Disclaimer: Los personajes de Naruto no son míos, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, es de College n Curls y fue beteada por geekgir7.
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Volverse aceptado
Ciertamente, no era así como hubiera preferido pasar la tarde. No era que odiara a todos, pero él preferiría que ninguno de ellos estuviera allí. La pequeña reunión con Sai, Ino, los compañeros de equipo de Hinata y sus ex sensei ya era bastante mala. Él no pensó que las cosas podrían empeorar más. Lamentablemente, esos pensamientos se hicieron realidad y crearon una situación que de hecho era peor...
—¡Hey! ¡Kakashi-sensei estamos aquí! Hey…
—¿Porque estas gritando? —Sasuke gruñó mientras se levantaba a regañadientes desde su lugar.
Quedarse en el sofá de la sala le pareció una buena idea hace una hora. Estaba más fresco dentro de la casa y Mirai estaba mucho más interesada en atrapar mariposas con Shino que en escalar sobre él en ese momento. Había aprovechado la oportunidad para escapar tan pronto pudo, porque si iba a tener que ver a Hinata mimar a ese maldito perro por un segundo más, las cosas no terminarían bien. Sin embargo, parecía que incluso dentro de su propia casa ya no se le permitía tener paz. La ruidosa presencia de Naruto había entrado directamente a la casa con Sakura a cuestas y lo que parecían ser más bolsas de las que podía contar.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Sasuke y Naruto se acercó al sofá con su carga.
—No me mires así —él bufó—. No estaría aquí si no fuera porque Kakashi-sensei me envió un tonto mensaje diciéndome que debía venir.
Sasuke se mofó y rodó los ojos. No era necesario obligar al rubio a visitar el Distrito Uchiha. Con Hinata llenando su estómago sin fondo era suficiente incentivo. Detrás de Naruto, Sakura arrastró los pies lejos del sofá y en silencio se dirigió hacia la cocina.
—Por lo menos podrías decirle "hola" a ella —Naruto siseó y soltó sus bolsas antes de sentarse en el sofá junto al Uchiha.
—No te invité.
—Aun así, es lo que había que hacer. ¿No te dijo Hinata que seas amable con tus amigos?
El Uchiha frunció el ceño y se recostó en el sofá con un brazo sobre los ojos. Hinata le había expresado el deseo de que tratara de no ser tan... Rudo... Cuando trataba con los demás. Sin embargo, no apreciaba que Naruto lo mencionara, especialmente cuando tenía que ver con Sakura.
—Deberías estar feliz de que no soy "amable" con ella —él dijo.
—Estaría más feliz si lo fueras.
—Entonces eres un idiota.
—Sasuke, lo digo en serio —dijo Naruto con firmeza, el tono severo de su voz hizo que Sasuke se quitara el brazo de encima de los ojos. Naruto rara vez hablaba en serio—. Ella es una de nuestras compañeras y ha hecho mucho por ti, ya sea que quieras reconocerlo o no. No puedes simplemente ignorar sus sentimientos o actuar como si no importasen.
—Naruto…
—No. Necesitas escuchar por un segundo. Entiendo que no puedas corresponder sus sentimientos porque estas lleno de un montón de mierda y eres demasiado estúpido para dejar entrar a alguien. Lo entiendo y ahora tú vas a casarte, por lo que es demasiado tarde para intentarlo. Sin embargo, Sakura todavía se preocupa mucho por ti y no merece que solo actúes como si no existiera. Siempre has sido importante para ella.
Sasuke sonrió con satisfacción cuando las palabras de Naruto lo inundaron y se sentó derecho.
—Reciprocidad ¿eh? —se rio entre dientes—. Esa es una gran palabra para ti.
—Sí, he estado tratando de leer. No me gustan los libros, pero Sakura tiene estos pergaminos y no puedo entender nada en ellos, ¡hey! ¡Tu idiota estamos hablando de ti ahora mismo, no de mí!
—Ella te gusta.
—Sasuke…
—Te gusta ella —el Uchiha continuó, disfrutando la forma en que Naruto se tensó cuando sus palabras fueron arrojadas hacia él—. Tienes que decirle a la chica que te gusta.
—No es tan simple —Naruto bromeó, aunque toda su severidad previa pareció evaporarse—. Ella todavía está enamorada de ti.
—Ya somos dos.
—¿Qué?
—No actúes de forma estúpida —respondió Sasuke, pasando perezosamente una mano por su cabello.
No tenía idea de cómo se sentía ahora Hinata, pero la realidad era que ella, de hecho, tenía sentimientos fuertes por el idiota sentado a su lado y... Si era sincero... Eso le molestaba. Le molestaba más que verla prestándole especial atención a un perro. Le molestaba más que lo cerca que estaba de sus compañeros de equipo. Le molestaba hasta el punto en que ya no deseaba sentarse junto a Naruto y fingir que las cosas estaban bien.
—Ahora —protestó Naruto tan pronto se levantó del sofá—. Hinata dijo que estaba enamorada de mí, pero eso no significa que ella todavía sienta lo mismo.
—Hn —Sasuke se encogió de hombros y se alejó del sofá para salir.
Tal vez Hinata todavía estaba enamorada de Naruto.
Quizás no.
De cualquier forma, no saberlo lo irritaba más de lo que se debería...
La comprensión del hecho de que Hinata aún podría estar enamorada de Naruto ya era bastante mala. Lo que lo empeoró fue tratar de llegar a un acuerdo y se hizo aún más difícil por la adición de más personas en su casa. Kakashi, el gran y honorable Hokage de Konoha, había considerado conveniente reunir a todos sus compañeros restantes para una reunión informal de socialización con otras personas. Si él no había odiado al hombre antes, ciertamente lo hacía ahora que había desconocidos entrando y saliendo de su casa.
En ese momento, estaba sentado junto a la fogata, bebiendo de su propia botella de sake, esperando que todos se fueran para poder dormir. Lo más destacado de la noche había sido usar su chakra por primera vez para prender fuego a la pila de madera que Sai y Kiba habían puesto. La euforia de usar su propio chakra había durado seis segundos antes de sentirse drenado por completo.
