Disclaimer: Los personajes de Naruto no son míos, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, es de College n Curls y fue beteada por geekgir7.
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Volverse Enardecido
A medida que avanzaba la mañana, cada vez estaba más claro que Sasuke no iba a caer sin luchar. Ahora que había recuperado parcialmente la vista, parecía que estaba más decidido que nunca a recuperar todas las cosas que había perdido desde la guerra. Hinata se agachó cuando una pierna se precipitó hacia su cabeza, una ráfaga de aire alborotó su cabello. Que él estuviera tan decidido era algo que a ella le agradaba. Ella no había tenido una buena pelea desde que la guerra había terminado y con este nuevo vigor, Sasuke estaba demostrando ser todo un desafío.
—¿Asustada? —Sasuke se burló mientras ella cuidadosamente daba vueltas alrededor de él.
—Para nada —ella dijo y se lanzó.
No era tan fácil derribar a Sasuke ahora que realmente podía verla. Él podía esquivar los ataques fácilmente y arremeter a voluntad. Sin embargo, él era arrogante y el exceso de confianza podía significar la ruina hasta del shinobi más talentoso. Eso fue comprobado por el hecho de que él permitió que ella lo golpeara de frente, presionando su propio cuerpo hacia adelante para igualar la fuerza de su golpe y cayeron al suelo. Sentía como si todo el aire hubiera salido de sus pulmones tan pronto su cuerpo tocó el suelo.
—Hn. Yo gano —Sasuke se regodeó.
Hinata parpadeó hacia él, bueno las dos versiones de él que seguían balanceándose de un lado a otro. Ignorando la forma en que su cuerpo le gritaba que retrocediera, ella presionó sus manos contra su pecho e infundió un poco de chakra para enviar una pequeña sacudida a través del cuerpo del Uchiha. Sasuke inmediatamente perdió su concentración, dándole la ventaja que necesitaba para voltear sus posiciones y que ella fuera la que estuviera arriba.
—Yo gano —ella dijo sin aliento y Sasuke entrecerró los ojos.
—Pensé que no íbamos a usar chakra —gruñó, pero no hizo nada para agriar su pequeña victoria.
Claro que ella lo había engañado, pero era su culpa por creerle. Sonriendo, ella trató de levantarse, pero unas fuertes manos la sostuvieron firmemente.
—Sasuke…
—Hiciste trampa.
Si él fuese más expresivo ella estaba segura de que habría hecho pucheros. En lugar de eso, la miró con un ligero disgusto. Se veía realmente lindo cuando estaba siendo infantil. Hinata contuvo una risita y se inclinó más cerca de él.
—Los Uchiha no se disculpan —dijo ella antes de besarlo.
Fue un beso corto y simple, poco Sasuke lo sintió como si fuera todo menos eso. Él la miró, sus ojos estaban ilegibles, pero su rostro enrojeció de todos modos. Tal vez él estaba más molesto de que ella rompiera las reglas de lo que dejaba ver. Quizás no le gustaba que ella lo besara.
—¡Y-yo l-lo siento! —tartamudeó e intentó taparse el rostro con las manos.
—¿Te disculpas por hacer trampa o besarme? —preguntó.
—¿Ambas?
—Hn.
Hinata lo escucho gruñir y ella miró a través de sus dedos para verlo sentarse. Las manos de Sasuke se movieron desde sus caderas a sus muñecas y le apartó las manos del rostro. Él estaba tan cerca. Demasiado cerca. Besarse estaba bien. Ella podía besarlo. Sin embargo, la forma en que la estaba mirando ahora, se sentía como si quisiera devorarla. Esa noción hizo que todo su cuerpo se calentara intensamente.
Labios cálidos capturaron los suyos, moldeándose con la intención de obtener más. Hinata se estremeció cuando la lengua masculina se deslizó sobre su labio inferior y su boca se abrió al instante. Instintivamente, se derritió con el beso, disfrutando de la forma en que la lengua de Sasuke rozaba la suya.
No deberían estar haciendo esto. Este beso no fue como el anterior. Él quería más. ¿Qué debería hacer ella? Había honor en permanecer virgen hasta el matrimonio. Eso era lo que se esperaba que hiciera. Sin embargo, mientras continuaban besándose, sus nociones de honor y deber comenzaron a desaparecer.
«—No pienses demasiado las cosas o dudarás en el momento que no debas.»
Kurenai-sensei tenía razón. Ella no debería dudar. No cuando todo su cuerpo se sentía como si estuviera a punto de estallar en llamas. Si quisiera, podía parar en cualquier momento, pero ahora con la hierba en su espalda y los labios de Sasuke contra los de ella, solo quería saborear la sensación. Desafortunadamente, tan pronto como dejó que su autocontrol cayera, Sasuke se apartó.
—Sasuke… —chilló cuando él la levantó en sus brazos y hábilmente la llevó hacia la puerta—. ¿Q-q-qué estás haciendo?
El Uchiha gruñó y abrió la puerta con su pie.
—¿Prefieres tener audiencia?
