Disclaimer: Los personajes de Naruto no son míos, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, es de College n Curlsy fue beteada porgeekgir7.

xxx

Volverse consciente

Hinata abrió cautelosamente los ojos en la aún oscura habitación. El despertador en la mesita de noche sonaba incesantemente hasta que finalmente alguien apretara el botón para silenciarla. El Hokage llegaría pronto para comenzar el tercer día de entrenamiento de Sasuke. Desafortunadamente, el hombre que dormía junto a ella no parecía haber escuchado la alarma. Aunque, no podía estar muy enojada con su falta de respuesta. No estaba segura de lo que él y Kakashi hacían, ya que ella aprovechaba ese tiempo para retomar su propio entrenamiento y hacer recados. Ella podría no estar en servicio activo, pero eso no significaba que debía perder la práctica.

Sin embargo, lamentaba haberse quedado entrenando hasta tarde y tan duro como lo hizo. Todos sus músculos gritaban ante la presión que había ejercido sobre ellos y sus ojos ardían por el uso excesivo. Mientras la alarma seguía chillando, Hinata dejó escapar un gemido de incomodidad y trató de sentarse en la cama. Desafortunadamente, fue retenida por un brazo que era demasiado pesado para su propio bien...

—¡Sasuke! —chilló mientras él tiraba de ella para recostarse. El golpe de una dureza contra su trasero solo sirvió para llenarla de pánico. Sus ojos se abrieron cuando él ignoró sus protestas y enterró su rostro en la parte posterior de su cuello y hombro—. ¡El Hokage estará aquí pronto!

La respuesta que recibió fue un murmullo incoherente. Cuando era más joven había estado completamente protegida del conocimiento sobre la anatomía masculina. Como heredera del clan Hyūga, se esperaba que se mantuviera virgen hasta su noche de bodas. No fue una hazaña difícil, entre su timidez natural y su afecto no correspondido por Naruto. Aun así, a medida que crecía había visto partes del cuerpo del sexo opuesto debido al hecho de que tenía compañeros de equipo varones. Trabajar en el hospital también la había expuesto a la anatomía masculina. Los cuerpos de los hombres no eran completamente ajenos para ella ahora, pero esto...

—¡Sasuke! —jadeó cuando se presionó contra ella otra vez cuando trató de alejarse.

No estaba muy segura de cómo manejar algo como esto. Tomando una respiración profunda trató de permanecer lo más quieta posible. Incluso el más insignificante de los movimientos solo parecía empeorar el pequeño problema de Sasuke y si tenía que ser sincera, esa cosa no se sentía pequeña. Detrás de ella Sasuke gruñó, sus cálidos labios rozaron su hombro y el aliento le erizó los cabellos del cuello. La sensación causó que la piel de gallina se extendiera desde el punto de contacto hasta el resto del cuerpo.

—Sa-Sasuke —tartamudeó, pero una vez más se encontró con silencio.

¿Qué podía hacer ella en una situación como esta? Claro, siempre podía usar su puño suave, pero eso parecía ser una medida demasiado drástica. De todos modos, no era como si él pudiera controlarlo. Según los pergaminos médicos que había estudiado, las erecciones eran funciones corporales naturales y normales. Hinata chilló cuando él se presionó contra ella otra vez antes de finalmente soltarla y voltearse sobre su espalda.

Tan pronto como su brazo se deslizó fuera de su cintura ella dejó escapar un suspiro de alivio y se sentó rápidamente antes de que él pudiera agarrarla y arrastrarla de nuevo hacia abajo. A pesar de que ya no tenía su "problema" contra su espalda, continuaba sintiéndose completamente mortificada, pero tenía que despertarlo. Tomando una gran bocanada de aire, se cubrió los ojos con una de sus manos y con la otra trató de sacudir su brazo. Sasuke se movió un poco, esta vez su respuesta a regañadientes fue más coherente.

—Hinata —gruñó y el ronco sonido de su voz hizo que su rostro se pusiera aún más rojo.

—¡Um! Ka-Ka-Ka… el Hoka… —tartamudeó, incapaz de unir las sílabas.