Ahora... Ahora solo quería dormir.
Sasuke suspiró y tomó un sorbo de sake. A medida que transcurría el día, su visión era cada vez más borrosa por la tensión y el estrés de estar rodeado de tanta gente. Dormir sería una solución rápida para eso, pero también era algo que no iba a suceder pronto, no con este alboroto. Un jadeo familiar en el otro lado de la fogata causó que Sasuke detuviera la botella cerca de sus labios y entrecerrar los ojos para encontrar la fuente del ruido. Todo parecía normal. Ino, Tenten y Sakura estaban chismorreando cerca de la mesa con comida que habían arrastrado afuera. Naruto estaba ocupado tratando de convencer a Kakashi con alguna petición estúpida, mientras que Sai no lograba que Shino dijera una palabra. El grito de asombro tenía que haber venido de Hinata, pero ella no estaba por ningún lado.
—¡Sasuke! —Hinata gritó, pero aún no podía identificar dónde estaba—. ¡Sasuke!
Frunciendo el ceño se puso de pie y trató de caminar alrededor de la hoguera, ya que estaba distorsionando su visión. Apenas había dado un paso adelante cuando Hinata casi lo sobresalta al aparecer rápidamente por su derecha. Él la miró con curiosidad mientras ella intentaba recuperar el aliento. ¿Le había pasado algo? Se frotó el ojo derecho con irritación.
—Oh, ¡cómo pude olvidarlo! —murmuró por lo bajo y agarró su mano para llevarlo de vuelta al tronco en el que había estado sentado—. Cierra los ojos, por favor.
Todavía confundido, hizo lo que le indicaron y cerró los ojos. Una vez que estuvieron cerrados, ella se deslizó más cerca de él y presionó una suave mano contra su sien. Al instante, la fría sensación de su chakra, aunque invasiva y poco familiar, alivió parte de la presión detrás de sus ojos. Cuando ella retiró su mano, Sasuke se sorprendió al ver que su dolor de cabeza y la sensación de ardor habían desaparecido. Parpadeó, la figura borrosa de Hinata se enfocaba lentamente.
Él tenía razón en una cosa; sus ojos eran pálidos justo como él había esperado. Sin embargo, se había equivocado en muchas cosas.
—¿Cómo te sientes? —ella preguntó y él tragó, incapaz de formar las palabras que necesitaba para responderle—. Hoy ha sido difícil para ti ¿no?
—Estoy bien —murmuró mientras distraídamente trataba de recordar sus ahora claras características.
Lentamente, bajó de sus ojos a la ligera elevación de su nariz antes de finalmente descansar sobre los labios con los que se estaba familiarizando rápidamente. Se veían tan suaves como se sentían, lo único malo era que Hinata se estaba mordiendo nerviosamente el labio inferior. Frunciendo el ceño, llevó la mano hacia el rostro de la mujer para ahuecar su mejilla. Usando su pulgar, suavemente apartó su labio de sus dientes y se inclinó para besarla. Desafortunadamente, su descenso fue frustrado por un pequeño gemido proveniente del regazo de Hinata.
—¡Oh! —Hinata chilló nerviosamente mientras se alejaba—. Quería hablar contigo sobre esto.
Sasuke levantó una ceja al ver cómo un rubor se extendía rápidamente por sus mejillas, pero asintió con la cabeza para que continuara. ¿Ella siempre se sonrojaba tan fácilmente?
—Este cachorro es de la camada de Akamaru, pero... Es muy pequeño —dijo, acariciando suavemente la bola de pelo beige en su regazo—. Su madre lo ha rechazado y es peligroso para él estar cerca de sus hermanos de camada en este momento. Podrían herirlo. Así que...
—¿Así que? —repitió cuando ella se detuvo, extendiendo la mano para evitar que se mordiera el labio inferior otra vez. Era claramente un mal hábito de ella.
—¿Entonces me preguntaba si podríamos tenerlo aquí? ¿Con nosotros?
—¿Quédartelo?
—S-solo hasta que sea lo suficientemente grande como para estar con los demás! Solo será por unas semanas y no creo que sea un gran problema. Kiba tiene las manos ocupadas con los otros cachorros y deberes del clan, esto es lo menos que puedo hacer para ayudarlo.
Sasuke junto sus labios en una línea apretada y miró al cachorro en el regazo de Hinata. Estaba durmiendo tranquilamente a pesar del ruido estridente de la fiesta, algo que Sasuke encontró que era una cualidad envidiable. Ya era bastante malo que Hinata hubiera estado cerca de esa maldita cosa todo el día, pero ahora quería que se quedara. ¿Qué tenía de bueno ese enano? Ciertamente, la selección natural seguiría su curso y este cachorro no estaba destinado a sobrevivir. ¿Quiénes eran ellos para intervenir? Sus ojos se movieron de la débil criatura hacia Hinata, con un rápido rechazo en la punta de su lengua. Sin embargo, esas palabras murieron rápidamente cuando vio a la mujer que lo miraba expectante. Había visto esa emoción incontables veces en Sakura y Karin, pero viniendo de Hinata, le hizo sentir... Incómodo. Extendiendo la mano una vez más, él le sacó el labio inferior de entre los dientes.
—Puede quedarse —dijo y tan pronto como la aceptación salió de sus labios, el rostro de Hinata se iluminó con una sonrisa.
La vista hizo que su aliento se quedara atorado en su garganta y la sensación de antes regresó. Todo su estómago se sentía como si estuviera tratando de hacer volteretas y se incrementó sustancialmente cuando ella se inclinó hacia él y plantó un beso en su mejilla.
—Gracias, Sasuke —ella susurró, pero él la escuchó fuerte y claro.
