PISTA 4
―Quiero el motivo real por el que estas irrumpiendo en mi casa a las tres de la mañana ―se quejó Kayn, mirando al joven delante de su puerta, sin una pizca de simpatía. Su camisa de tirantes de tamaño grande apenas lo tapaba del frío de la noche, y su pantalón de lana era demasiado delgado para siquiera brindarle un poco de seguridad física fuera de su casa―. No es como que nos caigamos precisamente bien, como para que tengas el atrevimiento de buscar algo de mí.
Ekko sonrió con todos los dientes, una sonrisa tan falsa, que a Kayn le dio nauseas.
―Antes de que preguntes: No.
Cerró la puerta.
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Yasuo se enderezó en la cama con un sobresalto, buscando el aparato móvil que sonaba con una canción por algún lugar de la habitación.
El sol apenas se asomaba por el horizonte, por lo que no había mucha iluminación en la pequeña habitación prestada a él, y aun no memorizaba por completo la ubicación de sus escasos muebles.
Si bien había vivido de una forma casi similar en casa de Qiyana, con su propio cuarto con muy poca indumentaria dentro de él, tenía que admitir que estaba más acostumbrado al espacio grande de la habitación de ella. Su cerebro ya tenía registrada la localización de su tocador, su armario de abrigos, sus baúles de zapatos (que ya no cabían en su enorme cuarto-clóset a un lado del cuarto), su escritorio, su cama, su enorme sillón rosa chillón que a él no le gustaba, pero a ella le encantaba.
En el cuarto que Ekko le había prestado solamente había una cama, una mesa de centro, una mesa de noche, una lámpara larga de piso que estaba puesta en la esquina opuesta a la puerta, y un clóset de dos espacios al lado contrario de la cama. Simples, sin adornos, minimalistas, y colocados en puntos en los que Yasuo no acostumbraría a tener sus propios muebles. Pero no se podía quejar, ya había sido mucha ayuda que su amigo le dejara quedarse en su departamento, como para ponerse en un plan de exigencia.
El acomodo actual de los muebles provocaba que los conectores de luz estuvieran lejos de su cama, por lo que dejaba cargando su laptop, sus audífonos inalámbricos y su celular al otro lado del cuarto, y tenía que levantarse en medio de la noche a contestar cualquier llamada, chocando contra la mesa del centro de la habitación, y un par de veces llegando a tumbar la lámpara cuando chocaba contra ella en la esquina. Sus piernas estaban magulladas en la misma zona en la que sus botas cerraban, así que había cambiado su calzado normal por unos tenis y zapatos mules. No era molesto, realmente eran su estilo, así que no le molestaba mostrar más pierna de la que normalmente tenía expuesta.
Llegó hasta el pequeño destello distintivo de la pantalla azul de su celular y lo tomó, sobándose el costado de la rodilla tras un pequeño piquete que recibió de la esquina de la mesa de centro.
En la pantalla estaba el contacto de Ekko, por lo que se apresuró a contestar.
―Hey ―saludó con voz ronca, carraspeando en tono bajo para recuperar su voz mañanera.
― ¿Me puedes abrir la puerta? Me estoy por congelar aquí afuera, necesito ayuda con las maletas, y Kayn ya me quiere patear de la camioneta ―contestó el rapero.
Yasuo comenzó a despertarse al escuchar las palabras de su amigo, palmeándose la barbilla mientras se apresuraba a llegar a la sala para tomar las llaves de las puertas. Al salir, ignoró el frío que se colaba en el pasillo que separaba los departamentos, y se apresuró hacia las escaleras, pues pensaba que usar el elevador solamente lo haría caer de nuevo al cansancio.
― ¡Bájate ya! ¡Tengo que irme a trabajar, y son dos horas de viaje desde aquí! ―escuchó a Kayn quejarse del otro lado del teléfono.
― ¡Aguanta, bro! Si me bajo de la camioneta me voy a enfermar, y entonces no habrá comeback que lanzar ―reclamó Ekko.
― ¡Me importa un deshidratado comino si realizas tu comeback o no! ¡Yo no soy millonario como tú y tengo que irme ya, o Zedd me descontará un día de trabajo! ―contestó el detective.
