Disclaimer: Los personajes de Naruto no son míos, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, es de College n Curls y fue beteada por geekgir7.
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Volverse acorralado
Sakura sonrió mientras marcaba los apellidos del grupo de niños de nueve y diez años. Los niños estaban tan emocionados de comenzar su último año en la academia recién construida antes de que se convirtieran en shinobi. La médica se rio al recordarse a sí misma en ese momento. Confiada, exuberante y terca. Eso no era algo necesariamente malo. Uno tenía que ser terco para ser un shinobi. Los shinobi necesitaban de un corazón obstinado para encontrar un motivo para levantarse por la mañana...
—¡Oh, hombre, me muero de hambre! ¡No sé lo que preparo Hinata, pero estoy seguro de que huele delicioso! —Naruto sonrió, frotándose las manos con anticipación tan pronto se cerró la puerta de la habitación.
—Sí... —Sakura respondió en voz baja. Lo que sea que Hinata haya cocinado para ellos sin duda sería bueno. Ciertamente no sería como las cosas que ella regularmente quemaba.
—¡Comamos! ¿Sakura?
—Continúa. Yo... Creo que dejé algo en la habitación.
Eso fue una mentira
Ambos sabían que ella no había dejado nada atrás. Todo su equipo médico estaba dentro de su bolso que descansaba en el sofá. Naruto abrió la boca para decir algo, pero no dio voz a sus pensamientos. Él no tenía que hacerlo. Su preocupación estaba grabada en cada rasgo de su rostro, él se tragó sus palabras y se obligó a sonreír. Mientras miraba a Naruto retroceder por el pasillo, presionó una mano sobre su errático corazón. Ella sabía que no debería. Sabía que dolería. La mirada de Naruto era suficiente evidencia de que lo que estaba haciendo le causaría daño, pero tenía que verlo por sí misma.
Este... El matrimonio, aunque era arreglado, se acercaba cada vez más a medida que pasaban los días. Era un contrato firmado con tinta y sellado con sangre. Nada podría romperlo, solo un par de circunstancias atenuantes. Se había consolado con la idea de que eso era todo lo que era. Era solo una forma de atar a Sasuke al pueblo. Una forma de permitirle vivir como un hombre libre en lugar de pudrirse en una celda. Si todo lo que se necesitaba para mantenerlo aquí era un matrimonio, ¿por qué no pudieron haberla elegido a ella?
Sakura negó y se volvió hacia la puerta. Pensar así no ayudaba a nadie, mucho menos a ella. Sin embargo, tenía que saber. ¿Realmente era solo tinta y papel lo que relacionaba a Sasuke con Hinata? El hecho de que preguntar por la Hyūga tan pronto despertó le hizo sentir lo contrario. Tomando una respiración profunda, Sakura endureció su resolución y abrió la puerta de la habitación. Los dos estaban sentados uno frente al otro en la cama, con Hinata de espalda a la puerta y los ojos de Sasuke estaban cerrados.
—Estás... ¿Tienes hambre? Y-yo puedo traerte algo de comer.
El aire entre ellos era incómodo y tenso como si ninguno supiera qué hacer. Tal vez ella había tenido razón. Quizás realmente no había nada más entre ellos que un contrato.
—Lo siento... Probablemente quieras descansar, solo voy a…
Lo que sea que Hinata estuvo a punto de decir para excusarse fue silenciado por los labios de Sasuke. A pesar de que tenía los ojos cerrados, pudo besarla con la experiencia de un hombre que lo había hecho antes. El beso que compartieron fue breve y simple, pero la mirada en sus ojos cuando los abrió contó una historia diferente. Ahí residía una emoción que nunca antes había visto. Sakura se mordió el labio inferior, incapaz de apartar los ojos de la pareja. Ella sabía cómo se veía Sasuke cuando estaba enojado.
Cuando estaba herido...
Cuando estaba luchando...
Cuando estaba tan frustrado con el mundo, todo lo que podía hacer era trabajar su cuerpo hasta el cansancio...
Ella había visto muchas emociones revolotear en sus pálidas facciones, pero ni una sola vez lo había visto realmente feliz. Érase una vez, había imaginado que ella sería la persona en darle eso. Él estaría feliz al saber que ella todavía lo amaba, incluso después de todos estos años. Él estaría feliz de ver cuánto había crecido y cuan fuerte era como kunoichi. Ella sería capaz de estar junto a él con orgullo y Sasuke sería feliz. Se casarían y tendrían una vida feliz juntos. Ella le daría un hijo y su objetivo de revivir el clan se realizaría. Sin embargo, mientras miraba a Sasuke pasar sus dedos por el cabello de Hinata, supo que su oportunidad de hacer esas cosas había desaparecido. Su oportunidad de hacerlo feliz nunca llegaría.
—¿Sasuke? —Hinata preguntó, con evidente confusión en su suave voz.
—Tienes el cabello oscuro —él dijo.
—Es... ¿Es eso algo malo?
—Sakura —susurró Naruto firmemente, su cálido aliento le hacía cosquillas en la oreja. Una mano excesivamente callosa y llena de cicatrices apareció sobre sus ojos y borró la visión de Sasuke yendo en busca de otro beso—. Eso es suficiente.
