Disclaimer: Los personajes de Naruto no son míos, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, es de College n Curls y fue beteada por geekgir7.

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Volverse observador

El olor a especias y humo llenó el cálido aire del atardecer en el desierto de la aldea de la Arena. Había muchas cosas sobre Suna que a Naruto no le gustaban. Los días eran demasiado calurosos y las noches demasiado frías. La comida era demasiado picante y no había ramen, pero a pesar de sus deméritos, la gente era amable y ser amigo del Kazekage sin duda ayudaba en el departamento de la amabilidad y Suna poseía una cosa que Konoha no tenía: Los mercados callejeros. Incluso cuando Konoha había estado en paz, nunca habían tenido un mercado libre como el de Suna. Los vendedores se quedaban afuera ofreciendo sus productos desde el amanecer hasta el anochecer y siempre había una multitud de personas dispuestas a comprar. Lo único comparable a eso eran los festivales que solían ocurrir en Konoha, pero ninguno había tomado lugar desde antes de la guerra.

Naruto sonrió al ver a dos niños pequeños que admiraban las máscaras pintadas a mano en el puesto contiguo, ambos discutían en voz muy alta sobre qué máscara sería la más aterradora como para enfrentaban a shinobis enemigo. Aquí los niños seguían asistiendo a la academia de Suna y había tanta afluencia de inmigrantes de otras aldeas que tuvieron que abrir una segunda escuela. La sonrisa de Naruto se ensanchó cuando vio a uno de los muchachos ponerse una brillante máscara naranja con forma de zorro para asustar sin éxito al otro chico. El dueño del puesto de máscaras reía de las payasadas de los chicos y los corrió a los dos, permitiéndoles conservar la máscara de zorro que parecían gustarles tanto.

«—Un día —pensó Naruto mientras los chicos correteaban hacia la multitud—. Konoha será así. Me aseguraré de ello.»

—No creo que esa chica tuya quiera una máscara —una voz junto a él se reía y Naruto saltó sorprendido.

Había estado tan perdido en sus pensamientos que se había olvidado por completo de Gaara y Temari. Sin embargo, a los hermanos de la arena no pareció importarles y comenzaron a llevarlo a través de puestos más apropiados.

—Entonces, a esa chica, ¿qué le gusta? —Temari preguntó mientras enganchaba su brazo al del Uzumaki.

Naruto se rascó la barbilla, pensando, atormentando su cerebro por algo de información que podría ser útil. ¿Qué le gustaba a Hinata?

—¿Uh?

—No tienes idea, ¿verdad? —Temari resopló y miró por encima del hombro a Gaara, que intentaba no parecer interesado en su conversación—. Vamos, Gaara, no podrás escuchar bien desde allí.

Gaara pareció ligeramente alarmado por su declaración, pero de todos modos se acercó. Una vez que estuvo allí, ella enganchó su brazo con el suyo también y arrastró a ambos hombres a través del abarrotado mercado.

—Entonces, Naruto, ¿quién es esa chica? Te podré ayudar mejor si sé quién es —Temari dijo con una sonrisa pícara en su rostro.

Con su mano libre, se rascó la parte posterior de la cabeza y deliberadamente apartó la vista de la kunoichi antes de que esta notara el leve sonrojo en sus mejillas. Realmente por el momento no quería contarle a nadie sobre Hinata. Temari frunció el ceño y dirigió su atención a su hermano.

—¿Y tú Kazekage-sama? Estas aquí por una razón. ¿Quién es ella?

Gaara solo frunció sus labios ante las burlas de su hermana, sus ojos estaban fijos con determinación en el camino delante de ellos.

—Espero que todos los hombres no sean tan inútiles como ustedes dos —Temari suspiró y los jaló hacia la izquierda hacia lo que parecía ser una tienda de dulces bien iluminada—. Compremos algo simple.

Temari soltó los brazos de ambos y abrió la puerta de la tienda de dulces. Tan pronto como la puerta se abrió, el trío fue asaltado por el olor a azúcar que parecía adherirse al aire. Torres de piruletas multicolores salpicaban la tienda y una pared estaba cubierta de dispensadores de dulces de brillantes colores. Todo gritaba "dolor de muelas" y Naruto sabía que, si hubiera sido unos años más joven, no dudaría en comerse todo.

