Hola a todos :3
Les traigo otro capítulo de Minos y su nuevo hijo. Está inspirado en los comentarios de mis queridas lectoras ;D
Espero que sea de su agrado y me dejen saber su opinión.
Sobres su comentarios:
Ginink: Me encantó tu anécdota :D No soy madre, pero comprendo que debe ser bastante complicado cuidar a un recién nacido y recuperarse del parto. Eso de que comen y zurran a cada rato es tan cierto, que en verdad todas las mamás (y papás) del mundo tienen todo mi respeto. Se necesita mucho compromiso con un bebé. Gracias por apoyar mi trabajo, encantada de leerte :D
Adilay Vaniteux: Tienes razón, nuestras abuelas sufrieron bastante XD En mi caso, la mía tuvo 9 hijos, todos al natural y con partera XD Esas mujeres merecen todo mi respeto :D Minos es buen padre, me agrada ponerlo así y su hijo se parecerá a él físicamente, pero con los ojos de Anna. Me gusta imaginar que los jueces, después de la guerra santa, tienen libre albedrío para portarse de otra manera, después de todo, sólo seguían ordenes debido a la posesión de las estrellas malignas XD Respecto al futuro de los niños, ellos tendrán una vida normal y tranquila :D Gracias por comentar :)
Natalita07: Así es, Minos tuvo que estar presente y ayudar jaja XD Y es cierto, los partos son complicados y las mujeres que dan a luz, son unas verdaderas guerreras. Y sobre el cuidado del bebé, lo veremos aquí ;D Gracias por comentar :D
Kitty 1999: Tienes toda la razón Kitty, yo también he visto vídeos de partos y es inquietante XD Me alegra saber que te gustó, aunque no entré en muchos detalles jaja :D Gracias por el apoyo ;3
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3
Capítulo 18: Paternidad I
Isla de los Curanderos, Casa de Anna.
2:30 am
Minos caminaba de un lado a otro en la habitación, arrullando en brazos a su segundo hijo. Lo hacía en silencio, pero sabía perfectamente que su esposa no se despertaría para nada después de haberla dormido con su cosmos, tras haber alimentado al pequeño Aleksi.
Ambos habían llegado a un acuerdo acerca de cómo se ocuparían del niño mientras Anna se recuperaba del parto. Dado que el juez ya había contratado a otra persona para el aseo en general y los pañales, la señora Elina únicamente se encargaba de cocinar y de cuidar a Ariadna. Pero por las noches, Minos era quien estaba al tanto de todo.
Si bien, dormía lo necesario, se despertaba junto con Anna cuando el niño necesitaba comer en plena madrugada. La cuna estaba en la misma habitación, así que él se levantaba, tomaba al bebé y se lo entregaba a la madre para que lo alimentase. Después de un rato de bostezos, ella se acostaba y Minos la ayudaba a dormir, mientras que él, se quedaba despierto hasta que Aleksi se durmiese también.
No le era difícil hacer esto, su resistencia como Espectro se lo permitía y aunque pudiera tener algo de sueño y cansancio, lo hacía con gusto, después de todo, se lo debía a Anna. Darle una familia a un hombre como él, era un regalo que debía valorar.
Ya habían pasado tres días desde el parto y mientras su esposa se recuperaba lentamente, Minos se entretenía admirando a su hijo. El niño tenía cabello plateado como él, un poco delgado y ralo, pero eso se solucionaba rapándolo por completo y dejando que la melena se renovara. Sus ojitos eran de color marrón, iguales a los de su madre, así como su piel clara, ligeramente tostada. Su carita regordeta era graciosa y sus gestos lo era aún más.
Al juez le divertía verlo hacer bizcos cuando trataba de seguir la voz de Ariadna, debido a que todavía no podía enfocar nada con la mirada.
—Mira papá, me está viendo— había dicho la niña, mientras le hacía gestos graciosos con las manos.
En otra ocasión, lo escuchó riendo suavemente, cuando su hermana le acariciaba la cabecita. Se notaba que ella lo quería mucho, dado que no demostraba celos y pasaba gran parte del día cerca de él, hablándole.
—Que suavecito es tu cabello, si te crece tan largo como el de papá, te haré unas trenzas muy bonitas— prometió emocionada.
Otra cosa que le agradaba al juez, era sentir como su manita abrazaba con fuerza su dedo, cuando se lo acercaba. Aleksi apretaba bastante, aunque no al grado de lastimar, excepto aquella vez en que atrapó accidentalmente un mechón de su cabello en una posición incómoda y no lo quiso soltar. Básicamente, se pasó más de una hora con el niño en brazos tratando de que lo liberara y eso sucedió justo cuando revisaba los reportes enviados por Lune. Así que estuvo con la cabeza mal inclinada por largo rato.
