Buenas noches :3
Les traigo otro capítulo, donde veremos a los 3 jueces y sus hijos XD Recuerden que me tomo muchas licencias creativas con los personajes.
Gracias por leer y por sus reviews, me hacen feliz ;D
Sobre sus comentarios:
Natalita07: Es verdad, Minos puede ser buen padre y esposo :D Me gusta plasmarlo de esa manera, aunque sea muy OoC, me alegra que te guste como lo presento. Gracias por leer ;)
Adilay Vaniteux: Sí, Minos es bastante normal aquí jaja XD Sí, la marioneta es la misma, pero ahora es sólo un juguete, ya no hace sus trucos macabros jaja ;D Sobre el cosmos, siempre he creído que es una energía imparcial, su poder benéfico o destructivo, depende del usuario :D Aquí, Minos usa su cosmoenergía para algo bueno. Ariadna muy emociona, lo normal en un niño. Gracias por leer :)
Kitty 1999: Jaja no es mi intención el exceso de dulzura, pero se me va de las manos el carácter de los personajes XD Gracias por comentar ;D
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3
Capítulo 13: Pañal
Inframundo, Tribunal del Silencio.
Los tres jueces estaban en sus respectivos escritorios de la oficina principal, elaborando el reporte general sobre las estadísticas de los muertos. Desde hace dos meses se había desatado una epidemia de cólera en algunas partes de Grecia, así que los decesos estaban a la orden del día. Por lo tanto, los tres hombres habían estado todo el tiempo en la Corte haciendo su trabajo para que las filas del Yomotsu no se saturaran.
No obstante, en éste extraño día, todos los ministros habían coincidido en llevar a sus respectivos hijos con ellos al trabajo porque… bueno, porque sus esposas estaban ocupadas en otras cosas.
Pandora quería tomarse el día para ella misma, así que le dijo a Rhadamanthys que iría de compras al centro de Londres. Y como el pequeño Oliver había insistido en quedarse con papá, porque le aburría ir de tienda en tienda, se decidió que el juez se llevaría al niño.
Anna estaba algo cansada debido al embarazo y tenía ganas de dormir todo el día, así que Minos trajo a su hija para que no la molestase con sus travesuras. Después de todo, Ariadna estaba cada vez más impaciente por la llegada de su futuro hermano, así que lo mejor era distraerla con la compañía de otros niños.
Violeta, por su parte, había querido ir a visitar al único familiar que le quedaba con vida, así que le pidió a su esposo que se ocupara de los mellizos. Es decir, no podía visitar a su anciana tía y estar cuidando de dos llorones chamacos al mismo tiempo. Además, el padre también tenía la obligación de convivir con sus vástagos.
Por lo tanto, había demasiados niños en el Tribunal.
Afortunadamente, Ariadna y Oliver ya tenían edad suficiente para seguir órdenes y quedarse en un solo sitio jugando tranquilamente. Así que los dos estaban sentados en la sala central del lugar, sobre la alfombra, divirtiéndose con la pelota de la niña. Por turnos, intentaban encestar el balón en una cesta de mimbre ubicada a un par de metros frente a ellos.
Todo bien hasta ese punto, pero los otros chiquillos, eran un tema aparte.
Los hijos del juez Garuda, un niño y una niña, apenas tenían poco más de 1 año de edad, así que estaban en su pequeño mundo aparte. Ambos permanecían dentro de un corral hecho también con mimbre, pero recubierto de lienzos suaves para que no se lastimasen con alguna ramita. Estaban rodeados de algunos objetos para su entretenimiento, como pelotas de lino, figuras de madera finamente tallada y algunos muñecos tejidos con lana.
Aunque había sido el último en convertirse en padre, Aiacos había tenido la buena suerte de que su esposa Violeta le diera dos niños en su primer embarazo. Cosa que presumió por varios meses a sus colegas, todo el tiempo y a todas horas. Es decir, los jueces debían dejar descendientes para mantener su linaje en la Tierra, así que entre más hijos tuviesen, mejor.
