Hola a todos :3
Les traigo otro capítulo de Minos y su familia :) XD Espero les guste y me dejen un review, los adoro :D
Sobre sus comentarios:
darkacuario: Bienvenida y que bueno que te gustan las anécdotas de Minos y su hija Ariadna, la verdad es que Minos de TLC me encanta bastante :D:D y probablemente escribiré más capítulos de él y su familia :3 También de vez en cuando se asomaran los otros jueces, como aquí. Gracias por comentar.
Ginink: Tienes razón, a Minos le encanta lo dulce jajaja XDXD Creo que a muchos también nos gusta la piña, una fruta muy rica. Gracias por comentar.
Kitty 1999: Las piñas son deliciosas :D:D y soy de la idea de que Minos haría eso, robarle una rebanada a su chamaca XDXD Gusto en leerte por aquí estimada Kitty.
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3
Capítulo 6: Catarro
El juez escuchó el sonoro estornudo de su hija cuando entró a la habitación para despertarla. Era domingo y la niña no se había levantado aún.
—Ariadna, ¿Todavía no despiertas? — interrogó, acercándose a ella.
La chiquilla lo miró con ojos llorosos y le habló con voz mormada.
—No me siento bien— se quejó.
Minos le tomó la temperatura colocando su mano sobre la frente de la niña. Tenía un poco de fiebre y flujo nasal escurriendo, señales claras de que Ariadna se había enfermado de catarro.
—Ya vez por no obedecer a tu madre y andar jugando descalza en el patio mojado. —
El día de ayer estuvo lloviendo un rato y cuando se despejó por la tarde, la chamaca salió sin taparse adecuadamente y luego se quitó los zapatos para correr descalza en el pasto húmedo como si nada. El clima ya había refrescado, así que obviamente hubo consecuencias.
—¿Qué sucede? — se asomó Anna desde la puerta.
—Se enfermó, tiene algo de temperatura— respondió el juez.
—Ya veo— se acercó para revisarla. —Le voy a preparar una infusión de miel con limón y creo que será mejor cocinar una sopa de pollo. —
La cobijó un poco y le limpió el fluido de la nariz con un pañuelo. Como madre, sabía lidiar con esto y aunque su hija no se enfermaba seguido, a veces era inevitable.
—Será mejor que salgas del cuarto, si te quedas, te va a contagiar— le advirtió a su marido.
—Tonterías mujer, los jueces del inframundo no nos enfermamos. —
Anna rodó los ojos y suspiró.
—Sigues siendo humano, además, ¿Cuándo fue la última vez que te enfermaste? — Minos hizo un gesto de meditación, no podía recordar eso, así que solamente se alzó de hombros. —Te lo advierto, si te contagia, no quiero que estés de quejumbroso después. —
Salió de la habitación.
—Que exagerada es tu madre, ¿No crees? — dijo el juez, sentándose en la cama y limpiándole los mocos a la chiquilla con otro pañuelo.
Ariadna sonrió amodorrada, extendiendo los brazos hacia él. Su padre la cargó como si nada, cuando de repente, la pequeña comenzó a estornudar reiteradamente, justo frente al rostro de Minos. Éste cerró los ojos e hizo un gesto de claro desagrado cuando sintió las múltiples gotas de saliva esparciéndose por su cara.
—Lo siento papá— se rio la nena, mientras aspiraba graciosamente los fluidos de su nariz.
—Si, si, qué más da— buscó otro paño, la limpió a ella y luego a él mismo.
…
Por la tarde.
Ariadna seguía reposando en su habitación, ya había tomado las infusiones de miel con limón y ahora estaba probando la sopa de pollo. Minos estuvo cuidándola un rato en la mañana y ahora había subido para darle de comer. Su esposa le había advertido de nuevo que se mantuviera a distancia, pero él no hizo caso.
Es decir, era un espectro poderoso, uno de los tres líderes del inframundo, ¿Cómo se atrevía a pensar que un simple catarro podría hacerle algo?