Le dio otra mirada, el niño apenas estaba bostezando y eso que ya llevaba más de media hora dando vueltas.
—Ya duérmete, no es hora de estar despierto— le dijo.
El recién nacido parpadeó amodorrado, buscando el origen de la voz, pero como la luz de la habitación era muy tenue, debido a una única vela, sólo atinó a medio sonreír. Ese tierno gesto encandiló al juez, quien le dio un beso en la frente.
—Heredaste mi encanto natural— se jactó vanidoso.
Rato después, Aleksi por fin se quedó dormido y el juez lo depositó con cuidado en su cuna, abrigándolo con sus cobijitas de lana. Bostezó un poco y luego se recostó junto a su esposa. No dormiría suficientes horas, pero eso no le importaba.
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.
A la mañana siguiente.
La señora Elina quería soltar una risa, pero sabía que su empleo como cocinera y nana estaría en peligro si osaba burlarse del juez Grifo. Pero es que era muy graciosa la escena que contemplaba: Minos no podía ajustar correctamente el pañal del bebé, porque éste, agitaba demasiado las piernitas.
La mujer mayor había comenzado a enseñarle a cambiar los pañales, puesto que Anna todavía estaba en reposo y ella tenía que hacer la comida. La otra persona, una señora de mediana edad, únicamente se encargaba de hacer el aseo general de la casa y de lavar todos los pañales sucios, pero nada más. Así que el juez debía ayudar con esta molesta y apestosa actividad.
Aunque juró y perjuró que no lo haría, no le quedó más remedio que aprender, dado que su segundo vástago defecaba demasiado en muy poco tiempo. Él no podía creerlo, era sólo un bebé, ¿Porque desechaba tanto? Ahora compadecía demasiado a Aiacos y Violeta, quienes debían lidiar con esto por partida doble al tener mellizos.
—No, señor Minos, con una mano sujete las piernitas y con la otra acomode el pañal— dijo Elina. —No permita que el niño se imponga. —
—¡No quiere cooperar! — gruñó impaciente. —¡Además, huele horrible, por Hades, que se lleven el pañal! —
Elina sonrió divertida.
—Lo sé, pero es natural, imagínese, yo tuve seis hijos y a todos les cambié los pañales yo sola— se acercó para ayudarlo y explicarle de nuevo. —Miré, así lo sujeta y luego ponemos el pañal, el truco está en… —
El hombre puso atención, pero en verdad no comprendía cómo hacerlo bien, pues temía ejercer demasiada fuerza. Además, parecía que su hijo estaba conspirando contra él, puesto que fue un martirio limpiar los residuos y tan pronto terminó, el chamaco empezó a orinarse de la nada, salpicándolo por todos lados. Al juez no le quedó más remedio que rodar los ojos, resoplar frustrado y continuar con la limpieza.
—Ahora lo fijamos así y ya quedó listo— Elina terminó de explicar. —Al rato lo vuelve a intentar, porque se nota que el bebé tiene muy activo el intestino. —
—Ni me lo recuerdes, tendré que mandar a elaborar más pañales con el sastre— habló resignado, alzando en brazos al infante. —Prepárame el baño, voy a llevarlo con Anna para que lo alimente. —
Subió al piso de arriba, encaminándose a la habitación donde Anna permanecía sentada en una mecedora, leyendo una novela.
—¿Todo bien? — preguntó ella al ver la expresión rara de su marido.
—Me orinó, así que debo ducharme— le entregó al niño. —Y no te burles, que a ti no te hace esas travesuras cuando lo cambias. —
La mujer soltó una pequeña risita, era muy gracioso ver esas reacciones en él. Se descubrió un pecho y comenzó a amamantarlo, mientras escuchaba a Minos buscar ropa en un baúl.
—Oye, ¿Cuánto tiempo puedes quedarte? — quiso saber. —¿No importa que no vayas al Tribunal? —
—No te preocupes por eso, puedo tomarme los días que quiera, además, tengo subordinados que se encargan de mis labores— dijo tranquilamente.
—¿Y los otros jueces no se molestan? —
Minos hizo un gesto burlón.
—Que se fastidien, no pueden decirme nada, ellos también tuvieron permiso de faltar cuando se convirtieron en padres. —
Se acercó y le dio un beso suave.
—Además, quiero estar aquí, con mi familia. —
Ella se sorprendió por su sinceridad, es decir, pocas veces el juez Grifo mostraba su lado sensible. Se notaba que la paternidad le había "afectado" bastante. Lo miró salir de la habitación y no pudo evitar sonreír alegremente.
Continuará...
Creo que me quedó demasiado tierno jaja :3
Gracias por leer.
4/Marzo/2022
