Hola :3
Les dejo otra anécdota de papá Grifo. En el capítulo anterior vimos que el juez no puede cambiar un pañal, pero eso no quiere decir que no lo haga mas adelante. Aquí veremos que es bastante paciente con su bodoque XD
Gracias por leer y comentar, me hacen muy feliz :)
Sobre sus comentarios:
Ginink: Me alegra que te guste cómo plasmo al juez, aunque me tome muchas libertades en su carácter. Es cierto, los bebés dan para muchas anécdotas XD Sobre la señora que lava los pañales, no tengo planeado una situación de ese tipo en éste fanfic, pero sí más adelante en "El juez y la monja" dado que voy a extender más esa historia, sólo tengan un poco de paciencia, ya voy a retomar los fanfics pendientes :D Gracias por comentar.
Natalita07: Minos siendo buen padre y esposo, creo que eso no se lee en otros fanfics jaja :D Es bueno saber que les agrada cómo planteo a los jueces y sus familias, como personas más "normales" :D Gracias por comentar.
Kitty 1999: La imagen de un hombre cercano a su familia enternece y más si es el juez Grifo XD Aquí verás más ternura mi querida Kitty :D Gracias por comentar.
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3
Capítulo 19: Paternidad II
Inframundo, Tribunal del Silencio.
Minos se encontraba sentado en el escritorio principal, revisando un libro de almas. El lugar estaba en silencio y tan tranquilo, que el juez no se dio cuenta en qué momento cerró los ojos y comenzó a cabecear. Los desvelos habían comenzado a pasarle factura. No era algo grave, pero ahora sí se le notaban las ojeras y el cansancio de todo un mes durmiendo pocas horas.
—¡Hey, Minos! — llamó Aiacos, quien iba saliendo del almacén de libros. —¿Qué pasa?, ya es la tercera vez que te veo cabecear a lo largo del día. —
El mencionado se sobresaltó por un instante y luego resopló fastidiado.
—Tengo bastante sueño y el silencio no ayuda para nada, ¿Dónde rayos están las almas, acaso nadie se murió hoy? —
Garuda soltó una risa y arrimó un taburete para sentarse del otro lado del escritorio.
—Veo que está resultándote difícil cuidar a tu nuevo hijo— mencionó, tomando otro libro. —¿Eres tú el que lo arrulla en las madrugadas? —
—Sí, llevo haciéndolo todo el mes— bostezó un poco y se recargó contra el respaldo del trono, estirándose flojamente. —¿Cómo rayos le hacen ustedes con los mellizos? —
—Pues, cada quien se encarga de uno, porque ya sabes, parece que están conectados, empieza a chillar el niño y luego, luego, le sigue la niña, o viceversa— dijo Aiacos, rodando los ojos. —Violeta y yo no podemos turnarnos para cuidarlos, así que el desvelo es mutuo, pero después de un tiempo, cuando se van adaptando a un horario, lo sobrellevas mejor. —
Minos volvió a bostezar, levantándose de su asiento.
—Encárgate de todo por un par de horas, voy a dormir un rato a la oficina— se encaminó hacia la puerta en el muro.
—Lo hago, pero yo que gano, recuerda que tengo pendientes mis informes. —
—Entrega tus informes la próxima semana, me haré de la vista gorda— dijo Minos. —Y mañana te traigo una piña. —
—Ah, vaya, así sí— aceptó el juez Garuda. —Pero más te vale que sea una piña grande. —
Su compañero desapareció tras el muro, sin lugar a dudas, dormiría por un buen rato.
.
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Isla de los Curanderos.
El juez Grifo descendió en el patio y se encaminó al interior de la casa. La siesta de hace rato le ayudó un poco, así que ahora se sentía más descansado. Entró a la estancia y se encontró con la señora Elina sentada en un sillón con el bebé en brazos, estaba terminando de alimentarlo con un biberón de vidrio. En la última semana, Anna había optado por extraerse la leche dado que a veces sufría de dolores en los pechos.
