Capítulo 2: Informe extraoficial

Verano del año 2100 (250TM)

Con los primeros rayos del sol emergiendo en el horizonte una joven mujer se preparaba para iniciar su día a día. Tomó una ducha y se enfundó en el flamante y pulcro uniforme de la Legión de Reconocimiento. Su cabello azabache aún estaba húmedo mientras se calzaba las botas y buscaba en un pequeño estuche su insignia de teniente poniéndola sobre la chaqueta marrón. Se levantó de la cama y se miró al espejo que había en una pared. No buscaba verse hermosa, nunca le preocupó eso; examinó con detenimiento que su uniforme estuviera en perfectas condiciones, sin manchas y sin arrugas. Mientras miraba su reflejo sus ojos se desviaron por un momento a la ventana.

Esa mañana arribaron a la base dos batallones de vehículos blindados de asalto, parte de la División de Blindados de la Legión de Reconocimiento. También dos escuadrones de helicópteros de rescate de la División de Rescate de Combate. La movilización de recursos y efectivos militares no tenia comparación con ninguna otra en la historia del reino. Sin embargo, cuando los ojos oscuros de esa joven miraban todo el poder bélico reunido no se emocionaba o se sorprendía.

Dos golpes en su puerta llamaron su atención. Se acercó a abrir de inmediato, topándose con el rostro de su capitán.

—Mikasa, pensaba que te encontraría aun dormida. Son las seiscientas horas —llamó el renombrado capitán August ataviado con su elegante gabardina de oficial.

—Mi capitán —respondió ofreciéndole un saludo formal—. Pensé que requeriría mi asistencia este día.

El barbado hombre arqueó una ceja y esbozó una sutil sonrisa. Con un movimiento de la cabeza le indicó a la teniente que lo siguiera fuera del barracón. Caminaron por las instalaciones de la base. El movimiento era constante, no había calma ni tranquilidad. Vehículos llegaban y vehículos salían. Muchos capitanes decidieron sacar a sus tropas para entrenar esa mañana.

—Tengo una reunión muy importante con el alto mando y miembros del alto consejo, Mikasa. Supongo que desean afinar detalles sobre la operación. Me temo que no podrás acompañarme —dijo él.

—Aguardaré fuera de la sala entonces, capitán —respondió ella con serenidad mientras una larga caravana de vehículos de transporte entraba en la base.

—¿Algo te incomoda, Mikasa? —preguntó el superior mirando a su allegada.

Dominic entendía bien a la chica de inexpresivo rostro. La conocía lo suficiente como para notar que algo turbaba su siempre serena mente.

—Yo… hay algo que me incomoda, capitán. No puedo explicarlo. Toda esta movilización y esta operación tan repentina me generan un mal presentimiento —reveló ella con un deje de vergüenza.

—Normalmente reprendería a uno de mis soldados por dudar; pero admito que el sentimiento es compartido —dijo el veterano para sorpresa de su subalterna—. Algo no me cuadra con todo esto, y espero poder zanjar esa duda en esta reunión.

Sacó de su gabardina una tarjeta negra y se la entregó a Mikasa. La chica cuestionó con la mirada esta acción.

—Necesito que te relajes durante estos días, ¿sí? —entonces el hombre desvaneció su serio semblante para ofrecer una sonrisa—. Es mi tarjeta de créditos. Ve a la ciudad, come algo, bebe algo, ve a un museo. Has lo que quieras para relajarte y diezmar tus preocupaciones. Te necesito centrada y preparada para esta misión.

—C-capitán, puede que necesite mi ayuda para…

—Cuando estemos fuera del muro Rose créeme que te voy a necesitar; pero hasta que llegue ese momento no. Vamos, escuché que en el centro de la ciudad hay una pastelería excelente, muy famosa, y su especialidad son los pastelillos de durazno.

Mikasa no estaba segura de separase de su capitán; la idea de salir por la ciudad no le agradaba, hasta que escuchó de ese manjar. Una muy sutil sonrisa se dibujó en sus rosados labios y aceptó la oferta guardando en su chaqueta la tarjeta de créditos de su capitán.

Toda la movilización causada por la operación militar sirvió para que una horda de soldados que aguardaban el inicio de la misión saliera de la base para buscar distracción en la ciudad. Los bares fueron los lugares con mayor concurrencia de soldados que buscaban ahogar los miedos en el alcohol y expresar sus temores al amparo de la embriaguez. Los civiles se sentían dichosos de ser el centro de organización de tal gesta.