—Sigue comiendo, tu madre dijo que te lo terminaras todo— mencionó el juez, dándole una cucharada del caldo.
—Está caliente— se quejó, pero siguió comiendo.
De pronto, volvió su ataque de estornudos, esparciendo saliva contaminada por todos lados. El Grifo simplemente rodó los ojos y de nuevo procedió a limpiarle la nariz.
.
.
Cuatro días después.
Inframundo, Corte del Silencio.
El juez Aiacos estaba en el escritorio principal, revisando sus tareas pendientes y escribiendo un par de notas cuando Lune de Balrog ingresó al vestíbulo, llevando un sobre en la mano.
—Señor Aiacos, el mensajero trajo otro aviso por parte del juez Minos— subió las escaleras hasta el estrado y le entregó la misiva.
Garuda leyó rápidamente, mientras hacía gestos y torcía la boca con molestia.
—Maldita sea, de nuevo Minos no vendrá a trabajar— gruñó, arrugando el pergamino. —Sigue enfermo el muy idiota. —
—No pensé que le afectase tanto un simple catarro— mencionó el Balrog. —Entonces me imagino que debo seguir reemplazándolo tiempo completo. —
—Así es, seguirás con el trabajo extra— sonrió divertido Garuda. —Pero míralo de esta manera, cuando regrese, podrás irte de vacaciones sin que te ponga pero alguno. —
Lune exhaló con resignación.
…
Isla de los Curanderos, casa de Anna.
La mujer entró a la habitación llevando una bandeja con un plato de sopa y una taza de alguna bebida humeante. La colocó en el buró cercano y miró con gesto burlón a su marido.
—No que los jueces no se enfermaban— sonrió.
Minos yacía recostado en la cama con una expresión de sufrimiento en el rostro. La gripe que le contagió su hija resultó demasiado fuerte, dejándolo postrado por más de dos días.
—Me voy a morir, mujer— se quejó con voz arrastrada. —Tal vez debería hacer mi testamento de una vez. —
Ella rodó los ojos con aburrimiento. A veces los hombres eran demasiado dramáticos por un simple catarro y su marido no era la excepción. Tomó el plato de la bandeja y se lo acercó.
—No seas llorón, es un simple resfrío, ahora enderézate y cómete esto, luego sigues con el té de limón. —
—Ya no quiero esa cosa, el limón me destiempla los dientes— gruñó Minos, comenzando a sorber el caldo con flojera. —No entiendo cómo es que Ariadna se curó en un par de días y ahora está como si nada. —
La mujer se alzó de hombros y volvió a sonreír socarronamente.
—Es una niña muy sana, por eso se recuperó pronto, lástima que no puedo decir lo mismo de su padre. —
El Grifo solamente rodó los ojos y siguió comiendo. Entonces, en el umbral de la entrada, se asomó la pequeña Ariadna.
—Mira papá, la señora Elina compró naranjas— enseñó una fruta que estaba pelando ella misma. —¿Quieres un gajo? —
—Quiero la naranja completa— dijo el juez, sin dejar de tomar la sopa. —Es más, voy a comer sólo naranjas en vez del limón… ¿Qué, porque me miras así? — interrogó cuando su esposa se le quedó viendo con una ceja levantada.
—Bien, si quieres sólo naranjas, tendrás que pelarlas tú— contestó ella, caminando rumbo a la puerta. —Yo tengo cosas que hacer y no puedo estar consintiéndote. —
El juez soltó una ligera risa.
—No te preocupes mujer, por eso tengo una hija a la que ya cuidé y me contagió, así que — volteó hacia la chiquilla. —Ariadna, tú vas a pelar las naranjas y me las traerás dos veces al día hasta que me recupere. —
—Está bien papá— aceptó la chiquilla como si nada.
Anna suspiró largamente, su familia era bastante rara y graciosa a la vez. Pero quizás esto era un buen trato entre padre e hija.
Continuará...
Ya saben, a veces los niños terminan contagiando a los padres XD
Gracias por leer :)
26/Junio/2021
