Capítulo 60

Bien entrada la tarde, las chicas regresaron de sus compras y Tema pudo comprobar que Naruto estaba mejor. Al menos, ya se movía con cierta soltura, y no como aquella mañana.

Esa noche, los ánimos de todos estaban extraños y decidieron no salir, excepto Naruto, que, como tenía ganas de tomar aire fresco, se inventó una cita.

A Tema le molestó oír eso, pero disimuló y nadie se dio cuenta.

Los demás cenaron en casa y, pasada la medianoche, todos se retiraron a sus respectivas habitaciones, en las que tuvieron sus más y sus menos.

Sin duda, los maliciosos comentarios de aquel día iban a pasarles factura.

Tema, agobiada por todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor, decidió ir al gimnasio y correr en la cinta. Necesitaba quemar adrenalina.

Durante un buen rato corrió mientras escuchaba con los auriculares puestos la música que salía de su Mp3 que llevaba colgado en el brazo. Quería escuchar a Luis Miguel. Sus boleros siempre la relajaban.

Más tarde, sobre las dos de la madrugada, se dirigió a la cocina a beber agua y, nada más entrar, oyó:

—¿Qué haces levantada a estas horas?

Al encender la luz vio a Naruto, que estaba apoyado en la cristalera con una copa en la mano. Sorprendida por el encuentro, la joven preguntó, mientras caminaba por la cocina:

—¿Regresas de tu cita ahora?

Siguiendo con su mentira, él asintió y, al ver el sudor en su frente y la ropa que llevaba, preguntó:

—¿Y tú por qué no has salido con tu maravilloso Shisui?

Tema comprendió entonces que llegaba con la escopeta cargada.

—Mira, Naruto..., tengamos la fiesta en paz.

Él maldijo en silencio y, consciente de que su tono de voz y su pregunta no habían sido los más correctos, rectificó:

—Vale, lo siento. No debería haberte hablado así.

Oírlo decir «lo siento» era algo nuevo para ella, y, queriendo rectificar también su tono, repuso:

—Shisui está de viaje. Por eso no he salido.

Naruto asintió y entonces, al ver los auriculares colgando de su cuello, cogió uno, se lo puso en la oreja y dijo:

—¿Qué escuchas?

De inmediato, Tema maldijo para sí. Sin duda él comenzaría con su mofa con respecto a las polladitas románticas que ella escuchaba, pero, sorprendiéndola, le preguntó:

—¿Te apetece bailar conmigo?

Ella no contestó. Sonaba el precioso bolero Como yo te amé cantado por Luis Miguel, y nada le habría gustado más que bailar con él. Durante unos segundos, ambos escucharon la canción, cada uno con un auricular, mientras se miraban a los ojos, hasta que Tema, intentando romper aquel extraño y caliente momento, le quitó a él el suyo de la oreja y, dando un paso atrás, respondió:

—Estoy sudada y podría mancharte.

Confundido por el mar de sentimientos que aquella mujer y aquella canción le habían despertado, Naruto no supo qué decir ni qué hacer; entonces ella, tan confundida como él, preguntó:

—¿Te encuentras mejor?

—Sí.

Atontado al sentir que no podía controlar su cuerpo, Naruto iba a hablar cuando ella dijo:

—Pero ¿qué te ha ocurrido?

Tocándose las doloridas costillas, él respondió simplemente, sin querer revelarle la verdad:

—Gajes del oficio.

De nuevo, ambos se miraron con intensidad, hasta que de pronto Naruto murmuró:

—Siento la llamada que te hice furioso a la gala, pero me dolió que te marcharas con él tras lo ocurrido entre nosotros. Creía que íbamos a hablar.

Tema suspiró.

—Qué pesadito estás con lo de hablar.

—¡¿Pesadito?!

—Sí, pesadito —afirmó ella desconcertada—. No sé de qué narices quieres hablar conmigo.

Naruto se impacientó.

Él no estaba hecho para esas cosas, y menos con Tema, pero, recordando algo que Sasuke le había dicho, adoptó un tono más conciliador y susurró:

—¿Te tomas algo conmigo?

—¿Ahora?

—Sí.

Tema se miró. No iba vestida para salir de casa. Acababa de correr en la cinta y estaba sudorosa.

—Tranquila —añadió él—. Podemos tomar algo aquí, en el jardín.

—¿Para qué?

El policía, sacando esa galantería que ella sabía que poseía y que siempre había aflorado cuando estaban a solas, musitó:

—Venga, mujer..., hace una noche preciosa.

Tema lo miró; cuando se iba con él siempre acababa igual. Aun así, cuchicheó:

—De acuerdo, pero que corra el aire entre nosotros.

Entendiendo sus palabras, él indicó:

—¡Lo prometo!