Yasuo llegó finalmente a la planta baja, mirando a los tres recepcionistas que observaban por la ventana delantera de la recepción hacia la calle, donde se podía visualizar la sombra de Kayn y Ekko peleándose dentro de la cabina de la pick up del primero.
―Buenos días ―saludó Yasuo a los recepcionistas, pasándolos de largo directo a la puerta.
Los tres voltearon de inmediato y devolvieron el saludo junto con un gesto de cabeza. Yasuo les sonrió y abrió la puerta, saliendo del edificio y bajando las escaleras rápidamente, mientras la puerta se cerraba lentamente detrás de él.
Ekko tenía su cuerpo presionado contra la puerta del pasajero mientras Kayn lo empujaba con la mano contraria a la que tomaba el volante, y el rapero empujaba al jonio por el pecho con su antebrazo.
Yasuo se acercó a la camioneta y tocó la ventana con los dedos, haciendo que Ekko se volteara a verlo de golpe y Kayn sólo lo reconoció con una mirada rápida de reojo.
En un movimiento rápido, Kayn abrió el seguro de la puerta y empujó a Ekko. Yasuo retrocedió unos pasos, justo para ver a su amigo salir disparado del lado del pasajero y caer en el pavimento. Miró hacia Kayn, quien iba despeinado y con el traje de trabajo desalineado, además de que la corbata la traía sin anudar.
― ¡Tu gato se comporta mejor que tú! ―reclamó Kayn.
Yasuo ignoró la confrontación, decidiendo finalmente colgar la llamada de celular que Ekko no había finalizado.
― ¡¿Conociste a Rompe Tiempo?! ¡¿Tus cochinas manos lo tocaron?! ―reclamó Ekko poniéndose de pie. Kayn quitó el seguro de la tapa de la caja trasera para que Ekko sacara sus maletas, y el joven se acercó a ese lugar y empezó a bajarlas una a una.
―El gato conoció hasta a Rhaast, y mis cochinas manos lo alimentaron cuando Yasuo me lo encargó mientras se iba a una junta ―contestó Kayn cruzándose de brazos y acomodándose en su asiento―. La próxima vez se lo doy de comer a mi perro para que se te quite lo malagradecido.
―Ja Ja ―se burló Ekko, haciendo gestos faciales de asco mientras volvía a cerrar la cajuela―. La próxima vez no te invitaré de a gratis a mis conciertos.
―Como si me gustara tu música ―se burló Kayn.
Ekko le dirigió una mirada indignada mientras llevaba sus maletas más cerca de Yasuo.
―Gracias por traerlo ―dijo Yasuo mirando a Kayn.
Este suavizó su expresión y asintió en dirección del compositor.
―Tienes suerte de que mi novia sea una persona tan buena, que no me permitió dejar a este congelarse en la calle ―señaló Kayn lanzando un manotazo al aire en dirección a Ekko. Se enderezó en su lugar y encendió la camioneta de nuevo―. Me tengo que ir, pero seguimos pendientes con el plan ¿no?
Yasuo asintió. Ekko dio un respingo en su lugar y se cruzó de brazos, mirándolos a ambos.
― ¿Él ayudará con lo de Qiyana? ―preguntó el joven con curiosidad.
Yasuo asintió.
―En el plan estas tú, Kayn, Sett y Rakan ―respondió.
― ¡¿RAKAN?! ―preguntaron Kayn y Ekko al mismo tiempo con disgusto.
Yasuo asintió. Kayn bufó mientras el primer mencionado cerraba la puerta de la camioneta. Bajó el vidrio del pasajero y lanzó un último comentario a Yasuo.
―Si ese tipo intenta hacernos entrar en su tontería de "el amor artístico vastayano" para que recuperes a Qiyana, considérame fuera del equipo.
Yasuo le sonrió y asintió. Kayn aceleró y se alejó rápidamente del lugar, dejando a los dos músicos parados en la acera, mirándolo alejarse.
―Ok, pasa el chisme, ¿qué va a hacer Rakan? ―preguntó Ekko.
