Capítulo 63

Cuando Naruto llegó a la habitación que ocupaba, dio un portazo al entrar.

Sabía perfectamente que no debía dejarse llevar por esa gilipollez del amor. Sabía que aquello sólo podía provocarle sufrimiento, como le había sucedido a su hermano fallecido, y maldijo. Maldijo por ser tan tonto y creer que él podría resolver un problema que sin duda ya no tenía solución.

Abrió el armario y miró su ropa.

Deseaba irse, marcharse de allí.

Si no tenía ya bastante con saber que Tema lo odiaba, y era consciente de que ella estaba enamorada de Shisui, tendría que soportar también las mofas de sus amigos y, casi con toda seguridad, cuando regresaran, también las de sus mujeres en cuanto Tema les contara lo ocurrido.

Todo estaba en su contra.

Todo lo agobiaba.

Estaba sacando su maleta del armario cuando la puerta de la habitación se abrió de par en par y Tema preguntó, mirándolo:

—¿Qué se supone que estás haciendo?

Él no respondió.

Todo lo que tenía que ver con ella lo sorprendía; Tema cerró tras de sí de un portazo, se acercó a él y, encarándosele, siseó:

—No me gusta que me dejen con la palabra en la boca.

Naruto suspiró. Sin duda había abierto la caja de Pandora, y, poniendo su maleta sobre la cama, dijo:

—Vale. Admito que acabo de hacer las cosas mal una vez más, dejándote con la palabra en la boca.

—Eres un... un... ¡idiota!

—OK.

—Un... ¡imbécil!

—OK —volvió a asentir él—. ¿Algo más?

Tema estaba tan enfadada que comenzó a decirle todo lo que pensaba de él.

Todo lo que se había guardado durante años en su interior, y él ni se movió. Sólo la escuchó estoicamente y, cuando ella al final calló, preguntó con gesto apesadumbrado:

—¿Algo más?

Atónita, parpadeó. La chulería del policía la sacaba de sus casillas, y respondió:

—¿Te parece poco lo que te he dicho?

Con gesto serio, Naruto no respondió, sino que, dando media vuelta, se dirigió al armario.

Segundos después, al ver que sacaba un pantalón, ella se lo quitó de las manos y, tirándolo de malos modos al fondo de la habitación, preguntó:

—¿Adónde se supone que vas?

Con paciencia, Naruto caminó hasta el pantalón, lo recogió del suelo y, doblándolo, dijo, tras meterlo en la maleta:

—Me voy a casa. A España. No aguanto que sigas pisoteándome ni un segundo más.

Una vez que se dio la vuelta para coger otro pantalón, ella sacó el que había metido en la maleta y, tirándolo otra vez al suelo, siseó:

—¿Te vas a ir dejándome así?

Al ver el pantalón de nuevo en el suelo, Naruto resopló. Sin duda Tema le estaba buscando las cosquillas. Y, recogiéndolo, lo volvió a doblar y, tras meterlo en la maleta de nuevo junto al que acababa de colocar, reconoció:

—He entendido tus reproches y no tengo nada que decir al respecto porque tienes toda la razón. Y ahora, ¿podrías hacer el esfuerzo de entenderme tú a mí y acabar con este numerito?

—¡¿Numerito?! —chilló ella.

Ofuscado al ver que cada vez la ponía más nerviosa, Naruto no sabía cómo reaccionar. Estaba acostumbrado a que las mujeres le bailaran el agua, pocas veces discutía con ellas, y nunca en los términos que lo estaba haciendo con aquélla, por lo que suspiró e indicó, mientras intentaba no ponerse a su nivel.

—Mejor dejémoslo. No hay nada más que hablar.

El malestar, la indignación y el cabreo de la joven crecían por momentos, por lo que, agarrando los dos pantalones con toda su mala leche, los arrojó al otro lado de la habitación y gritó, mirándolo:

—Pero, ¡vamos a ver, pedazo de burro insensible: me dices que estás loco por mí y, a la primera de cambio, en cuanto te llevo la contraria, ¿te vas?!

