Disclaimer: Los personajes de Naruto no son míos, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, es de College n Curls y fue beteada por geekgir7.

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Volverse una obsesión

El distrito Uchiha estaba en silencio, salvo por la ocasional ráfaga de viento que sacudió las protecciones de las ventanas de la única casa que quedaba. Sasuke sintió que sus cejas se fruncían en concentración mientras intentaba aprovechar una de las pocas veces en que realmente estaba "solo", pero fue en vano. El silencio no le dio la paz que pensó que obtendría y se sintió más frustrado que antes. Soltando un breve suspiro de derrota, Sasuke abrió los ojos y estiró los músculos que estaban entumecidos por haberse sentado demasiado tiempo.

Mientras lo hacía, su estómago comenzó a gruñir y el calor del sol le recordó que probablemente era hora de almorzar. Gruñendo se puso de pie, camino a la terraza y palpó a su alrededor hasta que pudo sentir la puerta que lo dejaría entrar. Desafortunadamente, la promesa de un almuerzo no le llegó a la nariz como solía hacerlo. En cambio, solo se encontró con voces que eran demasiado familiares.

—Quédate quieto, esto te picará un poco —Hinata dijo y lo que sea que estaba haciendo provocó una fuerte inspiración a su compañero—. Sakura no se contuvo, ¿verdad?

—¡Jaja! ¡Puedo aguantarlo! —Naruto reía y Sasuke rodó sus ojos ante la imagen mental de su boba sonrisa.

«Naruto» Sasuke bufó, sus dedos se enroscaron fuertemente alrededor del pomo de la puerta trasera. ¿Qué diablos estaba haciendo aquí? ¿Finalmente había decidido sacar la cabeza de su culo?

—Sakura... ¿Ella está... Bien? —preguntó Hinata y la risa incomoda de Naruto se calmó.

—Lo estará. No tiene mucho que decir sobre este asunto si me salgo con la mía.

—Ah... Me alegro.

Escuchó que unos pies se arrastraban y un par de frascos de vidrio tintineaban, aun así, Sasuke podía imaginar la triste sonrisa que la Hyūga pondría en su rostro. Las personas ridículas y abnegadas como ella tienden a hacer ese tipo de cosas. Naruto probablemente ni siquiera se daría cuenta de que la sonrisa era falsa. El Uchiha gruñó incómodo ante la idea del intercambio no verbal que se desarrollaba en la otra habitación. Por el momento no podía decidir cuál de ellos era más idiota.

—Hinata... ¿Estás bien? —la voz normalmente más estruendosa preguntó, su tono estaba lleno de preocupación, lo que era muy maduro en comparación a su comportamiento normal.

—Estoy bien, Naruto. Realmente lo estoy —Hinata respondió, aunque Sasuke no estaba muy seguro de si estaba tratando de convencer a Naruto de ese hecho o de ella misma.

—Esa noche en el cementerio... Cuando me besaste, yo…

—Por favor... No hablemos de eso.

—Hinata…

—Fue un error... No debería haber sido egoísta y haber tomado tales libertades. Solo olvida que sucedió.

Sasuke presionó sus labios juntos mientras el silencio caía. Él había estado equivocado, no había una relación más profunda entre los dos. Había algo allí, pero no era lo que ninguno de ellos quería. Sabía a ciencia cierta qué Hinata habría preferido una relación con el rubio por encima suyo, pero ¿qué quería Naruto? Un tirón desconocido creció en el centro de su pecho cuando se dio cuenta del hecho de que Naruto le había ganado en algo.

Él no debería sentirse de esta forma. Había crecido con chicas que siempre lo adoraban hasta el punto de que le parecía molesto. La forma en que se reían de lo que él hacía, que lo observaban cuidadosamente como si fuera un animal en el zoológico, hacía que se le erizara la piel. Esta mujer, esta Hyūga, no era parte de esa población femenina. Ella no era nada especial, ¿por qué le molestaba eso? Su inminente matrimonio era una farsa de conveniencia, por lo que no debería molestarle que a Hinata no le gustara. Él no lo admitiría, ni siquiera a sí mismo, pero le molestaba.

