Hola a todos :3

Les deseo un buen inicio de año :D Ya voy a comenzar a publicar nuevamente, sólo ténganme paciencia, el trabajo me consume bastante a veces. Ahora les traigo un capítulo "travieso", enfocado solamente en mi pareja favorita, Minos y Anna ;D Es un poco pícaro por la temática, pero traté de manejarlo con un toque de comedia, espero no les moleste que me salga tantito de la trama del fanfic XD

Muchas gracias por leer y comentar, me alegran el día :3


Sobre sus comentarios:

Adilay Vaniteux: Que bueno que te gustó, Minos y Rada son útiles para la comedia, estoy de acuerdo ;D Pienso que, en un escenario más relajado, todos los jueces realmente podrían convivir sin problema XD Además, la paternidad también cambia a muchos hombres XD

Natalita07: Que bueno que pudiste leer ambos capítulos y que te gustaron. Es cierto, ambos jueces son diestros tejiendo gorros jaja XD Y sobre el parto de Anna, ya tengo la idea y sí, Minos se pondrá nervioso jaja :D

Kitty 1999: Estimada Kitty, tienes toda la razon, en tiempos de paz, hay que dejar las estrategias de guerra y ocuparse de cosas más importantes, como tejer ropa para sus chamacos jajaja XD


Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3


Capítulo 16: Pareja

Isla de los curanderos, casa de Anna.

Era sábado, cerca del mediodía y en la cocina el ambiente estaba lleno de un delicioso aroma. La esposa del juez acababa de sacar la última tanda de galletas de chocolate del horno, con eso completaba la ración de esa semana y el encargo de Pandora.

—Bien, eso es todo, sólo espero que Pandora pueda seguir la receta por ella misma— terminó de apuntar unos detalles más en una hoja.

En dicho pergamino estaban escritos los ingredientes, las cantidades y los pasos a seguir para cocinar unas ricas galletas, receta que ya le había pedido la esposa del Wyvern con anterioridad. Entonces, escuchó la puerta del patio, Minos acababa de entrar a la estancia. Había estado ocupado haciendo algunas reparaciones a una contraventana.

—Huele delicioso— dijo el juez, entrando a la cocina. —Dame una galleta, ya me dio hambre. —

—Claro— tomó una de las que ya estaban frías y se la acercó a la boca.

El Grifo se la comió en un par de bocados, disfrutando de su sabor, después de todo, a él le encantaba lo dulce. Entonces sintió la mirada de su esposa, quien lo veía con una extraña sonrisa.

—¿Qué? —

—Tus gestos son muy llamativos cuando comes algo dulce— se acercó un poco más a él, colocando las manos sobre su fuerte pecho.

En ese momento Minos vestía de civil y la camisa que traía puesta estaba parcialmente floja y abierta, permitiendo que su marcado torso quedase a la vista. Su cabello permanecía recogido en una coleta baja y como había estado trabajando bajo el sol, eso le daba una sensual estampa.

—Pero que dices, mujer— hizo un gesto de extrañeza y luego se sonrojó súbitamente cuando Anna se repegó cariñosa contra él. —Espera, espera, ¿Qué haces? — interrogó al sentir sus manos tibias tocándolo.

Ella hizo una sonrisa traviesa.

—¿Qué hago?, ¿No es obvio?, estoy manoseando a mi marido. —

Minos comprendió inmediatamente su insinuación, pero tuvo que rechazarla.

—Anna, controla esas manitas— dijo, tomándola de los hombros para apartarla un poco. —No creo que sea buena idea jugar, te encuentras a semanas de dar a luz. —

La mujer volvió a repegarse contra él, empujándolo hacia una silla cercana.

—Oh vamos, eso me dijiste la semana pasada— le sonrió coquetamente, rodeando su cuello con los brazos. —Anda, no te hagas del rogar— dijo mientras se sentaba sobre su regazo sin darle tiempo de nada.

El juez no pudo reprimir una sonrisa pícara, en verdad deseaba intimar con su esposa, pero en los últimos días había estado preocupado por su embarazo. Las comadronas le dijeron que Anna estaba en perfecto estado de salud y que no había problema alguno, pero él no se sentía seguro de intentarlo a últimas fechas, a pesar de que no habían tenido ningún impedimento para divertirse a lo largo de todos estos meses.

—¡Mujer, esas manos! — exclamó cuando sintió que ella comenzaba a tocar donde no debía. —En serio, no creo que sea un buen momento, Ariadna y Elina podrían regresar. —

—Ellas fueron al puerto y luego pasarán al almacén, así que tenemos tiempo suficiente— le sonrió aún más, acercándose a sus labios.

Minos lo pensó por un momento y no le tomó demasiado tiempo a su libido convencerlo de atender a su mujer. Además, los cambios físicos en ella no habían hecho más que alborotar su lujuria. Anna siempre le había parecido encantadora, pero ahora, con el aumento de volumen de ciertas partes de su cuerpo, se le hacía mucho más atrayente y a cada rato se lo hacía saber con traviesos gestos y arrumacos.

