Disclaimer: Los personajes de Naruto no son míos, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, es de College n Curls y fue beteada por geekgir7.
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Volverse un anuncio
Hinata miró las gotas de agua que se deslizaba por el cristal de la ventana. El jardín apenas era visible bajo el aguacero y probablemente la lluvia continuaría por unas pocas horas más. Un pequeño punto negro en el patio se movía bajo la lluvia, realizando una serie de movimientos básicos. Los movimientos eran los que todos los portadores del Byakugan debían aprender de acuerdo a sus tradiciones. No era un patrón difícil, pero cuando se realizaban durante horas, el cuerpo sufría un gran desgaste. Ese era el castigo por la desobediencia.
Hanabi había estado en el patio desde el amanecer y no había señales de que se le permitiera detenerse. Hinata sabía que al otro lado de donde su pequeña hermana estaba "practicando", su padre y los ancianos estaban observándola desde la parte del sendero que estaba bajo techo. Hanabi titubeó un poco, cayendo al barro para recuperar el aliento y por más que Hinata deseara consolarla, sabía que no podía. Ella solo empeoraría las cosas para Hanabi, además, no había muchas cosas de las que pudiera protegerla.
Suspirando, cansinamente se frotó el ojo derecho con la palma de la mano y volvió a la lista de nombres que los ancianos le habían dado. Invitarían a los representantes de cada una de las cinco grandes naciones, así como a los jefes de clanes prominentes. Todos los líderes de los clanes de Konoha habían sido invitados y estaba segura de que muchos de los nombres desconocidos que veía, pertenecían a personas con las que su clan deseaba fortalecer sus vínculos comerciales. Sus ojos escanearon la lista para asegurarse de que nadie importante hubiera quedado fuera, hasta que sus ojos captaron el último nombre.
Uzumaki... Naruto.
Se mordió el labio inferior mientras leía el nombre una y otra vez, sus ojos bebían cada letra. Fuera de los "nueve novatos", él era el único específicamente mencionado por su nombre. Tenía sentido que fuera invitado, después de todo él era el salvador del mundo y el favorito para ser el próximo Hokage. ¿Qué diría cuando apareciera la invitación en su buzón? ¿Le importaría? Hinata resopló y agarró un pincel lleno de tinta. Era bastante egocéntrico de su parte pensar que incluso ahora, mientras finalizaba la lista de invitados para su boda, Naruto sentía algo por ella.
No le había dado ninguna indicación de que sintiera por ella algo más que amistad y confianza... solo una camarada. No tenía derecho a pedir más de él. Ella tenía el deber de defender su futuro clan… de fortalecerlo. En cualquier caso, Naruto estaría feliz de saber que Sasuke permanecería en el pueblo como un hombre libre. Si había una cosa que ella sabía con certeza, era que Naruto se preocupaba por Sasuke. Ese mismo hosco y malhumorado Uchiha que parecía despreciar la mano que Naruto le tendía en cada oportunidad que tenía. Sasuke era la persona importante para Naruto y este matrimonio lo beneficiaba tanto como a su clan. Apretando sus labios, tachó el nombre de Naruto de la lista y agarró una invitación de la parte superior de la pila. Ella se la entregaría en persona.
—Hinata-sama —dijo Kō mientras entraba en la pequeña sala de estar.
—Kō-san —Hinata lo saludó con una pequeña inclinación de cabeza y una sonrisa.
El Hyūga mayor se sentó al otro lado de la mesa, con la espalda recta y los ojos pálidos llenos de preocupación.
—Kō-san, ¿está todo bien? —Hinata preguntó y él asintió rígidamente con la cabeza en respuesta. A pesar de que estaba tratando de ocultar sus emociones detrás de una máscara bien elaborada de ambivalencia, sabía que algo andaba mal en él—. No estás siendo honesto conmigo.
—No es mi lugar Hinata-sama…
—Tu lugar es ser siempre honesto —Hinata lo interrumpió, extendiendo la mano sobre la mesa y colocándola sobre la suya.
Observó como las cejas de Kō se fruncían y sus ojos se apartaban de ella hacia la pila de invitaciones sobre la mesa. Tomó una con su mano libre, pero no desplegó el mensaje. Ambos ya sabían lo que contenía.
—Hinata-sama... ¿está usted a salvo? —preguntó y Hinata parpadeó sorprendida antes de retirar su mano.
¿Estaba ella a salvo? Esa era una pregunta extraña. Sasuke no la había lastimado... bueno, sí lo hizo, pero no creía que lo volviera a hacer. A pesar de todas sus fanfarronadas, toda su animosidad, no creía que el daño físico fuera a suceder.
—Uchiha Sasuke es un individuo muy peligroso Hinata-sama. Debe protegerse de él. No creo que pase mucho tiempo para que él arremeta contra usted.
«Hyūga, no soy un perro.»
La voz del Uchiha sonó en sus oídos mientras escuchaba las palabras de su hermano de clan. Sasuke no era un perro, aunque lo encerraron en una jaula y lo trataban como tal. Ella misma le hablaba como si fuera una bomba a punto de explotar. Cuando ella le hablaba, ¿escuchaba él el mismo tipo de condescendencia y miedo en su tono como en la de Kō? Hinata desvió la mirada de su antiguo protector y volvió a revisar la lista de invitados.