Frunciendo el ceño, abrió la puerta de atrás y entró a la sala donde estaban Naruto y Hinata. Ella dejó escapar un pequeño grito de asombro ante su presencia, lo que sea que había estado sosteniendo se estrelló contra la mesa cuando se puso de pie.

—Sasuke —ella comenzó, pero él la ignoró y comenzó a alejarse en dirección a donde sabía que había un pasillo que conducía al dormitorio.

—¡Hey, bastardo tanto tiempo sin verte! —Naruto bromeó.

Sasuke gruñó ante la mala broma del rubio y continuó alejándose. Su hambre fue olvidada hasta que finalmente llegó a su habitación. Podía oír a Hinata arrastrando los pies detrás de él, pero seguía ignorándola. Si la ignoraba, probablemente se iría. Había funcionado antes.

—Sasuke —dijo, extendiendo la mano para ponerla suavemente en su antebrazo antes de entrar en la habitación—. ¿Cuánto escuchaste?

—Nada —él gruñó.

Fue una mentira, por supuesto. Ambos sabían que estaba mintiendo, pero no le importaba mantener una conversación con ella. No cuando su toque lo estaba distrayendo. En ese momento su estómago tomó el tenso silencio como una oportunidad para gruñir y un calor inexplicable se extendió por su rostro.

—¿Tienes hambre? —ella preguntó, con un toque de diversión en su voz.

¿Realmente ella tenía el valor de reírse de él? Las esquinas de sus labios se movieron hacia abajo y él apartó la mano de su brazo. La pérdida de contacto lo irritaba, pero ser la fuente del entretenimiento de la Hyūga era peor.

—Regresa a tu conversación privada con Naruto —refunfuñó, su ruidoso estómago enmudeció mientras entraba a la habitación.

Hinata guardó silencio mientras la dejaba atrás, pero aún podía sentir su mirada en su espalda. Usando la pared para escabullirse a la cama, se recostó y rezó para que la molesta mujer se fuera. Finalmente lo dejó solo, sus pasos ligeros se retiraron por el pasillo. Aunque ella ya no estaba, su olor permanecía en su nariz. El fantasma de su toque todavía estaba presente en su antebrazo.

—Maldición —maldijo en voz baja.

Esta mujer Hyūga tenía que estar envenenando su comida o algo así. No había ninguna razón para que sus pensamientos fueran consumidos por su presencia. No había ninguna razón por la que debería sentir celos de que Naruto recibiera su afecto. Ella era demasiado suave para ser una kunoichi. Demasiado suave y confiada. Kakashi una vez había llamado linda a la Hyūga cuando estuvo en el hospital, pero Sasuke lo tomó como una broma. Claro, esa grosera hermana pequeña suya, cuyo nombre se le había olvidado, le había dicho con bastante firmeza que Hinata era demasiado buena para él, pero esa era su opinión sesgada. Si la situación se invirtiera, nadie sería lo suficientemente buena para su hermano tampoco.

En resumen, lógicamente nada sobre ella debería atraerle en ningún sentido. Quizás lo estaba envenenando. No podía haber otra razón detrás de su preocupación por ella. Frunciendo el ceño, cerró los ojos y su estómago traicionero volvió a gruñir.

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El distrito Uchiha estaba tranquilo. No era como el silencio al que se había acostumbrado en el Compuesto Hyūga. Ese era un tipo de silencio que no se prestaba para la comodidad. Siempre había alguien a la vuelta de la esquina, ojos que veían todo en todo momento. La privacidad no existía dentro de las paredes del complejo. Aquí en el distrito Uchiha, fuera de la atenta mirada de los ANBU, Hinata había descubierto la alegría de la privacidad.

Podía moverse como lo deseaba, los ancianos ya no la seguían y los horarios de las comidas se ajustaban a sus deseos. Podía ser menos cuidadosa aun al hacer pequeñas cosas, estaba menos consciente de sí misma, comenzó a sentirse libre. Había ciertas cosas que podía hacer allí que nunca se hubiera atrevido a hacer dentro de las paredes del complejo. Sin embargo, mientras miraba al Uchiha meditando en la terraza, no había podido disfrutar de esa sensación de privacidad desde que Naruto se había ido el día anterior...

Parece estar bien, ¿verdad? —Naruto rio al final del pasillo.

