Buenas noches :3
Lamento la tardanza, a veces las ideas tardan en formarse XD Les dejo otro capítulo sobre lo buen padre que es el juez XD Recuerden que me tomo muchas licencias creativas en éste fanfic ;D
De antemano agradezco su tiempo y los reviews que gusten regalarme, me hacen feliz :3
Sobre sus comentarios:
Kitty 1999: Querida, me alegra saber que te gustan los cambios de humor del juez. Ahora si tiene que preocuparse por Anna y el nuevo bebé jaja XD ;D
Natalita07: Debe ser complicado lo del embarazo. No he comido nunca en taco bell, pero todo se vale con tal de no quedarse con el antojo. Es cierto, Minos no se esperaba los síntomas, pero ni modo ;D Aún no he pensado en el sexo del bebé, pero ya veremos más adelante ;)
Adilay Vaniteux: Gracias por tus cometarios y por tomarte la molestia de leer cada capítulo, me alegra saber que te gusta el fanfic. Y sí, todo sería más equilibrado si ellos sufrieran las molestias del embarazo jajaja. Hay mucho OoC en Minos, pero disfruto escribirlo de esta manera. Ya pensaré en el sexo del bebé y lo sabrán después ;) :D
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3
Capítulo 11: Peluche
Isla de los Curanderos, casa de Anna.
Minos y Anna permanecían en la estancia, cada uno sentado en un sillón, distrayéndose con su propia lectura. El juez revisaba el correo y unas gacetas de comercio, mientras que su esposa leía una novela. En la alfombra del centro, sentada frente a la mesita de noche, Ariadna estaba jugando con unos muñecos y su marioneta blanca.
Dicho objeto era uno de sus favoritos, dado que siempre había estado con ella desde que tenía memoria. Así que se entretenía con ella, junto con una gran muñeca de trapo hecha a mano y un osito de felpa. La niña estaba "tomando el té" con sus juguetes.
—"¿Quiere más té, señor oso?" — le preguntó al peluche. —"Si, por favor"— se respondió ella misma.
Entonces comenzó a manipular las cruces de madera, haciendo que los hilos estiraran los brazos del títere para tomar una tacita y servir la bebida imaginaria. La pequeña ya había mejorado bastante su control con la marioneta y las hebras ya no se le enredaban. Pero, cuando hizo otro movimiento para cambiar la posición de las extremidades, dos filamentos se rompieron.
—¡Ay no! — dijo preocupada. —¡Mi marioneta se rompió! —
Su tono se escuchó demasiado inquieto, tanto que llamó la atención de ambos padres.
—¿Qué sucede hija? — preguntó Anna, mirando cómo la chiquilla hacía un puchero.
—¡Se rompió! — enseñó el títere.
La figura colgaba flojamente, dado que se habían roto las hebras que sostenían la cabeza y el torso. Minos observó atentamente el pálido objeto e hizo una sonrisa tranquila, dicha marioneta no podía ser dañada tan fácilmente y menos por un niño. Sólo era necesario reemplazar los hilos.
—No está rota, solamente se cortaron unos filamentos— tomó el juguete entre sus manos. —Vaya, no pensé que los hilos duraran tanto tiempo— murmuró en voz baja lo último.
—¿La puedes arreglar, papá? — interrogó la niña con un gesto preocupado.
El juez la miró tranquilamente y asintió.
—Sí, pero tendré que mandar a comprar cuerdas especiales, así que tendrás que esperar un par de días antes de que puedas jugar con ella de nuevo, ¿Entendido? —
Ariadna confirmó con un movimiento de cabeza, relajando su inquietud. En verdad le había preocupado que su marioneta hubiera sufrido un daño grave. El ministro revisó de nuevo las piezas blancas y luego las cruces de madera, lo mejor sería hacer la sustitución completa de todas las hebras. De repente, sintió la mirada de Anna sobre él.
—Oye Minos, ahora que lo pienso… ¿Dónde conseguiste esa marioneta? — preguntó curiosa. —Es decir, ¿De qué está hecha y porque ha durado tantos años? —
El aludido le sostuvo la mirada sólo un segundo y después desvió los ojos, manteniendo una sonrisa traviesa. Su esposa no sabía el origen de dicho objeto ni su hechura. Y lo mejor era que ni ella, ni su primogénita, lo supieran porque… sería difícil de explicar y quizás un poquito macabro. Por aquel entonces, cuando él mismo hizo el títere, sus circunstancias eran un poco… complicadas.
—Sólo te diré que el juguete está impregnado con mi cosmos, por eso ha durado tanto tiempo, excepto las cuerdas, esas tenían que degradarse inevitablemente— se puso de pie, encaminándose a la salida. —No te inquietes, no es relevante su origen, es más, ahora mismo voy con el sastre, tal vez tenga hilo de seda disponible. —
La mujer lo miró con suspicacia, pero decidió no preguntar. Después de todo, a su hija le encantaba la marioneta y entre más pronto la tuviera de regreso, mejor.
—¿Puedes preguntar de una vez si ya tiene los abrigos que le encargué? —
Él asintió, mientras guardaba el títere en una bolsa de piel para llevárselo.