Naruto se detuvo. No entendía a las mujeres.

—Me acabas de decir que amas a Shisui —repuso—. ¿Qué quieres que haga?

La joven no supo qué contestar, ella misma ya se estaba liando, y entonces él añadió:

—Me voy para no incomodarte, para no incordiarte, para no atosigarte y dejar que lo tuyo con Shisui fluya con normalidad. Tengo ojos y oídos y sé cuándo sobro en un sitio, y...

—Anoche dijiste que sentías algo por mí. Anoche me suplicaste una cita. Anoche me...

—Anoche —la cortó él, levantando la voz— pensé que era buena idea la cita, la cena y poder hablarte de lo que sentía por ti. Pero, visto lo visto, me he dado cuenta de que no merece la pena. Y no merece la pena porque lo quieres a él. Porque yo soy un cabrón. Porque soy el tío que te ha destrozado. Porque soy la mala persona que te hizo sufrir marchándose con otras mujeres y, por todo eso, has decidido que sobro en tu vida y no merezco una oportunidad porque...

No pudo decir más.

Tema se abalanzó sobre él y, besándolo, lo hizo callar.

No sabía si estaba haciendo bien o mal. Sólo sabía que lo deseaba, que lo necesitaba y, sobre todo, que no quería que desapareciera de su vista.

Bloqueado y desconcertado por cómo se desarrollaba la noche, sin entender ahora ese beso, él la apartó y preguntó:

—¿Qué narices estás haciendo?

Tema lo miró. Esa pregunta sobraba y, sin moverse, contestó:

—Besarte.

Alucinado, el geo parpadeó. Él, que se creía un experto en mujeres, de pronto se estaba dando cuenta de que no sabía nada de ellas.

—El sexo entre tú y yo siempre ha funcionado —dijo ella entonces.

—Escucha... —repuso, separándola.

Necesitada de él, Tema se le acercó de nuevo, pero él añadió:

—Asumo que soy un cabrito, pero, si me conoces, sabes que si sé que una mujer está casada o a punto de hacerlo no me acerco a ella, y tú..., por lo que dices, estás en capilla.

A cada segundo más acalorada, Tema asintió. Tenía razón, conocía aquel pequeño detalle de él, e indicó:

—No confundas el sexo con el amor. Ahora sólo te pido sexo.

Molesto, Naruto dio un paso atrás y siseó:

—No continúes por ese camino.

—¿Por qué? ¿Desde cuándo desaprovechas tú una proposición?

Él maldijo. La miró con deseo, pero, enfadado por su frialdad, gruñó:

—Desde que sé que estás a punto de casarte. ¿O has olvidado ese pequeño detalle?

Al oírlo decir eso, Tema comprendió que algo había cambiado en él. Y, buscando su cercanía, se acercó a él de nuevo e indicó desde el corazón:

—Olvídate de ese detalle y céntrate en mí.

—No.

—Vamos, Gordunflas.

—Te vas a casar.

—Merezco mi despedida de soltera, ¿no?

Naruto no se movió. Con gesto extraño, la miró. Cada vez la entendía menos; entonces ella prosiguió:

—Soy consciente de que has intentado crear una noche bonita. Me has preparado una maravillosa cena, has comprado un excelente vino, y yo, a la primera de cambio, me he tirado a tu cuello a morder y...

—Joder..., qué rarita eres —murmuró él sin entender.

Sin duda era rara; dio otro paso hacia él y lo oyó protestar:

—He dicho que no, Tema.

—Me deseas —repuso ella, tentándolo como una tigresa.

—No soy tu juguetito sexual.

Tema sonrió y, sacando ese lado salvaje que a Naruto tanto le gustaba, agarró la maleta, la tiró al suelo y, dejando la cama libre, murmuró:

—Quiero sexo.