Con Gaara a su lado, siguieron a Temari adentro de la tienda, Naruto se maravilló de todos los tipos de dulces con los que esa tienda contaba. Por el rabillo del ojo, vio una caja de fresas bañadas en chocolate blanco. Nunca había visto ese tipo de combinación y las rojas fresas parecían muy atractivas. Él no era un gran fanático de las fresas, pero sabía que a Sakura le habrían encantado. No habían tenido un envío de fresas frescas desde hace mucho tiempo. Naruto extendió la mano para agarrar una caja, pero Temari apartó su mano.

—¿Qué crees que estás haciendo? —ella preguntó situando las manos en sus caderas—. Esos no sobrevivirán el viaje de regreso a Konoha. ¿Estás tratando de enfermar a esa chica?

—UH no…

—Entonces vamos. No nos detendremos aquí. Si esta chica es especial, ¡ella necesita lo mejor que Suna tiene para ofrecer!

Naruto tragó saliva. "Lo mejor que Suna tenía para ofrecer" sonaba extraordinariamente caro. Ausentemente palmeó el bolsillo en el que guardaba su billetera y silenciosamente rezó para que no fuera tan malo como esperaba. Desafortunadamente, tan pronto como vio la mesa redonda envuelta en un mantel de terciopelo rojo, esas oraciones se fueron por el caño. Las cajas de chocolate se encontraban delicadamente exhibidas en pequeños soportes de metal, cada compartimiento contenía un tipo diferente de golosina.

—Entonces, hay cuadrados con caramelo salado, mousse de chocolate negro, trufas de chocolate blanco y negro —dijo Temari, repitiendo la extensa lista de chocolates. Gaara tosió y tomó una de las cajas. La olfateó y luego hizo una mueca, sosteniendo a gran distancia el objeto ofensivo.

—Temari esto parece... excesivo. No podría comer cosas como estas —dijo y la mujer rubia cruzó los brazos sobre su pecho.

—Estos no son para que los disfrutes —ella se burló—. Las mujeres tienen un paladar más refinado que los hombres y agradecerían un surtido como este. Conozco personalmente al dueño de esta tienda y sé la dedicación y arduo trabajo que conlleva hacer cada uno de estos dulces. Cualquier mujer sería afortunada de poder probar incluso uno de estos y nunca he visto a un cliente insatisfecho.

—Temari… —dijo dudoso ante las palabras de su hermana.

—¿Quieres que esta chica guste de ti o no?

Naruto miró con lástima cuando Gaara cerró los ojos, se rindió al punto de su hermana y agarró una segunda caja. La sonrisa de Temari era cegadora y una sensación de satisfacción irradiaba de ella. Naruto se estremeció al verlo, recordándose a sí mismo nunca ir en contra de Temari. No importa qué, ella siempre tendría razón. Al apartar la vista de los hermanos, agarró una de las cajas y la llevó al cajero. No estaba seguro de si a Hinata le gustaría el chocolate o no, pero esperaba que lo hiciera. Mientras vaciaba en el mostrador el contenido de su pobre e indefensa billetera de rana, se juró a sí mismo averiguar cuáles eran los intereses de la Hyūga.

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—Hinata-sama, por aquí.

Sasuke frunció el ceño al sentir una pequeña mano contra su antebrazo para indicarle que necesitaban avanzar. Claro, su ayuda era necesaria, pero eso no significaba que lo apreciara. En todo caso, solo lo hacía sentir más resentido, especialmente cuando sabía que estaban rodeados de una gran cantidad de ojos blancos que lo evaluaban. El último Uchiha estaba dentro de las paredes del codiciado complejo Hyūga. Era el tipo de acontecimiento que atraía a todos los curiosos ojos de los miembros del clan Hyūga, aunque eran discretos. En los pasillos solo había el sonido de tres personas, pero él sabía que estaba siendo observado. No había nada que pasara desapercibido en una casa llena de gente que podía ver a través de las paredes, mucho menos una presencia como la de él.

