Disclaimer: Los personajes de Naruto no son míos, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, es de College n Curls y fue beteada por geekgir7.

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Volverse un deseo

—¿Sa-Sasuke? — Hinata se quedó sin aliento cuando agarró su toalla con fuerza contra su pecho.

El Uchiha se levantó, con una expresión de sorpresa en su rostro cuando dijo su nombre. ¿Qué estaba haciendo aquí? ¡Debería estar durmiendo en este momento! ¿Había... Él la había escuchado? Lentamente, sus ojos se desviaron hacia abajo y la confirmación de lo que había escuchado se mantuvo firme. Ella no pudo evitarlo, no había una guía sobre cómo lidiar con situaciones como esta. Nadie le había informado sobre cómo comportarse cuando llevaba una toalla y un hombre estaba parado frente a ella con una erección.

Entonces, ella gritó.

El sonido había forzado su camino a través de su garganta al ritmo de los latidos de su corazón. Fue extraño incluso para sus propios oídos, pero no podía pensar sobre las ramificaciones de sus acciones. Sasuke la miró con los ojos muy abiertos mientras ella lo empujaba para correr por el pasillo hacia el dormitorio. Una vez allí, abrió la puerta y la cerró ruidosamente. Solo pudo respirar nuevamente cuando puso el cerrojo y se dejó caer al suelo. ¡Nunca en su vida había estado tan avergonzada!

Los zarcillos de fuego alcanzaron el cielo y las brasas murieron rápidamente...

Pequeños ronquidos la distrajeron del libro que había estado leyendo, sus pálidos ojos se deslizaron hacia la izquierda para encontrar al culpable. Hinata sintió que sus labios se movían involuntariamente hacia arriba en una pequeña sonrisa mientras miraba al Uchiha dormir profundamente a su lado. Su boca estaba ligeramente abierta y algunos mechones de cabello se aferraban a su frente y mejillas. No estaba segura de cuánto tiempo había estado durmiendo, pero a juzgar por el hecho de que estaba roncando, debe haber sido por un tiempo. El libro que había estado leyendo no había sido tan interesante de todos modos, así que no podía culparlo por quedarse dormido.

Cerrando el libro, lo colocó en la mesita de noche antes de hundirse en la cama. Luego se puso las sábanas hasta el cuello y cerró los ojos, pero la sensación de fatiga no la envolvió como solía hacerlo. Hinata abrió los ojos y parpadeó hacia el oscuro techo. Ella no se sentía cansada en lo más mínimo. Echó un vistazo al reloj, era pasada la medianoche, así que realmente debería dormirse. Cerró los ojos otra vez e intentó contar hacia atrás en su mente, pero todavía no se sentía cansada. Resopló y apretó fuertemente los párpados. Tal vez si lo deseaba lo suficiente, el sueño la encontraría. Desafortunadamente, permaneció así por media hora sin resultado.

Solo podía culparse a sí misma. Había estado tan absorta en su reunión con Kurenai que por poco había descuidado preparar el almuerzo y la cena. Los platos de ambas comidas seguían amontonados en el fregadero. Ella normalmente los lavaba de inmediato, pero había estado demasiado distraída escuchando a Kurenai y viendo a Sasuke jugar con Mirai. Bueno... Más como Mirai jugando con Sasuke, aun si él no quería que ella lo hiciera. Hinata abrió los ojos y giró la cabeza para observar al Uchiha mientras dormía.

Tenía que estar agotado después de haber tratado con Mirai durante horas. Él tampoco se quejó de ella como había esperado que lo hiciera. En cambio, le permitió a la pequeña balbucear todo lo que quiso, solo apartándola cuando sus curiosos dedos trataron de arrancarle el cabello. Ver a Sasuke con un niño, especialmente uno tan valiente como Mirai, había sido lindo. ¿Cómo sería él cuando tuvieran sus propios hijos? ¿Tendría un enfoque frio como su padre o sería más cariñoso? ¿Cómo lucirían sus hijos? ¿Cuántos tendrían? Si iban a revivir un clan, tendrían que tener más de uno. Para que hubiera un hijo ellos tendrían que... Hinata chilló, sus mejillas ardían en la oscuridad.

Se sentó en la cama y apartó su cuerpo del hombre que dormía a su lado. Sasuke iba a ser su esposo y como su esposa, ella tendría que hacer... Ciertas cosas. Cosas que lamentablemente desconocía. La única persona por la que alguna vez se había sentido atraída era Naruto. Había imaginado bebés rubios de ojos azules, pero no el proceso que los traería. Ahora que sus hijos definitivamente serían Uchiha, tenía que empezar a pensar seriamente sobre cómo crearlos.

Hinata tragó mientras miraba al Uchiha durmiente. Tener hijos con él sería... Difícil. Sasuke no había expresado ningún deseo de tener hijos fuera de aceptar su concepción a través del contrato. Si la recordaba de la academia, la recordaría casi muda, con cabello corto y la genética de su familia para los ojos pálidos. No había nada acerca de su apariencia que a él le importara.

