Capítulo 61
—Pero, Mariliendre, ¿desde cuándo eres tan romanticona?
Las palabras de Suigetsu hicieron resoplar a Naruto.
—¿La has llamado cielo y le has dicho que te encanta, que la quieres y que no te la puedes quitar de la cabeza? —se mofó Konohamaru—. Pero ¿quién eres tú y dónde está mi amigo?
Naruto maldijo. Lo que habían oído podía acarrearle problemas; además, Konohamaru añadió entre risas:
—Madre mía, cuando se entere Hanabi, la que te va a caer...
Él cerró los ojos. Que sus amigos hubieran oído y visto lo ocurrido no era buena idea, y sentenció:
—Como les digáis una sola palabra a vuestras mujeres de esto, os juro que...
—Pero, Naruto —rio Suigetsu, levantándose—, ¿en serio estás pillado por Tema?
Él no contestó, y Konohamaru, incorporándose también, se burló:
—Pero ¿desde cuándo salen de tu boca tantas polladitas románticas?
Indignado por la mofa de sus colegas, y más tratándose de un tema tan personal y delicado como lo era ella, sentenció, levantando un dedo:
—Sí. Me gusta Tema. ¿Y qué?
Suigetsu y Konohamaru, que estaban tomándose una última copa en el jardín después de haber discutido con sus chicas, iban a replicar cuando Naruto, sentándose en una de las hamacas, añadió:
—Vale. Acepto que os riais de mí por todas las veces que yo me he reído de vosotros por decir gilipolleces románticas que yo no comprendía. Pero, por favor, entended que Tema es especial y...
—Pero ¿lo estás diciendo en serio? —murmuró Suigetsu.
Él asintió. Pocas veces en su vida había estado tan seguro de algo y, mirándolos, advirtió:
—No me gustaría que ella se sintiera incómoda por vuestras mofas. Bastante tengo ya con la negatividad de vuestras mujeres.
Los otros dos se miraron.
¿Era Naruto el que hablaba?
Sorprendidos, no sabían qué decir al ver su gesto serio y, cuando iban a hablar, oyeron unos pasos que se acercaban deprisa, y Sasuke, desde lejos, dijo a su amigo:
—Tú... ¿no podías ser más discreto?
Naruto se sorprendió al verlo. Pero ¿qué hacía allí a esas horas?
Estaba contemplándolo cuando Sasuke aclaró:
—Suigetsu me ha enviado un wasap para decirme lo que estaba pasando en el jardín.
—¡Joder! ¡Malditas porteras! —murmuró Naruto.
—Y, la verdad, no me apetecía mucho seguir en la cama con Sakura tras la discusión que hemos tenido —finalizó su amigo con gesto serio.
Antes de llegar hasta donde estaban los otros tres, se paró en la nevera de la barbacoa, y tras coger unas cervezas, se acercó a ellos. Repartió las botellas y luego preguntó, dirigiéndose a Naruto mientras los otros reían:
—¿Cómo estás?
—Jodido...
—Madre mía, cuando se lo cuente a la churri... —se mofó Suigetsu.
—Pues no veas cuando se lo diga a Hanabi..., ¡va a flipar! —exclamó Konohamaru.
Naruto resopló, y Sasuke, entendiendo su gesto, sentenció:
—Aquí nadie va a contar nada o prometo que yo mismo me encargaré de que lo lamentéis.
Suigetsu y Konohamaru clavaron la vista en éste, y él insistió:
—¿No creéis que os estáis pasando?
—¿Pasando? —se mofó Suigetsu—. Llevo media vida soportando que el cabrito este se meta conmigo cuando hablo de mi churri, ¿y crees que me estoy pasando?
Los cuatro sonrieron por aquello; entonces Konohamaru, al observar a Sasuke y verlo tan tranquilo tras lo que habían descubierto, le espetó:
—No me jodas que tú lo sabías...
Naruto y Sasuke se miraron, y Suigetsu insistió:
—¿Sabías que aquí el Mariliendre está colado por Tema?