Los miembros de la Legión de Exploración recibían el respeto y la atención de los civiles demostrando en toda clase de gestos. Mikasa prefería evitar esta clase de interacciones, y para ello se colocó encima de su uniforme una sudadera con capucha de color gris, de esta forma nadie se le acercaba o la abordaba con elogios y congratulaciones. Sin ser percatada por los civiles de la ciudad la chica avanzó a pie arribando al centro de, zona poblada de grandes edificios y entre los cuales se encontraban numerosos establecimientos de comida, entre restaurantes, bares, cafeterías y demás. Pronto sus ojos advirtieron de una pequeña, pero elegante, pastelería situada en una esquina. Se adentró en el local encontrándose ante varios vitrinas refrigeradas y frigoríficos.

Bastaba con echar un vistazo a la confección y los colores de los productos para entender que su calidad estaba muy por encima de lo comun. La variedad de postres no tenia mesura, desde postres que bien se podían comer de un bocado hasta enormes pasteles para fiestas y eventos. Los había calientes y fríos, con fruta o sin ella.

Mikasa se acercó al mostrador donde ya un viejo pastelero ataviado con su uniforme blanco le ofrecía una sonrisa como recibimiento. A su diestra notó a una tercia de soldados mirando un refrigerador con pasteles, tenían un par de pequeñas cajas con ellos, ya habían comprado algo, aun así, permanecían allí mirando postres y debatiendo con poca suavidad el origen de la vainilla.

—Muy buenos días jovencita. ¿Busca algo en especial? —preguntó amablemente el pastelero a Mikasa—. Si me permite recomendarle algo, lo bollos con mantequilla están recién salidos del horno, ¡son una delicia!

—Muchas gracias, pero me interesan los pastelillos de durazno —dijo ella.

—Me temo que se nos han terminado, jovencita. Los duraznos son muy difíciles de conseguir —Con algo de pena el pastelero agachó la mirada.

Sin mostrar lo decepcionada que se sentía la joven teniente asintió. Dirigió su mirada las vitrinas cercanas pensando en algo que pudiera remplazar ese antojo. Alguien se le acercó captando su atención. Se trataba de uno de esos soldados de aquel grupo. Era joven como ella, con los ojos verdes y el cabello castaño.

—Dicen que los pastelillos de durazno son los mejores de esta pastelería —comentó el chico de amplia sonrisa.

Mikasa no entendió el motivo de sus palabras, se limitó a mirarlo y escuchar. Para su sorpresa él tomó una de las cajas que tenía consiguió y la abrió, dentro cuatro pastelillos de durazno, uno de los cuales le ofreció a ella.

—N-no puedo aceptarlo, es tuyo —negó sorprendida.

—Vamos, no pasa nada. Nosotros ya nos comimos dos cajas además de esta —explicó con una risa amable, insistiendo en que ella lo tomara—. No podría negarle un gusto a una camarada, en dos días estaremos en la tierra de los titanes. Aunque tú estarás con los exploradores en el frente, seguramente.

Los ojos de la teniente se abrieron con mayor impresión. No sabia como ese chico supo que era una exploradora si su chaqueta estaba oculta. Luego atendió a lo que dijo sobre estar en la tierra de los titanes. Él era un novato si se comparaba con ella, un soldado de guarnición y ella una exploradora miembro del BOE. Como podía hablar con esa calma.

Antes de darse cuenta él puso el pastelillo en las manos para que no lo rechazara.

—¿Cómo sabes que soy exploradora? —preguntó mirando los trozos delgados de durazno que coronaban el postre.

—Estabas junto al capitán August cuando el general supremo dio su discurso ayer —respondió él mirándola con un deje de admiración—. Mi nombre es Eren Jeager. Ellos son mis compañeros, Naxos y Armina, venimos de la guarnición del sur. Como podrás imaginar nosotros nunca hemos luchado con titanes, como tú. Pensaba que podrías darnos algún consejo.

Mikasa miró al chico a los ojos unos segundos, luego miró a sus compañeros. Él parecía, de alguna manera, entusiasmado. No era buena con las palabras, no supo que responder. No se consideraba experta en titanes como su capitán.

—No sabría que decirte, soldado Jeager —murmuró con voz suave. Desvió la mirada pues los ojos verdes del chico no se alejaban de los suyos y eso la cohibía—. Nunca los miren a los ojos.

—¿Que? —respondieron los tres soldados.

—Nunca deben mirar a un titán a los ojos. Mi capitán dice que ellos tienen la habilidad de asustar a los humanos con su mirada.

—Jamás escuché eso antes —dijo Amy.

—Será mejor que nos hables bien de los titanes —dijo Eren aún más entusiasmado—. Una exploradora experimentada como tú debe tener mucho que decirle aun trio de novatos. Por cierto, ¿cómo te llamas?

—Mikasa —respondió ella.

Sin darse cuenta se dejó guiar por el chico de ojos verdes. Caminaban los cuatro fuera de la pastelería para conversar y no incomodar a los demás clientes.