Cuando le devolviera la vista, ¿qué pensaría él de ella? ¿La encontraría atractiva? Hinata resopló ante la idea. En su opinión, Sakura era una de las kunoichi más bonitas junto a Ino. Si Sasuke no gustaba de ellas, no había posibilidad en el infierno de que Hinata se ganara su afecto. En cualquier caso, le gustara o no, no quería ser completamente inepta en lo que respecta a su noche de bodas. No estaba segura, pero Sasuke probablemente tenía mucha más experiencia en esa área. Él no parecía ser alguien que estuviera dispuesto a ser paciente tampoco.

Mordiéndose el labio inferior, tomó la pila de libros de la mesita de noche y sacó el libro sin título del fondo. Ella realmente no necesitaba esconder ese escandaloso libro, ya que Sasuke no podía ver y los ANBU tendían a mantenerse en el exterior de la casa. Aunque esta era su casa ahora y podía hacer lo que quisiera, todavía sentía que estaba haciendo algo mal. Algo... Inmoral.

Agarrando el libro cerca de su pecho, se deslizó fuera de la cama y silenciosamente se dirigió de puntillas por el pasillo. Sasuke seguiría durmiendo por unas pocas horas más, pero moverse a hurtadillas por la casa le produjo una pequeña sensación de excitación. Cuando llegó al baño, encendió la luz y cerró la puerta detrás de ella. Luego bajo la tapa del inodoro y se sentó con el libro en su regazo.

Abriéndolo en el medio, fue recibida por una imagen de una posición que parecía mucho más íntima de lo que su imaginación podría haber creado. Tanto el hombre como la mujer estaban desnudos, por supuesto, sentados uno encima del otro. Sin embargo, el cuerpo de la mujer estaba acurrucado, tenía el rostro enterrado en el hueco de su cuello y su pecho presionado contra el de él. Ella se sonrojó ante la descripción erótica, pero no cerró el libro. Estaba sola, no había nadie mirando por encima del hombro. Armándose de valor, lentamente hojeó las otras páginas para ver qué tenían.

Cada imagen tenía una o dos páginas de instrucciones explícitas sobre cómo lograr lo que el libro llamaba "placer máximo". Hubo varias descripciones, desde felaciones masculinas y femeninas hasta posiciones sexuales casi acrobáticas. Sonaba increíblemente cursi, pero no podía dejar el libro. Tan pecaminoso como era, fue muy entretenido. Pasando de una página que mostraba una posición que requería extrema destreza, Hinata vio la foto de una mujer sola. Tenía las piernas abiertas y una mano apoyada en un área con la que no estaba tan familiarizada como debería. Ella se sonrojó y sintió calor en su propio núcleo cuando la información de gran parte del libro se registró en su mente. En la página al lado de la mujer, el título solo tenía dos palabras: Auto placer. Hinata tragó saliva, su boca de repente se sintió seca al leer la descripción contigua.

La única forma de lograr el verdadero placer con un compañero es primero entender cómo darte placer a ti mismo —Hinata leyó en voz alta.

Las palabras se sentían extrañas en su lengua y el concepto que expresaban era aún más raro. El placer del sexo no era algo de lo que había hablado con su sensei durante ninguna de sus "charlas". Ella sabía que era posible, sin embargo. Las enfermeras del hospital siempre cotilleaban sobre su vida sexual, o la falta de ella, cada vez que estaban en la sala de descanso. Según el libro que tenía en sus manos, había una multitud de formas de relacionarse con un compañero. El "auto placer" no era algo que se le hubiera pasado por la cabeza. Ni siquiera sonaba como algo que un Hyūga debiera explorar. Sin embargo, mientras leía el pasaje, no parecía algo difícil de hacer.

Hinata negó mientras sus pensamientos volaban y cerró el libro. Ella no debería estar leyendo este tipo de cosas. Si alguien descubriera que fue ella quien saco el libro de la biblioteca, seguramente moriría de vergüenza. Lo dejó en el mostrador y se puso de pie para encender la ducha. Todavía no estaba cansada, pero tal vez una ducha ayudaría. Quitándose toda su ropa, saltó al agua antes de que calentara y soltó un pequeño chirrido. No por incomodidad, el agua helada era una fuente de alivio muy necesario, sino que fue debido al hecho de que su piel estaba más sensible de lo normal. Sus pezones se endurecieron instantáneamente bajo el rocío, pero ella lo ignoró y alcanzo el jabón. Ese tonto libro estaba jugando con sus pensamientos. Aun así, mientras echaba jabón en una toallita, no pudo evitar preguntarse cómo se sentiría...