—Bien, ya me convenciste— le rodeó las caderas, sonriendo ansiosamente. —Pero creo que deberíamos ir a la habitación— comenzó a besarla.

Anna reanudó su manoseo sobre el marcado abdomen de su esposo conforme el beso se intensificaba.

—Hagámoslo aquí, será divertido— susurró entrecortado, sin dejar de besarlo.

Las manos del juez recorriendo sus costados le confirmaron que aceptaba tan divertida idea. Pero, de manera inesperada, unos toquidos en la verja de la calle los interrumpió.

—¡Carajo! — gruñó Minos, molesto por la interrupción. —¡Ahorcaré a ese idiota! — dijo, mientras ayudaba a su esposa a levantarse de su regazo.

Ella se asomó a la ventana y vio que se trataba del mensajero de Pandora, Cheshire.

—Es el muchacho con cara de gatito, viene por las galletas y la receta para Pandora, espera, ahorita regreso. —

La mujer tomó la canasta con los bizcochos y el pergamino, encaminándose a la salida, mientras su marido se quedaba con una incómoda sensación entre las piernas. Un par de minutos después, Anna regresó.

—Listo, ¿Dónde nos quedamos? — de nuevo se acercó a él.

—Ven acá— la cargó en brazos con cuidado y salió de la cocina.

—¡Oye, te dije que aquí! — soltó una risita divertida. —Ay, vamos, no seas aguafiestas, nadie vendrá. —

El juez no le hizo caso y se encaminaron a su habitación. Una vez dentro, la sentó en la orilla de la cama.

—No voy a arriesgarme— le sonrió pícaramente, mientras comenzaba a levantarle la falda del vestido. —Aquí es más cómodo— se acercó para besarla de nuevo.

Anna correspondió ansiosamente al gesto, mientras sentía que el color se le subía al rostro. Pero justo cuando su esposo estaba por dejar al descubierto sus muslos, una vibración de cosmos se sintió en el aire. Era una llamada por parte de otro juez, lo que hizo a Minos rodar los ojos con fastidio.

—Oye, idiota— la voz de Rhadamanthys resonó en su cabeza. —¿Quieres venir a jugar cartas con nosotros?, los dejaré en la quiebra. —

—Sigue soñando Wyvern, jamás podrás usar tus trucos de tahúr conmigo— dijo burlón el Grifo. —Además, estoy ocupado, así que mejor ve a estafar al tonto de Aiacos. —

—Ocupado en qué, si es tu día libre— preguntó el rubio.

—Estoy atendiendo a mi esposa— respondió Minos con una sonrisa socarrona, alzando de nuevo la falda de ella.

—¿Qué?, no entiendo— dijo extrañado Rhadamanthys, entonces, escuchó la risita maliciosa de su homólogo, dejándole en claro todo. —¡Imbécil, no tengo por qué saber eso! —

A Minos le encantaba hacer desatinar a todo el mundo y no desaprovechaba la oportunidad para fastidiar a sus compañeros jueces. En especial si lo interrumpían en sus deberes maritales.

—¿Qué?, ¿Acaso tu no atiendes a tu esposa?, muy mal Wyvern, muy mal. —

—¡Ya entendí, carajo!, eres insoportable— Rhadamanthys cortó el enlace de cosmos.

Anna soltó una risa divertida.

—¿Por qué le dices esas cosas?, eres un cizañoso. —

El ministro de alzó de hombros, sonriéndole coquetamente.

—Ya sabes que odio las interrupciones— reanudó su besuqueo. —Sigamos con lo nuestro. —

Y todo parecía que iba viento en popa, pero…

Se oyó la apertura de la puerta principal, Elina y Ariadna habían regresado antes de lo esperado. Ambos se quedaron quietos, mirándose por un par de segundos. Resoplaron con resignación al entender que, de plano, el universo no iba a permitirles intimar como era debido.

—Bueno, creo que tendremos que esperar hasta la noche— dijo Anna, reacomodando su vestido.

—Me lleva… — masculló el juez. —Necesito una ducha fría. —

—Lo siento cariño, pero bueno, al rato te recompenso— le dio un último beso y luego salió de la habitación.

Minos resopló frustrado nuevamente, dejándose caer sobre la cama.

—Por eso te dije que no era buena idea, mujer— masculló. —Sólo me dejas alborotado. —

Anna volvió a reírse, no había sido su intención, además, ella también se había quedado con las ganas. Pero ni modo, tendrían que esperar un rato más para divertirse.


Continuará...

Jaja, perdón por esto, ya necesito escribir nuevamente lemon con estos dos XD

En cuanto al sexo en el embarazo, esto es completamente posible siempre y cuando el médico no diga lo contrario. La pareja puede mantener sus encuentros íntimos hasta los últimos días de la gestación, claro que, empleando posturas cómodas para la mamá :D Además, favorece la salud de ella, del bebé y la relación sentimental con su marido.

Muchas gracias por leer :3

22/Enero/2022