El ceño fruncido de Sasuke se profundizó cuando de repente detuvieron su caminata a través de los silenciosos pasillos, casi perdió el equilibrio en el proceso, pero Hinata lo mantuvo en posición vertical. Escucho un sonido de deslizamiento, que solo podía suponer era una puerta abriéndose frente a ellos y un suave murmullo de voces desconocidas llegó a sus oídos. Se tensó cuando sintió que toda la atención en la sala se centraba en él, una sensación de paranoia lo llenó al no saber cuánta gente había. No conocía el diseño de la sala ni pudo detectar posibles amenazas. Todas las salidas eran inexistentes para él y lo único que lo mantenía cuerdo en la oscuridad era la patética mujer a su lado.

—Uchiha-san. Hinata-sama —una vieja y grave voz dijo mientras entraban a la habitación—. Gracias por acompañarnos.

—Gracias por invitarnos —respondió Hinata, arrastrando sutilmente a Sasuke hasta sus asientos.

Ella tiró del borde de su manga e intentó sentarse, pero la silla no existía. Cuanto más bajaba, más rápido se daba cuenta de que debían sentarse en el suelo. Hubo una incómoda tos en algún lugar de la habitación mientras bajaba lentamente al suelo, pero Sasuke los ignoró. Esta "cena de compromiso" tomaría más tiempo del necesario, así que trataría de acelerar un poco las cosas, cuanto más rápido fuera, más rápido se podrían ir de allí y mejor para él.

—Uchiha-san —una voz profunda llamó desde el otro lado de la habitación—. Es un honor verlo de nuevo después de todo este tiempo.

Otro ataque de tos llenó la sala y los dedos de Sasuke se curvaron debajo de la mesa. Este hombre debe ser Hyūga Hiashi, el padre de Hinata y el actual jefe del clan Hyūga. Los buenos modales dictaban que respondiera de la misma forma, pero no lo hizo. Cualquier sutileza que utilizara estaría llena de veneno e irritación general por estar en presencia del hombre en primer lugar.

Ya era suficientemente malo tener que lidiar con un Hyūga todos los días. Estar en una habitación llena de ellos era aún peor. Hiashi no dijo nada más y en su lugar, la habitación se llenó con el sonido de platos que se arrastraban y tintineaban. Varios platos fueron puestos frente a él, pero el Uchiha no se movió para comer. Debajo de la mesa, sintió un pequeño tirón en la manga, en respuesta Sasuke tiro fuertemente de esta hacía él, dejándola fuera del alcance de la persona sentada a su lado.

—¿No tienes hambre Uchiha o la comida no es de tu agrado? —una sarcástica voz femenina preguntó. No podía estar seguro de dónde venía la voz, así que no levantó la cabeza. En cambio, extendió la mano izquierda para beber lo que le habían ofrecido.

Se decepcionó al descubrir que sus dedos se encontraron con aire, su amplia manga derribo lo que sonaba como un par de pesados palillos. Mientras los utensilios rechinaban ruidosamente contra la mesa, un pequeño platillo fue puesto en su mano. Una mano familiar presionó ligeramente contra la suya y levantó el platillo hasta sus labios. El fuerte olor a sake le quemó la nariz, pero de todos modos bebió un sorbo de alcohol. Suave, casi insípido. Era el tipo de cosa que solo aquellos que estaban en los escalones superiores de la sociedad podían disfrutar. Mientras las personas normales quemaban sus gargantas con sake regular, la elite bebía una versión similar, pero dos veces más potente.

Cuando terminó su primera taza, Hinata rápidamente la colocó nuevamente en su posición anterior sobre la mesa. La mujer de antes soltó una pequeña burla, pero ninguna otra persona reconoció el intercambio. En cambio, los Hyūga estaban mucho más concentrados en los detalles sobre su boda, detalles que a él no le importaban.

—Le estaba diciendo a Hiashi-sama que una boda de otoño sería la mejor. Si comenzamos ahora, deberíamos poder tener todo listo para cuando las hojas hayan cambiado.

—Es necesario establecer una fecha concreta para la ceremonia.

—¿Antes de la cosecha o después?

—Idealmente después.

—He hablado con el Hokage sobre la lista de invitados…

Sasuke apretó los labios e ignoro el estúpido parloteo que salía de los labios de los Hyūga a su alrededor. Era repugnante lo ansiosos que estaban por el matrimonio entre él y Hinata. Lo ansiosos estaban por casarlo con su heredera. No sabían nada de él, todo lo que sabían era su pasado. Sabían de la destrucción que era capaz de realizar, pero aún deseaban darle a su heredera. Hyūga Hinata, el cordero a sacrificar. Las esquinas de sus labios temblaron con disgusto, pero antes de que se formara una mueca, el platillo de sake fue devuelto a su mano. Levantó la taza hacia sus labios obedientemente, desesperado por algo más que hacer.