Se pone un poco... De mal humor de vez en cuando —Hinata concedió con un suspiro mientras miraba la puerta del dormitorio firmemente cerrada.

Probablemente era eufemístico describir a Sasuke simplemente como "malhumorado". Naruto solo se reía más fuerte, su brillante sonrisa fue muy bienvenida en su hogar, que a menudo estaba privado de tales cosas. Ella había echado de menos esa sonrisa mientras él había estado fuera, pero no provocó el mismo golpeteo en su corazón. Dicen que la distancia hacía que el corazón se enamorara más, pero en este momento ese sentimiento sonaba un poco vacío.

Ella había estado feliz de verlo nuevamente cuando él había llegado con Sakura por primera vez. Esas mismas mariposas se habían reavivado en su estómago tan pronto lo había visto y de repente se sintió nerviosa. Apenas podía evitar que sus manos temblaran hasta que Sasuke agarró su muñeca y su corazón dejó de latir. La mirada en el rostro de Sakura ante el anuncio de su compromiso la llenó de culpa. Ella no merecía saberlo de esa forma.

Sasuke era demasiado directo, demasiado duro. ¿No se daba cuenta de lo mucho que Sakura lo había amado? Lo mínimo que podría haber hecho era darle un poco de respeto. Sin embargo, ella misma tenía la culpa. Debería haberle dicho a Sakura en sus propios términos hace semanas. Si lo hubiera hecho, habría suavizado el golpe... Tal vez. La reacción de Sakura, aunque la hizo sentir culpable, no fue la peor parte de su visita.

No. La peor parte había sido la forma en que los ojos de Naruto habían cambiado inmediatamente de ella a Sakura. Su primera reacción, ya sea que lo intentara o no, era asegurarse de que la Haruno estuviera bien. Los detalles de su compromiso con Sasuke quedaron en segundo plano. Naruto la miró por instinto. Sus manos se extendieron hacia ella, sus pies la siguieron, todo por instinto. Cuando se fue, se llevó consigo todas las mariposas que habían florecido de sus fantasías infantiles.

Naruto nunca le había hablado como lo había hecho con Sakura. Había escuchado sus bromas mientras estuvo en la cocina y había observado sus interacciones a lo largo de los años. Naruto nunca habló tan libremente con ella. Nunca se enojaría tanto como para gritarle sin moderación o reírse tan fuerte que le doliera el estómago. Cuando la realidad la alcanzó, la tristeza comenzó a entrelazarse con su culpa. Fue un sentimiento extraño y amargo. Un anhelo por la pérdida de algo que nunca había tenido. Un anhelo de algo que probablemente no hubiera funcionado.

Hinata —Naruto gritó y la Hyūga parpadeó sorprendida.

Había estado tan consumida por sus pensamientos que no se había dado cuenta de que todavía estaba parada frente a la puerta de su habitación. Ella se sonrojó un poco por la vergüenza de su distracción antes de dirigirse al pasillo donde Naruto estaba. Juntos volvieron a la sala de estar donde algunos de sus ungüentos caseros estaban esparcidos sobre la mesa. Se dejó caer al suelo para comenzar a cerrar las tapas y poner los frascos de nuevo en la canasta en la que normalmente los dejaba. Naruto no había sido herido de gravedad, solo tenía unos pocos cortes y hematomas que el Kyūbi podría haber manejado con facilidad, pero ella no podía permitir que alguien apareciera herido en su puerta y no ayudarlo.

Hinata —Naruto dijo nuevamente, deslizando su bolsa de su espalda y cavando en el fondo—. He tenido la intención de darte esto por un tiempo.

Hinata levantó la vista de sus suministros para ver a Naruto sacar una caja bastante estropeada. Luego se sentó en el piso frente a ella y colocó la caja en medio de la mesa. No era su cumpleaños. ¿Por qué le estaba dando un regalo?

Esto es algo incómodo, lo sé. Simplemente no soy bueno en este tipo de cosas. Temari dijo que a las chicas les gustan este tipo de cosas y Gaara compró dos. ¡Dos! Entonces, supongo que tienen que ser realmente buenos —Naruto parloteó nerviosamente—. ¡Jaja! La caja está un poco golpeada, pero las cosas adentro todavía deberían estar bien.

