Hola a todos :3

Les traigo el quinceavo capítulo de éste raro fanfic :D

No pensé que llegaría a dicho numero, puesto que originalmente el proyecto sólo abarcaría unos 7 capítulos. Pero estoy contenta con esto y ahora les dejo otra anécdota graciosa y tierna, según yo (ya saben me tomo muchas libertades con la personalidad de los personajes). Siguiendo la misma línea que el anterior capítulo de la bufanda, ahora veremos lo que pasa con un gorro para el frío jaja ;D

Dedicado a Adilay Vaniteux, tu comentario anterior me dio la idea para esto, espero te guste :D

*Croché: Técnica para tejer labores con hilo o lana que utiliza una aguja corta y específica (aguja de ganchillo) de metal, plástico o madera.


Sobre sus comentarios:

darkacuario: Es bueno saber de ti :) Que bueno que te gustó el lado hogareño de Minos, él adora a su familia aunque no sea muy expresivo con palabras XD

Kitty 1999: Así es, Minos tejiendo es algo inverosímil de creer jajaja XD En éste capítulo lo verás de nuevo ;D

Adilay Vaniteux: Me alegra que te diviertan estas anécdotas graciosas :D Y aquí verás algo igual de divertido entre los jueces ;D


Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3


Capítulo 15: Gorro

Tribunal del Silencio.

El día estaba tranquilo, no había almas para juzgar a esas horas y la paz se respiraba en aquella zona del inframundo. Pero por extraño que parezca, dentro de la Corte no era la misma situación.

En lo alto del estrado, no muy lejos del almacén de libros, dos mujeres estaban sentadas en un par de cómodos taburetes y frente a ellas había una mesita pequeña donde reposaban una tetera, tazas, un contenedor de azúcar y un plato con galletas de chocolate. Ambas comían y bebían tranquilamente, disfrutando del divertido espectáculo.

—¿Cómo vez a tu marido? — preguntó Anna. —¿Crees que pueda dominar el ganchillo? —

—"Rada" es muy terco, así que no dudo que sea capaz de cortarse la piel si con eso logra mejorar su técnica— respondió Pandora, mientras sorbía un poco de té. —De verdad, no entiendo porque se les metió tan loca idea de retarse para ver quién teje el mejor gorro. —

Anna soltó una leve risita y mordió otra galleta.

—Creo que la "culpa" fue de los niños— comenzó a explicar. —Hace unos días le enseñé a Minos a tejer algo sencillo con agujas e hizo una bufanda para Ariadna, pero creo que mi hija presumió demasiado la prenda con el pequeño Oliver y éste se puso a pedirle a su papá que hiciera algo igual para él. —

—Y me imagino que Minos aprovechó para picarle el orgullo a "Rada", desafiándolo para ver quién podía tejer mejor, ¿No es así? — inquirió la esposa del Wyvern. —Con razón me preguntó si sabía tejer o conocía alguien que supiera— tomó una galleta y la mordió.

—¿Tú le enseñaste la técnica de croché? —

—No— Pandora suspiró y rodó los ojos. —Por extraño que parezca, fue Cheshire quien le enseñó, yo no sé nada de esas manualidades. —

Ellas enfocaron de nuevo su atención en el escritorio principal, donde cada juez estaba en un lado, uno sentado en el trono y el otro en un banquillo, pero ambos entretenidos con agujas y estambre, tejiendo rápidamente una pieza que aún no tenía forma. Sus respectivos primogénitos estaban junto a ellos, sujetando las madejas de lana, soltando la hebra conforme avanzaba el tejido.

Dicha escena era sumamente increíble y divertida, dado que, dos poderosos espectros estaban concentrados en una actividad para nada compatible con su cargo en el inframundo. Es decir, en vez de estar juzgando almas, se distraían empecinadamente en terminar una prenda de lana, como si eso fuera lo más importante del mundo.

—¡No me ganarás esta vez! — exclamó el Wyvern. —¡Esta técnica es mucho más rápida que la tuya! —

—Eso lo veremos, no creas que porque usas un ganchillo podrás superarme— respondió burlón Minos, manipulando las agujas con gran destreza.

Ciertamente los jueces deberían usar sus habilidades como espectros para otras cosas, pero resultaba que la velocidad sobrehumana que podían manejar, la empleaban para tejer puntos y cadenas con estambre. Al menos su coordinación fina estaba bien desarrollada y controlada, porque si no, ya hubiesen quebrado las agujas de hierro.

—¡Mi gorro va a quedar mejor que el tuyo! — gruñó Rhadamanthys, ejecutando con precisión el entramado de las cadenitas, dando forma rápidamente a la pieza circular que crecía más y más.