Lleno de incredulidad, él parpadeó y recordó aquello que sus amigos le habían dicho de que las féminas cuando decían «blanco», en realidad querían decir «negro», y viceversa, y frunciendo el entrecejo, cuchicheó:

—Tema..., no sé qué te pasa, pero...

—Te deseo...

A cada instante más descolocado, él dijo:

—Pero ¡si me acabas de asegurar que amas a Shisui!

La joven sonrió y, dando otro paso más hacia él, indicó:

—Te he dicho que no confundo el amor con el sexo; ¿estás sordo?

De nuevo Naruto tuvo que callar cuando ella se apoderó de sus labios. Aquellos labios que tanto deseaba besar, y esta vez no pudo resistirse. Con necesidad, deleite y exacerbación, la pegó totalmente a su cuerpo y, cuando el beso acabó, ella murmuró, mirándolo:

—Hola, Khal Drogo, soy Temari.

Dándose por vencido, el policía sonrió.

Sin duda, estaba tan loca como él y, tras quitarle las gafas, las tiró sobre la cama.

Después tumbó a la joven y, por último, sentándose sobre ella, le besó el cuello.

Besos...

Caricias...

La ropa voló por la habitación y, una vez que estuvieron desnudos por completo, él le hizo el amor con tal pasión y devoción que Tema se sintió en el séptimo cielo.

Los sentimientos por ambas partes consiguieron que aquella unión fuera especial, diferente. De pronto tocarse era increíble. Besarse, impresionante. Mimarse, extraordinario. Mirarse, asombroso.

Todo, absolutamente todo era mágico y exclusivo, y Naruto, hechizado por el momento, cuando quedaron agotados y jadeantes, murmuró, mirando al techo:

—¡Ha sido fantástico!

Ella asintió y, acalorada, afirmó:

—¡Increíble!

Como un novato en ciertas lides, Naruto la miró y, acercando su boca a la de ella, preguntó:

—¿Sigues odiándome?

Tema, olvidándose de la discusión, afirmó:

—Un poquito.

Naruto asintió y, como necesitaba estar con ella, mimarla, hacerla sentir especial para que creyera en él, preguntó:

—¿Y qué puedo hacer para que ese poquito desaparezca?

Sintiéndose especial por cómo la miraba, Tema deseó facilitarle un poco las cosas.

—Creo que si me das un beso aquí —cuchicheó, señalándose la punta de la nariz, la mejilla, un ojo y la frente—, ese odio podría desaparecer.

Con una maravillosa sonrisa, Naruto se incorporó y, sentándose sobre ella, se inclinó y, con mimo, le besó la punta de la nariz, la mejilla, un ojo y la frente. Cuando acabó, acercó sus labios a los de ella y musitó:

—Y añado este beso, por si aún queda un poquito de ese odio.

Satisfecha y atontada por aquel Naruto cariñoso y detallista, durante horas la joven disfrutó de sus besos y sus caricias mientras se hacían el amor.

Entre ellos sobraban las palabras, sin duda querían hechos, mimos, vivencias, y cuando horas después estaban sentados bebiendo agua en la cama, Naruto dijo:

—¿Puedo preguntarte algo?

—Puedes...

Sin duda lo que iba a preguntar era una indiscreción, pero, incapaz de callarlo un segundo más, dijo:

—¿Ese anillo que llevas en el dedo significa algo para ti?

A la joven le hizo gracia su pregunta, y respondió:

—Por supuesto.

Saber aquello a Naruto le dolió y, sin decir más, se levantó y se dirigió a la ducha, y ella se le unió segundos después.

Más tarde, tan sólo vestidos con unas camisetas, bajaron al salón de la mano, donde, al ver la bonita mesa que horas antes había dispuesto Naruto, ella comentó:

—Me muero de hambre.

En silencio se acercaron a la mesa y rápidamente, entre los dos, metieron las setas y la carne en el microondas. Una vez que estuvo todo caliente, se sentaron de nuevo y, cuando Tema se metió un bocado de setas en la boca, murmuró:

—Siguen estando buenísimas.