Con un gemido, Sasuke se pasó una mano por el rostro y se sentó. Ahora que estaba despierto, ella no podía soportar permanecer a su lado y no se atrevía a ver si su problema había disminuido por sí solo. Con ambas manos presionadas firmemente contra sus ojos, ella rápidamente salió de la cama y corrió hacia la puerta.

—Maldición —Sasuke siseó por lo bajo justo cuando ella cerró la puerta.

Hinata presionó su espalda contra la puerta, hundiéndose en el piso y llevando sus rodillas hacia su pecho. Sentía que su corazón latía como a una milla por minuto y no importaba cuántas respiraciones profundas diera, no podía hacer que se detuviera.

«Es normal. Es normal. Es normal.» Ella se repitió como un mantra.

Sasuke se estaba volviendo más fuerte cada día. A medida que mejoraba, las dosis de su medicamento iban disminuyendo, lo que presumiblemente permitiría que volviera su libido. Él no podía evitar eso. Hinata tragó saliva y enterró aún más su rostro en sus rodillas. Eso era algo bueno, ¿verdad? Si algún día iban a tener hijos, esa parte de él debía funcionar completamente. Detrás de la puerta, un pequeño crujido y el chirrido de la cama hicieron que Hinata saltara desde su lugar en el piso y volara rápidamente a la cocina. Ya sea que Sasuke estuviera saliendo de la cama o se estuviera deshaciendo de su "problema", ella no quería estar cerca para escucharlo.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

—El paciente está estable por ahora —Tsunade dijo, quitándose el sudor de la frente con el dorso de la mano—. Transfiéranlo a la UCI.

Las enfermeras a su alrededor asintieron diligentemente y entraron en acción. Había menos enfermeras de las que necesitaban, pero de alguna manera su personal siempre estaba a la altura del desafío. Frunció el ceño mientras miraba la mesa de operaciones y vigilaba a su personal que se llevaba al paciente. El shinobi había sido herido gravemente y su maltratado escuadrón lo había traído en medio de la noche. Costillas rotas, hemorragia interna, tejidos desgarrados. Tsunade sabía que ella era capaz de manejarlo por sí misma, pero hubiera preferido que Sakura tomara la delantera. Este era el lugar de su aprendiz. Aquí era donde ella vio que su determinación brillaba más. No había otra kunoichi a la que hubiera preferido transmitirle su conocimiento.

Tsunade frunció el ceño y comenzó a quitarse los guantes ensangrentados, colocándolos en el cubo de riesgo biológico cuando salía de la sala de operaciones. Ella no debería estar haciendo esto. Debería estar entregándole el título de médico principal a Sakura. Debería estar planeando un viaje a los mejores casinos dentro de las cinco grandes naciones. En cambio, cuando su mente no estaba llena con los problemas diarios del hospital, estaba constantemente preocupada por la joven. Se suponía que Sakura era más fuerte que esto. La había entrenado para ser más fuerte, para que no cayera en los mismos vicios que ella tenía. Por desgracia, parecía que no había sido suficiente.

Se metió las manos en la bata de laboratorio salpicada de sangre y bajó por el pasillo. Todo el tiempo rezó para que ningún alma interfiriera con su caminata desde el piso de operaciones hasta su oficina. Ella desesperadamente necesitaba un trago y lo último que tenía en mente era tratar con otra emergencia de vida o muerte.

—¡Hey Baa-chan! —una voz demasiado alegre para esa hora de la mañana, la llamaba desde el pasillo.

«Maldición.» Tsunade pensó, su espalda se puso rígida ante el sonido de ese apodo. Acelerando su ritmo, hizo todo lo posible para deshacerse del rubio Jinchūriki, pero fue en vano.

—¡Baa-chan espera! —él gritó.

Sus fuertes pasos eran atronadores mientras corría por el pasillo. Furiosa, se giró y miró al joven. ¡Este era un hospital, no un patio de recreo! Ella abrió la boca para reprender a Naruto, pero la mirada preocupada en sus ojos azules la hizo cerrar la boca.

—Ba-baa.. —dijo sin aliento, inclinándose para recuperar el aliento—. Baa-chan, ¿has visto a Sakura-chan?

