Hola a todos :D
Le dejó otro capítulo, en el cual por fin verán el nacimiento del 2do hijo del juez. Debo aclarar que esta vez no será cómico, sino un poquito más serio y familiar :D
Espero sea de su agrado y me dejen un comentario ;)
*Marioneta y libro rojo: Para los que no han leído mis otros fanfics, les explico, el títere es un objeto de hueso tallado por Minos, impregnado con su sangre y cosmos, el cual mantiene un enlace mental con el juez y de esta manera él puede saber lo que sucede con su familia sin estar presente. El libro rojo es un texto que solamente puede leer Minos, el cual revela todo acerca de una persona, como lo hace un libro de almas, con la diferencia de que sólo aplica para los vivos.
*Romper aguas: Es cuando se libera el líquido amniótico, lo que indica la proximidad del parto.
Sobre sus comentarios:
Kitty 1999: Tienes toda la razón querida, ya sabemos cómo es Minos de caliente jaja XD
Natalita07: No te preocupes, ellos pudieron dar rienda suelta a su pasión en la noche jaja :D Y sobre su habitación y la su hija, una está frente a la otra XD Pero no hay problema, Minos sabe usar bien su cosmos y sabe cómo "aislar" el ambiente para que nadie los escuche jaja XD Por otro lado, ya lo pensé mejor y si voy a escribir más lemon de esta pareja, pero será en un fanfic aparte en capítulos cortos ;D Sólo espérenme un poquito.
Adilay Vaniteux: Es verdad, Anna debe disfrutar de un ejemplar como Minos, claro que si ;D Al juez Rhadamanthys me encanta usarlo como alivio cómico también. Y como le dije a Natalita, si habrá un pequeño fanfic lemon con Anna y Minos (pero está en proceso de borrador) ;D
Ginink: Bienvenida, que bueno sigues por aquí :D Tienes razón, así es el matrimonio y claro, habrá más lemon de Minos y Anna :D
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3
Capítulo 17: Nacimiento
Inframundo, Corte del Silencio.
Dentro del almacén de libros, Minos estaba sacudiendo un poco los estantes, mientras Aiacos barría los pasillos. Dado que las monjas oscuras tenían prohibido entrar ahí, eran ellos los que debían hacer el aseo general. Y mientras lo hacían, conversaban de cualquier cosa.
—¿Cuándo nace tu hijo? — preguntó Garuda.
—En estos días— dijo Minos tranquilamente. —Anna se la pasa la mayor parte del tiempo recostada, así que no falta mucho. —
—Vaya, te veo muy tranquilo— alzó una ceja con extrañeza, terminando de barrer. —Deberías estar más preocupado, dado que no tienes experiencia en estas cosas. —
Su compañero lo miró con una sonrisa confiada.
—No creo que sea para tanto, además, mi esposa es muy saludable y no ha presentado ningún problema hasta ahora. —
—No lo digo por ella, sino por ti— mencionó Aiacos, cruzándose de brazos. —Tú no sabes lo que es vivir el parto de una mujer… es algo inquietante. —
—¿Por qué lo dices?, ¿Acaso fue difícil en tu caso? — preguntó, finalizando su tarea y encaminándose a la salida del almacén.
Dado que cada juez vivía por separado con su respectiva familia y solamente se veían en el inframundo, no estaban al tanto de las vivencias personales de cada uno. Por eso de vez en cuando compartían dicha información y también por ser algo chismosos.
—Sí, a pesar de que Violeta era una guerrera, tuvo un alumbramiento complicado por ser mellizos— explicó Garuda, siguiéndolo hasta el escritorio principal. —Tardó seis horas su labor de parto y los niños nacieron con veinte minutos de diferencia, las comadronas estaban preocupadas pensando que no lo resistiría por la fiebre que le dio. —
—Pobre de ella, ¿Y tú que hacías mientras tanto? — quiso saber Minos, mientras acomodaba los pergaminos de trabajo.
—Estar nervioso, muy nervioso— rodó los ojos y resopló. —Permanecí fuera del cuarto todo el tiempo, no me animaba a entrar por los gritos que profería y menos después de lo que me contó Rhadamanthys. —
El Grifo sonrió burlón.
