Capítulo 3: La gran mentira

Verano del año 2100 (250TM)

El último día de tranquilidad antes de la batalla. La calma se remplazó por un gran alboroto generado por el movimiento de las tropas. A primera hora todos los soldados fueron llamados a formación. Los mil ochocientos soldados formados por tropas de guarnición y exploradores se dividieron en seis compañías, cada una con trescientos soldados; estas compañías recibieron el nombre de alfa, beta, delta, gama, épsilon y zeta.

En el flanco izquierdo del ejército se ubicó épsilon. A esta compañía fueron asignados Eren Jeager y sus compañeros.

El ejercitó marchó desde la base de Trost con dirección al oeste, hacia el muro Rose. El viaje a la frontera del territorio humano toma doce horas de viaje ininterrumpido a gran velocidad sobre los vehículos de combate, mejor conocidos como zorros de combate; vehículo todo terreno, pequeños, muy ligeros con y capacidad para cuatro personas y un artillero, el cual manipula una ametralladora de alto calibre en la parte posterior del mismo.

La idea de esta movilización es acampar junto a la muralla y de esta manera, al día siguiente, comenzar la operación Espada de Rose a primera hora.

—Capitán Hannes —llamó Eren, sentado junto al capitán que conducía el zorro de combate—, por favor dígame que no bebió anoche.

—¡No digas tonterías, niño! Sabes que no bebo cuando estoy en servicio. Si lo dices porque mi forma de conducir no te burles, hace mucho que no estoy al volante de uno de estos.

—No me sorprende. En nuestro pequeño castillo solo tenemos cinco zorros y dos no sirven —terció Naxos, apostado en el puesto de artillero—. La única vez que dispare una de estas fue durante la instrucción.

—Será mejor que me dejes esa cosa a mi cuando estemos en la región exterior, Naxos —alegó Eren riendo.

La tierra vibraba y la columna de humo y polvo que el ejército de Paradis levantaba era visible desde la distancia. En los cielos sobre los cientos de vehículos volaban escuadrones de helicópteros transportando suministros y más tropas.

Cuando la noche se hizo presente las compañías concretaron la primera etapa antes de la misión. Épsilon y gama se apostaron en la puerta sur del muro Rose, ubicada a cincuenta kilómetros de la entrada principal y a cien kilómetros de la entrada norte. Cada compañía montó su campamento para pasar la noche antes del gran día.

La tensión se podía sentir en el ambiente. Soldados asustados que buscaban distracción en la comida o el apoyo de sus oficiales quienes tenían que guardar el temple para no romper la moral de las tropas; pero incluso ellos no ocultaban sus temores por más que lo desearan.

Con el campamento armado se mandó llamar a todas las tropas a una zona en la que el comandante de la compañía hablaría. Los soldados de bajo rango se formaron, al frente de ellos veinte capitanes y encima de un vehículo de carga se posó el comandante junto a sus cuatro mayores.

—¡Atención! —gritó con fuerza aquel viejo hombre de rostro sombrío y poblado bigote. A su llamado todos se pusieron en firmes y atendieron sus palabras—. Bienvenidos a la compañía épsilon, soldados. Mi nombre es Kitz Wailman, su comandante. Mañana, antes de que salga el sol despertarán y se reunirán con su capitán y los miembros de su pelotón. Cuando el sol se asome por el horizonte arrancaremos los motores y avanzaremos a través de la puerta sur adentrándonos en territorio titan.

Su temple y su firmeza eran admirables. Al mencionar lo cerca que estaban del peligro hubo murmullos y muchos agacharon la mirada para ocultar la máscara de miedo dibujada en sus rostros.

—¡Silencio! —clamó una mujer de baja estatura, de cabellos rubios platinados y anteojos.

—gracias, mayor Brezenska —susurró el comandante—. ¡Soldados! Recuerden su juramento; recuerden que están luchando por su reino y su gente. Esta es la más grande operación de todos los tiempos, siéntanse orgullosos de formar parte de la primera ofensiva a gran escala contra la amenaza titán. Duerman bien, coman bien y estén listos.

