Disclaimer: Los personajes de Naruto no son míos, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, es de College n Curls y fue beteada por geekgir7.
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Volverse un Asunto Familiar
—Su informe —exigió Kakashi tan pronto como cruzó las puertas del distrito Uchiha. Sus ANBU, siempre atentos y preparados, ya habían sido alertados de su visita y habían esperado pacientemente su llegada.
—Es um... Bueno... —una voz amortiguada comenzó y Kakashi miró al segundo ninja para tener una idea de por qué el primero estaba tan nervioso. Simplemente se encogieron de hombros y apuntaron con el pulgar hacia la casa.
—Es mejor que lo vea usted mismo, señor —dijo el ANBU. Despertando su interés, Kakashi los siguió hasta el techo.
Allí pudo ver qué era exactamente lo que los tenía tan incómodos y le costaba estar en desacuerdo con su evaluación. En el medio del patio estaba Hinata, la dulce e inocente Hinata, sentada encima de Sasuke, le estaba retorciendo el brazo detrás de la espalda y con el rostro en la tierra.
—¿Qué pasó? —preguntó Kakashi mientras veía a Hinata alejarse y poner distancia entre ellos. Sasuke no le permitió avanzar mucho antes de que él cargara con toda su fuerza de nuevo, esta vez tuvo éxito en derribarla y tirarla sobre la tierra.
—Han estado así toda la mañana —el ANBU respondió—. Ayer el turno de la mañana menciono algo sobre un entrenamiento, pero pensamos que fueron unos exagerados.
Mientras estaba de espaldas, Hinata pudo levantar su mitad inferior lo suficiente como para patear a Sasuke en el estómago y hacerlo retroceder.
—¿Cree que deberíamos detenerlos, señor?
—Si algo le sucede a Hinata, los Hyūga harán…
Kakashi alzó una mano para silenciar a sus ANBU y se alejó de entrenamiento que se había convertido en más que lanzarse al suelo el uno al otro.
—¿Por qué no se van temprano hoy? El turno de la noche comenzara a la hora de siempre —dijo, bajándose del techo para ir a la puerta.
—¡Pero señor! —uno de los ninja protestó, pero Kakashi no les prestó atención.
El objetivo de la vigilancia ANBU no solo era mantener a Sasuke en el pueblo sino también asegurarse de que Hinata estuviera protegida. Era claro para él que ella era capaz de protegerse a sí misma de un Uchiha con capacidad limitada. Además, Sasuke claramente no estaba pensando en huir, ya que se estaba preocupando lo suficiente como para pasar el tiempo entrenando con alguien que no era su antiguo sensei. De cualquier modo, estaba seguro de que los dos preferirían continuar sus actividades sin público.
Kakashi sonrió para sí mismo mientras recordaba una historia muy similar de uno de sus libros favoritos y procedió a salir de la propiedad de los Uchiha. Si las noticias que Naruto le dio ayer, el Uchiha y la Hyūga comenzarían una relación muy pronto. Esta fue una muy buena noticia.
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Sasuke resopló mientras se quitaba la camisa empapada en sudor y la tiraba a un lugar al azar lo más lejos posible. Estar semidesnudo no le proporcionó mucho alivio, pero se sintió un poco mejor. Silenciosamente se tumbó en la hierba, ignorando la forma en que le picaba la piel, e hizo todo lo posible para regular su respiración.
—Lo hiciste muy bien, Sasuke —Hinata dijo sin aliento mientras se sentaba en algún lugar cerca de él—. Volverás a estar como antes en un par de meses, después de que tu chakra esté completamente desbloqueado.
—¿Un par de meses? —él gruñó.
No había pensado demasiado en cómo sería su condición después de que su vista regresara, pero unos meses más de tener que permanecer en este estado debilitado no era lo ideal.
—Bueno, tu vista volverá gradualmente, pero el uso de tu KekkeiGenkai puede llevar más tiempo. Habrá dolores de cabeza, sensibilidad a la luz y al sonido, además tu cuerpo tendrá que reajustarse para la concentración de enormes cantidades de chakra dentro de ti, especialmente en tu lóbulo occipital. Te tomará un tiempo acostumbrarte, pero creo que lo lograras.
—Si va a llevar más entrenamiento, ¿por qué nos detenemos ahora? —gruñó mientras trataba de sentarse, ignorando las protestas de sus doloridos músculos. Su incomodidad se tuvo que haber reflejado en su rostro porque una pequeña mano se disparó hacia su hombro y suavemente lo empujó hacia la hierba.