Soltando un gemido, Hinata enterró su rostro en sus manos e intentó borrar el horrible recuerdo de lo que acababa de suceder. No podía estar segura de cuánto había escuchado, pero claramente había escuchado algo. Hinata gimió de nuevo, sus hombros cayeron y sus mejillas ardían implacablemente. Sasuke probablemente pensó que realmente era una puta.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Kurenai sonrió mientras veía a Mirai extendida sobre su cama. Normalmente, la niña despertaba temprano en la mañana, pero hoy estaba durmiendo profundamente. Hablar en la oreja de un Uchiha aparentemente hizo este milagro. Dejando la puerta entreabierta, Kurenai se dirigió a su cocina para comenzar a preparar el desayuno. La mayoría de los días eran así desde el nacimiento de su hija. Despertar, cocinar, limpiar, perseguir a Mirai, dormir y repetir al día siguiente. Era una vida que contrastaba con sus días cuando estaba en servicio activo. Echaba de menos ir a misiones y atrapar shinobi desprevenidos en un genjutsu. Extrañaba la sensación de fuerza bajo sus dedos mientras luchaba contra los enemigos. Más que nada, echaba de menos entrenar con sus alumnos, aunque hoy en día ya no podía llamarlos de esa forma.

«Todos han crecido tanto» Kurenai pensó con una pequeña sonrisa mientras se lavaba las manos en el fregadero de la cocina.

Shino, Kiba y Hinata habían crecido y no podía estar más orgullosa de ellos. Hablando de eso, necesitaba llevar a Mirai a visitar a los Inuzuka. La niña había estado pidiendo ver a Akamaru durante días y tal vez podrían ver a la nueva camada. Kami solo sabía lo emocionado que Kiba estaba por el futuro nacimiento, el día en que él tuviera sus propios hijos el mundo ardiera. Sacudiendo la cabeza, se movió del fregadero a la nevera para tratar de encontrar algo para preparar el desayuno para una niña quisquillosa. El contenido de su nevera estaba un poco escaso. Huevos, mantequilla, medio cartón de leche, algunas rebanadas de manzana. Había algo de harina en el armario al lado de la nevera, así que parecía que los panqueques serían su mejor opción para el desayuno. Después de eso, realmente tendrían que ir al supermercado…

Toc. Toc. Toc.

Kurenai parpadeó y sacó su cabeza del interior de su nevera. Fuera de los miembros del Equipo 10 y sus antiguos alumnos, no recibía muchas visitas. Encogiéndose de hombros, estaba a medio camino de la puerta cuando el visitante tocó de nuevo.

—¡Ya voy, ya voy! —Kurenai se quejó. Si golpeaban más fuerte, despertarían a Mirai y lo último que quería era manejar a una pequeña niña de dos años enojada. Al abrir la puerta, se sorprendió al encontrar a Hinata. La Hyūga se inclinó levemente, su oscuro cabello caía como una gruesa cortina sobre sus hombros y su rostro—. ¿Hi-Hinata? —Kurenai dijo.

—Buenos días sensei —Hinata respondió mientras se enderezaba. Ella permaneció en la puerta, con los dedos agarrados al borde inferior de su chaqueta color lavanda.

Ver a Hinata tan incómoda la desconcertó. La chica no había estado tan nerviosa en años. Abrió la boca para exigir respuestas de inmediato, pero mejor se tragó las palabras y condujo a Hinata dentro de su pequeño apartamento. A Hinata no le gustaba decepcionar a los demás y si se sentía presionada, probablemente se cerraría y encontraría una excusa para irse. El hecho de que ella estaba en su puerta podría significar que estaba lidiando con algo serio.

«Y ese algo serio probablemente era el Uchiha» pensó Kurenai mientras le hacía un gesto a Hinata para que tomara asiento en el sofá.

—¿Puedo traerte algo para beber? —preguntó la mujer mayor, manteniendo su tono lo más amistoso posible. Hinata se dejó caer en el sofá, con la espalda rígida y sus ojos enfocados en el piso mientras negaba con la cabeza—. ¿Estás segura? Ayer fuiste tan buena anfitriona conmigo y con Mirai. Lo menos que puedo hacer es tratarte de la misma forma en mi casa.

—Bien —Hinata concedió en voz baja—. Solo agua por favor.

Kurenai asintió y dejó a la chica en la sala para cumplir con la petición. Exteriormente, no parecía estar preocupada por la llegada de Hinata, pero por dentro, sus pensamientos iban a un kilómetro por minuto. ¿Qué pasó entre ellos anoche? El Uchiha debe haber hecho algo para que Hinata la visitara tan temprano en la mañana. Sasuke parecía inofensivo ayer. Permitió que Mirai reinara libremente sin quejarse y había permanecido en silencio mientras estuvieron allí. Claro que no se unió a ellas para la cena, pero no lo había tomado como un desaire. Para empezar, no parecía el tipo de persona que quería compañía durante sus comidas.

Kurenai tomo aire profundamente mientras sacaba un vaso del armario y se trasladaba al fregadero para llenarlo de agua. Tenía que mantener la calma si quería obtener respuestas honestas de Hinata y no solo medias verdades. Después de eso, lidiaría con la situación como lo considerara conveniente. Con suerte, eso no implicaría asesinar al último Uchiha, pero ella podría intentarlo, después de todo, no estaba fuera de práctica. Una vez que el vaso estuvo lleno, Kurenai regresó a la sala de estar donde Hinata estaba jugando discretamente con sus dedos, mordiéndose el labio inferior.