Los ojos de Hinata se abrieron de par en par al recordar los omnipresentes ojos vigilantes bajo los que se encontraban. No había ninguna duda de que su pequeña sesión de besos en el jardín seria informada al Hokage. Gimiendo, escondió su rostro en el cuello de Sasuke e intentó no pensar demasiado en ello.
Una vez que estuvieron lejos de las miradas indiscretas de ANBU, rápidamente se dirigieron a su habitación donde la depositó sobre la cama. Su cuerpo estuvo encima del suyo otra vez, sus labios clamaban los suyos como si fuera la primera vez que la besaba. Sus besos fueron más urgentes y codiciosos. La calidez en su estómago creció cuando tentativamente chocó su lengua con la de él. La pequeña acción alentó aún más al Uchiha y le soltó las muñecas. Sin romper el beso, Sasuke apoyó la mayor parte de su peso en su antebrazo mientras su mano izquierda serpenteaba hasta la camiseta de Hinata. Las yemas de sus dedos la hicieron temblar y a pesar de su nerviosismo, ella quería que continuara. ¿Era esto lo que se sentía ser querida? ¿Ser deseada? Insegura de qué hacer con sus propias manos, decidió reflejar las acciones del hombre. Sin embargo, tan pronto sus dedos se deslizaron sobre la cálida piel del abdomen masculino, Sasuke inmediatamente se puso tenso y se apartó.
—¿Sasuke? —ella preguntó sin aliento mientras se levantaba sobre sus antebrazos y lo miraba fijamente—. ¿Hice algo mal?
El color desapareció de su rostro al darse cuenta de que quizás lo había hecho. Sasuke seguramente había estado con innumerables mujeres que tenían mucha más experiencia que ella. ¿Cómo lo habían besado? ¿Cómo lo tocaron? La idea de que él estuviera con otra mujer, aunque fuese en el pasado, hizo que los celos e inseguridades girara en su interior. Probablemente estaba decepcionado con ella.
—Yo... No tengo mucha experiencia en esta área —murmuró, sus mejillas ya no se colorearon por la excitación, sino por la vergüenza.
Sasuke se movió fuera de ella, rodando sobre su espalda y sentándose en su lado en la cama con un bufido. Hinata intentó tragar, pero descubrió que era casi imposible.
—No manejo bien... El que me toquen —dijo Sasuke, rompiendo el incómodo silencio entre ellos.
Hinata se movió y miró al Uchiha. ¿Él no manejaba bien que lo tocaran? Ella abrió la boca para interrogarlo, pero él estaba deliberadamente mirando hacia otro lado y las puntas de sus orejas se habían puesto rojas. Estaba... ¿Avergonzado? Si hubiera estado con mujeres antes, ¿por qué era reacio a estar con ella? A no ser que…
—Sasuke —comenzó, analizando cuidadosamente sus palabras antes de pronunciarlas—. ¿Has experimentado con otras mujeres?
Su corazón vibró ruidosamente en sus oídos y la respiración contenida mientras esperaba una respuesta. Él no respondió verbalmente a su pregunta, pero su silencio por sí solo fue suficiente. Sabía que él nunca lo diría en voz alta, ellos estaban en la misma posición como novatos sexuales. Por extraño que pareciera, fue casi un alivio saber que ella no estaba compitiendo con otras chicas imaginarias.
Su propia vergüenza e inseguridad comenzaron a desaparecer y una cálida sensación de satisfacción tomó su lugar. Una pequeña sonrisa tiró de las comisuras de sus labios mientras se acurrucaba al lado del Uchiha, presionando su nariz contra su pecho. Él saltó levemente ante el contacto, pero ella le pasó un brazo por la cintura para mantenerlo en su lugar.
—Hinata —dijo Sasuke, su voz era tensa por la confusión de estar en una posición ligeramente sumisa. Usualmente, era él quien tomaba el control.
—Tengo sueño —ella murmuró, era mentira, por supuesto, pero eso impidió que él se alejara.
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—Ah. Podría beber un trago.
—¡Lady Tsunade! ¡Todavía nos queda una hora de servicio!
—¿Qué diferencia hace una hora? De todos modos, hay una botella en mi escritorio. Podemos comenzar ahora...
—¡Por última vez! ¡No puedes beber en el hospital!
Sakura sonrió mientras veía a su mentora objetar a Shizune. Tampoco podía culpar a Tsunade por querer un trago. Hoy, Sakura había estado particularmente ocupada con cinco nacimientos, tres cirugías menores y un flujo interminable de dolencias varias. Afortunadamente, sus aprendices estaban adquiriendo conocimientos y empezaban a ser más una ayuda y no un obstáculo. Aunque todavía no les podía delegar responsabilidades.
—¡Deja de perseguirme! —Tsunade refunfuñó y se reclinó en el banquillo, con los brazos extendidos detrás de su espalda—. Estoy tan cansada.
—Deberías tomarte unas vacaciones —Sakura sugirió y unos ojos dorados se estrecharon en su dirección.
—¿Tratando de expulsarme ya?
La mujer de cabello rosado se rio y negó con la cabeza.