—No te puedes cansar demasiado. Si lo haces, tu cuerpo puede rechazar la reintroducción de tus redes de chakra y podrías causarte un daño irreversible. ¡El descanso es tan importante como el entrenamiento!
Sasuke rodó sus ojos, pero obedeció. Ella tuvo suerte de que él estuviera demasiado cansado para seguir con su entrenamiento. En cualquier caso, Hinata no era alguien que hablara mucho, ni tratara de imponer su voluntad sobre él. Si ella decía que no debía esforzarse como quería... Probablemente no debería hacerlo. Era inquietante escucharla hablarle de esa forma. Ella se estaba tornando cómoda a su alrededor y en ocasiones le recordaba a su...
—Madre —murmuró y Hinata se movió ligeramente junto a él.
—¿Sasuke? —preguntó, su suave voz se fundía perfectamente con el aroma de la lavanda, la vainilla, la hierba, el sudor y la suciedad.
Clavó sus dedos suavemente en la tierra mientras el viento hacía que su cabello se adhiriera obstinadamente a su frente. Si se quedaba muy quieto, casi se sentía como si fuera un niño otra vez, esperando a que su hermano volviera del entrenamiento. Esperando a que su padre volviera a casa. Esperando a que su madre lo recogiera y lo llevara dentro.
—Los extrañas... ¿A tu familia? —Hinata preguntó y Sasuke parpadeó.
¿Extrañaba a su familia? Tal vez... A veces. No le gustaba pensar en su familia... Su clan. Los recuerdos cálidos eran tan profundos como los fríos.
—No lo sé —dijo finalmente, la confesión sonaba vacía, pero sabía que era verdad. Honestamente ya no sabía—. La mayoría de los días no pienso en ellos y estoy... Bien con eso.
—Hmmm... Yo... Y-ya veo. ¿Estabas pensando en tu madre? ¡Lo... Lo siento, no es mi intención incomodarte!
Sasuke sonrió por lo nerviosa que sonaba y puso un brazo sobre sus ojos.
—Lo estaba. Me recuerdas a ella.
—¿D-de verdad?
—Hn. Hueles como ella. Es realmente... Molesto.
En lugar de sentirse insultada, una rara carcajada escapó de sus labios y se mezcló con el susurro de las hojas de los árboles. Sasuke frunció el ceño ante la reacción. No entendía qué era tan gracioso, pero su risa no era ruidosa ni molesta y no se había reído frente a él en mucho tiempo. Por ahora, él se lo permitiría.
—Frunces el ceño como mi padre —Hinata señaló, con voz ligera y llena de diversión.
—No soy como Hiashi —Sasuke se burló, pero la forma en que Hinata contuvo sus risitas le hizo saber que ella pensaba diferente.
«Mujer estúpida.»
—Tienes suerte —expresó Hinata después de calmarse—. Todavía recuerdas pequeñas cosas sobre tu madre.
¿Qué demonios sabía una heredera, que pronto sería una ex heredera, de tener suerte? Tal vez para ella su suerte de haber nacido con una cuchara de plata en su boca y tener su clan intacto no era suficiente.
«Mujer estúpida.»
—La mayoría de esos recuerdos no son cosas buenas.
—Sí... Lo sé... Bueno o malo, sigue siendo algo y cualquier tipo de recuerdo se valora. Ojalá pudiera recordar a mi madre.
Sasuke sintió que su molestia ante esas palabras se apagaba un poco...
—¿Qué le pasó a tu madre? —preguntó, rápidamente recuperándose y agregando—. No es que me importe.
Casi podía jurar que escucho la sonrisa de la Hyūga. A él realmente no le importaba, sin embargo, si ella no continuaba hablando, se iría adentrando en sus propios recuerdos y eso era lo último que deseaba hacer. Si la hacía feliz que él preguntara, esa era su prerrogativa porque realmente no le importaba.
—Ella falleció cuando tenía alrededor de ocho años, justo después de tener a mi hermanita Hanabi. ¿Recuerdas haberla conocido? —ella preguntó y Sasuke gruñó. ¿Cómo no recordar a ese ser tan grosero? Ella había dejado una impresión—. Recuerdo que estaba tan emocionada de ser la hermana mayor. No veía la hora de conocer al bebé, niño o niña. Luego mi padre llegó a casa con un pequeño bulto de rostro rojo que no dejaba de llorar, pero mi madre no estaba con él. Yo... Estoy segura de que Neji habría recordado ese día mejor que yo, pero todo lo que recuerdo haber sentido fue soledad y tal vez incluso un poco triste.
