Disclaimer: Los personajes de Naruto no son míos, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, es de College n Curls y fue beteada por Tamashitsumo.
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Volverse Odiado
Sasuke frunció el ceño mientras nadaba en el interminable mar de oscuridad que lo rodeaba. Su cuerpo se sentía liviano contra la marea negra y su visión era inextricablemente similar a cuando estaba despierto. Lo único diferente era que la única compañía que poseía era el sonido de su propia voz e incluso eso había llegado a ser tedioso. Le impresionaba cuán fácilmente uno podía cansarse de sí mismo. Suspiró, permitiendo que una fuerza invisible lo arrastrara. Poco a poco trató de concentrarse solo en sentir, era la única forma de mantenerse cuerdo cuando estaba encerrado en su propia mente.
Cada célula de su inconsciente mente vibraba simultáneamente y le permitía sentir de formas en las que no podía cuando estaba despierto. Cuando estaba consiente, la oscuridad era la misma, pero su cuerpo no era suyo, era torpe y francamente inútil ¿para qué diablos estaba Konoha manteniéndolo con vida? Preferiría morir antes que permanecer tan inepto como lo era actualmente. De todos modos, no valía nada para ellos sin sus ojos. Él gimió cuando su cuerpo comenzó a retraerse y la marea a su alrededor disminuyó hasta desaparecer.
Poco a poco, la oscuridad retrocedió hasta volverse gris. Al principio era algo diminuto, pero poco a poco el negro comenzó a desvanecerse hasta que estuvo rodeado por nada más que una suave luz amarilla. Parpadeó, inseguro de si lo que estaba viendo era real o no. Se sentía real, casi como si hubiera mirado la misma luz durante años y aún... se sentía mal. Debajo de él, la marea en la que había estado flotando se había convertido en algo suave y sólido. Sus dedos agarraron lo que se sentían como sábanas.
Trató de mover los dedos de sus pies, los cuales generalmente estaban entumecidos, pero respondieron bien al intento. Se incorporó alarmado de poder mover con tanta libertad su propio cuerpo. Miró hacia abajo a esas manos que eran rosadas, suaves e inocentes, era como si nunca hubieran sostenido un kunai contra la garganta de un hombre que suplicaba por su vida. Sorprendido, miró sus piernas que estaban enredadas en las sábanas de color azul oscuro y se sorprendió al encontrarlas libres de las cicatrices que sabía que deberían estar allí.
—Sasuke —una voz suave llamó y sus ojos se dispararon a la figura en la entrada—. Ya es hora de que despiertes dormilón.
La figura permaneció allí serenamente con una brillante sonrisa en su rostro mientras se secaba las manos en el borde de su delantal color canela. Su cabello negro, idéntico al suyo, caía por la espalda de la mujer y se balanceaba incluso con los más pequeños movimientos. Se quedó sin aliento cuando abrió los ojos y los ojos negros del clan Uchiha le devolvieron la mirada.
«Madre» pensó, su aliento quedo atrapado en su garganta y casi se asfixió.
Su madre notó su incomodidad y cruzó la habitación hasta que se sentó junto a él en el borde de la cama. El calor irradiaba de ella cuando se inclinó más cerca con una mirada pensativa en sus ojos y puso una mano en su frente. Ese olor a lavanda y vainilla envolvió sus sentidos, causando que la piel se le erizara.
—Sasuke, ¿estás bien? ¿Te sientes enfermo hoy? —preguntó, bajando su mano desde su frente para acariciar su mejilla.
Abrió la boca para responder, pero no salió ningún sonido, su expresión amable cambió a una de genuina preocupación. Ella se inclinó más cerca y el olor se hizo más fuerte.
—¿Sasuke?
—Sasuke…
Como si hubiera salido del agua cuando estaba casi a punto de ahogarse, Sasuke respiró hondo y volvió a abrir los ojos. Esta vez, la oscuridad había regresado y su cuerpo era una vez más se sentía extraño, sin embargo, el olor se mantuvo y le revolvió el estómago. Los recuerdos de su madre fueron reemplazados rápidamente por la imagen de ella acostada boca abajo en un espeso charco de su propia sangre. Incapaz de controlarse, se inclinó hacia lo que esperaba que fuera el costado de su cama de hospital y permitió que el contenido saliera de su cuerpo, el olor era tan horrible que vomito un poco más.
—Sabía que esto pasaría —una voz suave suspiró—. Sakura no debería haber bajado la dosis de tu medicamento.
El Uchiha gimió cuando termino de vaciar la bilis de su estómago. Su garganta estaba en llamas y su estómago seguía revuelto, amenazando con un resurgimiento de la enfermedad estomacal. No le quedaba nada por devolver. Gruñó ante el olor pútrido y se limpió torpemente la boca y el mentón con el dorso de la mano. Unas suaves manos presionaron sus hombros contra la cama y su cuerpo se estremeció ante su toque.