Naruto resopló. Sin duda todo aquello lo estaba sacando de sus casillas, y su amigo respondió:
—Sí. Lo sabía.
Boquiabiertos, los otros dos se miraron, y Suigetsu, adoptando una expresión más seria, preguntó, dirigiéndose a Naruto.
—Entonces..., ¿es verdad?
Él maldijo para sus adentros. Dejó escapar un gruñido de rabia y, mirándolo, afirmó:
—Joder, ¡sí! Y ahora podéis mofaros de mí llamándome nena sensiblona o lo que queráis como yo he hecho cientos de veces con vosotros.
Konohamaru sonrió.
—Increíble, pero cierto..., tienes sentimientos.
—¡Vete a...!
—Naruto —lo cortó Sasuke al entender su enfado.
Konohamaru asintió. El que más había tratado con él en el último año había sido aquél, por lo que, tras dar un trago a su bebida, indicó:
—Qué cabrito, Naruto..., qué bien me la has colado. ¿Y esto desde cuándo pasa?
Tras mirar a Sasuke, él se dio por vencido y decidió hablar.
Con tiento, les contó que Tema, a pesar de no haber querido tener nada serio con ella, siempre había sido especial. Les habló de Cádiz, de los días que habían pasado allí juntos, de cómo se había sentido dejándose llevar por esa parte de sí mismo que siempre intentaba esconder y de la furia que le había entrado al verla con el tal Shisui.
Cuando acabó, Suigetsu, seguro de lo que decía, murmuró:
—Menudo apollardamiento tienes, macho.
—¡Ya te digo! —asintió Konohamaru.
—Me siento como un completo gilipollas —afirmó Naruto, tocándose el pelo.
—¡Lo eres! —exclamó Sasuke con una sonrisa.
Los cuatro hombres se miraron, y Naruto, consciente de que estaba perdido por completo, preguntó:
—¿Y ahora qué hago? Me he comportado con ella como un auténtico capullo, y... yo...
—Si yo fuera Tema, ni te miraría a la cara —aseguró Suigetsu.
—Y menos teniendo el sueldo de mierda que tienes, que no te va a dar para comprar diamantes —se mofó Konohamaru.
—No me jodas —soltó furioso Sasuke.
Esa misma noche había mantenido una fuerte discusión con Sakura precisamente por aquello, puesto que no entendía que estuviera todo el tiempo hablando de un tema tan delicado como aquél. E indicó a Naruto:
—No te agobies por eso. Es una solemne tontería.
Los cuatro se miraron, y Naruto afirmó:
—Ellas tienen razón. Shisui puede proporcionarle una vida de lujos y tranquilidad que yo nunca podré darle y...
—Pero tú puedes ofrecerle una vida real llena de amor y buenos momentos —lo cortó Sasuke—. Y en ocasiones, amigo, eso vale más que todo el dinero y los diamantes del mundo juntos.
Naruto asintió, y sus amigos se miraron y sonrieron; Sasuke añadió:
—Lo único que tienes que hacer, si lo tienes claro y quieres que ella esté a tu lado, es..., enamorarla.
Naruto puso los ojos en blanco. Él no sabía cómo se hacía eso y, cuando iba a protestar, Suigetsu comentó:
—Macho, prepárate para que te pisoteen.
—No me jodas —replicó.
Sasuke sonrió, entendía por qué su amigo había dicho aquello, y matizó:
—Naruto, ella ha aguantado estoicamente delante de nosotros ciertos momentos complicados porque tú nunca se lo has puesto fácil, y ahora creo que te va a tocar a ti. Por tanto, si lo que quieres es que Tema vuelva a mirarte como te miraba, sólo te digo: paciencia, tolerancia y resignación.
Naruto maldijo.
—Pero yo no soy ella. Yo no tengo su paciencia, ni su...
—Oye —lo cortó Konohamaru—, si de verdad quieres que Tema vuelva a mirarte como te miraba, vas a tener que ganártelo. Y si, tras intentarlo de todas las formas que sabes, ella se niega, debes dar un pasito atrás y asumirlo con resignación como tuvo que hacer ella.