Cuando un fuerte brazo se envolvió alrededor de su cintura para alejarla de la puerta, ella no peleó con él ni trató de correr. Las lágrimas, que no se dio cuenta de que había estado conteniendo, cayeron por sus mejillas. Incluso con la mano de Naruto cubriéndose los ojos, todavía los veía. Todavía veía la forma en que la besó con una dulzura de la que nunca lo había imaginado capaz. Aún veía la felicidad que había emanado la primera vez que vio a la mujer. ¿Hubo alguna vez la posibilidad de que él pudiera haberla mirado así? Si ella solo hubiera intentado más, ¿él la habría amado?
¿Por qué?
¿Por qué no podría ser ella?
Ella podría darle una razón para quedarse en el pueblo. Ella podría amarlo lo suficiente como para compensar el hecho de que él no sintiera lo mismo. Sin embargo, tenía miedo. Estaba temerosa de que su amor no fuese suficiente. Tenía miedo del niño que se había convertido en un hombre que era casi un extraño. Eso estuvo bien. Estaba bien porque él tampoco la conocía. Ella también había cambiado y la perspectiva de conocerlo nuevamente era una noción romántica. Ahora todo eso se había ido. Todas sus esperanzas y sueños se filtraron de su cuerpo.
«Esto duele.»
Verlos juntos dolía más de lo que podría haber imaginado, pero no se arrepentía. Era mejor cortar una extremidad infectada que seguir permitiendo que se pudriera. Tomando una respiración profunda, Sakura retiró la mano de Naruto de sus ojos y se alejó de la habitación.
Ella tenía trabajo que hacer...
Su corazón tiró del recuerdo del día anterior. Había pensado que refugiarse en el trabajo sería una distracción suficiente y funcionó por un tiempo. Sin embargo, cuando se despertó por la mañana, su corazón todavía dolía y sus ojos ansiaban el alivio que le daría el llanto. Incluso ahora quería llorar. Se sentiría bien hacerlo, pero no podía. Ella ya derramó demasiadas lágrimas por un hombre que nunca los merecería. Negando, Sakura se volvió hacia la doctora que estaba junto a ella y le entregó el portapapeles.
—Bien, regresemos al hospital —dijo, pero la aprendiz solo negó y con un dedo señaló al pasillo.
—A-a… En realidad, Haruno-san —comenzó nerviosa—. Nosotros... Tenemos un poco de... un problema.
Sakura inclinó la cabeza hacia un lado y parpadeó. ¿Un problema? Esta era solo una documentación rutinaria de la salud de los estudiantes de la academia. Comprobaciones integrales de composición corporal. Evaluaciones sobre Kekkei genkai. Ya se aplicaron las vacunas estándar y se extrajeron los análisis de sangre. Con sus padres guiando a los niños a través del proceso, se suponía que sería un día fácil para todos los involucrados. Lo hacían todos los años antes de la guerra, por lo que no debería haber ningún problema. ¡Fue solo su suerte que en su primer año al frente de esta operación hubiera un problema!
—¿Qué pasó? —preguntó, tratando de mantener su voz ligera y amistosa para que no le diera un ataque al corazón a su ya nerviosa aprendiz.
—Err… Um, los especiales están q-quejándose.
Sakura cerró los ojos y se pellizcó el puente de la nariz. Todos los días, sin falta, uno de los "especiales" lograba encontrar un boleto de ida al hospital. Ella personalmente los había tratado al menos dos veces, y eso era poco decir, porque crecer sin padres tendían a hacer eso. Desafortunadamente, las otras enfermeras no fueron buenas para manejarlos. Ella solo podía imaginar de qué se trataba esta "protesta". Fuera lo que fuese, necesitaban resolverlo lo antes posible. Había una montaña de papeleo esperando en el hospital. Con ese pensamiento en mente, hizo su camino por el pasillo que su aprendiz le había indicado y no tardó en encontrar la perturbación. Los niños que gritaban dentro del salón de clase eran un espectáculo.
—Qué demonios… —Sakura murmuró por lo bajo mientras abría la puerta.
Allí encontró una escena con cinco de los aprendices acurrucados nerviosamente en un rincón mientras varias niñas formaban un semicírculo alrededor de un estudiante en el suelo. Alrededor de las niñas que protegían al que estaba en el piso, varios estudiantes varones estaban llenos con banditas adhesivas, vendajes y caramelos robados, los que se suponía debían entregarse por un buen comportamiento. Un niño aprovechó la oportunidad para tratar de escapar, pero Sakura fue demasiado rápido para él. Lo agarró y lo levantó en el aire para que él estuviera a la altura de ella. Justo cuando abrió la boca para reprenderlo, una voz mucho más fuerte resonó detrás de ella.
—¡Oi! —gritaron y el pandemonio en la habitación se detuvo de inmediato.
—¡Naruto! —el chico que sostenía gritaba emocionado.
Pronto la sala se llenó de aclamaciones al rubio shinobi y sus acosadas aprendices le dispararon sus miradas perplejas.
—¿Qué estás haciendo aquí, Naruto? —Sakura preguntó mientras bajaba al niño que estaba sosteniendo y se volvía para mirarlo. Naruto sonrió y se rascó tímidamente la parte posterior de la cabeza.
—Fui al hospital para buscarte, pero Shizune-san dijo que estabas aquí —explicó.