—Aquí tienes —Kurenai dijo. Hinata saltó sorprendida por su voz, tan perdida en sus propios pensamientos que probablemente había olvidado dónde estaba.

—O-oh. Gracias, Kurenai-sensei —chilló, un ligero rubor se extendió por sus mejillas mientras aceptaba el vaso.

Kurenai sonrió y se sentó en el sofá junto a su exalumna, cruzando una pierna sobre la otra y apoyando el codo en el respaldo del sofá.

—¿Has venido a jugar con Mirai? Hubiera pensado que después de la visita de ayer ya estabas harta de nosotras.

—¡No! —Hinata dijo enfáticamente, sus dedos rodearon correctamente su vaso—. Realmente disfruté hablar contigo ayer y ver a Mirai fue maravilloso. ¡Está tan grande!

Kurenai levantó una ceja ante las palabras de Hinata, sabiendo que había algo más. Los ojos pálidos se dejaron caer sobre su vaso de agua y el leve rubor de antes se hizo más profundo.

—Es solo que... Yo... Yo necesito tu ayuda —soltó Hinata.

—¿Mi ayuda? —murmuró Kurenai.

—Bueno... —comenzó Hinata, encogiéndose—. Más como un consejo. Se trata de... Sasuke.

La ex experta de genjutsu parpadeó. ¿Hinata necesitaba su consejo? ¿Acerca de Sasuke? ¡La joven ni siquiera fue a pedirle consejos sobre Naruto! Si lo hubiera hecho, ella le hubiera dicho que dejara de atormentar al niño hace años. Sin embargo, allí estaba, pidiendo consejos para tratar con el mejor amigo y no con el supuesto amor de su vida.

«Cómo han cambiado las cosas.»

—El Uchiha. Uchiha Sasuke —Kurenai dijo en voz baja y Hinata asintió.

—Él… Él um… Yo estaba y él estaba… Pensé… Durmiendo, pero él no estaba… Yo sola… Y yo…

—Hinata tienes que reducir la velocidad —Kurenai interrumpió, poniendo una mano sobre la hiperventilada chica. Hinata asintió frenéticamente y tragó varias bocanadas de aire—. Bien, ahora, ¿qué pasó?

Hinata se sonrojó y bajó la cabeza, su flequillo cubrió sus ojos que estaban llenos de vergüenza y culpa. Kurenai tragó saliva. No podría ser tan malo, ¿verdad?

—¡Sasuke me escuchó haciendo cosas en la ducha!

—¡Esperar! ¿qué?

Sí... Sí podía ser malo.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

—Cien, ciento uno, ciento dos.

Kakashi pasó ociosamente a la siguiente página en su libro favorito del Icha Icha Paradise. Las páginas estaban muy gastadas, las letras eran como viejos amigos a sus ojos. Sabía lo que sucedería antes de que ocurriera, cada revelación y sorpresa para los personajes era algo conocido para él, sin embargo, aún disfrutaba de cada línea, de cada interacción.

—Ciento treinta y ocho. Ciento treinta y nueve.

—Podemos parar cuando quieras —Kakashi suspiró mientras sus ojos cambiaban de su libro al Uchiha sobre el que estaba sentado.

El chico no respondió a su oferta de detenerse. En cambio, continuó contando sus lagartijas, el sudor goteaba en la tierra. Kakashi se encogió de hombros y se ajustó un poco a la espalda de su alumno. Él titubeó levemente, pero siguió con sus flexiones. Kakashi negó con la cabeza. El informe de su ANBU desde esa mañana no había sido bueno. Aparentemente, había habido un grito, claramente femenino, que había ocurrido antes de que saliera el sol. El grito solo podía haber venido de Hinata, pero como no había habido chakra involucrado, el ANBU no entró en la casa. Si Hinata hubiera estado en un peligro, se hubiera defendido de alguna forma.

La historia de los eventos de esa mañana solo fue corroborada cuando descubrió que Sasuke estaba más de muy mal humor. Él ya estaba sentado en la terraza cuando llegó, lo que debería haber sido el primer signo de que las cosas estaban mal. El segundo había sido el hecho de que Hinata no había salido a saludarlo. Hinata nunca dejaba ir a Sasuke sin decir decirle adiós a su manera extraña. Nunca hablaban entre ellos, pero que ella permaneciera a su lado era suficiente para los dos. Con Hinata ausente esta mañana, era poco probable que los llamara para almorzar. Realmente no le sorprendía que la Hyūga y el Uchiha estuvieran teniendo problemas. Los dos eran realmente opuestos, por lo que se esperaba que las cosas se pusieran tensas entre ellos.