—Uchiha-san. Soy solo yo —dijo, pero eso no hizo nada para que se relajara.
Él sabía exactamente quién era ella, Hinata, su torturadora y la ruina de su lamentable existencia. Mientras escuchaba como ella limpiaba el desastre que él había hecho, un malestar comenzó a asentársele en la boca del estómago. Prefería estar solo con sus propios e irritantes pensamientos que estar en la presencia de esta mujer. Su tratamiento silencioso, solo era roto a los poco minutos y eso le molestaba. La forma en que lo tocaba, como si estuviera a punto de explotar, lo enfurecía. La forma en que ella jodidamente respiraba, lo molestaba. Sin embargo, lo que más le molestaba era el hecho de que él no era nada más que un tonto y que estaba total y patéticamente indefenso bajo las yemas de sus dedos y que estos hacía arder su cuerpo.
No había otra manera de describir la sensación que él tenía hacia ella excepto por el odio. Su deseo de matarla aún no había menguado a pesar de que ella afirmaba que lo estaba ayudando. Hizo una mueca, un pequeño gemido de disgusto escapó de sus labios cuando sintió las yemas de esos fríos dedos presionar contra su corazón antes de retirarlos rápidamente.
—Lo intentaremos de nuevo mañana —y con eso, ella se fue.
Sin embargo, su olor aún persistía y con cada segundo que pasaba, los recuerdos no deseados de una mujer muerta comenzaban a resurgir.
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—Serian dos mil ryo querida —la anciana dijo, tendiéndole una mano arrugada a la heredera Hyūga para recibir el pago.
Hinata asintió mientras sacaba su billetera y le daba a la mujer la cantidad exacta que había pedido sin dudarlo. Los precios, incluso la escasa cantidad de frutas y verduras que acababa de comprar, se habían disparado después de la guerra. Los campos y el ganado habían sido abandonados durante la batalla. Cuando las cosas se calmaron, no había suficientes personas para recoger las azadas de nuevo. De hecho, el Hokage había estado asignando misiones en los campos a muchos de los shinobi de Konoha solo para mantener al pueblo fuera de la hambruna.
A pesar de que no podía hacer mucho, ya que no podía hacer que las cosechas crecieran más rápido, no podían hacer que el ganado fuera más abundante. Con el tiempo todas las cosas mejorarían y a Hinata no le importaría pagar más por su comida, si su dinero ayudaba a los demás, continuaría pagando felizmente. Hinata le regaló una sonrisa suave a la anciana, agarró su bolsa de tela del mostrador y la enganchó sobre su hombro. Justo cuando llegaba a la puerta de la tienda de comestibles, se detuvo al oír su nombre.
—¡Oye, Hinata-chan! —una voz fuerte llamó detrás de ella—. ¡Espera!
Hinata se dio vuelta para ver a Sakura saludándola mientras se apresuraba a poner sus cosas en el mostrador. La anciana miró con asombro la cantidad de comida que le había presentado, pero rápidamente se sacudió la sorpresa y comenzó a calcular el valor total. La Hyūga parpadeó, era raro ver a Sakura fuera del hospital y aún más raro a plena luz del día. La mujer nunca se tomaba un día libre del trabajo. Hinata vio como Sakura le daba a la anciana puñados de dinero sin contarlo y ágilmente tomaba sus bolsas de comestibles del mostrador. Miró con curiosidad las dos bolsas que su compañera llevaba ¿Qué podría hacer Sakura con tanta comida?
—Buenas tardes, Sakura-san —Hinata saludó cortésmente cuando la mujer de cabello rosado se acercó con una gran sonrisa en su rostro—. ¿Hoy es tu día libre?
Sakura asintió, usando el costado de su cadera para abrir las puertas de vidrio y salir a la acera.
—Traté de ir a trabajar esta mañana, pero Tsunade se negó a darme tareas. Dijo que lucía como el infierno o algo así. Creo que estaba exagerando.
Hinata miró a la mujer de arriba abajo, en su opinión, ella no se veía mal en absoluto. Su corto cabello rosa estaba mucho mejor cuidado de lo que había estado en los últimos seis meses. Su piel se veía saludable y su sonrisa llegaba a sus ojos por primera vez. Ese problema que Tsunade había visto, Hinata no podía verlo.
—De todos modos, decidí ir de compras porque tengo tiempo —Sakura dijo.
—Eso es mucha comida solo para ti ¿no? —Hinata comentó, empujando su cabello detrás de su oreja.
—¿Oh esto? —Sakura indicó levantando las dos bolsas ligeramente para enfatizar—. Esto no es mío. Bueno, una parte lo es, pero la mayoría es para Naruto.
