Hola a todos :)

Lamento la demora, no he tenido ideas frescas para éste fanfic, pero hoy me llegó la inspiración y de paso me tomo la libertad de agregar al juez Rhadamanthys a éste pequeño universo semi alternativo ;) XD Espero que sea de su agrado y me regalen un review, eso me hace feliz ;)


Sobre sus comentarios:

Natalita07: Sí, creo que habrá otro bebe jaja XD y tal vez sea un niño ahora ;D

darkacuario: Esa típica pregunta ¿De dónde vienen los bebés?, descoloca a muchos padres XD

Kitty 1999: Me imagino que fue toda una sorpresa jaja XDXD y sí, habrá un nuevo hijo :P


Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3


Capítulo 9: Amistad

Inframundo, Corte del Silencio.

Minos estaba en el almacén de libros, acomodando algunos volúmenes, mientras de reojo, vigilaba a su hija, la cual permanecía sentada en su trono, desperdiciando tinta y pergaminos en garabatos. Al menos de esa manera la chiquilla se mantenía tranquila y no le daba problemas, ya que su niñero predilecto no estaba presente. Lune se había ido de vacaciones por dos largas semanas, situación a la cual no pudo oponerse, debido a que el interino lo reemplazó como juez todo el tiempo que estuvo enfermo de gripe.

—Mira papá, ya puedo dibujar la letra "gama" — dijo la niña de repente.

El juez salió del depósito y se acercó.

—Bien, vas mejorando, pero esa curva inicial debe ser más corta— señaló el trazo erróneo. —Hazlo de nuevo, recuerda que debes aprender a escribir tanto en mayúsculas, como en minúsculas— le dio otra hoja.

—Sí papá— asintió y comenzó a trazar de nuevo.

El ministro observó con agrado cómo su hija estaba poniendo verdadero empeño en aprender el alfabeto griego. Quizás le había tomado un par de semanas soltar la muñeca con los ejercicios iniciales de caligrafía. Pero una vez que pudo esgrimir mejor la pluma, comenzó a memorizar las letras rápidamente. Sin embargo, aún se le dificultaba esbozarlas, en especial las que se componían de más de un trazo redondeado.

A él le hubiera gustado enseñarle primero el alfabeto noruego, porque usaba letras latinas, más fáciles de dibujar. Pero como su esposa dijo: "Estamos en Grecia, es prioritario que aprenda a escribir en griego". Ella tenía razón en eso, además, Ariadna todavía no aprendía a hablar la lengua escandinava, la cual era más complicada de pronunciar que el idioma heleno.

De repente, se escuchó que las puertas principales se abrían. Minos alzó una ceja extrañado al ver de quienes se trataba.

—Qué raro que vengas a esta hora Rhadamanthys, apenas es media mañana— le dio un vistazo a su acompañante. —Y mira nada más, por fin lo sacas a que le dé un poco el aire— dijo burlón.

El Grifo se refería a un pequeño niño que venía sujetado de la mano del Wyvern, su hijo. Era la primera vez que lo traía al inframundo, ya que, al parecer, a su madre Pandora no le hacía gracia la idea.

—Cállate, no estoy de humor— dijo Rhadamanthys. —Pandora y yo tuvimos una diferencia de opiniones y no me quiere cerca de ella por ahora. —

Los recién llegados subieron las escaleras hasta el estrado.

—Te comprendo, a veces las esposas son demasiado impositivas— dijo Minos, mirando al chiquillo que se ocultaba detrás del ala del Sapuri de su padre. —¿Y el niño? —

—Quiso venir conmigo, así que lo traje para que conozca el lugar— medio sonrió. —Saluda Oliver, ellos son el juez Minos y su hija Ariadna— apartó su ala y lo hizo dar un paso al frente.

—Hola… — murmuró en voz baja el pequeño rubio.

El chamaco era un poco tímido, algo normal en un niño de 3 años que no salía mucho de casa. Se parecía a su padre en el color de cabello y a su madre en el tono oscuro de sus ojos. Ariadna lo miró con curiosidad, era la primera vez que se conocían, así que bajó del asiento y caminó hacia él.

