Capítulo 64

Al día siguiente, cuando Naruto y Tema estaban tomando el sol en la piscina, sus amigos fueron apareciendo poco a poco.

Los primeros fueron Sakura y Sasuke, y, tras ellos, Dei y Sasori. A éstos los siguieron Suigetsu y Karin, y, cuando entraron por la puerta Hanabi y Konohamaru, ella exclamó, mirándolos a todos:

—¡Nos casamos!

Los demás los contemplaron boquiabiertos, y Naruto, que estaba al corriente de lo sucedido la última vez que Konohamaru había planteado el tema, lo miró, y él, con una sonrisa, asintió, enseñándole un anillo plateado. Hanabi, feliz, le hacía mostrar el anillo que ella le había comprado en un mercadillo, mientras todos reían sorprendidos.

Pero ¿no se suponía que debía ser el hombre el que le comprara el anillo a la mujer?

—Me encanta —afirmó Sakura, admirando la sortija de Konohamaru—. Me gusta más que un diamante.

—Aisss, tonta —se mofó Karin—. No sabes lo que dices. Donde esté un diamante, que se quite una baratija de mercadillo.

Sakura sonrió y, observando a su cuñada, le guiñó el ojo. No ponía en duda que aquel anillo fuera tan especial para ellos.

Durante un rato, la algarabía formada por la noticia los hizo olvidarse de que Naruto y Tema se habían quedado solos en aquel casoplón la noche anterior, hasta que, después de comer, las chicas, Dei incluido, le hicieron un tercer grado.

Lo que no sabían era que Naruto y ella, conscientes de que eso iba a ocurrir, habían trazado un plan, que consistía en decir que Tema había salido a cenar con Jens y unos amigos, y Naruto, con la morena que había conocido algunas noches atrás.

El geo, especialista en trazar planes minuciosamente, se lo facilitó todo de tal manera que las chicas creyeron a pies juntillas sus respuestas. Y, cuando quedaron satisfechas con sus preguntas, Tema suspiró aliviada.

Sin duda, ¡iba para actriz!

Por su parte, Sasuke, Konohamaru y Suigetsu, sin necesidad de hacerle un tercer grado a Naruto, supieron que la cosa había ido bien. Con un simple gesto, todos lo entendieron y no preguntaron más.

¿Para qué?

Durante ese día, Naruto y Tema intentaron no mirarse ni rozarse. Cualquier movimiento en falso podía delatarlos, por lo que cada uno continuó en su papel, a pesar de que Dei los miraba y sonreía. Sin duda, aquél no se tragaba su papelón.

Por la tarde, Shisui telefoneó a Tema, y ésta, al ver su nombre en la pantalla, se levantó y se alejó del grupo para hablar con él.

Desde la distancia, y con disimulo, Naruto la observaba. Sin preguntar, sabía muy bien con quién hablaba, y los celos una vez más llamaron a su puerta. Entonces Sasuke, que estaba a su lado, dijo mirándolo:

—Tranquilo.

Pero pedirle tranquilidad a Naruto en un momento así era complicado, y éste siseó:

—Joder, macho...

Sasuke sonrió. Si aquello le estuviera pasando a él, sin duda tampoco sabría qué era la tranquilidad, pero, intentando ayudar a su amigo, insistió:

—Aunque todo fuera bien entre vosotros ayer, no debes presionarla en exceso o corres el riesgo de que...

—Lo sé..., lo sé... —afirmó él.

Sin moverse de su sitio, con todo el disimulo del mundo, durante el rato que Tema habló por teléfono intentó tranquilizarse. Saber que hablaba con Shisui y que sus sonrisas iban dirigidas a él lo tenían en un sinvivir, y cuando no pudo más, se levantó y se metió en la cocina. Necesitaba beber agua fresca.

A solas, bebió agua fría de la nevera y, al cerrar el frigorífico, se encontró con Dei, que, mirándolo, cuchicheó:

—¿Algo que contarme, my love?

Naruto negó con la cabeza, y él insistió:

—¿Seguro?

—Segurísimo —afirmó el policía.

