Capítulo 58
Esa madrugada, cuando Tema y Shisui regresaban en su Ferrari después de la gala, al parar en un semáforo, él preguntó:
—Te ocurre algo esta noche, ¿verdad?
Ella lo miró. Sin duda su último encuentro con Naruto y su llamada la tenían desconcertada, y dijo:
—Hoy he tenido un..., algo con Naruto.
Él sonrió al oír eso, y cuchicheó:
—¿Algo interesante?
La joven asintió. Sin duda lo había sido, y afirmó:
—Nunca voy a poder resistirme a él. Intento ir de dura, pero está visto que con él no me funciona.
Shisui sonrió. El amor, unido a la atracción física, era terriblemente caprichoso, y, mirándola, indicó cuando el semáforo cambió a verde y pisó el acelerador:
—¿Te arrepientes de lo ocurrido?
De inmediato, por la mente de la joven pasaron las imágenes de lo sucedido aquella tarde con Naruto en su cama, y susurró:
—No... Bueno, sí..., bueno, no... Sí... La verdad es que no.
—Temari —sugirió él—, creo que deberías replantearte lo que estás haciendo. Quizá no sea el momento y...
—¿Sabes? Antes me ha llamado desde el teléfono de Dei y lo he notado raro.
—¿Raro?
Avergonzada por lo que iba a decir, al final musitó azorada:
—Sé que es una tontería, pero lo he notado celoso.
Shisui la miró.
—Te lo dije. Te dije que ese tipo te miraba más de lo normal.
—Pero no puede ser.
—¿Por qué no puede ser?
Tema no supo qué responder. Naruto no quería nada con ella, así se lo había hecho saber siempre que estaban juntos. Y, volviendo a mirarla, el mexicano preguntó divertido:
—¿Por qué te pones roja? ¿Acaso ese hombre no puede sentir celos?
Insegura porque aquello nunca le había ocurrido, se encogió de hombros sin saber qué decir, y entonces Shisui murmuró:
—Tema, quizá el tal Naruto, al vernos, se ha creído el numerito que hemos montado y se ha dado cuenta de lo que se pierde.
—¿Tú crees? —preguntó obnubilada.
Él asintió y, sonriendo, afirmó:
—Los hombres somos muy idiotas, y en ocasiones sólo somos conscientes de la realidad cuando perdemos algo que antes teníamos y no valorábamos.
Tema no sabía qué decir, pero le gustaba oír aquello.
¿Y si Naruto sentía eso que Shisui decía?
Estuvieron unos segundos en silencio, hasta que por último ella preguntó, al ver cómo el móvil de él se iluminaba al recibir un mensaje.
—¿Y tú qué te traías con la morena del vestido blanco?
Una carcajada escapó de la boca de él y, cuando iba a decir algo, ella cuchicheó:
—Y no me digas que nada, porque he visto cositas...
Shisui asintió. Tema era muy observadora.
—Ayame y yo, de vez en cuando..., tenemos un algo. Sólo eso.
—Pero ella está casada.
—No soy celoso.
Al oír eso, Shisui suspiró y, con voz agria, indicó:
—Típica contestación de Naruto, aunque él huye de las casadas. ¡Serás cabrito!
Shisui sonrió e, ignorando el tema, la cogió de la mano y la besó en los nudillos.
—¿Sabes una cosa que muchas veces decía Izumi?
—¿Qué decía?
Con una triste sonrisa por recordar a aquella mujer que tanto lo había marcado, Shisui respondió:
—Que en ocasiones encontramos nuestro destino en los desvíos que tomamos para evitarlo.
Tema asintió.
Durante un rato permanecieron en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos, hasta que finalmente él, seguro de que debía desaparecer unos días para darle la oportunidad al tonto de Naruto de que se sincerara con ella, declaró:
—Mañana a mediodía me voy a Memphis por unos días.
—¿Te vas? —preguntó Tema sorprendida.
Él asintió y se apresuró a aclarar:
—Viaje de trabajo —y, al ver cómo lo miraba, preguntó—. ¿Quieres venirte conmigo?
La joven lo pensó.
Marcharse sería lo idóneo estando Naruto allí, pero respondió:
—No. La fiesta de cumpleaños de Dei es el sábado.
Más tranquilo porque le hubiera dicho que no, Shisui le acarició el rostro con cariño. Ella se merecía ser feliz con el amor de su vida y, por lo que podía intuir de Naruto, éste lo era, así que murmuró:
—El sábado estaré aquí. No olvides que soy tu acompañante.
Tema sonrió.
—Lo sé, tonto.
Ambos rieron por aquello, y luego él indicó:
—Aprovecha mi ausencia para ver qué quiere ese Naruto. Si no lo haces, te arrepentirás el resto de tu vida; ¿de acuerdo, Temari de los ojos verdes azulados?
Ella asintió y sonrió. Tendría que pensarlo.