Su discurso no se alargó. Tras esas palabras el comodante y sus mayores se retiraron cediendo a los capitanes el momento de organizar a sus hombres.

Hannes alzó la voz y conminó a los soldados que le fueron asignados. Cada capitán estaría al mando de catorce soldados y ocuparían un lugar específico en la formación de la compañía.

—Es un gusto conocerlos, soldados. Mi nombre es Alfred Hannes y soy su capitán. Contamos con cinco escuadrones de blindados, estarán ubicados en los flancos y al frente de toda la compañía. Nosotros estaremos en la retaguardia. no se confundan; cualquiera podría pensar que es un lugar seguro, pero en la tierra de los titanes nada es seguro —Sacó de su chaqueta un par de hojas y les leyó—. Eren Jeager, Armina Arlert, Naxos, Tomas Wagner y Mina Carolina, ustedes forman la primera escuadra; Eren estás al mando. Reiner Braun, Bertolt Hoover, Annie Leonhart, Christa Lenz e Ymir Gard, ustedes son la segunda escuadra; Reiner estás al mando. Jean Kirschtein, Marco Bodt, Sasha Blous y Connie Sprenger, ustedes vienen conmigo, somos la tercera escuadra de este pelotón. Les queda una hora para cenar, luego de eso a dormir y háganlo cerca de sus zorros de combate y tengan listo su ETMT. ¿Alguna duda?

—Si —habló aquel de nombre Reiner. Un portentoso joven de fortaleza física evidente y cabello rubio—. ¿Capitán, usted tiene experiencia contra los titanes?

—Yo formé parte de la guarnición exterior cuando invadieron esa región quince años atras. Tengo muy poca experiencia.

—¿Podría darnos algún consejo?

—Me gustaría en verdad darles algún secreto para que todo esto sea fácil, en verdad me gustaría; pero me temo que mi conocimiento es escaso en el campo de batalla. Recuerden lo que aprendieron en su instrucción: manténganse juntos, no cometan imprudencias y no luchen a menos que sea estrictamente necesario; también recuerden que los titanes solo pueden morir de tres maneras: ahogados, cortándoles la nuca o destrozándoles el corazón. Esas armas —Señaló las ametralladoras de alto calibre en los vehículos—. No sirven para matarlos, son para distraerlos o debilitarlos; úsenlas para disparar a los ojos de los titanes o a sus rodillas, de esta forma será más fácil rebanarles la nuca con las espadas de acero UE. Las articulaciones de un titan tardan 15 segundos en regenerarse, pero si las estás dañado constantemente no pueden iniciar el proceso de curación; sus ojos por otro lado pueden demorar medio minuto en volver a funcionar si los revientan a tiros.

—¿Y si disparamos a su pecho? —preguntó una joven chica de rostro temeroso y cabellos café.

—Las armas de fuego convencionales no sirven de nada: la piel y los huesos son demasiado duros. Los únicos que pueden destrozarles el corazón son los cañones de los vehículos blindados o de la artillería terrestre.

Minutos después los catorce soldados se reunieron para comer mientras los capitanes lo hacían junto los demás oficiales en una tienda grande ubicada en el centro del campamento. Nadie tenía ánimos de hablar o socializar, sus miradas estaban fijas en las raciones que comían, pero sus mentes alejadas de la realidad a la que se enfrentaban.

—Esto es delicioso —dijo Sasha, la chica de cabello café. devoraba el alimento como si cada bocado le ayudara a olvidar su miedo.

—Sasha, no comas así, das vergüenza —murmuró Connie a su lado, un chico bastante bajo de estatura con la cabeza rapada.

—Pareces muy hambrienta —dijo Christa, una preciosa chica de ojos azules y rubio cabello, con cierto parecido a Armina. Con gentileza le ofreció un parte de su ración a Sasha—. Toma, la verdad ya estoy llena.

—¡¿En serio?! ¡Muchas gracias!