Ella se dio entonces por vencida y asintió y, juntos, se dirigieron hacia la parte trasera de la casa sin rozarse. La piscina estaba iluminada y el jardín en silencio, por lo que llegaron hasta la pequeña barra que allí había, y Naruto, abriendo la neverita, preguntó:

—¿Coca-Cola Zero con hielo?

Ella asintió.

Él sabía bien lo que quería y, tras prepararla y sacar una cerveza para él, se dirigió hacia donde ella estaba y se la entregó. Tema cogió el vaso, y él se sentó en una de las hamacas y comentó:

—Hace una noche preciosa, ¿verdad?

Ella se sentó a su lado, subió los pies y afirmó:

—Sí. Muy bonita.

Estuvieron unos minutos en silencio, hasta que Naruto, evitando contarle lo ocurrido con Shisui, preguntó:

—¿Qué clase de gala era esa a la que asististe?

Ella dio un trago a su Coca-Cola, la dejó sobre una mesita y, apoyando la cabeza en la hamaca, respondió:

—Una gala para recaudar fondos para los niños de Etiopía.

—Bonita acción.

—Sí. Muy bonita.

—¿Pusieron buena música?

Ella sonrió. La música swing que solía haber en ese tipo de eventos horrorizaría al duro e insensible de Naruto, por lo que, con gesto divertido, contestó:

—Para mí, sí. Para ti, no.

Él sonrió y, evitando decir que había estado allí, dijo con una sonrisa:

—¿Y eso qué quiere decir?

Divertida, Tema indicó:

—Quiere decir que a ti la música swing que sonó allí te pondría los pelos de punta.

—¿Por qué?

—Naruto..., que nos conocemos.

Él asintió. Sin duda se conocían. Finalmente, ambos sonrieron, y él dijo:

—También escucho a Eric Benét.

La joven no lo había olvidado, pero lo apartó de su mente para no ponerse tonta y matizó, quitándose el Mp3 del brazo y los auriculares para dejarlos sobre la hamaca:

—Lo sé. Pero la música de la gala te horrorizaría.

Durante un buen rato estuvieron charlando de Los Ángeles y de sus curiosidades. Como siempre, hablar entre ellos era fácil, hasta que él dijo:

—Me ocurre algo curioso contigo.

Al oír eso, Tema se puso más nerviosa aún de lo que ya estaba, pero, incapaz de callar, preguntó, mientras miraba las estrellas:

—¿Qué te ocurre?

Naruto necesitaba sincerarse con ella pasara lo que pasase y, clavando la mirada en su perfil, confesó, abriéndose por fin:

—Me preguntaste si estaba celoso, y la respuesta es... sí.

Tema parpadeó y, mirándolo boquiabierta, iba a hablar cuando él añadió:

—No soporto verte con Shisui, y soporto menos aún ver el anillo que llevas en el dedo. Y, sí, Hanabi y Sakura tienen razón: un tipo como yo nunca podría comprarte un anillo así, porque imagino que cuesta lo mismo que yo ganaré en toda mi vida. Sin embargo, creo que debes saber que un tipo como yo podría darte otras cosas.

Anonadada, la joven se levantó.

Parpadeó..., se atragantó..., tosió...

¿Naruto acababa de decir lo que creía haber oído?

No sabía qué responder, y él, al verla tan desconcertada, se levantó sin pensarlo, la cogió entre sus brazos y se tiró a la piscina con ella.

Segundos después, cuando ambos sacaron las cabezas del agua, Tema siseó, mirándolo:

—Te voy a matar.

—¿Por qué? —preguntó él divertido.

Descolocada por lo que había oído, e incapaz de procesarlo, Tema gruñó.

—Porque llevo mis zapatillas de deporte preferidas puestas y por tu puñetera culpa me...

—Pensaba —la cortó él— que me ibas a matar por afirmar que estoy celoso de Shisui y decirte que estoy totalmente colado por ti.

De nuevo, el desconcierto se reflejó en el rostro de aquélla.

Nunca habría imaginado verse en un momento así con Naruto, y cuando una gota de agua se le metió en el ojo y sintió que la lentilla se le movía, con un gesto que a él lo hizo sonreír, murmuró:

—Ay, Dios..., que me parece que se me van a salir las lentillas.

Aquella frescura...

Aquella naturalidad...

Aquella manera de ser de Tema era lo que a él siempre le había gustado, por lo que le rodeó la cintura con las manos y murmuró, mirándola a los ojos mientras notaba que sus costillas se resentían:

—Me encantas, cielo.

—Deja de decir tonterías.

—Necesito que me des la oportunidad de demostrarte que puedo quererte y respetarte —insistió él, que deseaba ser del todo sincero con ella.