Los tres volvieron a reír, y Naruto maldijo al verlos.
—Me estáis tocando las narices con tanta risita.
Sasuke asintió. Sin duda, estar en el lugar de su amigo no era fácil, e indicó:
—Vamos a ver. La conoces, sabes lo que le gusta y sólo tienes que enamorarla, y...
—No me jodas, Sasuke, que yo de romántico no tengo nada.
—Pues has de serlo. Busca en tu interior, piensa en lo que ella te hace sentir y lo serás —afirmó él con seguridad.
Naruto resopló. Aquello que le pedía era muy difícil. El romanticismo y él siempre habían estado reñidos. Pero entonces Sasuke, recordando con cariño sus momentos con su mujer, insistió:
—Debes conectar con ella a través de una mirada, una palabra, un acto, una sonrisa, una canción... ¡Algo! Estoy convencido de que eres capaz de hacerlo. ¡Joder, macho!, que te enfrentas todos los días a situaciones extremas en el trabajo, y me estás diciendo que no vas a saber enfrentarte a Tema.
Naruto estaba agobiado. Nunca había pensado en nada de aquello, y entonces Suigetsu dijo:
—Hazle ver que para ti ella es lo más importante del mundo y, ojo, sé sincero porque las mujeres tienen un sexto sentido ¡impresionante! Y, como suele decir mi churri, antes se coge a un mentiroso que a un cojo.
Naruto asintió, y Konohamaru matizó:
—Sé romántico y detallista. Eso a las mujeres les gusta. También sonríe y haz que se lo pase tan bien a tu lado que quiera estar contigo más que con nadie. Pero, ojo, como te ha dicho Suigetsu, sé sincero con ella y hazlo bien desde el primer momento, porque en una relación las cosas se notan cuando se hacen de corazón, y ellas tienen un radar especial para sospechar a la mínima de cambio.
Durante un buen rato, Naruto escuchó a sus amigos y, una vez que hubo interiorizado sus consejos, murmuró:
—Creo que voy a fracasar en esto. No soy ni romántico, ni detallista, ni...
—Vamos..., ¡no seas tan pesimista! —replicó Sasuke. Y, dándole un cariñoso golpe en la espalda, añadió—: Lo fácil aburre, pero lo difícil es lo bueno e interesante, ¿no crees?
Él asintió, sin duda su amigo tenía razón.
Entonces, Konohamaru comentó algo acerca de Shisui, y Naruto lo cortó:
—Joder, ¡quiero que me mire a mí como lo mira a él!
—Toc..., toc... —se mofó Suigetsu—. Los celos llaman a tu puerta.
Sasuke sonrió. No había nada peor que los celos, y, observando a su amigo, indicó:
—Tienes que hablar con ella y recordar los consejos que te hemos dado.
—Lo sé —afirmó Naruto aturullado—. Le he pedido una cita. Una cita delante de todos mañana.
A continuación, los cuatro se quedaron en silencio, hasta que Konohamaru murmuró:
—Cuando se entere Idate, se va a descojonar.
—Ni que a mí me importara lo que piense Idate —siseó Naruto molesto.
Konohamaru sonrió, y Sasuke se apresuró a señalar, antes de que dijera nada:
—Vamos, chicos. Todos hemos pasado por un momento así con las mujeres que amamos. Recordad cuando yo me cerré en banda con Sakura y esa noche aparecisteis en mi casa para ver la gala de los Oscar y me atasteis a la silla. ¿Acaso creísteis que me hizo gracia?
—No. —Naruto rio al recordarlo.
—Claro que no —prosiguió Sasuke—. Pero ahí estuvisteis vosotros para ayudarme a abrir los ojos y darme cuenta de que estaba haciendo el idiota por no querer ver ni luchar por lo evidente.
Los demás sonrieron; entonces este último miró a Suigetsu y cuchicheó:
—¿Y tú ya no te acuerdas de cuando tuviste esa crisis con Karin hace dos años, los lagrimones que nos echabas porque necesitabas que ella te diera otra oportunidad?
