Hola a todos ;)

Les dejo otro capítulo de papá grifo y de antemano agradezco su tiempo y sus reviews :D ;)


Sobre sus comentarios.

Natalita07: Me gusta imaginarlo así, aunque sea con mucho OoC :D:D Todo se vale aquí en FanFiction y creo que es divertido poner al juez en estas situaciones XDXD Es cierto, en los siglos pasados muchas mujeres no recibieron educación, pero bueno, al menos eso ha cambiado. Gracias por leer ;)

darkacuario: Me alegra que te guste cómo describo a Minos, aunque sea alejado del contexto de SS TLC, porque para mi es bastante gracioso imaginarlo así, me encanta :D:D Gracias por leer :)


Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3


Capítulo 8: Hermanito

Isla de los Curanderos, casa de Anna.

El juez Minos se encontraba sentando en la sala, leyendo los panfletos recién llegados por correo con información relacionada a la compra-venta de piedras preciosas. El negocio de su familia se había mantenido estable, pero eso no quería decir que él descuidase sus inversiones. De pronto, escuchó los pasos de su hija bajando las escaleras.

Anna no estaba, había ido con Elina a buscar al sastre del pueblo para encargarle la confección de unos abrigos para el otoño que se acercaba. Entonces, él era el responsable de vigilar y entretener a su traviesa chiquilla que, si bajaba en éste momento, era porque estaba aburrida en su cuarto.

—Papá, ¿Qué haces? — se acercó al sillón donde estaba.

—Leyendo— dijo simple y llanamente.

—¿Qué lees, de qué se trata? —

—Información de compra y venta de piedras preciosas— volvió a responder, quizás si le decía algo simple que no entendiera por ser una niña todavía, ella se iría de nuevo a su habitación.

—Papá, ¿Me dejas trenzar tu cabello? — cambió de pronto el tema.

—No, la otra vez me dejaste muchos nudos y fue difícil quitarme tus moñitos— siguió leyendo. —¿Por qué no sales al patio y juegas con tu pelota? —

—Es aburrido si no juegas conmigo— se quejó, colgándose de su brazo. —Vamos a jugar. —

Minos le colocó la mano en la cabeza y le alborotó un poco el cabello.

—Ahorita no Ariadna, estoy ocupado, ve a jugar con los hijos de la vecina, seguro que les gustará la idea. —

La familia que vivía en la casa contigua tenía mellizos, niña y niño, de la misma edad que Ariadna y a veces jugaban juntos en el jardín. Pero ese día no estaban, por lo tanto, ella se aburría.

—No están, los llamé desde la ventana de mi cuarto y no contestaron— se cruzó de brazos con gesto enojado. —Si tuviera un hermano, podría jugar con él o ella— de pronto, hizo una pausa y sus ojitos se iluminaron. —¡Papá, ¿Y si me compras un hermanito?!—

El juez juntó los párpados y sonrió a más no poder, queriendo reírse con fuerza. Cómo decirle a su hija que eso no era tan fácil y no podía simplemente "comprarle" un hermanito. Inhaló aire profundamente, dejando de leer y tolerando que Ariadna lo jaloneara del brazo.

—Sí papá, si tuviera un hermanito o hermanita, podríamos jugar con la pelota, escondernos en el jardín, jugar a las carreritas, empujarnos en el columpio y… —

—Si Ariadna, lo comprendo— habló por fin, mirándola atentamente. —Pero no puedo "comprarte" un hermanito, los bebés no se compran. —

—Entonces ¿De dónde vienen?, quiero saber, podríamos ir por uno— sonrió inocente, pensando que no era tan difícil conseguir un compañerito de juegos. —Ya sé, le voy a decir a mamá que nos acompañe, ella puede escoger a mi nueva hermanita o hermanito. —

Minos amplió su sonrisa, era bastante divertido escuchar a su chamaca, quien hablaba demasiado y poseía una mente muy veloz. Sin embargo, no estaba seguro de cómo explicarle de dónde venían los bebés, era demasiado joven todavía. Pero, por otro lado, la mención de un nuevo hijo se le quedó muy presente, era un tema que no había tratado con Anna, así que tal vez…

—Bien, dile a tu madre que quieres un hermanito y en base a su respuesta, veremos qué sucede. —

—¡Sí! — saltó de alegría la niña. —¡Voy dibujar todo lo que haremos cuando él o ella llegue a casa! — se fue corriendo de regreso a su cuarto.