—Ja, no me hagas reír, el patrón que usas es muy básico, en cambio yo, ya puedo elaborar dos dibujos— presumió deliberadamente el avance de su pieza, donde resaltaba un curioso trenzado de estambre. —Tú solamente sabes hacer cadenitas simples, amarradas unas con otras. —

—¡Es el punto base del croché, ignorante! — el juez Wyvern terminó otra vuelta de la pieza, que ya iba tomando una leve forma esférica.

Y mientras los jueces discutían por bobadas, los niños miraban entretenidos, claro, sin dejar de soltar el hilo de sus madejas para ayudar a su respectivo progenitor. Para los chiquillos esto era una simple actividad familiar y en su pequeño mundo, ellos solamente comprendían que se trataba de un objeto abrigador que sus padres elaboraban para ellos. Pero les divertía mucho ver la efusividad que ponían los adultos.

—Oye, Ariadna, ¿Tu papá está haciendo un gorro? — susurró el pequeño rubio.

—Pues… creo que sí, pero aún no le veo la forma— miró dubitativa el tejido rectangular del Grifo. —Supongo que con dos agujas es diferente la forma en que se teje. —

—Mi gorro se ve muy raro— comentó intrigado.

De pronto, la voz seria de Rhadamanthys hizo brincar al niño.

—Oliver, ven aquí— el niño se acercó y el juez colocó la figura de estambre sobre su cabecita, tomando medidas. —Bien, unas vueltas más y quedará de buen tamaño. —

Oliver parpadeó un poco y sonrió al comprender que su futuro gorro ya tomaba una mejor apariencia. Retrocedió nuevamente y continuó soltando la hebra del estambre.

Entonces Minos soltó una risa.

—Qué pasa contigo, ¿No sabes tomar medidas antes de comenzar a tejer? — terminó la última hilera del rectángulo de lana. —Eres muy tonto, así no podrás elaborar algo más complejo. —

Entonces tomó una aguja diferente de una cajita de madera que tenía al lado, insertó un largo hilo de estambre y procedió a sujetar todos los puntos, retirando las agujas al mismo tiempo. Evidentemente, dichos enseres y material eran de su esposa Anna, quien tuvo que prestárselos para esta hilarante actividad.

—¡Cállate presumido! — resopló el Wyvern. —Además, haces trampa como siempre, es obvio que tu esposa te enseñó con más detalle. —

—No es mi culpa que seas tan lento y torpe para aprender— el juez Grifo volvió a ensartar más hilo y dobló el rectángulo de lana por la mitad, comenzando a coser sus orillas con la misma aguja.

Ambos jueces continuaron avanzando. El gorro de Rhadamanthys ya tenía completa la forma, pero era de un diseño más sencillo, así que comenzó a tejer unos complementos decorativos. En cuanto a Minos, éste terminó de zurcir la pieza y de inmediato comenzó a enredar hilo en cuatro dedos de su mano izquierda para luego amarrar todo, apretarlo fuerte y cortarlo meticulosamente, creando un curioso y esponjadito pompón.

—¡Qué bonito se ve! — se expresó animada su hija. —¿Puedes ponerle otro? —

—Claro que sí, esto es demasiado fácil. —

El Wyvern simplemente rodó los ojos e ignoró el comentario socarrón. Siguió maniobrando el ganchillo con gran habilidad, tejiendo unos curiosos conitos que poco a poco iban tomando forma.

—¿Qué es eso, papá? — preguntó tímidamente Oliver.

—Dijiste que te gustaba mi yelmo ¿No es así? — interrogó el juez, a lo que su primogénito asintió. —Bien, entonces tendrás uno como el mío— medio le sonrió.

Los ojitos del infante se iluminaron emocionados.

—¡Qué bien! —

La extraña competencia seguía, los espectros entretenidos con el estambre y sus chiquillos atentos, mirándolos tejer sus futuros gorros para el frío que ya empezaba a sentirse por esas fechas. Mientras que las esposas continuaban tomando té y galletas, platicando de sus anécdotas maritales.

—¿Y cómo va tu embarazo? — interrogó Pandora. —¿Para cuando nace? —

—A fin de mes y pues te diré que ha sido menos complicado que con Ariadna, más que nada porque Minos me ayuda por las noches con su cosmos para dormir— explicó Anna.

—Me alegro por ti, en mi caso, el menso de "Rada" no sabía que podía ayudarme de esa manera y tuve que pasármela con varias molestias al final de la gestación— suspiró y tomó otra galleta. —Sólo por eso, voy a esperar otro año más para darle un nuevo hijo— sonrió traviesamente.