Él asintió. Había sido una época terrible de su vida.
—Menos mal que os tenía a vosotros para desahogarme.
—Y tú —prosiguió Sasuke, dirigiéndose a Konohamaru —, ¿ya has olvidado lo mal que lo has pasado mientras mi hermana estaba lejos? Porque, que yo sepa, tu paño de lágrimas fue Naruto, ¿o me equivoco?
—No te equivocas —repuso él—. Junto con Belinda, este cabronazo me estuvo soportando, y mucho.
Los cuatro sonrieron. Sus vidas no habían sido un camino de rosas; Konohamaru, mirando a aquel buen amigo que nunca lo había dejado, cuchicheó:
—Serás gilipollas... Mira que enamorarte, con lo bien que vivías, macho.
Eso hizo reír a Naruto. Nunca había imaginado que aquel sentimiento llamado amor algún día pudiera tocarle de lleno el corazón, pero, consciente de que ahora poco podía hacer para remediarlo, chocó su botella de cerveza con la de él y dijo:
—Si te soy sincero, no sé qué ha pasado...
—... que tu corazón la ha cagado —finalizó Konohamaru.
Naruto sonrió. Ni él mismo entendía qué le estaba ocurriendo, y entonces añadió:
—No sé si alegrarme o correr horrorizado por lo que siento.
Eso los hizo sonreír a todos, y Sasuke, con su habitual paciencia, comentó:
—Querrás hacer ambas cosas, porque cuando una mujer entra en tu vida, te aseguro que en ocasiones te volverá loco. Sin embargo, hay una sola cosa que sí sabes. ¿Ya has adivinado cuál es?
Naruto asintió. Miró a aquellos amigos a los que tanto apreciaba e indicó con seguridad:
—No quiero perderla. Eso lo sé al cien por cien.
—La has cagado, macho..., ¡la has cagado! —Suigetsu rio y se llevó las manos a la cabeza.
Entre cuchicheos, los cuatro siguieron hablando de mujeres, hasta que Naruto, abotargado por tanta información femenina y feliz porque no se hubieran enterado de lo de los nombrecitos de Khal Drogo y Temari, dijo:
—Mañana quiero llevarla a cenar fuera, pero, conociendo a vuestras queridas mujercitas, en el momento en que se enteren, sin duda me la van a liar.
—Uoooo, ¡no lo dudes! —exclamó Konohamaru, pensando en Hanabi.
Durante un rato debatieron cómo solucionar aquella crisis, hasta que Sasuke propuso:
—Lo primero es guardar el secreto. Ninguna de nuestras mujeres ha de saber que este gilipollas bebe los vientos por Tema.
—Gracias por lo de «gilipollas».
—De nada —se mofó Sasuke.
—Dei tampoco ha de saber nada —recordó Suigetsu.
—Of course! —afirmó Konohamaru.
Naruto, evitando comentar lo que seguramente Dei pensaba tras lo que había presenciado, por primera vez en mucho tiempo se sintió bien y con fuerzas para hacer lo que deseaba.
En su día a día, aquellos cuatro hombres estaban acostumbrados a enfrentarse a la tensión y el peligro, un peligro más tangible pero quizá menos doloroso del que podía ocasionar el amor, y Suigetsu, consciente del apoyo que debían darse unos a otros, puso una mano al frente; segundos después Konohamaru colocó la suya sobre la de su amigo, luego lo hizo Sasuke y, cuando todos miraron a Naruto, éste preguntó:
—¿En serio hay que hacer estas polladitas?
—Es un pacto de silencio entre hombres —indicó Suigetsu.
Él sonrió y, sin más, posó la mano sobre las de aquellos buenos amigos y compañeros.
—«Operación Mariliendre Enamorada» en marcha —dijo entonces Sasuke.
—«¡Operación Mariliendre Enamorada?» —se mofó Suigetsu.
—¡No me jodas! —protestó Naruto ante las risas de los demás.