—¡Hola, soy Ariadna! — se presentó efusivamente y levantó su manita para saludar.

Inmediatamente el niño se escondió detrás de su padre, dando claras muestras de nerviosismo y falta de experiencia para relacionarse con sus congéneres.

—Oliver— Rhadamanthys advirtió en un tono serio. —No seas maleducado. —

El pequeño se asomó otra vez y sin mirarla directamente, correspondió al saludo agitando levemente su manita. La niña bajó el brazo y volteó a mirar a su progenitor con gesto sorprendido.

—Papá, ese niño es raro— dijo inocentemente. —¿Crees que le gusten las galletas? —

El juez Grifo soltó una risita, su hija era bastante espontánea y no se moderaba con sus palabras, aunque claramente no lo hizo con la intención de ofender a nadie. Y quizás esto podría ser benéfico para el otro chiquillo, la compañía de alguien vivaz podría ayudarlo.

—Ariadna, no seas irrespetuosa, Oliver es más pequeño y no te conoce todavía, es normal que esté nervioso, así que, por qué no le preguntas si le gustan las galletas— luego miró al Wyvern. —¿Tu hijo es alérgico a algo? —

Rhadamanthys negó e hizo que su chamaco diera otro paso al frente.

—¿Quieres galletas?, las hizo mi mamá— dijo la nena, tomando una bolsita tejida que colgaba de su cintura. —Son sabor chocolate— la abrió por completo para mostrar el contenido.

El pequeño rubio miró con asombro los bizcochos e hizo una pequeña sonrisa, asintiendo de inmediato. Entonces agarró uno y lo mordió con evidente emoción.

—¿Cómo se dice, Oliver? — preguntó su padre.

—Gracias… — respondió con migajas en la boca.

—Bien, no quiero que se diga que un hijo mío no tiene educación, ahora quédate aquí un momento, tengo que revisar unos pendientes. —

Ambos jueces fueron al almacén.

—Ariadna, compártele más galletas y juega con él, pórtate bien— indicó Minos.

—Sí papá. —

Le ofreció más galletas a Oliver y después regresó a sentarse frente al escritorio.

—Tú no hablas mucho— dijo Ariadna. —¿Sabes dibujar? — el niño se asomó por el borde del mueble y negó con un movimiento de cabeza. —Yo te puedo enseñar— sonrió alegre.

Dado que el infante no alcanzaba la superficie de la mesa, la chiquilla decidió tomar las hojas y el tintero para bajarlos al suelo. Ahí sería más fácil poder dibujar.

—Mira, sujetas la pluma así— comenzó a ejemplificar. —Luego la remojas en la tinta y después pintas así… —

El hijo del Wyvern prestó atención al ver cómo la tinta negra formaba garabatos. Si bien al principio se mostró callado y nervioso, ahora parecía ir relajándose poco a poco. Entonces ella le ofreció la pluma.

—Inténtalo tú— le acercó un pergamino en blanco.

Oliver lo hizo, pero su coordinación fina aún no estaba bien desarrollada, así que no podía hacer que la tinta se distribuyera correctamente, dejando sólo manchas por toda la superficie del papel.

—No puedo… — murmuró, dejando la pluma de lado. —¿Otra galleta? —

—Toma— le extendió la bolsita. —Inténtalo otra vez, mi papá dice que no hay que rendirse sólo porque no te salió bien a la primera— le acercó el tintero. —Así que usa tus dedos, será más fácil. —

El pequeño accedió, así que, con una mano comía galletas y con la otra, se embarró los dedos de tinta negra para comenzar a trazar puntos y rayas. Una simpática sonrisa apareció en su rostro al ver lo divertido que era dicha actividad.