—¡Oye! ¡Oye! —un niño innecesariamente cubierto de vendajes dijo mientras tiraba de la chaqueta de Naruto—. ¿Vas a mostrarnos cómo hacer un clon de sombra?
—¡Sí, lo prometiste!
—¡Sí! ¡Sí, sí!
—Naruto —Sakura dijo, haciendo todo lo posible por ser escuchada sobre los ruegos de los niños—. Realmente necesitamos hacer sus chequeos. Las cosas son un poco caóticas en este momento, así que…
—¿Caótico? —Preguntó Naruto y sus ojos azules finalmente vieron a los aprendices en la esquina de la habitación—. ¡Tranquilícense!
Los niños finalmente dejaron de suplicar y miraron a Naruto con los ojos muy abiertos. El rubio cruzó sus brazos sobre su pecho y se adentró en la habitación.
—¿Ustedes les dieron a estas agradables mujeres un mal momento? —preguntó y los niños tímidamente miraron a la gente que habían estado aterrorizando—. Haré que Anko-sensei ayude aquí. Claramente, ustedes no son lo suficientemente maduros para ser shinobi.
—¡Sí somos! —uno de los muchachos gritó indignado, pero Naruto negó con la cabeza.
—¡No tú no lo eres!
—¡Sí somos!
—Entonces, pruébenlo.
Todos los niños miraron a Naruto, pero rápidamente dejaron sus suministros médicos robados y corrieron a sus asientos. Naruto luego señaló a las chicas y recogió a la niña que estaba acurrucada en el piso. La niña enterró su rostro en la chaqueta del rubio y sollozó mientras él susurraba palabras de consuelo. Fue bastante sorprendente ver a los niños llevarse tan bien a él, pero de nuevo él mismo era un niño demasiado crecido. Una vez que los niños estuvieron en un nivel más manejable, Sakura aplaudió y se volvió hacia sus aprendices.
—Bien, empecemos, ¿de acuerdo?
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—Ahí vamos, amigo —Kiba arrulló.
Cuidadosamente colocó al pequeño cachorro al lado del vientre de su madre, esperando que finalmente tuviera la oportunidad de amamantar. Desafortunadamente, tan pronto como su madre sintió que estaba cerca, gruñó en advertencia. Frunciendo el ceño, Kiba levantó al cachorro en sus brazos antes de que pudiera hacerle daño. No era inusual que las madres rechazaran a sus cachorros, especialmente cuando eran débiles como este. Ni siquiera podía culparla por estar irritable, ya que los otros cachorros tenían apetitos voraces y casi la estaban consumiendo. No había duda de que esta cría sería un desafío.
—No haces las cosas fáciles, ¿verdad amigo? —la morena suspiró y miró a un somnoliento Akamaru que vigilaba a su compañera y a sus cachorros dormidos. Akamaru solo le dio un débil gruñido en respuesta.
Al pasar junto al grupo, le dio a Akamaru una palmada y llevó al cachorro a la cocina, donde ya tenía botellas preparadas. El cachorro era el más pequeño de los cinco que habían nacido. Todos temían que no sobreviviera la primera noche, pero de alguna manera lo logró. Con un poco de suerte, se desarrollaría bien junto a sus compañeros de manada, pero eso requeriría que sobreviviera hasta el punto en que abriera los ojos. Mientras tomaba una botella de la nevera, la colocó en el mostrador, encendió la estufa para poner una olla con agua. Lenta pero segura el agua llegó a un punto de ebullición y en ese momento, apagó la estufa y colocó la botella dentro de la olla. Impaciente, el cachorro gimió contra su pecho.
—¡Oye! ¡Estoy trabajando tan rápido como puedo! —Kiba reprendió suavemente, riendo para sí mismo por lo extraño que era para él hablar con un cachorro que aún no lo podía escuchar.
—No estás trabajando lo suficientemente rápido —una voz familiar dijo desde la puerta de la cocina. Kiba se volvió y vio a Shino de pie en la entrada con los brazos cruzados sobre el pecho.
—¿Cómo demonios llegaste aquí? —preguntó Kiba, feliz, pero sorprendido de ver lo fácil que se había colado Shino.
Shino simplemente se encogió de hombros y sacó una bolsa de papel marrón que hizo que Kiba arrugase la nariz.
«—¿Premios para perro? ¿De Verdad? —pensó—. Vendedores de mierda.»
—Estoy seguro de que has escuchado las noticias —Shino dijo mientras guardaba su bolsa de golosinas en el bolsillo—. Fue bastante sorprendente ver el pergamino cuando volví.
Kiba asintió. Todavía no se sentía real que Hinata se iba a casar y con Uchiha Sasuke de todas las personas. Su instinto inicial después de haber leído el pergamino en su totalidad había sido ir donde los Hyūga y exigirles que anularan cualquier plan que tuvieran para el matrimonio de Hinata. Un hombre así no se merecía a alguien como Hinata.
—¿La has visto? —preguntó Shino y Kiba negó—. Estoy sorprendido. El viejo tu habría mordido a todo el mundo y exigiría que la boda se cancelara.
Poniendo los ojos en blanco, Kiba retiró la botella del agua y probó la leche para asegurarse de que no estuviera demasiado caliente. Una vez satisfecho, sostuvo la botella contra el cachorro y lo presionó contra sus labios hasta que entendió que era hora de comer.