Durante un rato, los cuatro rieron por el nombre que le habían puesto a la misión, hasta que finalmente Naruto sentenció:
—Vale..., vale..., la llamaremos así, pero ni una palabra de esto a nadie, ¿entendido?
Todos asintieron, y Konohamaru musitó:
—Por suerte, Idate se ha marchado con esa chica y regresará para el cumpleaños de Dei.
—Sí. ¿Y...?
—Que al menos ése no te dará el tostón ni se mofará de ti.
—Uno menos al que soportar —señaló Naruto riendo.
Sasuke, que estaba pensando en cómo organizarlo todo para que las chicas no se enteraran, propuso:
—Mañana, cada uno de nosotros tiene que llevarse a su mujer a pasar la tarde y la noche fuera sin contar con el resto. Debemos salir con un cuarto de hora de diferencia cada uno a partir de las cuatro de la tarde, ¿os parece? —Los demás asintieron, y añadió—: A ojos de ellas debe parecer una locura romántica surgida en el momento tras tanta discusión, ¡eso les encanta!, y evitemos que se comuniquen entre ellas.
—¿Y cómo le quito yo el móvil a Hanabi, si es un apéndice de ella?
Los demás soltaron una carcajada, y Sasuke replicó:
—Eso ya lo decides tú. Pero que no se lleve el teléfono o la liará. Yo me encargo de que Sakura no lleve el suyo, y tú lo mismo con Karin, ¿entendido?
Suigetsu y Konohamaru asintieron, y luego este último dijo:
—¿Y Dei?
Sasuke asintió.
—Tranquilos —aseguró—. Mañana hablo con Sasori y le cuento lo ocurrido, él nos ayudará. —A continuación, se dirigió a Naruto—: Tendrás la casa para ti solo durante toda la tarde y toda la noche. Aprovéchalo.
—Pensaba invitarla a cenar fuera —repuso él.
—Ni hablar. Organiza algo más íntimo.
—Apoyo la idea —convino Konohamaru.
Al entender lo que aquéllos insinuaban, Suigetsu indicó:
—Tío, invítala fuera otro día y mañana esmérate y prepárale algo de cena que sepas que le gusta. Si hay algo que a las mujeres les encanta es que les preparemos una cenita. Según dice mi churri, cuando lo hago me ve el doble de sexy.
Sorprendido, Naruto miró a sus amigos y, al ver que todos asentían, iba a protestar cuando Sasuke confirmó:
—Sí, amigo. A las mujeres les gusta que cocinemos para ellas.
—Con delantal incluido —apostilló Suigetsu.
Boquiabierto, Naruto iba a decir algo cuando Konohamaru añadió:
—Hazle el solomillo a la pimienta ese que sabes hacer. Te sale de lujo, estoy seguro de que le encantará.
Él asintió, a Tema le gustaba la carne, pero murmuró descolocado:
—Nunca he cocinado para una mujer.
—Pues ya va siendo hora, ¿y quién mejor que Tema? —afirmó Sasuke.
—Casa para ti solo —prosiguió Konohamaru—, tarde de piscina, cenita, botellita de vino y musiquita. ¡Macho..., lo tienes todo! ¡Aprovéchalo!
Naruto sonrió.
Nunca había organizado algo así para nadie, y menos para una mujer; miró a sus amigos y murmuró:
—Menuda panda de marujas que estáis hechas.
Sasuke soltó una risotada y, agarrando el hombro de su amigo, declaró:
—Pues sólo te digo una cosa: ¡bienvenido al club!
Los cuatro chocaron sus cervezas y rieron. La operación Mariliendre enamorada comenzaba.
Esa noche, una vez a solas en su habitación, Naruto pensó en algo que le había comentado Sasuke y, poniéndose los auriculares, buscó en su móvil una canción. Segundos después, cuando comenzó a sonar The Last Time de Eric Benét, el vello de todo el cuerpo se le erizó y en su mente aparecieron imágenes de Tema sonriendo.
Incapaz de no hacerlo..., él también sonrió y saboreó aquello llamado magia.
