Hola a todos :)

Como es día del Padre, les dejo un capítulo un poco más largo y con un elemento histórico acerca de una fruta. Recuerden, el fanfic se desarrolla en el siglo XVIII y por esos tiempos no existía la exportación masiva de productos como ahora, así que una piña era muy rara y valiosa en la Europa de aquella época.

Espero se animen a dejarme un pequeño comentario aquí, porque creo que no les gustó el capítulo pasado XP XD En fin, gracias por leer :3


Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3


Capítulo 5: Piña

Minos descendió en el patio tranquilamente, agitando un poco la hierba con el batir de sus enormes alas. Se encaminó al interior de la casa y vio a su esposa e hija en la estancia. Anna estaba deshaciendo unas trencitas del cabello de la niña mientras ambas platicaban. Como estaban de espaldas no notaron su presencia.

—¿Pero porque mamá?, yo quiero una— se quejó la chiquilla.

—Lo sé cariño, pero no hay en estas fechas, son muy escasas y probablemente tendremos que esperar hasta el próximo año cuando regrese el mercader— explicó la mujer, terminando de cepillarle el pelo.

—¿Y si le digo a papá?, ¿Crees que él pueda conseguir una? —

—Pues… no estoy segura si pueda. —

En ese momento, el sonido metálico del Sapuri se escuchó cuando Minos se acercó a ellas, interrumpiendo su conversación.

—¿Qué cosa no podría conseguir? — interrogó el juez.

—¡Papá! — la niña corrió hacia él. —¿Me comprarías una piña? — preguntó emocionada, mientras su padre la cargaba en brazos.

—¿Una piña? —

Sí, la chiquilla había dicho "piña". Minos hizo un gesto de duda, hacía mucho tiempo que no escuchaba esa palabra y le resultaba curioso que su hija estuviera pidiendo algo así. Por lo que miró a su esposa en busca de una mayor explicación.

—Ariadna, ve con Elina, es hora de que te duches, yo hablo con tu padre y le explico todo— dijo Anna.

—¿Pero si me van a comprar una piña? — insistió la pequeña.

—Haz lo que tu madre dice y después revisamos ese tema— el juez la bajó al suelo.

Ariadna asintió y se fue corriendo al cuarto de baño, donde ya la esperaba la señora Elina.

—¿Y bien, de qué se trata el asunto? — interrogó Minos, al mismo tiempo que chasqueaba sus dedos y el Sapuri se desmontaba de su cuerpo, para quedar ensamblado en una esquina.

—Es que hoy fuimos al puerto por algo de pescado y había un comerciante extranjero que estaba vendiendo algunas piñas— explicó la mujer, pasándole un albornoz para cubrirse. —Lo malo es que estaban muy caras y varias personas casi se pelearon por conseguirlas. —

—Si no me equivoco, tú te refieres a la fruta exótica del otro continente, ¿Verdad? —

—Así es, ¿La conoces, alguna vez probaste una? — preguntó ella, ya que no estaba segura si su marido sabía de dicha fruta.

—Sólo un par de veces cuando era niño, el clima de Noruega imposibilitaba que los comerciantes llevaran suficientes, así que ya no recuerdo su sabor— comentó el juez. —Lo que sí sé, es que la consideran un símbolo de estatus social e incluso algunos nobles la usan para presumir en sus fiestas. —

—Ven, te contaré una anécdota— lo llamó a la cocina.

Sirvió un poco de té para los dos y se sentaron a la mesa.

—Hace 2 años, cuando se celebró la fiesta del pueblo, llegaron muchos comerciantes extranjeros con productos muy exóticos que incluían piñas, una fruta preciosa, deliciosa y muy, pero muy, cara— el juez la escuchaba atentamente. —Por ese entonces, yo aún conservaba algunas de las gemas que me dejaste, así que decidí comprar un par de frutas, se acercaba el cumpleaños de Ariadna y quise darle eso como regalo. —

Minos hizo un gesto de extrañeza al saber que Anna había pagado con una joya.

—¿Tanto así costaba esa fruta? —

Él sabía que la piña era un tesoro extraño y hermoso que la mayoría de las personas no habían visto jamás en su vida. Era un distintivo de elegancia que incluso fue plasmado en pinturas y esculturas. En pocas palabras, disponer de un fruto de ese tipo, era un indicador inmediato de riqueza, ya que, para conseguirlo, se requería tiempo y mucho, mucho oro, debido a que era sumamente escaso. Incluso, los que no podían pagar por una pieza, a menudo la alquilaban durante una noche para presumir frente a sus invitados.