—¿Naruto? —Respondió Hinata, su corazón latía incómodo en su pecho solo ante el sonido de su nombre.
—Sí, él no tiene ningún alimento en su casa que no sea procesado o que este en mal estado. Le dije que no podría ser un buen Hokage si no comía bien, pero el tonto nunca me escucha.
Hinata asintió ante las palabras de Sakura, pero su estómago comenzó a hacer volteretas, ¿cómo sabía Sakura sobre el contenido de la cocina de Naruto? ¿Había estado ella en su casa? Entonces si ella había estado allí... ¿por qué?
—Se fue temprano esta mañana a una breve misión a los campos, sus clones de sombra son realmente útiles. Debería estar de vuelta mañana por la mañana de acuerdo con la misiva que dejó atrás. Así que pensé en adelantarme y llenar su refrigerador con algo mejor que el ramen instantáneo, ¿me entiendes?
Podía sentir que las yemas de sus dedos comenzaban a hormiguear cuando los celos comenzaron a invadirla, pero ella simplemente se aferró con más fuerza a la correa de su bolsa de comestibles. Si Naruto quería tener a Sakura en su casa, esa era su elección. Ella no tenía derecho a sentir celos de Sakura. Naruto no le pertenecía, él nunca le pertenecería.
—¡Oye, ya sé! ¿Qué tal si vienes a su apartamento conmigo y me enseñas a cocinar? —Sakura sugirió con entusiasmo y Hinata se sorprendió por un momento.
—¿Q-qué?
—Dicen que el camino hacia el corazón de un hombre es a través de su estómago y bueno... no soy muy buena en la cocina —ella dijo, con un toque de timidez en su voz—. Sasuke no está comiendo y quiero que se vuelva más fuerte lo antes posible.
—Sakura-san... yo... —comenzó a decir ante el sonido del nombre del Uchiha, pero sus palabras murieron en sus labios cuando los brillantes ojos verdes de Sakura la miraron expectantes.
—¿Por favor, Hinata-chan? He visto los almuerzos que llevas al trabajo. ¡Huelen tan bien! Si cocinara como tú, apuesto a que Sasuke no sabría qué hacer consigo mismo. ¡Por favor, enséñame! —suplico en broma mientras extendía la mano para agarrar las manos de Hinata—. Podemos tener también conversaciones de chicas y apuesto a que Naruto estaría muy feliz de tener una comida hecha por ti.
—Yo... yo... lo siento —Hinata susurró y las manos de Sakura se apartaron de las suyas—. Tengo que llegar a casa temprano.
—Hinata, ¿estás...? —comenzó Sakura, pero Hinata no le dio oportunidad de terminar, giró rápidamente sobre sus talones y se dirigió lo más rápido que pudo hacia el complejo Hyūga.
La sensación de ardor en sus ojos resurgió cuando se imaginó la expresión de preocupación de Sakura, sabiendo que no se lo merecía. ¿Cómo podía haber olvidado que Sakura aún estaba enamorada de Sasuke? Aquí estaba celosa de que Sakura estuviera en la casa de Naruto cuando ella misma estaba haciendo algo mucho peor.
Hinata tragó mientras corría hacia el complejo tan rápido como sus pies le permitían, no importaba lo rápido que caminara, no era suficiente. Podía ver las puertas del complejo al final del camino bordeado de árboles, pero cada paso que daba se hacía cada vez más difícil. Sakura no sonreía como lo hizo hoy cuando se enterará. Ella no se reiría, no la abrazaría, seguramente la odiaría.
Podía recordar claramente el día en que llevaron a Sasuke al hospital, todo ensangrentado y casi irreconocible. Ella recordó la determinación en los ojos de Sakura mientras gritaba órdenes a sus subordinados alrededor de la sala de operaciones y arrebataba al último Uchiha de las garras de la muerte. Si los papeles se invirtieran... sí Sakura fuera la que se casara con Naruto... Hinata no estaba muy segura de sí sería capaz de superarlo.
«Sakura... —pensó mientras tropezaba con sus propios pies y sus comestibles caían sobre el camino de tierra—. Lo siento.»
Le dolieron las rodillas cuando colapso otra vez, sus piernas ya no estaban dispuestas a llevarla más lejos. La sensación de ardor se intensificó, pero esta vez el problema no eran sus ojos sino su garganta. Hinata trató de tragar, pero su boca se había secado. La sensación de pánico comenzó a crecer y sintió la bilis subir por la parte posterior de su garganta, luchó para mantenerla abajo. Sus uñas se clavaron en la tierra, rocas y hierba. Con su último aliento tembloroso, no pudo contenerlo más y vomitó allí mismo en el camino.
«Que patética —pensó mientras jadeaba entre arcadas—, soy peor que él.»
