Capítulo 57
Durante la cena, Naruto intentó disimular su malestar. No llevaba nada bien que Tema estuviera con otro tipo en vez de con ellos, y menos aún si imaginaba dónde podía acabar la noche. Pensar eso lo ponía enfermo.
Idate, que había quedado con una chica que había conocido días antes, se apresuró a desmarcarse del grupo indicando que se iba con aquélla hasta el sábado, cuando regresaría para el cumpleaños de Dei, y los demás lo despidieron divertidos. Sin duda su amigo era todo un conquistador.
Cuando, rato después, entraron en un local de moda, Naruto ya no podía más y supo lo que tenía que hacer para quitarse a sus amigos de encima e ir a donde realmente quería estar.
Enseguida localizó a una chica, y, tras intercambiar un par de miradas con ella, ya la tuvo en el bote. Se acercó a ella y, como el buen embaucador que era, la sedujo muy deprisa. Un rato después, tras despedirse de sus amigos, ambos salieron del local llevándose el coche de Sasori.
En el trayecto en coche hacia la casa de la joven, ella le contó que era canadiense y que había ido a Hollywood con la esperanza de conseguir un papel en alguna película. La chica hablaba y hablaba, pero Naruto apenas la escuchaba y, cuando llegaron frente a la casa de ésta, como no quería nada con ella, hizo la jugadita de la llamada al móvil y, tras fingir que hablaba con alguien, se disculpó. Tenía que marcharse con urgencia.
En cuanto se despidió de la chica y ella bajó del vehículo, con la ayuda del GPS se encaminó hacia el lugar donde sabía que estaría Tema.
Una vez en el lujoso hotel, aparcó y entró en el establecimiento.
Rápidamente localizó el salón donde en ese momento los invitados a la gala disfrutaban bailando y tomando algo, y se mezcló con ellos. Poco a poco, caminó por la estancia repleta de gente que se divertía, hasta que la divisó a lo lejos.
Tema estaba junto a Shisui y otras personas y parecía divertirse, aunque Naruto se percató de que el mexicano le prestaba más atención de la debida a una morena con un vestido blanco.
¿En serio tonteaba con otra mientras estaba con Tema?
Parapetado entre la gente, la observó sin ser visto. La acechó como un lobo hambriento mientras era consciente de cómo cada poro de su cuerpo se contraía cada vez que Shisui le ponía la mano encima.
Si estaba tonteando con la otra ¿por qué no dejaba a Tema?
Sin perder detalle, Naruto admiró lo bonita que estaba esa noche con aquel elegante vestido entallado y largo de color verde; entonces comenzó a sonar Quando, Quando, Quando, de Michael Bublé, y Shisui la invitó a bailar.
Sin moverse, contempló cómo aquéllos bailaban la canción y maldijo al ver cómo ella la canturreaba divertida y miraba con cierto mimo al mexicano a los ojos.
El policía resopló.
¿Por qué tenía que mirarlo así?
¿Por qué tenía que cantarle aquella canción?
¿Por qué notaba aquella complicidad entre ellos?
Con dulzura, Shisui paseaba la mano por el hombro de Tema y por su cintura, mientras Naruto, rabioso, los observaba desde lejos pero no se movía. No debía, o esa noche terminaría en el calabozo.
Quería hacer algo...
Tenía que hacer algo...
Pero era consciente de que no debía y, cuando no pudo resistir más aquella tortura que él mismo se había infligido, igual que había llegado, se marchó. Eso sí, más enfadado aún que antes.
Durante un buen rato condujo sin rumbo hasta llegar al muelle de Santa Mónica. Allí se tomó algo en un bar y fue consciente de los cientos de parejitas que paseaban cogidos de la mano con gesto de felicidad.
¿Él verdaderamente se merecía disfrutar de aquello?
Pensó en su hermano Memma. En la promesa que se había hecho a sí mismo cuando éste murió por amor, y supo lo equivocado que había estado todos esos años, negándose a experimentar aquel sentimiento. Sin duda, Memma, un enamorado del amor y el romanticismo, no estaría orgulloso de él y, conociéndolo, con seguridad habría puesto a Tema en su camino para que lo descuadrara.
«¡Cabronazo!», pensó, sonriendo con tristeza.
Cuando salió del bar y se sentó de nuevo en el coche, su mente se llenó de recuerdos. Pensó en la primera vez que él y Tema se habían besado y en cómo ella, roja como un tomate, lo invitó a acompañarla a su casa.
Recordar la entrega de la joven durante todos aquellos años sin pedirle ni exigirle nada mientras lo cuidaba cada vez que enfermaba o lo mimaba siempre que estaban solos, hizo que se diera cuenta de lo estúpido que había sido.
Pero ¿cómo no se había percatado antes de que ella era tan especial para él?
¿Cómo no se había parado a pensar que la vida era algo más que meterse entre las piernas de una mujer diferente cada noche?
Tema había estado ahí para él siempre que le había hecho falta, cosa que no podía decir de sí mismo. Su egoísmo sólo le había permitido buscarla cuando la necesitaba, ¡cuando la necesitaba!, y ella nunca le había dicho que no.
Durante años, sin sentimientos ni corazón, Naruto la había manejado a su antojo. La había mantenido siempre en un segundo plano cuando otra mujer se plantaba ante él, y ahora era consciente de cómo lo había tenido que pasar ella. Era un cabrón y, le gustara o no, se merecía que lo pisoteara y lo arrastrara.
Tema era lo más real y lo mejor que había tenido a su lado durante muchos años, y no podía perderla. No quería perderla. No podía permitírselo.
Esas palabas lo golpeaban una y otra y otra vez en la cabeza, por lo que, dispuesto a hablar con ella, supo que tenía que regresar a casa y esperarla. Esperarla y rogar que quisiera escucharlo.