—¿A caso no comías en tu pueblo? Comes como un animal hambriento —intervino la más alta de las chicas allí, Ymir, de rostro frio y pecoso.

—¡No seas grosera, Ymir! —reprendió Christa.

Entonces Jean entregó su ración completa a Sasha. Tenía el rostro atribulado y pálido.

—Toma, no tengo hambre —Fue lo único que dijo antes de levantarse e ir a caminar lejos de allí.

—¿Jean? ¿Oye, Jean estás bien? —preguntó Marco mirando a su amigo irse.

—Él no está bien; nadie está bien —intervino Reiner—. Tiene miedo, como todos, solo que él no se esfuerza en ocultarlo.

—T-tú no te vez tan asustado Reiner; ni tu tampoco, Annie —comentó Bertolt con una sonrisa nerviosa.

—Que no me vea asustado no significa que no lo esté. Solo un loco no tendría miedo sabiendo lo que pasará mañana al otro lado de esos muros.

Annie, la chica rubia de rostro inexpresivo que en ningún momento ha hablado, permaneció en silencio aun con el elogio de su compañero, limitándose a mirarlo y seguir comiendo.

—Yo conozco a un loco que no tiene miedo, ¿verdad, Eren? —comentó Naxos refiriéndose a su compañero.

Pero en esos momentos el ímpetu de Eren se mostraba apagado. No dijo nada, solo miraba su comida y apretaba la gema de su collar. Varias miradas cayeron sobre él esperando una amuestra de esa ausencia de miedo que mencionaba Naxos.

—¿Estás bien, Eren? —preguntó Amy.

—Si, estoy bien. Es solo que no tengo apetito —respondió mientras picaba una salchicha con su tenedor.

Sus palabras sonaban convincentes para quienes no lo conocían. La pequeña rubia supo que su amigo mentía. Su preocupación era causada por algo más. No hubo oportunidad de volver a preguntar pues Eren se puso de pie y le cedió su comida a Sasha.

—Si siguen consintiéndola con comida será demasiado pesada para usar el ETMT —arengó Ymir burlándose de la castaña.

Eren caminó de inmediato a los baños portátiles instalados en un extremo del campamento. Cerró la puerta tras de sí y buscó las caricias del agua fría para mojarse la cara. Su respiración estaba acelerada y su corazón excitado. No comprendía lo que le pasaba. Se llevó la mano al collar apretándolo con fuerza.

—Está caliente —murmuró.

La gema de color esmeralda emanaba una extraña calidez que conseguía menguar los ánimos descontrolados de Eren. Su respiración disminuyó el ritmo y su corazón desaceleró su palpitar descontrolado. Cerró los ojos sumiéndose en la calma que el collar le ofrecía.

Visiones atacaron su mente en pocos segundos sumiéndose en una especie de trance.

Una criatura de gran tamaño se pie e indemne rodeado de caos y fuego en medio de un bosque otrora verde; A su alrededor una cantidad abrumadora de titanes muertos, mutilados, destruidos hasta formar ríos de sangre humeante a los pies de aquella portentosa criatura de gran talle. Un grito, devenido de ese impío ser, rompió el aire, clamaba con toda su fuerza: "Los mataré a todos. Los destruiré uno a uno". las llamas que lo rodeaban se elevaron y la tierra se estremeció con ese baladro ensordecedor. Cuando la mirada de aquel ser chocó con los ojos de Eren este salió abruptamente de la visión.

Se encontró con su reflejo en aquel pequeño baño, vio las frías gotas de sudor que recorrían su rostro. No tuvo explicación para lo que vio, solo que esas visiones terminaron al soltar la gema.

Ya la noche no permitió más interacciones entre los soldados: el deber aguardaba antes del alba. Se reunieron en tiendas de campaña para cinco personas y se arrojaron a los brazos del sueño. Quizás la última vez que podrían dormir serenos.