El ministro soltó una risa divertida, esperando que, para la tarde, cuando Anna regresase, la chiquilla ya se hubiera olvidado del asunto.

Rato después.

Los tres estaban comiendo tranquilamente en la cocina, cuando de repente Ariadna habló.

—Oye mamá, ¿Puedo preguntarte algo? —

—Claro que si cariño, dime— respondió la mujer, mientras tomaba una cucharada de sopa.

—¿Puedo tener un hermanito o hermanita? —

La madre de la chiquilla abrió los ojos en grande y la cuchara se quedó a medio camino de su boca. Miró a su hija y quiso decir algo, pero de pronto las palabras se le fueron. Minos se rascó la cabeza ante el comentario de Ariadna, pensó que lo había olvidado, pero no fue así. Entonces notó la mirada de su esposa sobre él.

—No me mires así mujer, tu hija está pidiendo un hermanito, ¿Cómo le explico que no es tan fácil? —

Ella alzó una ceja y lo miró inquisitiva.

—¿Tú le dijiste que podíamos "conseguirle" un hermanito? —

—Yo no dije nada— el juez se alzó de hombros impasible.

—Pero papá— intervino Ariadna. —Tú me dijiste que le preguntara a mamá y que ella lo decidiría. —

Minos rodó los ojos y exhaló lentamente, su pequeña era demasiado pertinaz. No es que el tema le incomodase, pero obviamente no estaba seguro de cómo darle una explicación. Además, su esposa tenía la última palabra, dado que era ella quién tenía el don de procrear vida, aunque él ayudase un poco en ello.

—Está bien, está bien— miró a Anna. —La niña estaba aburrida, le dije que fuera a jugar con los hijos de la vecina, pero como no estaban, se le ocurrió la gran idea de pedir un hermanito. —

La mujer sonrió levemente y suspiró. Era de esperarse que sucediera, su pequeña ya tenía cinco años y era obvio que jugar sola no eran tan divertido. Al menos los mellizos de la vecina la acompañaban continuamente, pero, de cualquier manera, Ariadna necesitaba hermanos.

—Bien, creo que podemos pensarlo— le dirigió un gesto cariñoso a su hija. —Pero tendrás que esperar un poco y prometer que serás una hermana mayor muy responsable, tu futuro hermano o hermana necesitará mucho cuidado y cariño. —

Ariadna se puso de pie, saltando alegremente de nuevo.

—¡Si, que bien!, ¡Prometo que la querré mucho, la voy a cuidar, le voy a enseñar a patear la pelota, iremos al campo a cortar girasoles y luego… y luego…! —

—Tranquilízate Ariadna— interrumpió el juez. —Todavía tienes tiempo para planear lo que harán, pero no será tan rápido, así que debes ser muy paciente. —

La niña asintió mientras seguía brincando de un lado a otro, realmente estaba feliz con la idea.

—A decir verdad… — murmuró Anna en voz baja, mirando a su marido. —No tardará tanto— le guiñó un ojo en gesto cómplice.

Minos se quedó pasmado, comprendiendo de inmediato la insinuación de ella.

—¿E-Estás s-segura? — preguntó inquieto. —¿Las comadronas ya te…? — interrogó, pero el gesto afirmativo de su mujer le confirmó la respuesta.

—Sí, ya tengo más o menos unos tres meses. —

La expresión del ministro cambió repentinamente, haciendo una sonrisa enorme. Se puso de pie y fue hacia Anna, para luego cargarla en brazos afectuosamente y darle un inesperado beso. Ella se sorprendió, pero de inmediato correspondió a su efusividad, comprendiendo que la noticia le había encantado más de lo que se hubiese imaginado.

Ariadna los miró besarse e hizo un gesto de asco.

—¡Uy, se besaron en la boca!, ¡Fuchi! —

Ambos se echaron a reír, sin preocuparles en lo más minino las reacciones de la chiquilla. Después de todo, le darían un hermanito, o hermanita.


Continuará...

XD Jaja, no sé porque, pero se me hizo gracioso usar la típica pregunta infantil acerca de dónde vienen los bebés XDXD No me enfoqué en esa explicación, pero me gustó cómo quedó esto XDXD

Gracias por leer :3

10/Julio/2021