—Una vez que la boda se realice, tendremos que hacer rápidamente preparativos para los niños.

El Uchiha se atragantó, el licor que había estado bebiendo subió por su nariz. El platillo que había estado sosteniendo fue retirado de su mano y una rígida servilleta lo reemplazó. Se llevó el material a la boca y tosió.

—Seguramente sabes que se espera obtener niños de esta unión, Uchiha. Eres el último de tu clan después de todo —la voz femenina de antes habló.

—Hanabi —Hinata susurró bruscamente mientras un murmullo de descontento era susurrado por los otros Hyūga.

—¿Qué? —Hanabi dijo, su voz goteaba fingida inocencia—. Solo digo que se ve un poco sorprendido.

—Hanabi por favor…

—Entonces, cuéntame Uchiha. ¿Cuántos niños crees que se necesitarán para revivir tu clan? Solo uno o dos no serían suficientes. Quizás planeas tomar una segunda esposa...

—Hanabi es suficiente —Hiashi la interrumpió y un silencio cayó sobre la habitación—. Estás exenta.

—Padre…

—Dije que estás exenta. —Hiashi reafirmó con un tono de voz estoico, pero sin perder la compostura característica de los Hyūga.

—Por favor sígame, Hanabi-sama —una voz suave dijo y dirigió a la chica claramente irritada fuera de la habitación.

Sasuke colocó la servilleta que había usado para limpiar su boca en la mesa frente a él, probablemente cubriendo la comida que los Hyūga esperaban que comiera, pero no le importó. Al otro lado de la mesa, Hiashi se aclaró la garganta y los demás se pusieron de pie.

—Me disculpo por el arrebato de mi hija. ¿Puedo hablar contigo en privado? —Hiashi preguntó a pesar de que sus palabras salieron más como una declaración que como una pregunta.

En primer lugar, Sasuke dudaba que tuviera la opción de rechazar la audiencia privada con el hombre. Con un gruñido amortiguado se levantó y Hinata lo siguió. Podía sentir las miradas de los otros Hyūga mientras Hiashi abandonaba la habitación. Caminaron juntos en silencio por un pasillo diferente, uno que se sentía como si estuviera abierto al aire libre, distintivamente olía a flores. No les llevo mucho tiempo llegar hasta donde Hiashi los conducía y el hombre abrió otra puerta.

—Hinata —dijo Hiashi rotundamente y las pequeñas manos que lo habían guiado inmediatamente se separaron de su codo.

Su peso cambió de un pie al otro, parecía vacilante en dejarlos, pero eventualmente lo hizo. Sasuke dejó escapar un largo suspiro a través de su nariz mientras escuchaba el sonido de su retirada. Él no era un inválido. Podría matar a un hombre como Hiashi en cuestión de segundos si tuviera la oportunidad.

—Por favor, toma asiento, Uchiha-san —dijo Hiashi mientras entraba a la habitación vacía.

Sasuke siguió al hombre adentro, con pasos más cuidadosos de lo que sería si pudiera ver. Su pie chocó contra lo que esperaba que fuera una silla y lentamente se sentó. Antes de que Hiashi se sentara frente a él, hubo un poco de ruido contra el piso y el tintineo de vasos. Un pequeño platillo similar al de antes se presionó contra la punta de sus dedos, pero se negó a tomarlo.

—Estás ciego —la cabeza de Hyūga señaló sin rodeos, deteniéndose brevemente para tomar un sorbo de su sake. Al ver que no era necesario responder a lo obvio, Sasuke permaneció en silencio—. Cuando el Hokage nos informó que Hinata se quedaría contigo creía que era solo para mantenerte bajo vigilancia. No importa.

—Hn. Parece que tienes pocos problemas con casar a tu hija con un traidor ciego —Sasuke se burló y el hombre enfrente de él olfateó indignado.

—Te has convertido en un joven bastante desagradable. Recuerdo que eras más... agradable cuando eras un niño.

