– Todo está igual –pensó el peliverde observando a través de la reja de la enorme mansión. Cada paso dado lo acercaba a la casona, su corazón se llenaba de nostalgia al pisar de nuevo el camino familiar. Llegó a la fuente ubicada en la puerta principal, se acercó a ella y deslizo sus dedos por el agua como si el tacto lo convenciera estar de regreso. Al llegar a la puerta principal tomó el picaporte con una mano, respiró un par de veces con los ojos cerrados antes de llenarse de valor para girarlo y entrar en la lujosa mansión, perteneciente al difunto Mitsumada Kido.
– ¡Shun-sama!, Saori-sama no menciono su llegada –con sorpresa lo recibió una de las doncellas de la mansión.
– Yui, te he dicho antes, puedes llamarme Shun –dijo incómodo–no hay nadie, ¿cierto? –. Preguntó echando una ojeada al lugar sintiendo paz al comprobar que en esa lujosa casa, nada cambiaba.
– Han salido todos. Hyoga-sama llego hace un par de días, Shiryu-sama vino el mes pasado, el único que no ha venido es su hermano –Shun sonrió para si mismo con picardía –. ¿Quiere que le sirva algo de comer?
– Gracias, prefiero que lleves esto a la lavandería, si no es mucho pedir –mostró una maleta –. Tomaré un baño –informó dejando el equipaje en manos de la joven mucama antes de enfilarse a las escaleras rumbo a la que había sido su habitación.
– Quita esa cara, es tu patrón –mencionó una chica rubia mayor que Yui cuando el joven se alejó de ellas.
– Está más guapo que nunca, ¡se cae de bueno! –dijo sin vergüenza muy emocionada –. Que bien le sentó el extranjero –mencionó la joven devorándolo con los ojos.
– Quita esa cara de boba. A trabajar –. Mencionó la joven mientras las dos observaban desaparecer a Shun por la escalinata, Romi tenía que admitir que los pantalones ajustados y su camiseta de manga larga color beige con rayas blancas delineaban el cuerpo al peliverde, dejando muy poco espacio al recato femenino.
Shun entró a su vieja habitación, cerró la puerta tras de sí y lo contempló en silencio. Lánguidamente se adentró, recorrió con su índice derecho la cómoda frente a su cama, abrió el closet donde aún estaba colgada la ropa olvidada antes de partir. El espejo interior le devolvió su propio reflejo, sus ojos verdes, recorrieron su cuerpo. Observándose como si se tratará de un extraño, en casi dos años había crecido más de diez centímetros, su delgado cuerpo se había ensanchado de los hombros debido a su afición por la natación. Su cara infantil había dado paso a un atractivo rostro masculino enmarcado por el cabello corto. El flequillo asimétrico, las patillas degrafiladas con el moderno peinado le daban la apariencia de un modelo de revista.
Repentinamente comenzó a sentir el lugar diminuto, a pesar de haber vivido en departamentos que igualaban el espacio. Giró, dando la espalda al espejo, caminó hacia la ventana. La abrió, aspiró el suave perfume de la yerba acompañado del dulzor de las flores, una brisa fría despeinó el cabello. Por un momento echó de menos su larga cabellera, su viejo yo, y regreso al interior del cuarto. Observó la cama se cruzó de brazos y sonrió como si recordara algo gracioso, se desnudó tirando toda la ropa en el piso y descalzo fue hacia el baño.
– Hola, Yui –saludó de nuevo Shun cuando se encontró a la joven morena de cabellera rosada en la cocina –. ¿Pasa algo? –interrogó desconcertado al ver que la joven lo miraba sin poder articular palabra.
– N…No, Shun-sama pero si quería algo, debió pedírmelo –articuló la pelirosada después de recorrer el atuendo del chico. Traía puesto un pantalón deportivo y una ajustada camiseta, blanca que remarcaba notablemente su musculatura.
– ¿Sabes?, es extraño que te refieras a mí como si fuera el hijo de un millonario –mencionó Shun con un pan que sostenía en la boca mientras sacaba varias cosas del refrigerador, dándole la espalda a la chica que le dedicó una lasciva mirada al trasero del joven –. Además, muero de hambre y no tengo tiempo para esos laboriosos platillos que suelen hacer.