—Quería verla, pero tengo las manos llenas aquí —explicó Kiba, su corazón tironeaba culpablemente por su propia negligencia—. Kurenai fue a visitarlos.
—¿De verdad?
—Sí. Ella dice que Hinata está bien, supongo —dijo, frunciendo el ceño.
Kurenai no le había dado demasiados detalles sobre su visita cuando trajo a Mirai. El hecho pareció tranquilizarlo, pero no eliminó por completo sus preocupaciones. ¿Cómo podría estar bien casarse con un traidor? Probablemente lo estaba haciendo por deber y eso le molestaba más que nada. Hinata merecía ser feliz tanto como el resto de ellos.
—No estás de acuerdo en que ella está bien —Shino dijo, rompiendo los pensamientos del Inuzuka.
—Es solo... —comenzó Kiba, inclinando la botella para evitar que el cachorro bebiera demasiado rápido—. Ella está haciendo esto por deber. Sé que sería un error oponerme a los Hyūga, pero no puedo evitar preocuparme por ella...
—¿Estás celoso?
Kiba resopló ante la pregunta y puso los ojos en blanco, pero Shino no compró su excusa no verbal. Detrás de esos anteojos oscuros, Kiba sabía que su antiguo compañero de equipo lo estaba examinando cuidadosamente con una inquietante precisión. Ese enfoque era lo que los hacia un gran equipo. Shino era el cerebro, él era el instinto y Hinata era los ojos... Si tenía que ser honesto... Ella también era el corazón. Había tanto que quería decir. Tanto que no había dicho porque le importaba demasiado.
—No estoy celoso, así que deja de mirarme así —Kiba bromeó—. Me rendí hace mucho tiempo.
—Nunca has sido un derrotista.
—No lo digas Shino.
—Bien —el hombre se encogió de hombros y se dio la vuelta para irse.
—Oye, ¿a dónde vas? ¿Has entrado furtivamente a mi casa solo para irte en unos minutos?
—Voy a buscar una compañía más apropiada. No creo que quiera quedarme con alguien que se rinde —Shino dijo y Kiba gruñó en respuesta, causando que el cachorro comenzara a gimotear.
—No soy un derrotista, imbécil.
—Podrías haberme engañado. No te molestes en tratar de hacerme cambiar de opinión.
Frunciendo el ceño, Kiba sacó la botella ahora vacía de la boca del cachorro y siguió a Shino fuera de la cocina. A continuación, agarró una tela gris del sofá y se ató los extremos de la tela alrededor de su cuello. Luego colocó al cachorro dentro y lo apretó para que descansara cerca de su corazón. Si iba a salir de la casa, sería mejor que el enano estuviera con él. Lo último que quería era volver a encontrarlo herido.
—¿Y a dónde crees que vas? —Shino preguntó y Kiba puso los ojos en blanco.
—Vas a ver a Hinata así que vamos juntos.
—¿Siempre has sido tan insistente?
—Siempre consigues lo que quieres ¿verdad? —Kiba replicó con un bufido y acarició suavemente el cachorro contra su pecho.
«Bueno, casi todo.»
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Kakashi suspiró mientras veía al mensajero Hyūga salir de la habitación. El día comenzó bastante bien. La mayoría de sus documentos más importantes ya estaban firmados y la lista de misiones fue asignada a los shinobi. No tenía ninguna reunión por la tarde, así que tendría una gran parte de su día libre para hacer lo que quisiera. Hubiera preferido relajarse y tomar una merecida siesta, pero por desgracia parecía que el universo estaba contra él. Tan pronto como sus ojos se habían cerrado, un mensajero Hyūga entró con una mirada grave en su rostro. Esa mirada tampoco cambió cuando se fue.
—Hokage-sama —dijo Shikamaru mientras se arrastraba hacia un lado para permitir que el mensajero Hyūga saliera de la habitación—. Supongo que eso no salió bien.
Kakashi se pasó una mano cansada por el rostro y miró a su joven asesor. Nara Shikamaru era perezoso, sí, pero casi nunca se equivocaba. Tal vez él podría ser capaz de descubrir que estaba sucediendo en el cerebro de su alumno.
—Las cosas no fueron bien en el complejo Hyūga ayer —Kakashi comenzó y Shikamaru se desplomó en uno de los asientos frente a su escritorio—. Aparentemente Sasuke tuvo un pequeño estallido.
Shikamaru levantó una ceja y frunció el ceño.
—¿Alguien salió herido? —preguntó y Kakashi negó con la cabeza.
—De acuerdo con el mensajero, los miembros de la rama secundaria que lo atendían se conmocionaron un poco, pero nadie sufrió daños.
—¿Entonces solo puedo suponer que enviaron un mensajero para informarte que la boda está cancelada?
—No oficialmente.
—Estoy seguro de que el Consejo tendrá algo que decir al respecto.
Kakashi gimió y se dejó caer en su silla. Si la noticia del incidente llegaba al Consejo, no lo perdonarían por segunda vez. No importa cuán leve sea la infracción. No había mucho que pudiera hacer para proteger al joven.
—Todo había ido bien, al menos según Naruto y los ANBU —el Hokage suspiró y cerró los ojos—. Yo también lo vi. No entiendo qué provocó esto.