—¿La resientes?
—¿A quién? ¿Hanabi o a mi madre?
—Ambas... Solo una...
Hinata suspiró y se movió en la hierba para que ahora estar a su lado. Podía sentir el calor que irradiaba su brazo. Si se movía un poco, podría tocarla. Era tentador, pero no lo haría.
—Durante mucho tiempo, estuve muy triste por la muerte de mi madre. Se sentía que ella se llevó a la tumba todo el cariño de mi padre. Pasó el tiempo y ahora ni siquiera puedo recordar cómo se veía o a qué olía. No recuerdo sus abrazos ni cómo sonaba su voz cuando decía mi nombre. No me molesta que muriera, no tengo control sobre eso, pero la echo de menos.
¿Cómo puedes extrañar algo que no recuerdas?
—Aun así, ella nos trajo a Hanabi y amo a mi hermana más de lo que me amo a mí misma. No creo que pueda estar molesta con ella.
Un breve silencio cayó entre ellos, nada más que el sonido del viento y el aleteo de los cuervos lo perturbaba. Era extraño escuchar a esta mujer hablar de un amor tan fuerte que haría cualquier cosa por ese ser amado. Ese era un nivel de emoción que él sabía que no era capaz de tener. Itachi lo había sentido, pero mira donde lo había dejado... Solo en un distrito muerto. Si sus roles hubieran sido cambiados, ¿habría podido tomar la misma decisión? No era una pregunta difícil de contestar porque sabía que era sería un no.
Sasuke volvió la cabeza a donde yacía Hinata y miró hacia la oscuridad. Si esta mujer amaba a Hanabi tanto como decía, ¿qué tan lejos iría para protegerla? ¿Era realmente tan egoísta como su hermano? ¿Estaba dispuesta a renunciar a su propia felicidad por alguien más? Ella... ¿Estaba haciendo eso ahora?
—¿Estás haciendo esto por ella? ¿Estoy seguro de que ella podría tomar tu lugar si quisieras? —preguntó y Hinata dejó escapar un pequeño suspiro.
—Tengo muchas razones para seguir con esto. Hanabi es una de ellas.
Sasuke gruñó y apartó su brazo de su rostro.
—Estás dispuesta a casarte conmigo y ser infeliz para salvar a tu hermana —gruñó y Hinata se movió para sentarse, su sombra bloqueó momentáneamente el calor del sol.
—Sasuke... No soy infeliz —respondió. La sinceridad en su voz lo sorprendió, pero no pudo evitar soltar una réplica.
—Entonces eres aún más estúpida de lo que pensaba.
—A lo mejor lo soy —Hinata dijo con un leve toque de diversión en su voz—. ¿Eres infeliz?
Sasuke frunció el ceño ante su pregunta. ¿Era infeliz? Hizo una pausa por un momento, esperando que su usual malestar y desdén surgieran, pero no sucedió. En cambio, lo que sintió fue… Nada. Trató de aprovechar la negatividad que sabía que estaba allí, pero todo lo que podía sentir era una leve molestia por los inconvenientes que enfrentaba.
Ni siquiera le importaba saber que estaba siendo observado todo el día por los ANBU, que eran relativamente discretos. Kakashi era molesto, pero unos pocos días de ausencia le hicieron preguntarse cuándo regresaría el hombre. Una vez más, no es que le importara, pero aún sentía curiosidad. Estar ciego también era un impedimento, pero ya se había acostumbrado. El pequeño mundo que Hinata había creado para él dentro de la casa le proporcionaba la mayor parte de lo que necesitaba. Era una prisión cómoda, pero de todos modos una prisión.
Aun así... La idea de regresar a la casa no era desagradable.
Necesitaba una ducha y sabía que cuando girara el grifo, el agua estaría caliente. Cualquier cosa que Hinata preparara para el almuerzo sería apetecible, aunque él nunca le diría que le gustaba su comida. Si él gruñía lo suficiente ella le leería y mañana volverían a hacer lo mismo. Él quería odiar todo. ¿Cuándo se había dejado llevar por la monotonía? ¿Cuándo se había acostumbrado a existir en un estado de comodidad y complacencia? Si lo intentaba, incluso podría gustarle. Tal vez incluso sentir satisfacción si se atrevía a ser tan tonto como para creer que podría obtener tal cosa.