¿Por qué? —Hinata preguntó, genuinamente perpleja por su repentino regalo. Naruto solo sonrió y se encogió de hombros.

Porque ahora es demasiado tarde...

Hinata suspiró ante el recuerdo mientras regaba el pequeño jardín que Sasuke había comenzado. Las palabras de Naruto, aunque confusas, fueron verdaderas. Cualesquiera que fueran los sentimientos que había querido transmitir, independientemente de las posibilidades que pudieran haber tenido juntos, ya era demasiado tarde. Sin embargo, la última visita de Naruto había provocado cierto cierre en sus propios sentimientos. Ella fue capaz de moverlos prolijamente a un rincón especial en su corazón donde siempre residirían.

No siempre puedes ayudar a quienes amas.

Naruto no podía evitar el hecho de que realmente amaba a Sakura, incluso si aún no lo sabía. Ella no podía evitar el hecho de que también lo amaba y eso estaba bien. Probablemente nunca dejaría de amarlo, pero sabía que su corazón era lo suficientemente grande como para tener más de un amor en su vida. Sonrió para sus adentros mientras que el último chorro de agua salía de la regadera. Sintiéndose satisfecha con su resolución, la visita de Naruto le había dado el cierre que necesitaba, pero Sasuke había empeorado.

La casa en la que residían no era tan grande. Dos dormitorios, un baño que compartían, una sala de estar modesta y una cocina. Aunque no era lujoso como el complejo Hyūga, era más que suficiente para que los dos no se sintieran sofocados el uno por el otro. Sasuke no tuvo problema en darle espacio y viceversa. Sin embargo, durante las últimas veinticuatro horas, no la había dejado estar sola en ninguna habitación.

Ella no tenía pruebas reales de que él la estuviera siguiendo, pero sentía como si lo estuviera haciendo. Era como si fuera una especie de cachorro enojado, incapaz de dejarla. Tal vez todo estaba en su cabeza. Quizás el siempre estar cerca fue solo una coincidencia. La casa no era tan grande después de todo. Colocando su regadera en el suelo junto a su floreciente jardín, Hinata se dirigió a la terraza.

Sasuke no se movió cuando pasó a su lado. Ni una sacudida o un gruñido para reconocer que ella estaba cerca. Pasando junto a él, abrió la puerta y entró en la sala de estar. Desde allí se dirigió directamente a la mesa de café donde había varios libros de la biblioteca. Se acomodo en el piso. Apenas había abierto el primer libro antes de que Sasuke abriera la puerta.

Hinata miró por encima del libro, volteando ruidosamente una de las páginas sin realmente leerla. Sus ojos oscuros cambiaron de inmediato al sonido de la página y se volvió hacia la sala de estar, colocándose despreocupadamente en el sofá. Él la estaba siguiendo. Si intentaba ser discreto, no estaba haciendo un buen trabajo.

—Sasuke —comenzó, haciendo todo lo posible por mantener oculta la irritación—. ¿Necesitas algo?

—Hn.

Su ojo derecho se crispó ante su inútil declaración. Él quería algo, eso era evidente. Qué era; ella no tenía idea. Podía ver a través de las paredes, pero no podía leer mentes. Ese tipo de cosas era mejor dejarlas en manos del clan Yamanaka. Suspirando, cerró su libro y se movió para irse a otra parte. Este hombre era insufrible.

Toc. Toc. Toc.

La cabeza de la Hyūga y del Uchiha se voltearon simultáneamente en la dirección del sonido. Hinata frunció el ceño y activó su Byakugan. Se suponía que no esperaban ningún visitante hoy y nadie que fuera parte de su círculo íntimo de amigos tenía la cortesía de llamar a la puerta en primer lugar. Sin embargo, una vez que confirmó quién era, Hinata se quedó sin aliento y corrió hacia la puerta. Abriéndola, sonrió a su antigua sensei que llevaba a una niña de dos años en los brazos.

—¡Kurenai-sensei! —ella saludó con entusiasmo.

La mujer de ojos rojos le devolvió la sonrisa con la misma expresión maternal que no había cambiado desde su infancia. Una sacudida de júbilo surgió directamente de su corazón. ¡Hacía mucho tiempo que no había visto a su sensei y a su hija Mirai! ¡Demasiado tiempo!