—¿Qué hay con él, también se asustó en el parto de su hijo? —
Aiacos hizo una media sonrisa y asintió, recordando el suceso que el Wyvern le platicó solo a él cuando Pandora dio a luz a su primogénito.
—Él mencionó que quiso estar presente, a pesar de que la partera le advirtió que no era buena idea, así que se hizo el valiente y una vez que todo comenzó, terminó desmayándose— soltó una risita. —Cheshire tuvo que sacarlo a rastras de la habitación, al parecer, le impresionó demasiado el nacimiento y los gritos de Pandora. —
Minos también se rio con la anécdota, pero por dentro, se quedó pensando.
No sabía cómo sería su propia reacción cuando llegase el momento. Él no había estado presente en el nacimiento de su hija, permaneciendo únicamente "informado" gracias a la marioneta blanca y al libro rojo. Así que, por ese lado, Minos sabía que Anna siempre estuvo bien.
Pero ahora, sí estaría presente en la llegada de su segundo hijo. Era un compromiso que no dejaría de lado y por supuesto, también tenía curiosidad por saber cómo era eso. El juez contaba con información básica al respecto, además, había presenciado el parto de caballos, ovejas y otros animales gracias a los viajes que había hecho en el pasado.
No podía ser tan complicado ¿O sí?
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Isla de los Curanderos, casa de Anna.
Minos llegó a media tarde, descendiendo elegantemente en el patio gracias a sus enormes alas negras. Entró a la estancia y se encontró con Ariadna, la cual jugaba con su peluche de Grifo y otros muñecos en la alfombra de la sala.
—Ya vine— dijo, mientras chasqueaba los dedos para quitarse el Sapuri.
—Hola papá— respondió la niña con una sonrisa, agitando la pata de su muñeco en un gesto de saludo. —¿Qué me trajiste? —
El juez terminó de colocarse una camisa y se acercó a ella, haciéndole una caricia en la cabeza para alborotarle el cabello.
—De momento nada, pero si te portas bien lo que resta de la semana, compraré unas piñas y que tu madre nos prepare otro postre. —
—¡Sí, que bien! — dijo animadamente, quitándose los mechones de la cara. —¡Yo siempre me porto bien! —
El juez rodó los ojos, sabiendo perfectamente que su chamaca no cumpliría el trato. Aunque, de todas maneras, ya había mandado a comprar más piñas nuevamente.
—¿Cómo sigue tu madre? —
—Está durmiendo, Elina dijo que ya falta poco para que llegue mi hermanito— sonrió emocionada. —Ya quiero verlo. —
Minos se encaminó a la habitación que compartía con Anna y al entrar la vio reposando en la cama, rodeada de grandes almohadas que seguramente ya no le daban tanto soporte a estas alturas de la situación. Su vientre era muy distinguible bajo la tela del camisón que vestía.
Él se acercó en silencio y posó una mano con suavidad. Claramente pudo sentir el "latido" bajo la tela y el sutil movimiento del bebé. Sonrió levemente y luego miró a su esposa, quien tenía un gesto algo cansado en el rostro. A pesar de que Minos había estado ayudándola en los últimos dos meses con su cosmos para dormir, era inevitable que el embarazo le restara energías. Es decir, traer una vida a éste mundo no era cosa sencilla.
—Hola… — murmuró Anna, despertándose lentamente.
—¿Cómo te sientes? — el juez se acuclilló frente a ella, pasando el dorso de la mano por su mejilla.
—En cualquier momento sucederá, ya comencé a sentir cómo se acomoda el bebé, así que no creo que pase de esta semana. —
—Le diré a Elina que avise a las comadronas y que comience a preparar todo lo que vas a necesitar. —
La mujer asintió con un movimiento de cabeza, bostezó un poco y nuevamente volvió a dormir.
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Al día siguiente a media tarde.
Anna estaba sentada en una mecedora leyendo un libro, cuando de pronto, sintió una súbita contracción en el vientre y luego algo de humedad entre las piernas. De inmediato supo que el momento había llegado, así que volteó a mirar la marioneta blanca que reposaba en el buró cercano, la había tenido cerca en los últimos días por si las dudas.
—Dile a Minos que ya comenzó— le habló al títere, para luego sostenerse el vientre y levantarse despacio. Se encaminó a la puerta y desde ahí gritó. —¡Elina, ve por las comadronas, ya rompí aguas! —
La mujer mayor subió rápidamente para ayudarla a recostarse en la cama.