Sin embargo, cualquiera que fuera el problema, debió ser por culpa de Sasuke. Hinata no era del tipo que discutía, ni se quejaba si algo no le gustaba. Kakashi cambió a una nueva página de su libro antes de rascarse la barbilla a través de la máscara. Sería un desastre si Sasuke lograra arruinar su matrimonio incluso antes de que comenzara. Había mucho en juego en esta unión, como por ejemplo la vida del Uchiha. Tenía que llegar al fondo de esto antes de que las cosas se descontrolaran demasiado.

—Ciento noventa y ocho. Ciento noventa y nueve.

—Hmmm. Me pregunto qué estará preparando Hinata para el almuerzo —Kakashi se preguntó en voz alta. Sasuke titubeó levemente en su conteo, pero continuó—. Tal vez ella me invite a comer. Tengo una hora libre.

—Cállate… —gruñó Sasuke, luchando a través de su enésima flexión—. Maldición.

—Ahora no puedes quedarte con toda la comida de Hinata. También tengo hambre.

—Doscientas cinco, doscientas seis, doscientas siete.

—Apuesto a que Hinata estará feliz de verme. Tiene un buen corazón —Kakashi bromeó y palmeó la parte superior de la sudorosa cabeza de Sasuke.

Hubo un tambaleo, un estremecimiento, un temblor, antes de que los brazos del Uchiha finalmente cedieran y cayera directamente en la tierra. Kakashi golpeó la parte posterior de la cabeza del niño con el dorso de su libro y se levantó.

—Es suficiente por hoy —Kakashi dijo y Sasuke lo miró desde la tierra.

Kakashi observó cómo sus oscuras cejas se fruncían mientras luchaba por levantarse del suelo, pero descubrió que sus brazos se sentían como gelatina. Parte de él se identificaba con la frustración del chico, hoy no había sido mucho el entrenamiento. Fue más que nada un castigo. Hinata gritando por cualquier razón era inaceptable. Tomando asiento cerca de la cabeza del Uchiha, colocó su libro junto a él.

—Mi ANBU tuvo algo curioso que informarme esta mañana —Kakashi comentó casual. Sasuke rodó los ojos, pero no respondió—. Dijeron que oyeron un grito. No sabes sobre eso, ¿verdad?

—Hn —Sasuke gruñó y Kakashi se estiró para ponerlo en posición vertical.

—Hinata-san gritando no es algo que pueda suceder, Sasuke. Si Hiashi escucha sobre esto…

—No fue mi culpa —Sasuke gruñó.

—Entonces, ¿admites que pasó algo?

—Nunca la toqué si eso es lo que quieres decir.

—Hinata-san no gritaría sin razón.

—¡Dije que no fue mi culpa!

—Entonces, ¿quién es el culpable?

Sasuke se volvió en silencio, sus ojos se entrecerraron. Si Kakashi no lo hubiera visto con sus propios ojos, no lo habría creído, pero allí estaba. Un pálido rubor cubría sus mejillas manchadas de suciedad. Eso fue... Extraño por decir lo menos. Suspirando, Kakashi se pellizcó el puente de la nariz. Sacarle información a Sasuke iba a ser como arrancar dientes.

—Hinata-san no ha sido lastimada —Kakashi dijo rotundamente.

Sasuke permaneció en silencio, pero asintió.

—No la tocaste.

De nuevo, asintió.

—Entonces, ¿por qué gritó?

No hubo asentimiento esta vez. En cambio, el rubor en sus mejillas se hizo más intenso, extendiéndose a su cuello y orejas. Kakashi apretó los labios y se puso de pie antes de ayudar a Sasuke también.

—Sasuke, si vas a reintegrarte al pueblo, vas a tener que aprender a usar la boca para explicar las cosas. Esto podría ser solo un malentendido, pero sin dudas habrá más. Si vas a defenderte contra los rumores, entonces vas a tener que usar tu voz —dijo, agarrando el codo del Uchiha para llevarlo de regreso a la casa—. Esta vez, sin embargo, tendré que preguntarle a Hinata-san yo mismo…

—No —Sasuke dijo bruscamente, tirando de su codo.

—Sasuke…

—No es algo de lo que debas hablar con ella.

Kakashi abrió la boca para protestar, pero Sasuke pareció resuelto en su negativa. Agarrando el codo del obstinado Uchiha, reanudó su caminata. Fuese lo que fuese que sucedió en la mañana, no presionaría más a Sasuke ni cuestionaría a Hinata sobre el incidente, al menos no de inmediato. Por ahora, emplearía una táctica más sutil para obtener las respuestas que deseaba.

Cuando llegaron a la casa, Kakashi lo condujo por los escalones y abrió la puerta. Dentro estaba tranquilo, lo que solo podía significar que Hinata todavía estaba desaparecida. No quería dejar a Sasuke solo, pero sobreviviría hasta que ella regresara. Ojalá. Colocando una pesada mano en el hombro de su alumno, sonrió a través de su máscara antes de despedirse.

—Recuerda Sasuke, esposa feliz vida feliz.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Esposa feliz vida feliz.