—Bienvenido, señor Minos— saludó la señora.
El juez se desprendió de su Sapuri y se colocó una camisa para estar más cómodo.
—Hola Elina— se acercó a donde estaba. —¿De nuevo Anna tuvo molestias? —
—Así es, pero no se preocupe, es normal— apartó el biberón y estiró los brazos. —Es su turno, debe sacarle el aire de la pancita. —
Minos tomó al niño en brazos y lo colocó encima de su hombro, para luego palmear su espalda con suavidad. El pequeño Aleksi hizo un par de respingos y se rio ligeramente para luego eructar.
—¿Dónde están Anna y Ariadna? — interrogó al no escuchar a nadie más en la casa.
—Salieron de compras al depósito del pueblo, la señora Anna dijo que estaba harta del encierro— mencionó Elina. —No puede culparla, se aburre al no tener nada que hacer en la casa. —
El hombre rodó los ojos y resopló.
Él no quería que su esposa hiciera esfuerzos extras ni labores pesadas, por eso mismo contrató ayuda extra. Pero, al parecer, ella era una mujer bastante activa que no soportaba la idea de quedarse quieta. Eso le hizo sonreír internamente, después de todo, siempre había admirado su resiliencia para todo tipo de situaciones.
—Si que es terca, pero bueno, al menos yo la veo bien de salud— tomó asiento en otro sillón sin dejar de sobar la espalda del infante. —Tengo sed, quiero aguamiel. —
—Enseguida se la traigo— la mujer mayor se encaminó a la cocina.
De pronto, el niño hizo un sobresalto y un abrupto gorgoteo se escuchó en su garganta. Antes de que el juez pudiera ver de qué se trataba, sintió algo tibio y húmedo bajando por su hombro y espalda.
—¡Oh rayos, eso te pasa por comer demás! — gruñó cuando enderezó a su hijo y vio el vómito escurriendo de su boca. —¡Elina, tráeme un paño para limpiar! —
Un momento después, la mencionada llegó con el tarro de aguamiel y un pedazo de lienzo, intuyendo lo que había sucedido.
—Aquí tiene— le acercó la tela, para luego sostener al bebé. —Lo siento, creo que hoy tenía más hambre de lo normal. —
Minos se limpió la sustancia viscosa lo mejor que pudo, pero se notaba que no sería suficiente.
—Tendré que bañarme— resopló con resignación al revisar su cabello plateado, embarrado en gran parte con alimento regurgitado. —¡Que desagradable! — hizo gestos, dirigiéndose al cuarto de baño.
La mujer mayor sonrió divertida mientras limpiaba al bebé con otro paño. Estas situaciones eran normales con un recién nacido.
…
Anna y Ariadna regresaron más tarde.
Tan pronto entraron a la sala, Elina les hizo un gesto desde la puerta de la cocina para que no hiciesen ruido y luego señaló hacia el diván más grande. La escena era bastante tierna: Minos permanecía recostado a lo largo del mueble, con la cabeza sobre unos cojines, dormitando tranquilamente. Sobre su pecho y abrazado cuidadosamente, reposaba el bebé, también durmiendo con evidente placidez.
—Oh, pero que ternura— susurró Anna. —Es tan raro verlo así, que quisiera mandar a pintarle un retrato— sonrió divertida.
—Papá se quedó dormido, ¿Lo despierto? — preguntó la pequeña.
—No, déjalo dormir, ha estado desvelándose mucho— indicó la mujer. —Ven, vamos a preparar un pay de piña con las frutas que trajo el otro día. —
Ambas se fueron a la cocina, donde Elina terminaba de preparar la comida. Ya sabían que el juez se despertaría más tarde, atraído por el olor del postre dulce.
Continuará...
Espero que les haya gustado :D
Por cierto, FanFiction está fallando de nuevo con los avisos de los nuevos capítulos, así que les recomiendo agregar el fanfic a sus favoritos y revisar la página de vez en cuando, porque ya sabemos que a veces no lo solucionan rápido :P
25/Marzo/2022