Dei asintió y, con una sonrisa, se retiró el pelo de la cara e indicó:

—Ah..., pues entonces les preguntaré a Hanabi y a Sakura si saben ellas por qué estabas el otro día sobre mi queen Tema en la cama... ¡Os pille, ¿lo recuerdas?!

Según iba a dar media vuelta, Naruto lo sujetó del brazo. Claro que lo recordaba.

—Mi querido Mariliendre —murmuró Dei—, ¿qué ocurre?

Naruto maldijo. Dudaba qué responder y, sin soltarlo, finalmente indicó:

—Ni se te ocurra hablar con nadie sobre lo que viste.

Dei susurró:

Oh, my God... ¿Por qué?

Naruto maldijo. No sabía si aquél había podido hablar con Tema, y siseó:

—Dei..., no está el horno para bollos. Por favor, no la líes más.

El otro, que de tonto no tenía un pelo, sonrió. Y, recordando su actitud cuando Tema se fue a la gala con Shisui, preguntó:

—Entonces ¿es cierto?

Naruto aflojó la fuerza que ejercía sobre su brazo y preguntó:

—¿El qué?

El otro musitó emocionado:

—¿Estás celoso de Shisui?

Naruto maldijo, y Dei, al ver su gesto, casi gritó:

—¡Por el amor de Diorrrrrrrr! ¿Es verdad?

Él enseguida le ordenó callar.

—Mira, no te metas donde no te llaman, ¿de acuerdo? Bastante difícil y complicado está siendo ya.

Ese descubrimiento le alegraba la vida y el alma a Dei, que, bajando la voz, afirmó:

—Shisui no va a renunciar a ella, lo sabes, ¿verdad?

Naruto volvió a maldecir, pero aseguró:

—El que no va a renunciar a ella soy yo.

—Esto es increíble... Amazing! —aplaudió Dei encantado.

—¡Ya vale! —lo cortó él—. Y te pido, por favor, que guardes silencio. Si Hanabi o Sakura se enteran, harán todo lo posible por...

—Uisss..., esas brujas —se mofó aquél—. Sin duda, como se enteren te harán la vida impossible, y a mi pobre Desastrito, ¡ni te cuento! Por nada del mundo querrán que vuelva a acercarse a ti.

—Soy consciente de ello.

Luego se quedaron en silencio, hasta que Naruto, mirándolo, preguntó:

—¿Puedo contar contigo para que me eches una mano con Tema?

Encantado, Dei sonrió. Siempre le había gustado la pareja que hacían esos dos, pero, pensando en que tendría que hacer un doble juego, murmuró:

—Lo siento, my love, pero no quiero tener en mi contra a esas dos tigresas.

—Dei...

—No..., no... No...

El policía suspiró. La ayuda de su amigo le habría ido de lujo; entonces éste preguntó:

—Oye..., ¿Tema qué piensa de esto?

Naruto volvió a beber agua de la botella y, con cierta rabia, respondió:

—Piensa que lo mío es un farol y que se va a casar con Shisui. Eso es lo que piensa.

Dei asintió. Lo que había entre Shisui y Tema sí que era un farol, pero, sin desvelarlo, respondió:

—Mi consejo, my love, es que vayas pasito a pasito, como dice la canción. No tengo que decirte que Tema está muy dolida contigo y que te lo vas a tener que trabajar mucho..., mucho, si quieres que ella se desenamore del divine de Shisui y vuelva a confiar en ti.

Él suspiró, y se disponía a decir algo cuando Sakura entró en la cocina.

—¿Qué ocurre? —preguntó.

Naruto y Dei se miraron y, enseguida, este último dijo:

—Le estaba diciendo a este... este ¡salvaje! que cogiera un vaso y no bebiera directamente de la botella, ¡qué horreur!

Naruto sonrió y, con chulería, guardó la botella en la nevera y, sin decir más, salió de la cocina, y en ese momento Dei cuchicheó:

—Qué morbo tiene este X-Man... ¡Qué espalda!

Sakura sonrió al oírlo y, dos segundos después, ya estaban hablando de otra cosa.