...Hinata apretó sus labios cuando notó la disminución en la dosis de toda la medicación de Sasuke. Se suponía que debían retirarla completamente, pero eso sería corte drástico. Ella dejó escapar un largo suspiro de frustración ante la información y negó con la cabeza. Ella entendía que Sakura solo estaba tratando de ayudar a Sasuke a mejorar más rápido, pero esta no era la forma de hacerlo. Puso su mejor expresión de fuerza e impasibilidad frente a la mujer de cabello rosa, pero Hinata sabía la verdad, él estaba roto en más de un sentido y tratar de acelerar el proceso de curación haría más daño que bien.
—Madre.
Hinata levantó la vista del portapapeles que colgaba en el borde de su cama. El sótano estaba débilmente iluminado, lo suficiente como para que ella pudiera leer sin dificultad, pero lo suficientemente oscuro como para hacerle al cerebro que ya era de noche. El ocupante de la habitación se movió por primera vez desde que ella llegó, pero no abrió los ojos, eso era extraño.
—¿Uchiha-san? —ella gritó, colocando el portapapeles de nuevo en su gancho y caminó hacia el lado izquierdo de su cama.
Él gimió en el sueño, su rostro se arrugó cuando ella se acercó. Hinata presionó una mano contra su frente, pero él no tenía fiebre, de hecho, se sentía absolutamente frío al tacto.
—Sasuke, ¿estás bien? —Preguntó, su formalidad habitual fue olvidada y fue reemplazada con genuina preocupación.
—Madre —respondió roncamente y su cuerpo comenzó a temblar bajo sus dedos.
—¿Sasuke?
A medida que el temblor aumentaba y el vello de sus brazos comenzaba a erizarse. La máquina que monitoreaba su frecuencia cardíaca se descontroló, llenando la habitación con pitidos agudos y frenéticos. ¿Qué le pasaba? Por un momento, miró al silencioso guardia ANBU que estaba en la esquina de la habitación. La figura enmascarada dio un pequeño paso fuera de las sombras, dándole un breve asentimiento, antes de salir de la habitación. No había duda de que salió para informar al Hokage sobre la condición de Sasuke. Mordiéndose el labio, volvió su atención al tembloroso hombre e intentó despertarlo.
—Sasuke —gritó, sacudiendo sus hombros tan bruscamente como pudo, sin desconectar la multitud de cables de las máquinas médicas—. Sasuke…
Los ojos del Uchiha se abrieron de golpe y soltó un grito ahogado como si estuviera luchando por llenar sus pulmones de aire. Hinata solo tuvo un segundo antes de que él se inclinara sobre el costado de la cama y vomitara rápidamente. Ella hizo una mueca ante el sonido de la regurgitación golpeando el piso de cemento y se alejó del espectáculo...
Todavía podía escucharlo llamando a su madre, sonaba como una dolorosa súplica. Le hizo querer llamar a su propia madre para que le diera consuelo y calidez. Ella presionó una mano en su pecho y frotó la tensión justo encima de su corazón. No había mucho que ella y Sasuke tuvieran en común, pero la pérdida de su madre era algo que también parecía afectarlo.
Incluso después de todos estos años…
¿Con qué frecuencia pensaba en ella? no había conocido a Uchiha Mikoto, pero había escuchado rumores sobre la belleza de la difunta mujer. Una belleza que se rumoreaba que su hijo Sasuke había heredado. Hinata respiró hondo, enfocándose en esa mujer que nunca había conocido en un intento de dejar de pensar en sus propias inseguridades y tribulaciones.
Una vez que Hinata pudo sentir que su ritmo cardíaco volvía a la normalidad, se levantó temblorosa, esto era lo que ella merecía por no cuidarse como debería. No recordaba la última vez que había comido más que una fruta o había dormido pacíficamente toda la noche. ¿Ella había dormido anoche? Ella lo sabía, ya no era una niña débil, tenía que cuidarse mejor. Había gente que contaba con ella y si Sakura... sí Sakura terminaba odiándola... así era como debía ser.
Lentamente comenzó a recoger sus productos ahora magullados y los volvió a poner en su bolsa de supermercado. Después de que termino, recogió un montón de hojas caídas y las roció sobre el desastre que había hecho, rezando para que nadie lo encontrara más tarde.
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Más tarde esa noche, cuando la lluvia golpeaba pesadamente contra los cristales de las ventanas, Hinata se encontraba sola en la cocina de la casa principal después de despedir al personal para que ellos regresaran con sus propias familias. Había empujado al fondo de su mente el ataque de pánico que había experimentado antes y había tratado de ocultar su cansancio. Los miembros de su clan todavía la observaban cuando ella caminaba, pero esta vez entendía el por qué estaban mirándola.
No era uno de ellos... al menos no lo sería por más tiempo.