—Estaré bien Kō-san. Gracias por tu preocupación —dijo rotundamente—. ¿Hay más de lo que quieras hablar?
Kō abrió la boca queriendo recitarle la larga lista de miedos sobre los que quería advertirle, pero en cambio permaneció en silencio. Se quedó sentado frente a ella mientras Hinata continuaba revisando la lista de invitados. El reloj de la sala de estar avanzo lentamente, contando cada segundo que pasaba. A medida que el tiempo transcurrió y los innumerables nombres comenzaron a mezclarse, su mente volvió a los pensamientos que habían estado plagando su mente durante la mayor parte del día. Mientras Kō estaba preocupada por su seguridad, ella no pudo evitar sentir preocupación por quien él pensaba que debería tener cuidado.
Sasuke no había hablado con ella desde la cena con su familia. Él no salía de su habitación ni para comer y la medicina que ella dejaba afuera de su puerta permanecía intacta. Ni siquiera estaba segura de sí dormía por la noche y, aunque siempre podía usar a su Byakugan para controlarlo, no quería invadir la poca privacidad que tenía. Ella quería darle el espacio que necesitaba, pero parecía como si eso solo empeorara las cosas. Sasuke estaba acostumbrado a ser distante, estaba acostumbrado a estar solo. Si Naruto estuviera aquí, lo sacaría a la fuerza de su habitación y lo haría tener interacción humana. Ese curso de acción no era algo con lo que Hinata se sintiera cómoda e instintivamente sintió que empeoraría la situación.
Entonces, ¿cómo... cómo lograría comunicarse con alguien como él? ¿Estaba molesto porque ella finalmente había dicho en voz alta lo que ambos ya sabían? Él había descubierto su amor por Naruto hace mucho tiempo, así que no podía ser eso. ¿Era porque ella lo había besado? Hinata se mordió el labio inferior y distraídamente recorrió con los dedos la larga lista de nombres. Sasuke no se pondría celoso por un simple beso. Estaba segura de que un hombre como él había besado a un sinnúmero de mujeres, de las cuales, ninguna era ella. Su beso con Naruto no eran algo por lo que él, de todas las personas, tuvieran derecho a juzgarla.
«—En realidad... —Hinata pensó, sus ojos iban de la lista de invitados a la ventana—. ¿A cuántas mujeres habrá besado? ¿Habrá hecho algo más que besar?»
No era absurdo que semejante pensamiento corriera por su mente. Sasuke fue un niño lindo que se había convertido en un hombre atractivo. En el pasado, las mujeres no tuvieron problemas para adularlo. Cuando comenzara a mostrar su rostro alrededor del pueblo seguramente habría muchas que volvieran a profesar su adoración por él. Desafortunadamente para ellas, la lucha por su afecto cesaría antes de que tuvieran la oportunidad de comenzar. No muchas mujeres serían lo suficientemente valientes como para robarle el esposo a una Hyūga.
«El esposo de una Hyūga.»
Hinata frunció el ceño y volvió a su tarea. Sasuke iba a ser su esposo y, como tal, no estaba haciendo un buen trabajo cuidando de él. Incluso si ella no entendía lo que estaba pasando en su cabeza. Incluso si él la rechazaba repetidamente. Tenía que hacer su mejor esfuerzo. Había prometido hacer todo lo posible cuando firmó su contrato de compromiso y no podía parar ahora solo porque él la estaba ignorando. Con ese pensamiento en mente, rápidamente terminó de leer la lista de invitados y reunió sus cosas para irse. Kō diligentemente la ayudó a empacar su bolso y la siguió fuera del complejo. Mientras caminaban hacia la puerta de entrada, Hinata sostuvo su paraguas con fuerza, sabiendo que cada paso la acercaba más y más al distrito Uchiha. Un lugar que había sido marcado como incómodo en los últimos días.
«Cambiaré eso —pensó mientras se acercaban a la puerta—. Es mi casa también.»
—Tenga cuidado Hinata-sama —Kō dijo cuando finalmente llegaron a la puerta de entrada.
Los guardias se inclinaron rígidamente hacia ellos y por un momento Hinata se preguntó cuánto tiempo más le darían ese honor.
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—Itachi —murmuró Sasuke mientras sentía la lluvia golpear duramente su piel, cada gota lo perforaba como una daga.
«¡Mi hermana es demasiado buena para alguien como tú!»
—Alguien como yo... Itachi... ¿por qué a mí?
El último Uchiha cerró los ojos y se recostó contra la áspera corteza de un árbol y lanzó un lento y superficial suspiro. ¿Por qué Itachi lo salvó? Desde el día en que su hermano había masacrado a su clan, esta pregunta se había arremolinado en su mente. A veces lo enojaba lo suficiente como para prender fuego a algo. En otras ocasiones, lo hundía en una tristeza que hacía que su corazón se sintiera como si lo estuvieran sacando de su pecho. Mezclado entre esos dos polos estaba el miedo de un niño y la confusión de la edad adulta. Ahora... ahora solo se sentía vacío.
«Mi hermana es demasiado buena...»