Se suponía que esta no era su vida... Y aun así lo era. En los escombros del distrito Uchiha, de alguna manera, había evocado una existencia que él podía tolerar. Quizás esto era lo que Hinata había querido decir con comenzar de nuevo, quizás. ¿Eso significaba que él era feliz? En este punto de su vida, no tenía idea de lo que significaba esa palabra, sin embargo, él no era infeliz. Tan extraño como no sentir absolutamente nada, por una vez casi sintió una paz tentativa, una que no se merecía. Itachi había deseado egoístamente la paz. Había deseado que fuera feliz, no obstante, no se había dado cuenta de que ya no sería capaz de semejante cosa.
«Estúpido Itachi.»
A su lado, un suave ronquido llegó a sus oídos y lo alertó sobre el hecho de que había tardado demasiado en responder. Ni siquiera se había dado cuenta de que la Hyūga había vuelto a recostarse. ¿Estaba realmente tan cómoda como para dormirse al aire libre de esta manera? Sintió que sus labios temblaban ligeramente mientras cerraba sus propios ojos y permitía que sus cansados músculos se hundieran aún más en el suelo.
«Estúpida muj... No... Estúpida Hinata.»
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—Oi, ¡yo iba a comerme eso maldición! —gritó Naruto, inclinando su cuerpo sobre la mesa para tratar de agarrar el último perrito caliente en forma de pulpo de entre los palillos de Sasuke.
—Esta es mi casa, ¿no es así? —sentencio Sasuke mientras sostenía perezosamente su premio y apoyaba su barbilla en la parte superior de sus nudillos.
—¿Qué tiene que ver eso con esto?
—Esta es mi comida ¿no?
—Saaassssuuuukkkkkeeee tengo hambre.
—No es mi problema.
Hinata negó con la cabeza al ver que los dos discutían. Todas las tardes eran más o menos iguales, Naruto y Sasuke peleaban como niños pequeños. Hasta cierto punto fue entretenido, pero verlos de cerca le hacía preguntarse si a Sasuke incluso le agradaba el rubio. Shino y Kiba discutían a veces, pero nunca tanto como estos dos. Hubo más risas que golpes entre sus propios compañeros de equipo. Con los hombres del equipo siete, las risas igualaban a los insultos y los asaltos físicos abundaban. Sasuke era una persona importante para Naruto, pero a veces se preguntaba el por qué si el Uchiha mostraba un claro desdén por él. ¿Quizás el futuro líder de Konoha era un masoquista?
Los ojos pálidos se movían entre los dos hombres y sus ataques verbales antes de que una patada debajo de la mesa hiciera que la silla de Naruto cayera hacia atrás. Afortunadamente, los reflejos de Naruto fueron lo suficientemente rápidos como para no caerse con la silla, pero fue una decisión difícil. El rubio abrió la boca para gritar, pero Hinata ya se había levantado para ayudarlo.
—Por favor absténgase de patear a la gente debajo de la mesa Uchiha-san —ella dijo con voz tensa, eso hizo que incluso Sasuke girara su cabeza en su dirección.
—Uchiha-san —murmuró, sus oscuras cejas se juntaron con incomodidad.
—Naruto ha estado visitándonos todos los días esta semana. Puede que no regrese si sigues tratándolo mal.
—Hina-chan… —comenzó Naruto, pero Sasuke lo interrumpió.
—Su nombre es Hinata —sentenció con una mirada aguda antes de volverse hacia Hinata. Su mirada tampoco se suavizó cuando él se volvió hacia ella, pero la Hyūga era inmune a eso en este momento—. Cómo trato a las personas no es asunto tuyo.
—Se supone que eres su amigo y...
—Nosotros no somos amigos. Este tonto simplemente no me deja en paz.
—¡Oi! ¡Eso es hiriente! —Naruto intervino, pero sus palabras cayeron en oídos sordos.
Hinata miró su plato a medio comer y se mordió el labio inferior. Ella no quería pelear con Sasuke. Las cosas habían ido bien últimamente. Torpes, pero bien. No quería estropear eso. Con ese pensamiento en mente, arrancó tres perritos calientes con forma de pulpo de su plato y colocó dos en el plato de Naruto y uno en el de Sasuke para que los hombres tuvieran una cantidad igual. Una vez que se deshizo de ellos, se levantó para comenzar a limpiar la mesa, pero Sasuke atrapó su muñeca.
