Buenos días :3

Como ya se acerca el día del Padre, he decidido adelantar éste capítulo, para que así pueda publicar otro el domingo que viene :D

Sean bienvenidos(as) los nuevos lectores(as) y de antemano agradezco su tiempo y los reviews que gusten dejarme, recuerden que eso anima y alienta a los escritores ;3


Sobre sus comentarios:

Kitty 1999: Tienes razón, no es fácil ser padre XDXD pobre Minos jajaja pero a veces los chamacos son demasiado traviesos y en un segundo terminan enlodados. Gracias por comentar.

Ginink: Gusto en leerte por aquí ;) :D Ya sabes, las mamás son las que mandan en la casa y Minos no tuvo toda la culpa, pero ni modo XDXD Creo que sí, muchos hicimos esas mismas travesuras de niños :D:D Y ahora que lo mencionas, tendré en cuenta lo de los comentarios "inadecuados" de niños frente a adultos XDXD algo se me ocurrirá. Gracias por comentar.


Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3


Capítulo 4: Trenzas

Inframundo, Corte del Silencio.

Era viernes, fin de mes.

Eso significaba que hoy había reunión con los otros jueces para revisar los temas administrativos del inframundo. Claro que sí, no por ser el lugar donde van las almas, era un sitio sin orden ni reglas. Todo se manejaba con su respectivo control, documentación y reportes. Las juntas eran necesarias, aunque no sirviesen de mucho.

Así que el juez estaba concentrado en sus notas y no quería que nada lo distrajera, pero…

—Papá… —

Minos resopló, cuando su hija empezaba a hablar en ese tono arrastrado, era indicativo de que estaba aburrida.

—¿Qué? — interrogó, sin dejar de escribir.

La niña permanecía sentada en un taburete junto a él, jugando con una marioneta blanca a la que hacía caminar de un lado a otro por el suelo, después subía por una de las patas del trono y luego brincaba sobre el borde de una de las alas del Sapuri, que se extendía flojamente junto a ella. Ese día la llevó al trabajo porque Anna había ido a una revisión médica con las comadronas.

—Estoy aburrida… —

—Sigue jugando con el títere y no me interrumpas— dijo impasible. —Te hubieras quedado con Elina, pero quisiste venir, no es así, entonces no te quejes. —

La chiquilla resopló con fastidio, su padre era demasiado gruñón a veces y lo malo es que ni siquiera estaba Lune para poder molestarlo. Por otro lado, los soldados Skeleton que hacían guardia, le rehuían rápidamente, manteniéndose ocultos de la vista del juez, le tenían bastante miedo, así que permanecían en las afueras y ella no podía salir del edificio.

Entonces ¿Qué más podría hacer para no aburrirse?

La marioneta ya no le entretenía, así que su atención se desvió hacia el largo cabello plateado de su padre. Una sonrisa traviesa se dibujó en su infantil carita.

—Papá, ¿Me dejas trenzarte el cabello? — inquirió, acercándose convenencieramente a él, colgándose de su brazo. —Por favor… y prometo quedarme calladita. —

Dicho movimiento provocó que Minos presionara demás la pluma con la que escribía, consiguiendo que una manchita de tinta echara a perder su elegante caligrafía. Frunció el entrecejo y luego inhaló profundamente mientras contaba hasta diez. Ariadna era su linda primogénita, pero a veces resultaba muy irritante la condenada chamaca.

—Sí, hazlo y déjame en paz— masculló, poniéndose de pie.

Acomodó su trono de tal manera que, al sentarse de nuevo y replegar las alas del Sapuri, su larga melena quedó accesible para su hija. La pequeña dejó el títere en el escritorio y de inmediato empezó a manipular los mechones platinados. El juez escuchó que buscaba algo en las bolsitas de su vestido, pero ya no le dio más importancia, enfocándose en corregir sus notas.

El tiempo avanzó por un rato y sólo una que otra risita por parte de Ariadna se escuchaba de vez en cuando. El juez no sintió nada extraño, solamente el acicalamiento constante de su cabello y alguno que otro jalón con algún peine, que realmente no le molestó.

—¡Ya quedó listo! — dijo triunfante la niña.

Minos ladeó un poco el rostro para mirarla, sintiendo diferente la distribución de su cabello. Pero como no alcanzó a ver nada raro, tampoco dijo algo al respecto.

—Me alegra saberlo, porque ya es hora de mi junta— colocó la pluma en el tintero y se puso de pie.

—¿Te puedes quedar así?, quiero que mamá vea que ya puedo trenzar el pelo— sonrió la chiquilla.

Con esa carita tan tierna, Minos no podía decirle que no a su nena, así que solamente rodó los ojos y asistió con un movimiento de cabeza. En ese momento, las puertas principales se abrieron, los jueces Rhadamanthys y Aiacos llegaban para la reunión. Detrás de ellos, Lune de Balrog también se hacía presente para relevarlo en su puesto.

—Te quedas aquí, no quiero que andes corriendo de un lado a otro, Lune te va a cuidar en lo que termina la junta— le dijo a su hija.

—Está bien, ¿Puedo usar la tinta y unas hojas? —

—Toma y por favor, no hagas travesuras o te castigaré—le acercó algunos papiros, el tintero y la pluma, después de sentarla en su trono para que dibujase en el escritorio. —Lune, vigila a mi hija. —

—Sí, señor— respondió el mencionado.

Los otros jueces ya subían por las escaleras, seguidos por el interino, pero cuando Minos les dio la espalda para encaminarse al pasadizo en el muro, unas risitas burlonas se les escaparon. Garuda y Wyvern no pudieron disimular la sorpresa al ver el cabello de su compañero.

Llamativas cintas de colores se entretejían en múltiples trenzas de cabello plateado, todas finalizadas con simpáticos moñitos. Ariadna había hecho varios arreglos con los mechones, algunos torcidos y otros más o menos decentes, medio enredados por aquí y otros sueltos por allá. Pero eso sí, todo se veía muy "lindo" para ella.

No obstante, los otros espectros no pensaban lo mismo.

El Balrog quiso reírse también, pero al notar que su jefe volteaba a mirarlos, hizo una rápida y estoica mueca para disimular. Él no se arriesgaría ante la poca paciencia que tenía el Grifo, así que lo mejor era fingir demencia. Se encaminó hacia el almacén de libros, dejando que la chiquilla se quedase desperdiciando la tinta y los pergaminos en psicodélicos dibujitos.

Los tres líderes se fueron por el pasadizo, la puerta de piedra se cerró.

Lune se acercó precavidamente para oír. Aunque la oficina de los jueces estaba un poco retirada, claramente pudo escuchar las carcajadas de Rhadamanthys y Aiacos, seguidas por el gruñido amenazante de Minos. Segundos después, algunos gritos y un poco de alboroto.

Bueno, Minos era muy poco tolerante cuando alguien hacia algún comentario respecto a su persona. Y fácilmente irritable si eso tenía que ver con algo hecho por su pequeña, así que Wyvern y Garuda la iban a pasar muy mal.


Continuará...

Gracias por leer y si alguien está siguiendo mis otros fanfics en proceso, les pido un poquito de paciencia, el trabajo me tiene abrumada :P

16/Junio/2021