—Pudo haber sido un montón de cosas. Uchiha Sasuke no es conocido como el shinobi más estable.
Esto fue verdad, la mayoría desconfiaba del Uchiha y él no había hecho mucho para aclarar su reputación. Kakashi había escuchado los rumores de los aldeanos y los chismes entre sus filas. Cuanto más tiempo Sasuke se quedará fuera del ojo público, más seguirían creciendo los rumores. Necesitaba reintegrarse a la vida civil. Sin embargo, el hecho de simplemente estar cerca de un gran número de personas a la vez era un disparador para Sasuke y el llevarse bien con civiles comunes era una tarea desalentadora. Era algo que solo podía hacerse si Sasuke quería. El joven podía obtener cualquier cosa que quisiera en la vida, no tenía dudas de sobre eso.
¿Cómo podía hacer para que Sasuke quisiera ser parte de la aldea? ¿Cómo podría hacer que la gente confiara en él? No es como si el chico se aventurara a mezclarse con los demás solo para disipar los rumores de que tenía dientes feos y un tercer ojo... Frunciendo el ceño, Kakashi abrió los ojos y se levantó de la silla y Shikamaru lo siguió en silencio. No iba a llegar al fondo de este problema sentado detrás de un escritorio. Lo primero que tenía que hacer era encontrar a Sasuke y ver si estaba estable después del incidente con los Hyūga. Luego podría determinar si Sasuke incluso quería continuar con el contrato. No tenía idea de qué hacer a partir de ese momento, pero con suerte, un plan se revelaría.
Eso esperaba.
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—Sasuke —Hinata comenzó y el hombre soñoliento en su regazo gruñó para hacerle saber que estaba escuchando—. Mañana... Quiero visitar a Neji-nii-san.
Ojos oscuros se abrieron y la miraron con escepticismo.
—¿Quieres visitarlo? —preguntó.
Hinata asintió lentamente. Había pasado un tiempo desde la última vez que visitó su tumba. Ella necesitaba limpiarla y llevarle nuevas ofrendas. Sonrió y quitó algunos oscuros mechones de la frente de Sasuke, tenía mucho que necesitaba decirle a Neji. ¿Qué pensaría Neji de Sasuke? Probablemente no le gustaría, deseaba poder hablar con él en la vida real. Por ahora, ella felizmente se conformaría con lo que tenía.
«—Un día —Hinata pensó con un suspiro, su corazón le dolía—. Dentro de un tiempo, todos nos encontraremos de nuevo.»
—¿Estás llorando? No dije que no pudieras ir —dijo Sasuke, su voz corto sus pensamientos sentimentales—. Puedes visitarlo. No te detendré.
Hinata olisqueó y se frotó los ojos. Si no lo supiera mejor, habría pensado que Sasuke estaba un poco a la defensiva. ¿Pero por qué?
—¿Sasuke? —ella comenzó, pero el Uchiha ya se estaba levantando de su regazo para sentarse derecho.
—Él es importante para ti, así que ve a visitarlo —él bromeó.
Sí, no había duda de su actitud defensiva. Hinata escudriñó su espalda encorvada y el aire despreocupado que trató de adoptar, pero ella podía decir que estaba nervioso. ¿Por qué estaría a la defensiva por su visita a Neji? Él... Él no estaba celoso, ¿verdad? ¿Podría un hombre como Uchiha Sasuke incluso sentir celos? Ella lo dudaba. Hinata sonrió para sí misma por tener un pensamiento tan tonto y se puso un mechón de pelo detrás de la oreja.
—Sasuke... Um... ¿Vendrás conmigo? —ella preguntó y el Uchiha pareció tensarse ante la proposición—. Yo... Quiero presentártelo.
—¿Presentármelo?
Hinata asintió, un leve rubor cubrió sus mejillas mientras colocaba su mano sobre la de él en la hierba. Quería mostrarle adecuadamente a Neji al hombre con el que se iba a casar. Esta vez ella no estaría triste. Abrió la boca para decirlo, pero el sonido del timbre le impidió hablar. Ella miró a Sasuke quien también parecía bastante alarmado por el sonido. Nadie excepto de los Hyūga tocaban el timbre. Los ANBU iban y venían silenciosamente y no necesitaban usar el timbre. Naruto y Kakashi siempre irrumpían en la casa como si fuera de ellos...
Hinata sintió su corazón saltar en la parte posterior de su garganta. Si era alguno de los Hyūga eso significaba que su padre había tomado una decisión. ¿Hoy sería el día en que ella tomaría el sello? Trató de tragar, pero descubrió que era casi imposible. Ni siquiera le había contado a Sasuke sobre su reunión con los ancianos. El timbre sonó de nuevo recordándole que era grosero hacer que la gente esperara, independientemente de su inquietud.
Cuadrando sus hombros, Hinata se levantó de su lugar y Sasuke se levantó para seguirla como una sombra. El timbre sonó dos veces más antes de que finalmente llegaran a la puerta principal y cuando la abrieron, Hinata se sorprendió al descubrir que no era un miembro de su familia. En cambio, descubrió que su sensei luchaba por evitar que su hija tocara el timbre por tercera vez.