Sasuke miró a la oscuridad mientras rodaba a una posición más cómoda en el sofá. Hinata no era su esposa, al menos todavía no. ¿Qué importaba si ella era feliz o no? Él no tenía control sobre las emociones de esa mujer. En primer lugar, tratar de hacerla feliz parecía una misión tonta, especialmente después de lo que había sucedido esa mañana. Debería haber seguido sus instintos y haber regresado al dormitorio antes de que ella lo notara. En cambio, había sido dominado por otros impulsos menos inteligentes y ahora estaba cosechando las consecuencias. El recuerdo de su grito aún resonaba en sus oídos y amenazaba con hacerlos sangrar.

El ceño fruncido de Sasuke se profundizó cuando rodó de nuevo. Lo único bueno que había salido de ese grito era que había diezmado por completo su erección y cualquier deseo que pudiera haber sentido. Aparte de eso, lo había dejado fuera de la habitación y no había tenido noticias suyas desde entonces.

«Adiós» Sasuke gruñó mentalmente.

De todos modos, él no la necesitaba. Podía hacer la mayoría de las cosas solo, sobre todo ahora que estaba más familiarizado con el diseño de la casa. No necesitaba su ayuda mientras estuviera dentro de estas cuatro paredes, sin embargo, su estómago gruñía incómodamente, había una cosa por la que ella era necesaria y eso era para la comida. Si Hinata decidía abandonar el contrato, ¿a quién enviarían en su lugar? Los Hyūga no dejarían pasar la oportunidad de tener vínculos de sangre con el Uchiha solo porque Hinata se retiraba del matrimonio. Hyūga Hiashi era un hombre estratégico y no permitiría eso.

Con Hinata fuera... ¿Quién venia después?

Esa pequeña hermana malcriada era la otra opción, Sasuke se estremeció ante la idea. Esa chica tenía mala actitud y una boca insolente. Era difícil de creer que alguien tan suave como Hinata nació y se crio de la misma manera que esa chica. Terminarían matándose entre sí antes de que él volviera a ver y no podía permitir que eso sucediera.

—«No —pensó Sasuke mientras se recostaba en el sofá—. Esa chica Hanabi no es una opción.»

Con Hanabi fuera, ¿quién quedaba? Según lo que él sabía, Hiashi solo tenía dos hijas, por lo que una niña de la rama secundaria Hyūga era una opción probable. Trató de imaginar a otra mujer de ojos pálidos dando vueltas alrededor de su casa, pero la idea de tener a una extraña allí le puso los pelos de punta. No sabría cómo le gustaba su té y probablemente no sabría cómo cocinar de la manera que a él le gustaba. Nunca tenía que decirle a Hinata la forma en que le gustaban las cosas, simplemente lo hacía bien. Tener a otra persona espiándolo furtivamente no era lo ideal. El olor fantasmagórico de la lavanda llenó sus fosas nasales cuando se dio cuenta de que sus opciones estaban disminuyendo. Si iba a tener su visión de vuelta y salir de Konoha, Hinata era la única elección.

«Esposa feliz vida feliz.»

—Estúpido Kakashi —Sasuke gruñó por lo bajo.

¿Cómo se atreve a pensar que habría lastimado a esa mujer de alguna manera? Claro, hace un tiempo, él la quería muerta. Ella sabía más sobre él de lo debería, pero si la hubiera lastimado, hubiera aceptado la culpa, no tenía razón para mentir. Tampoco tenía motivos para decirle a Kakashi lo que realmente sucedió. La Hyūga entraría en combustión espontanea si la gente supiera de sus espeluznantes hábitos de ducha y no iba a admitir su propio papel en el incidente. Lo último que necesitaba era que Kakashi tuviera más cosas para usar contra él.

Las palabras de Kakashi todavía le molestaban. Si iba a esperar que le regresaran sus ojos, era mejor hacerlo cómodamente. Eso significaba que Hinata no podía abandonar el acuerdo, pero ¿cómo la haría feliz? La felicidad de otro ser humano no era algo a lo que él hubiera prestado atención antes. Ayer ella parecía feliz cuando su antigua sensei y esa niña habían estado en la casa. Dudaba que pudieran venir al distrito todos los días, por lo que no podría contar con ellas para hacer feliz a Hinata.

Parpadeando, apretó los labios e intentó buscar en su cerebro cosas que hicieran feliz a una mujer. Sakura y Karin habían afirmado que su felicidad estaba a su lado, pero Hinata estaba a su lado y no estaba contenta. Eso significaba que las otras kunoichi eran mentirosas o que Hinata necesitaba otras cosas, pero lo que sea que fuesen esas otras cosas, no tenía idea. No había nadie para que él preguntara tampoco. Los hombres con los que había hablado desde su despertar se limitaban a Kakashi y Hiashi. El infierno se congelaría antes de que hablara sobre cualquier cosa con Kakashi y aun menos con Hiashi. Estaba Naruto... Sasuke bufó y se levantó del sofá. Preguntarle al hombre de quien su prometida estaba supuestamente enamorada sonaba estúpido incluso en su propia cabeza.