Veinte minutos después, al llegar a la residencia de sus amigos, Shisui paró el vehículo frente a la puerta y le preguntó:
—¿Quieres que me quede esta noche?
Tema lo miró agradecida. Aquel tipo era increíble y un excelente amigo. Pero, sonriendo, respondió:
—No, gracias. Me apetece tener la cama sólo para mí, y tú eres muy grande y ocupas mucho. Además..., seguro que deseas hacer un algo esta noche con cierta morena de vestido blanco a la que le has dirigido un gesto disimulado cuando nos hemos marchado.
Shisui soltó una carcajada y ella, dándole un cariñoso y amigable beso en los labios, se despidió de él. Segundos después, el mexicano se marchó, dispuesto a disfrutar de la noche, sin percatarse de que un coche arrancaba y lo seguía.
Oculto en el coche de Sasori, Naruto los había visto llegar, hablar y besarse. Eso lo enceló mucho más, y cuando Tema bajó del Ferrari, no supo si ir tras ella o tras él. Al final, enfadado, se decidió por la segunda opción. Quería tener unas palabritas con aquél.
A prudente distancia, lo siguió por las calles de Los Ángeles, y, sorprendido, observó que se detenía frente a un fastuoso hotel. Aquél no era su lugar de residencia, puesto que él ya se había informado de dónde vivía.
¿A qué iba a ese hotel?
Sin bajarse del coche, vio cómo Shisui aparcaba y, con las manos metidas en los bolsillos y una increíble tranquilidad, cruzaba la calle y entraba en el establecimiento.
Pensó en abordarlo para hablar con él, pero la curiosidad de saber por qué estaba allí le pudo y decidió esperar.
Dos horas después, lo vio salir del brazo de una mujer y, boquiabierto, comprobó que se trataba de la morena del vestido blanco de la gala. Desde el coche, observó cómo se besaban en la puerta del hotel y, posteriormente, Shisui levantaba la mano para parar un taxi.
Al policía se le revolucionó la sangre.
¿Aquel tipo se la estaba pegando a Tema?
Una vez que el taxi se marchó con la mujer y Shisui comenzó a cruzar la calle para ir en busca de su Ferrari, Naruto se apeó de su vehículo y, acercándose a él, le espetó:
—¡Cabrón! ¿Cómo puedes estar haciéndole esto?
Shisui se volvió al oírlo y recibió un derechazo en toda la mandíbula que lo echó hacia atrás.
Al levantar la vista y ver que se trataba de Naruto, murmuró:
—Pero ¿qué haces?
Sin embargo él, enfurecido, lo golpeó otra vez, y en ese momento Shisui respondió y le propinó un derechazo en las costillas y, a continuación, otro en la cara.
Durante varios minutos estuvieron golpeándose con contundencia, dejando claro que los dos sabían pelear.
—¡Te voy a machacar! —gritó Naruto—. Lo que le estás haciendo no tiene nombre. ¿Cómo puedes...?
Un golpe..., otro..., otro.
Ninguno se detuvo, hasta que, por fin, los empleados del hotel, alarmados por el jaleo, salieron a separarlos.
Shisui se tocó el rostro dolorido. Sin duda Naruto estaba celoso, pero, sin querer desvelarle la verdad, lo miró y siseó:
—Mi relación con Temari no es asunto tuyo.
Naruto intentó soltarse de los dos hombres que lo sujetaban, y entonces uno de ellos preguntó:
—Señor Uchiha, ¿quiere que avisemos a la policía?
Evitando decirle a Naruto que se quitaba de en medio para que él tuviera el camino libre con Temari, negó con la cabeza y respondió, limpiándose la sangre que le salía de la nariz:
—No, tranquilos. Podéis soltarlo.
Cuando lo dejaron ir, Naruto seguía furioso.
—Ella no se merece lo que le estás haciendo —siseó—. Le regalas un anillo, la agasajas, le haces creer que es especial para ti..., ¿y luego te tiras a otra?
Shisui no contestó a eso, pero, mirándolo con frialdad, dijo:
—Si yo fuera tú, me iría de aquí rápidamente, porque yo no soy de los que suelen poner la otra mejilla. Y te aseguro que tu podrás ser policía en tu país, pero aquí, en Los Ángeles, mis influencias pueden perjudicarte, y mucho.
Naruto maldijo al ser consciente de la locura que había hecho, pero, furioso por lo que había descubierto, se limpió con la mano la sangre que le corría por el labio e indicó, señalándolo con el dedo:
—Te doy hasta el sábado para que se lo digas. Soy un hombre y no me gusta jugar con esas intimidades, pero si ese día ella no lo sabe, se lo diré yo.
Con furia, ambos se miraron a los ojos, hasta que por último Naruto, enfurecido, se dio la vuelta y se dirigió hacia su coche.
Cuando aquél desapareció, tras despedirse de las personas que lo habían ayudado, Shisui se metió en su coche, se tocó la mandíbula y murmuró dolorido:
—Joder, cómo pegas de fuerte..., Naruto.