Sus palabras resolvieron su estómago tan rápido como cuando ella había aliviado la presión detrás de sus ojos. Mientras la veía ponerse de pie para irse, supo en ese momento que tenía un problema. Si ella continuaba mirándolo así... Si su nombre permanecía en sus labios... Serían muy pocas cosas las que podría negarle.
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Kiba suspiró mientras observaba cuidadosamente a Hinata interactuar libremente con el Uchiha. Un traidor. Un hombre sin lazos ni familia. Un hombre que no podía darle ni siquiera una fracción de lo que ella merecía.
«—Ella no debería estar aquí —pensó y metió las manos en los bolsillos.»
Sin embargo, si ella no estuviera allí, ¿a dónde más iría? ¿Naruto? Kiba miró hacia donde el rubio estaba hablando enfáticamente con Kakashi con sus brazos ondeando en el aire para agregar énfasis a su argumento. Era obvio que había bebido demasiado esa noche, pero su comportamiento no parecía afectar al Hokage. De hecho, parecía divertido. Mientras continuaba exponiendo su caso, Sakura se acercó y le dio un golpe en la nuca para calmarlo.
Kiba hizo una mueca ante la violenta acción, pero logro que Naruto detuviera sus inútiles gritos. Luego negó con la cabeza y volvió a mirar a Hinata. Ella no podría manejar a alguien como Naruto. Un hombre como él brillaba demasiado como para permitirle a Hinata la oportunidad de brillar. Él la habría ahogado y sin una sola palabra de protesta por parte de ella, inevitablemente se desvanecería en un segundo plano. ¿Uchiha Sasuke sin embargo? ¿Qué clase de hombre era aparte del villano en el que se había convertido en los últimos años? ¿Qué podría hacer él por ella?
Frunció el ceño cuando Hinata se deslizó más cerca del Uchiha en el tronco caído, con su mano descansaba suavemente en la sien del hombre. El contacto fue breve, pero fue más íntimo de lo que debería haber sido. Cuando Sasuke abrió los ojos, miró a Hinata como si fuera la primera vez que la veía y eso hizo que algo se le apretara en la boca del estómago. No tenía que estar cerca para saber lo que estaban diciendo ni necesitaba ser un lector de mentes para entender sus pensamientos. Sasuke sentía algún un tipo de afecto por Hinata... Tanto afecto como uno podría esperar de alguien tan frío como él. Si las rojas mejillas de Hinata fuera un indicador, él podría suponer con seguridad que ella sentía lo mismo.
—¿En qué piensas? —preguntó Shino mientras él y Kurenai, que llevaba a Mirai en sus brazos, se colocaron a ambos lados de él.
—A ella le gusta él —Kiba dijo con un suspiro y sus compañeros asintieron.
Ahora Hinata no era la misma chica que constantemente se desmayaba por Naruto, pero estaba claro que le gustaba. No tenía idea lo que ella veía en él. El Uchiha era reservado y no era de conversar con los demás. Mirai no fue amenazada por él, lo que era una buena señal, pero sería negligente si confiara en el juicio de carácter de un niño de dos años.
—Son un poco tiernos ¿no crees? —dijo Kurenai y Kiba soltó un bufido indignado.
—Ese traidor no es alguien a quien llamaría lindo. ¡Además, soy mucho mejor!
—Sigue diciéndote eso —Shino dijo rotundamente mientras colocaba una mano sobre su hombro. Kiba intentó apartar la mano, pero el usuario de insectos simplemente lo ignoró—. Todavía dudo que ella no se vea perjudicada, incluso si no es por la propia mano del Uchiha.
Kiba dejó de tratar de alejar a Shino y frunció el ceño mientras miraba a Hinata inclinarse para presionar un beso contra la mejilla de Sasuke. Los Hyūga no eran idiotas. Era raro que alguien de la casa principal se casara fuera del clan. Eso solo sucedía cuando tenían algo que ganar con ese matrimonio. Sasuke no tenía posición política. Como un clan de un solo hombre, no tenía el poder de su familia para respaldarlo. Poseía dinero y tierras, pero no era como si Sasuke alguna vez usara eso. Sin embargo, tenía el Sharingan y eso valía más de lo que la mayoría de la gente pensaba.
—No crees que Sasuke aún tenga enemigos, ¿verdad? —preguntó Kurenai.
—Quién sabe —Shino se encogió de hombros—. No es muy querido. La boda está programada para después de la cosecha, que está a solo unas semanas de distancia. Será solo cuestión de tiempo antes de que los Hyūga y el Consejo esperen que tengan hijos. ¿Puedes imaginar al niño que su unión produciría?
Un niño con el potencial tanto para el Byakugan como para el Sharingan sería poderoso. Muy poderoso. Ese potencial era lo que hizo que el Consejo se mordiera la lengua cuando lo liberaron. Internamente, su estómago hizo una voltereta al pensar en el niño, no, niños en plural. El consejo no estaría satisfecho con solo uno. Hinata soportaría muchos por ese hombre. Todos serían Uchiha. Niños de cabello oscuro con ojos que podrían potencialmente convertirlos en blancos en el momento en que nacieran. Kurenai acercó a Mirai y le dio un beso a la sien de la niña dormida.
—Este es un tiempo de paz —ella expresó, pero Shino negó con la cabeza.
—La paz no puede durar tanto tiempo.
Los tres se tensaron ante sus palabras, pero sonrieron cuando Hinata saltó emocionada hacia ellos. Sus pálidos ojos brillaban con emoción desenfrenada.
—¡Kiba! —ella dijo sin aliento mientras ajustaba el cachorro en sus brazos—. ¡Dijo que sí! ¡Podemos quedárnoslo!
—¡¿De verdad?! —respondió Kiba, sorprendido de que el Uchiha estuviera dispuesto a dejar que el enano se quedara. Hinata asintió rápidamente y su sonrisa se amplió aún más—. Bien, que me parta un rayo.
Luego tomó al cachorro durmiente de Hinata, que estaba bastante reacia a dejarlo ir y lo devolvió a la tela que llevaba colgada en el pecho.