Sin ideas sobre qué hacer, permitió que su estómago gruñón lo llevara a la cocina para encontrar algo de comer. Hinata usualmente guardaba manzanas para comer con el té. Hubiera preferido que se las cortaran, pero ella no estaba allí para hacer eso. Cuando llegó a la cocina, buscó la fría sensación de la nevera, pero hizo una pausa.

Olfateó.

Algo olía... Mal.

Siguió con su nariz la fuente del olor rancio y tanteo alrededor. El tintineo de los platos llenó sus oídos y el olor a comida vieja aumentó. El olor era lo suficientemente fuerte como para que todos los pensamientos sobre la comer fueran llevados al fondo de su mente.

«Maldición Hinata» gruñó mentalmente.

Ella debe haber olvidado lavar los platos. Suspirando, buscó el grifo del fregadero y lo abrió. Cerca de la perilla, sus dedos rozaron algo que esperaba fuera lavaplatos así que arrojó algo de eso al agua también. Él no había lavado los platos en... De hecho, nunca había lavado sus propios platos. Aunque no se veía demasiado difícil, lavaplatos, agua, eso era todo. Tomando algo blandito y mojado, lo apretó entre sus dedos y rogó que fuera una esponja. No quería lavar los platos, pero eso le daría algo que hacer mientras Hinata estaba ausente.

No era como si la necesitara para evitar aburrirse o algo así.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Esa noche Hinata regresó al distrito Uchiha, arrastrando sus pies a través de la grava a un ritmo lento. A pesar de su ritmo letárgico, su corazón latía a una milla por minuto. La más leve brisa o crujido de una ramita era suficiente para hacer que su corazón quisiera salir de su caja torácica. Ella no debería sentirse así, pero con cada paso la sensación de temor aumentaba. Temía estar cerca de Sasuke, temía enfrentar las ramificaciones de las acciones de esa mañana, temía que alguien, especialmente a él, la hubiera escuchado hacer eso. Debería haber sido más cuidadosa. No debería haber hecho eso en absoluto...

¡Oh! ¡Dios mío! —Kurenai se rio, la mirada de pura diversión brillaba en sus ojos rojos.

Hinata se sonrojó profusamente ante la risa de su sensei, hundiendo su rostro en una de las almohadas del sofá. Su vaso de agua había sido olvidado hace tiempo. Ella no encontró esta situación divertida en lo más mínimo. ¡Solo quería acurrucarse en un agujero y morir!

Espera, espera, espera —Kurenai jadeó, luchando por mantener su diversión al mínimo—. Entonces, lo dejaste fuera de la habitación. ¿A dónde fue después de eso?

Hinata gimió en la almohada y se encogió de hombros. No tenía idea de qué había sido de Sasuke después. Se encerró en la habitación hasta que salió el sol y finalmente tomo la decisión de ir a pedirle consejo a su sensei. Cuando salió de la habitación, no se molestó en buscarlo. Ella no podía mirarlo a los ojos por la vergüenza. ¡No después de haberla oído hacer algo tan, tan desagradable! No después de que ella había visto lo que ocurría en la región inferior de Sasuke. No después de que él la mirara así. Ella apretó los ojos e intentó sacudir la imagen de sus ojos oscuros, como si realmente pudiera verla...

Hinata, escucha —dijo Kurenai, sacando a Hinata de sus pensamientos—. Ese tipo de cosas sucede cuando dos personas viven juntas, especialmente con personas del sexo opuesto. No es nada de lo que avergonzarse. Al menos sabes que todo funciona bien.

¡K-K-Kurenai-sensei!

Hablo en serio Hinata. Me sorprende que ustedes dos no hayan vivido situaciones similares antes.

Hinata se mordió el labio inferior, pero mantuvo el rostro enterrado en la almohada. Tal vez no era tan importante, pero eso no la hacía sentir menos avergonzada. Una mano le palmeó la parte superior de la cabeza y pasó los dedos por su cabello en un intento maternal de aliviar sus sentimientos negativos.

Si esto realmente te está molestando, lo cual es obvio que sí, ¿quizás deberías hablar con Sasuke? —Kurenai sugirió. Hinata levantó la cabeza de su almohada y miró a la mujer mayor con los ojos muy abiertos. ¿Hablar con Sasuke sobre el "incidente"? Ella nunca podría hacer eso. ¡Preferiría que la tierra se la tragara!—. No me mires así, no es tan aterrador como parece. Eres una mujer. Sasuke claramente es un hombre. Ambos tienen necesidades. Habiendo dicho eso, ustedes se van a casar, pero antes deben establecer límites. Debes mantener tus niveles de comodidad en mente en todo momento. No dejes que te obligue a hacer algo que no quieras...

¡Kurenai-sensei! —Hinata chilló, enterrando el rostro en su almohada.

¿Qué? ¿He dicho algo erróneo?

N-n-no, es solo... —comenzó Hinata, su rostro ardía intensamente—. No hemos... Hecho nada.