Para la compañía alfa el sueño fue menos generoso. Antes de las quinientas horas la teniente Mikasa se preparaba para salir junto con los miembros de su escuadra. A diferencia de todos los demás miembros del ejército, que visten de marrón y blanco, los hombres y mujeres que pertenecen al BOE no portan una chaqueta parda cuando entran en acción, ellos visten una camisa negra de manga larga con el emblema del batallón en la espalda: tres calaveras atravesadas por una espada. Mikasa a su corta edad ostentaba el rango de teniente, la segunda al mando en la escuadra principal del batallón, pues su capitán estaba al mando de dicha unidad. Sus tres compañeros le sacaban entre ocho y doce años, lo que se traduce en mucha más experiencia, aun así, como buenos militares, respetaban la cadena de mando sin resquemores o envidias.

—Sargento, ¿qué hora es? —preguntó Mikasa a uno de sus subalternos mientras se colocaban el equipo de equipo de maniobras.

—Son las quinientas horas con dos minutos, teniente. El capitán y las demás escuadras no es esperan en el punto de reunión.

—Dos minutos tardes —gruñó la joven de cabellos oscuros asegurando el arnés en su torso.

Los dos tanques de gas UC bien puestos en la espalda. El escape listo y pulido para maniobrar en el aire. Los sables de acero UE enfundados en las vainas de cuero. Los ganchos bien afilados y alineados. Los disparadores engrasados y limpios. Cuatro soldados vestidos de negro, la elite del reino.

Se dirigieron trotando, alejándose del campamento de la compañía Alfa, hasta llegar a las inmediaciones de una vieja carretera en desuso. Allí los esperaba su capitán y otros miembros del batallón. Cuando los capitanes del BOE entran en combate se distinguen por usar una boina negra con el emblema de Sina en color plata.

—Veo que tus chicos están aceitados y listos, August —comentó de forma mordaz una bella mujer de cabellos rojos y ojos verdes. La boina en su cabeza acredita que es una capitán.

—Cuatro minutos tardes —murmuró el capitán Levi, mirándolos de reojo cruzándose de brazos—. Yo los reprendería por eso.

—Da igual, después de todo aun no llega nuestro transporte. Se supone que es esa famosa arma secreta que el ministerio de desarrollo ha estado ocultado —dijo August sin preocuparse—. Mikasa, última vez que llegan tarde a un llamado.

Antes que la teniente se disculpara un temblor se hizo presente cerca de ellos. La tierra poco a poco comenzaba a vibrar y una columna de humo se acercaba a ellos por la carretera. Los soldados de elite se congregaron para ver la última y más poderosa creación del ministerio de investigación.

A simple vista parecería un tanque blindado como los que usan los miembros de la división de blindados, salvo por unas sutiles diferencias: este es diez veces más grande y posee cinco cañones, dos al frente, dos en atrás y en el centro el cañón principal. Una mole de acero y poder que lograba que la tierra sobre la que sus orugas se desplazaban temblara. Su visión y presencia eran tan impresionantes que no notaron que un par de vehículos de combate convencionales se movían a su lado.

—¿Cuándo construyeron esa cosa? —cuestionó otro de los capitanes mirando estupefacto las tremendas dimensiones de aquella mole de guerra.

—Ya sabemos a dónde se fueron todos los recursos de las islas del sur —dijo Levi sin ocultar el asombro en sus ojos.

El gran monstruo de acero se detuvo muy cerca de ellos apagando sus motores. La columna de humo se disipó pronto y la tierra se apaciguó. Se escucharon puertas pesadas abrirse en la parte trasera y un llamado bien conocido por los capitanes.

—¡Levi, Levi! —llamaba una voz extremadamente alegre y, quizás, molesta.

—Por un momento llegué a pensar que esa loca no participaría en esta misión —Evocó un suspiro el capitán de baja estatura al que llamaba.

Como si de una niña emocionada se tratase, una capitana acudió hasta sus compañeros. La boina en su cabeza y su traje negro eran prueba de que está al nivel de Levi y los demás.