—Mikasa… ¿mi casa?... mi casa está en el sur, ¿y la tuya? —dijo Eren evocando repentina e innecesaria broma.

El rostro inexpresivo de la azabache era prueba de que su broma no fue entendida.

—F-fue un chiste estúpido, lo siento —se disculpó avergonzado y ruborizado.

—Bastante estúpido, Eren; además de irrespetuoso —regañó la pequeña rubia—. Es nombre muy lindo. A mi no me gusta mi nombre, me lo pusieron por una amiga de mi abuela. Prefiero que me digan Amy. ¿Dime, Mikasa, eres descendiente de los refugiados de Yamato?

Mikasa se limitó a asentir dándole la razón.

—Lo sabía. Me debes diez créditos, Eren —intervino Naxos dándole un suave golpe en el hombro a su amigo.

Era la primera vez que Mikasa se topaba con chicos de su edad desde que salió de la Academia Militar de Mitra. Estos chicos sureños eran raros, con falta de formalidad pues no debían referirse a ella por su nombre, era una exploradora, era miembro del BOE y una teniente. Claro, ellos no sabían todo eso, y ella prefirió no decirlo para evitar que dejaran de actuar de esa forma tan relajada. Si bien los tres se comportaban de forma divertida era Eren quien mostraba ansias de enfrentar a los titanes e interés en aprender de Mikasa lo poco que esta le revelaba. Así pues, los cuatro terminaron dando un largo paseo por el centro de la ciudad.

Mientras Mikasa lo pasaba bien, su capitán enfrentaba una terrible sorpresa.

Dentro de una sala de reuniones en el edificio central de la base se encontraba el capitán August junto a otras importantes personas. Ante sus ojos una carpeta con información clasificada le revelaba terrible verdad y confirmada su peor presentimiento.

¿Esto es una broma? —cuestionó mirando al general supremo y otros dos miembros del gobierno central frente a él. August era un hombre de temperamento calmo, pero en esta situación se esforzaba para contener su enojo—. General Erwin, Levi, ¿ustedes sabían esto?

Su mirada se volvió sobre su hombro mirando a dos hombres de pie. Uno era el comandante en jefe de la Legión de Reconocimiento, Erwin Smith. El otro era el segundo al mando del BOE, un joven capitán de mirada seria y baja estatura de nombre Levi.

—Me acabo de enterar al igual que tú, August, y no estoy más feliz; te lo aseguro —respondió el capitán con una mueca de disgusto mientras miraba por la ventana de la sala.

—¿Toda esta operación, toda esta movilización es solo para encubrir esta misión? —cuestionó evocando dura mirada a los miembros del gobierno central.

Al otro lado el general supremo, Darius Zackly y dos personas a sus lados. Una mujer de adusto semblante ataviada en un elegante traje negro. Al otro lado un viejo hombre de suave mirada y escaso cabello en un traje blanco.

—No se equivoque, capitán —alegó el máximo mando del ejército permaneciendo serio—. La operación tiene su objetivo y eso no está en duda. Simplemente aprovecharemos el avance del ejercito en la región exterior para que ustedes, el BOE, se encarguen de esta misión.

—Eso no suena convincente —intervino el capitán Levi acercándose a la mesa—. Allí afuera hay unos quinientos soldados que jamás han visto o luchado contra un titán, y otros cientos con la mínima experiencia. Los están enviado al infierno y pretende que no estemos con ellos.

—Son soldados —terció una dama a la diestra de Darius—, solo están cumpliendo su deber. Lo que hay oculto en ese laboratorio vale por muchas más vidas de las que se están arriesgando.

—No estoy solicitando nada, ni estoy pidiendo amablemente su colaboración capitanes —intervino el general supremo con severidad—. Les estoy dando una orden, y esa orden viene desde los labios del rey. Limítense a obedecer y cumplir con lo que se les exige.

August apretó la quijada al escuchar esas palabras; Levi cerró los puños sobre la mesa de fina madera dedicando a esos tres una mirada cargada de odio. Antes que alguno de los dos osara dejar salir sus pensamientos en insultos y alegatos el general Erwin se les adelantó tomando a ambos por los hombres con firmeza.

—Mis capitanes cumplirán la misión, general supremo, lo garantizo —aseguró Erwin permaneciendo serio ante la situación.

—Eso espero. No me gustaría ordenar que los arresten después de tan excelso servicio al Reino de Paradis. Le recuerdo que esta misión es extraoficial. Solo el alto consejo y el BOE están autorizados a conocerla.

—Mantendremos el secreto, cuente con ello general supremo. Si me lo permite, yo y mis capitanes debemos atender asuntos de logística y estrategia ante este cambio repentino de directrices. Nos retiramos.