Los ojos de Tsunade se estrecharon ante la mención de su aprendiz y cruzó los brazos debajo de su pecho. El estado en el que había visto a Sakura más temprano ese día no había sido el mejor. Una parte de ella esperaba que la niña fuera capaz de salir de la cama hoy, pero lo dudaba mucho.

—He estado visitándola aquí todos los días, pero no la he visto y ella no ha venido a mi... Quiero decir que no ha ido a Ichiraku.

—Ella está en la casa de sus padres —Tsunade le informó, ignorando su breve desliz, después averiguaría sobre eso.

Ella sabía que cierta Hyūga estaba a punto de casarse con alguien por quien ellos tenían un gran afecto. La vida amorosa de los jóvenes era demasiado complicada como para seguirle la corriente, pero él ciertamente no parecía tan deprimido como Sakura. De hecho, todo lo que parecía importarle en ese momento era el paradero de su amiga. Su rostro se iluminó un poco al conocer la ubicación de Sakura, pero rápidamente volvió a preocuparse.

—¿Está bien? ¿Has hablado con ella?

—Si ella estuviera bien, estaría aquí —Tsunade gruñó y procedió a continuar su caminata hacia su oficina. Había una botella de sake en el cajón inferior que la estaba esperando—. Presentaré un permiso de ausencia de dos semanas para ella con Kakashi. Después de eso, la reasignarán a un escuadrón según el rango ninja que tenga.

Justo cuando llegaba a la puerta, Naruto se arrojó frente a ella con los brazos abiertos para evitar que se fuera. Tsunade frunció el ceño, disgustada por su bloqueo. Ella no necesitaba su mierda en este momento.

—Sal de mi camino, mocoso.

—Baa-chan, no puedes sacarla del hospital. Ella es la mejor médico aquí después de ti.

—Ella era la mejor médico aquí. Si quiere llorar por el Uchiha, puede hacerlo, pero no lo hará a costa de la vida de mis pacientes. Tenemos poco personal. No tendré esa responsabilidad.

—Pero…

—Sal de mi camino, Naruto.

Ella vio como el chico fruncía el ceño, pero eventualmente él aceptó y le permitió el acceso a su oficina. Ambos sabían que ella no volvería a preguntarle amablemente. Se quitó su bata de laboratorio ensangrentada y al mismo tiempo, se apartó de él y abrió la puerta de su oficina.

—Tú mejor que nadie sabe que la responsabilidad para con la aldea es mucho mayor que la propia —dijo.

Él apartó la mirada, sus ojos azules se enfocaron en el suelo y sus puños se cerraron a los costados. Esperaba más protestas de su parte, pero tal vez Naruto estaba madurando después de todo. Con un suspiro, cerró la puerta de su oficina y se dirigió a su escritorio.

—Ese era Naruto ¿verdad? —preguntó Shizune, levantando la vista de un pergamino que había estado leyendo.

—Sí —Tsunade bostezó.

Con un bufido, se hundió en la silla de su escritorio y cerró los ojos. ¿Cuándo fue la última vez que tuvo una noche completa de sueño? Había pensado que renunciar a la posición de Hokage le habría dado más descanso.

—Lady Tsunade —Shizune dijo, con un indicio no tan sutil de vacilación en su voz. Tsunade abrió un cansado ojo y asintió para que la mujer continuara—. ¿Realmente vas a tener que trasladar a Sakura del hospital?

Tsunade suspiró mientras apartaba la vista de su preocupada asistente y se volvía en su silla para mirar hacia la ventana. Sabía que Shizune se preocupaba profundamente por Sakura, ambas lo hacían. Sin embargo, si había algo que había aprendido durante su vida, era que el amor podía expresarse de muchas formas.

«—A veces —pensó mientras veía una borrosa mancha naranja saltar de techo en techo lejos de los terrenos del hospital—. El amor duro es necesario.»

Ella y Sakura se parecían más de lo que quería admitir. La obstinación de la chica era una de las muchas razones por las que había elegido a Sakura como su sucesora, pero por supuesto, esa era una espada de doble filo. En momentos como estos, su aprendiz no necesitaba de un hombro para llorar. Ella necesitaba una patada en el culo. No había nadie mejor para hacer eso que Naruto. Tenía fe en que un chico problemático llevaría a Sakura a donde pertenecía.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

—El mayor secreto del Daimyō.