El consejo ya había enviado a algunos miembros de su clan a que se hiciera su kimono de boda. Les tomaría meses reunir toda la seda necesaria y ella pensaba que eso sería un gasto frívolo, pero sus familiares no estaban de acuerdo. La única forma de que los Hyūga permanecieran en la cima era que todos creyeran que todavía lo estaban.
Hinata suspiró, drenando el agua del arroz que había terminado de lavar en el fregadero. Sacó el arroz sin cocer del fregadero y lo llevó a la cocina donde otra olla con agua salada estaba burbujeando y lista para recibirlo. El arroz cayó al agua caliente y una vez que terminó de transferirlo, se trasladó a un lado para comenzar a cortar las verduras. Ella comenzó con las zanahorias, pasando a los pimientos y termino con los tomates. El sonido constante de corte llenó la cocina y le permitió despejar su mente de los factores estresantes del día.
Nada más importaba cuando estaba en la cocina, todo lo que tocaba estaba bajo su control y disfrutaba explotando el talento que tenía para cocinar cada vez que tenía tiempo. Cuando terminó de cortar las verduras, se volvió para controlar el arroz, al encontrarlo listo, vertió el contenido de la olla en un colador en el fregadero y permitió que el exceso de agua escurriera. El vapor caliente estalló en su rostro, coloreando sus mejillas y ondulando su flequillo. Sonrió ante los granos perfectamente esponjosos frente a ella antes de tomar una sartén del armario y ponerlo en la estufa.
—Onee-san —una voz cansada llamó desde la entrada a la cocina justo cuando comenzó a poner aceite en la sartén.
Hinata levantó la vista para ver quién se había dirigido a ella y se encontró con su hermana pequeña. Su largo cabello castaño estaba pegado a sus mejillas y cuello, sin duda debido a la tormenta que arreciaba afuera y su pálida piel estaba magullada y sucia. El uniforme negro de Hanabi estaba completamente empapado, su chaleco de chūnin colgaba flojamente de sus dedos. Ella cruzó la habitación con bolsas oscuras bajo sus ojos, aun así, tenía una pequeña sonrisa en sus agrietados labios. Hinata le devolvió la sonrisa a la chica casi que goteaba agua y trazaba un rastro de barro detrás de ella.
—Estoy en casa —Hanabi dijo con una sonrisa torcida que no encajaba con sus ojos.
—Bienvenida —respondió Hinata, extendiendo la mano para acariciar la mejilla de Hanabi.
La Hyūga menor se estremeció por un momento, todavía tensa y porque no estaba acostumbrada al toque de un humano que no tenía la intención de matarla por la misión que había completado, pero finalmente, permitió que Hinata la tocara. La sonrisa de Hinata se ensanchó cuando Hanabi se inclinó hacia el calor que le proporcionaba su mano, con los ojos y labios cerrados.
—Debe haber sido difícil —dijo en voz baja y Hanabi asintió con rigidez—. Ve y toma asiento.
Hanabi abrió los ojos y se alejó para hacer lo que le habían ordenado. Sus pies mojados se arrastraban sobre las baldosas de la cocina y se sentó en una de las sillas. Hinata agarró un pequeño tazón del armario sobre el fregadero y sirvió una gran cantidad de arroz en el cuenco. Después de una misión difícil, lo último que Hanabi necesitaba era algo pesado en el estómago, pero el arroz estaría bien.
Luego se volvió hacia su hermanita de aspecto cansado y colocó el cuenco frente a ella. Hinata vio con el corazón apretado como su hermana miraba sin parpadear el cuenco. Las lágrimas comenzaron a llenar los ojos de Hanabi, pero en lugar de dejar que cayeran, Hinata le tendió un par de palillos. Hanabi olfateó y los tomó, secándose los ojos con la palma de la mano.
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—¡Aw hombre! —Kiba gimió ante el sonido de la lluvia que los golpeaba—. Pensé que terminar temprano significaría librarnos de la tormenta. Deberíamos habernos quedado hasta mañana.
—Piense en esto como una ducha gratis —Naruto se rió y su compañero lo miró.
Al Uzumaki no le importaba la lluvia, de hecho, era bastante refrescante después de un largo día de abonar la tierra a todo sol. Sus clones de sombra habían sido de gran ayuda en la tarea, pero sus músculos estaban terriblemente adoloridos. La lluvia al menos ayudaba a mantener su mente lejos del cansancio. Mientras él y Kiba saltaban de rama en rama, la puerta principal de Konoha se hizo más cercana. Disminuyeron la velocidad justo en la entrada y los guardias los dejaron entrar, riéndose ante la pareja completamente empapada.
—Jaja —Kiba se burló cuando pasaron—. Ríanse, no van a pensar que sea gracioso cuando los envíen a los campos.
—¡Ah, no fue tan malo! —Naruto respondió y Kiba lo miró incrédulo.
—Lo dice el señor "puedo hacer mil millones de clones".