Efectivamente, la piña era todo un santo grial.

—Sí, es una fruta muy exótica y no es nada fácil de adquirir, así que pagué un rubí por dos piñas aquella vez— confirmó la mujer. —Las traje a casa y esperé a que maduraran lo suficiente, luego preparé un postre para Ariadna, debiste ver su carita, estaba feliz por degustar tan delicioso manjar— sonrió divertida. —Lo malo es que no han traído más frutas, así que no sé cómo decirle que no podrá tener una piña. —

Minos terminó de beber y se puso de pie.

—¿Con quién crees que estás hablando mujer? — se encaminó a la salida. —No por nada soy un juez del inframundo— sonrió pretencioso. —Si mi hija quiere una piña, mi hija obtendrá una piña, es más, le conseguiré varias de esas frutas. —

Siendo quién era y teniendo el estatus que tenía, él podía darse el lujo de comprar lo que quisiera con un chasquido de sus dedos.

Anna parpadeó extrañada, mirándolo desaparecer en el umbral de la puerta. Escuchó nuevamente el sonido metálico del Sapuri cubriéndolo y segundos después, el poderoso aleteo de sus alas. Su marido se había marchado nuevamente.

Inframundo, Tribunal del Silencio.

Las enormes puertas se abrieron, dejando pasar al juez hacia la enorme estancia.

—¡Lune! — llamó.

El interino salió del almacén rápidamente, había estado ordenando los libros de almas.

—¿Señor Minos?, pensé que ya se había marchado hace rato. —

El Grifo subió las escaleras hasta el estrado y preguntó directamente por lo que andaba buscando.

—¿Conoces algún espectro que provenga del nuevo continente? —

El Balrog hizo un gesto de extrañeza ante la rara pregunta de su jefe, luego se cruzó de brazos, meditándolo un poco. La mayoría de los espectros se conocían entre sí, pero pocas veces revelaban sus lugares de origen. Todos los soldados del inframundo provenían de distintas partes del mundo, así que probablemente había alguno con orígenes lejanos.

—No estoy seguro, pero creo que Niobe y Cube nacieron en los territorios americanos del imperio español— dijo al fin.

—Llama a Niobe, le tengo una misión— solicitó Minos.

—Pero señor, al juez Rhadamanthys no le agrada que use a sus hombres sin su permiso. —

El Grifo soltó una risa burlona.

—Wyvern no tiene por qué saberlo y si tiene algún problema, que me lo diga a la cara. —

Lune se alzó de hombros sin decir nada y se encaminó a la salida para ir a buscar al espectro Niobe.

Poco después.

Niobe estaba frente al escritorio del juez, escuchándolo atentamente. Todos los espectros de rango medio y bajo estaban obligados a obedecer a cualquiera de los líderes infernales, independientemente del escuadrón al que pertenecieran, así que no había nada de extraño en que él estuviera frente al Grifo.

—Y esa es la situación, quiero que me consigas esa fruta— terminó de explicar.

Simplemente le había dicho al espectro de Deep que se le había antojado dicha fruta y que como él provenía del otro lado del mundo, seguramente sabría dónde conseguir las piñas a buen precio, ya que éstas eran originarias del sur de ese continente. Niobe aún estaba un poco pasmado por la situación, pero aceptó la misión.

—Señor Minos, tiene usted razón, en mi tierra natal existe esa fruta en abundancia, pero… — miró de un lado a otro, cómo si no quisiera que nadie lo supiera. —Si el señor Rhadamanthys se entera de que me fui sin su permiso… —

—Yo me encargo de Rhadamanthys— dijo tranquilamente, mientras abría un cajón a su derecha, sacó algo y se lo arrojó. —Ahora lárgate de una vez, ahí tienes la primera parte de tu pago y dinero extra para el viaje y las frutas. —

Niobe atrapó en el aire el pequeño saco de piel, notando su peso. Sonrió convenencieramente al escuchar el sonido de las monedas.

—De inmediato, señor Minos— hizo una inclinación, para luego retirarse rápidamente.

.

.

Unos días después.

Anna y Minos estaban en la cocina, revisando cada una de las bellas y aromáticas frutas. Niobe le había conseguido ocho piezas grandes, coloridas y muy llamativas. Bueno, habían sido diez, pero tuvo que sobornar a Rhadamanthys con dos piñas por haber enviado a su subordinado al otro lado del mundo sin avisarle.

—¿Dónde las conseguiste?, ¿No fue demasiado caro? — preguntó la mujer, revisando la fruta más madura.