– Pero si lo es –afirmó Yui, provocando que Shun rodará los ojos. De todos los Kido, Shun e Ikki eran los más reacios a disfrutar de los beneficios de su apellido –puedo ayudarlo –dijo entusiasmada la chica acercándose a él.
– No es necesario, puedes irte a descansar hasta que lleguen mis hermanos –menciono guiñándole un ojo que inevitablemente la hizo sonrojar –seguro que ellos no tendrán objeciones en saciar todos sus caprichos a costa tuya.
Yui salió de la cocina decepcionada pero sonriente, satisfecha de que alguien en la mansión valorara el duro trabajo que hacia para ellos. La tarde transcurrió lenta y aburrida para Shun. Ojeó un par de libros de la biblioteca personal de viejo Kido encontrándolos sosos y sin interés, después se paseó por los alrededores del jardín con la esperanza de encontrar algo en que entretenerse y al ver sus esfuerzos frustrados decidió regresar a la mansión. En el estudio encendió el televisor y el cansancio propio del viaje provocó que se durmiera en el sofá hasta que el murmullo creciente del pasillo logró despertarlo.
– ¡Eh!, ¿Qué debe hacer uno para que lo dejen dormir aquí? –exclamó, con un brazo colgando por el respaldo del sofá, haciéndose notar luego de que Hyoga estuviera riñendo con Seiya por una puerta.
– ¡Shun! –dijeron al unísono Saori, Seiya y Hyoga. Presurosos corrieron a su encuentro.
– ¡Shun, que alegría! ¿por qué no dijiste que venias? –dijo Saori.
– ¿Y dónde está Ikki? –cuestionó Seiya, buscándolo con la mirada.
– ¡Por Dios, Seiya!. Ese no se aparece por aquí ni por error –obvió Hyoga cuando Seiya dejo los brazos de Shun –. ¡Vaya!, has crecido, no como este enano –el rubio miro traviesamente a Seiya, el más bajo del grupo –. Eso pasa cuando solo comes papas fritas y cacahuates.
– ¡Déjame en paz! –refunfuñó el castaño –son los genes.
– No olvides que compartimos casi los mismos genes –refutó el ruso. Situó su mano en su cabeza y la deslizó en el aire hasta Seiya, haciendo notoria la diferencia de alturas.
– ¡Oye, basta! –. De una manotazo Seiya se deshizo de la mano del Hyoga, Shun los miraba divertido, casi había olvidado las sensaciones de tenerlos cerca –me alegro que Ikki no este si no sería doblemente atormentado.
– Vamos, Seiya no es tan importante que mi hermano haya crecido, aún más –. Dijo Shun uniéndose a la burla. Seiya deslizo una mano sobre la cara, desesperado.
– Es oficial, seré un pigmeo toda la vida. Espera… ¿Aún más? ¿qué diablos le daban de comer en reina muerte? –. El comentario hizo reír a los presentes.
– ¡Bienvenido! –dijo Saori, con una sonrisa en su rostro. Y le dio un rápido abrazo.
– Señorita, ¿comienzo a servir la cena? –Interrumpió Romi.
– Si, por favor –Saori tomó la mano de Seiya y con la libre se asió del brazo del peliverde para conducirlos al salón.
– Tendrán que disculparme, estoy cansado y quisiera irme a dormir temprano –. Shun reprimió un bostezo, soltando sutilmente el agarre de la pelimorada.
– Eso no amigo, desapareciste por meses y pretendes que te dejemos ir a dormir como si fueras un abuelo –riñó Seiya mirando el reloj que marcaba las siete de la noche.
– Seiya, ha sido un viaje largo, además no es como mañana me fuera a marchar –Shun sonrió para su amigo.
– Nos has traído alegría con tu regreso. Los viajes agotan, Seiya lo entendería si saliera un poco más evitando la penosa travesía de Seika desde Grecia hacia acá –. Hyoga tomó por la espalda a Pegaso y lo sacó del salón a empellones –. Descansa Shun, podemos –enfatizó –esperar hasta mañana –y el par de chicos desaparecieron de la sala, dejando a Saori a solas con él.