¿Nada?

Hinata asintió dócilmente. Ni siquiera se habían besado. En este punto, para hacer eso se necesitaría un milagro.

Hinata —Kurenai dijo en voz baja, su cálida mano ahuecaba su mejilla—. ¿Encuentras al Uchiha un hombre atractivo?

Ojos rojos la miraban atentamente y ella no podía mentir. Sasuke era un hombre atractivo. Cualquiera con ojos podría notarlo. Lentamente asintió y Kurenai sonrió, frotando su mejilla suavemente con el pulgar.

Este es un matrimonio arreglado. Creo que la atracción mutua es lo máximo que uno podría pedir. Ojalá las cosas fueran diferentes para ti —suspiró con una mirada triste en sus ojos—. Habla con Sasuke. Llega a un acuerdo sobre lo que está bien y lo que no. Es la única forma de hacer que las cosas funcionen entre ustedes dos. Claro, siempre y cuando lo deseen.

Si ella quisiera...

Esas palabras reverberaron en su mente. Esta situación tenía que funcionar, había tanto en juego. Tenía que hacer todo lo posible, pero ¿quería? ¿Ella quería tener a sus hijos? ¿Quería estar con él más íntimamente de lo que había estado con cualquier otro hombre? Hinata se mordió el labio y extrajo sangre. Honestamente no podía responder a la última pregunta...

Hinata suspiró ante el recuerdo, sus pies la condujeron a la puerta de la única casa en el distrito Uchiha. Tenía que enfrentar a Sasuke. No tenía otra opción más que ser una adulta y hacer esto con la madurez que requería la situación. Con eso, ignoró su inquietud infantil y abrió la puerta. El interior no estaba tan silencioso como solía ser. Hubo un fuerte tintineo y un choque que emanaba de la cocina y eso la lleno de preocupación. Rápidamente se dirigió a la cocina y encontró a la última persona que habría esperado ver lavando los platos de la noche anterior. Sasuke estaba parado frente al fregadero rebosante de agua jabonosa de la cocina, fregando los platos con más fuerza de la necesaria.

—¿Sasuke? —Hinata dijo, genuinamente sorprendida de verlo en la cocina lavando los platos.

—Estás de vuelta —él respondió rotundamente.

Él no se dio vuelta para reconocerla, pero no parecía enojado. ¿Era posible que hubiera olvidado lo de esta mañana? Vacilante, Hinata se le acercó y miró el fregadero. Los platos de la noche anterior flotaban en el fondo, sus pálidos dedos agarraban la esponja de la forma en que uno normalmente sostenía un kunai. Ya tenía un montón de platos limpios a un lado, un charco de agua se acumulaba debajo de ellos en el mostrador.

Hinata se cubrió la boca con la mano e intentó amortiguar la pequeña risita que amenazaba con salir, pero fue en vano. Uchiha Sasuke, uno de los shinobi más fuertes de su generación, era inútil para cualquier cosa que no implicara matar. Él no podría cavar un hoyo, no podía lavar la ropa y definitivamente no podía lavar los platos, al menos no apropiadamente.

Mientras se reía, el Uchiha continuó restregando bruscamente una de las ollas que había usado la noche anterior. El gesto fue tan pequeño que casi no lo noto, pero ella vio el diminuto movimiento en sus labios, una sonrisa. Su risa se calmó un poco, su mortificación previa fue olvidada cuando se acercó a él y colocó una mano sobre la suya. Luego le arrebato la esponja y lo golpeó ligeramente para que se moviera hacia un lado.

—¿Yo lavo y tú secas? —Hinata sugirió.

El Uchiha no hizo ningún comentario, pero tampoco se apartó de su lado, por lo que tomó eso como una señal positiva. Colocó la esponja en el borde del fregadero y se acercó a uno de los cajones que contenían los trapos de cocina. Cuando agarro uno, se detuvo antes de regresar.

«¿Encuentras al Uchiha un hombre atractivo?»

Hinata se sonrojó cuando las palabras de Kurenai flotaron en su mente. Estaba allí parado, apoyado perezosamente contra el mostrador junto al fregadero con los brazos cruzados y una expresión en blanco en el rostro. Él era atractivo, pero... La verdadera pregunta era si ella se sentía atraída por él. ¿Podría ella estar con él de esa manera? Hinata se sonrojó al recordar algunas de las imágenes eróticas de su libro prestado de la biblioteca.

Trató de imaginar las manos de Sasuke en sus caderas y sus labios en su piel. A sus dedos explorando lugares que ella acababa de descubrir esa mañana. Un ligero carraspeo hizo que Hinata regresara a la realidad y su rostro se tornó rojo. Era grosero mirar a la gente. Si su padre la viera comiéndose con los ojos a Sasuke, seguramente estaría decepcionado con ella.

Rápidamente movió sus ojos hacia abajo y devolvió su enfoque a la tarea que tenía entre manos.

Continuará en... Volverse amigos.

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Fin capítulo dieciséis

Naoko Ichigo