Itachi había sido bueno. Había sido demasiado bueno, pero incluso él tenía un lado egoísta. Ese lado que hace años estuvo dispuesto a sacrificar a su clan y su honor solo para mantenerlo con vida. Si hubiera tenido una elección, habría muerto junto con el resto de su clan, era mejor que solo continuar existiendo como lo ha había hecho hasta ahora. Dentro de él, Itachi había visto una esperanza para el futuro. Dentro de él, Itachi había visto una forma de arrepentirse por los pecados que iba a cometer por el bien de la paz. Itachi había sido egoísta, pero de lo que no se había dado cuenta era de lo equivocado que había estado.
«...para alguien como tú.»
Esa chica Hyūga... Hanabi, ¿verdad? Aún podía oír su voz en sus oídos. Una voz que estaba llena de ira y odio, muy similar a la suya. No podía culparla por estar enojado con él. De hecho, su odio lo divertía, pero traía posibilidades con las que no quería lidiar. Las mismas posibilidades que surgieron con el contrato entre Hyūga y Uchiha. El contrato solo especificaba que el heredero Uchiha y la heredera Hyūga eran los que se suponía que debían casarse. Si su clan todavía estuviera vivo, Hinata se casaría con su hermano y no con él.
¿Habría estado tan enojado de que unieran a un desconocido con la única persona que admiraba en el mundo como lo estaba Hanabi? Hinata como su cuñada era algo que ni siquiera podía imaginar. Hinata como su esposa era algo que no quería. Detrás de él, escuchó el crujido de ramitas húmedas y el chapoteo del barro, alguien finalmente había venido a recogerlo. Les había tomado suficiente tiempo. Ya había estado allí durante varias horas, un ANBU debería haberlo hecho entrar hace horas. El aguacero había sido bastante fuerte. Iba a ahogarse aquí porque los perros falderos enmascarados de Kakashi habían sido demasiado perezosos para atraparlo.
—Uchiha-san —una voz suave lo llamó, apenas audible por el sonido de la lluvia, el viento y el chapoteo de sus pies en el barro.
Frunció el ceño cuando algo cubrió su cabeza y la lluvia dejó de caer sobre él. Esta era la primera vez desde la cena en el complejo Hyūga que escuchaba su voz. La primera noche que pasó sin la Hyūga en su cama fue la más fácil. Ahora tenía una amplia cantidad de espacio para sí mismo y no tenía que preocuparse por su inevitable intrusión en su lado de la cama. Él ya no se sentía sofocado por el calor de su cuerpo ni tampoco sentía como sus manos se aferraban a su ropa. No había murmullos entre dientes de "Neji", quienquiera que fuese y por primera vez desde que despertó en el sótano del hospital, estaba realmente solo. Sin embargo, a pesar de su nueva soledad, se encontró incapaz de dormir. Durante horas se acostó en la cama, con los ojos cerrados y la respiración tranquila, pero el sueño seguía siendo difícil de alcanzar. Fuera, los ruidos cambiaban de grillos a pájaros, pero el sueño nunca lo encontró.
La segunda noche no había sido mejor. No solo tenía el estómago vacío, sino que también estaba exhausto por tratar de caer inconsciente. Había pasado por cosas peor, por supuesto. Había sufrido un dolor físico que aplastaría incluso al shinobi más experimentado. Había dormido durante seis meses, no debería ser tan difícil volver a dormir.
—Uchiha-san —Hinata dijo—. La lluvia empeorará. Es hora de regresar.
Tal vez se estaba volviendo loco debido a la falta de sueño en casi setenta y dos horas, pero el sonido de su voz ya lo estaba adormeciendo. Él hundió los dedos en el barro y trató de evitar que los sentimientos surgieran hasta que ella ya no estuviera en su presencia.
«Mi hermana es demasiado buena para estar con alguien como tú.»
—Por favor vuelve conmigo —dijo ella, su voz estaba aún más cerca que antes.
—¿Por qué? —él gruñó.
—¿Uchiha-san?
«¡Debería estar con alguien que la ame!»
—¿Por qué estás haciendo esto? —escupió y maldijo su existencia.
¿Por qué ella estaba haciendo esto? Todos tenían una razón para actuar, sin importar cuán intrincadas pudieran ser. Naruto y Sakura querían que volvieran a sus días de "gloria" y pretendieran que eran un equipo. Kakashi quería que "lo intentara de nuevo", pero lo que realmente deseaba era un arma leal para luchar por la aldea cuando llegara el momento. Los Hyūga querían tierras, dinero y niños. Él solo quería recuperar sus ojos. Todos querían algo. ¿Qué quería ella de él? Su mano le tocó el hombro, pero él la apartó como si lo hubiera quemado. De alguna manera ella lo hacía. Hubiera preferido que ella nunca lo hubiera despertado. Hubiera preferido permanecer en coma que ser manipulado continuamente por todos los que lo rodeaban.
—Dime algo Hyūga —comenzó.
Ella se benefició de este acuerdo de alguna manera, tenía que ser así. No importa lo desinteresada que pareciera, tenía algo que ganar. Itachi había tenido algo que ganar. Se puso de pie temblorosamente y dio un paso hacia su compañera. La escuchó dar un paso atrás, pero él siguió sus pasos hasta que ella dejó escapar un pequeño grito de sorpresa. Dio otro paso hacia adelante y encontró su cuerpo presionado ligeramente contra el de ella. La Hyūga era bajita, mucho más baja de lo que él previamente había pensado. Se presionó más cerca y la cubierta que los había mantenido protegidos de los elementos se cayó al barro. La lluvia volvió a caer sobre ellos, esta vez aún más fuerte que antes.
