Capítulo 59
Al día siguiente, cuando los demás disfrutaban del mediodía en el jardín, apareció Naruto y todos lo miraron.
El policía tenía un ojo algo amoratado y caminaba sujetándose las costillas. Preocupado, Sasuke se apresuró a acercarse a él.
—Pero ¿qué te ha ocurrido?
Él miró entonces a Tema de soslayo y respondió:
—Nada. Tranquilo.
Al verlo magullado, Dei se levantó rápidamente de la hamaca y, quitándose sus gafas preferidas de Prada, exclamó:
—Oh, my God! ¡¿Tranquilo?! Pero ¿cómo que tranquilo? Pero ¿qué te ha pasado, my love?
Naruto se sentó con cuidado. Le dolía todo el cuerpo, sobre todo las costillas.
Aquel tipo sabía pegar.
Odiaba tener que dar explicaciones sobre su vida, pero, antes de poder moverse, ya tenía a Dei preocupado encima de él.
Las mujeres comenzaron a comentar entre ellas, mientras Tema hacía grandes esfuerzos por no acercarse a cuidarlo. Ver a Naruto así le rompía el alma, el corazón, la vida..., pero no se movió y siguió a lo suyo hasta que Hanabi, al ver a Konohamaru preocuparse por su amigo, comentó:
—El que es macarra lo es aquí, en Tokio y en Sebastopol.
Naruto, cuyo humor esa mañana brillaba por su ausencia, siseó al oírla:
—Tú, como siempre, tan encantadora.
Ella soltó una risotada y, mirando a Tema, añadió:
—Por suerte, tu gusto ha mejorado en determinados aspectos y has pasado de un macarra a un caballero.
Al oírla, Naruto resopló.
—Mejor me callo.
Molesto, Konohamaru observó a su chica. Lo jorobaba la ojeriza que le tenía, sobre todo porque Naruto era su mejor amigo y una gran persona, por lo que dijo, dirigiéndose a ella:
—Si yo fuera tú, me guardaría ciertos comentarios.
Hanabi lo miró boquiabierta, y Sakura se apresuró a intervenir:
—Como suele decirse en ocasiones, las comparaciones son odiosas —y, cogiendo la mano en la que Tema lucía aquel precioso diamante, añadió—: Cuanto más lo miro, más me gusta. Tú te mereces esto, y no bisutería barata.
Sasuke se molestó al oír el comentario cruel de su mujer.
Pero ¿qué le ocurría a aquélla con Naruto?
Y, sin poder callarse, señaló:
—Estrellita..., me estás tocando algo más que la moral últimamente con tus comentarios. Si vuelvo a oírte algo así en relación con alguno de mis amigos, te aseguro que la vamos a tener.
Sakura, consciente de que sus comentarios eran de mal gusto, no respondió nada, y Tema preguntó asustada, acercándose a Naruto:
—¿Qué te ha pasado?
Él la miró.
Decirle lo que había descubierto sería fácil, muy fácil, pero, cumpliendo la palabra que le había dado al cerdo de Shisui, siseó:
—Nada que a ti te importe.
La frialdad de sus palabras hizo que ella diera un paso atrás y, mirándolo con recelo, gruñera.
—Espero que te duela, y mucho.
—¡Joder! —musitó Suigetsu, que no entendía nada.
Un silencio incómodo se hizo entonces en el grupo, hasta que Sakura, martirizada por el gesto duro con el que la observaba su marido, preguntó:
—¿Qué os parece si nos vamos de shopping a Beverly Hills?
Las chicas asintieron rápidamente, y Sasuke, dirigiéndose a ella, respondió:
—Mi sueldo no me permite derrochar en un sitio tan elitista y absurdo.
Sakura y él se miraron con dureza, y luego ella dijo:
—Vámonos, chicas. Conozco unas tiendas increíbles.
—¡Me apunto! —gritó Dei, que estaba del todo descolocado.
Sin moverse, los hombres vieron cómo ellas se alejaban, y Konohamaru, molesto, dijo, dirigiéndose a su amigo:
—Siento los comentarios de Hanabi. Ya sabes que ella...
—Tranquilo. No pasa nada —murmuró Naruto, apoyándose dolorido en la hamaca.
Durante un buen rato, intentaron sonsacarle a Naruto lo ocurrido, pero él calló, no quería desvelar nada, y, finalmente, se dieron por vencidos.
Cuando se cerraba en banda, no había manera de averiguar nada.