—Nunca los he contado, pero no sé si mil millones sea un número posible.
—Sí, sí, lo que sea —Kiba bostezó mientras caminaban por las calles vacías, la lluvia caía sobre sus cabezas—. ¿Has visto a Hinata últimamente?
Naruto vaciló por un momento cuando la imagen de ella en el cementerio resurgió en su mente, la tristeza en sus ojos tristes cuando Sasuke los había echado de su habitación de hospital. Apartó esos pensamientos y se rascó la parte posterior de la cabeza mientras los ojos castaños de Kiba se estrechaban sospechosamente, el Inuzuka protegía ferozmente a Hinata, si descubriera que estaba pasando tiempo junto a Sasuke, seguramente el castaño se volvería loco. A pesar de su deseo de ser honesto con su compañero shinobi, no podía arriesgarse a que el temperamento de Kiba arruinara todo.
—Creo que la vi una o dos veces en el hospital —dijo Naruto, lo cual era una verdad a medias.
La sospecha de Kiba disminuyó y comenzó a caminar de nuevo.
—Eso tiene sentido. He oído que han estado muy ocupados en el hospital últimamente —reflexionó encogiéndose de hombros—. Bueno, si la vuelves a ver, dile... dile... no importa.
—¿Kiba?
—No es nada hombre, nos veremos más tarde —dijo mientras saltaba al techo de una casa cercana y se dirigía hacia el distrito Inuzuka.
—Eso fue raro —Naruto murmuró para sí mismo.
Observó la forma en que Kiba se retiraba rápidamente, una sensación inquietante apareció en fondo de su mente. ¿Había algo entre Kiba y Hinata?
«No —pensó, convencido de que la Hinata que él conocía era demasiado honesta como para jugar con los sentimientos de los demás—, no me hubiera besado si estuviera con otra persona.»
Con eso en mente, rápidamente se liberó de sus propias inseguridades y se dirigió hacia las afueras de la ciudad. Para cuando llegó a su departamento, la lluvia se había convertido en un aguacero torrencial. Los truenos y los relámpagos sacudían la tierra e iluminaban el pueblo con una extraña luz azul grisácea. A pesar de que sabía que su apartamento no era muy acogedor, era mejor que permanecer afuera bajo la lluvia. Subió corriendo los escalones de cemento, pero con cuidado de no resbalar por la prisa y cuando llegó a la puerta, la abrió rápidamente.
En lugar de encontrarse con oscuridad y el olor a ropa sucia, vio que todas las luces estaban encendidas. El pequeño sofá verde de la sala estaba libre de la montaña de ropa que usualmente lo cubría. La mesa de café había sido limpiada de los envases de ramen y envoltorios de comida. Ahora docenas de pergaminos, los cuales se suponía que debía estudiar para convertirse en Hokage ocupaban la superficie. Realmente podía ver el piso de madera parecía haber sido barrido por primera vez desde que se mudó. Vacilante, entró al departamento bien iluminado... ¿era este el lugar correcto? A medida que avanzaba, podía oler algo que cocinaba en la estufa, que nunca usaba y el sonido de los platos en el fregadero.
—¿Hola? —gritó cuando camino hacia la cocina.
Fue recibido por la imagen de Sakura sosteniendo una esponja y una sartén, apuntando a su dirección como si esos objetos fueran armas.
—¿Naruto? —murmuró, bajando sus armas jabonosas al fregadero—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—¿Qué estoy haciendo aquí? Yo vivo aquí ¿qué estás haciendo aquí? —preguntó y Sakura cruzó sus brazos sobre su pecho—. Todo está... diferente.
—Solo pensé en limpiar este lugar, ya que parece que no puedes hacerlo tú mismo.
—Puedo ver el piso.
—Eso suele suceder cuando recoges basura.
Al principio fue como un pequeño burbujeo en la parte posterior de su garganta. Sus labios involuntariamente se extendieron en una sonrisa y su risa resonó en las paredes del pequeño apartamento. Mientras se doblaba de risa, agarrándose al costado del mostrador, Sakura comenzó a reír también. El sonido lo hizo reír más fuerte. No porque ella hubiera dicho algo particularmente gracioso sino porque simplemente se sentía bien, se sentía bien reír hasta que le doliera el estómago.
Se sentía bien no estar solo.
—Muy gracioso —Sakura intervino cuando su risa finalmente se calmó—. Como llegaste temprano, terminaré de empacar la comida que hice y la pondré en la nevera. De todos modos, estaba a punto de irme.
Naruto parpadeó y miró cautelosamente la estufa. Había una olla de arroz que amenazaba con hervir y una olla que contenía un cuadrado negro ligeramente humeante. Él tragó saliva.
—¿También cocinaste? —preguntó y Sakura asintió con orgullo.