—¿Me vas a da un abrazo o simplemente vas a seguir mirándome? —Kurenai se rio y Hinata inmediatamente cerró la distancia para envolver sus brazos alrededor de la mujer mayor.

Mirai se retorció entre las dos mujeres, sus pequeñas manos empujando desesperadamente por espacio. Hinata soltó una risita a la niña de dos años y dejó ir a su sensei. Ahora que estaban separadas, aunque solo sea por unos centímetros, pudo ver mejor a la pequeña. Tenía el cabello corto y oscuro, mejillas regordetas y ojos rojos que combinaban perfectamente con los de su madre. Mirai era absolutamente adorable. Era asombroso cuánto había crecido la niña en tan poco tiempo. Sintió que ayer su sensei se había estado quejando por los dolores del embarazo.

—Es realmente bueno verte de nuevo Hinata-chan —dijo Kurenai, revolviendo el cabello de la joven con su mano libre. Avergonzada por las burlas de su sensei, se sonrojó y dio medio paso hacia la casa.

—¡Por favor, entren… oomph! —Hinata comenzó a dar vuelta hacia la casa solo para toparse con un duro pecho. Tentativamente levantó la vista y vio a Sasuke de pie demasiado cerca con los brazos cruzados y mirada aburrida—. ¡Oh! —ella chilló, arrastrando los pies a su lado y agitando una mano entre él y Kurenai— Sasuke, ella es mi antigua sensei, Kurenai y su hija.

—Encantada de conocerte, Uchiha Sasuke —Kurenai saludó con un breve asentimiento y una mano extendida que estaba destinada a ser sacudida.

—Hn —Sasuke gruñó, volteándose para regresar a la sala de estar.

Hinata sonrió torpemente mientras los dedos de Kurenai se curvaban alrededor del aire, claramente sorprendida por el rechazo innecesariamente frío de Sasuke.

—Así que ese es el infame Uchiha —Kurenai refunfuñó por lo bajo antes de mirar a Hinata con los ojos entrecerrados—. ¿Sabe lo alarmante que fue ser despertada en mitad de una siesta por un Inuzuka que traía rumores sobre que una cierta Hyūga iba a casarse? Entonces tuve que esperar unas semanas más hasta que la noticia de que una Hyūga iba a casarse finalmente se escurriera a través del pueblo ¿y que lo haría con un Uchiha?

Hinata se encogió un poco bajo el escrutinio de Kurenai. No era como si no pudiera salir del distrito Uchiha cuando quisiera. Cuidar de Sasuke no consumía todo su tiempo. Debería haberle dicho a su sensei sobre el compromiso. La mujer era lo más cercano a una madre que tenía.

—¡No te sientas mal, Hinata-chan! —Kurenai dijo alegremente, moviendo a la niña—. Lo que está hecho, hecho está y ahora tenemos mucho de qué hablar.

Hinata se pasó una mano por el cabello y sonrió, su humor se elevó exponencialmente ahora que sabía que Kurenai no estaba realmente molesta. Se hizo a un lado para que Kurenai y Mirai pudieran entrar a la casa y las guio a la cocina. ¡Llegaron justo a tiempo para el almuerzo!

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—La primera camada de Akamaru nacerá en cualquier momento; de lo contrario, ya habría roto tu puerta para hacer preguntas.

—¡Eso es maravilloso!

Sasuke gruñó incoherentemente en voz baja mientras escuchaba a Hinata y a su antigua sensei parlotear sin cesar. Bueno, esa mujer, Kurenai hablaba mientras Hinata intervenía de vez en cuando, contenta solo de escucharla hablar. Había cierto respeto en la forma en que Hinata hablaba y se aferraba a cada palabra que Kurenai decía. Cuando se animaba a decir algo, la admiración y la excitación en su voz, aunque sutil, eran palpables. Ella parecía... Feliz.