—Dile a tu papá que te compre unas acuarelas— sugirió Ariadna, mientras seguía practicando el alfabeto griego en su propio papiro. —Son de colores muy bonitos y podrás pintar en cualquier lado— hizo una pausa y luego habló en voz baja, como si contara un secreto. —Pero no vayas pintar la armadura de tu papá, se podría enojar como el mío. —

El niño asintió con media sonrisa.

—¡Mira…! — dijo de pronto, enseñando su brazo descubierto, que ahora tenía un trazo negro.

—Es un círculo, pero… — quiso decir algo. —No deberías pintarte… —

Demasiado tarde.

El hijo del Wyvern había empezado a colorear su piel, riéndose por la sensación de cosquillas que la tinta le provocaba. Ariadna hizo un gesto desconcertado al principio, pero luego se alzó de hombros tranquilamente. Después de todo, a él parecía gustarle.

Un poco después.

Rhadamanthys se asomó para ver que todo estuviera bien con los mocosos, pero cuando vio la escena, su rostro se desencajó.

Había pergaminos rayados por todos lados, manchas negras en el piso y la ropa de Oliver ahora lucía huellas de manitas oscuras por todos lados. Aparte de todo eso, su hijo tenía la cara pintada con círculos alrededor de los ojos, "barba" en el mentón y rayitas en la frente. Y como si no fuera suficiente, el chamaco estaba pintándole "bigotes de gato" a la hija de Minos con lo restante de la tinta.

Estuvo a punto de salir y poner el grito en el cielo, cuando una mano le sujetó el hombro. El Grifo permanecía detrás de él y obviamente también había visto todo.

—No lo hagas, no lo regañes— dijo en voz baja. —Mira su sonrisa, él está divirtiéndose— hizo hincapié en ese detalle. —Si no me equivoco, tu hijo es tímido porque Pandora y tú son demasiado estrictos. —

Rhadamanthys se quedó en silencio y luego miró al niño. Efectivamente, el chiquillo se notaba verdaderamente entretenido al estar jugando con Ariadna, pintándose mutuamente las caras. Exhaló despacio y optó por darle la razón a Minos. Tal vez debería permitirle más libertades a su hijo, después de todo, la rígida educación inglesa no siempre era lo mejor.

—Está bien, como digas— lo miró dudoso. —Ahora dime, cómo lidiarás con tu esposa cuando vea a tu hija pintarrajeada, es decir, al menos para darme una idea de lo que deberé hacer yo cuando Pandora me pregunte porque Oliver tiene "barba". —

El juez Grifo sonrió divertido y mientras regresaban a ordenar más libros, le dio un par de consejos.

.

.

Más tarde.

Minos y Ariadna ya se retiraban del Tribunal del Silencio.

—Hasta luego Oliver, señor Wyvern—se despidió la niña con un gesto de mano.

El chiquillo correspondió de la misma forma, conservando una expresión alegre.

—Adiós Ariadna… gracias por las galletas. —

Una vez que se fueron, Rhadamanthys se agachó frente a su vástago y le pasó un dedo por el rostro para ver qué tan seca estaba la tinta.

—Bien, no te voy a regañar por pintarte la cara, pero ahora debo asearte un poco— lo tomó de la mano y se encaminaron hacia la zona oeste, donde se ubicaba un salón de baño.

—Mamá… ¿Se enojará? — interrogó preocupado el niño.

—No lo sé, pero le diremos que sólo estabas jugando y que la hija de Minos te enseñó a dibujar, es una buena explicación— vio que el pequeño sonreía levemente.

—Papá… ¿Me compras unas acuarelas? —

El Wyvern alzó una ceja sorprendido, pero después asintió. Al parecer, Ariadna se convertiría en una traviesa influencia para su primogénito y en una agradable amistad también.

—Claro, te las compraré cuando regresemos a casa. —


Continuará...

Les presento a Oliver, el hijo de Pandora y Rhadamanthys en mi mundo de fanfics TLC.

No sé porque, pero se me hizo muy gracioso escribir esto, es decir, los niños son tan inocentes cuando juegan con tinta jajaja XDXD

Gracias por leer ;3

21/Agosto/2021