Hola a todos :)
Le traigo un nuevo capítulo, un poco corto, pero espero les haga sonreír ;D :3 Está basado en una travesura que hice de niña XD
Gracias por su tiempo de lectura y los reviews que gusten dejarme :)
Sobre sus comentarios:
Kitty 1999: Es verdad mi estimada, al menos en éste pequeño fanfic, le daré a Minos una personalidad más "paterna" y su hija le hará algunas travesuras XDXD Gracias por leer y comentar :D
Natalita07: Que bueno que te gustó mi versión alterna de Minos papá XD :D Al menos aquí me tomaré la libertad de hacer que sufra algunas travesuras de Ariadna XD La verdad es que es divertido crear universos semi alternativos para jugar con estas situaciones :D:D Gracias por leer y comentar :)
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3
Capítulo 2: Acuarelas
Era un día tranquilo con un agradable sol bañando la isla de los curanderos. Era domingo y Minos no iría a trabajar al inframundo, hoy le tocaba la guardia al juez Aiacos. Así que decidió que se ocuparía de algunas cosas en la casa, como, por ejemplo, reparaciones en el techo.
Todavía no convencía a Anna de mudarse a otro lugar, dado que esa casa había pertenecido a su abuela y no quería dejarla por ahora. Para el juez sería muy fácil adquirir otra propiedad o mudarse a su tierra natal, pero a ella no le gustaba el frío excesivo. Entonces, ya pensaría en otra cosa más adelante.
Trenzó su largo cabello platinado para que no le estorbara y salió hacia el cobertizo donde se guardaban las herramientas. Entonces, vio pasar a su esposa con la señora Elina, ambas llevaban grandes canastas.
—Vamos al mercado dominical para reabastecer la despensa, te encargo a Ariadna, ¿Puedes vigilar que no pinte las paredes u otra cosa? — pidió Anna.
—¿A qué te refieres? — quiso saber el juez.
—Le acabo de comprar unas acuarelas para que aprenda a dibujar, pero no quiero que vaya a manchar los muebles o las paredes. —
—Bien, yo me encargo— dijo impasible, al mismo tiempo que tomaba las herramientas y de un ágil salto alcanzaba la cornisa del techo.
Ambas mujeres se fueron y la tranquilidad reinó por un rato. El juez se ocupó de las reparaciones y se le olvidó por completo el encargo de su esposa. Tiempo después, su hija salió al patio y comenzó a llamarlo.
—¡Papá, papá! —
—Qué pasa, Ariadna— se asomó por un lado de la chimenea.
—Ya no tengo hojas para colorear— se quejó la niña, enseñando sus acuarelas y unos papeles pintados con dibujitos de todo tipo.
—Pues ponte a pintar otra cosa, pero no toques los muebles ni las paredes, o tu madre se va a enojar— dijo como si nada, sin realmente darle la debida importancia a sus palabras.
La chiquilla se adentró de nuevo en la casa, dispuesta a buscar algo para colorear. El problema es que los niños pueden tomarse muy en serio las indicaciones de los padres.
…
Un par de horas más tarde.
Minos terminó con las reparaciones del techo y decidió tomarse un descanso, así que bajó y se encaminó a la cocina para buscar algo de beber. Poco después, con un tarro de hidromel en la mano, fue hacia la sala para ver qué hacia su hija, dado que la escuchó reír emocionada.
—¿Qué estas hacien…? — se quedó mudo de la impresión y casi tira su bebida, la sorpresa le duró un par de segundos, hasta que por fin reaccionó al ver lo que hacía su nena. —¡Ariadna! —
—¡Mira papá, que bonita se ve tu armadura! — dijo con inocencia.
El imponente Sapuri de Grifo ahora lucía un encantador decorado de muchos colores: Puntos verdes en el casco, rayas azules en las alas, triángulos amarillos en las piernas y brazuelos, manchas rosas y moradas en el pecho, espirales anaranjadas en el faldón y las hombreras, etc.
—¡¿Por qué… ?, con un demonio! — el juez se frotó el puente de la nariz en evidente frustración. —Al menos tu madre no te compró óleos, porque si no… — masculló, mientras caminaba hacia un buró de la estancia.
Buscó algo en el cajón hasta que halló varias hojas de papiro, que en su momento no recordó que estaban ahí, y se las entregó a su primogénita.
—Toma, ve a tu cuarto y no salgas de ahí hasta que se me pase el enojo— dijo, mientras miraba con disgusto su colorido Sapuri.
—¿No te gustó?, pero así se ve más bonita que sólo el color negro— dijo sorprendida la chiquilla, no comprendía porque su padre no estaba contento con su obra de arte.
—¡A tu cuarto! — ordenó.
Ariadna tomó las hojas, sus acuarelas y se fue corriendo hacia las escaleras para subir a su habitación. Tal vez papá no estaba de buen humor hoy.
…
Rato después, Anna y Elina regresaron del mercado.
Ambas se quedaron mirando al juez, quien estaba en medio del patio, lavando con agua y un paño su oscura armadura. Anna soltó una pequeña risita, no tenía caso preguntar, bastaba con ver las manchas de colores para saber qué había sucedido. Pero eso le dejó en claro que Minos no había prestado atención a sus palabras: "Vigila que no pinte cualquier cosa".
Continuará...
Repito, no soy buena escribiendo comedia, pero ojala les haya gustado. No tengo muchos capítulos, pero los iré publicando a lo largo del mes y si alguien tiene una anécdota graciosa, es bienvenido a contarla para que la adapte con Minos y Ariadna, claro que en el contexto del siglo XVIII.
Gracias por leer :3
6/Junio/2021