Hinata mordisqueó su labio inferior, pasando sus dedos sobre las letras doradas en relieve en la portada del libro. Luego lo abrió y rápidamente ojeo el contenido. Intrigas del palacio, golpes políticos. Eso no se ajustaría a los gustos de Sasuke. Ella cerró el libro rápidamente y lo devolvió a la caja. Sasuke nunca le diría directamente qué historias prefería y cuáles no, pero podía discernir la diferencia con sus reacciones. Eran pequeñas, a veces apenas perceptibles a menos que uno estuviera mirando de cerca, pero estaban allí. Era la forma en que sus dedos tamborileaban impacientemente hasta llegar a las partes buenas o la forma en que se burlaba cuando encontraba absurda una línea en particular. Las cosas absurdas siempre fueron sus favoritas, sobre todo para poder destrozarlas. Libros sobre un Daimyō no serían algo que provocara una reacción favorable.

Con un suspiro, miró la pequeña pila de libros sobre la mesa a su lado. Tenía un libro muy gastado sobre un ladrón y otro de un shinobi deshonesto. Había elegido uno de príncipes solo para ver cómo reaccionaría, pero sus esperanzas no eran altas. Algunos podrían decir que ella tenía suficientes libros, pero ellos no conocían al último Uchiha. Era un lector voraz y exigente. Desafortunadamente, la improvisada biblioteca de Konoha no estaba a la altura de satisfacer sus necesidades literarias. Tantas cosas se habían destruido durante la guerra y el proceso de reconstrucción no había sido amable hacia ese tipo de cosas.

Restaurar la biblioteca pública no había sido prioritario. La mayoría no había pensado en el edificio hasta que llegó la primera gran tormenta y derrumbó el techo, rociando con una buena dosis de agua la mayoría de los tomos. Habían salvado lo que podían, pero, para empezar, la mayoría de los libros habían estado en malas condiciones. Por ahora, la "biblioteca" se ubicaba en un antiguo edificio que había escapado a los estragos de la guerra. Los libros que tenían, estaban amontonados en cajas, esperando ansiosamente el regreso a sus estantes. Sin embargo, a Hinata no le importó la mala selección o la ubicación menos que ideal. Después de todo, los mendigos no podían elegir y le gustaba la idea de leer de nuevo. Incluso si fue a instancias de un Uchiha bastante gruñón. Dejando otro libro rechazado en su caja, pasó al siguiente. Cogió el libro en la parte superior de la pila y ladeó la cabeza con curiosidad ante el título.

«—Carnalidad —pensó para sí misma—. Ese es un nombre extraño para un libro.»

Su curiosidad inicial alcanzó su punto máximo, abrió el libro por el medio y fue inmediatamente recibida con un dibujo en blanco y negro de dos personas enredadas en una posición bastante íntima. Mortificada por su descubrimiento, dejó escapar un pequeño grito y su rostro se volvió rojo brillante. Varios otros clientes de la biblioteca la miraron con desconfianza y ella se inclinó furiosamente, esperando que la ignoraran otra vez. Eventualmente, todos volvieron a examinar detenidamente las cajas, pero su propia vergüenza permaneció.

Presionando una mano contra su corazón, ella trató de borrar la imagen de su cabeza, pero simplemente no pudo. ¿Qué hacía algo así en una biblioteca pública? Tal vez algunos niños lo habían arrojado allí por accidente... Sí, eso tenía que ser. Cerrando los ojos, sacó el libro de la caja y lo dejó sobre la mesa, muy lejos de ella. Luego abrió otro libro, este no tenía título y para todos los efectos parecía benigno, pero contenía aún más imágenes lascivas que el último. Rápidamente amortiguó su grito con su mano libre, la otra aún mantenía abierto el libro con la imagen ofensiva.

Era un simple dibujo de un hombre y una mujer, abrazados íntimamente, la mujer en la parte superior y el hombre debajo de ella. Sus bocas... Sus bocas no estaban cerca del rostro del otro. Tan imposible como parecía, su rostro se calentó aún más y cerró el libro antes de que un inevitable desmayo se apoderara de ella. No sería bueno para su reputación, que ya estaba manchada. Una parte de ella quería devolver el libro, pero otra parte más primitiva de sí misma quería hojearlo. Sabía sobre los kunais y los shuriken. Kurenai le había dado varias lecciones a petición de su padre cuando su primer ciclo lunar había hecho aparición. A su vez, cuando lo mismo le sucedió a Hanabi, también tuvo una conversación con su hermana.