Colocando perezosamente un brazo sobre sus ojos, siguió escuchando a Kurenai hablar a una milla por minuto, preguntándose distraídamente cuándo iba a hablar Hinata. No es que le importara lo que ella tuviera que decir. Realmente no estaban hablando de nada importante, al menos nada que fuera importante para él, sin embargo, el raro sonido de felicidad en la voz de Hinata tenía una extraña cualidad. Este era un lado que ella nunca le había mostrado. Diversión. Enfado. Vergüenza. Frustración. Todas esas eran facetas de su personalidad con las que estaba familiarizado. La felicidad, por otro lado, parecía ser algo que nunca experimento en su presencia.

No es que le importara... Pero fue interesante escuchar.

—¡Hola! —una pequeña y chillona voz le gritó directamente en la oreja—. ¿Bumiendo?

El desconocido ruido lo sorprendió lo suficiente como para sacudirlo. Giró la cabeza de izquierda a derecha, mirando a la oscuridad para descifrar de dónde venía la amenaza. Una pequeña mano tocó su rodilla en el borde del sofá y se necesitó todo lo que había en él para no patear lejos al mugriento propietario de esa extremidad. Hubo un pequeño gruñido cuando el dueño de la mano intentó subir al sofá, cada intento fue menos exitoso que el anterior.

«Esta debe ser la hija de la mujer Kurenai» Sasuke pensó mientras sentía a la chica luchar y gruñir cerca de sus rodillas.

—Aiuda —chilló, tirando del borde de sus pantalones cortos—. Aiuda yo.

El ojo izquierdo de Sasuke se crispo ante el pedido. ¿Ayudarla a hacer qué? ¿Subir al sofá? Ella ni siquiera debería estar cerca de él en primer lugar. Abrió la boca para alertar a Hinata y a la negligente madre de que la niña había escapado, pero el sonido de la risa de Hinata salió de la cocina. Fue una carcajada verdadera y genuina. La había escuchado reír antes, generalmente a su costa. En esos momentos, había estado demasiado irritado para disfrutarlo, pero ahora le llenaba los oídos. Su risa era realmente soportable. No era chillona o demasiado desagradable. En todo caso, era la cosa más tolerable de ella.

—¡Aiuda favod! —la pequeña niña resopló.

Sasuke gruñó y se inclinó para ofrecerle una mano a la chica. ¿Cuán pequeña era ella que necesitaba ayuda para subirse al sofá? Tan pronto como sus manos se engancharon debajo de sus axilas obtuvo su respuesta. Era increíblemente pequeña, tanto que parecía que podría romperse si la dejaba caer. No queriendo ser responsable de posibles daños, él sentó a la niña en el sofá junto a él, ella no se quedó allí por mucho tiempo. Se subió a su regazo y tiro de la parte delantera de su camisa.

—Yo Mewai —ella dijo, su anuncio fue completamente injustificado.

Frunciendo el ceño, la levantó nuevamente y la colocó en el lugar junto a él. No le importaba quién demonios era ella. Sin inmutarse, el ser ahora conocido como "Mewai" resopló y volvió a su regazo.

—¡Yo estos!

Sus pequeños dedos se clavaron en su rostro y casi picaron uno de sus ojos. ¡Esta niña lo cegaría permanentemente! La levantó una vez más, un poco más fuerte que antes y la colocó junto a él.

—Quieta —él dijo, pero la niña solo volvió a trepar a su regazo.

—¡Dindo!

Pequeñas manos tiraron de su cabello, moviendo su cabeza hacia adelante y retorciendo los mechones dolorosamente. Trató de sacar a la niña de él, pero fue en vano. Su agarre amenazaba con arrancarle el cabello de raíz. ¡Esta maldita niña! Una risa ligera, más cercana de lo que esperaba, llenó la sala de estar y detuvo su lucha por sacar las manos de la pequeña de su cabello.

—Sasuke, ¿estás bien? —Hinata preguntó, el doloroso tirón de los dedos de la niña desapareció cuando ella retiró "Mewai" de su regazo.

Sasuke no respondió. Por supuesto que no estaba bien. ¡Había sido atacado por una sucia y pequeña criatura! Un pequeño, absolutamente minúsculo sentimiento de vergüenza pasó a primer plano en su mente al ser atrapado en tal situación. El infame Uchiha Sasuke, siendo miserable por culpa de una maldita niña pequeña.

—¡Noooo! —"Mewai" chilló, una ligera ráfaga de aire levantó su flequillo, la niña agitaba sus pequeñas manos cerca de su rostro—. ¡Noooooo!