Naruto asintió y comenzó a comer como ella. Estaba famélico.

Después de comer, sacó del congelador un recipiente con helado de nata. Era el sabor preferido de Tema, y, sin utilizar las bonitas copas que tenía preparadas, agarró dos cucharas y, acercándose a ella, le tendió la mano y dijo:

—Ven conmigo.

Ella la aceptó y lo siguió hasta el sofá. Se sentaron y él le entregó una cuchara y luego abrió la tapa del helado.

—Creo que, llegados a este punto —comentó—, las copas de cristal de Murano sobran, ¿no te parece?

La joven sonrió y, cogiendo un poco de helado de nata, lo degustó y confirmó:

—Tienes toda la razón.

Entre risas, comieron el rico helado hasta que Naruto señaló:

—Sé que es difícil creer lo que digo, pero no puedo dejar de pensar en ti. Quizá soy un egoísta como me has llamado al comienzo de la noche, y al ver que otro que no soy yo es quien recibe tus atenciones, me...

—¿Celoso? —preguntó ella mirándolo.

Incapaz de mentir, Naruto asintió.

—Mucho. Y aunque merezco que ni me mires por cómo yo me comporté contigo, si me lo permites, me gustaría demostrarte que soy capaz de cambiar por ti.

El corazón de Tema latía a toda velocidad.

Eso que estaba oyendo era, como poco, inaudito, y Naruto, al ver su expresión, afirmó:

—Tema, el primer sorprendido en todo estoy soy yo. Y, aunque sabes que soy un tío muy seguro, te prometo que me siento como un colegial el primer día de instituto. No sé qué hago, no sé qué puedo esperar de esto, pero lo que sí sé es que no puedo dejar de pensar en ti.

La joven sonrió.

Lo que le decía era muy bonito, pero, sin querer hacerse ilusiones, pues con alguien como Naruto sería una tontería, repuso:

—Me halagan tus palabras, pero en mi vida ahora está Shisui, y él es mi máxima prioridad.

Lucas asintió.

Oír aquello era desesperante, pero, buscando esa paciencia y esa tolerancia que sus amigos le habían indicado que debía tener, preguntó:

—Tú y yo siempre lo hemos pasado bien, ¿verdad?

—Sí —asintió ella, y al ver cómo él la observaba, añadió—: Con Shisui también me lo paso muy bien.

Naruto cerró los ojos. No sabía hasta cuándo iba a poder seguir escuchando aquello, pero los abrió y contestó:

—Yo haré que te lo pases todavía mejor conmigo.

A cada instante más sorprendida, ella asintió, y a continuación él dijo:

—Nada me gustaría más que dejaras de estar con él y te centraras en mí.

—Imposible.

—¿Por qué?

Tema pensó en sus amigas.

Si ellas supieran lo que estaba ocurriendo, le dirían que saliera huyendo de allí.

Pero, no queriendo desvelar la mentira en la que vivía y que hacía creer a Naruto, respondió:

—Porque Shisui me hace sentir especial.

Él asintió.

Pero su gesto extraño desconcertó a Tema, que le preguntó:

—¿Qué pasa?

El policía suspiró. Se estaba arrastrando por ella. Se estaba dejando pisotear y, aun así, ella sólo lo quería para el sexo.

—¿Me estás diciendo que Shisui es el hombre con el que te vas a casar y yo sólo soy el amante de turno? —gruñó.

Sorprendida por la imagen que estaba dando, Tema parpadeó. Aquello era una locura, pero, incapaz de dar marcha atrás por miedo a como él pudiera reaccionar, afirmó:

—Sí.

Desconcertado por completo, Naruto se rascó el cuello. En la vida se habría imaginado viviendo una situación como aquélla.