—¿Qué obtienes de este acuerdo? ¿Cómo te beneficia el matrimonio?
—Uchiha-san, no entiendo —ella respondió, inútilmente presionando sus manos contra su pecho, la confusión que era evidente en su voz y eso solo sirvió para avivar su irritación con ella.
—Deja el acto inocente Hinata-sama. ¿Qué quieres de mí? Tu familia tiene mis tierras, mi dinero. También debes querer algo de mí.
—Yo... yo no quiero nada de ti.
—Hn, entonces eres aún más estúpida de lo que pensaba —dijo y tendió una mano para tocarla—. No eres más que un peón bajo el control de tu clan.
Ella se estremeció cuando sus dedos subieron por la tela mojada de su ropa en un movimiento similar a la noche después de la cena. Cuando llegó a su piel, sintió calor bajo las yemas de sus dedos y su acelerado pulso. Ella era tan suave como siempre, pero esta vez podía saborear el miedo que ella irradiaba. Él quería más. Él quería que ella sufriera como él.
—Estás enamorada de Naruto, ¿verdad? Si realmente lo amas, ¿por qué te casas conmigo? ¿Te das cuenta de que parece considerarme un amigo?
—Uchi…
—¿Estás haciendo esto para llamar su atención? ¿Esperas que en el último minuto él confiese lo que siente por ti? Sí, eso es lo que buscas.
—¡Detente! —ella dijo, su voz no era un grito, solo un poco más fuerte de lo que normalmente era. Él sonrió. Nunca la había escuchado sonar de esa manera. Él quería más.
—Parece que te he puesto nerviosa. Intentas ponerlo celoso.
—¡No, no, no quiero eso!
—No tienes que mentirme, Hinata-sama. Sé que eres tan codiciosa como el resto de tu clan. ¿Qué tal si a cambio de mis ojos, te permito que tomes a Naruto como amante? Aunque, si nuestros hijos resultan ser rubios, creo que eso crearía rumores… —le susurró al oído, pero ella lo interrumpió con un fuerte empujón contra su pecho. No fue suficiente para enviarlo lejos, pero sí llamó su atención. Él sonrió—. ¿Te he hecho enojar Hinata-sama?
—Naruto-kun... ¡Naruto-kun realmente se preocupa por ti! ¡Eres una persona importante para él! —ella gritó sobre la lluvia—. Sakura-san se preocupa por ti y Hokage-sama también. Ellos... ¡te aman!
Sasuke frunció el ceño. ¿Amor? ¿Ellos lo amaban? ¿Qué diablos sabían esos idiotas sobre amarlo? Apenas lo conocían.
—Sí, mi clan tiene sus propios planes. Podría ser solo un peón para ellos, pero lo hago por mi propia voluntad. Me preguntas por qué acordé casarme contigo y sí, tengo mis propias razones egoístas y esas son porque otras personas te aman y quieren que tengas una vida mejor. Es porque quiero ayudar a mi clan de cualquier manera que pueda. Es porque si no soy yo, ¿entonces quién? —ella continuó gritando—. Sé que soy una persona egoísta y tengo razones por las que quizás no estés de acuerdo, pero no soy estúpida. Sé en qué me he metido y ¡pienso hacerlo lo mejor posible!
El Uchiha parpadeó, la lluvia caía por su rostro. Esta mujer... esta estúpida y patética mujer. Ella era como Itachi. Su hermano era demasiado bueno... demasiado egoísta. Esta mujer era igual. Sus manos mojadas tiraron de su brazo y lo dirigieron hacia donde estaba la casa. Su casa. Una casa que una vez había pertenecido a uno de los hombres de su clan. Una casa en la que se esperaba que lo "intentara de nuevo".
«No creo que sea posible reconstruir.»
Las pequeñas manos de Hinata agarraron fuertemente su brazo, tirando de él a través del patio y dejo allí olvidado el paraguas. Si fuera posible, la lluvia comenzó a caer más fuerte, pero su ritmo se mantuvo igual. Un pie frente al otro. Con cada paso se acercaba más a su prisión. ¿Sabía Itachi como terminaría cuando lo salvó? ¿Sabía cuáles serían las ramificaciones de sus acciones egoístas?
«Pero creo que podemos probar algo nuevo.»
«¡Mi hermana es demasiado buena para alguien como tú!»
«Quiero que lo intentes de nuevo.»
Cayó de rodillas en el barro, cubrió sus oídos para bloquear el ruido de la lluvia... las voces de aquellos que lo odiaban. Las voces de los que aparentemente lo amaban. Todo se mezcló con la oscuridad e hicieron que sintiera como si su cabeza estuviera a punto de explotar. Una sensación de ardor detrás de sus ojos comenzó a romper el dolor y un cálido líquido comenzó a correr por sus mejillas, acumulándose en su barbilla.
Sintió a Hinata dejarse caer frente a él, sus delgados brazos envolviéndole el cuello, acercándolo a algo cálido... algo que olía a lavanda y vainilla. Se concentró en el olor y aunque su cabeza aún dolía y sus ojos ardían, las voces cesaron. La lluvia continuó cayendo y después de casi setenta y dos horas finalmente cayó inconsciente.