Ella sabía dónde poner las cosas y la mecánica básica que estaban involucrada. Esa... La imagen del hombre y la mujer con sus rostros entierrados en lugares que no deberían hizo aumentar su ritmo cardíaco. Eso fue algo que nunca había sido parte de la lección. Ella no era una experta en sexo, pero sabía que ese tipo de acciones no eran propicias para producir niños. Sabía que estaba mal hacerlo, pero volvió a abrir el libro, esta vez a una página justo después del dibujo bastante erótico y encontró una descripción de las acciones.

...Si la mujer es lo suficientemente flexible, es mejor mantenerla en la parte superior. La persona arriba debe ser consciente de su peso para evitar sofocar…

—¿Sofocar? —Hinata chilló y una vez más los otros ocupantes de la "biblioteca" se volvieron para mirarla.

Ella ni siquiera notó las miradas que le lanzaron esta vez. En su lugar, colocó el libro sin título entre los que trataban de un príncipe y un ladrón y se dirigió al mostrador. Era bastante evidente que no podría leer un libro así sin sufrir un ataque al corazón o ser expulsada por sus arrebatos. Sin embargo, algo sobre el libro la atrajo a seguir leyéndolo. Tal vez era la naturaleza prohibida del libro que poseía los contenidos de un mundo al que nunca había tenido acceso. Ella era la heredera de los Hyūga, tales cosas no eran apropiadas para alguien de su estatus. Aunque, cuando las hojas de los árboles cambiaran de color y cayeran a la tierra, ya no sería una Hyūga, sería una Uchiha y con eso surgiría un conjunto diferente de responsabilidades. Hinata se sonrojó y agarró la pila de libros contra su pecho. Su corazón latía con cada paso mientras llevaba su libro de contrabando hacia el mostrador, una persistente sensación de indecencia tiró de su mente, pero la apartó y colocó los libros sobre el mostrador.

Detrás de la caja una mujer mayor con las manos arrugadas y gruesas gafas agarró su pila y comenzó a anotar los títulos. Hinata mantuvo la cabeza baja, por lo que su flequillo cubrió sus ojos y rezó para que la mujer no la reconociera. Preferiría morir antes de que su padre descubriera que estaba leyendo un libro así. La mujer se subió las gruesas gafas por el puente de la nariz y agarró el primer libro. Con la respiración contenida, observó cómo la anciana lentamente registraba todos los libros que le había traído y los volvía a colocar en un ordenado montón sobre el mostrador. Ella ni siquiera se detuvo en el libro sin título, simplemente grabó el nombre del autor.

—Muy bien querida. Tu límite de tiempo es de dos semanas —dijo la anciana—. Si necesitas una extensión solo vuelve y avísame.

—¡G-gracias! —Hinata dijo, maldiciendo el tartamudeo por sus nervios internos. Ella agarró los libros del mostrador y los colocó en la bolsa en su hombro. Todo lo que tenía que hacer ahora era regresar al distrito Uchiha y fingir que no tenía llevaba el pecado en su bolsa.

—¡Oh, querida espera! —la mujer se rio justo cuando Hinata estaba a punto de alejarse—. ¡Qué tonta que soy! Olvidé preguntarte tu nombre.

Hinata se congeló. Esto era malo. Por supuesto, ellos necesitaban su nombre. Después de todo, era una solicitud razonable el saber exactamente quién estaba sacando los libros de la biblioteca. Se giró hacia la anciana que la miraba con ojos entrecerrados a través de esas gruesas gafas y tragó saliva. No podía mancillar el nombre Hyūga con tal libro. Si dejaba que el nombre Hyūga fuese grabado junto a algo tan impropio, sería solo cuestión de tiempo antes de que uno de los miembros de su clan lo descubriera. Si supieran, su padre lo sabría. Si su padre se enteraba, nunca viviría para ver otro día.