—Nadie puede reemplazarte, lady Tsunade.
Las tres mujeres se sentaron en un cómodo silencio en los jardines del hospital y, por primera vez en todo el día, disfrutó del sonido de la quietud. Suspirando, Sakura miró hacia los jardines del hospital y se permitió entretenerse en las plantas. Todo era verde y exuberante, los grandes girasoles que bordeaban la pasarela se marchitaban con la carga de sus semillas. Los arbustos de rosas estaban intercalados con parches de coloridas petunias y diminutos molinos de viento giraban perezosamente con la brisa. A lo largo del sendero del jardín, algunas de sus enfermeras empujaban a los pacientes en sillas de ruedas para permitirles tiempo al aire libre.
A pesar de su belleza, el jardín del hospital todavía era bastante pequeño. Con el tiempo esperaban expandirse al área vacía al lado del hospital donde se erigiría una nueva ala. Por maravillosa que fuera la medicina, no había nada mejor para la recuperación que el aire fresco y la paz. Sakura suspiró de nuevo, un molesto pensamiento tiraba en la parte posterior de su mente. La paz era algo que no había podido encontrar realmente desde el día en que descubrió que Sasuke se iba a casar.
«—No —ella frunció ligeramente el ceño—. Eso no es verdad.»
Ella se había sentido incómoda desde el final de la guerra. Había estado preocupada sobre cuándo el Uchiha iba a despertar y una vez que lo hizo, había estado ansiosa por el día en que finalmente la notara. La única paz que había encontrado era cuando no estaba pensando en él. Durante las noches que había pasado en el departamento de Naruto, los pensamientos acerca de Sasuke apenas habían cruzado por su mente.
En cambio, ella se entregó libremente a las payasadas infantiles de Naruto cuando llegó a casa. Sabía que arrojaba a la basura todo lo que cocinaba tan pronto ella se dormía. Sabía que su mayor diversión del día era con él. Sabía que al final del día, sin importar cuán agitado hubiera sido, Naruto estaría allí con esa tonta sonrisa en su rostro y de repente todo su estrés se aliviaría. Era con Naruto con quien se sentía más como ella. Siempre había sido así. Sakura gimió y se pasó una mano por el cabello. Esto era demasiado...
Ribit. Ribit.
Ante el distintivo sonido del croar de una rana, Sakura volvió su atención a donde Tsunade estaba sentada en el banco del parque. Junto a ella había una rana verde del tamaño de una de las rocas decorativas del jardín. Al ver a la rana, Sakura se pasó la mano por el rostro y gimió. ¿Cuándo se iba a detener?
Ribit. Ribit.
Suspirando, Sakura tendió su mano a la rana y esperó lo inevitable. La rana luego abrió la boca y escupió una nota antes de desaparecer en una nube de humo. Sorprendente, la nota no estaba mojada a pesar de su entrega.
—Él es persistente ¿verdad? —Tsunade dijo y Sakura sintió que sus mejillas se calentaban ante la inferencia de la mujer.
—No sé de lo que estás hablando —murmuró Sakura, metiendo la nota en el bolsillo de su bata de laboratorio.
No necesitaba leerla porque sabía que decía lo mismo que todas los demás. Trató de actuar despreocupada, pero la forma en que Shizune y Tsunade intercambiaban miradas entre sí, dificultaba su tranquilidad.
—Creo que iré a terminar un poco del papeleo… —Sakura comenzó y camino hacia el hospital solo para ser detenida por otra rana.
Ribit. Ribit.
—Probablemente deberías responderle pronto —dijo Shizune, ajustando a un dormido TonTon en sus brazos—. Los pacientes se asustan con los sapos que aparecen en lugares aleatorios.
—No hay nada que decir —respondió Sakura.
Se puso en cuclillas para aceptar una nueva nota de la rana que desapareció inmediatamente como las anteriores. Como había hecho con la nota anterior, se la metió en el bolsillo sin leerla.
—Si no hay nada que decir, dile que se detenga —gruñó Tsunade, apoyando su mejilla en su mano—. Uno de esos pequeños gremlins terminó en mi taza de café esta mañana. Es peor que Jiraiya.
Sakura asintió. Realmente debería confrontar a Naruto sobre sus persistentes intentos de acercarse a ella. Pensó que estaba siendo sutil con su enfoque, pero el hombre no tenía ningún concepto de lo que esa palabra significaba.
—En cualquier caso, es mejor dejarlo resuelto ahora. Tiene una fila de fangirls de una milla de largo ahora que es el salvador de la aldea y todo.
Sakura sintió que sus orejas se crispaban ante las palabras de Tsunade. ¿Naruto tenía fangirls? ¿Uzumaki Naruto? ¿El hombre que era famoso por ponerse la camiseta al revés en la mañana y que perdería su propia cabeza si no estuviera unida a su cuerpo?
—Oh, no actúes tan sorprendida —Tsunade se rio—. Tan pronto como las demás entiendan que tienen una oportunidad, lo tomarán. Él es un cabeza dura, pero tal vez madure con una novia. Quién sabe.