– Que pases una buena noche –se despidió la Diosa cohibida, permitiendo que el peliverde recibiera su tan anhelado descanso.
Al día siguiente, Shun despertó tarde como hacía mucho tiempo no había hecho. Aspiró el delicado aroma de sus sabanas, y sin deseos de abandonar la cama, se hundió más en ellas, desperezándose lentamente. Tardo más de diez minutos para encontrar el valor de levantarse. Recordó que la poca ropa traída consigo, la había mandado a la lavandería y la dejada en su cuarto, a excepción de unas cuantas camisetas, ya no le quedaba más. Tomó la misma ropa vestida el día anterior y fue hacia el cuarto de Hyoga. Tocó un par de veces al no obtener respuesta decidió adentrarse en el. Dentro del armario encontró una playera blanca con mangas roja y unos jeans verdes. Bajo al piso inferior sin encontrar a nadie, ni siquiera la servidumbre, estaba por desayunar cuando el teléfono sonó.
– Buenos días, perezoso –dijo una voz conocida por el teléfono.
– ¡Hola! –respondió alegre –acabó de despertar.
– Lo imagine, te dije que no echarías de menos levantarte al alba –afirmó Ikki –. Ya que no llamabas lo hice, yo.
– ¡Ah!, lo siento. Lo olvidé. Bueno, me quedé dormido –. Shun se disculpó avergonzado.
– Ja, ja, ja, lo supuse –rió el mayor –te perderás de París, en primavera. Es un lugar maravilloso. Ya conseguí empleo como maestro de japonés en un colegio.
– Temo preguntar qué hiciste para obtenerlo.
– ¿Qué insinúas, hermanito? Si fuiste capaz de enseñar al rubio cuando niños, seré capaz de hacerlo con estos –soltó altivo.
– No quise decir eso, es solo que…como decirlo, tus métodos no son para nada ortodoxos.
– No recuerdo que hayas objetado mucho en tu último cumpleaños –ladinamente contestó ocasionando un sonrojo en el peliverde.
– ¡Bueno ya! –mencionó molesto –. Llegué bien, estás bien, todo está bien.
– Ja, ja, ja hermanito que mal humor tienes, tendré que colgar es de madrugada, mañana tengo que madrugar, cuídate –. Shun repitió esto último y su hermano mayor colgó. Observo con detenimiento la cocina, si el día anterior la casa le había parecido un lugar muy pequeño, después de hablar con su hermano se sintió sobrecogido por la inmensidad del lugar.
Desayuno silenciosamente. Subió de nuevo a su habitación tomó entre sus manos la billetera, en la que aún tenía una buena suma de euros producto de su último empleo. Dudó un poco, la llamada de Ikki le inquietaba. Este día se le antojaba largo a pesar de tener un par de horas de haber despertado, abrió uno de sus cajones donde reposaban las pocas prendas que traía consigo armoniosamente ordenadas.Tomó un par de camisetas aspirando involuntariamente el olor a limpio que despedían, las miro un instante y las regresó a su lugar, cerró el cajón y salió de la recámara abandonando la mansión.
-o-
– Kido-sama. Bienvenida a nuestra tienda –mencionó un hombre mayor enfundado en un traje color vino que se había ofrecido a ayudar a bajar de la limosina a Saori.
– ¿Dónde está? –dijo con altivez al empleado.
– En mi oficina, en un principio se negó a decirnos quien era pero, cuando lo registramos encontramos esta identificación –el hombre le enseño una tarjeta de crédito con una fotografía –entonces indagamos. Descubrimos el parentesco del chico con usted señorita.
– Quisiera mantener esto en absoluta confidencia. No toleraré un escándalo de esto –mencionó la joven al entrar a la oficina del hombre –. Usted sabe, él ha estado en el extranjero mucho tiempo, sin duda se trata de una terrible confusión –. El hombre la miro a través de sus gafas cuadradas de armazón gris. Una mano fue deslizada por el pelo entrecano preguntándose si era correcto dejar ir al chico sin ninguna consecuencia –. Me haré cargo de todos los gastos así como de los inconvenientes surgidos por este incidente –. Saori tomó la taza de té ofrecida por el gerente de la tienda.