—Que tu familia sea asesinada a sangre fría por orden de un consejo tiende a hacerle eso a una persona —Sasuke respondió sin una pizca de emoción, agarrando su platillo y drenándolo de una vez. Cuando lo colocó de nuevo en la mesa, Hiashi lo rellenó de inmediato.

—Los Uchiha y los Hyūga siempre han sido rivales, uno siempre tratando de derrocar al otro. Lo más cerca que hemos estado de ser iguales fue justo antes del... incidente.

Sasuke se tensó ante la elección de palabras de Hiashi. "Incidente" era insuficiente. Lo que ocurrió no fue un "incidente", fue una masacre, una matanza que manchó de rojo las calles de su distrito y pesó sobre el corazón de Itachi hasta el día en que lo mató. Ese "incidente" arruinó a los Uchiha. Los recuerdos estaban siempre en su mente, eran un recordatorio constante de la toxicidad que aún residía dentro de la Hoja. El Uchiha se llevó el platillo a los labios por segunda vez y se tragó todo el sake.

—¿Es esto lo que querías discutir en privado? —Sasuke gruñó mientras Hiashi volvía a llenar su taza.

—Bien entonces —Hiashi olfateó y su silla crujió debajo de él—. ¿Qué piensas de Hinata?

El Uchiha frunció el ceño y tomó un lento sorbo de su taza. A este hombre no le gustaría saber sobre sus verdaderos pensamientos sobre su Hinata. Sobre su suave y débil hija que le había infligido más dolor físico que cualquiera de los "entrenamientos" de Orochimaru. No... Hyūga Hiashi no desearía saber que quería a su hija muerta. El silencio en la habitación continuó hasta que su platillo estuvo vacío, esta vez la cabeza de Hyūga no lo volvió a llenar.

—Tu padre y yo nunca fuimos amigos, pero sabía que era un hombre honorable, independientemente de las circunstancias que rodearon su muerte y la de los miembros de tu clan. Que yo sepa, él trató a tu gente con justicia y su esposa estuvo a su lado. Era igual con todos los asuntos relacionados con el clan, pero creo que tu madre ejerció más influencia cuando se trataba de los asuntos de su familia. Espero que honres a Hinata de la misma manera o serás verdaderamente el último de tu clan.

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—¡Maldición! —Hanabi siseó entre dientes mientras golpeaba repetidamente sus palmas contra el poste en el patio—. ¡Maldición! ¡Maldición! ¡Maldición!

Una y otra vez, sus manos golpearon contra la astillada madera, apuñalando la carne de sus palmas. Cada vez que hacía contacto con la madera, dejaba una huella ensangrentada. Ella no sentía el dolor. Era poco más que un hormigueo en comparación con la frustración que crecía en su interior... el odio que amenazaba con estallar.

—¡Porqué! —ella siseó—. ¿Por qué él, maldición?

Nunca se había avergonzado de ser una Hyūga, no hasta hoy cuando estuvo sentada en esa asfixiante habitación con los ancianos. Recordó la forma en que sus ojos seguían los movimientos del Uchiha con cuidado, como si estuvieran viendo lo más interesante del mundo. La línea de sangre Uchiha era más valiosa de lo que el dinero podía comprar. Él era su premio.

Hanabi golpeó el poste con más fuerza. Él era un asesino, un traidor. No haría nada por proteger a Hinata si llegaba el momento y ese momento llegaría. El día que Hinata llevara el nombre Uchiha, inmediatamente habría un blanco en su espalda. Dudaba que a Sasuke le importara. Ni siquiera había mirado a Hinata todo el tiempo que había estado con ellos.

—¡Maldición!

Sin embargo, Hinata parecía ser incapaz de quitarle los ojos de encima. Ella estaba pegada al lado del repugnante hombre, lo guio hasta su silla y le sirvió bebidas. ¡Sintió náuseas al verlos juntos! Al soltar un grito, golpeó el poste de madera una última vez antes de que se partiera por la mitad y cayera al suelo. Hanabi inhaló, luchando por recuperar el aliento. Pulverizar el maniquí no fue suficiente, ella necesitaba más. Girando sobre sus talones, se dirigió al pasillo para entrar al complejo. Si era rápida, podría salir del complejo y dirigirse a los campos de entrenamiento.