—Lo traeré por la mañana junto con los suministros que necesitarás. ¿Estás segura de que quieres hacer esto? No es fácil cuidar a un enano...
Hinata asintió en comprensión, pero su resolución no titubeó con su advertencia. Suspirando, colocó una mano sobre la cabeza de la mujer y alborotó su oscuro cabello. Estar con el Uchiha no era la vida que él deseaba que ella tuviera. Si el Kiba de quince años se hubiera salido con la suya, ya se habrían casado y tendrían cinco hijos. Ella podría jugar con todos los cachorros que quisiera y él podría mantenerla a salvo del peligro.
Sin embargo, había aprendido rápidamente que la vida no funcionaba como uno quería.
El corazón de Hinata siempre le había pertenecido a Naruto... Y ahora ella lentamente se lo estaba dando a Sasuke. O lo que quedaba de ese roto corazón. Kiba levantó la vista de su antigua compañera de equipo para mirar al Uchiha al otro lado de la fogata. Los ojos oscuros se estrecharon al verlo hacer contacto con Hinata y no pudo evitar sonreír. El Uchiha estaba celoso. Lentamente su sonrisa se extendió cuando Hinata lo abrazó y sus ojos oscuros miraron hacia otro lado.
«—Bien.»
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—¡Sakura-chaaaaan!
—¡Deja de gritar!
—¡Sé gentil!
—¡Deja de decir cosas raras, idiota! ¡Los vecinos pueden oírte! —Sakura resopló y ajustó el peso de Naruto de modo que se apoyara contra el marco de la puerta de su departamento.
No era pesado, al menos no para ella, pero comer ramen todas las noches ciertamente no le estaba haciendo ningún favor.
—Sakura-chan —repitió Naruto, esta vez en un susurro mal ejecutado.
Negando con la cabeza, le tendió la mano para que le diera las llaves para que pudieran entrar. Él simplemente le dio un golpe en la mano como si se estuvieran dando los cinco, con una sonrisa tonta en su rostro.
—Tus llaves, Naruto —la mujer de cabello rosa refunfuñó. Ella realmente debería haberlo detenido después del su segundo vaso en la casa de Sasuke. No era tan malo como Lee, pero era un peso ligero para el alcohol—. ¿Dónde están tus llaves?
El Uzumaki se dejó caer en el marco de la puerta ante sus palabras, sus ojos se volvieron pesados por el sueño inducido por la ebriedad. Rápidamente, Sakura se movió para mantenerlo de pie para poder buscar ella misma las llaves. El primer bolsillo que probó, el derecho en su chaqueta, estaba vacío, mientras que en izquierdo estaba su raído monedero de rana. Sakura frunció el ceño ante la cosa sucia antes de regresarla. Él había tenido ese estúpido monedero durante años. ¿Cuándo iba a conseguir otro?
«—Es tan terco. Él nunca lo reemplazará por su propia cuenta —Sakura pensó y comenzó a buscar sus llaves en los bolsillos de sus pantalones.»
—Oooh Sakura-chan. Eres tan directa —Naruto soltó una risita—. Ni siquiera me invitaste a cenar primero.
—¡Naruto, idiota! ¡Si sigues así te dejaré aquí mismo en la puerta! —ella siseó, todo su rostro se volvió de un brillante color rojo.
Luego reanudó su búsqueda y rápidamente sacó una llave del bolsillo delantero de su pantalón. Sin embargo, en lugar de su llavero habitual que solo contenía la llave de su apartamento, se le había unido otra llave. Era una con la que se había familiarizado mucho durante los meses que había estado ausente en Suna. La pequeña rana verde le sonrió, la llave de repuesto brillaba ante la tenue luz del porche. La última vez que había tenido esta llave, se la había arrojado de vuelta.
¿Por qué todavía tiene esto?
¿Cuál era el sentido de cargar con las dos llaves?
Al sacar esas preguntas de su mente, usó una de las llaves para abrir la puerta del apartamento y entró con el borracho Uzumaki. El pequeño departamento estaba oscuro, salvo por la luz que se filtraban a través de las rendijas de las persianas. Sin embargo, no encendió las luces, conocía el lugar como la palma de su mano. Con cuidado, pasó por encima de las latas de refresco vacías y los kunai descartados, frunciendo el ceño por lo desordenado que estaba el departamento. Cuando llegó a su habitación, se apartó de su costado para que su cuerpo cayera sin ceremonias sobre la cama. Naruto gimió en sus almohadas y rodó sobre su espalda.
—¿Pensé que habías dicho que serías gentil? La habitación ahora está dando vueltas —gimió, pero ella lo ignoró para quitarle las sandalias.
Después de que se las quitara, ella bajó la cremallera de su chaqueta y se detuvo por un momento para mirar el antiguo collar de su sensei alrededor de su cuello. Apartando sus ojos, se sentó al lado de Naruto en la cama y se inclinó hacia atrás.
—Siéntate para poder quitarte la chaqueta —ella le ordeno.
Naruto hizo torpemente lo que le dijeron, permitiendo que su chaqueta cayera de sus hombros sobre la cama. Antes de que ella pudiera detenerlo, ya se estaba quitando la camisa.
—¡Oye, dije solo tu chaqueta! —Sakura protestó, pero Naruto ya había tirado su camisa sobre el costado de la cama.
—No puedo dormir con una camisa puesta —se encogió de hombros inocentemente, pero la sonrisa descarada que él le mostró le dijo todo lo contrario—. Hace calor. Me quitaré los pantalones también…
—¡No te atreverías!
Naruto se rio y se dejó caer de nuevo, pero cumplió con su pedido de mantener sus pantalones en su lugar.
—Está bien, así que ahora estás a salvo en la cama. Estaré aquí para verte por la mañana.
—Noooooooooooo —Naruto gimió, sentándose nuevamente.
Sus brillantes ojos azules estaban inyectados con sangre por sus ebrias aventuras, pero se mantuvieron fijos en ella. Poniendo una mano sobre la suya, la miró implorante.