– Su palabra goza de una extraordinaria reputación, pero es importante darle un mensaje a la sociedad. Un gaijin no puede venir a nuestro país y hacer lo su voluntad –. El hombre se sentó frente a la chica después de decir esto.
– Lo entiendo Yoshiyama –san pero no es un gaijin. Y le agradeceré no empleé ese término en mi presencia.
– Eso empeora las cosas –con un dejo de molestia refutó –. Debe sufrir las consecuencias de nuestras leyes, no hay disculpa su desconocimiento.
– Soy responsable de este joven, no es mi deseo desentrañar ante usted nuestra vida privada. Sin embargo, le diré que no contamos con un tutor legal. Dado el status de mi abuelo y siendo la única heredera puedo hacerme cargo de esto aun sin contar con la mayoría de edad.
– Es decir…este joven, al igual que usted, ¿es huérfano? –. El hombre pareció ablandarse un poco –crecer sin una guía paterna es difícil. Alguien que muestre lo correcto de lo que no lo es. Si ha pasado todo este tiempo con extranjeros cuya moral es casi nula, es comprensible. Además lo que se dice de esas escuelas, es verdad. Están más interesados en llenar la sientes de conocimientos vacíos olvidando el trabajo duro, respeto, armonía, cuidado amor por la naturaleza y…
– Yoshiyama –san, disculpe mi interrupción pero, el tiempo apremia para –mencionó con educación.
– ¡Oh si!, es verdad. Kido-sama tiene mi honorable palabra, nadie hablara de este penoso incidente, el joven esta en mi privado –. El hombre le señalo con su dedo una puerta situada a su derecha –le daré espacio para arreglar este malentendido entre su primo y usted, pero ahí las consecuencias de permitir dejar nuestra invaluable cultura –. Masculló al abrir la puerta permitiendo pasar a la chica.
Shun estaba sentado en una silla frente a una mesa redonda de cristal, volteo rápidamente la cara hacia Saori y suspiró fastidiado.
– ¡Hola! –menciono aliviada de alejarse de las críticas del gerente de la tienda– buenas noticias, podemos irnos, pero pasaremos un rato aquí, el encargado cree conveniente te de una buena reprimenda por esto. –Saori le sonrió dulcemente, sin pizca de la arrogancia mostrada anteriormente. Había aprendido a fingir muy bien esa actitud de chica caprichosa con cualquier extraño.
– Prefiero irme ya, si no te molesta –Shun se levantó del sillón y salió por la puerta. Saori lo miro confundida, mantuvo silencio hasta estar los dos en la limosina. Subió el vidrio interior para darles más intimidad.
– ¿Y tienes algo que desees decirme? –interrogó la chica a Shun. Él miraba por la ventanilla.
– ¿Por ejemplo? –murmuró sin apartar la vista del paisaje.
– Podrías empezar con lo ocurrido en la tienda.
– Te lo han contado todo, ¿no?. Esta de más lo que diga –mencionó incómodo.
– Me dijeron conjeturas pero debe haber una explicación lógica. De eso estoy segura.
– Si claro –resopló –no fue nada.
– Shun –dijo elevando la voz –me dijeron que estabas robando, pudieron enviarte a la cárcel.
– Si es lo que dijeron, debe ser verdad. No voy a disculparme, si es lo que estas esperando –retó.
– Eso no es lo que quiero, dime lo sucedido –. Saori miraba intensamente a Shun pero sin duda él estaba molesto y no iba a decir nada más.
Al llegar a la mansión el joven bajo del auto y se dirigió rápidamente a las escaleras, sin prestar atención a las suplicas de Saori. Atrayendo la atención de Seiya y Hyoga que se encontraban jugando con la consola de videojuegos en la sala.
– Shun, debes darme una explicación, no voy a dejar esto así –dijo molesta.