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― ¿Crees que puedas hacerme ese favor? ―preguntó Qiyana, bebiendo de su copa de vino tinto mientras esperaba a que llegara su platillo.
Evelynn retiró la copa de sus labios un centímetro, mirando a la latina más allá del borde de esta.
―Por supuesto que sí, cariño. Yo me encargo de que aprueben todo. No tendrás que preocuparte de nada ―le dijo la cantante, sonriéndole con confianza.
Ambas estaban en un restaurante lujoso en el centro de la ciudad, disfrutando de un par de horas libres antes de que tuvieran que irse a trabajar. El lugar era un espacio grande, con mesas y sillas de madera clara, muy elegante. Del techo colgaban macetas con diversos tipos de plantas, había grandes paredes de rejas de madera con enredaderas y flores, y algunas zonas eran separadas por grandes ventanales de vidrio, que dejaban fuera a las banquetas y las calles de alrededor. La cocina era céntrica, así que la gente podía escuchar y ver la preparación de sus alimentos. Las mesas eran todas separadas por secciones y escalones, unas más altas que otras, así que casi eran zonas reservadas, por lo que la privacidad era muy buena, aunque no tuvieran divisiones entre clientes.
A ese lugar solamente asistían las personas de la sociedad alta: estrellas de cine, músicos reconocidos, empresarios, herederos de familias, millonarios variados, y era muy difícil conseguir un lugar en él si no reservabas con un mes de anticipación. Pero, para Evelynn, era casi asegurada una mesa. No sólo porque era de las estrellas y divas más famosas del entretenimiento, o por su casi billonaria cartera, sino porque uno de los accionistas y propietarios del restaurante, era nada más y nada menos que su exnovio.
El hombre y Evelynn habían tenido una relación duradera y pasional, además de llena de misterio. Los medios jamás sabían nada de la pareja, únicamente los veían juntos, pero jamás lograban obtener información valiosa para los chismes. Y un día, abruptamente, Evelynn se declaró soltera.
Para Qiyana no fue difícil obtener la historia detrás de la separación de una de las parejas más cotizadas de los medios, pues fue la misma Evelynn quien le dio toda la información sobre ello; pero, ciertamente, era algo triste.
Fuera como fuera, el ex de Evelynn mostraba signos de no haber olvidado a la cantante, y parecía que sus sentimientos lo impulsaban a seguir tratándola como cuando estuvieron juntos, permitiéndole entrada exclusiva al restaurante, enviándole flores cada tanto, regalos, invitándole las comidas de los restaurantes pertenecientes a la franquicia. Eran gestos que jamás iba y decía en voz alta frente a nadie, pero Evelynn se había dado cuenta y asumía la situación, manteniendo el silencio y el secreto acerca del tema. La única que sabía era Qiyana porque era común que ella estuviera con Evelynn cuando ocurrían la mayoría de esos gestos.
― ¿No piensas contactar a Yasuo para decirle que no te busque mientras estas de vacaciones? ―preguntó Evelynn bajando la copa hacia la mesa, dejándola junto a su plato vacío.
―No ―contestó Qiyana, echando su cabello suelto sobre su hombro.
Ambas llevaban ropas similares, lo que acostumbraban a hacer cada que salían. Ambas con vestidos cortos arriba de la rodilla, el de Qiyana en color menta, y el de Evelynn de color gris oscuro. Ambas traían sandalias de tacones a juego con los vestidos, el cabello suelto, y lo único diferente era el abrigo que cargaban, pues el de la latina era una chamarra jumper semitransparente estilo top, y la de Evelynn era un saco color morado largo hasta la rodilla con mangas largas.
―Quiero estar completamente desconectada de todos. Yasuo se vuelve muy insistente cuando se da cuenta de que hay algo serio sobre la mesa, y sé que eventualmente va a entender lo que está pasando ―explicó Qiyana. Bajó la mirada―. Además, no quiero seguirle insistiendo, y le di muchas oportunidades. Lo justifiqué, lo protegí, le aguanté muchas fallas, mientras él se iba con Cassiopeia y pasaban tiempo juntos, sin encargarse ni un mísero segundo de la prensa, las redes sociales, el público, que todo recayó en mí.