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Hinata tarareaba para sí misma mientras metía un trapo en un tazón con agua helada y escurría el exceso. Colocó la tela en la frente de Sasuke y sus ojos se movieron inconscientemente ante el cambio de la temperatura, pero sus rasgos rápidamente se relajaron. Ella apartó algunos mechones errantes de cabello negro de sus mejillas y se asombró levemente de lo sereno que se veía cuando dormía. Sus labios no estaban levantados en una sonrisa arrogante y sus ojos no eran agujeros llenos de odio. En realidad, parecía una persona agradable cuando estaba durmiendo. Desafortunadamente, esa amabilidad no lo siguió a la tierra de la vigilia. Suspirando ajustó las mantas alrededor de su cuerpo por enésima vez.
—Itachi —murmuró él débilmente entre sueños y Hinata presionó sus labios.
Había estado llamando a Itachi por un tiempo ahora, de manera similar a cuando llamó a su madre. Él no estaba teniendo una pesadilla, pero no imaginaba que sus sueños fueran dulces. Sin duda estaban plagados de sus recuerdos. A veces una sonrisa fugaz cruzaba su rostro y se preguntaba si estaba soñando con un momento en que su clan estaba vivo y completo. Ocasionalmente, sus oscuras cejas se fruncían y un susurro suave y doloroso escapaba de sus labios.
—Uchiha-san —dijo en voz baja mientras le quitaba el paño húmedo de la frente y activaba su Byakugan.
Había tanto chakra acumulado alrededor de sus ojos. Si hubiera tomando su medicamento y durmiendo de la manera en que se suponía que debía, no sería tan malo, pero ahora era incluso peor que antes. Realmente necesitaba controlarse antes provocarse una ceguera permanente. Parte de eso fue su culpa. Ella no debería haberle permitido estar solo.
Mordiéndose el labio inferior, puso una mano a cada lado de su cabeza, observando atentamente las vías hinchadas debajo de su cráneo. Ella tenía que tener cuidado. El cerebro y los ojos eran más sensibles que el resto de su cuerpo. Si desbloqueaba demasiados puntos de chakra a la vez, podría dejarlo en estado vegetativo. Tomando una respiración profunda, ella envió una pequeña cantidad de su propio chakra a través de las yemas de sus dedos y alivio el bloqueo.
Fue solo un poco, pero eso aliviaría el dolor que estaba sintiendo actualmente. Sus párpados se crisparon con incomodidad, pero pronto se relajaron. Su respiración se mantuvo uniforme y su chakra no rechazó la pequeña inyección del suyo. Ella dejó escapar un suspiro de alivio y comenzó a retraer su mano, solo para ser retenida por Sasuke. Sus dedos temblaron contra los de ella, pero de todas formas se enroscaron alrededor de ellos como si fueran lo único que podría evitar que cayera.
—¿Uchiha-san? —preguntó nerviosamente, pero sus dedos rápidamente se apartaron de los suyos y se volvió a dormir.
Tal vez solo había sido un reflejo, un movimiento corporal inconsciente que no pudo controlar. O tal vez... tal vez él quería que ella permaneciera a su lado. Fuera lo que fuera, no estaba muy segura. Mientras reanudaba el tarareo, colocó el paño húmedo sobre la frente masculina y le ajustó las mantas una vez más. Esperaba que durmiera unas horas más y cuando despertara le haría comer algo. Él no estaría feliz, pero lo haría comer, le gustara o no.
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—¡Wow! ¡Esto es incluso más de lo que esperábamos!
Naruto sonrió orgullosamente ante la expresión de asombro en los rostros de los guardias mientras observaban la aparentemente infinita caravana detrás de él. Gaara ciertamente había sido generoso con sus recursos, pero también lo habían sido las otras naciones. El comercio de Konoha había disminuido mucho, pero esta afluencia de bienes volvería a poner en marcha las cosas. Con suerte, los inversores comenzarían a llegar y con ellos vendrían empleos. Con los trabajos venia el dinero, algo que su gente necesitaba desesperadamente.
—Simplemente firma aquí y comenzaremos la inspección de personas y bienes —el aturdido guardia dijo, entregándole a Naruto un portapapeles.
El rubio miró el papeleo cautelosamente, una sensación de temor burbujeaba en el fondo de su mente. Si firmaba esto, significaría que tendría que pasar por el proceso de inspección y eso probablemente les llevaría todo el día. Travieso miró a Konohamaru que venía hacia la puerta con sus compañeros de equipo. Una bombilla se encendió en su cabeza.
—En realidad, él es el que está a cargo —dijo Naruto encogiéndose de hombros y colocando sus manos detrás de su cabeza.
—P-p-pero él es un niño… —tartamudeó el guardia cuando Konohamaru, Moegi y Udon finalmente llegaron junto a ellos.
—¿Un niño? —Naruto se burló—. Estás mirando al próximo Hokage. ¿No es cierto, Konohamaru?
—¿Huh? —dijo el chico, perplejo. Naruto perezosamente se llevó el dedo meñique a la oreja y lo movió.
—El Hokage. ¿Pensé que dijiste que tu ibas a ser el próximo? ¿O estoy equivocado?