Acababa de llegar al borde del pasillo cuando la puerta de la oficina privada de su padre se abrió y el objeto de su ira salió. Hanabi entrecerró los ojos al Uchiha que era tan atrevido como para pararse frente a ella con arrogancia e ignorar su presencia. Hombres como él, importaban muy poco. A un hombre como él nunca le importaría su hermana. Después de todo lo que Hinata había pasado, ella merecía ser feliz. ¡Neji no murió solo para que ella quedara aislada de esta manera!

—¡Uchiha! —Hanabi gritó mientras se acercaba al silencioso hombre.

Sus ojos oscuros se deslizaron perezosamente en su dirección y por un breve momento, ella se congeló. La inquietante sensación de miedo corrió por sus venas con el recuerdo de quién era este hombre. Se tragó el miedo lo mejor que pudo, pero todavía permanecía palpable en su lengua.

—No me importa lo que piensen los mayores o mi padre… —comenzó Hanabi y el Uchiha cruzó los brazos sobre su pecho.

—Ya somos dos —respondió. Hanabi lo interrumpió, brevemente desconcertada por el tono aburrido de su voz y su respuesta.

—Yo... no me importan sus planes o cómo este arreglo beneficiará al clan. ¡Mi hermana es demasiado buena para alguien como tú!

—¿Alguien como yo?

—¡Sí, como tú! ¡No te importa nadie más que tú! Hinata debería estar con alguien que la hará feliz. ¡Ella debería estar con Naruto, no con un traidor sediento de sangre que ni siquiera puede mirarte a los ojos!

Lentamente, el Uchiha dio un paso hacia ella, sus ojos oscuros no mostraban emoción, pero el aura arremolinándose alrededor de él insinuaba peligro. Hanabi apretó los puños, ignorando el dolor en sus palmas ensangrentadas y se mantuvo firme contra él. Con cada paso, él se acercaba y su corazón amenazaba con escaparse de su pecho. Inconscientemente, ella se alejó medio paso cuando estuvo lo suficientemente cerca como para que el olor a sake llegara a su nariz.

—¿Uchiha-san? —la suave voz de su hermana llamó desde el otro extremo del pasillo—. ¿Hanabi?

Hanabi se giró, sorprendida de ver a Hinata caminando hacia ellos tan rápido como podía. Su largo y oscuro cabello había sido intrincadamente peinado para esta farsa de una cena, los delicados ornamentos de cabello tintineaban ligeramente con sus movimientos. La simple yukata lavanda que llevaba su hermana, lucían aún mejor bajo la luz de la luna.

—Hanabi… —llamó Hinata de nuevo, pero la chica en cuestión no esperó a que ella los alcanzara. En cambio, rodeó al Uchiha y se dirigió en la dirección opuesta—. ¡Hanabi! ¡Hanabi espera!

Hanabi no esperó.

Ella no pudo.

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La casa permaneció en silencio cuando regresaron, algo que no era inusual, pero ahora se sentía más sofocante. Cualquier clase de consuelo que ella pudiera darle fueron ignorados y todo lo que quedó fueron los sentimientos de desprecio que salían en oleadas de Sasuke. Hinata se mordió el labio inferior con nerviosismo, en sus manos tenía una bandeja con sopa y arroz mientras miraba al hombre sentado rígidamente en la terraza. Sasuke no era un hombre de muchas palabras, pero no la había mirado desde que salieron del complejo Hyūga. Tampoco era como si hubiera intentado conversar con él.

Su propia mente estaba demasiado enredada por Hanabi. Nunca había visto a su hermana tomar tales libertades en presencia de su padre y después del enfrentamiento ella huyó, gracias a eso sus preocupaciones solo crecieron. Hinata negó con la cabeza y salió con su bandeja a la terraza. Tendrían que volver al complejo pronto para realizar los preparativos de la boda. Después averiguaría las razones del estallido de Hanabi. Por ahora, todo lo que podía hacer era asegurarse de que Sasuke al menos tuviera algo de comer, ya que no había comido nada en el complejo. Cuando salió a la terraza, el Uchiha se tensó ante su acercamiento, pero no le puso atención.

—Uchiha-san —ella le dijo—. No has comido desde esta tarde…

—No tengo hambre —él chasqueó y los dedos de Hinata se apretaron alrededor de la bandeja.

—Ah, de acuerdo.