—Naruto no sabría qué hacer con una novia si tuviera una —Sakura resopló, cruzando sus brazos sobre su pecho, indignada. Tsunade puso los ojos en blanco y se levantó del banco del jardín.
—Bueno, no tiene mucha práctica si te está persiguiendo ahora ¿verdad?
—¡Lady Tsunade! —Shizune siseó.
Sakura hizo una mueca.
—Necesito un trago —la rubia suspiró antes de buscar en su bolsillo y sacar una llave—. Aquí. Lo hiciste bien hoy. Desde mañana estarás fuera del período de prueba.
—Lady Tsunade —Sakura jadeó cuando apenas captó la llave de la oficina que su mentora le arrojó—. Gracias.
—No me agradezcas. Espero retirarme pronto, así que te exigiré aún más que antes. Prepárate —dijo con un encogimiento de hombros antes de que su voz tomara un tono más serio—. Ah, y Sakura, dile a Naruto que deje de enviar sapos de disculpa o aplastare al próximo que vea.
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Naruto suspiró mientras arrastraba su cansado cuerpo por las escaleras hacia su departamento. Los estudiantes de la academia siempre lograban agotarlo, especialmente la clase de los casos especiales. Él no había tenido tanta energía cuando tuvo esa edad ¿verdad? Aun así, por muy exigentes que fueran, le gustaba aparecer en su clase de vez en cuando.
Bostezando, el rubio abrió la puerta de su departamento y entró de mala gana. Una vez que cruzó el umbral, se sorprendió al descubrir que el lugar no estaba vacío. En cambio, todas las luces estaban encendidas y la basura había sido recogida del piso.
—¿Hola? —Naruto gritó mientras avanzaba hacia su pequeña sala de estar.
—¡Estoy aquí! —una voz familiar gritó desde su habitación.
«—Sakura! —pensó emocionado.»
¿Ella finalmente había aceptado su disculpa? Solo le tomó unos pocos pasos llegar hasta su habitación, donde abrió la puerta. Sakura estaba frente a su armario, mirando un par de pantalones que eran demasiado pequeños para él antes de encogerse de hombros y arrojar la prenda por sobre su hombro y esta aterrizó en una pila en el medio de su habitación.
—Sakura... —comenzó vacilante. Si ella estaba arrojando sus cosas así, tal vez no lo había perdonado—. ¿Qué estás haciendo?
—No te deshaces de nada —ella dijo.
Naruto se rascó la parte posterior de la cabeza, estaba más confundido que antes. Claro que no le gustaba tirar cosas, uno nunca sabía cuándo algo podía ser útil. Hizo una mueca cuando ella sacó varias camisas rotas de sus perchas y las agregó a la pila. Quizás ella todavía estaba enojada con él.
—¿Vas a quedarte ahí o me vas a ayudar? —Sakura preguntó, lanzándole una camisa color verde.
—Sakura…
—¿Qué? ¿No Sakura-chan?
Aunque su tono era serio, cuando se giró para mirarlo, parecía estar entretenida. Si estaba divertida, eso significaba que no estaba enojada. Si ella no estaba enojada, ¿por qué estaba tirando su ropa?
—Sakura... Antes... Realmente lo... —comenzó, pero la mujer en cuestión levantó su mano y negó con la cabeza.
—No quiero escucharlo —ella dijo, alejándose de él y del armario hacia donde estaba su bolso sobre el escritorio.
A continuación, abrió la cremallera y volcó su contenido. Las notas sin abrir cayeron sin ceremonia al piso. Con una sacudida, la última nota cayó del bolso. Los ojos color esmeralda lo miraban desde el otro lado de la habitación, su expresión ahora le era ilegible, incluso después de años de conocerse.
—No leí ninguna de tus notas —ella dijo, metiéndose un mechón de cabello rosa detrás de la oreja—. Ese día cuando Sasuke… Quiero decir… Supongo que fuiste tú quien dijo que mi frente era linda... Estaba tan feliz. En ese momento pensé que era sincero...
—No te estaba mintiendo. ¡Quise decir lo que dije! —Naruto lo interrumpió.
Puede que no fuera él mismo, pero sus palabras, tan torpes y cursis, eran la verdad. Sakura se sonrojó en respuesta y asintió.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué? —preguntó, los ojos azules cayeron sobre la pila de notas no leídas.
—Porque no quiero que te disculpes. Si quisiste decir lo que dijiste, entonces está bien —indicó mientras ponía las manos en sus caderas—. ¡La próxima vez cuando lo digas, deberías hacerlo con tu propia boca en lugar de hacerme pensar que eres alguien más!
Naruto parpadeó. ¿Estaba diciendo lo que él pensaba que estaba diciendo?
—¿Así que no estás enojada?
—¡Naruto!
El rubio sonrió y cruzó la habitación hacia donde se encontraba su antigua compañera de equipo. Ella entrecerró los ojos cuando él se acercó y cruzó los brazos sobre su pecho.
—¡Todavía estoy enojada, Naruto!
—Pero no estás realmente enojada —dijo, pasando sobre la pila de ropa y luego el montón de notas para alcanzarla.