—¡Quédese aquí señora Anna, vuelvo en seguida!, me llevo a la niña para que no vaya a asustarse. —
—Muchas gracias, Elina— dijo con algo de incomodidad. —Uff, esto será tedioso. —
—¿Y su esposo? —
—Minos ya lo sabe, no tardará en llegar— una nueva contracción la hizo quejarse. —¡Apresúrate por favor, creo que el niño tiene prisa por nacer! —
Elina salió corriendo de la casa, llevándose a Ariadna con ella, partiendo directo a buscar a las parteras en el dispensario del pueblo.
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Inframundo, Tribunal del Silencio.
Minos estaba en la oficina principal escribiendo un par de reportes, cuando de pronto, sintió la llamada mental de la marioneta blanca. Cerró los ojos y escuchó el mensaje.
[Su esposa ha entrado en labor de parto]
El mensaje fue conciso y directo, provocándole un sobresalto al juez, que tardó unos segundos en reaccionar. Entonces se puso de pie, dejando botada la pluma de tinta y los pergaminos. Salió de la oficina y recorrió el pasillo hasta llegar a la zona del tribunal, saliendo precipitadamente por la puerta de piedra en el muro.
—¿Y ahora qué diablos te sucede? — preguntó Rhadamanthys, quien dictaba sentencia a unas cuantas almas en ese momento.
—Mi hijo está a punto de nacer— respondió, al mismo tiempo que bajaba por las escaleras apresuradamente. —Encárgate de todo, no voy a venir en unos días. —
El Wyvern resopló, rodando los ojos aburridamente.
—Si claro, lo que digas, ¡Pero te advierto que no voy a escribir tus reportes! —
Minos salió de la Corte e inmediatamente alzó el vuelo, dirigiéndose a la zona donde estaba el pasaje que conectaba al inframundo directo con la isla de los curanderos. Era una gran ventaja tener alas y poder usar velocidad super humana en estos casos. Tan pronto atravesó el portal, nuevamente voló con rapidez en dirección al pueblo.
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Casa de Anna.
La esposa del juez sentía el sudor perlando su frente, a la vez que las contracciones en su vientre se intensificaban, percatándose cómo su cuerpo se adaptaba a la situación. Ella pensó que tomaría algunas horas, como le sucedió con Ariadna, pero resultaba que esto iba mucho más rápido de lo esperado y de un momento a otro, pudo percibir el avance del bebé a través del canal de parto.
Tragó saliva nerviosamente, deseando que las comadronas llegaran pronto y como ya no se sentía cómoda estando acostada, se arrastró a la orilla de la cama, mientras hacía todo lo posible por controlar su respiración. De pronto, escuchó el golpe de la puerta principal y luego el sonido del Sapuri desmontándose, Minos había llegado bastante rápido.
—¡Anna, ¿Dónde estás?! — llamó.
—¡Aquí arriba, trae los lienzos que están en la sala! — le respondió con algo de esfuerzo.
El juez obedeció inmediatamente, tomando una canasta con varias telas dobladas que estaba en una esquina, listas para ser usadas. Conforme subía las escaleras, sintió una sensación extraña apretándole el estómago. No sabía si estaba listo para esto, pero no le quedaba más remedio que hacerlo y eso quedó confirmado cuando entró a la habitación y vio a su esposa sola, acuclillada en el suelo, sobre algunas cobijas, recargándose contra la orilla de la cama, en lo que parecía una postura más cómoda para ella.
—¡¿No han llegado las parteras?, ¿Dónde está Elina?!— preguntó inquieto, mientras bajaba la canasta y veía los rastros de líquido en el piso y las sábanas. —¡¿Estás bien?, ¿Por qué no estas recostada?! — se agachó frente a ella.
Notando los nervios de su esposo, Anna lo sujetó de los mechones de cabello para que la mirara al rostro y pudiese concentrarse.
—¡Tranquilízate Minos! — regañó, inhalando y exhalando pesadamente. —¡Elina fue por ellas, pero no creo que lleguen a tiempo, tendrás que ayudarme! —
El ministro palideció notoriamente.
—¡¿Qué dices?!, ¡Yo no sé qué hacer! — se sobresaltó al ver un rastro de sangre manchando el camisón de ella.