Y ahí estaban los mellizos, babeando las figuras de madera y haciendo ruiditos extraños de vez en cuando.
—Oye, ¿Hueles eso? — preguntó Ariadna, deteniendo el juego de la pelota.
Oliver asintió mientras se tapaba la nariz y luego señalaba hacia el corral de los otros niños.
—Ahí, huele feo. —
La niña se puso de pie y se acercó al lugar, asomándose por encima del borde. Los mellizos estaban distraídos, sin prestarle atención alguna. Pero uno de ellos, el niño, estaba sentado sobre una gran macha de humedad y de él provenía el mal olor.
—Uy, ya se hizo popó— murmuró la chiquilla, tapándose la nariz también.
Oliver sonrió divertido, para luego ponerse de pie e ir con su padre. Llegó a su escritorio y asomándose por el borde del mismo, llamó su atención.
—Papá, los mellizos huelen mal. —
El juez Wyvern lo miró por dos segundos y luego parpadeó, tratando de entender lo que decía su hijo.
—¿Qué? — dejó de escribir. —¿Qué huele mal?, ¿Quieres ir al baño? —
El pequeño rubio negó rápidamente y luego señaló con su manita el corral, donde se podía ver que Ariadna hacía gestos de asco. De inmediato le quedó en claro la situación a Rhadamanthys.
—Ya veo— entonces miró a su compañero Garuda. —Aiacos, uno de tus hijos necesita un cambio de pañal. —
El mencionado terminó de acomodar unos pergaminos y rodó los ojos aburridamente.
—No puede ser, esos niños tienen una digestión muy activa— se levantó para ir a donde estaban sus hijos. —¿Quién fue, Alisha o Kiram? — le preguntó a la primogénita de Minos, quien seguía ahí, ahora sonriendo divertida.
—Kiram— señaló su vestimenta húmeda. —¿Por qué huele tan feo? — preguntó inocentemente.
Garuda soltó una risa divertida mientras alzaba en brazos al niño, siendo ahora más notorio que necesitaba un cambio urgente.
—Todos los niños huelen feo cuando son bebés, incluso tú también olías mal cuando tu mamá te cambiaba el pañal— de pronto, entornó los ojos, mientras una idea nacía en su cabeza. —A decir verdad, tu papá no tuvo éste contratiempo—sonrió maliciosamente.
Ariadna parpadeó extrañada, pero casi de inmediato sintió mucha curiosidad por dicho comentario. Entonces corrió hacia el escritorio de su padre, interrumpiéndolo efusivamente.
—¡Papá, ¿Tú me cambiaste el pañal alguna vez?! —
El juez Grifo casi brincó en su lugar al ver que su hija se acercó de repente y preguntando cosas raras. Es decir, había estado demasiado concentrado en su reporte, pero cuando vio a su alrededor y se percató del mal olor, entendió rápidamente lo que estaba pasando.
—Ejem… no— carraspeó un poco. —Yo no estaba con tu madre cuando tú necesitabas pañales y sabes bien porque, Ariadna. —
—Oh, es cierto— confirmó la niña. —Entonces, cuando llegue mi hermanito, ¿Le vas a cambiar los pañales? —
Minos alzó una ceja y estaba a punto de responder, pero Aiacos se le adelantó.
—Claro que lo hará, tiene que— sonrió burlón, acercándose al escritorio. —Y creo que éste es un buen momento para practicar, ¿No crees, Minos? —
El Grifo palideció momentáneamente, no se sentía listo para semejante prueba. Y menos con ese aroma tan penetrante y desagradable. Otra risa se escuchó a su izquierda.
—Vamos Minos, no tengas miedo— sonrió socarronamente el Wyvern. —Nosotros ya pasamos por eso, así que te toca vivir la experiencia paterna de cambiar un pañal. —
El aludido entornó los ojos. Ambos jueces estaban conspirando contra él, probablemente en venganza por la trampa que hizo unos años atrás para convertirse en padre antes que ellos. Garuda acercó al bebé, con toda la intención de colocarlo sobre su escritorio.