—¡Levi, August, Escarlet, Olga, Dante, Mike! —Llamó con exaltación la séptima capitán del BOE—. ¡No tienen idea lo mucho que me moría por revelarles este enorme secreto! ¡Un año entero colaborando con el ministerio de desarrollo y por fin lo tenemos! ¡Lo hemos llamado Gran Gustav, en honor al primer comandante de la Legión de Exploración! ¡Es una nueva clase de blindado, lo categorizamos como Super Destructor Terrestre! ¡¿No es impresionante?!

—Hange —llamó August con seriedad al ver al general Erwin acercarse.

¡Solo miren! ¡Posee cuatro cañones de 120mm, no hay puntos ciegos! ¡Lo mueven cuatro motores de alta potencia y puede alcanzar cuarenta kilómetros por hora en su máxima velocidad! ¡Es tan grande que en su interior hay cuatro niveles, tiene diez habitaciones dobles, un comedor, una cocina y un almacén!

—Cuatro ojos —llamó Levi para que se callara.

—¡Pero lo más importante es ese monstruoso cañón de 600mm como arma principal! ¡Con uno solo de sus disparos podría pulverizar a un titan rango S hasta convertirlo en papilla! —La capitán estaba ensimismada y entusiasmada al hablar de su obra.

—¡Capitán Hange Zoe, guarde la computara, el general está presente! —exigió August alzando la voz.

Fue sacada por la fuerza de su emoción y al ver al rubio general se formó junto a los demás capitanes mostrándose avergonzada por su actitud.

—Me alegra ver que entusiasmo —saludó Erwin a sus mejores soldados—. Ya saben bien lo que deben de hacer. Este monstruo de acero irá en la retaguardia con ustedes y cuando llegue el momento se separarán de la compañía alfa para dirigirse a Shinganshina.

—No es algo que nos entusiasme, pero cumpliremos las ordenes, general —dijo August con el semblante serio.

—General, Erwin, ¿puedo saber porque lleva uniforme de campo y un ETMT? —preguntó Levi arqueando una ceja.

—¿Acaso no es obvio? ¿Quién crees que irá al frente de todo el ejercito? —respondió con serenidad.

—Mi escuadra y yo estamos listos para protegerlo, general —habló el capitán Mike dando un paso al frente.

Los demás capitanes dirigieron sus miradas a Mike, pues desconocían que el general participara de forma activa en la misión.

—No hay ningún protocolo, norma o regla que me obligue a estar en el campo de batalla, soy un general —dijo el orgulloso hombre caminando a su propio vehículo de combate, el cual estaba pintado de blanco—, pero la ética y el orgullo me impiden quedarme de brazos cruzados mientras mis hombres mueren. Si sus vidas peligran por esta misión lo justo es que la mía también. Cumplan con su deber soldado, yo cumpliré el mío.

Mike y los miembros de su escuadra subieron al vehículo con el general y se alejaron con rumbo al campamento de la compañía Alfa.

—Ese demente…—gruñó Levi mirándolo alejarse—. ahora me siento mal por juzgarlo.

—Es demasiado orgulloso. —agregó August con una sonrisa—. Ese es un hombre al que yo seguiría al fin del mundo si me lo pidiera.

—¡Batallón de Operaciones Especiales! —llamó una mujer recién salida del Gran Gustav.

De inmediato las sonrisas de los capitanes se diseminaron al ver el uniforme de esa mujer y reconocerla. Su chaqueta era azul oscuro y portaba el emblema del unicornio, el emblema de la policía militar y peor aún se trataba de la líder una unidad muy especial de esa rama de las fuerzas militares.

—Lo que faltaba, el GOS metiendo sus narices en esto. Carajo —gruñó la capitán Escarlet frunciendo el ceño.

—¿Que esperabas? Vamos a proteger secretos el estado, esa clase de mierda es potestad del puto GOS —maldijo otra capitana. Una mujer de baja estatura, pero férrea constitución. Con el cabello rubio platinado y los ojos azules.

—August Dominic, Levi Ackerman, Hange Zoe, Dante Fiore, Escarlet Dahaus y Olga Brezenska. Es un honor colaborar con ustedes. Mi nombre es Amelia Kramer, comandante en jefe del GOS-PM, Grupo de Operaciones Secretas de la Policía Militar.