—Naruto… —ella comenzó mientras gentilmente tirando de su mano.
—Deberías quedarte.
Sakura suspiró y hombros cayeron, los eventos del día finalmente comenzaron a pesar en su mente. Trabajar en la academia ese día había sido divertido, pero ella estaba bastante cansada. Ir al Distrito Uchiha y ser ignorada por Sasuke no había sido mucho mejor. Sería bueno dormir por una vez sin que su mente repitiera el dolor del día una y otra vez. Si se fuera a casa ahora sus padres seguramente se despertarían y tendrían un millón de preguntas sobre dónde había estado. Ella también tenía que trabajar en la mañana...
—Quédate aquí —Naruto dijo otra vez, esta vez tirando de ella para recostarla en la cama junto a él—. Duermo mejor cuando hay alguien cerca.
—Tengo cosas que hacer Naruto —Sakura respondió, pero su resolución ya se había agotado tan pronto su cabeza golpeó la almohada.
—Puedes hacerlo más tarde.
—¿Qué tipo de Hokage serás si eludes las responsabilidades? —sonrió y una mano áspera se posó sobre su mejilla.
—Eres tan mala Sakura-chan —gimió—. Pero eres tan linda que no me importa.
Lentamente, su mano se movió desde su mejilla a su frente. Allí movió suavemente su flequillo y se inclinó para presionar un beso en el lugar donde sabía que estaba su sello en forma de diamante.
—Naruto —ella jadeó, sus ojos verdes se abrieron cuando él se apartó de ella—. ¿Qué estás haciendo?
El Uzumaki solo cerró los ojos, bostezó somnoliento y rodó sobre su espalda.
—Lo siento Sakura-chan. Tu frente es tan linda. Solo tenía que besarla.
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Hinata gimió en su almohada y de mala gana abrió los ojos. Los brillantes rayos del sol de la mañana se asomaban por las cortinas del dormitorio, haciendo que la Hyūga se confundiera un poco. ¿Cuándo se fue a la cama? Anoche, Ino y Sakura habían estado muy parlanchinas mientras el resto de sus invitados continuaban pululando. La emoción de que todos estuvieran juntos por primera vez, junto con la copiosa cantidad de alcohol que Naruto había traído, hizo que pareciera que la noche nunca iba a terminar.
A su lado, un murmullo amortiguado la alertó sobre el hecho de que no estaba sola. Su rostro se sonrojó inmediatamente cuando su compañero se acurrucó contra su trasero y enterró su rostro en su hombro. Probablemente era la razón por la que estaba en su habitación en vez de desmayada en la sala de estar. A pesar de que había sido paciente con todo el caos, sabía que el Uchiha anhelaba dormir y no podría hacerlo si no estuviera con él. Hinata se mordió el labio inferior cuando su nariz se presionó contra el hueco de su cuello.
—Sasuke —ella susurró nerviosamente y él respondió con un gruñido cansado.
—Hinata —alegó. Sus labios rozaron su cuello y la hicieron reír.
—Es hora de despertar.
—No.
Su "no" fue parcialmente amortiguado contra su piel, causando que se le pusiera la piel de gallina. Trató de alejarse, pero eso solo hizo que él la abrazara con más fuerza. Sus labios presionaron contra su hombro de una manera que estaba lejos de ser accidental. Realmente necesitaban levantarse y comenzar el día. Kiba llegaría pronto con el cachorro...
—Sasuke…
—No.
Hinata tragó saliva ante la firmeza de su voz, no por miedo sino por otra extraña sensación con la que se estaba familiarizando. Cuando él se colocó sobre ella, sus ojos ónix se movieron con avidez desde su rostro hacia abajo, ella sabía que él también lo sentía. Excitación. Ella miró hacia otro lado, incapaz de hacer contacto visual con él. Todavía podía sentir sus ojos escaneando su cuerpo, lo que causó que el calor se acumulara en su centro. Una mano curiosa se deslizó justo debajo del borde de su camisa, dedos hábiles se extendieron justo debajo del delgado material.
—Ayer, tuve paciencia. Y compartí —dijo, inclinándose para que sus labios estuvieran cerca de su oreja—. Hoy será diferente.
—¿Diferente? —Hinata chilló, pero él no respondió.
En cambio, apartó los labios de su oreja para mirarla una vez más. Esta vez sus ojos habían cambiado de negro a uno rojo y el otro púrpura. Estaban hipnotizándola, pero ese era el punto. Sus ojos tenían la intención de atrapar a los enemigos por sorpresa, analizar cada uno de sus movimientos y usar sus debilidades contra ellos.
—Sasuke —susurró, rezando para que su voz no delatara la incertidumbre que sentía—. Tus ojos.
El Uchiha maldijo por lo bajo y de inmediato rodó fuera de ella y puso una mano sobre sus ojos. A pesar de que su cuerpo ya no estaba sobre ella, su corazón seguía latiendo erráticamente en su pecho. ¿Qué era esto? ¿Este calor que constantemente se le estaba acumulando en la boca del estómago?
—Maldición —siseó Sasuke mientras se sentaba en la cama.
Hinata lo miró y se sorprendió al ver que aún no había desactivado sus líneas sucesorias. Ella también se sentó y puso una mano sobre su hombro, ligeramente alarmada por el calor que irradiaba su piel. Él se estremeció severamente ante su toque y se alejó.
—Sasuke… —comenzó, pero el sonido del timbre de la puerta cortó lo que ella quería decir.
A regañadientes, se levantó de la cama y salió descalza de su habitación para abrir la puerta. El timbre solo sonó una vez más antes de que ella pudiera abrir la puerta. Allí, estaba parado Kiba, que cargaba las bolsas con cosas que necesitaría para cuidar al nuevo cachorro. Todos los pensamientos sobre el torpe comienzo de su mañana desaparecieron tan pronto como el cachorro asomó la cabeza de su bolsa de tela.