Tema tembló. Ni en el mejor de sus sueños se había imaginado vivir algo así, y en un hilo de voz preguntó:

—¡Pero ¿qué dices?!

—Que te quiero —soltó el geo sin dudarlo.

Ella se llevó una mano al cuello.

No..., no..., no..., aquello no podía estar pasando.

Ella estaba haciendo todo aquello para alejarlo de su lado, no para acercarlo.

Sin duda estaba soñando y, tras hacer esfuerzos para despertarse, se dio cuenta de que no estaba dormida, y murmuró:

—No sabes lo que dices.

—Sí..., por suerte o desgracia..., lo sé, Gafitas.

La joven parpadeó. ¿Por qué cada vez que intentaba alejarse de él el mundo parecía volverse en su contra?

Al ver su mirada, Naruto comprendió que las cosas no iban como él deseaba y, mirándola, insistió:

—Lo sé. Lo que acabo de decirte es de locos, pero, desde que regresamos de Cádiz, a pesar de lo que ocurrió esa noche, no consigo sacarte de mi cabeza. Pensé en ti. Me negué a aceptar la realidad de lo que me estaba ocurriendo. Pero, al llegar aquí y verte con otro, mis barreras se derrumbaron, porque necesito estar contigo y que me mires a mí y no a él y...

—Pero ¿te has vuelto loco?

Al ver la turbación en los ojos de aquélla, Naruto sonrió con dulzura y afirmó:

—Sí, no cabe duda, y por ti.

A cada segundo más acalorada, Tema no sabía qué decir ni qué hacer.

Ante ella tenía al hombre del que siempre había estado enamorada diciéndole las preciosas cosas que siempre había querido oír, pero, por raro que pareciera, en vez de halagarla, eso la enfureció.

¿A qué estaba jugando?

Y, sin poder reprimirse, siseó:

—¡Eres un imbécil, ¿lo sabías?!

Descolocado, Naruto no supo qué contestar, y ella prosiguió:

—Lo que te joroba es que yo me lo esté pasando bien, ¿verdad? Desde luego, no me esperaba esto de ti, ¡egoísta! Siempre lo has sido, pero ahora, intentando chantajearme emocionalmente para... para... Pero ¡serás gilipollas!

Sorprendido porque ella dijera eso cuando acababa de abrirle su corazón, iba a responder, pero Tema lo empujó para alejarse de él y gruñó:

—Mira, Naruto, a ti no te gusta nadie porque lo que ocurre es que no tienes sentimientos. Y no voy a dejar a Shisui porque tu ego de machito salga a relucir tan sólo porque no me tienes comiendo de tu mano.

—No..., escuch...

—Que no —lo cortó ella, saliendo de la piscina—. ¡Que no te escucho!

—Tema..., por favor.

—Pero ¿no ves que no puedo creerte?

—Cielo...

—Uis, ¡cielo! —se mofó, intentando sonreír mientras se quitaba las deportivas con furia—. Sin duda, además de en las costillas, ayer te dieron también en la cabeza.

Naruto resopló. Cuando aparecía la versión chulesca de Temari, se ponía de los nervios, por lo que maldijo.

Mientras tanto, un calor abrasador e indignante se había apoderado de Tema, que añadió:

—No voy a permitir que me jorobes lo que tengo con Shisui, ¿te has enterado? Él... él es maravilloso, gentil, caballeroso y... y está loco por mí. Por tanto, ya puedes seguir siendo el machote rompebragas que siempre has sido, y que te quede muy clarito que las mías no las vas a volver a romper, porque paso de ti, porque me he dado cuenta de que tú no me convienes, y porque estoy enamorada de Shisui, que...

—¡Pero ¿qué estás diciendo?! ¿Acaso no me has escuchado?

Ella asintió, y en ese momento Naruto fue a acercarse y ella volvió a alejarlo de un empujón mientras afirmaba:

—Claro que te he escuchado y, la verdad, preferiría no haberlo hecho.

Desesperado, Naruto se pasó la mano por el pelo empapado.

Estaba siendo sincero. Estaba abriendo su corazón por primera vez en su vida a una mujer que le interesaba, pero, convencido de que ella no se lo iba a poner fácil, indicó:

—Vale, entiendo que no me creas, que no te fíes de mí, pero, por favor, dame la oportunidad de demostrarte que he cambiado. Necesito que...

—No.

—Tema...

—Tú no vas a cambiar. ¡Antes se deshelará el Ártico!

Acalorada a pesar de que estaba empapada, la joven lo miró, y él indicó:

—Sé que no lo hice bien. Sé lo egoísta que siempre he sido contigo y...

—¿Egoísta? —se mofó ella, dejando que Temari saliera a flote—. Tú lo que has sido siempre es un chulito guaperas que sólo ha pensado en sí mismo, sin tener en cuenta los sentimientos de nadie. Aquella mujer, en España, te estampó un vaso en la cabeza, pero ten cuidado, porque me estás cabreando mucho, y yo te estamparé la barbacoa.