—¡Sí! Tienes que comértelo todo. Después de estar en el campo todo el día, debes aumentar tu ingesta calórica.
—Uh... gracias, Sakura-chan.
—No hay necesidad de agradecerme. Considéralo como tu recompensa.
—¿Recompensa? —preguntó Naruto mientras ella buscaba contenedores para alimentos dentro de sus gabinetes, cosas que ni siquiera sabía que poseía—. ¿Porqué?
Sakura se detuvo en su búsqueda y dirigió sus brillantes ojos verdes en su dirección.
—Por devolvernos a Sasuke... por traerlo conmigo. Por ser tan terco como para cuidarme incluso cuando no quiero que lo hagas. Por... todo.
Naruto la miró boquiabierto mientras ella volvía a empacar la "comida" que le había hecho, se había quedado sin palabras por lo que le había dicho. Los aldeanos le habían prodigado su gratitud desde el ataque de Pain y aún más después de que la guerra hubiera terminado. Era extraño para él recibir tales detalles de personas que una vez habían maldecido su sombra si esta se cruzaba por la puerta de su casa, sin embargo, se lo tomaba con calma, nunca mostraba su incomodidad, pero con Sakura era diferente. Él prefería que ella le gritara, sabía cómo manejar a una Sakura enojada, sabía cómo manejar a una Sakura triste, pero no tenía idea de cómo lidiar con ella en esta situación. Mientras la Haruno cerraba el último recipiente de plástico lleno de comida, lo colocó en el refrigerador y dejó escapar un suspiro de alivio.
—Todo listo —dijo con orgullo—. ¿Tienes que prometerme que vas a comer todo? Te veré mañana…
—Sakura —comenzó, soltando las palabras más rápido de lo que su cerebro podía pensarlas—. Está lloviendo.
Ladeó la cabeza curiosamente hacia un lado y golpeó con un dedo su barbilla.
—Sí, ¿verdad? No se puede evitar. Una pequeña lluvia nunca le hace daño a nadie.
—Deberías quedarte —soltó y ella abrió mucho los ojos—. Quiero decir hasta que deje de llover. No sería bueno si te enfermas, hay muchas personas que te necesitan en el hospital y Baa-chan me mataría si te sucediera algo. Además, está bastante oscuro y…
—Bueno —accedió, interrumpiendo su diatriba con un simple encogimiento de hombros.
—¿Bueno?
—Está bien, me quedaré solo por esta noche —dijo con una sonrisa—. Si me quedo más, ¿qué pensarán los vecinos?
Naruto se rió entre dientes y se rascó la parte posterior de la cabeza. ¿Qué pensarían los vecinos? Sakura le dio un guiño juguetón, pero inmediatamente comenzó a empujarlo fuera de la cocina.
—Vete a bañarte. ¡Mira! Has hecho un charco en el piso y estoy segura de que llenaste todo de barro también —resopló y lo empujó por el pequeño pasillo.
—Está bien, está bien. ¡No tienes que empujarme!
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—Estás de vuelta —Sasuke se burló cuando ella entró en la habitación, sus ojos miraban en la dirección equivocada.
Hinata se mordió el labio cuando la puerta de metal se cerró de golpe detrás de ella, recordándole a todos los ocupantes que ese lugar era realmente una prisión. La Hyūga le dio un ligero asentimiento al silencioso ANBU que estaba enclaustrado en una esquina oscura y se dirigió a la cama de hospital de Sasuke. Habían pasado dos días desde la última vez que lo había visto, incapaz de alejarse de sus obligaciones en el hospital el tiempo suficiente para ir a visitarlo. Había sido bueno estar lejos de él. Por un tiempo, ella fue capaz de fingir que todo estaba bien, pero eso no duró mucho. La culpa de dejar que Sasuke se pudriera solo en el sótano, le consumía la mente y eso empeoro luego de escuchar las palabras del Hokage.
Nadie está completamente anclado a su pasado.
La gente podría cambiar, eso lo sabía por experiencia propia, sin embargo... ¿era posible el cambio para alguien tan irredimible como el último Uchiha? ¿Un hombre que tenía tanta oscuridad en su corazón que una mano amiga era sinónimo de dolor? Ausentemente se tocó el cuello, los moretones que había dejado se habían desvanecido por completo, pero el efecto de ellos todavía la perseguía ¿cómo podría casarse con un hombre que quería matarla? ¿Ya había intentado matarla? ¿Cómo podría ella entender a un hombre así?
Suspiró mientras dejaba su bolso sobre la mesita de noche y volcaba su atención hacia el Uchiha. Él giró la cabeza en la dirección correcta y los ojos obsidiana le devolvieron la mirada.
—Darse prisa —gimió cuando lentamente se acostó sobre su espalda para que ella comenzara el procedimiento.