—¡Buenos días Kiba! —ella dijo emocionada e hizo espacio para que el Inuzuka entraran a la casa.
—Hola... —comenzó, pero se detuvo. Frunció el ceño mientras olfateaba el aire y daba un paso hacia ella.
—¿Kiba?
¿Había sucedido algo? Kiba solía tener esa expresión en su rostro cuando estaba buscando algo. Vacilante ella dio un paso atrás. El Inuzuka volvió a olisquear el aire, pero esta vez su rostro se volvió rojo.
—Kiba, ¿estás bien? —ella preguntó y su compañero de equipo tosió torpemente.
—Nada. No es nada. Nada. Vamos al patio y te diré lo que tienes que hacer.
Hinata lo miró con curiosidad mientras cruzaba la casa para llegar a la puerta de atrás. ¿Por qué estaba Kiba tan nervioso? ¿Era algo que ella había dicho? ¿Olía mal? Haciendo un puchero se cubrió la boca con la mano y olió su aliento. No estaba tan mal, pero de nuevo Kiba tenía una nariz sensible.
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—Eres tan lindo —Hinata reflexionó para sí misma mientras acariciaba la cabeza de la pequeña bola de pelo en sus brazos.
Ella había visto muchos cachorros durante su tiempo como compañera de equipo de Kiba. Akamaru era en realidad un conducto para ayudarla a sentirse más cómoda con sus homólogos masculinos. Kiba era ruidoso y bullicioso mientras Shino era callado y un poco espeluznante. No tenía idea de cómo comunicarse con gente tan diferente a los miembros de su clan, pero tener a Akamaru cerca la hacía sentirse más relajada. Tener una versión en miniatura de él casi parecía demasiado surrealista.
Hinata sonrió mientras caminaba por el pasillo hacia el dormitorio. Kiba había pasado la mayor parte de la mañana detallando todo el cuidado que él consideraba que el "enano" iba a necesitar. A ella no le importaba mucho el término, aunque tenía una connotación negativa, una que le recordaba demasiado a su hogar. Claro que las respiraciones de este cachorro eran menos profundas y cabía en la palma de su mano, pero eso no lo hacía menos valioso. Un día sería un perro ninja, ¡ella lo sabía!
—Sasuke —dijo mientras abría la puerta del dormitorio para encontrar al hombre.
Allí en la cama, estaba sentado con la espalda apoyada en la cabecera y con un desgastado pergamino a escasos centímetros de su rostro. Colocando una mano en la parte inferior de la tela que tenía atada al pecho para evitar que se balancee demasiado, Hinata se subió a la cama para ver lo que estaba mirando. Ella entrecerró los ojos mientras trataba de descifrar los elaborados kanjis... Parecía vagamente familiar.
—Por orden del clan Hyūga y bajo la buena fe de los Uchiha, promulgamos una alianza entre nosotros... —dijo Hinata, reconociendo que las palabras que leía se atragantaron en su garganta—. Sasuke este es nuestro contrato de matrimonio... Cómo... ¿Cómo conseguiste esto?
—Kakashi lo trajo ayer —el Uchiha se encogió de hombros y colocó el pergamino en su regazo—. ¿Sabes en cuánto te han vendido?
Hinata negó y se mordió el labio inferior. Ella no quería saber. Sasuke sonrió y volvió sus ojos oscuros hacia ella.
—Costaste mucho. Estoy sorprendido de que mi padre haya aceptado tal cantidad. Pero, haber casado a Itachi con una heredera habría sido visto como algo que valía la pena.
Uchiha Itachi. Un hombre que masacró a su clan. Un hombre que protegió al pueblo. De alguna manera, ella no podía cuadrar esos dos hechos juntos. Sus niñeras le contaron historias sobre las formas horripilantes en que encontraron los cuerpos y la sangre que empapó las calles del Distrito Uchiha incluso después de que las primeras lluvias habían llegado. El nombre de Itachi era usado como una advertencia contra traicionar al clan. ¿Cómo puedes matar a las personas que te aman?
«—Podría si hubiera algo más importante —Hinata pensó mientras apretaba los labios y se deslizaba más cerca de Sasuke.»
—Sasuke... —comenzó, esperando alejar su mente de los pensamientos que causaban arrugas en su frente—. Este es... Es... Bueno, no tiene nombre, pero Kiba dijo que podíamos darle un nombre.
Sasuke levantó una ceja y ella sonrió. A ella le gustaba esa expresión en su rostro mucho más que la que había estado allí antes. Suavemente sacó al somnoliento cachorro y con su mano libre retiró el contrato de matrimonio del regazo de Sasuke. En su lugar, ella puso al cachorro.
—¿Cómo deberíamos llamarlo? —ella preguntó y Sasuke se encogió de hombros.
—Morirá en una semana.
—¡Sasuke! —jadeó y le arrebató al cachorro.
—¿Qué?
—¡No digas eso! ¡Estará bien!
—Solo te estoy diciendo la verdad.
Hinata frunció el ceño y abrazó al cachorro. Esa no era la verdad. Este cachorro estaría bien. El latido de su corazón era lo suficientemente fuerte y con un poco de suerte también lo era su voluntad. ¡Mientras el cachorro no se rindiera, ella tampoco lo haría!
—Él será fuerte —dijo con confianza mientras acariciaba suavemente la bola de pelo—. Solo espera.
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Konoha era... Más brillante de lo que recordaba. Hinata le había dicho que muchas cosas habían cambiado, pero esto era mucho para asimilar. No solo todo cambió, sino que también había aspectos extraños con los que lidiar. Tan pronto como puso un pie en la calle principal, las miradas habían comenzado. No era tan malo cuando estaba ciego. Solo habían dejado el Distrito un par de veces desde su llegada y por supuesto, había sentido la presencia de gente mirándolo mientras caminaba. Había sido bastante fácil de ignorar en ese momento. Ahora que su vista estaba casi de vuelta, ignorar las miradas resultaba ser un poco más difícil.