Sus palabras se escuchaban sinceras y amables, como si auténticamente las dijera. Sin embargo, el largo historial de acciones de ese grupo de la policía militar no habla bien de la integridad de sus miembros. La única razón de la presencia del GOS durante la operación es mantener en secreto todo lo relacionado con la misión extraoficial en Shinganshina.

El alba despunta en el horizonte, allá en el este, al lado opuesto a donde se dirigen los valientes soldados del ejército de Paradis. Los primeros rayos del sol son el anuncio; con su brillo todos los soldados salen de sus sueños y desmotan con prisa las tiendas de campaña, se enfundan sus uniformes y equipos. Los vehículos son revisados minuciosamente. El cielo es a travesado a gran velocidad por los aviones de reconocimiento que ubicarán enemigos cercanos y avisarán a las tropas de tierra como moverse.

El ejercito hiede a miedo. La tensión se siente en el aire. Nadie quiere morir. El general lo sabe y debe obrar en contra de eso. Todas las radios de los vehículos de todas las compañías se sintonizan en el canal principal. El General de la Legión de Reconocimiento desea dedicar palabras de aliento a sus tropas.

—¡Soldados! Conozco el miedo que anida en sus corazones; comprendo las dudas que revolotean en sus mentes; no son diferentes a las mías. Durante doscientos cincuenta años nuestro pueblo ha vivido aislado detrás de los muros de la esperanza, y nos resignamos a esa vida con temor y dolor. Hasta que esos monstruos reclamaron nuestras migajas y arremetieron contra nuestro hogar quince años atrás condenado a cientos de miles a la muerte o la miseria. ¡No podemos vivir así, como ratas en un nido! ¡Como ganado esperando ser devorado! ¡Hoy se acaba el miedo; hoy las dudas deben quedar a tras! ¡Hoy es nuestro turno de atacar!

Imbuido por el brío del coraje de un auténtico guerrero empuño el micrófono y con agilidad subió a la cubierta de un blindado para que todas las tropas de la compañía alfa lo vieran y contemplaran su hidalguía.

—Habéis nacido como hombres y mujeres libres, ¡sois libres! y como soldados libres que somos vamos a luchar por la libertad que los titanes nos han arrebatado; esta es nuestra oportunidad para mostrar nuestro poder y nuestra furia. Hoy se escribe un nuevo capítulo en la historia de la raza humana. ¡Afilen las espadas aprieten el arnés! ¡Carguen los vehículos y preparen la munición! ¡Marcharemos hacia una pesadilla que tornará en realidad los sueños de libertad de nuestro pueblo!

Los semblantes afligidos y temerosos de los soldados tornaron en furia y exaltación con las palabras de aquel hombre de rubio cabello y apolíneo rostro. La emoción se propagó entre las tropas como el agua de un rio desbordándose. Se escuchó el rugir de motores por centenas y el filo de los sables desenfundándose. El acero refulgió bajo la luz del día designado y los aviones de reconocimiento surcaron el aire de regreso concluida su misión.

—¡No puedo prometer que no vivirán! ¡No puedo prometer que regresarán! ¡Pero prometo la libertad y la victoria de la humanidad!

Volvió la mirada a los muros que comenzaron a abrir sus puertas y con fuerza golpeo la tapa del blindado sobre el que estaba montado indicándole al conductor que arrancara pues deseaba ir al frente de todos como el arquitecto que lidera una magna obra. Con el sable en alto indicó el camino.

—¡Soldados, entreguen sus corazones! ¡Por el reino y la libertad! ¡Avancen!

La polvareda se elevó y el suelo se tiño de infinitas marcas de neumáticos. Adelantaron fuera del muro Rose hacia la tierra que algún día pisaron sin miedo y que ahora es hogar de las bestias come hombres. Se dirigieron a la más grande batalla que el reino ha librado desde que se aisló detrás de los muros de esperanza.

—Convertiré esta mentira en realidad, así sea lo último que haga.