—¿Qué hiciste? —preguntó tomando su muñeca con voz tensa y ligeramente descontenta.
Hinata negó con la cabeza e intentó alejarse, pero su agarre era firme.
—¡Hey! ¡Solo son perros calientes! Estoy bien, Hina-chan…
—Su nombre es Hinata —Sasuke dijo bruscamente—. Hinata. ¿Qué hiciste?
—Yo... Yo solo dividí lo que tenía para que ustedes comieran la misma cantidad. No tenía tanta hambre.
Eso era verdad. Había hecho una cena tan abundante que los mini pulpos de perritos calientes que tenía en su plato probablemente terminarían en la basura. Sasuke, por otro lado, no parecía aprobar sus acciones. Sus labios formaron una línea y los oscuros ojos se centraron como si estuviese contemplando algo antes de finalmente hablar.
—Aquí —dijo, bruscamente depositando uno de sus perritos calientes en el plato de Naruto. A continuación, agarró el segundo y lo extendió en su dirección.
—¿Sasuke? —preguntó, insegura de lo que él quería, pero continuó sosteniéndole precariamente la ofrenda entre sus palillos.
¿Qué quería él? ¿Quería ella comiera el perrito caliente? Hinata se sonrojó ante la idea de comer de algo que le ofrecía. No era apropiado, pero ya compartían una cama y se casarían pronto. Ella ya había tenido muchos pensamientos menos que adecuados. Vacilante, Hinata tragó saliva y se inclinó lo suficiente como para comer el bocado de comida que le ofreció. Cuando lo tomo, él se apartó y obstinadamente cruzó los brazos sobre su pecho. Habría pensado que estaba enojado si no fuera porque las puntas de sus orejas se estaban poniendo rojas. Ella también se apartó de él y presionó sus manos contra sus mejillas que se sentían como si estuvieran en llamas.
Toc. Toc. Toc.
Hinata inmediatamente saltó de su asiento ante el sonido, agradecida por la intrusión. Cualquier cosa que la alejara de la boca abierta de Naruto y la avergonzada indiferencia de Sasuke seria bienvenida. Rápidamente se abrió paso por la cocina y la sala de estar para llegar a la puerta de entrada. Activó su Byakugan justo antes de abrir la puerta y se sorprendió al encontrar a su cuidador de la infancia parado con un rollo de pergamino en sus manos. Hinata desactivó su KekkeiGenkai y abrió la puerta justo cuando el puño se alzó para golpear por segunda vez.
—¡Kō-san! —sonrió al ver al alguna vez estoico miembro de su clan, hizo una breve reverencia al hombre—. ¡Buenas tardes!
—Hiashi-sama y los ancianos solicitan su presencia mañana por la tarde para comenzar con los preparativos —dijo, devolviendo su inclinación, sosteniendo el pergamino que tenía hacia ella.
Hinata lo aceptó y lo apretó contra su pecho. Casi se había olvidado de todos los preparativos necesarios para la boda.
—Gracias por traer esto. Sasuke y yo estaremos allí.
Kō estiró su cuello, sin prestar atención a sus palabras. Ella sabía lo que estaba buscando, una casa en desorden y un Uchiha enclaustrado en un rincón oscuro. Ni siquiera tuvo que darse la vuelta para saber que la escena detrás de ella representaba lo opuesto. En cierto modo, se sentía orgullosa de demostrar que sus suposiciones estaban equivocadas.
—Hinata-sama —Kō comenzó, sus ojos la recorrieron de pies a cabeza antes regresar a su rostro—. ¿Está todo bien?
—Sí —ella respondió con confianza y sin dudas.
Kō pareció un poco sorprendido por su franqueza, pero se sacudió y metió las manos en los bolsillos. Su sí fue suficiente como para no tener que presionar más. Interiormente, Hinata sonrió ante la pequeña victoria y se inclinó ante Kō cuando este partía. Sabía que regresaría con un informe para los ancianos. Les diría lo que había visto y la impresión que había podido obtener. Él les diría todo lo que sabía y, por supuesto, eso sería que ella estaba bien.
Ella estaba bien.
Hinata sonrió mientras se despedía a Kō a la distancia antes de bajar su mano y presionar sus dedos en sus labios. Por primera vez en mucho tiempo, ella era realmente feliz.