—¿Kurenai-sensei? —Hinata dijo y la mujer de ojos rojos dejó de luchar con su hija para mirar hacia arriba.
—¡Buenos días! —Kurenai saludó mientras Mirai corría hacia Sasuke y le arrojaba sus pequeños brazos alrededor de una de sus piernas—. Perdón, por presentarnos aquí tan temprano. Le prometí a Mirai que, si ella se comportaba en el hospital, podría ir a donde quisiera. Ella eligió visitar al hombre con el cabello bonito.
Hinata sonrió y volteó su cabeza para ver al Uchiha bastante avergonzado, que tenía el cabello bastante largo. Podía ver por qué Mirai pensaría que su cabello era bonito.
—¡Por favor entra! —Hinata se reía y se hizo a un lado para dejar entrar a su antigua sensei.
Sasuke se alejó de su estación habitual de sombra para encontrar refugio en el sofá. Desafortunadamente para él, Mirai lo siguió y ella tenía una bolsa llena de juguetes que quería compartir. No importaba que su audiencia fuera un rehén. Ella estaba contenta de mostrarle todos sus juguetes con gran detalle.
—¿Así que…? —Kurenai preguntó mientras Hinata guiaba a la mujer a la cocina para comenzar a preparar los bocadillos—. ¿Cómo van las cosas contigo y con Sasuke?
Hinata se sonrojó y rápidamente abrió la nevera, rezando para que el aire fresco fuera suficiente para calmar su ardiente rostro.
—Um, e-e-están bien! ¡Las cosas están bien! —balbuceó e intentó parecer preocupada por sacar la comida y colocarla en el mostrador.
Las cosas estaban bien. Más que bien en realidad. Solo habían pasado cuarenta y ocho horas desde que Sasuke había recuperado algo de vista y era como si la ligera barrera que tenía a su alrededor hubiera caído. Él no estaba tan gruñón o malhumorado. De hecho, fue divertido verlo explorar todos los rincones y grietas de la casa y entrecerrar los ojos hacia su pequeño y triste jardín. Sin embargo, ella se sentía más nerviosa que nunca. El anonimato que tenía cuando estaba ciego había desaparecido y ahora se sentía cohibida por todo. No ayudaba que él parecía más curioso sobre explorar con ella. Hinata cerró los ojos y su rostro se puso aún más rojo que antes.
—Supongo que eso significa que las cosas van bien —Kurenai sonrió y Hinata asintió nerviosamente.
—Es... Es extraño —Hinata comenzó, luchando por encontrar las palabras para expresar los pensamientos que habían estado en su mente durante las últimas semanas—. Me siento tan nerviosa cuando me mira... Y cuando está cerca, mi corazón no para de latir, pero no sé. No es como lo que sentía por Naruto.
—¿Cómo te sentiste por Naruto?
Hinata se mordió el labio inferior antes de caminar hacia el fregadero para lavarse las manos y lavar las frutas y verduras.
—Yo... No sé cómo explicarlo —ella dijo, frotando los pepinos que tenía debajo de la corriente de agua—. A veces me siento tan confundida.
—Bueno, no trates de resolverlo —Kurenai sonrió mientras se apoyaba en un mostrador contiguo—. Si piensas demasiado, vacilarás en un momento en que no deberías hacerlo. Está bien estar confundida, pero no dejes que eso te frene.
La Hyūga miró a su antigua sensei y sonrió. Ella era lo más cercano que tenía a una madre y en momentos como este, no podía pedir nada mejor. Kurenai nunca le decía qué pensar o hacer. Cuando estaba dentro de los límites del complejo, nunca había podido valorar ese aspecto de su relación, pero ahora era exactamente lo que necesitaba. Pasando a una conversación más clara sobre Mirai, Hinata acababa de cortar dos platos de frutas y verduras cuando el timbre sonó de nuevo. Esta vez, cuando ella abrió la puerta, se sorprendió al encontrar a Ino sonriéndole y a Sai con una bolsa en su brazo.
—I-I-Ino… —Comenzó Hinata, pero la rubia puso un dedo sobre sus labios.
—Hola —dijo Sai con rigidez.
—Hola Sa…
—Soy Sai y ella es Ino del clan Yama… Digo la líder del clan Yamanaka. Vinimos con regalos.
Los ojos de Hinata se abrieron de par en par mientras ella se fijaba en la bolsa que llevaba. ¿Regalos? ¿Por qué traían regalos?
—Sí. Regalos —Sai continuó y le tendió la bolsa que llevaba. Con cautela, contempló la oferta, pero no la aceptó—. Es costumbre dar un obsequio como muestra de alianza y buena fe entre clanes cuando se anuncia un compromiso. Acepta este obsequio como una muestra de... Amistad.
Con "amistad", Sai intentó sonreír, pero salió como una mueca. A su lado, Ino aplaudió triunfante. Sai continuó sosteniendo rígidamente su bolsa de "regalos".
—¡Hiciste un gran trabajo! —ella aplaudió antes de volverse hacia Hinata—. Estamos trabajando en la socialización interpersonal esta semana.
—¿No-no? —una pequeña voz desde adentro llamó—. ¡No-no!
Pequeños pies se movieron de la sala de estar a la puerta principal hasta y la dueña casi chocó contra la parte posterior de las piernas de Hinata. Mirai se enderezó antes de que ocurriera un desastre y sonrió a la mujer de cabello rubio que tenía delante.