Mientras Sasuke se movía, un gruñido emano de su estómago y un rubor rosa, casi imperceptible, le cubrió las mejillas. Ambas partes ignoraron el sonido, pero cuando ella puso una mano sobre su abdomen inferior, el gruñido volvió con más fuerza.
—¿Has... comido hoy? —preguntó ella mientras retiraba su mano y Sasuke simplemente rezongó.
Su estómago gruñó de nuevo, confirmando sus sospechas. ¿Este hombre estaba tratando de morir de hambre? La comida de Sakura podría no ser comestible, pero la comida del hospital no era tan mala. Hinata frunció los labios y se volvió hacia donde había dejado su bolso. Metió la mano dentro y agarró el almuerzo que había empacado para ella solo hace una hora y abrió la tapa.
Dentro había una simple comida de verduras salteadas que había hecho la noche anterior y algo de arroz. Nada demasiado elegante, pero lo suficiente como para sobrevivir el día. Bueno, hubiera sido suficiente si un cierto Uchiha hubiera comido sus comidas como se suponía. Entornando los ojos, se volvió hacia la cama de Sasuke y acercó una silla para sentarse a su lado. Sasuke luchó para mantenerse sentado aun con las manos esposadas mientras escuchaba la silla moverse por el piso.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó, haciendo una mueca cuando su estómago gruñó de nuevo.
—Deberías comer —indicó suavemente mientras se sentaba. La nariz de Sasuke se arrugó ante las palabras.
—No voy a comer la basura que sirven en este hospital…
—Esto no es del hospital.
—O de Sakura…
—Ella tampoco hizo esto.
Ella vio como Sasuke se detenía, con la última protesta colgaba en la punta de su lengua. Aprovechando la oportunidad, agarró la cuchara de plástico que había traído y metió una pequeña porción de verduras y arroz en la boca del Uchiha, sus ojos se ensancharon momentáneamente ante el descarado asalto y ella quitó la cuchara de la boca. A regañadientes, comenzó a masticar, lo cual ella interpreto como una buena señal.
—¿Sabe bien? —Hinata preguntó, inconscientemente conteniendo la respiración para recibir una aprobación que no se dio cuenta de que quería.
Las únicas personas que habían comido su comida eran su hermana y sus compañeros de equipo. A Hanabi le gustaba todo lo que hacía, por lo que su aprobación no contaba demasiado, mientras que sus compañeros de equipo eran demasiado amables como para decirle la verdad. Sasuke tragó su comida y se limpió la boca con el dorso de la mano.
—No me gusta cuando los alimentos se tocan —refunfuñó y Hinata miró la lonchera que tenía en su regazo.
El arroz y los vegetales eran lo único que había allí. ¿De verdad era tan exigente? ¿Qué problema había si la comida se tocaba?
—¿Vas a alimentarme o voy a seguir muriéndome de hambre? —preguntó Sasuke con un fuerte suspiro y Hinata volvió a mirarlo.
Su desordenado cabello negro caía sobre el ojo que sabía que poseía el Rinnegan, pero su ojo negro estaba viendo a los suyos. Por primera vez desde que había accedido a ayudar a Naruto y Sakura, miró al último Uchiha. El cansancio en sus ojos, la palidez de su piel, la rectitud de su nariz que contrastaba con la sutil curva de sus labios. Si no luciera tan cansado, si no hubiera perdido tanto peso... él poseía características que uno podría considerar atractivas...
Hinata olfateó, rompiendo el contacto visual con el ciego y procediendo a separar lo mejor que pudo el arroz de las verduras. Justo cuando levantaba una cucharada de verduras solas hasta sus labios, la puerta del sótano crujió sobre sus oxidadas bisagras.
—Ah, Hinata-san —dijo el Hokage mientras entraba en el húmedo sótano, sus largas túnicas se arrastraban sobre el suelo arenoso—. Me alegra que estés aquí.
—Kakashi —Sasuke gruñó, la comida fue olvidada ante la aparición del hombre.
—Ha pasado un tiempo, Sasuke. Tenemos mucho de qué hablar.
Continuará en... Volverse un Idiota.
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Fin Capitulo Cuatro
Notas: ¡Hola! ¿cómo han estado? Por mi parte el mes pasado estuve algo más relajada, lo cual fue super raro, ojalá junio sea igual XD la verdad es que no tengo muchas cosas que contarles, ya que en mi casa no ha pasado nada emocionante o fuera de lo normal, seguimos con la cuarentena. Espero les guste el capitulo y recuerden que el próximo mes NO tendremos actualización, ya que tengo que preparar mis finales y no tengo la más mínima idea de como los voy a tener que presentar.
Nos estamos leyendo. Saludos y por favor cuídense.
Guest Rishtar: Me alegra que te guste la historia. Y espero que esta doble actualización fuese de tu agrado.
Naoko Ichigo