―No tienes que darle explicaciones a nadie, querida ―dijo Evelynn con pena, entendiendo de dónde venía el coraje con el que hablaba Qiyana.
―Pues me sentí en la responsabilidad de hacerlo cuando todo el mundo me estaba diciendo que me estaban viendo la cara de idiota ―se quejó. Bajó la mirada molesta a la mesa y miró a un punto invisible en ella―. Los fans del grupo me decían que se notaba que Yasuo estaba alejado. Los fans de Yasuo me comentaban que estaba en manos de una mujer mucho mejor que yo. Y mis fans me "alertaban" sobre su engaño. Todo mundo estaba viendo lo que pasaba, y mientras yo intentaba calmar los rumores, calmarme a mí para no sobre pensar la situación, y calmar a nuestras amistades que se daban cuenta de que algo iba mal, Yasuo estaba preparando el comeback de su ex, llevándola a su oficina todos los días, trabajando juntos, olvidando citas, aniversarios, festejos, y cualquier cosa que nos involucrara a los dos… Hasta True Damage ―levantó la mirada a Evelynn―. Por eso no pienso decirle nada.
―Quieres hacerlo sufrir y desesperarse ―concluyó Evelynn.
Qiyana asintió, pero en su rostro se reflejaba una vergüenza a que Evelynn hablara tan abiertamente del tema.
―Entiendo cada cosa que recorre tu mente con la situación de Yasuo, pero al menos te pido que no te descuides a ti en cuanto a todo lo relacionado con que mantengas a los que te quieren al tanto de que estas bien ―dijo Evelynn con seguridad, mirando firmemente a la latina.
Qiyana la miró.
―No puedes sacrificar tu vida completa sólo por una persona que decidió dañarte, aunque no fuera cien por ciento consciente de que lo estaba haciendo ―acercó la copa hacia su pecho y cerró los ojos―. Esto terminará con la vida de esa persona en una nueva normalidad en la que solamente no estás tú, mientras que tu vida terminará solamente tú y nadie más. Con ese resultado, dime, ¿quién es el realmente afectado?
Qiyana parpadeó un par de veces, analizando las palabras de Evelynn con cuidado.
Cuando se disponía a responder, un ramo de flores llegó a la mesa de ambas, colocándose entre los platos en un jarrón color crema con detalles florales y curvos alrededor.
El mesero que lo traía se agachó a la altura de Evelynn, y dijo en voz baja.
―Un regalo del dueño del restaurante. Espera que estas flores amenicen su comida, señoritas ―dijo galantemente y con una sonrisa ensayada.
Evelynn le asintió en agradecimiento, ya acostumbrada a esto, y el mesero se alejó.
Qiyana le sonrió. Evelynn frunció el ceño.
―Ignora eso.
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Ekko cerró la puerta de su apartamento por última vez, deteniendo a Rompe Tiempo con la punta de su tenis para que no saliera de sorpresa mientras ponía la llave en el cerrojo.
Cuando puso el seguro, se volteó hacia la sala para ver a sus amigos reunidos. En ella, Yasuo, sentado en el sillón individual, miraba a Kayn, Rakan y al recién llegado Sett, los primeros dos compartiendo un sillón, y el último sentado en un banco alto que había jalado de la barra de la cocina hacia la sala, detrás del sillón grande.
―Gracias por venir, Rakan ―dijo Yasuo a su viejo amigo, sonriéndole con pena por la situación en la que lo contactaba.
Rakan le sonrió de vuelta.
― ¡Es un placer para mí el ayudarte, querido amigo! ―exclamó el joven rubio, haciendo un movimiento exagerado de sus brazos.
Rakan era un viejo amigo de Yasuo, conocidos de un mundo tranquilo fuera de los medios. Él y su novia Xayah pertenecían a un grupo de protección de animales y protección ecológica que había estado decayendo en los últimos años en apoyo y poder. Pero eso jamás los desanimó, siempre se mantuvieron en la primera línea de rescate, en especial de las aves conocidas como Vastayas, las cuales se estaban extinguiendo. Ambos trabajaban arduamente para detener su caza y consumo, y eran apasionados a esta raza en específico.