—¿Pero si no es mi Mirai? —Ino arrullo y corrió a la casa para recoger a la feliz niña.
—¡No-no!
Hinata se presionó contra la puerta para permitir que Sai entrara y no pudo evitar preguntarse en qué se había metido. Con suerte, a Sasuke no le importaría la compañía extra. Justo cuando estaba a punto de cerrar la puerta, un pequeño escarabajo negro se posó en el pomo de la puerta. Al verlo, Hinata inmediatamente levantó la vista, con un corazón lleno de anticipación. Ella estaba demasiado familiarizada con esta especie de escarabajo como para no sentirse instantáneamente expectante al verla. Espero solo un momento antes de que aparecieran dos personas en el distrito Uchiha. Su corazón se sentía más liviano con cada paso que daban y cuando por fin llegaron a la puerta principal, casi sintió como si su rostro estuviera a punto de partirse por la mitad al sonreír.
—¡Kiba-kun! —ella saludó sin aliento—. ¡Shino-kun!
Kiba apenas había llegado al último escalón antes de correr hacia ella y levantarla en sus brazos. Contra su pecho, un pequeño perrito beige se retorcía. Su corazón dio un vuelco tan pronto posó sus ojos en la pequeña criatura. Era casi la imagen viva de Akamaru.
—¡Hinata! ¡Te extrañé! —Gritó Kiba, apretándola fuertemente, pero aun siendo consciente del cachorro.
—Yo también te extrañé, Kiba-kun —ella dijo, aunque no con tanta exuberancia.
Nadie podía igualar a Kiba en energía cuando estaba emocionado. Aun así, ella lo había echado de menos. Había pasado demasiado tiempo desde que habían estado juntos. ¡Ambos habían crecido tanto desde el final de la guerra! Kiba estaba empezando a tener una pequeña barba, algo que probablemente su hermana Hana desaprobaba y el cabello de Shino había crecido un poco. Ambos llevaban consigo un aire de madurez que venía de sobrevivir a la guerra, pero ella sabía que debajo de la dura apariencia aún eran los mismos muchachos que conoció hace años atrás.
—Hinata —llamó Sasuke desde la puerta.
Su voz plana interrumpió su mini reunión e hizo que sus compañeros de equipo fruncieran el ceño. Con cuidado, se deslizó de los brazos de Kiba y se dirigió hacia el lado de su prometido, que parecía medio triste. Sonriendo, ella agarró su mano y le dio un pequeño apretón antes de volverse hacia sus compañeros de equipo.
—Sasuke —dijo con orgullo mientras sonreía a los recién llegados—. Este es Aburame Shino e Inuzuka Kiba, mis compañeros de equipo.
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Esto fue un desastre.
Nunca antes había habido tantas personas dentro de su casa. Desde que Sai intentó hablar con él en repetidas ocasiones hasta Mirai corriendo entre pies, Sasuke esperaba que esta fuera la primera y la última vez que ocurriera algo así. Todos hicieron que le doliera la cabeza y una parte no tan pequeña de él deseaba volver a estar ciego. Si lo fuera entonces no tendría que mirar la forma en que sus "compañeros de equipo" flotaban cerca de ella como si fueran satélites orbitando alrededor de una luna. Odiaba lo familiar que eran los unos con los otros. Cuan libremente la tocaban y cómo ella ni siquiera parecía darse cuenta.
La estaban marcando como de ellos, pero de lo que no se dieron cuenta era de que ella era suya.
Cuando todos finalmente se fueran, la puerta se cerraría detrás de ellos y solo quedarían los dos. No tendría que compartirla con otros. Él borraría cada abrazo, cada roce, cada toque inofensivo. Él los borraría con sus propias manos y reclamaría lugares que esos hombres nunca podrían...
—Pensaría que estas tramando la desaparición del pueblo. ¿Debería preocuparme? —dijo una voz aburrida, cortando los pensamientos del Uchiha y recordándole que él no estaba solo.
Sasuke frunció el ceño y se pasó una mano cansada por su cabello. ¿Cuántas personas más iban a aparecer hoy? Su pequeña casa ahora estaba llena de voces y olores desconocidos. Le hacía palpitar la cabeza.
—¿Qué quieres Kakashi? —preguntó y el hombre en cuestión se rio entre dientes.
—¿Siempre tengo que querer algo?
Sasuke levantó una ceja escéptica, causando que Kakashi se riera.
—Realmente tienes una baja opinión de mí, ¿verdad? —Kakashi dijo con un suspiro.
—No has cumplido exactamente tu palabra de entrenarme, así que no veo por qué debería confiar en ti —replicó Sasuke.
—Soy un Hokage, ya sabes. Tengo trabajo que hacer de vez en cuando.
—Hn. De todos modos, ya no necesito tu ayuda.
—¿Ah, entonces estas mejor?
—Hinata me devolvió la vista —dijo Sasuke, sus ojos automáticamente se enfocaron en donde Hinata estaba mostrando a Mirai e Ino su lastimosa excusa de jardín.
