Capítulo 55
Tras lo ocurrido entre Naruto y Tema, él se fue a su habitación y, nada más cerrar la puerta, el olor corporal de la joven lo inundó. Su cuerpo olía a ella y, como un tonto, sonrió.
Aquello llevaba mucho tiempo sin suceder, pues en sus últimos encuentros habían sido Temari y Khal Drogo y, aunque los había disfrutado, porque el sexo con ella siempre era bueno, si los comparaba con lo que acababa de ocurrir, se quedaba con la dulzura y la calidez de Tema.
Continuaba sonriendo como un tonto cuando se dirigió a la ducha. Estaba sudoroso.
Media hora después, regresó junto al grupo y, tras mirar a Sasuke, se acercó a él.
—Soy un gilipollas —señaló.
Su amigo asintió y, después de coger dos cervezas, le indicó con la cabeza que se alejaran unos pasos. Le tendió una botella a Naruto y éste exclamó:
—¡Joder!
—Mal empezamos.
Su amigo, nervioso, comenzó a moverse de un lado a otro, y al final, cuando paró dijo:
—No me entiendo ni yo.
—Mal asunto —se mofó Sasuke.
Naruto maldijo. En cierto modo, lo jorobaba sentirse como se sentía, y prosiguió:
—No sé qué me pasa...
—Si quieres, te lo digo yo...
—¡Joder!
Al verlo tan agobiado, Sasuke sonrió y cuchicheó:
—Deduzco que te has tragado sin querer un centenar de maripositas y éstas revolotean sin rumbo dentro de tu estómago, ¿verdad?
Naruto lo miró. ¿Tan obvio era?
Pero, incapaz de contestar, resopló cuando Sasuke, que entendía muy bien lo que le ocurría, murmuró:
—Luchar contra uno mismo nunca es bueno. Especialmente porque, tratándose de temas de corazón, no vas a salir vencedor, por mucho que lo odies.
Él suspiró, bebió de su cerveza y musitó:
—Sé que todos me tenéis por un capullo integral, frío e impersonal, y lo soy, sé que lo soy, pero... pero desde que estuve en Cádiz con Tema, yo...
—¿Has estado en Cádiz con Tema? —preguntó sorprendido Sasuke.
Sin dilación, le contó algunas cosas sobre el tema, omitiendo los nombrecitos de Khal Drogo y Temari. Conociéndolos, si Sasuke o cualquiera de los demás sabían aquello, lo utilizarían luego para mofarse de él.
Su amigo lo escuchó en silencio y, cuando él acabó y lo miró a la espera de que dijera algo, declaró:
—Sabes que siempre te he pedido que te alejaras de Tema.
—Lo sé. Tú y todos.
Sasuke dio un trago a su cerveza y añadió:
—Naruto, ella es una buena chica. Demasiado buena para ti, eres consciente de ello, ¿verdad?
—Por supuesto.
—Es alguien de nuestra familia, y tienes que pensarlo muy bien, porque, si es feliz con Shisui, ¿verdaderamente merece la pena que lo deje todo por ti?
—¿Acaso crees que no lo he pensado, y más, sabiendo que ese tipo puede darle mejor vida que yo?
A Sasuke le dolió oír eso.
—En la vida, el dinero no lo es todo —matizó—. Y en una pareja debe primar el amor. Créeme, que sé de lo que hablo.
Naruto asintió. Su amigo llevaba razón. Entonces, desesperado, se tocó la cabeza y cuchicheó:
—Es la primera vez en mi vida que siento la necesidad imperiosa de estar las veinticuatro horas del día con una mujer y protegerla. Jamás he permitido que ciertos sentimientos me nublaran la razón, y...
—¿Por qué? —aprovechó para preguntar su amigo—. ¿Puedo saber la causa?
Consciente de que debía, al menos a Sasuke, aquella explicación, él confesó, mirándolo:
—Menma, mi hermano gemelo, se suicidó por amor, y el día de su entierro me prometí que ese sentimiento no tendría cabida en mi vida.
Su amigo lo contempló boquiabierto.
Jamás de los jamases se habría imaginado algo así. Por fin entendía la frialdad de Naruto en aquel tema y, conmovido, tocó el hombro de su amigo y murmuró:
—Siento mucho lo de tu hermano.
Naruto asintió. Sabía que lo decía de corazón, pero prosiguió:
—En mi vida he sentido las puñeteras maripositas en el estómago ni he ido nunca tras una mujer, pero..., de pronto, me veo como un gilipollas observándola, persiguiéndola con los ojos, enfadándome si no me mira y muriéndome de celos si pienso ciertas cosas que no me están gustando.