Contra su pecho, el debilucho cachorro Inuzuka gimió ante todo el ruido por el que estaban rodeados y Sasuke no pudo evitar simpatizar con él. Preferiría regresar a la paz y tranquilidad del Distrito. El Uchiha frunció el ceño cuando un par de ancianas lo miraron fijamente y escondieron sus cotilleos detrás de sus manos. Era difícil parecer amenazante con un perrito atado al pecho, pero las mujeres rápidamente se apresuraron a pasar y solo les echaron algunas miradas por encima del hombro. Detrás de él, el timbre de una tienda tintineó.
—¡Muchas gracias Ino-san!
—¡Ni lo menciones! ¡Dile a Neji que le dije hola!
Sasuke se giró ante el sonido de la voz de Hinata que finalmente abandonaba la tienda de flores de los Yamanaka. Aunque ella no lo estaba mirando, en cambio, sonreía distante al ostentosamente gran ramo de lirios blancos. Por qué Hinata deseaba comprar flores para un hombre era algo que no podía entender. Había renunciado a tratar de entender por qué ella era como era. Ella era confusa y extraña, pero no estúpida. Al menos no tan estúpida como Naruto.
Torpemente aclaró su garganta. No quería quedarse en la calle por más tiempo de lo necesario. Hinata parpadeó sorprendida, pero la pequeña sonrisa en su rostro permaneció. Sasuke apartó la mirada y se metió las manos en los bolsillos. ¿Por qué tenía que mirarlo así? Era extraño y al mismo tiempo quería que lo hiciera de nuevo... Pero no donde la gente pudiera ver.
—Vamonos —ella dijo suavemente.
Su mano libre se deslizó hacia la suya, alejándolo de la tienda de los Yamanaka, para ir más arriba en la concurrida calle. Las miradas no disminuyeron mientras avanzaban entre la multitud. Podría decirse que fueron peores, pero al menos les dieron mucho espacio. Era casi como si tuvieran la peste por el modo en que actuaban algunos de los aldeanos. No es de extrañar que su clan hubiera decidido rebelarse. La gente actuaba como si él fuera un monstruo. Aunque ¿estaban equivocados? Él no era exactamente un santo. Había más sangre en sus manos de la que podría expiar. A su lado, Hinata le apretó levemente la mano, arrastrándolo fuera del giro descendente que sus pensamientos comenzaban a tomar.
—Deberíamos darnos prisa, creo que se está poniendo quisquilloso —Hinata dijo y Sasuke levantó una ceja.
«¿Poniéndose quisquilloso? ¿Quién se estaba volviendo...?»
Un pequeño quejido y una agitación le recordaron al debilucho cachorro dentro de la tela y puso los ojos en blanco. Nunca en su vida se imaginó a sí mismo cargando de buena gana a un perro contra su pecho, especialmente uno tan lamentable como este. Acelerando el paso, se movieron a través de la atestada calle principal antes de doblar una esquina hacia un camino menos poblado. Cuanto más caminaban, veían menos personas. Llegaron a un par de puertas de hierro forjado que solo había cruzado una vez.
Este era el lugar donde Konoha enterraba a sus caídos. Hombres y mujeres que perdieron la vida protegiendo la aldea. Dentro de estas tumbas estaban los restos de aquellos bien recordados y aquellos que habían sido olvidados. No se sorprendería si dentro de algunas de estas tumbas había alguien a quien él hubiera asesinado. Sasuke se congeló en la entrada, cautelosamente escaneando los monumentos negros que salpicaban las colinas del cementerio.
Por qué…
¿Por qué estaban aquí?
—Sasuke —Hinata comenzó, su voz estaba llena de preocupación—. ¿Te sucede algo?
—¿Pensé que íbamos a visitar a Neji? —dijo él y su pecho se apretó mientras sus labios se curvaban hacia arriba en una triste sonrisa.
Apretando su mano, atravesó las puertas sin decir una palabra. Poco a poco se abrieron paso a través de innumerables monumentos, todos estaban bien cuidados y brillaban con orgullo en el sol de la tarde. Mientras caminaban hacia el borde posterior del cementerio, las tumbas se espaciaban entre sí. Aunque había más verde a la vista, lo que solo significaba que era terreno fértil para el próximo cuerpo. ¿Cuánto tiempo pasaría hasta que el próximo shinobi perdiera la vida? ¿Cuánto tiempo más pasaría hasta una próxima guerra? Sasuke sintió sus uñas clavarse en la parte carnosa de su palma, con ganas de envolver su mano alrededor de su katana ausente. Él no necesitaba pelear. No ahora... Pero pronto. Pronto él tendría que hacerlo.
«La vida de un shinobi es breve.»
Finalmente se detuvieron frente a una de las tumbas, exactamente igual a las demás, salvo por el hecho de que tenía el nombre Hyūga. Ninguna de las otras piedras tenía nombre. La mayoría de los clanes con kekkeigenkai se deshacían de sus miembros caídos a su propia manera. Era demasiado fácil aprovecharse del cuerpo después de haber fallecido. Para un clan tan reservado como el Hyūga, era extraño que uno de los suyos fuera enterrado en una fosa común. Mientras consideraba la rareza, Hinata soltó su mano, se agachó junto a la tumba y colocó el ramo a sus pies.
—Neji-nii-san —ella dijo, su voz sonaba sorprendentemente feliz de estar rodeada de muertos—. Regresé y traje a alguien conmigo.
Hinata lo miró brevemente y le dio una pequeña sonrisa.
—Como tú, él no es muy hablador.
Sasuke resopló y el cachorro se retorció. Hinata regresó su vista a la tumba y pasó sus dedos reverentemente sobre el nombre grabado.
—Lamento no haberte visitado últimamente. Las cosas han estado... Ocupadas. En general, a todos les está yendo bien. Padre tiene buena salud y Hanabi está... Enojada, pero está bien. Me gustaría que estuvieras aquí para hablar con ella...