Rakan y Yasuo habían conectado por mero accidente, pues Rakan y Xayah habían ido a decomisar un ave Vastaya que había estado enjaulada en la oficina de uno de los directivos de la disquera de Yasuo, que se le había dado como regalo, pero que este director no sabía que era ilegal. Cuando iban de salida, el ave se salió de la jaula y voló por toda la zona de cabinas de grabación, terminando encerrado en la que estaba trabajando Yasuo. Rakan fue corriendo a tomar al ave de vuelta a la jaula de viaje, y ahí vio al ave escondida en la cola de caballo de Yasuo, pues esta se había sujetado fuertemente a las hebras de cabello en un intento de encontrar seguridad.
Rakan tomó al ave y Yasuo le ayudó a calmarla para que lo soltara. Luego de ese incidente, ambos llegaron a encontrarse un par de veces por la calle, y finalmente intercambiaron números, frecuentaron encontrarse a platicar, e inclusive se visitaban mutuamente en sus trabajos para conocer de lo que hacía el otro.
Así fue como Yasuo terminó conociendo la increíble percepción de Rakan hacia el género femenino y, en general, al amor y las relaciones; así que, evidentemente, era uno de sus contactos de confianza para tratar con lo de Qiyana. Aunque, en eso apoyaba a sus amigos, llegaba a ser muy exagerado en ocasiones.
Yasuo miró a Rakan, quien vestía una camisa de manga corta color rojo, con pantalones café claro largos, y unos zapatos mules como los de él, en el mismo tono del pantalón. Traía una gabardina larga de color vino, pero se encontraba colgada en la entrada con los demás abrigos.
Recorrió su mirada a sus amigos, captando primero a Sett, quien vestía una camisa de tirantes deportiva, con unos pantalones largos de mezclilla, tenis, y traía muchas pulseras en ambas muñecas, además de un collar de oro alrededor de su cuello, el cual era su más preciada posesión… luego de una foto de su madre en su casa, claro.
El único que no cuadraba con el estilo relajado de todos, con ropas sencillas o de casa, era Kayn, pues estaba vestido con un traje formal bien planchado y de aspecto pulcro. Color negro, con una camisa de vestir color azul marino, una corbata negra y zapatos negros de vestir, además de tener su cabello trenzado, y portar en el pecho su gafete de trabajo.
Yasuo lo había llamado para que fuera con ellos durante su hora del almuerzo, por lo que disponían de poco tiempo ya que este tenía que volver hasta, prácticamente, el otro lado de la ciudad. La ventaja es que traía su moto, por lo que tendría más fácil el regreso que con su pick up.
Ekko y Yasuo, por otro lado, vestían camisas de manga corta y holgadas de tonos grisáceos claros, con pantalones deportivos, el de Ekko morado y el de Yasuo en verde, y tenis, ambos estando en la comodidad de la casa.
― ¿Qué es lo que quieres que hagamos todos juntos? ―preguntó Rakan a Yasuo. Este lo miró de nuevo.
―No soy bueno encontrando una forma diferente de expresar mis sentimientos que no sea la música, y le fallé a Qiyana durante los últimos meses ―explicó Yasuo, ya habiendo dado el contexto de la historia a todos previamente―. Eché a perder mi relación, y no sé cómo compensar todo lo que hice. Tengo una leve idea de lo que puedo hacer, pero no sé cómo comenzar.
Rakan asintió. Kayn, quien parecía de los más ajenos y desinteresados al tema, miraba a su amigo con interés.
―Una temporada, completa, de puros festejos y citas por todo lo que no hice ―explicó Yasuo―. Lunes de un aniversario, martes de una cita, miércoles de un viaje, y así sucesivamente hasta cumplir con todo lo que fallé.
La cara de susto que tenían sus amigos era indescriptible, pero entendible. Era mucho trabajo, mucho dinero, mucho movimiento, pero el resultado que esperaba iba a valer totalmente la pena.