—Querida, tu nombre —dijo la mujer con severidad, entrecerrando aún más los ojos para mirarla mejor.

—¡Ah, um, Nata! —Hinata chilló, sonrojándose aún más por la presión y maldiciéndose a sí misma por no encontrar un mejor nombre falso.

La anciana pareció creerle y cuidadosamente lo garabateó al lado de la lista de libros que había revisado.

—Está bien, Nata-san. ¡Por favor disfruta de tus libros!

Hinata se inclinó rápidamente ante la mujer mayor y se escabulló entre las cajas de libros apiladas con un corazón que amenazaba con escapar de su pecho. Mientras caminaba, los otros ocupantes notaron que se iba. Algunos de ellos apenas le echaron un vistazo, pero otros le dieron una doble mirada, sus ojos se abrían y sus bocas se cerraban mientras ella se retiraba de su línea de visión.

—¿Es esa? —una mujer susurró detrás de su mano, pero Hinata la escuchó claramente.

—¡No, no, no puede ser!

—Es solo un rumor, ¿verdad?

—¡No puedo creerlo!

Frunciendo el ceño, Hinata salió de la biblioteca y se mezcló con los aldeanos de las concurridas calles de Konoha. El comentario fue inofensivo, pero no sería así por mucho más tiempo. Pronto la fábrica de rumores de la aldea comenzaría a trabajar a toda velocidad y sus palabras de incredulidad se transformarían en algo más siniestro. Uchiha Sasuke no era el shinobi más querido en el pueblo a pesar de que había tenido un papel importante en salvarlo. Con la cabeza en alto, Hinata se abrió paso entre la multitud, agarró su bolso cerca de su cuerpo y comenzó la larga caminata de regreso al distrito Uchiha.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Sasuke jadeó pesadamente mientras se escondía detrás de lo que esperaba fuera un árbol. Apoyó la parte posterior de su cabeza contra la áspera superficie e intentó adivinar el próximo movimiento de su maestro. Enfrentar a Kakashi en su estado de ceguera no era tan simple como había previsto. Gruñó, apretando los puños en su costado y meneando furiosamente su cabeza en busca de una solución para pelear contra su antiguo sensei. Ni siquiera debería ser difícil. ¡El hombre ni siquiera estaba usando chakra!

—Ahora sabes que ese no es un buen lugar para ponerte a crear estrategias —dijo la voz de Kakashi, atravesando la oscuridad y el sonido de su propia respiración pesada—. Pensé que lo sabrías mejor.

El Uchiha accidentalmente se mordió la lengua cuando una fuerte patada lo envió volando desde su escondite hacia la hierba. Un pequeño gemido escapó de sus labios cuando rodó sobre su estómago y escupió sangre. Esto no era bueno Sus músculos se habían atrofiado después de meses de estar en coma y su propio chakra era demasiado inestable como para serle útil. Sus ojos estaban temporalmente fuera de servicio y eso solo agregaba una capa adicional a su ya creciente frustración. Nunca antes se había sentido tan débil. Ni siquiera como genin había sido tan incompetente. Sus ojos lo habían puesto por encima de los shinobi sin siquiera esforzarse. Ahora que se habían ido era como si estuviera aprendiendo desde cero.

Kakashi tampoco era el mejor maestro. Sus sesiones de "entrenamiento" lo habían llevado a ser utilizado como un saco de boxeo. Podía sentir al hombre en cuestión mirándolo mientras se ponía de pie, preparado y listo para atacar de nuevo. Se tensó cuando el crujido de la hierba debajo de Kakashi delató su posición, dándole la fracción de segundo que necesitaba para esquivar el ataque. Era inquietante luchar en completa oscuridad, pero era mejor que estar sentado todo el día en la casa. Si iba a escapar después de la boda, necesitaría tanto entrenamiento como pudiera antes de que su vista volviera. No había duda en su mente de que enviarían un equipo para rastrearlo y arrastrarlo de regreso. Tenía que estar preparado para esa eventualidad. Hubo otro crujido de hojas y ramas que hizo que el Uchiha se pusiera tenso, pero el golpe que esperaba no llegó. En cambio, Kakashi continuó caminando tranquilamente hacia adelante y lo golpeó ligeramente en el hombro.