Ella comenzó a alejarse de él, pero el escritorio le impidió continuar. Cuando la abrazó, ella trató de alejarlo, sus intentos fueron bastante patéticos. Esto solo lo envalentonó para abrazarla más fuerte porque ella si lo quisiera, podría haberlo arrojado por la pared.
—Enviaste demasiadas ranas al hospital —ella gruñó, aunque sus palabras sonaban distorsionadas.
—No respondiste a mis mensajes —Naruto hizo un puchero.
¿De qué otra forma se suponía que iba a hablar con ella cuando se negaba a hablar con él?
—No deberías usar tus invocaciones así. La próxima vez no uses ranas.
Naruto se apartó ligeramente, pero ella se negó a mirarlo. Un rubor casi tan brillante como su cabello tiñó sus mejillas.
—¿La próxima vez? —preguntó y Sakura se encogió de hombros.
—Se que me harás enojar de nuevo, como este apartamento. ¿Por qué tienes tanta basura, Naruto? Realmente necesitas limpiar esto. La mitad de estas cosas ya no te quedan bien. ¿Cómo puedes vivir así? ¿eh?
Naruto solo sonrió y se apartó, permitiéndole continuar su diatriba. Ella estaba en lo cierto. Inevitablemente la haría enojar de nuevo.
La próxima vez no usaría ranas.
La próxima vez usaría clones.
La próxima vez…
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—El divorcio no está permitido.
—Hmmm.
—Como matriarca, tienes que mantenerte al día con todos los cambios del clan. Bodas y funerales. Nacimientos y muertes. Realizar ritos y ceremonias.
—Mmm.
Sasuke rodó sus ojos ante el letargo de la mujer. Nada la disuadía o quizás estaba demasiado cansada para preocuparse. Ella no tenía mucho para decir. Si sus padres estuvieran vivos, él tampoco se opondría. La única forma de salir del contrato era que el jefe de cada clan exigiera su nulidad o que todas las partes involucradas murieran. Ahora que Itachi estaba muerto, la responsabilidad de casarse con Hinata recayó en él y el mismo destino le sobrevendría a Hanabi si algo le sucediera a Hinata. Viendo que no estaban viviendo una guerra, él dudaba que Hinata tuviera un prematuro final.
Una brisa fresca recorrió el distrito Uchiha, revolviendo las plumas de los cuervos que holgazaneaban en los árboles. Debajo de uno de los árboles, Sasuke se sentó cómodamente con la espalda apoyada en la áspera corteza. Hinata descansaba su cabeza en el regazo del Uchiha. Sus hombros se levantaban y caían de forma constante mientras él le acariciaba el cabello. Parecía que le gustaba cuando jugaba en su cabello, lo cual era conveniente porque le gustaba tocarlo.
—Aquí dice que tendrás que dar a luz a dos niños dentro de los primeros cinco años —Sasuke se mofó, su mano libre sostenía el contrato a solo unos centímetros de su nariz—. Eso parece... Excesivo.
—Mmm —Hinata murmuró mientras rodaba sobre su espalda, sus ojos aún estaban cerrados—. No es irrazonable o imposible.
Sasuke se mofó y dejó el pergamino en la hierba. Que no era algo irrazonable, bah. Volvió a mirar a Hinata quien finalmente había abierto los ojos y se sorprendió al encontrar su mirada de alegría. Los labios rosados se curvaron en una pequeña sonrisa, sus ojos se arrugaron ligeramente por la información que quería divulgar.
—Los gemelos son usuales en mi familia —ella dijo y con esa declaración, Sasuke estuvo a punto de estallar, pero afortunadamente lo disimulo como un ataque de tos.
—¿Qué? —expresó entre toses.
Hinata asintió y se sentó junto a él.
—Tiende a saltarse una generación. Mi padre tuvo un gemelo, ¿recuerdas?
Él lo hizo. Ausentemente se pasó una mano por el cabello y dejó escapar un lento suspiro. Gemelos. No era una garantía, pero podría suceder. Tendrían que tener más de un hijo para revivir un clan. Un clan de un solo hombre no duraría mucho. Sasuke vio a Hinata por el rabillo del ojo y notó la mirada preocupada.
—¿Estás molesto? —ella preguntó.
¿Sorprendido? Sí. ¿Un poco abrumado por la posibilidad? Sí. ¿Molesto? No. Tener hijos con alguien como Hinata solo fortalecería la línea Uchiha. Ahora que lo pensaba, ella era la opción más viable de todas las kunoichi del pueblo. Sasuke sonrió y usó suavemente sus dedos para acomodar el desordenado flequillo de Hinata. Sus padres habían elegido bien. Su pequeño gesto de seguridad, no verbal, hizo que la Hyūga se sonrojara y se alejara de él para poder arreglarse el cabello por sí misma. Sasuke la miró, ligeramente divertido por lo linda que se veía cuando estaba avergonzada.
—Sasuke —ella comenzó, su sonrojo se hizo más profundo mientras hablaba—. ¿Cuántos niños quieres?
