Hola :3

Lamento la tardanza, pero la inspiración me abandona en época de calor (lo odio) y no puedo concentrarme por completo para escribir XD

Sé que el fanfic se enfoca en Minos y su familia, pero como hoy es día de la Madre, éste capítulo está dedicado a nuestra querida Anna. El único problema es que, al desarrollarse la trama en el siglo XVIII, no puedo adaptar todas las anécdotas que quisiera con ella y sus hijos, así que solamente escribí esto.

Espero que les guste y me dejen sus reviews :3


Sobre sus comentarios:

Ginink: Gracias por tu lindo comentario :D Yo adoraría que alguien plasmara en dibujos lo que escribo, me haría muy feliz también. Estoy de acuerdo contigo, me gusta la idea de extender el universo de los personajes y ponerlos en otras situaciones cotidianas. Es bueno tener lectores como ustedes que apoyan estas locas ideas, muchas gracias ;D

Natalita07: Es un gusto leerte y saber que te encanta Minos como padre amoroso XD A mi también me gusta la idea que he plasmado, aunque se aleje de su versión sádica del anime. Es divertido escribir esto y agradezco mucho el tiempo que le dedican al fanfic :D (te recomiendo el pay de piña, es muy rico).


Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por diversión :3


Capítulo 20: Mamá

*** Mi mamá es amorosa ***

Anna estaba sentada en un sillón de la estancia, alimentando al pequeño Aleksi. Mientras lo vigilaba con un ojo, con el otro, leía un panfleto de noticias. Entonces escuchó que su hija bajaba corriendo las escaleras, haciendo sonidos extraños que imitaban algún animal raro.

Levantó la vista y vio a su primogénita corriendo de un lado a otro con el grifo de peluche que su padre le había regalado. Los ruidos eran el "graznido" del muñeco y la niña lo agitaba de un lado a otro, haciéndolo volar con las alitas desplegadas.

—Ariadna, no grites por favor, vas a asustar a tu hermanito— pidió.

La niña se tapó boca e hizo una sonrisa inocente, acercándose después.

—Mamá, ¿Cuándo podrá caminar mi hermano?, ya quiero jugar con él en el patio. —

La mujer soltó una risita divertida, dejando de leer y mirando a su nena cariñosamente. Sabía que ella deseaba mucho jugar con Aleksi, pero aún faltaba bastante tiempo para que el niño siquiera pudiese gatear.

—Es muy pequeño todavía, así que no te impacientes, ya crecerá— le acarició la mejilla. —Y cuando lo haga, tú le enseñarás a correr y a esconderse en el jardín. —

—¿Y falta mucho? — inquirió.

Anna volvió a sonreír, se le hacía demasiado tierna la emoción de su pequeña.

—Sí, pero ya verás que rápido pasa el tiempo— terminó de alimentar al niño y lo apartó despacio de su pecho, ya estaba durmiendo profundamente. —Pero, por ahora, ¿Qué tal si tú y yo jugamos en el columpio? —

—¡Si! — brincó emocionada.

Anna dejó al bebé en su cuna y le avisó a Elina que estarían en el patio. Momentos después, ambas compartían un agradable momento. Una mamá siempre encontrará el tiempo suficiente para convivir con sus hijos.

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*** Mi mamá es maga ***

Ariadna estaba buscando una y otra vez en el cofre de madera donde se guardaba su ropa. Ya había sacado el contenido, revolviendo absolutamente todo, pero no encontró lo que buscaba. Así que terminó por rendirse y pedir ayuda.

—¡Mamá, no encuentro mi gorro! —

Desde la otra habitación se escuchó la respuesta de la mencionada.

—¿Cuál gorro?, tienes varios. —

—¡El que tejió mi papá, tiene pompones! — dijo la niña.

—Lo lavé ayer, búscalo en el baúl de tu ropa, pero no revuelvas todo. —

La chiquilla pasó saliva nerviosamente al ver que ya había hecho un revoltijo con las prendas, mamá se enojaría. Entonces se puso a ordenar pieza por pieza, haciendo dobleces un poco chuecos, pero al final, acomodando todo en el baúl nuevamente.

—¡Mamá, mi gorro no está! — volvió a decir.

Ésta vez, Anna acudió a la llamada y en su cara se podía notar un gesto impaciente.

—Ariadna, si yo lo busco y lo encuentro, ¿Qué te hago? —

—Es que no está, ya saqué todo— hizo un puchero.

La mujer rodó los ojos, resopló un poco y se acercó al baúl. No pasó desapercibido para ella que las prendas no estaban en orden. Ignorando ese detalle, metió el brazo por el lado derecho del cofre, hurgó un poco sin siquiera mirar, y de pronto, ya tenía el gorro en su mano.