Kayn no fue muy expresivo de forma facial, pero su impacto era claro en sus finos rasgos. Ekko y Sett intercambiaban miradas con los ojos muy abiertos, y Rakan solamente sonreía con todos los dientes.
― ¡Me parece una maravillosa idea! ―exclamó Rakan― Y supongo que quieres que yo organice todo.
―Si me ayudaras, conmigo participando en ello, te lo agradecería mucho ―dijo Yasuo asintiendo hacia él.
―Y será todo un placer hacerlo ―dijo Rakan con mucho sentimiento.
Kayn lo miró de reojo antes de volver su atención al autor principal de la idea.
― ¿En qué entramos los demás? ―preguntó el detective.
Yasuo lo miró.
―Sett me ayudará con, prácticamente, transportar todo… si no es abuso… ―comentó Yasuo mirando con pena al pelirrojo.
Este sonrió y negó con un gesto.
― ¡Pero claro que no! Yo me encargo ―elevó sus brazos y los apretó, mostrando sus músculos―. Déjale esto a mis bebés.
Yasuo le sonrió en agradecimiento.
―Me imagino que yo seré ayudante en todo esto ―dijo Ekko. Yasuo asintió. El rapero señaló con la cabeza al sillón―. Y este ¿qué hará?
Kayn le frunció el ceño.
―Puesss ―comenzó Yasuo. Kayn le miró nervioso―, tú tienes… múltiples tareas, un tanto… ilegales.
―No voy a conseguirte ningún tipo de patrulla que te deje conducir a lo maniático por la calle ―dijo con firmeza, apuntándole con un dedo.
Yasuo negó con un gesto de cabeza.
―No no, nada de eso. Quisiera saber qué tan dispuesto estas a… conseguirme reservaciones exclusivas en lugares, con tu estatus de detective ―cuestionó Yasuo con cautela―. Ya sabes. Reservar todo un lugar.
Kayn arrugó la nariz y se puso de pie, volviéndose a abotonar el saco, listo para irse. Los demás lo miraron tensos, pues mantuvo su expresión seria, y no hizo ningún tipo de ruido mientras se preparaba.
― ¡Eso no es ilegal, hombre! ―contestó con una sonrisa, dándole una rápida palmada a Yasuo en el hombro― Claro que puedo hacerlo.
― ¿No es abuso de poder? ―preguntó Rakan con diversión.
―No mientras Zed y Trea no se enteren ―dijo Kayn con confianza, mientras hundía la cabeza entre los hombros con indiferencia―. Además, no pueden culparme, en JONIA usan eso de mí para hacer cosas similares para las misiones. Técnicamente estoy practicando mis habilidades noxianas para que JONIA las siga poniendo en práctica.
Caminó hacia la puerta, sacando las llaves de su moto para marcharse.
― ¿Cuándo comenzamos? ―preguntó Kayn mirando a Yasuo por sobre su hombro.
―Hoy mismo.
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Qiyana pateó fuera sus piernas la última manta que tenía a los pies de la cama, acurrucándose con todas sus almohadas debajo de ella. La laptop en su abdomen estaba encendida, y había terminado de pagar lo último de sus compras, así que estaba cerrando las pestañas de servicio para poder buscar algo de entretenimiento. Quería poner algún vídeo de fondo mientras acomodaba sus maletas, pero necesitaba algo verdaderamente bueno para no picarse en él sin perderle la atención.
Ya había vaciado el refrigerador, dejando los alimentos perecederos en casa de Evelynn, diciéndole a la mujer que ella podía comerlos sin esperarla. Después de todo, seguían la misma dieta, así que no había inconveniente en compartir algunos extras del menú.
Aun no le comunicaba a Trea que se iba de vacaciones, pero pronto lo haría. Quería pasar todo el proceso previo en calma, sola, y sin que nadie le dijera cosas acerca de sus motivos y su destino.
Puso la computadora en su mesa de noche mientras se levantaba, acomodándose los shorts deportivos por los muslos. Su top rosa de manga larga era holgado, así que podía sentir lo fresco del ambiente sin sentir frío. No traía calzado, por lo que la alfombra le atravesaba entre los dedos de los pies, dejándole una sensación muy agradable.