Minos tomó asiento, mientras curioseaba la puntiaguda corona de otra piña.

—Sí, me costaron un ojo de la cara, pero como el espectro de Deep es originario de Sudamérica, pudo conseguirlas más fácilmente allá— olfateó la fruta. —Es muy dulce su aroma. —

Anna guardó las frutas que aún estaban medio verdes y solamente dejó dos piezas amarillas. Se pondría manos a la obra de inmediato para hacer un rico pay de piña.

—Bien, entonces déjame preparar todo, voy a cocinar un postre delicioso. —

Por la tarde.

La cena familiar concluyó y ahora degustarían el postre de piña. Anna colocó el pay en el centro de la mesa, ya estaba a temperatura ambiente y su llamativo olor llenaba todo el lugar.

—Aquí tienes Ariadna— le sirvió una rebanada a su hija.

La niña había estado bastante emocionada después de enterarse que su padre consiguió varias piñas para ella.

—¡Huele muy bien! — cortó un pedazo y se lo llevó a la boca. —¡Está muy rico! — sonrió encantada y sin terminarse el bocado previo, volvió a tomar otro.

—Come con calma y respeto, que esta fruta es muy cara— le dijo Minos al ver que casi se atragantaba de la emoción.

Su esposa le sirvió una porción también y tan pronto el juez probó el sabor del postre, hizo una cara de evidente sorpresa. El sabor y la consistencia de la fruta eran increíbles, al grado de que se quedó pasmado por unos segundos, entretenido con la degustación. Hacía mucho tiempo que no probaba un manjar como éste.

—¿Estás bien? — preguntó Anna al verlo tan fascinado. —Oye… —

Él asintió con el rostro y se comió la rebanada en dos bocados, acto seguido, tomó otro pedazo y comenzó a devorarlo rápidamente. La mujer soltó una risita divertida, a veces Minos era más raro de lo normal. Por su lado, la chiquilla imitó a su padre, saboreando alegremente el postre.

Pero algunos minutos después.

—¡Mamá, mira a papá!, ¡Quiere robarme mi rebanada! — se quejó la niña.

Anna se había distraído un instante para lavar los platos, dejando a Minos y Ariadna comiéndose lo que restaba del pay, ella ya estaba satisfecha, así que no quería más. Pero no pudo evitar hacer un gesto de sorpresa al ver que su esposo sostenía en alto con una mano el último pedazo del postre, alejándolo de su hija, a la cual mantenía abrazada para impedirle alcanzarlo con sus manitas.

—No Ariadna, ya comiste demasiado, te hará daño— dijo el ministro en un tono burlón.

—¡Ese pedazo es mío! — siguió agitándose para tratar de conseguirlo. —¡Mamá, dile que no se lo coma! — reclamó al ver que su padre le daba una mordida al pay.

—Minos, no puedo creer que le robes el postre a tu hija— recriminó Anna, con las manos en la cintura. —Deja de ser tan tragón y dale la mitad. —

Manteniendo una expresión socarrona, su marido se negó.

—No quiero mujer, ésta delicia es muy adictiva, además, puedes preparar otro pay mañana— se dispuso a darle otra mordida al pedazo, pero algo se lo impidió. —¡Ariadna, no hagas eso! — su quejido fue inevitable.

La mujer comenzó a reírse al ver cómo su pequeña se colgaba de los mechones platinados de su padre con ambas manos, ejerciendo suficiente peso para hacerlo rabiar de dolor. La niña ya había aprendido del juez a ser un poco malvada para conseguir sus objetivos.

A Minos no le quedó más remedio que ceder.

—¡Pequeña demonio! — gruñó, soltándola y entregándole la rebanada, para luego sobarse las sienes y el cuero cabelludo.

Ariadna sonrió triunfante, mientras mordisqueaba el postre y se llenaba la carita con más migajas.

—De qué te quejas, si es igualita a ti— dijo Anna, riéndose todavía.

Afortunadamente las piñas durarían algunos días, así que el juez solamente debía ser paciente para poder probar un nuevo postre.


Continuará...

Jeje no sé porque se me hizo gracioso esto, pienso que es algo que Minos haría con su hija, robarle una rebanada de pay. Por experiencia personal puedo decir que algunos padres hacen eso, mi papá me robó el último pedazo de una pizza hace mucho tiempo, no puedo culparlo, de niño él nunca pudo probar una, así que simplemente quedó como una anécdota graciosa XD

Les aviso que éste fanfic continua por lo que resta del mes, aún me quedan un par de ideas para Minos y su familia.

Feliz día a los que son Papás ;)

20/Junio/2021