Konohamaru apretó con más fuerza su mochila e hinchó el pecho para parecer más grande. Interiormente, Naruto sonrió, esto fue incluso más fácil de lo que había pensado.
—¡Por supuesto que lo seré! ¡Puedo limpiar el suelo contigo! ¡Seré un Hokage mejor que tú!
—¿Ven? —dijo Naruto, haciendo un gesto perezoso de Konohamaru al guardia—. A mí me suena como el hombre a cargo.
—P-p-p-pero…
—¡Dejo todo en tus capaces manos!
—¿Qué debo hacer? Haré un trabajo mejor que él.
—Y-y-yo no sé acerca de...
—¡Nos vemos luego! —Naruto sonrió y le dio un saludo burlón al trío de chūnin y al guardia.
Trato de contener la risa hasta que saltó al primer techo, pero ese esfuerzo resultó ser en vano cuando un fuerte "¿quieres que haga qué?" sacudió a algunas aves de sus árboles. Naruto se reía de buena gana, saltando por los tejados, su diversión no solo se debía a eludir su responsabilidad. Se sintió mareado por estar de vuelta en la aldea oculta de Hojas. El regreso siempre trajo cierto sentido de pertenencia. Este era su hogar y estaba lleno de gente a la que quería proteger... con personas que lo necesitaban.
Sonrió mientras miraba el pueblo, apenas tocado por el sol de la mañana. Su apartamento era como un faro que se desmoronaba en la distancia, pero la comodidad de estar en casa lo emocionaba. Una vez que dejara sus cosas iría a visitar a Sakura y a Sasuke en el hospital. Con suerte, el bastardo estaría de mejor humor y no había herido demasiado los sentimientos de Sakura. Después de ver a sus viejos compañeros de equipo, Kakashi sabría que estaba de vuelta en el pueblo, así que tendría que ir a verlo antes de enviar a un pobre genin en su búsqueda.
«Después de eso... —pensó Naruto mientras aterrizaba en el porche de su departamento—. Después de eso, iré a buscar a Hinata.»
Pensó nuevamente en la costosa caja de chocolates anidada con seguridad en el fondo de su mochila. ¿Le gustaría? Solo podía esperar así fuera. Con una amplia sonrisa, levantó la alfombra de bienvenida para agarrar su llave de repuesto y abrió la puerta de su casa. Lo primero que notó fue un par de gastadas sandalias ubicadas cuidadosamente al costado de la puerta. La segunda cosa era que el apartamento estaba mucho más ordenado de como lo había dejado. Eso solo podía significar que Sakura había estado usando su departamento como él había insistido en que debería hacer. Era extraño, pero la idea de que ella realmente tomara su oferta alivió un poco la tensión en sus hombros. Odiaba dejarla sola durante tanto tiempo.
Tan silenciosamente como pudo, se abrió paso a través de la pequeña sala de estar hasta su habitación donde la puerta estaba entreabierta. Cuidadosamente abrió la puerta para encontrar a Sakura todavía dormida en su cama. Largas y desnudas piernas se habían enredado en sus sábanas y la holgada camisa que llevaba estaba medio subida, eso le daba una amplia visión de su abdomen. Una leve brisa recorría la habitación, alborotando su cabello y causando que la piel de gallina se extendiera por todo su cuerpo. Los rayos de sol del amanecer que brillaban a través de la ventana abierta no parecían molestar a la médico que dormía plácidamente, tampoco lo fue el sonido de sus pasos contra el traicionero suelo que crujía.
Silenciosamente, Naruto se sentó en el borde de la cama y sonrió. No había visto a Sakura tan relajada en meses. No era frecuente que él pudiera atraparla con la guardia baja. Quitó algunos mechones de cabello rosa de su frente y el diamante en el centro quedo a la vista. Tan pronto como la tocó, sus ojos se abrieron y lo miraron fijamente. Al principio, parecía confundida, parpadeando lentamente mientras trataba de averiguar si él estaba realmente allí. Naruto reía entre dientes y palmeó una de sus piernas.
—Buenos días, Sakura-chan —dijo y Sakura inmediatamente se levantó como si la hubiera sacudido una ráfaga de electricidad.
Sus delgados brazos le rodearon el cuello tan rápido que no pudo sostenerse contra su peso y cayó de espaldas sobre la cama con un amortiguado "oomph".
—¡Estás de vuelta! —ella expresó, enterrando su rostro en el hueco de su cuello. La sonrisa de Naruto se amplió ante su emoción y acarició la parte superior de su desordenado cabello rosado.
—Si recibo este tipo de bienvenida, debería irme más a menudo ¿eh?
—Idiota —Sakura refunfuñó y de inmediato lo soltó.
Se sentó erguida con una expresión de irritación fingida en su rostro mientras cruzaba los brazos sobre su pecho. Naruto se sentó también y se sacó la mochila de la espalda.
—Te tengo un regalo —indicó mientras bajaba la cremallera de la parte superior de su mochila para buscar dentro.
Luego sacó dos juegos de pergaminos en blanco y dos frascos de tinta. Observó divertido mientras sus ojos se abrían ante los objetos y ella inmediatamente se los arrebató.
—¡He estado usando la parte posterior de antiguos pergaminos durante meses! —Sakura exclamó y saltó fuera de la cama.
