Hola a todos :)

Traigo otro capítulo "esponjoso" XD :D Recuerden, me tomo muchas licencias para éste fanfic porque es de temática familiar, así que estas situaciones con Minos y su familia únicamente las leerán en mis alocados fanfics XD

*Chambrita: Aquí en México, así se les llama a las chaquetas o suetercitos que tejen las mamás para sus bebés.

Gracias por leer y comentar, me animan a continuar escribiendo ;3


Sobre sus comentarios:

Adilay Vaniteux: Correcto, el dinero consigue milagros XD En esa época no existía lo desechable, así que era un poco dramático lavar pañales XD Aiacos resultó más hábil en eso que el juez Grifo XP Gracias por comentar ;)

Natalita07: Es divertido imaginar a Minos negándose a tocar un pañal sucio XD Creo que muchos hombres rehúyen de eso XD Al menos Anna no tendrá que pasar por dicha situación de nuevo jaja :D:D Violeta me agrada, espero puedas verla en el anime y que bueno que te gustó el link ;) Gracias por comentar.


Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3


Capítulo 14: Bufanda

Isla de los Curanderos.

Minos descendió lentamente en el patio de la casa, batiendo un poco sus enormes alas negras, ganándose algunas miradas nerviosas de los vecinos que pasaban en ese momento por la calle. A pesar del tiempo que ya llevaba viviendo con su familia como un hombre "normal", la gente del pueblo aún lo veía con recelo, porque sabían que había sido un soldado de Hades.

A ellos les quedaba en claro que, si quisiera hacerles daño, ya lo hubiera hecho desde tiempo atrás. Pero también se dieron cuenta de que el juez era lo suficientemente "apacible" como para tolerar su presencia en el pueblo. Además, eran tiempos de paz y el Santuario ya estaba al tanto de su presencia en la isla. No sabían porque no hacían algo al respecto, pero quedaba en claro que, si nadie se metía con él o con su familia, Minos los ignoraba por completo.

Así que, con el paso del tiempo, terminaron por acostumbrarse a verlo volando por ahí o comprando cosas junto con su esposa Anna en el mercado dominical, en el puerto y en el taller del sastre. Y en éste preciso momento, lo que vieron los vecinos, fue al juez cargando una gran madeja de vellón crudo recién cardado.

¿Por qué un espectro andaba cargando un enorme ovillo de lana?

Minos ingresó a la estancia, encontrándose con Anna muy entretenida con unas agujas de tejer elaboradas en fina madera.

—Ya regresé y espero que esto sea suficiente— se acercó a ella y le entregó la madeja. —Hacerme ir hasta Atenas sólo porque no podías esperar una semana a los mercaderes textiles, no se me hace muy justo, mujer. —

Ella le sonrió coquetamente.

—Oh vamos, no es para tanto, puedes volar, no te cuesta nada cumplirme estos caprichos, además, es para tu hijo, se verá muy lindo con la chambrita que estoy tejiendo. —

El juez rodó los ojos y resopló resignado.

Ahora que Anna estaba en el último mes de su embarazo se había puesto a elaborar ropa para su segundo hijo y como ya se acercaba el invierno, quería tejer algo abrigador con lana de la mejor calidad. Lo mismo había hecho con Ariadna, sólo que por aquel entonces, apenas estaba aprendiendo a usar las dichosas agujas. La señora Elina tuvo que enseñarle una y otra vez cómo cruzar los estambres para que no quedaran los puntos al revés.

—¿También vas a tejer algo para Ariadna?, si no lo haces, se pondrá celosa— comentó el juez, chasqueando sus dedos para quitarse el Sapuri.

—Lo haré, pero hasta que termine la ropita del bebé— de pronto volteó a mirarlo y otra sonrisa se dibujó en su cara. —Ya sé, para que no tenga que esperar mucho, que te parece si tú aprendes a tejer y haces algo bonito para ella. —

Minos abrió los ojos en grande ante semejante y alocada idea, ¿Un espectro como él, tejiendo?

—Pero que estás diciendo Anna, eso es cosa de mujeres— dijo contrariado, mientras se vestía con un albornoz. —Capaz que me saco un ojo al primer intento. —

La mujer soltó una risa divertida, ella sabía que sólo se necesitaba un poco de manipulación femenina para conseguir lo que quisiera de él. Además, no le estaba pidiendo nada del otro mundo.

—No seas tan renuente, apuesto a que tu hija se sentirá feliz si le tejes una bufanda con tus propias manos, después de todo, ya tejías con hilos de cosmos, no puede ser tan diferente el usar agujas. —

Él resopló nuevamente mientras se sentaba a su lado en el diván y tomaba la madeja de lana para ayudarla a hilarla en bolas más pequeñas.

—No es lo mismo, yo podría romper tus agujas fácilmente. —

—No te preocupes, hoy conseguí unas de hierro, son más resistentes— se acercó a él y le acarició una mejilla con la mano. —Ándale, inténtalo ¿Sí?, no pierdes nada y seguro que a tu hija le gustará. —

El juez se sonrojó levemente, no le gustaba que su esposa lo convenciera tan fácilmente con un sólo arrumaco y una mirada tierna. Pero que se le iba a hacer.