La vio ponerse en cuclillas junto a la niña, señalar diferentes brotes y explicar en qué se convertiría cada uno. Era extrañamente divertido verla explicarle cosas a un niño. Era sorprendentemente amable para una chica nacida dentro de un clan como los Hyūga. Ella era una mujer que había sido esperada y preparada para ser un trofeo al lado de un esposo adinerado e influyente.
Sin embargo, tan insulsa como una vez había supuesto que sería, estaba resultando ser exactamente lo contrario. Claro que ella hablaba con entusiasmo sobre libros de romance y lloraba por cosas que él no podía entender, pero había otras veces en que demostró ser diferente. Momentos como el de ahora cuando podía tener una niña tan traviesa como Mirai aferrada a cada una de sus palabras...
—Con toda esta gente aquí y el hecho de que no has asesinado a ninguno, diría que te estás adaptando bastante bien. Necesitamos comenzar a planear tu reintegración en las fuerzas de Konoha —dijo Kakashi y Sasuke apartó sus ojos de Hinata.
—Te das cuenta de que nadie fuera de Naruto estaría dispuesto a ser puesto en un equipo conmigo —Sasuke gruñó. Kakashi sonrió y cruzó los brazos sobre su pecho.
—Tienes una disposición tan alegre que no puedo entender por qué no les agradas —él dijo—. Tienes razón, sin embargo. Nadie confía en ti. Ni siquiera la mayoría de los aquí presentes.
Sasuke miró al patio trasero, a los visitantes que no pidió. El más leve movimiento de su parte hizo que todos los ojos se arrastraran hacia él sospechosamente. Estaba acostumbrado a que lo vieran... Con desconfianza. Este no era un fenómeno nuevo.
—¿La mayoría de la gente? —él bufó mientras miraba a los compañeros de equipo de Hinata que estaban de pie detrás de ella y Mirai. La mitad de su atención se centraba en mantener una conversación con Kurenai, pero también lo estaban observando diligentemente todo este tiempo—. Mejor di que todos.
—No todos —dijo Kakashi—. Hay algunos que están dispuestos a arriesgar sus vidas para protegerte.
—Entonces son unos tontos.
Kakashi se rio y negó antes de sacar un pergamino amarillento del bolsillo de su chaleco. Luego se lo dio a Sasuke, quien lo aceptó con curiosidad.
—Este es tu contrato de matrimonio —explicó y presionó el pergamino en la mano reacia del Uchiha—. El momento de tu boda se acerca cada vez más, sería una buena idea que Hinata y tú lo lean juntos. Creo que ahora tendrán una opinión diferente sobre lo que se escribió.
—¿Cómo es eso? —Sasuke se burló. La existencia del contrato aún dejaba un sabor amargo en su boca.
—Bueno, para empezar, ya no crees que ya sea una "Hyūga puta".
Sasuke no pudo evitar hacer una mueca de dolor cuando el Hokage le devolvió sus palabras.
—Sabe que lo dijiste. De alguna manera, a pesar de saber lo mal que pensabas de ella, todavía decidió seguir adelante con el acuerdo. Es de mi conocimiento que ha estado a la altura de la tarea de cuidar de ti. No creo que pudieras encontrarla deficiente en el cuidado de los futuros deberes domésticos y matriarcales del clan.
El Uchiha apartó sus ojos de su antiguo sensei y regresó a donde estaba Hinata con sus invitados no bienvenidos y Mirai. Pudo distinguir su risa claramente y se preguntó cómo se vería sonriendo. Kakashi estaba en lo cierto. No podía encontrar ningún error en ella, sin importar lo mucho que lo intentara. Incluso su molesta pared de almohada era divertida, porque le gustaba derribarla. Fue divertido escuchar su protesta. Fue aún más entretenido silenciar esas protestas con sus labios.
—¿Disfrutas tu vida como es ahora? —preguntó Kakashi.
Sasuke se puso rígido ante la pregunta. ¿Disfrutaba esta vida? ¿Esta vida de complacencia y rutina? Una vida donde su katana no estaba permanentemente atada a su costado, ¿de no estar cubierto con la sangre de sus enemigos?
—No lo sé —dijo finalmente y Kakashi asintió pensativamente.
¿Incluso merecía disfrutar de esta vida después de todo lo que había hecho? No. No, no lo hacía.
—Sasuke —dijo Kakashi, colocando una mano callosa en el hombro del joven—. La vida de un shinobi es demasiado corta para que uno se estanque en un "No sé". Averigua lo que quieres y haz lo que sea necesario para mantenerlo.
Con eso, bajó de la cubierta y se unió a sus otros invitados no bienvenidos. Sasuke frunció el ceño y se apoyó contra la barandilla de madera. Las borrosas figuras se mezclaban más cuando trataba de enfocarse en ellas, causando que su dolor de cabeza empeorara y sus ojos quemaran. Él todavía los miraba a pesar de la incomodidad.
Esta era una vida que él podría tener.
Una vida llena de gente a la que proteger era algo que Itachi había querido para él. Su hermano había renunciado a todo por eso. Aun así... ¿Esta vida era la que él quería o solo estaba esperando su momento? ¿Qué quería él? No importaba cuántas veces reflexionara sobre la pregunta en su mente, continuaba aferrándose a los tal vez.
¿Qué quería él?
Continuará en…. Volverse aceptado.
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Fin capítulo veintidós
Naoko Ichigo