Sasuke frunció el ceño mientras la veía hablar tan libremente con una piedra. ¿Cómo podía ella hacer esto?
—Kiba nos dio un cachorro. Bueno, no me lo "dio". Solo lo estamos cuidando hasta que pueda estar alrededor de los demás, pero es tan lindo...
Claramente, este Neji era importante para ella. ¿Cómo podía hablarle como si todavía estuviera vivo?
—Prometo volver pronto. No te dejaré en paz por mucho tiempo...
¿Cuál era el punto de creer infantilmente que sus palabras alcanzarían su objetivo?
—¿Por qué? —preguntó rotundamente y Hinata se giró para mirarlo—. ¿Por qué haces esto?
Encogiéndose de hombros, Hinata regresó a la tumba y se puso de pie.
—Yo... No sé —ella olisqueó, apartando algunas lágrimas errantes con la palma de su mano.
—Estás llorando.
—Lo siento.
—No te disculpes.
Resultó más duro de lo que él había previsto, traicionando la frustración que sentía. Si venir aquí solo la entristecía ¿cuál era el punto? Observó cómo silenciosas lágrimas continuaban cayendo por las mejillas de la Hyūga, deslizándose por su barbilla antes de caer a la tierra. No tenía idea de cómo lidiar con sus lágrimas. La tristeza no era una emoción con la que se sintiera cómodo. Sin embargo, no quería verla llorar.
Tentativamente extendió una mano y la colocó sobre el tembloroso hombro de la mujer. La mitad de él esperaba que ella se encogiera después de sus agudas palabras. En lugar de eso, se giró hacia él y presionó su frente en su pecho, aunque fue consciente del perrito que ahora dormía. Sasuke se tensó ante el contacto y por la húmeda sensación de sus lágrimas filtrándose a través de su camisa. ¿Qué se suponía que debía hacer? Él no era un hombre reconfortante. Las palabras cálidas y la esperanza eran cosas que venían de personas como Naruto. Gente que poseía felicidad de sobra.
—Yo... Lo siento —Hinata tartamudeó, aunque sus palabras fueron ligeramente amortiguadas.
Torpemente, Sasuke levantó su mano izquierda y le dio unas cautelosas palmaditas en la parte superior de su cabeza.
—Está bien —dijo rígidamente—. Es... Normal... Llorar.
Hinata asintió contra su pecho, pero sus lágrimas no se detuvieron. Sasuke siguió acariciando la parte superior de su cabeza, pero sus ojos se posaron en la piedra negra detrás de ella.
«Hyūga Neji.»
Trató de destrozar su cerebro para recordar al hombre enterrado en el suelo, pero no encontró nada. Había estado demasiado preocupado con sus problemas como para notar algo más que sus propios objetivos cuando era niño. ¿Cómo había sido él? ¿Qué había hecho para ganarse la lealtad y las lágrimas de esta mujer aun después de muerto?
«La vida de un shinobi es breve...»
Las fechas en su tumba indicaban que Neji había muerto menos de un año atrás. Él era joven, pero no demasiado. La muerte no discriminaba a nadie. Ser un shinobi solo apresuraba ese hecho.
«Descubre lo que quieres.»
Hyūga Neji tuvo que tener deseos y sueños como todos los demás. ¿Qué había querido? ¿Había logrado algo antes de que su vida se truncara?
«Haz lo que sea necesario para mantenerlo.»
En cierto modo, el Hyūga no había tenido éxito. Él estaba muerto. Lo que sea que él quería, no pudo mantenerlo. Todo en él era irrelevante, ya que su cadáver se pudría varios metros debajo de ellos. Aun así... Ese hecho no hizo nada para calmar su curiosidad.
¿Quién era Hyūga Neji?
—Cuéntame sobre él —dijo Sasuke y Hinata se apartó un poco. Al ver la expresión confundida en su rostro empapado con lágrimas casi lo hizo reír, pero de alguna manera no lo hizo.
—¿Neji?
—Hn.
Una pequeña sonrisa adornaba sus labios mientras reflexionaba sobre sus palabras, inútilmente tratando de secarse las lágrimas mientras lo hacía.
—Hay mucho que decir —ella olisqueó antes de mirarlo con los ojos enrojecidos—. Si... Si te cuento acerca de Neji, ¿me contarás sobre Itachi?
Sasuke se puso rígido ante la mención de su hermano. La única vez que se decía ese nombre era cuando salía de sus labios.
—Yo... No quiero entrometerme, pero sé que él fue importante para ti.
¿Fue importante? Itachi había sido su ídolo antes de la masacre. Después, él era su única razón para seguir viviendo. Ahora él era la razón por la que todavía estaba vivo. ¿Cómo podría poner en palabras las conflictivas emociones que tenía sobre la única persona que hizo que su mundo girara? La única persona que aún la mantenía girando mucho después de su muerte. Distraídamente sintió un pequeño tirón en su mano cuando Hinata le indicó que se sentara en la hierba frente a la tumba del Hyūga. Su suave voz se mezcló con el susurro de la hierba.
—Tenía tres años cuando un shinobi de la aldea de la nube vino a robarme los ojos...
Continuará en…. Volverse un su peor pesadilla.
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Fin capítulo veintitrés
Notas: ¡Hola! ¿Qué tal les va? El rayo de la inspiración me cayo fuerte el mes pasado, por lo que pude avanzar un montón. Y también eso me permitió poder traerles una DOBLE actualización, yeiiiiii… Esperemos que la suerte siga de mi lado. Por cierto, les comento que ya solo quedan 2 capítulos para que la historia termine, así que vamos a tener que empezar a prepararnos emocionalmente para despedirnos de esta historia.
Otra cosa, disculpen por no haberles respondido sus reviews, pero Fanfiction no me está enviando las notificaciones de lo que ocurre por aquí y me siento super perdida. Y esos son todos los comunicados que tenía para ustedes. Nos estamos leyendo en próximas actualizaciones. Cuídense mucho.
Bye!
Naoko Ichigo