—Te estás volviendo más alto Sasuke —Kakashi bromeó juguetonamente pero el Uchiha solo frunció el ceño. No tenía tiempo para la actitud relajada de Kakashi. ¡Siempre dejaba de entrenar justo cuando estaba teniendo progresos! Y luego se preguntaban por qué se fue de la aldea para obtener poder...

—Es suficiente por hoy.

Sasuke se burló y cruzó los brazos sobre su pecho.

—Acabamos de empezar.

—Ansioso, ¿verdad? —Kakashi se rio y se alejó—. Hemos estado en esto por tres horas, deberías sentirte cansado ya.

Se sentía cansado, pero eso solo sería temporal. Él tenía que empujarse a sí mismo, perderse en la fatiga era un lujo que no podía permitirse. Se lanzó hacia adelante con el puño cerrado, esperando atrapar a Kakashi, pero falló. Un fuerte agarre atrapó su muñeca y giró su brazo detrás de su espalda.

—Ahora Sasuke, sabes mejor que ir por un ataque directo no te servirá.

—Hn —Sasuke gruñó cuando Kakashi lo soltó.

Por supuesto, lo sabía, pero eso no lo frustraba menos. Él necesitaba irse. Cuanto más se quedaba dentro de las murallas de la aldea, más débil se sentía. Solo necesitaba cumplir con toda esta charada de la boda. Una vez que le devolvieran la vista, no habría vuelta atrás. Claro, la gente estaría enojada, pero ¿cuándo no lo estaban? Hinata probablemente se regocijaría con su partida, ya que eso le permitiría perseguir a Naruto. Sasuke hizo una pausa, las esquinas de sus labios se movieron involuntariamente ante la idea. Incluso si él estaba fuera de escena, Naruto seguramente sería demasiado estúpido como para actuar.

—¿En qué piensas tan atentamente? —preguntó Kakashi, agarrando el codo de Sasuke y llevándolo hacia adelante hasta la última casa en el distrito.

—En nada —Sasuke gruñó.

Realmente no era nada. Lo que Hinata decidiera hacer después de su partida no tenía importancia para él. Ella tuvo suerte de que había decidido no matarla. Ahora esa no era su decisión final, ella se libró de su ira por el momento. Siempre y cuando le permitiera salir con suficiente tiempo, caería a una posición inferior en su lista de asesinatos.

—Apuesto a que estás pensando en nuestra querida Hinata-san.

«¿Nuestra?» Sasuke pensó incrédulo.

Claro, él estaba pensando en ella, pero en una forma de no matarla. La implicación de Kakashi estaba muy en desacuerdo con sus propios pensamientos y solo sirvió para profundizar su irritación con el hombre.

—¡Sasuke, Hokage-sama! —una suave voz gritó en la distancia.

—Ah, ella nos está esperando —Kakashi suspiró, apretando su agarre en el codo de Sasuke—. Tienes una novia tan leal.

«Leal mi culo» Sasuke se mofó mientras Kakashi lo guiaba por los escalones de la cubierta posterior.

Hinata era leal, por supuesto. Leal a su clan. Leal a Naruto. Leal a Sakura. Leal al pueblo. El único lugar donde su lealtad no estaba era con él.

—Está de vuelta en una sola pieza —anunció Kakashi y su mano cayó del codo del Uchiha—. Me despido ahora.

—Gracias Hokage-sama —Hinata dijo.

Una pequeña ráfaga de viento fue lo que lo alertó de la partida de Kakashi antes de que otra pequeña mano lo agarrara. Él se tensó cuando sus dedos se deslizaron entre los suyos, la sensación era familiar, pero inusual al mismo tiempo. Se congeló cuando los pensamientos de la mañana inundaron su mente y eso lo alertó de su proximidad. Recordó lo suave que se sentía contra él, lo increíblemente cálida que era en comparación al aire húmedo. Una parte más profunda de él comenzó a reaccionar ante su toque y retiró su traicionera mano antes de que pudiera avanzar más.

—Sasuke —comenzó, su voz suave llena de inquietud y preocupación—. ¿Estás bien?

No... No, se sentía bien.

Continuará en... Volverse una obsesión.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Fin capítulo trece

Naoko Ichigo