—Yo... ¡Creo que le agradas! —Hinata dijo cuándo "Mewai" comenzó a llorar.

Sasuke levantó una ceja ante la perspectiva. Él no le agradaba a los niños. Ellos se encogían de miedo cuando llegaba a una ciudad extranjera, los valientes se asomaban a través de las persianas para echar un vistazo. Su exposición real con niños era tan pequeña que casi podía considerarse ridículamente nula. Esta niña, esta criatura que tiró de su cabello e intentó cegarlo, tenía algo malo. A medida que sus gritos se hicieron más fuertes, Sasuke estaba cada vez más seguro de que la chica estaba defectuosa.

—Shhhh. No llores —Hinata arrulló—. Mamá fue al baño y vendrá pronto.

"Mewai" continuó gritando, el ruido era similar a las uñas rechinando en una pizarra. A pesar de los mejores esfuerzos de Hinata para calmar a la niña, ella continuó protestando. Sasuke frunció el ceño y abrió los brazos, desesperado por que el llanto se detuviera.

—¿Sasuke? —Hinata preguntó ante su gesto silencioso, pero él no respondió.

Simplemente mantuvo los brazos abiertos y esperó a que Hinata entendiera el mensaje. Le tomó un momento, mucho más de lo que sus oídos eran capaces de tolerar, pero finalmente, ella devolvió a la niña a su regazo. Casi de inmediato, la pequeña se calmó. Las mejillas mojadas y la nariz sospechosamente húmeda se enterraron en su camisa para esconderse de la persona que la había movido en primer lugar. Se sentó, rígido como una tabla, inseguro de lo que debía hacer a continuación.

—Bien, que me lleve el infierno —dijo Kurenai mientras caminaba hacia ellos—. Acabas de quitarle el trabajo a Shikamaru.

Los ojos de Sasuke se crisparon ante la evaluación de la negligente madre cuando finalmente decidió agraciarlos con su presencia. Su hija definitivamente estaba defectuosa.

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Sasuke gimió cansado mientras se daba vuelta en la cama. Estaba tan malditamente cansado. Se había quedado atascado como el juguete de la niña hasta que la horrible mujer Kurenai finalmente se fue. Hinata se había mostrado reacia a que la mujer y su hija se fueran, pero, en opinión de Sasuke, no se habían marchado lo suficientemente rápido. Sin embargo, la compensación no fue del todo mala. La visita dejo a Hinata de mejor humor. Ella canturreó mientras preparaba la cena y llenó sus platos hasta el punto en que la comida había amenazado con derramarse. Los alimentos incluso sabían mejor de lo usual. Si una Hinata feliz significaba mejor comida, tal vez estaría bien que esa mujer Kurenai los visitara con más frecuencia.

Otra ventaja fue que estar cerca de la niña defectuosa lo dejo tan cansado, que una vez que su cabeza golpeó la almohada, el sueño lo alcanzo rápidamente. Esa facilidad de deslizarse en la inconsciencia, acompañada de la presencia de Hinata que mantenía sus pesadillas lejos, levantó su estado de ánimo. Sin embargo, la sensación de que algo estaba mal le provocó una sacudida en el cerebro. Frunciendo el ceño, extendió una mano hacia donde normalmente estaba Hinata, pero encontró que las sábanas estaban frías.

Eso era extraño.

No había pájaros molestos cantando fuera de la ventana, eso significaba que aún no había amanecido. Hinata no solía levantarse antes del amanecer. Sasuke resopló ante el misterio y se dio vuelta para estar de espaldas al lugar donde dormía Hinata. No le importaba a dónde se había ido esa maldita mujer.

Su ausencia significaba que ahora tenía toda la cama para sí mismo y no estaría sofocado por su olor. Era bueno que su cuerpo no hubiera rodado a través de la cama en medio de la noche para molestarlo con su calor a pesar de que la habitación ya era demasiado calurosa. Sin embargo, la idea de que Hinata estuviera ausente no lo llenó de alivio. En cambio, sentía un ardor en la boca del estómago que no estaba de acuerdo con sus sentimientos y deseaba su regreso. Deseaba enterrarse en un lugar que estaba escondido entre suaves caderas y que sus labios susurraran su nombre.