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—Necesitamos otro medio metro de cinta para sostenerlo.
—Kami ha ganado tanto peso…
—¡Shhh, no digas cosas así en voz alta!
Hanabi puso los ojos en blanco mientras bajaba por el pasillo hacia la habitación donde varias mujeres de la rama secundaria se escabullían dentro y fuera. No había muchas ocasiones en las que el compuesto Hyūga tuviera tanta actividad, por lo que el zumbido en el aire era casi tangible. La futura heredera resopló cuando dobló la esquina para echar un vistazo a la habitación que contenía toda la actividad. Dentro había un puñado de miembros de rama secundaria que sostenían rollos de seda, cintas y alfileres. Dedos expertos se agarraban y tiraban de su hermana que estaba de pie frente a un espejo de cuerpo entero.
Hinata se veía bastante elegante a pesar de que el kimono que llevaba era solo para ayudar a medir su tamaño y forma. Ella podría usar una bolsa de arroz vacía y aun así luciría bien. A veces había sentido envidia de la belleza que parecía agraciar de forma tan natural a su hermana mayor, pero sabía que su propia belleza residía en otras cosas. Hanabi se apoyó contra la puerta y estudió a su hermana desde la distancia. Ella todavía parecía la misma de siempre y aparentemente no estaba herida. Cualquier noticia de hematomas o cortes anormales habría llegado a sus oídos al igual que los chismes sobre su peso.
«Por cierto —observó Hanabi con un bufido indignado—. No es mucho, en absoluto.»
Parecía un fantasma el día que se mudó del complejo. Mirando hacia atrás, era evidente que había estado manteniendo en secreto el acuerdo entre ella y el Uchiha durante bastante tiempo. Era un secreto que le robó el color de su piel y la luz de sus ojos. Una ráfaga particularmente fuerte de viento hubiera sido suficiente para derribarla. Por lo tanto, no era de extrañar que el día de su partida estuviera tan fría, tan diferente de la Hinata que conocía. Ahora, de pie frente a ella, no estaba muy segura de sí había vuelto a su estado normal. Claro, se veía saludable, pero ¿estaba bien? Vivir en tierras que una vez había sido bañada en sangre no era saludable para su hermana.
—Hana-chan —Hinata llamó desde su pedestal frente al espejo—. Puedes entrar. Ya casi hemos terminado.
—¿Casi terminado? ¡Ja! —una anciana bromeó—. ¡Todavía tenemos que medir otra capa!
Hanabi sonrió mientras veía los ojos de Hinata agrandarse con miedo, los miembros de la rama secundaria se acercaron a ella con otro rollo de seda. Se apartó del marco de la puerta y entró en la habitación.
—¿Estás bien Hinata-nee-sama? Pareces un poco abrumada —Hanabi bromeó y Hinata se sonrojó furiosamente.
—No me siento abrumada... solo... no esperaba que fuera tan opulento —confesó.
Hanabi asintió. Ella tampoco había esperado que fuera tan opulento. Los ancianos y el consejo de Konoha esencialmente habían tomado la preparación de la boda en sus propias manos. Todo lo que Hinata y Uchiha tenían que hacer era aparecer. Eso y sufrir la confección de sus atuendos. En eso tuvieron suerte. Hanabi había visto las hojas de cálculo del presupuesto en el escritorio de su padre y escuchó a los ancianos discutir, desde la disposición de los asientos hasta sus cubiertas de lino. Hanabi esperaba que su propia boda fuera mucho más discreta y muy lejana en el futuro. Sabía que era inútil desear tal cosa, hasta el momento en que Hinata diera a luz a un niño, los ancianos tendrían su vista en ella para casarse pronto.
—Me pregunto si Sasuke ya terminó —Hinata murmuró para sí misma, pero Hanabi escucho cada palabra.
—¿Estás preocupada por el Uchiha? —preguntó, apenas conteniendo su sorpresa y aversión por el hombre. Afortunadamente, Hinata no capto la animosidad y simplemente asintió.
—Él no está realmente acostumbrado a la gente —dijo y Hanabi puso los ojos en blanco.
—Entonces, está loco. Genial.
Hinata abrió la boca para responder, pero nunca tuvo la oportunidad. Un pico agudo en un chakra desconocido hizo que todos los ocupantes de la habitación se pusieran rígidos y su atención se vio atraída por el sonido de unos pasos en estampida justo afuera de su puerta.