– Vagos, como siempre dando molestias a la señorita –soltó Tatsumi molesto al cruzarse en las escaleras con Shun –. Ella tan generosa que ha sido con ustedes, ¡desamparados! –. Gritó provocando que el chico volteará hacia Saori.
– ¿Cuál es el maldito escándalo?, ¡no estaba robando! por si te interesa. Olvide en donde estaba, abrí la cerveza y le di un sorbo. Eso fue todo –Le a a Saori –. No es un delito.
– ¿Una cerveza? –interrogó curioso Seiya.
– ¿Dentro de una tienda? –Hyoga los miraba confuso.
– ¿Acaso no lo ves? –mencionó molesta Saori –eso estuvo mal.
– ¿Por qué lo dices? ¿idea propia o prejuicio de ese hombre?, lo repito fue un malentendido que los estúpidos de la tienda hicieron más grande, me disculpe con ellos y ofrecí pagar por ello, era algo que iba a hacer pero ¿tenían que tratarme como si fuera un criminal e indagar quien está a cargo mío? Apenas eres unos días mayor, no actúes como si te debiera dar explicaciones, ni me trates como un niño.
– Soy responsable por todos ustedes –riñó Saori.
– Aún no puedes beber aquí Shun, no sé que haya pasado en Europa pero…–Hyoga se calló cuando Shun posó sobre él una mirada fulminante.
– Si lo vemos de todos los puntos de vista, fue un malentendido y un descuido, pero de ahí a acusar a Shun de ser un delincuente, es mucho –intervino calmo Seiya.
– ¿De qué lado estas? –reclamó Saori.
– No se trata de lados, es lo sucedido según sus relatos –. Seiya se acercó a su novia intentando tomarla de la mano.
– Eres mi novio y debes estar de acuerdo con lo que pienso.
– ¿Es decir que mi opinión no vale?, te equivocas. No creo que lo que Shun hizo haya estado bien pero tampoco que le recrimines de esa forma –. Saori miro furiosa a Seiya y salió dando un portazo de la mansión –. Ahí vamos de nuevo –suspiró.
– No debiste meterte amigo, por lo visto ahora estará disgustada contigo todo el día –Hyoga abrazo al castaño por el cuello.
– ¡Bah!. Últimamente es su pasatiempo favorito, buscar pretextos para estar molesta. Te lo aseguro Shun, estas mejor soltero. ¿Por qué no vienes a jugar con nosotros? –. Invitó el chico disimulando la curiosidad extrema por que el peliverde narrara lo sucedido ese día.
– Prefiero ir a mi cuarto. Nos vemos –dijo no sin antes dedicarle una mirada peligrosa a Tatsumi a modo de advertencia silenciosa.
– En estas tres semanas hemos visto poco a Shun, ¿no te parece Seiya?. Tengo el presentimiento que somos aburridos para él –. Le confesó Hyoga al castaño instantes antes de retomar el juego.
– Es normal, creo. Está tratando de adaptarse –reconfortó el castaño –. Mejor que nadie conoces los choques culturales o ¿no?, sigamos jugando. Verás como hago que el orgullo de hielo quede en último lugar del raicing –. Dijo Seiya mientras le arrojaba el control inalámbrico al rubio para reanudar la apretada carrera de autos en la cual se disputaban el primer lugar.
– En tus sueños. El platino de chocolate caerá ante mi –Hyoga sonrió con superioridad y estaba por sentarse cuando un sonido se lo impidió –. Ese maldito calvo salió tras tu angelical novia, y ahora tenemos que hacer su trabajo. Supongo que no podremos ignorarlo –. Hyoga se refirió al elegante sonido que emanaba la bocina conectada al timbre que sonaba por segunda vez. De mala gana se enfiló a la puerta y la abrió, sintiéndose avergonzado de la cara de pocos amigos que tenía puesto que delante de él estaba una hermosa joven con una diminuta falda gris a cuadros, camisa blanca y un chaleco corto ajustado que enmarcaba una diminuta cintura y grandes pechos –. Hoo…hola –tartamudeó, la chica sonrió.
– ¡Hola! ¿Se encuentra Shun? –preguntó con marcado acento una trigueña de cabello ondulado.