—Eres una manipuladora— refunfuñó. —Pero si no me queda bien, no quiero reclamos de ningún tipo. —

Anna asintió e inmediatamente buscó el par de agujas nuevas. Después, usando un poco de estambre sobrante de otros tejidos, comenzó a enredarlo en una de las finas varillas, indicándole a su marido cómo hacerlo correctamente. Minos prestó atención, no parecía tan difícil. Una vez quedó ajustado el material, ella le explicó el entrecruzado de los puntos.

—Un derecho, un izquierdo— dijo, mientras le enseñaba a entretejer la hebra, pasándola de una aguja a la otra hasta terminar con el tramo correspondiente. —Luego volteas todo así y comienzas otra vez. —

Minos levantó una ceja, no era complicado, pero tuvo la sensación de que se confundiría con el conteo de puntos, dado que el estambre parecía formar el mismo patrón en ambos lados. Pero como era un juez del inframundo, no iba a permitir que unas agujas y un ovillo de lana fueran un problema para él.

Y ahí estaba el espectro de Grifo, tratando de tejer algo para su primogénita, mientras su esposa continuaba con la chambrita del bebé. Una escena sumamente curiosa que jamás verán fuera de esta casa.

Rato después.

Elina y Ariadna regresaron a casa, habían ido con el panadero por algunas piezas.

—Ya regresamos— dijo la chiquilla, acercándose a ellos. —¿Qué haces papá? — preguntó intrigada.

—Pues, según tu madre, es una bufanda— respondió el juez, extendiendo el tejido para verlo mejor. —Es para ti. —

La verdad es que la prenda se veía un poco torcida, pero como aún no estaba terminada, había que continuarla. Además, la niña sonrió de inmediato al saber que era para ella.

—¡Qué bonita!, ya quiero verla— se emocionó. —¿Y también puede llevar color verde?, ¿Y color azul?, ¿Y color…? — comenzó a pedir.

—Se supone que es de un sólo color— aclaró Minos, enseñando la madeja de tono rosado que estaba usando.

—No hay problema—intervino Anna. —Se pueden usar múltiples colores a la vez, emplearemos todos los sobrantes y los juntaremos. —

—¿Eso se puede hacer? — interrogó el hombre, sorprendido porque eso se pudiese lograr.

—Claro, no tiene ninguna ciencia, sólo hay que saber hacer bien los nudos y dejarlos ocultos— miró a su hija. —Tu bufanda estará lista en un par de días y tendrá varios pedazos de colores, ¿Te parece bien? —

—¡Si! — respondió alegre la chiquilla.

Ciertamente el juez Minos no era alguien muy efusivo, pero le encantaba ver a su hija sonreír de esa manera, así que se enfocaría en terminar la bufanda para ella, después de todo, no era tan complicado tejer. Aunque sabía perfectamente que la pieza quizás le quedaría un poco chueca.

.

.

Tiempo después.

Tribunal del Silencio.

Ariadna lucía una simpática bufanda de colores distribuidos en proporciones irregulares. Los puntos eran mixtos, unos derechos y otros al revés. La forma general de la tira, era un poco dispareja y más angosta en uno de sus extremos. Pero cumplía perfectamente su función de protección contra el aire frío, puesto que era lo suficientemente larga y abrigadora.

—Qué bonita se ve— dijo el pequeño Oliver, mientras acariciaba el extremo de la prenda. —Y es muy suave. —

—Sí, la hizo mi papá— presumió la chiquilla.

No muy lejos en el escritorio principal, el juez Rhadamanthys escuchaba sin querer la plática de los niños y soltó una risita burlona. En ese momento, su homólogo salía del almacén de libros.

—Vaya, vaya, ahora resulta que sabes tejer, Minos— dijo con sarcasmo.

El mencionado hizo un gesto de extrañeza y luego miró a los niños que conversaban sobre la bufanda. Rodó los ojos y resopló con indiferencia.

—¿Y cuál es el problema?, ¿Tienes celos porque tú no sabes hacer nada? — sonrió burlón. —Oh, ya recuerdo, Pandora tampoco sabe tejer, así que toda la ropa de Oliver es comprada con el sastre, ¿Verdad? —

El Wyvern se puso serio, no le gustaba que lo retaran.

—¿Crees que sólo tú puedes tejer con lana?, ¿Estás desafiándome? — gruñó.

—Claro, porque no— Minos se acercó y quedaron frente a frente, retándose con la mirada. —Dudo mucho que puedas hacerlo si no tienes alguien que te enseñe. —

Se notaba que los tiempos eran de bastante paz, incluso en el inframundo. Y esto se confirmaba al ver discutiendo a dos jueces por algo tan trivial como saber usar unas agujas y una madeja de lana.


Continuará...

Espero que esto los haga sonreír un poquito :)

2/Diciembre/2021