Luego corrió hacia donde estaba su maletín, sobre el escritorio que nunca usaba y comenzó a sacar pergaminos. Como ella había dicho, los rollos estaban llenos de tinta negra en ambos lados, los pergaminos lucían desgastados por el uso excesivo y la absorción de la tinta.
—Debería haber algunos más en el stock del hospital ahora, pero pensé que podrías querer algunos solo para ti —señaló Naruto mientras la veía empacar su bolso.
Ella le dio una brillante sonrisa por encima del hombro y volvió a cerrar su maletín.
—Gracias, Naruto —dijo antes de detenerse por un momento y morderse el labio inferior. La expresión de consternación hizo sonar campanas de alarma en su cabeza.
—¿Está todo bien? —preguntó, levantándose de la cama para ir hacia ella—. Sasuke no fue demasiado idiota, ¿verdad?
Sakura negó y tiró del borde de su camisa, con una sonrisa acuosa en sus labios.
—Estoy feliz de que hayas vuelto.
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No había muchas cosas que molestaran a Kiba. Le gustaba pensar que era una persona paciente, a pesar de la gente pensaban que tenía muy poca. Para entrenar una manada, uno tenía que ser una persona estable y paciente. Después de todo, los cachorros emulaban al líder de su manada. Si fuera irracional, su manada asumiría el mismo rasgo.
El Inuzuka llevó a sus labios el frío silbato que colgaba alrededor de su cuello. Hizo una pausa para mirar a Akamaru que estaba sentado obedientemente a su lado antes de tocar el silbato. El sonido atravesó sus oídos, aunque sabía que la mayoría de las personas no habría escuchado el ruido. Solo tomó unos segundos para que los cachorros salieran corriendo del bosque donde estaban entrenando. Se empujaban torpemente uno contra otros, tropezaban con sus propias patas. Corrieron hacia él y Akamaru, con las bocas llenas de objetos mientras saltaban entusiasmados.
Kiba hizo sonar el silbato por segunda vez y todos los cachorros detuvieron obedientemente lo que estaban haciendo y escupieron sus objetos. Kiba miró las cosas con desilusión. Había palos y rocas y un par de conejos muertos, pero ninguno de ellos le llevo el objeto que se suponía que debían haber encontrado. Tenían la reputación de ser los mejores rastreadores en todo Konoha y ese título no se les había entregado por nada. Lamentablemente, esta camada en particular estaba siendo complicada de entrenar.
Justo cuando iba a abrir la boca, un crujido de los arbustos llamó la atención de todos. Todas sus cabezas giraron en la misma dirección que el sonido para encontrar al enano de la camada, una bola pequeña de pelo marrón oscuro, corriendo tan rápido como podía hacia ellos con un paño rojo en la boca. Kiba puso sus manos en sus caderas y sonrió ampliamente mientras el cachorro se acercaba cada vez más.
—Bien, eso fue una sorpresa —dijo y se llevó el silbato a los labios. Sopló y el pequeño cachorro se detuvo frente a él, dejando el trapo de tela roja a sus pies—. ¡Buen trabajo, amigo! ¡Lo encontraste!
El enano meneo la cola feliz por su éxito y Akamaru lo golpeó juguetonamente en la cabeza con una pata que era el doble de grande que el perrito. Los otros cachorros comenzaron a ladrar también, compartiendo la felicidad de su compañero de camada, pero Kiba entrecerró los ojos y sopló su silbato. Los agudos ladridos cesaron y los cachorros agacharon la cabeza avergonzados.
—Vamos, serán cinco vueltas para ustedes —instruyó Kiba y Akamaru se puso de pie para dirigir la camada.
Luego recogió al enano y el resto de los cachorros se ubicaron detrás de Akamaru. Kiba hizo sonar su silbato por última vez y Akamaru corrió hacia adelante, los cachorros partieron con determinación. El Inuzuka sonrió mientras veía a la manada salir corriendo bajo el sol de la mañana y rascar al cachorro detrás de sus orejas.
—Vamos a conseguirte un premio —dijo y el cachorro comenzó a mordisquear alegremente sus dedos.
Él se rió entre dientes y comenzó a caminar. Aunque entrenar cachorros era una tarea tediosa, a él le gustaba hacerlo. No podía esperar hasta que eligieran a sus dueños entre los miembros de su clan y finalmente recibieran sus nombres. Con un suspiro, Kiba entró a la casa principal y colocó al enano en el piso para que pudiera hurgar en busca de golosinas. Miró en todos los armarios de la cocina dos veces, pero estaban vacíos. El enano le dio un golpe en el tobillo con la nariz, una mirada de decepción en sus grandes ojos marrones se hacía más profunda mientras más tardaba en recibir su recompensa. Kiba le dio unas palmaditas en la parte superior de la cabeza a modo de disculpa.
—¡Hey, Ma! —Kiba gritó mientras seguía su nariz hacia donde el olor de su madre era más fuerte. El enano lo siguió de cerca, mordiendo juguetonamente su pantalón—. ¿Dónde está la bolsa de golosinas? ¿Ya se terminaron?
No tardó mucho en encontrar a su madre, ya que su nariz lo condujo a la sala de estar. Ella y su hermana mayor, Hana, estaban acurrucadas en el sofá, sus voces se mezclaban en silenciosos susurros.
