir con acidez:
—Gracias, seas quien seas.
A Tems se le congeló la sonrisa.
Sin duda era un tocapelotas, pero, cuando iba a soltarle algo no muy bonito, Suigetsu y Karin se acercaron con varias botellas de cerveza para templar el ambiente.
—Hagamos un brindis por Dei —dijo él.
El aludido, al sentirse el centro de atención, aplaudió encantado y exclamó:
—Oh, my love! ¡Si es que tengo que quererte!
Suigetsu sonrió divertido y, levantando su botellín, declaró:
—Porque el sábado, la fiesta de cumpleaños de nuestro loco favorito sea tan increíble como las de otros años, y que la unión que tenemos entre nosotros dure para siempre.
—Of course! —Aquél sonrió.
Todos levantaron sus botellas y, tras soltar un grito, dieron un primer trago a sus cervezas.
¡Sin duda tenían una gran fiesta por delante!
Entre risas, disfrutaron del momento piscina y brindis, hasta que Tema, al ver que eran las seis de la tarde, dijo, dirigiéndose a Sakura y a Sasuke:
—Voy a ducharme. He quedado con Shisui a las siete.
—¿No cenáis con nosotros? —preguntó él.
—No. Esta noche vamos a una gala.
Ellos asintieron, y Sasuke, mirando de reojo a Naruto, se percató de que los había oído.
Cuando Tema se marchó, con disimulo, se acercó a su amigo y cuchicheó:
—Mariliendre, ¿cuándo vas a solucionar tu dilema?
Naruto lo miró.
—¿A qué te refieres?
Sasuke sonrió. Aún recordaba lo mucho que él se había resistido a gritar a los cuatro vientos que adoraba a Sakura, e, insistiendo, replicó:
—Sabes muy bien a lo que me refiero.
Naruto blasfemó en silencio.
A Sasuke raramente se le escapaba algo, por eso siempre lo había considerado el mejor y, mirándolo, siseó:
—Por tu bien, más vale que cierres el pico.
—Capullo —se mofó aquél.
—Sasuke, ¡joder!
Su amigo sonrió. Jamás habría esperado ver a Naruto tan atormentado por una mujer, y murmuró:
—No sabes lo que estoy disfrutando.
—¡Desgraciado!
Ambos rieron, y luego Naruto señaló:
—Sólo te pido que no comentes nada con nadie, y menos con tu mujercita. No quiero gilipolleces con el tema, ¿te queda claro? Ya sabes que, entre Shisui y yo, sin duda él gana por goleada o, mejor dicho..., por dinero.
Sasuke sonrió al saber que su sexto sentido no le había fallado.
—Vaya..., vaya... —cuchicheó divertido—, si al final va a resultar que tienes sentimientos, y nada menos que por Tema.
Molesto porque aquél lo hubiera calado, Naruto siseó:
—Déjate de polladitas, ¡joder!
—¡El cazador, cazado! —se burló su amigo.
Naruto miró a su alrededor. Por suerte, nadie los oía, y gruñó:
—¡Cállate, joder!
Sasuke dio un trago a su cerveza y a continuación murmuró:
—Siempre he oído eso de que quien encuentra con facilidad el sexo difícilmente encuentra el amor y, si mal no recuerdo, una vez te oí decir algo así como..., «camarón que se duerme se lo lleva la corriente», ¿verdad?
—No me jodas, Sasuke, pero ¿de qué vas ahora?
Él se sentó en la tumbona a su lado y, tras comprobar que nadie estaba lo bastante cerca para oírlos, miró a su amigo y añadió:
—Cuando Sakura apareció en mi vida por segunda vez, intenté alejarla de mí. Pensé que estar con ella sería un error. Imaginé que su presencia en mi vida sólo podría traerme problemas y quebraderos de cabeza, pero me equivoqué, amigo, me equivoqué. Porque lo mejor que he hecho nunca, además de mi hija, es haber bajado de mi pedestal de machote rompebragas y haberme dejado querer sólo por ella. Créeme.
—¿A qué viene ahora eso?
—Viene a que tomes una decisión en cuanto a lo que quieres y dejes de dudar. Naruto, a mí no me engañas.
Él no respondió. Estaba más que claro que Sasuke lo había calado, y entonces lo oyó decir:
—¿Sabes? Un día Sakura me vendó los ojos, puso una canción fantástica a la que yo nunca habría prestado atención y me pidió que tan sólo la escuchara. Que le diera una oportunidad a pesar de no ser el tipo de música que a mí me gustaba. Y te juro, amigo, que ese día aprendí a dar oportunidades a las cosas y, además de a la música, se la di también al amor.
—¡Gilipolleces! —gruñó Naruto.
Sasuke sonrió. Sin necesidad de preguntar, sabía el conflicto por el que estaba pasando su amigo.
—Sé que en tu interior hay tal batalla que no sabes qué pensar ni por dónde tirar —insistió—, y lo sé porque a mí me ocurrió, y aunque creí que iba a volverme loco, al final decidí dejar de pensar en mí para pensar en ella, y acerté al hacerlo.
—Joder...
—Amigo, no te cierres a lo que de verdad puede hacerte feliz en la vida, porque, si lo haces, llegará el día en que quizá tengas que lamentarlo.
Desesperado, Naruto se sentó en la hamaca.
Se tocó el pelo, los ojos, el cuello, la cara, y por fin, mirando a su amigo, musitó:
—Sasuke, mi vida es perfecta.
—Era... —matizó aquél—. Era…
Naruto resopló y, a cada instante más confundido, preguntó:
—¿Por qué querría cambiar mi vida y mi libertad?
Sasuke sonrió. En Naruto veía reflejado al tipo duro que antaño había sido él y, mirándolo, cuchicheó:
—Porque cuando el corazón manda sobre la cabeza, difícilmente podrás resistirte a sus caprichos sin sufrir. Porque de pronto, y sin entender por qué, el corazón te hace valorar el poder de una sonrisa, la fuerza de una mirada y la necesidad imperiosa de tener a tu lado a esa persona única y especial que con su calidez y su amor te ayuda a vivir y a ser mejor cada día. ¿Te parece poco?
Naruto bebió un trago de su cerveza y musitó, sin dar su brazo a torcer:
—¡Cuántas gilipolleces hay que oír!
Dicho esto, dejó la botella sobre una mesita, se levantó y, sin mirar a su amigo, se lanzó de cabeza a la piscina. No deseaba seguir hablando de sentimientos, y menos aún ver la cara de guasa de aquél.