Ariadna se quedó con la boca abierta. Ese truco sólo podía ser hecho por una maga.

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*** Mi mamá es vidente y curandera ***

Ariadna estaba sentada en la mesa de la cocina, practicando su caligrafía, cuando de pronto, estornudó con mucha fuerza un par de veces. Anna, quien preparaba unas galletas en ese momento, volteó a mirarla detenidamente y después se acercó a ella.

—Eso no se escuchó nada bien, seguro vas a enfermarte— dijo, colocando su mano en la frente de su hija.

—No, sólo fue un estornudo— respondió la niña.

La madre se agachó un poco, le revisó los ojos y después le pidió que abriera la boca. Ese simple examen visual fue suficiente para que su instinto materno le confirmara lo que ya presentía.

—Comete unas naranjas, voy a preparar un té de limón y te lo vas a tomar. —

—Pero mamá, estoy bien— se quejó Ariadna, cruzándose de brazos. —Además, el limón me destiempla los dientes. —

La mujer rodó los ojos.

—Eres igualita a tu padre, descuidada con su salud y luego quejumbrosa cuando le duele algo, haz lo que te digo y no se hable más. —

Dos días después.

Anna había estado en lo correcto, su hija terminó enfermándose por el cambio de clima. Ahora estaba recostada en su cama, con algo de fiebre y tos seca. Pero, como toda mamá sabe, una ducha caliente, un caldo de pollo y un té con hierbas medicinales, son suficientes para sanar un resfriado.

—Tómatelo todo y no hagas gestos. —

—Sabe muy feo— la chiquilla hizo una mueca de desagrado tras beber el brebaje.

—Lo sé, pero con esto te recuperarás rápidamente y podrás ir a jugar con los hijos de la vecina, ¿No es eso lo que quieres? — su hija asintió rápidamente. —Entonces termínatelo, abre la boca. —

Sin más alternativas, Ariadna lo hizo, acabándose todo el té. Después de todo, su madre siempre sabía cómo curarla.

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*** Mi mamá es valiente y cuidadosa ***

Anna terminó de leerle "Caperucita Roja" a su hija, justo antes de dormir. Ella hubiera preferido otro cuento, pero la pequeña fue muy insistente con dicha lectura.

—Fin de la historia, ahora, a dormir— entonces notó la preocupación en su carita infantil. —¿Qué pasa, te dio miedo? —

—Un poco… mamá, ¿Hay lobos aquí? — interrogó dudosa.

En la isla de los curanderos no había lobos, pero sí otros depredadores que podrían ser peligrosos, como los podencos salvajes o los gatos monteses. Lo bueno es que no se acercaban al pueblo, a menos que estuviesen muy hambrientos, lo cual era raro de ver.

—No cariño, aquí no hay lobos, no te preocupes— dijo tranquilamente, regresando el libro a un estante cercano.

—Pero mamá, ¿Y si llega uno a la isla en un barco?, ¿Qué haremos?, ¿Y si quiere comernos? —

Anna quiso reírse, pero al ver que el miedo de su hija era real, optó por darle una explicación real.

—No te preocupes Ariadna, ¿Recuerdas que hace tiempo compré un arma? — la niña asintió. —Bien, si veo que un lobo se acerca por la calle o se mete al patio, yo me encargaré de asustarlo con un par de balazos. —

—¿No vas a matarlo? —

—No, el lobo también tiene derecho a vivir— arropó a la niña. —Únicamente lo asustaré para que se vaya del pueblo y no regrese. —

—¿Los lobos no son malos como en el cuento? — preguntó con inocencia.

—Los lobos reales no son malos, simplemente son animales de los cuales debemos mantenernos alejados— hizo el intento de explicarle el verdadero mensaje de la historia. —El relato de Caperucita Roja, es una forma de decirle a los niños pequeños que jamás deben confiar en un extraño, por muy amable que parezca. Recuerda lo que siempre te he dicho, no hables con alguien a quien no conozcas y siempre dímelo a mi o a tu padre, porque hay gente mala que se roba a los niños. —

—Entiendo, nunca hablaré con un desconocido— confirmó Ariadna.

—Perfecto, ahora que ya estás más tranquila, es hora de dormir— se acercó y le dio un besito en la frente. —Buenas noches, cariño. —

—Buenas noches mamá. —


Continuará...

El último relato está basado en mi experiencia personal, por eso quedó un poquito serio al final. Mi madre hizo eso, me compró un libro con los cuentos originales clásicos y cuando le pregunté por qué pasaba tal o cual cosa, ella me explicó sin tapujos el verdadero mensaje. Y estoy muy agradecida por eso. Te amo mamá ;3

Felicidades en su día a todas las mamás (y a los papás/familiares/tutores que cubren ese puesto también)

10/Mayo/2022