Naruto resopló. Sin duda la joven tenía razón en estar tan enfadada, pero insistió:

—Te gusto..., me gustas...

—No, disculpa —matizó ella—. Tú a mí no me gustas..., ¡me gustabas!

—Tema..., mírame...

Ofuscada con él y con el mundo en general, la joven siseó:

—Que no..., que no me vengas con idioteces.

—Cielo, mírame...

—No pienso volver a caer en tus brazos, ¡me niego! Y me niego porque tú eres como eres y, sin duda, una vez que regresemos a Sigüenza todo volverá a ser como era antes, y no, ¡que no quiero! Que yo estoy muy feliz con Shisui.

Naruto maldijo. Cada vez que hablaba de aquel cerdo sentía unas ganas irrefrenables de contarle lo que había descubierto la noche anterior. Pero, como no quería ganársela, musitó:

—Escúchame, por favor.

—No.

—Dame una oportunidad. Sólo una. ¿Dónde ves el problema?

A cada instante más impresionada, nerviosa e histérica, ella replicó:

—Mejor di ¿dónde no está el problema?

—Siempre que nos hemos visto ha sido a escondidas —prosiguió él—, pero ya no quiero eso. Dame una cita. Una cita a ojos de todo el mundo, y...

—No.

—Tema...

—No.

—Siento algo muy especial por ti.

—Pobrecito...

—Cielo...

—Pero ¿te has vuelto loco? —protestó boquiabierta.

Intentando no perder la paciencia, él asintió y, mirándola sin tocarla, repitió:

—Tú y yo nunca hemos tenido una cita de verdad. Siempre nos hemos visto a solas entre cuatro paredes o, últimamente, siendo Temari y Khal Drogo. Pero créeme que soy yo, Naruto, el que te está pidiendo una cita. Déjame invitarte a...

—No.

—Pero ¿por qué no? —insistió él, sin tirar la toalla.

A cada segundo más desencajada por lo que estaba oyendo, ella lo miró fijamente.

Nada le gustaría más que creerlo, pero no deseaba sufrir una vez que regresaran a Sigüenza, por lo que respondió:

—Porque no merece la pena, Naruto.

—Eso nunca lo sabrás si no me das la oportunidad.

A Tema le temblaba todo, hasta las uñas de los pies, y cuando iba a negarse de nuevo, él dijo, tras mirar hacia la derecha al oír un ruido proveniente de unas hamacas del fondo:

—Una cita, sólo una cita para poder hablar. Si luego no quieres que volvamos a quedar a solas, te prometo que no insistiré.

La joven comenzó a dudar mientras su parte de Temari se desinflaba. Como siempre, el influjo de aquél comenzaba a hacerla flaquear; entonces Naruto susurró, entregándole una toalla para que se secara el rostro:

—Prometo ser un caballero y mantener mis manazas lejos de ti y...

—No, Naruto, olvídalo.

Tema comenzó a caminar hacia la casa, pero él, sin tocarla, se puso delante de ella y, parándola, insistió:

—Nunca te he pedido nada en todos los años que nos conocemos, pero esta vez te lo pido. Ten una cita conmigo. Seamos tan sólo Naruto y Tema y hablemos.

La joven resopló. Lo que él le pedía se salía por completo de su plan. Éste era hacerle ver que estaba locamente enamorada por Shisui, y no facilitarle una nueva sesión de sexo.

Durante unos segundos, se miraron en silencio.

La loca atracción que siempre había sentido por él seguía ahí, y al final, incapaz de no dar su brazo a torcer, a pesar de todos los impedimentos que su otro yo le presentaba, levantó el mentón y dijo:

—De acuerdo. Pero sólo hablaremos.

—¡Te lo prometo! —aseguró él con una sonrisa. Acto seguido, pensando en algo, añadió—: ¿Puedo pedirte un favor?

Tema suspiró, y él, sin quitarle el ojo de encima, indicó:

—No les cuentes nada a tus amigas hasta el momento de irnos. Tengo la sensación de que, si se lo cuentas antes, no te van a dejar acudir a esa cita.

Aturdida por lo ocurrido, ella asintió, sin duda tenía razón, y murmuró, necesitando irse, mientras cogía su Mp3:

—OK. Buenas noches.

Y, sin más, prosiguió su camino mientras se preguntaba cómo iba a explicarles a sus amigas y a Dei aquella cita con Naruto.

Una vez que él se quedó solo, esperó a que Tema desapareciera en el interior de la casa y, dando media vuelta, caminó hasta las tumbonas del fondo del jardín y, al ver quiénes estaban allí, maldijo por su mala suerte.