Ante sus palabras, sintió que su propio rostro se calentaba y apartó la vista. Había pensado en revivir su clan cuando era niño, pero nunca lo pensó demasiado. Ese objetivo se había quedado en el camino a medida que se iba haciendo mayor, pero ahora... Le echó una mirada a Hinata por el rabillo del ojo. Estaba un poco borrosa desde esa distancia, pero lo que él había visto de ella hasta ese momento, le gustaba.
Sus ojos característicos de los Hyūga no eran tan espeluznantes como él había pensado que serían, el tono lavanda en ellos ayudó a suavizar su apariencia. Su pálido rostro en forma de corazón estaba delicadamente enmarcado por cabello un color que el creía que era negro azulado. Quizás cuando su visión volviera a su máxima capacidad, él sería capaz de resolverlo. Lentamente, sus ojos se desviaron hacia abajo y luego hacia una parte del cuerpo que hacía que su sangre hirviera. Su impresión inicial de Hinata había sido correcta. Ella era suave, pero de la forma en que debía ser...
—Sasuke... ¿Estás bien? —ella preguntó mientras se inclinaba hacia adelante para presionar una mano contra su ardiente frente.
Él no estaba bien.
Esta mujer se acostaba a su lado todas las noches e incluso cuando estuvo ciego le fue difícil mantener sus manos alejadas de ella. Era inquietante la facilidad con que sus instintos básicos superaban todo el decoro que él había adquirido a lo largo de los años. Él había visto a muchas mujeres a lo largo de su corta vida. Las que eran planas, las que podrían alimentarte y las demás. Las había ignorado a todas, sin haber fijado sus ojos en ellas como para decidir si eran su tipo o no. Incluso, hasta cierto punto, fue capaz de ignorar a Hinata, pero con el tiempo sus manos se demoraban más de lo que debían y sus ojos vagaban.
Era alarmante que se sintiera atraído por alguien de esta forma, pero era necesario, ¿verdad? Sasuke apartó ese pensamiento tan pronto apareció. Sentirse atraído por Hinata no tenía nada que ver con revivir a su clan. Innegablemente lo haría. Por mucho que odiara admitirlo, incluso a sí mismo. Naruto podría tener un punto allí. Tal vez y solo tal vez, realmente tenía sentimientos por ella.
—¿Sasuke? —dijo Hinata nuevamente, su voz sonaba un poco más preocupada que antes.
«Sasuke.»
Ciertamente le gustaba la forma en que decía su nombre. Incluso cuando buscaba respuestas. La forma en que su nombre salía de sus labios, se sentía correcto. Sasuke parpadeó ante su propio pensamiento y se alejó de la mano de la Hyūga. Estar al aire libre por tanto tiempo lo hacía tener pensamientos locos.
—¡Hinata-sama! —una voz desconocida llamó a la distancia—. ¡Hinata-sama!
La mujer en cuestión se tensó, pero no respondió a la voz que la llamaba. Sasuke la miró con curiosidad, pero ella se negó a devolverle la mirada. En cambio, le dio un suave beso en la mejilla antes de ponerse de pie. Con la espalda y hombros tensos, dio un paso adelante en dirección a la voz.
—¿A dónde vas? —preguntó Sasuke, sus palabras salieron antes de que tuviera la oportunidad de detenerlas.
Hinata lo miró por encima del hombro y aunque a esa distancia la veía borrosa, sabía que ella estaba sonriendo.
—Volveré pronto.
Con eso, se fue y un escalofrío le recorrió el cuerpo.
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—¡Nee-chan, soy yo! —Hanabi gritó desde la puerta delantera.
Ella había estado llamando durante diez minutos, pero nadie había venido a abrir la puerta. El distrito Uchiha estaba horriblemente vacío, así que ella sabía que los únicos ocupantes estaban en casa, el ANBU que estaba en el techo le decía aquello. ¿Por qué su hermana no estaba atendiendo a la puerta? ¡El sol recién se había puesto, ella debería estar en casa! Tomando una respiración profunda levantó su puño para golpear la puerta otra vez.
—Hina… ¿Dónde está mi hermana? —Hanabi exigió al ver que el Uchiha fue quien abrió la puerta. Antes de que él pudiera abrir la boca para responder, ella se metió en la casa tenuemente iluminada—. ¡Hinata!
—Deja de gritar —el Uchiha refunfuñó, apoyándose contra la puerta abierta con los brazos cruzados sobre el pecho.
Hanabi giró sobre sus talones y miró al hombre. ¿Cómo podría actuar tan tranquilamente en un momento como este? Le había tomado unos días de espionaje el averiguar lo que su padre estaba planeando. La mayoría de los miembros del clan ignoraban lo que estaba pasando bajo sus propias narices, pero ella sabía que algo estaba mal. Fue solo cuando vio que el dojo estaba preparado para la ceremonia de sellado hace menos de media hora que finalmente juntó todas las piezas. Iban a sellar a su hermana. Iban a sellarla. ¿Cómo podía su padre hacer algo como eso? ¿Qué sentido tenia atar a Hinata a este repugnante hombre si la iban a sellar? Hanabi sintió sus uñas clavándose en sus palmas mientras hacía su mejor esfuerzo para mantener la compostura.