La otra mujer soltó una risita cómplice. Después de todo, por mucho que insistieran los jueces en querer más descendencia, eran ellas las que decidían al final cuándo y cómo. Entonces, escucharon el ruido del trono siendo retrocedido de golpe, ambas voltearon para ver qué sucedía.

—¡Te gane! — dijo eufórico Minos, poniéndose de pie. —¡Ya terminé el gorro de Ariadna y me quedó mejor que el tuyo! —

Se acercó a su hija y le colocó el simpático gorro de color lila sobre la cabeza, ajustándolo con cuidado. La pieza de lana estaba tejida con un elegante patrón entrelazado y poseía dos graciosos pompones colgando de los laterales al final de unos lazos, esto para amarrarlo, y en la parte superior, había otra borla enorme como adorno. La tonalidad del material combinaba con los ojos violáceos de la nena y la verdad es que se veía linda.

—¡No cantes victoria antes de tiempo! — exclamó sonriente el Wyvern, mientras terminaba de colocar el último adorno en el gorro de su hijo, fijándolo con el mismo estambre y el ganchillo. —Quizás puedas tejer más versátil que yo, pero esto, supera tus borlas. —

La prenda quedó a la vista de todos y el pequeño Oliver brincó emocionado al verla. El gorro estaba tejido en estambre negro con los puntos básicos de croché, efectivamente, pero para compensar eso, Rhadamanthys había elaborado otros complementos decorativos con forma de cuernos, más específicamente, imitando las astas del yelmo de su Sapuri.

Los tres cuernitos, de color morado, estaban bien formados y colocados en la posición correcta, adicional a esto, también había agregado la simulación de "ojos" y "colmillos" con estambre de tono más claro. En pocas palabras, ese gorro era una copia infantil de su casco, y la verdad sea dicha, le había quedado muy bien.

—¡Me gusta mucho! — dijo animadamente el hijo del Wyvern, mientras éste acomodaba la pieza sobre su cabeza. —¡Gracias papá! —

—Qué bueno que te gustó— entonces miró a su compañero, dispuesto a presumir su victoria. —Entonces, Minos… —

El juez Grifo tenía un gesto impasible, pero terminó rodando los ojos y resoplando con resignación. Debía reconocer que ese gorro en verdad era ingenioso.

—Está bien, tú ganas por esta ocasión— medio sonrió y se alzó de hombros. —Pero no creas que la próxima vez tendrás tanta suerte. —

—Eso ya lo veremos. —

Y mientras los padres se pavoneaban por sus habilidades tejedoras, los niños se acercaron y comenzaron a inspeccionar sus gorros mutuamente, divirtiéndose con lo graciosos que ambos se veían usándolos. Mientras Ariadna tocaba un cuernito, Oliver jugaba con un pompón, básicamente, para los infantes esto era puro juego.

—Vaya, que hábil resultó tu marido, y eso que sólo tejió cadenitas— comentó Anna, terminando su té.

—Sí, toda una sorpresa— dijo Pandora, sorprendida todavía por lo curioso y lindo que se veía el gorro de Oliver. —Por cierto, debes pasarme la receta de tus galletas, están deliciosas. —

—Claro, con gusto. —

En eso estaban, cuando de pronto, la puerta de piedra en el muro del fondo comenzó a deslizarse, dando paso al juez Aiacos, quien traía un gesto muy enojado.

—¡¿Qué diablos hacen, par de idiotas?!, ¡Llevó esperándolos desde hace rato para terminar de cuadrar el reporte de almas y ustedes aquí, jugando a las tejedoras! — reclamó a sus compañeros con enfado. Entonces, vio de reojo a las mujeres, por lo que suavizó su tono. —Señoras, buenas tardes, lamento interrumpir esto, pero debo llevarme a sus maridos. —

—Claro, no hay problema— respondió Pandora.

—Toma, llévense estas galletas— Anna se acercó y le entregó un cuenco tapado con más bizcochos. —Para que coman mientras trabajan. —

—Muchas gracias— dijo Aiacos.

Acto seguido, el juez Garuda se llevó a sus compañeros a base de empujones a la oficia de los jueces para ponerse a trabajar. Las mujeres sonrieron divertidas, después de todo, ese rato de ocio había sido entretenido y mientras sus hijos se divertían con sus nuevos gorros, ellas continuaron platicando amenamente.


Continuará...

Muchas gracias por leer, ojalá haya sido de su agrado y me den su opinión :D

Les deseo lo mejor, cuídense mucho y nos leemos el próximo año ;3

22/Diciembre/2021