—¡Sólo has lo que te digo, ve a lavarte las manos y trae un poco de agua! — se quejó al sentir otra contracción.
Haciendo acopio de toda su voluntad para no dejarse llevar por el miedo, Minos obedeció. Es decir, no estaba en una guerra santa, sino en el nacimiento de un bebé, cosa que podía ser tan inquietante como una batalla. Así que, una vez se aseó las manos, regresó con su esposa y el agua, para luego arrodillarse frente a ella de nuevo.
—¡¿Qué hago?! — preguntó, humedeciendo un paño y limpiándole el sudor del rostro.
Anna había comenzado a quejarse más fuerte, a la vez que empezaba a pujar cada cierto tiempo mientras respiraba más rápido. Sin lugar a dudas, ya sabía lo que debía hacer.
—¡Rompe la tela, yo ya no puedo moverme! —
Minos tragó saliva torpemente, mientras usaba su fuerza para trozar el camisón y la pampanilla, dejando completamente libre el camino para el bebé, el cual ya empezaba a coronar. El juez se quedó en shock al ver eso, sintiendo que de pronto todo a su alrededor desaparecía.
Presenciar el nacimiento de un ser humano es muy hermoso y estremecedor al mismo tiempo.
No supo cómo lo hizo ni que lo impulsó, ya que la voz de su esposa se escuchaba lejana, así que por mera reacción mecánica tomó el lienzo más grande y parcialmente doblado lo acercó a ella, preparándose para recibir a su hijo.
La mujer continuó pujando, mientras soportaba el dolor de los espasmos, el niño realmente estaba naciendo rápido. No fue necesario decirle más a su marido, él automáticamente se colocó en posición con los brazos listos. Ella supuso que estaba muy impactado, pero al menos, no se había desmayado y en verdad agradecía que estuviese aquí y ahora, acompañándola.
Finalmente, el segundo vástago del juez nació, siendo recibido en el suave lienzo. De inmediato comenzó a llorar con fuerza y Minos no supo que hacer por un breve instante, observando atónito al pequeño ser.
—¡Envuélvelo… y ayúdame a… recostarme! — dijo Anna cansadamente, agitada, pero sin perder la noción de todo lo que pasaba.
El ministro reaccionó y con sumo cuidado tapó al bebé, para luego ayudarla a recostarse sobre las mismas cobijas. Tomó un almohadón para colocarlo bajo su nuca y después le acercó al recién nacido.
—Necesita… tu calor… — murmuró, todavía pasmado.
Anna recibió al bebé en su pecho y Minos los cubrió a ambos con otro lienzo para mantener el calor. Ella miró al niño con ternura, notando que tenía un fino cabello plateado, mojado y todo, pero del mismo color que su padre. Sus ojos se humedecieron de alegría y luego volteó hacia su esposo con una sonrisa.
—Gracias… —
El negó despacio y sonrió, limpiando una vez más el sudor de su frente.
—No, gracias a ti, Anna— le dio un beso en los labios. —Gracias por darme una familia. —
Momentos después, llegaron Elina y las comadronas, encargándose inmediatamente del bebé y de la madre, mientras Minos bajaba a la sala y se quedaba con Ariadna, quien se veía impaciente sentada en el sillón.
—¿Mi hermanito ya llegó? —
—Sí, ya está aquí, pero tendrás que esperar un poco antes de verlo, lo están bañando— miró hacía las escaleras, escuchando el llanto lejano del niño. —Felicidades, ahora eres hermana mayor. —
La niña se llevó las manos a la cara, haciendo un gesto de sorpresa sumamente tierno y emocionado. Se le notaba la alegría en los ojitos, así que muy probablemente no podría aguantar mucho tiempo la ansiedad de querer ver a su hermanito.
—¡Qué bien, que bien! —
El juez sonrió para sí mismo. Se sentía un poco extraño por lo vivido, pero contento al mismo tiempo. Jamás imaginó que él mismo recibiría a su hijo, pero ahora tenía una gran anécdota para presumir. Caminó al sillón y se sentó junto a su nena, dándose un respiro para calmarse.
—¿Y cómo se llamará? — preguntó la chiquilla.
Minos la observó un par de segundos y no supo que decir. Él y Anna no habían hablado de ello a últimas fechas. Hizo un gesto meditabundo y luego respondió.