—¿Dónde está mi hermana? —preguntó tan cortésmente como pudo con los dientes apretados. Los ojos oscuros se entrecerraron sospechosamente y dio un paso adelante.
—Tú, de todas las personas, debería saber dónde está —dijo sin emoción.
—¿De qué estás hablando?
—Hn. Uno de los hombres de tu clan vino a recogerla antes.
Hanabi sintió que su sospecha sobre el Uchiha se desvanecía y rápidamente fue reemplazado por pánico. No. Esto no estaba sucediendo. Sasuke dio otro paso, pero ella lo ignoró y comenzó a caminar de un lado a otro. Era lo único que podía hacer para evitar que su mente enloqueciera.
—¿Qué está pasando? —Sasuke preguntó.
La adolescente lo miró mientras continuaba caminando. ¿Realmente él no sabía lo que estaba pasando?
«—¡Maldición! —Hanabi dijo mentalmente—. ¡Ella estuvo sufriendo en silencio! ¿Cómo puede ser tan estúpida?»
—¿Cuánto tiempo hace que Hinata se fue? —preguntó.
—Doce minutos con cuarenta y tres segundos —respondió rotundamente, eso fue suficiente para hacer que Hanabi se detuviera y se volviera para mirarlo a los ojos.
—¿Mantienes un registro exacto de cuánto tiempo está lejos?
El Uchiha no respondió, pero Hanabi continuó mirándolo con curiosidad. El hecho de que él vigilara tan de cerca las entradas y salidas de Hinata le quitó gran parte de la aprensión que sentía por él. Este hombre era un mentiroso y un traidor, pero también era... Extraño. Dejando de lado ese análisis, sacudió la cabeza y se dirigió a la puerta. Si Hinata hubiera estado ausente durante doce minutos, eso significaba que tendrían que haberla encontrado por el camino. ¿Cómo la había pasado por alto? ¿Había estado tan distraída por el pánico que no se había dado cuenta? Justo cuando estaba a punto de irse, Sasuke le agarró del brazo.
—¿Qué pasó? —preguntó, o más bien exigió.
Hanabi levantó una ceja y tiró de su brazo fuera de su alcance. Este idiota no estaba preocupado por su hermana... ¿O sí? Estrechando sus ojos, dio un paso hacia él. No tenía derecho a preocuparse por Hinata. En primer lugar, era su culpa que ella estuviera en esta situación. ¡Todo esto fue su culpa!
—Los ancianos no encuentran que seas digno de confianza —dijo con voz fría y firme mientras mantenía contacto visual con el hombre que tenía delante—. Hinata será la garantía. No sé por qué, pero la van a sellar.
Apartándose del Uchiha, bajó rápidamente los escalones del porche delantero hasta la entrada principal. Ella había pasado demasiado tiempo con el Uchiha. Si era lo suficientemente veloz, podría detener a Hinata antes de llegar al complejo. Si no….
Hanabi negó. Ella no podía pensar en eso ahora. Las dudas solo la retrasarían. Justo cuando cruzaba la puerta principal, escuchó el crujido distintivo de la grava. Ella miró fijamente, con la boca ligeramente abierta, la mancha oscura que pasó zumbando a su lado.
«—Este hombre —Hanabi pensó mientras apretaba los labios y aceleraba su propio ritmo.»
Ella tenía muchas suposiciones sobre quién era Uchiha Sasuke como hombre. Ella nunca confiaría en él. Era más fuerte de lo que parecía y podría aplastar la aldea si se lo proponía. Sin embargo, nunca en un millón de años habría supuesto que le importara alguien más que él.
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Hinata estaba sentada con la espalda recta y las piernas cuidadosamente dobladas debajo de ella. Al igual que el día en que se enteró del contrato matrimonial, su padre y los ancianos estaban sentados en un semicírculo frente a ella. Esta vez, sin embargo, no hubo un espacio reservado para el Hokage. Esta no era una situación en la que se suponía que hubiera extraños. Ni siquiera el Hokage.
—Hyūga Hinata —dijo el anciano a la derecha de su padre, leyendo un pergamino que había pasado a través de su clan por más generaciones de las que ella podía imaginar—. Hija de Hyūga Hiashi y Hyūga Hikari. ¿Está sentada ante nosotros la mujer que dices ser?
—Lo estoy —Hinata respondió, orgullosa del hecho de que su voz no titubeó.
Su padre asintió para confirmar que ella era quien decía ser. Se sintió un poco tonto tener que probar su identidad ella misma, pero esto generalmente se hacía por los niños que eran representados por sus padres.
—¿Acepta ser marcada con este sello y los términos que acordaste cumplir?
Hinata tragó saliva y asintió.
—Sí.
—La desobediencia y el incumplimiento pueden significar la muerte. ¿Entiendes?
—Lo hago.