Con un ademan insulso les permitió a los tres retirarse de la sala. Una vez en fuera, caminaron por el corredor. Ambos capitanes acudieron a plantear sus dudas a su general.

—¿Qué demonios hay en la cabeza del alto consejo? ¿Pretende enviar a cientos de soldados a una muerte segura solo para recuperar una muestra en un laboratorio abandonado? ¡Esto está mal, muy mal! —despotricó August sin contenerse.

—Me temía algo como esto —reveló Levi—. Una operación de estas dimensiones requiere años de planeación e investigación, en cambio, el alto consejo la ideó en dos meses. No les importa si logramos sellar la abertura en el Muro María, lo que les importa es recuperar lo que sea que hay en ese laboratorio.

—¿Terminaron? —Erwin no era ajeno a los sentimientos de sus subordinados, los comprendía, pero su aguda mente se planteaba muchas más cosas—. Si me lo permiten ampliaré sus horizontes con información que no debiera revelarles, pero lo hago porque son las personas en quienes más confió.

Ambos capitanes se miraron entre si y guardaron silencio para atender lo que su capitán les revelaría. Se detuvieron frente a una ventana desde donde podían apreciar el movimiento de fuerzas y efectivos dentro de la base.

—En Shinganshina, ciudad que era la capital de la región exterior, se encuentra una instalación secreta de investigación científica. Antes de la caída de esa región ese era el centro de investigación de titanes más importante de todos; cuando la invasión se hizo presente se dio la orden de evacuar el lugar y destruir toda la información que no pudiera ser rescatada. Todos los científicos que estaban presentes ese día murieron en la invasión, solo unos pocos que no se encontraban allí sobrevivieron. Los secretos e investigaciones que allí se realizaban se dieron por perdidos.

—Han pasado quince años, porque investigar ahora; además se supone que se destruyó todo, ¿no? —preguntó Levi.

—Por quince años el alto consejo creyó que así era; que todo estaba destruido. Hasta hace cuatro meses.

Erwin abrió su gabardina y les entregó a ambos un par de fotos. Un hombre de cabello rubio, barba poblada y anteojos. No era alguien a quien August y Levi debieran conocer, solo eran las fotos de un prisionero capturado.

—Ese hombre es Zeke Jeager, un miembro de Los Insurgentes. Una facción terrorista que está en contra de la monarquía. Zeke Jeager era un científico que trabajaba en el laboratorio de Shinganshina y que presumíamos muerto. Cuando lo capturaron reveló que el laboratorio no fue destruido y que aun está intacto. Los Insurgentes están tratando de hacer esta lo imposible por llegar allí y obtener lo que se oculta allí.

August es el soldado con más experiencia de todo el ejercito; Levi posee un temple de acero y habilidades nunca vistas, aun así, ninguno se atrevió a preguntar. Pero el general lo sabía y decidió por iniciativa compartirlo.

—Lo que se oculta allí es el cuerpo de un titán, uno especial al que denominan como: "El Enano"

—¿Un titan especial?

—Había escuchado que los romanos ofrecieron su ayuda para esta operación —comentó August acariciando su barba—. Ahora entiendo porque el gobierno rechazó su ayuda, no quieren que Roma sepa nada de esto.

—Así es, August, no quieren que los romanos ni ningún otro reino se entere de este secreto. Desconozco más acerca de lo que se oculta en ese laboratorio, la información está muy limitada incluso para mí. Si el gobierno está tan interesado en recuperarlo debe ser por un muy buen motivo. Lo que desconozco es la razón por la que Los Insurgentes también deseen obtenerlo. No les voy a mentir, esta operación y los sacrificios que se harán son demasiado, pero tengo el presentimiento de que ese titan puede develar muchos secretos para nuestro beneficio.

No era el mejor de los consuelos para los corazones de ambos oficiales del BOE. La idea de sacrificar a tantos soldados seguía turbando sus mentes. Pero considerar que era posible sellar el muro maría y a la vez recuperar una investigación que puede aportar información nueva en la batalla contra los titanes suavizaba su culpa y vendaba su orgullo como soldados.

La noche de ese día Levi y August no conciliaron el sueño, no pudieron. Imaginaban lo que sucedería en dos días y como todo podría resultar. Pero el deber puede más que el miedo en la mente de los mejores soldados del reino; con el dolor en el corazón decidieron cumplir su papel en este gigantesco y misterioso ajedrez.

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La Legión de Exploración es la segunda rama del ejercito más grande, solo superada por Las Tropas de Guarnición. La Legión de Exploración se fracciona en cinco divisiones: División de Exploración; División de Blindados; División de Apoyo, División de Investigación y el Batallón de Operaciones Especiales (BOE).