—Ma, las golosinas... —comenzó Kiba, pero su voz se fue apagando cuando vio lo que su madre y su hermana tenían entre sus manos.
Era un pergamino pequeño hecho de lo que parecía ser un papel demasiado costoso. No podía distinguir la escritura, pero estaba muy familiarizado con el emblema Hyūga que estaba incrustado en la parte superior.
—¿Qué es eso? —preguntó.
—Kiba... —su madre dijo vacilante mientras Hana comenzaba a enrollar frenéticamente el pergamino—. Kiba tal vez deberías sentarte.
—No —él respondió con un movimiento de cabeza—. Dime qué es eso.
Su madre cerró los ojos y pasó una mano por su desordenado cabello. No necesitaba leer el pergamino para saber que lo que contenía lo haría sentir preocupado.
—Hinata va... Hinata va a...
—Hyūga Hinata se va a casar —Hana dijo rotundamente cuando pareció que su madre no podía pronunciar las palabras—. La invitación es para que nuestro clan envíe un representante a la ceremonia.
...No, no había demasiadas cosas que molestaran al Inuzuka, pero cualquier cosa que tuviera que ver con Hinata era algo personal. Kiba gruñó al recordar las palabras de su hermana. Ella y su madre habían hecho todo lo posible para evitar que abandonara la propiedad, pero él fue demasiado rápido para ellas.
Hyūga Hinata se va a casar.
Hyūga Hinata se va a casar.
Hinata, su Hinata, se iba a casar.
Era increíble. Apenas la había visto después de la guerra y menos estos últimos siete u ocho meses, ni siquiera había podido percibir el olor de su fragancia. Él pensó que ella estaba trabajando en el hospital, al menos eso era lo que Naruto le había dicho. Kiba frunció el ceño mientras apretaba sus puños y saltaba rápidamente de techo en techo. Naruto debería haberle dicho que él y Hinata estaban juntos ese día que le había preguntado por ella. ¿Por qué no lo hizo? ¿Tenía miedo de que se molestara?
Él amaba a Hinata, pero no estaba enamorado de ella. Era como una hermanita para él. Ella y Shino eran miembros de su manada y, como tal, era su deber protegerlos. ¡No podía hacer eso si no sabía lo que estaba pasando en sus vidas! Kiba soltó un bufido de frustración cuando aterrizó frente al hogar del Uzumaki y olisqueó. El olor del Jinchūriki estaba en todo el edificio, pero particularmente se concentraba en una esquina en el cuarto piso. Subió las escaleras de dos en dos, su frustración y enojo aumentaban a medida que se acercaba. Cuando llegó a la puerta, golpeó ruidosamente. Un olor diferente se mezclaba con el de Naruto, pero él ignoro esa información y continuó golpeando.
—¡Naruto! —gritó a través de la puerta—. ¡Naruto, sé que estás ahí!
Podía oír pies arrastrándose hacia la puerta, pero siguió golpeando. No se iría hasta que obtuviera una explicación de por qué Naruto y Hinata habían mantenido su relación en secreto. Con un fuerte clic, la puerta de entrada se abrió, pero no fue Naruto quien lo recibió.
—¡Deja de golpear! —Sakura siseó enojada.
Kiba permaneció inmóvil con su puño levantado, mirando a la kunoichi de cabello rosado frente a él. Los ojos verdes entrecerrados de Sakura se ensancharon cuando ella lo miró y dio un medio paso vacilante lejos de la puerta.
—Kiba —jadeó.
El moreno parpadeó, haciendo todo lo posible para dar sentido a por qué Sakura estaba allí en primer lugar. El olor de Naruto estaba por todos lados, especialmente en ella, así que sabía que no había llamado a la puerta equivocada. Tenía un millón de preguntas corriendo por su cabeza, pero lo único que resaltaba era el hecho de que ella estaba delante de él en nada más que una vieja camiseta holgada. Tragó saliva y bajó el puño.
—Sakura... ¿dónde diablos están tus pantalones?
Continuará en... Volverse justo
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Fin capitulo diez
Notas: ¡Hola! ¿Cómo están? Finalmente, después de un pequeño, descanso he vuelto en gloria y majestad. Estoy super emocionada de volver a las pistas, no tienen idea de cuanto los extrañe. Aunque me encantaría explayarme mucho más en esta nota, la verdad es que no lo hare, ya que estoy terriblemente cansada. Mi sobrino pequeño comenzó con las clases virtuales y nuevamente yo soy su cuidadora/madre/profesora y este primer día me dejo molida.
Espero de todo corazón que disfruten de esta actualización DOBLE. Y nos estamos viendo el próximo mes. Los amo.
Guest Lady: Me alegra mucho que te guste la historia cariño.
Guest Guest: ¡Oh wow! No sabes lo feliz que me hace leer que la historia te gusta.
Guest Yelrihsa: ¿Qué? ¿Tan rápido? ¡Wow! Esa tiene que ser una nueva marca.
Guest Luna Negra: Aww… muchas gracias cariño. Espero que estos capítulos también te gusten.
Guest Rinsita-chan: Como pudiste ver, el drama por el compromiso no solo será por parte de Naruto y Sakura.
Guest Branca13: Obrigado por ler a história. Beijos.
Naoko Ichigo