Ella sabía en lo que se estaba metiendo. Las palabras del anciano no influyeron en su voluntad. Si fuera Sasuke quien estuviera por ser sellado, ella intervendría en todo momento. Había progresado tanto en estos últimos cinco meses que habían pasado juntos. Él confiaba en ella. Permitir que su familia los separe por el miedo que le tenían, rompería lo que quedaba del hombre en el que intentaba convertirse. Él confiaba en ella y ella confiaba en él. Sasuke no traicionaría a la aldea. Tampoco dañaría a su clan. Sin embargo, las palabras por sí solas no eran suficientes para probar eso.
Detrás de ella, la puerta shoji del dojo se abrió y un miembro de la rama secundaria se dirigió cuidadosamente al centro de la sala con una bandeja. Cuando dejaron la bandeja sobre el tatami junto a ella, Hinata echó un vistazo al contenido. Una sola taza de porcelana estaba allí, llena de un líquido transparente. Nunca lo había probado antes, pero sabía que no tenía sabor y, por supuesto, no olía a nada. Eso hacia más fácil que los niños lo tomaran. Tranquilamente, ella tomó la taza y lentamente la llevó a sus labios.
Ella tenía solo tres años cuando Neji fue sellado. Ella no tenía concepto del mundo en ese momento y, sin embargo, ese peso había sido colocado en sus jóvenes hombros. ¿Comprendió lo que estaba sucediendo en ese momento? ¿Tuvo miedo? Al menos ahora ella lo hizo por opción... Algo que él nunca llegó a tener. No se arrepentía de su elección, aunque sabía que a su primo le parecería repugnante. Lo único que le molestaba era el hecho de que no se lo había dicho a Sasuke.
«—Sasuke —pensó—. Le dije que volvería pronto, pero no regresare hasta mañana.»
Cerrando los ojos, bajó la taza antes de volver a colocarlo en la bandeja.
«—Por favor, no te enojes.»
Mientras inhalaba profundamente, ya podía sentir los efectos de la bebida que le habían dado. Sus músculos se relajaban lentamente y su corazón que había estado latiendo fuertemente comenzaba a calmarse. Su padre y dos de los ancianos se levantaron y se acercaron a ella en silencio.
—Cierra los ojos Hinata —dijo su padre.
Ella no necesitaba que le dijeran que lo hiciera. Sus ojos ya se estaban cerrando por sí mismos. Igual, fue lindo de su padre decirlo. En este estado, su voz sonaba distante, pero también casi... Reconfortante. La cálida mano de su padre descansó sobre su frente por un momento antes de que los sonidos amortiguados de una pelea llegaran a los oídos de los ocupantes del dojo. La puerta shoji se abrió con un fuerte crujido y la mano de su padre la dejó.
—¿Sasuke? —exclamó su padre, algo alarmado por la intrusión.
«—¿Sasuke? —Hinata pensó mientras obligaba a sus pesados párpados a abrirse.»
—¿Qué significa esto?
Hinata parpadeó ante los alarmados ancianos, todos estaban ahora de pie. Trató de darse la vuelta para ver qué pasaba detrás de ella, pero sus músculos se negaron a moverse.
—¡Hinata-nee-chan! —Hanabi gritó, pequeños pasos sonaron sobre el tatami para encontrarse con ella.
—¿Ha... Na... Bi? —Hinata dijo.
Sus cejas se fruncieron al oír su propia voz, su lengua ahora era demasiado torpe.
—Uchiha, ¿qué significa esto?
—Hanabi, ¿te atreviste a traerlo aquí?
¿Qué estaban haciendo aquí? ¿Por qué? La conmoción de los ancianos y las airadas refutaciones de Hanabi se unieron en un desorden incoherente. Apenas podía mantener los ojos abiertos y mucho menos distinguir lo que gritaba. Sin embargo, la habitación se calló cuando su padre levantó la mano.
—¿Cuál es tu asunto ante el clan Hyūga? —preguntó con voz sorprendentemente tranquila y suave a pesar de la tensión en la habitación.
También había tres o cuatro personas extra y otras fuera de su línea de visión.
—Como jefe de los Uchiha y único miembro del clan, declaro nulo este contrato —dijo Sasuke.
¿Nulo? ¿Estaba escuchando correctamente?
Ella no tuvo mucho tiempo para analizar el significado de sus palabras antes de que un pergamino fuese lanzado frente a ella.
«—El contrato de matrimonio —Hinata pensó mientras su cuerpo finalmente renunciaba a su habilidad de sostenerla en posición vertical.»
Apenas sintió su cuerpo golpear el piso o los gritos que comenzaron poco después. En un abrir y cerrar de ojos, el pergamino delante de ella estuvo envuelto en llamas, quemando el tatami debajo.
FIN
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Notas: ¡Hola! ¿cómo han estado? Yyyy… Aquí estamos, llegamos al final de la historia. Sinceramente siento que no quiero que esto se termine, pero lamentablemente la historia tenia que terminar en algún momento. Bueno, espero que la historia fuese de su agrado, por mi parte, disfrute mucho de compartir esta historia con ustedes. Gracias por todo el apoyo que me dieron. Mil besos.
Naoko Ichigo