—Su nombre será Aleksi, ¿Qué te parece? —
—Es muy bonito— asintió gustosa, bajando del sillón para alcanzar la mesita de centro, donde tomó un papiro y la pluma entintada. —¿Cómo se escribe? —
El juez sonrió levemente, su primogénita aprendía bastante rápido y como recién estaban practicando el alfabeto latino, ahora quería escribir todo con esas letras.
—"A", "L", "E" … y luego— fue dibujando cada grafía, un poco chuecas, pero letras, al fin y al cabo.
—No, recuerda que debes usar minúsculas también— corrigió Minos, tomando otra pluma y escribiendo el nombre correctamente. —Mira, estas son las letras, toma otra hoja y haz una plana, para que lo memorices. —
La niña hizo lo indicado, entreteniéndose al escribir el nombre de su hermano.
…
Un par de horas después.
Las parteras ya habían finalizado su tarea de revisión, limpieza y algunas recomendaciones para Anna. Les dieron un par de indicaciones a Elina y a Minos, dejando también algunas hierbas especiales para elaborar infusiones y luego se marcharon. Ahora la mujer descansaba en la cama, con el bebé a su lado.
El juez y su hija entraron a la habitación.
—Mami, ¿Estás bien? — interrogó Ariadna.
—Si cariño, ven para que conozcas a tu hermanito— dijo Anna, con algo de sueño.
La pequeña se acercó y pudo ver al bebé envuelto en una cobijita de lana, sólo se notaba su carita y algo del cabello. El niño estaba durmiendo ahora y como todos los recién nacidos, su aspecto era algo curioso. La chiquilla hizo un gesto de asombro al verlo por primera vez.
—Oh, está muy feo y arrugado— dijo inocentemente.
Su madre hizo una sonrisa divertida y Minos rodó los ojos, tratando de no reírse también. Era obvio que el pequeño Aleksi tendría dicha apariencia por ahora, pero con el paso de los días, se compondría.
—No es feo, él es muy lindo y tú tenías el mismo aspecto cuando naciste, Ariadna— dijo su madre. —No te preocupes, ya verás que en unos días cambia. —
—Qué bueno— sonrió la mencionada. —Su cabello es blanco, como el de papá, ¿Y sus ojos? —
Minos acercó la mano y acarició con suavidad la mejilla del niño.
—Aún no puede abrirlos, hay que esperar un poco, por cierto, dile a tu madre cómo se llama. —
—¡Se llama Aleksi! —
Anna sonrió un poco más e hizo un gesto de confirmación.
—Es un nombre hermoso— miró a su marido. —¿Y cómo te sientes, ya pasó el susto? —
El Grifo rodó los ojos y asintió despacio.
—Estoy bien mujer, recuerda que soy un juez del inframundo, esto no es nada y, además, ya tengo algo de que presumir— hizo una mueca socarrona.
—Que jactancioso eres— contestó ella con un bostezo. —Pero no se te olvide el pequeño detalle de los pañales— alzó una ceja en reproche.
El ministro se puso serio, no le gustaba ni tantito la idea de tener que enfrentarse a semejante desafío.
—Por supuesto, ya estaba buscando a alguien para eso, no pienso tocar ni un sólo pañal, además también voy a contratar a otra persona para que te apoye mientras no estoy, Elina no podrá con todo. —
—De acuerdo, pero ahora me gustaría dormir un rato. —
—Descansa, si necesitas algo, avísame— le dio un beso en la frente y otro a su hijo. —Ariadna despídete, tu madre necesita descansar. —
La chiquilla se acercó y le dio un beso a su progenitora y otro al bebé.
—Te quiero hermanito, ojalá crezcas pronto para que juguemos. —
Ambos salieron de la habitación, dejando reposar a Anna y encaminándose a la cocina para cenar.
Continuará...
Perdón por la extensión del capítulo, no entré en muchos detalles, pero espero haber cubierto a grandes rasgos lo que sucede en un parto. Claro, me tomé muchas libertades, pero es que yo no soy madre y no tengo referencias cercanas XD
Gracias por leer :D
PD: Si de casualidad algún lector(es) de aquí me conoce desde el fandom de Inuyasha, les aviso que el fanfic "La Reina de Plata" ya está siendo actualizado ;3
9/Febrero/2022