—Yo... estoy segura de que no es nada —la costurera se rio nerviosamente y se movió para continuar su trabajo.
Sin embargo, su hermana mayor ya había desviado la mirada del espejo y recogido la tela suelta de su kimono. A su alrededor, los miembros de la rama secundaria protestaron mientras bajaba del pedestal. Ella ya se estaba encogiéndose de hombros para quitarse la capa de tela que todavía no le habían atado y estaba a mitad de camino por la puerta.
—¡Hinata-sama espera!
—¿Qué estás haciendo? ¡No hemos terminado!
—¡Hinata! —Hanabi la llamó, haciendo todo lo posible por seguirla sin pisar el tren de tela suelta que la seguía—. Hinata, ¿a dónde vas?
Hinata ni siquiera miro por encima de su hombro para responder a sus preguntas ni a las llamadas de los frustrados miembros de la rama secundaria. Ella era sorprendentemente rápida a pesar de estar agobiada por tanta seda, girando por las esquinas del recinto como si nunca se hubiera ido.
—Hinata, ¿qué pasa? —gritó Hanabi, pero sus llamadas se perdieron en los gritos de los sorprendidos miembros de la rama secundaria que casi atropelló y las iracundas costureras luchando para alcanzarla.
No se detuvo hasta que llegó al ala oeste y una vez allí se encontró con un muro de guardias. El aliento de Hanabi quedó atrapado en su garganta cuando los vio separarse para que Hinata pudiera entrar. Los guardias estaban en silencio y no parecía haber habido mucho alboroto, pero Hinata no se hubiera asustado por nada. No se hubiera aventurado hasta aquí sin ningún motivo. Cuadrando sus hombros, Hanabi se movió a través de la multitud de personas que habían empezado a congregarse hasta que pudo encontrar a Kō. Miraba con severidad la pared de la habitación en la que Hinata había entrado, con la espalda recta y la mandíbula apretada.
—Kō, ¿qué ha pasado? —ella preguntó.
—Un accidente —dijo, sin revelar más de la situación de lo que creía necesario.
Hanabi frunció el ceño. Eso no tenía ningún sentido. ¿Qué tipo de accidente podría haber causado la colocación de tantos guardias afuera de la puerta? Tenía que ser debido a ese pico anormal de chakra, del cual el Uchiha podría ser el único culpable.
—Déjame pasar —Hanabi ordenó, empujando a Kō y a través de la línea de guardias hacia donde su hermana había desaparecido.
El interior de esta habitación era similar de la que salió minutos atrás. Había un espejo y un pedestal en el centro, sin embargo, el espejo tenía una gran grieta. Los fragmentos brillaban por el sol de la tarde. Las sedas que se suponía que debían usarse para vestirlo estaban esparcidas descuidadamente por la habitación. Cuando se acercó, notó gotitas de sangre en la tela, las que sabía que nunca saldrían.
El desorden de la habitación solo atrajo su atención por unos breves instantes antes de que sus ojos se dirigieran a la esquina. Allí Hinata estaba sentada y sostenía la cabeza del Uchiha, aparentemente inconsciente, en su regazo. Observó en silencio cómo su hermana usaba su manga para limpiar la sangre de sus mejillas, sin importarle que la tela se arruinara. Si lo que había sucedido aquí había sido el resultado de un accidente, eso era evidencia suficiente de que no deberían permitirse que este matrimonio continuara. Especialmente no con el Uchiha en su estado actual. Incluso si Hinata lo tratara como si no fuera más que un pájaro herido, estaba claro que el hombre era inestable.
—Hanabi —una voz profunda llamó desde la entrada.
La joven kunoichi se giró para ver a su padre mirando la dañada habitación con una expresión indescifrable. Por primera vez en meses, estaba realmente feliz de ver a su padre y estaba más que dispuesta a cumplir con su silenciosa orden para que se alejara. Si esto no era evidencia suficiente de que el Uchiha no era digno de su hermana, no sabía qué lo probaría. Por lo menos, necesitaban una garantía de que Hinata estaría a salvo cuando finalmente tomara el apellido Uchiha y se separar del clan para siempre.
Garantías que sabía, por mucho que lo detestara, solo su clan podía proporcionarle.
Continuará en... Volverse una Tradición II
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Fin capítulo diecinueve
Naoko Ichigo