Caminó hacia el cuarto de armario que tenía entre su baño privado y su habitación, encendiendo la luz y buscando sus maletas entre los compartimentos de gancho. Tenía muchas maletas de todos los tipos: solidas, de metal, plástico, tela, morrales, grandes bolsas, entre otros, pero en ese momento no necesitaba más que dos: la gran maleta dura y plateada de ruedas, y una pequeña maleta de mano que podía tener con ella dentro del avión en su lugar.
Obviamente había comprado un asiento de primera clase, pues quería todo un espacio privado para ella y que no la molestaran mientras llegaba a su destino. No era mala con sus fans, de hecho, era muy conocida por siempre detenerse a dar fotografías, vídeos, autógrafos, y platicar con ellos. Pero ahorita ella quería vivir un momento en el que era ella y solo ella, disfrutar de su soledad como no lo había hecho desde antes de su relación con Yasuo.
Cuando todo iba bien con él, el estar sola jamás fue algo triste o desesperante, porque sabía que habría un momento en el que no lo estaría. El día, aunque tenía una leve rutina, era muy placentera. A las seis de la mañana, ella y Yasuo estarían despiertos. Si ella no tenía ningún ensayo de danza aérea, ambos harían ejercicio en el gimnasio de la casa. Luego desayunarían juntos en su cocina, pues les gustaba el ambiente que se hacía con la luz del amanecer. Luego de ello, ambos se arreglaban para irse a trabajar. Se iban en la camioneta de Qiyana, platicando todo el camino, o cantando, o en silencio cuando Yasuo iba con alguna nueva melodía en la cabeza y la latina sabía que debía de mantenerla. Al llegar al trabajo se separarían para sus propias zonas, pero se reencontrarían cuando había que grabar las canciones y para comer, juntándose con sus amigos para ello, o saliendo solos a algún restaurante. Al acabar ello, Qiyana siempre se iba primero porque Yasuo participaba en situaciones más grandes de producción, y, en ocasiones, en producción ejecutiva, así que él tenía que asistir a juntas en la tarde para firmar cosas o acordar términos. Qiyana regresaba a la casa a preparar algo para la cena, limpiaba un poco, veía la televisión, y se sentaba en su sala a esperar a Yasuo. Cuando él llegaba entrada la noche, ambos platicaban durante la cena sobre todos los temas que les cruzaran la cabeza, y luego iban un rato al estudio de Yasuo a escuchar música, trabajar un poco y practicar. Para el final del día, ambos estaban juntos en alguna de sus habitaciones, durmiendo tranquilamente hasta que Yasuo tenía que encargarse de los masajes para Qiyana. Y así hasta el día siguiente.
La rutina variaba poco, pero jamás para mal, y cuando Qiyana estaba sola como cuando salía con sus amigas, o a comprar cosas, o a llevar su propia rutina personal de cuidado, spa o trabajo, siempre disfrutaba su espacio antes de fusionarlo con el de Yasuo.
Ahora que estaba sola, su rutina se había reducido de una forma muy drástica, y le disgustaba.
Todas sus comidas duraban diez minutos, máximo quince, pues comía en silencio y sola. El ejercicio había tenido que extenderlo porque la mitad de sus ciclos los realizaba en ejercicios de pareja con Yasuo, así que tenía que rellenar los espacios vacíos. Sus prácticas musicales y de baile las llevaba a cabo casi con normalidad, pero en las ocasiones en las que estaba en la zona de canto, y Yasuo tenía que estar presente, se comportaba de una forma meramente profesional para poder hacer sus tareas sin interponer sus emociones, lo que había hecho que siguieran adelante con True Damage sin ninguna clase de problema.