Pero Tema merecía la pena y, por ella y por conseguir que volviera a mirarlo como antes, se dejaría pisotear. Entonces, recordando algo que le había contado Sasuke, se levantó y, mirándola, dijo antes de desaparecer:

—Dame dos segundos. Enseguida regreso.

Asombrada, ella asintió y, quedándose sola sentada en el sofá, se metió una nueva cucharada de helado en la boca mientras los nervios se apoderaban de su cuerpo una vez más. Pero ¿qué locuras estaba haciendo y diciendo?

Siguió comiendo helado compulsivamente al tiempo que pensaba si todo lo que aquél decía podía ser cierto.

¿De verdad Naruto estaba enamorado de ella?

Estaba pensando en ello cuando él regresó con el móvil en las manos y, enchufándolo al equipo de música, dijo:

—Un amigo hace poco me habló sobre algo, y quiero probarlo contigo.

Sin entender a qué se refería, Tema se levantó del sofá, dejó el helado sobre la mesa y, acercándose a él con total confianza, preguntó:

—¿Qué quieres hacer?

Naruto, sonriendo, le enseñó un pañuelo.

—He de ponerte esto alrededor de los ojos.

—Ah, no..., ¡ni hablar, que te conozco! —exclamó ella riendo.

Pero él, sin moverse, insistió:

—Sólo escucharás una canción.

—¿Qué canción?

Naruto no respondió. Quería comprobar si la canción causaba el mismo efecto en ella que en él, y al final dijo:

—Sólo es una canción.

Tema cada vez entendía menos y, sorprendida, preguntó:

—¿Y para qué sirve eso?

Él la miró divertido y contestó:

—Para ver si esa canción es tan especial para ti como para mí.

Nerviosa, ella permitió que le vendara los ojos, y cuando segundos después los primeros acordes de The Last Time comenzaron a sonar, inevitablemente el vello del cuerpo se le erizó y Tema sonrió.

Naruto, que permanecía en silencio frente a ella, aspiró con fuerza al ver su sonrisa. Sentir que esa canción significaba para ella lo mismo que para él le hizo saber que aún tenía alguna posibilidad de reconquistarla.

En silencio, Tema escuchó la preciosa y especial canción que la había enamorado desde el primer día. Y, como necesitaba tocarlo, sentirlo, extendió la mano, y él, sin dudarlo, se la cogió.

Como la protagonista de un videoclip, así se sintió la joven mientras por su mente pasaban imágenes de ellos riendo, discutiendo, besándose, enfadándose, mirándose con complicidad.

Esa canción, su letra, su melodía..., potenciaba lo que sentía por Naruto y, cuando acabó y él le retiró la venda de los ojos, como un tonto murmuró, quemando todos sus cartuchos:

—Es escuchar esta canción y pensar en ti y desear tenerte a mi lado, porque, si no es así, sé que voy a perder a la persona más especial, más bonita y más auténtica que jamás conoceré en la vida.

—Naruto...

—Cuando la escucho siento magia.

Oírlo decir aquello era, como poco, ¡increíble!, y entonces él continuó:

—De pronto recuerdo esos momentos que yo nunca había tenido en cuenta pero que inevitablemente mi mente había guardado a la espera de que un día me percatara de lo importante que eres para mí y de lo tonto que fui. Recuerdo nuestro primer beso, nuestro primer día en tu casa, nuestras risas viendo una película... ¡Lo recuerdo todo!

Emocionada, Tema acercó sus labios a los de él. Aquello era magia. Por lo que, sin hablar, lo besó con deseo, delirio y amor.

Naruto...

Cuando el Naruto tierno aparecía, se sentía perdida del todo, y cuando el romántico beso acabó, iba a decir algo, pero él murmuró:

—No quiero perderte, Gafitas. Eres demasiado importante para mí, y si tengo que luchar contra Shisui para ganarme tu amor, lo haré. Lo haré por ti.

Alucinada, atontada y por completo hechizada, ella sonrió y volvió a besarlo. Tras lo que él había dicho, sobraban las palabras.