Tomando una respiración profunda, se volvió para regresar a la casa.

—Hyūga espera —dijo Sasuke, deteniéndola en seco.

Hinata lo miró con curiosidad. Con su espalda frente a ella, era difícil descifrar lo que él podría querer. Cuidadosamente colocó la bandeja sobre el piso y se acercó al hombre. Luego se sentó a su lado, permitiendo que sus piernas colgaran libremente de la terraza. A pesar de que ella había cumplido con su pedido, él todavía no la miraba. En cambio, sus ojos permanecieron fijos en algún punto a la distancia, un punto que ninguno de los dos podía ver.

—Uchiha-san —comenzó, pero Sasuke la interrumpió.

—Estás enamorada de Naruto —indicó rotundamente.

Hinata lo miró fijamente, sus labios estaban ligeramente separados por la sorpresa. ¿Por qué de repente estaba mencionando a Naruto? ¿Había estado pensando en él todo este tiempo?

—¿Sí o no Hyūga?

Hinata apartó la mirada y comenzó a juguetear con los dedos. Sasuke la presionó una vez más de hablar sobre su relación con Naruto, pero esta vez se sintió serio. En lugar de tratar de avergonzarla, casi sonaba... enojado. La forma en que había dicho el nombre de Naruto, sonaba como una maldición.

—¿Si o no?

—Uchiha-san

—¿Si o no?

—Sí.

La afirmación había salido de su boca antes de que pudiera detenerla, pero Sasuke no reacciono a sus palabras. Hinata presionó una temblorosa mano contra su corazón y luchó por mantener su respiración. Había evitado con éxito en las últimas semanas que Naruto tomara el control de sus pensamientos. Al principio, su rostro había aparecido en sus sueños con tal frecuencia que estaba segura de que se volvería loca. A medida que pasaba el tiempo y aunque su amor por el rubio no había cambiado, la sensación de angustia había disminuido. Sin embargo, explicarle a Sasuke sus sentimientos por su ex compañero de equipo trajo esa sensación de vuelta.

—¿Estuvieron juntos antes de firmar el contrato? —preguntó Sasuke y la cabeza de Hinata se movió hacia atrás para mirarlo. Todavía miraba a lo lejos, con la mandíbula tensa y la respiración entrecortada.

—No —respondió Hinata sin aliento, viendo que no había necesidad de ocultarle nada a Sasuke después de confesar que, de hecho, tenía sentimientos por otro hombre, que todavía lo amaba.

—Hn —Sasuke gruñó y se pasó los dedos por el cabello—. Me parece difícil de creer.

Hinata lo miró, una extraña y desconocida rabia fluyo dentro de ella mientras el Uchiha nuevamente cuestionaba su virginidad. Ella ni siquiera debería sorprenderse en este punto. De todos modos, él ya había pensado que la mujer Hyūga que le estaban dando era puta.

—Te estoy diciendo la verdad. Solo lo besé una vez…

La mano de Hinata voló hacia su boca y sus ojos se agrandaron ante su declaración. Si bien ella quería ser sincera, el beso que había compartido con Naruto era un secreto que hubiera preferido guardar para sí misma. Los ojos obsidiana se volvieron hacia ella, peligrosamente estrechos por sus palabras.

—Lo besaste —dijo en voz baja y monótona.

Una mano pálida se deslizó por su brazo hasta su cuello, causando que ella se tensara ante el recuerdo de sus dedos alrededor de su garganta. Sus dedos no se quedaron allí por mucho tiempo, sino que se enredaron en su cabello. Su otra mano siguió la misma ruta, pero esta exploró su rostro. Lentamente, las puntas de sus dedos trazaron una sus mejillas ardientes antes de bajar a sus labios. Su pulgar presiono ligeramente su labio inferior, tirando suavemente para abrir su boca.

—Dime Hyūga —expresó mientras se inclinaba más cerca, el olor a sake invadió las fosas nasales de la chica—. ¿Alguna vez besarías a alguien como yo?

Hinata jadeó y se tensó en sus brazos mientras él se acercaba aún más, sus dedos se apretaron en su cabello. Una sonrisa se extendió por sus labios ante su reacción y él retrocedió.

—Dormiré solo esta noche.

Continuará en... Volverse un anuncio

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Fin capitulo nueve

Naoko Ichigo