—Maldición —gruñó cuando su erección se hizo más prominente.

¡Era demasiado temprano para esta mierda! ¿Por qué diablos seguía sucediendo? Nunca había tenido esta reacción cuando estuvo en estrecho contacto con Sakura o Karin. Quizás era el hecho de que había estado tan concentrado en obtener poder que su cerebro simplemente no tenía la capacidad de pensar en este tipo de cosas. O tal vez era porque ellas no eran tan suaves, sus cuerpos nunca habían sido presionados contra los suyos en formas que hicieran que el suyo lo traicionara de esta manera.

Frustrado Sasuke pasó una mano por su cabello y se sentó con cautela en la cama. Tenía que deshacerse de su erección antes de que Hinata volviera de donde demonios estaba. Con ese pensamiento en mente, extendió la mano hacia la pared y presionó contra ella. Luego siguió el camino hasta que llegó a la puerta de la habitación y la abrió. El único baño que tenía la casa estaba tras la primera puerta a la derecha, así que dio unos pasos hacia adelante y siguió la pared una vez más. No tardó en llegar al baño, pero al abrir la puerta, el sonido de la ducha llegó a sus oídos.

«Mierda» maldijo mentalmente, moviéndose lentamente para salir, esperando que la Hyūga no hubiera escuchado su intrusión. Antes de que pudiera cerrar la puerta, un extraño sonido llamó su atención.

—Mmmm.

Fue un sonido pequeño, casi como si lo estuvieran sofocando, pero fue suficiente para mantenerlo enraizado en la puerta del baño. Se quedó paralizado mientras escuchaba el sonido del agua golpeando contra la pared de la ducha y los gemidos entrecortados. ¿Qué demonios estaba haciendo esta mujer? Nunca la había oído sonar tan... Vulnerable.

«¿Ella esta...?» Pensó mientras sus gemidos se elevaban con desesperación, incapaces de ser amortiguados.

Los gemidos hicieron que su erección fuera aún más rígida y se tensó contra sus pantalones de pijama. Le tomó todo de él no ceder a sus instintos más básicos y abrir la puerta del baño para hacerla gemir más fuerte. A través de la neblina embriagadora de su propia lujuria, una vocecita le recordó que esas suaves manos podrían lastimarlo por estar entrometiéndose.

—¡Ah! —Hinata gritó de repente, jadeando pesadamente mientras trataba de recuperar el aliento.

El sonido de lo que probablemente fue ella llegado al orgasmo lo tomó tan desprevenido que dio un paso atrás desde la puerta del baño. Su erección se tensó casi dolorosamente en protesta por no poder encontrar su propio clímax. Él respiró hondo, esperando que su cuerpo se calmara, pero fue en vano. Los embriagadores gemidos de Hinata aún resonaban en sus oídos. ¿En qué estaba pensando para gemir de esa manera? ¿Esto era algo que ella hacía a menudo cuando pensaba que él estaba durmiendo? De alguna manera, ese pensamiento no le disgusto. En todo caso, estaba aún más excitado que antes…

—¿Sa-Sasuke?

«Mierda

Continuará en... Volverse un deseo.

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Fin capítulo quince

Notas: ¡Hola! ¿cómo están? Estoy de vuelta y llegue recargada de capítulos, jajaja, naaah, estos días he estado trabajando como una loca en los capítulos que tocaban para este mes. Pero lo importante es que cumplí con la fecha que me puse en el calendario.

Espero que esta actualización compensara el que el mes pasado no tuvieran capitulo, pero realmente necesitaba un descanso de mis fics. Nos estaremos viendo nuevamente en… Septiembre.

Bye.

Guest Marys: Naruto simplemente pensó que Hinata estaba siendo obligada por el Don Hyuga, por eso no se molesto en hablar con ella primero.

Guest Laura Marcela: Puede que aun no se den cuenta, pero de a poco Sasuke y Hinata han ido cambiando sus percepciones el uno de otro.

Guest Salome: La verdad es que las pequeñas vacaciones que me di sirvieron mucho, recargue mis ganas de seguir con los fics. Es irónico que a veces igual necesites un descanso de las cosas que amas.

Naoko Ichigo