—¡No te atrevas! — gruñó, quitando sus papeles de trabajo.
—Vamos, no es tan difícil, aquí tengo un pañal limpio, yo te voy diciendo cómo hacerlo— dijo Aiacos tranquilamente, pero disfrutando del fastidio de su homólogo.
El hedor se hizo más fuerte, provocando un súbito mareo en el juez Grifo, quien rápidamente se puso de pie con una mano sobre boca y nariz.
—¡Aleja tu mocoso de mí! — exigió molesto. —¡Te lo advierto! —
—No seas cobarde— Garuda recostó al niño sobre la superficie. —Mira, incluso tu hija es más valiente que tú, ¿Verdad, Ariadna? —
La pequeña sonreía divertida ante las expresiones de asco de su padre y aunque tenía tapada la nariz, asintió con firmeza, dispuesta a ayudarlo… o dejarlo en más ridículo.
—¡Sí papá, tú puedes hacerlo, yo te apoyo! — habló emocionada.
Minos sintió que el mareo empeoraba y ahora no estaba seguro si era por el pañal sucio del bebé o por las últimas molestias del síndrome de la covada. Su estómago dio un vuelco y de pronto, las arcadas empezaron a hacerse evidentes en su garganta. No tuvo más remedio que salir corriendo de la oficina, de lo contrario, haría una escena muy desagradable.
—Pues… creo que tu papá va a sufrir un poco cuando tenga que cambiarle los pañales a tu hermanito— comentó burlón Aiacos, tomando en brazos a su hijo nuevamente.
Ariadna simplemente siguió sonriendo divertida.
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Más tarde, en casa.
Minos y su hija entraron a la estancia, encontrándose con Anna, quien leía un libro tranquilamente.
—Ya regresamos, mamá— la niña corrió a abrazarla.
—Bienvenidos— correspondió al gesto y luego alzó una ceja al ver el semblante de su marido. —¿Qué te pasó, porque tienes esa cara? —
—No preguntes mujer, aún me siento mareado— con un chasquido de dedos se quitó el Sapuri y tomó asiento en un diván, dejando caer su cabeza en el respaldo.
—Es que papá no pudo cambiarle el pañal a Kiram, el hijo del señor Aiacos, le dio mucho asco— explicó la chiquilla. —Olía muy feo y luego Alisha se hizo pipí y también tuvieron que cambiarla. —
Anna entendió todo en un segundo y soltó una pequeña risita. Ella comprendía perfectamente que su esposo aún no estaba listo para esos menesteres. Pero tarde o temprano tendría que hacerlo, es decir, él se había comprometido con su papel de padre, así que no le quedaba de otra.
—Minos, tómalo con calma, yo te voy a ayudar cuando llegue el momento— le guiñó un ojo. —No es tan complicado cambiar a un bebé, el problema es lavar bien los pañales para reutilizarlos después. —
El juez rodó los ojos e hizo un gesto malhumorado.
—Olvídalo mujer, te voy a ayudar con el cuidado de mi hijo, pero voy a contratar a alguien para que se encargue específicamente de lavar todos los pañales. —
Anna volvió a reír divertida, pero asintió. No tenía pensado llevarle la contraria ni obligarlo a nada, después de todo, Minos podía darse ese lujo sin problema, y claro, para ella era mucho mejor no tener que lidiar nuevamente con esos olorosos detalles.
Continuará...
Ahora les presento a los mellizos de Aiacos y Violeta. No di detalles de ellos, pero quizás lo haga más adelante, tienen 1 año y uno se parece a la mamá y el otro al papá XD Sus nombres son de origen hindú, dado que Aiacos nació en Nepal :D
NOTA: Fanfiction no está mandando todos los avisos de actualizaciones, por lo tanto, los que estén leyendo mis otros fanfics, dense una vuelta para revisarlos, porque los actualicé recientemente.
6/Noviembre/2021