Ahora tenía más horas libres entre semana. No había comidas grandes que preparar, o salidas espontaneas. Nadie con quien compartir pláticas, o ir en el camino de trabajo a casa disfrutando solo el viaje. No tenía prácticas en su casa, ensayos con nadie, momentos de holgazanear acompañada. Todo se había vuelto rápido y sin chiste. Su auto, su casa y su cama se habían vuelto enormes para ella. Había demasiada comida en el refrigerador, chucherías y frituras en la alacena, de las cuales la mitad no eran de ella, y tenía que regalarlas a sus amigos para que no se echaran a perder sin ser consumidos. El estudio se había vuelto un cuarto polvoriento y casi prohibido para ella, y era una zona de su casa a la que no quería ir, por lo que era un suplicio saber que seguía existiendo entre su cuarto y el gimnasio, notarlo al pasar.
No recordaba cómo era su vida antes de Yasuo, antes de True Damage, y todo lo que era ella por si sola lo había descuidado un poco.
Jaló la primera maleta.
FLASHBACK
― ¡¿Dónde está la crema?! ―preguntó Yasuo desde debajo del lavabo.
Qiyana, sentada en la sala, gritó sobre su hombro sin apartar la mirada de la televisión.
― ¡Debajo del cajón de los cubiertos! ―gritó ella.
Yasuo emergió de la cocina, asomándose por la barra de bar que daba al comedor.
― ¿Con qué las quieres? ¿Chispas o perlas de azúcar? ―preguntó el joven mientras colocaba la crema sobre un bowl enorme repleto de fresas.
―Perlas ―murmuró Qiyana absorta en el programa.
Yasuo miró con diversión hacia la sala, pues le causaba gracia cómo Qiyana se envolvía mucho en las telenovelas mexicanas que transmitían los fines de semana. Era una temporada tranquila en el trabajo, así que ambos podían darse el lujo de tomar sábado y domingo para hacer absolutamente nada productivo, lo cual incluía ver televisión, comer azúcar, levantarse tarde, o simplemente quedarse todo el día en cama. No eran personas que acostumbraran la holgazanería, y por ello esos fines de semana eran escasos en sus calendarios, pero realmente los disfrutaban.
Luego de agregar mucho más dulce a la ya perdida fruta roja al fondo del bowl, Yasuo se acercó hacia la sala y le entregó el plato a la latina, quien apenas puso atención al tomarlo entre sus manos.
Él se acostó contra el respaldo del sillón, atrayendo a la chica por la cintura hacia su hombro izquierdo para recargarla contra él.
Yasuo no era un verdadero fanático de las telenovelas, pero Qiyana ya le había confirmado que él llegaba a quedarse picado cuando ocurría algún drama policial o ilegal dentro de la historia, pues parecía genuinamente interesado cuando los personajes comenzaban a ser perseguidos, o tenían otros problemas aparte del triángulo amoroso, que era el principal foco.
― ¿Ya atraparon a Ismael? ―preguntó Yasuo, tomando una fresa de las que menos tenía crema.
Qiyana asintió vagamente.
―Sí, su parte está cerrada. Ahorita su esposa se fue del país con los bebés, y Lourdes está por verse con Sebastián ―explicó Qiyana sin apartar la mirada de la tv mientras comenzaba a comer.
Yasuo soltó un bufido.
―Me estresa mucho que Lourdes sigue viendo a Sebastian estando casada con Fausto ―se quejó Yasuo.
―Y Fausto está saliendo con Alicia ―dijo Qiyana con burla.
Yasuo jadeó sorprendido, dejando la mitad de la fresa dentro de su boca mientras sus ojos se abrían con sorpresa.
― .Cierto ―exclamó Yasuo. Ella asintió―. Odio los triángulos amorosos. Es horrible cuando en el amor verdadero se interpone un amor hipócrita lleno de interés.
―Asqueroso. ¿Qué afán tiene la gente de dañar las relaciones de otros? A final de cuenta no consiguen nada ―comentó Qiyana.
―Les llena tener que dañar lo que no tienen ―comentó Yasuo.
―Patético.
FIN DEL FLASHBACK
Patética era como se sentía ella ahora, echando sus últimos pares de zapatos a la maleta grande.
Sí. Si iba a sentirse patética por pensar que jamás iba a vivir un drama de telenovela mexicana, iba a sentirlo con sus mejores tacones y su mejor traje de fiesta.