—Papá— llamó la chiquilla. —¿Me compras algo cuando regreses? —
—Nada de dulces entre semana, ya te lo dije— respondió el juez. —Ya veré que me encuentro en el camino— finalizó, saliendo de la casa.
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Taller de Sastrería.
Minos llegó al lugar y entró por la puerta del establecimiento, haciendo sonar una campanilla que llamó la atención del dueño.
—Buenas tardes caballero, ¿En qué puedo ayudarlo? — saludó un hombre maduro detrás de un mostrador que zurcía una gabardina con una enorme aguja.
—Vengo por unos abrigos que encargó mi esposa Anna y también necesito que arregles esto— sacó la marioneta y le mostró las hebras rotas. —Es de mi hija, así que quiero que le reemplaces todos los hilos por unos que sean de seda. —
El sastre parpadeó sorprendido, era muy extraña esa petición, dado que sólo se ocupaba de elaborar ropa y alguna que otra artesanía en tela.
—Ejem, señor, no puedo usar hilo de seda con éste juguete, es muy costoso y… — se quedó en silencio cuando un pequeño saco resonó con monedas sobre el mostrador.
—El dinero no es problema, te pago una madeja completa de seda si es necesario, pero quiero que la marioneta esté lista lo más pronto posible— dijo con seriedad, sonando más autoritario de lo normal.
El costurero se desconcertó por un segundo, pero viendo el brillo del dinero, no pudo negarse. Y menos con la mirada tan inquietante que tenía el cliente y esa aura atemorizante que lo rodeaba.
—Entendido señor, buscaré la seda más fina que tengo y comenzaré de inmediato— tomó el saquito, lo guardó y luego se dirigió a otro pasillo del lugar. —Espere aquí por favor, voy por los abrigos. —
Minos lo siguió con la mirada, le divertía que le tuvieran miedo.
Entonces se puso a curiosear por los estantes aledaños. Había ropa de todo tipo, sombreros, cravats, chaquetas, mallas y otros complementos para vestir. Y más allá, se podía notar una zona apartada, donde encontró las artesanías que también se vendían ahí: Muñecas de porcelana con ropa confeccionada a la medida y otros tipos de peluches elaborados con piel y telas de llamativa textura.
Dichos objetos eran poco comunes en un lugar como ese, pero tal vez el sastre era uno de esos sujetos al que le llegaba la inspiración de formas curiosas. No solamente eran figuras humanas, sino que también había animales de todo tipo y algunas criaturas del folclor europeo. Algo raro para las personas, pero llamativo para el juez, quien se puso a observar cada peluche.
La hechura era un poco burda, pero se notaba la dedicación para darle al muñeco una forma que se aproximase al animal real. Y en cuanto a las criaturas mitológicas, el costurero no estaba tan errado. Había un pequeño dragón, una arpía, un pegaso, otros entes que no conocía y luego… un grifo. Alzó una ceja al ver el curioso peluche.
Era de tamaño mediano, en colores café claro, blanco y amarillo. La tela no era piel natural, sino terciopelo de brillante textura. Hasta resultaba gracioso ver dicho animal mítico, ya que aludía a la criatura que representaba su estrella como espectro de Hades. Definitivamente tenía que llevárselo.
El sastre regresó con los abrigos en mano y vio a su cliente esperándolo, con el peluche sobre el mostrador.
—Señor, ¿Quiere llevarse esa pieza?, ¿Seguro? — interrogó asombrado.
—Sí, lo quiero— respondió Minos. —¿Por qué la pregunta, acaso no está en venta? —
—No es eso, señor— dobló los abrigos y los guardó en una caja. —Es sólo que… no a mucha gente les gustan mis creaciones, dicen que son extravagantes. —
El juez hizo una sonrisa burlona, pero no era para el hombre.
—Deberías llevar tus artesanías a la ciudad de Atenas, la gente ignorante de esta isla no sabe apreciar las habilidades manuales— depositó más dinero sobre el mostrador. —Tienes la dirección de la casa de mi esposa, tan pronto tengas la marioneta, llévasela— finalizó.
Tomó la caja con los abrigos y el peluche, para después abandonar el establecimiento, sin siquiera esperar a que el dueño le regresara el cambio del pago.
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De regreso en casa.
—¡Es muy bonito! — gritó emocionada la chiquilla, recibiendo el peluche en sus manos. —¡Gracias papá! —
—Para que te entretengas y no quiero que lo pintes con tus acuarelas— mencionó el juez, para luego mirar a Anna. —Aquí están los abrigos, ya está todo pagado, traerán la marioneta a casa cuando esté arreglada. —
—Vaya, jamás había visto un muñeco de ese tipo, no pensé que alguien pudiese imitar su figura en tela— mencionó ella, mirando la pieza de peluche. —Es un lindo detalle— le sonrió a su esposo.
Sin poderlo evitar, Minos se sonrojó sutilmente. Tal vez no lo gritaba a los cuatro vientos, pero le hacía feliz ver las sonrisas de su familia.
Ariadna se puso a correr por toda la estancia, haciendo "volar" al muñeco con sus pequeñas alas, mientras imaginaba alguna historia de fantasía para su nuevo juguete.
Continuará...
Creo que me quedó tierno XD jaja en fin, díganme ustedes :D
10/Octubre/2021