—Amigo..., estás perdido —se mofó Sasuke.
Naruto sonrió y su amigo añadió, echando un vistazo al grupo:
—Nadie te lo va a poner fácil para que te acerques a ella; lo sabes, ¿no?
—Sí —afirmó Naruto—. Intuyo que ayuda precisamente no voy a tener.
Sasuke miró entonces a su mujer, que en ese momento reía con su hermana, y sonrió.
—Te van a machacar —aseguró.
Naruto observó a los demás, que reían al fondo del jardín, y, consciente de muchas cosas, afirmó:
—Es lo que me merezco, y más tratándose de Tema.
Ambos asintieron, y luego él añadió:
—Necesito tu ayuda para poder llegar a ella. Lo intento. Intento hablarle, pero está esquiva. Diferente. Me tiene desconcertado y descolocado por completo. Y, si pienso que puede llegar a casarse con ese tipo, yo...
—Las mujeres suelen ser raritas —bromeó Sasuke.
—Muy raritas —ratificó Naruto.
—Con ellas nunca hay que dar nada por hecho. Tienen una sensibilidad específica que o la entiendes o estás perdido, porque necesitan sentirse queridas y especiales, al igual que los hombres necesitamos sentir otras cosas.
—¿Y cómo se hace eso?
Sasuke sonrió y, volviendo a mirar a su loca mujer, afirmó:
—Paciencia, romanticismo, detalles que te salgan del corazón y mucho amor. No hay nada más bonito que una sonrisa, una mirada o un detalle por parte de la persona amada, y te lo digo por experiencia.
Naruto resopló. Él no sabía cómo abordar esas cosas, pero, cuando iba a hablar, su amigo cuchicheó:
—Como ya te he dicho, Sakura me enseñó el poder de seducción de una canción. Todavía recuerdo el día que me hizo escuchar At Last en silencio. —Sonrió—. Te juro por mi hija que ese día algo explotó en mi interior, un enjambre de mariposas me reventó por dentro y supe que ella era la mujer de mi vida.
Naruto sonrió. Siempre le había hecho mucha gracia oír esas cosas.
—Tema es una chica especial —comentó Sasuke a continuación—. No voy a enumerarte las virtudes que tiene porque imagino que tú, mejor que yo, ya las...
—Claro que las conozco —lo cortó él, dándose cuenta de que recordaba infinidad de cosas vividas con ella que nunca habría imaginado—. Pero su actitud ahora me tiene confundido. Te juro que la miro y apenas si la reconozco.
—¿Porque se está comportando con tu misma frialdad?
—Sí.
—¿Y eso no te gusta?
—No.
—Pues piensa cómo se ha sentido ella en todo este tiempo recibiendo lo que le dabas.
Naruto suspiró.
Pensar en lo mal que debía de haberlo pasado Tema durante todos aquellos años por su culpa lo hizo sentirse fatal. Él sólo había probado unos pocos meses de indiferencia por su parte y ya estaba que se subía por las paredes. Había pasado de no querer nada con ella a quererlo todo, y eso lo tenía descolocado por completo.
Entonces Sasuke, para intentar ayudar a su amigo, murmuró:
—Juegas con una baza muy importante respecto a ella, y es que la conoces y sabes perfectamente lo que le gusta. Sabes cosas que Shisui ignora y puedes conquistarla a partir de ahí.
Naruto sonrió. Sin duda era consciente de todo lo que le gustaba a ella.
A pesar de no haber hecho caso de todas aquellas cosas, las conocía muy bien. Su mente las había retenido sin que él se diera cuenta. Y, recordando la canción de Eric Benét que un rato antes había sonado mientras le hacía el amor, afirmó:
—Hay una canción...
—Pues ya tienes un comienzo, amigo —afirmó Sasuke—. Esas cosas pueden ayudarte. Sin conocer tanto a Tema como tú, algo me dice que ella cree en el romanticismo, y no me trago eso de que no continúe suspirando por ti.
—Cree en la magia. Ella lo llama magia —matizó Naruto.
—Bonito nombre le ha dado al amor —afirmó su amigo—. Y muy acertado, porque sin magia no hay nada.
Naruto asintió. Necesitaba esa positividad para luchar por lo que quería.
Conociendo como conocía a la joven, sabía que ella no podía haber cambiado tanto, y cuando iba a hablar, Sasuke indicó:
—Aquí estoy para ayudarte en esta complicada misión, siempre y cuando esto no sea una pataleta tuya porque la veas con Shisui.
Él sonrió y, chocando su cerveza con la de él, aseguró, dispuesto a darle una oportunidad a eso llamado amor:
—Quiero tu ayuda, amigo..., la quiero.
